Profesores por aquí, profesores por allá…

¿Has pensado en la cantidad de profesores que has tenido a lo largo de tu vida?

Al menos en Alicante, una persona que haya tenido oportunidad de cursar estudios universitarios puede contar en su haber con más de 80 profesores sin contabilizar los posibles cursos externos. Desde luego que los de primaria, por ser la edad de la primera vez de muchas cosas es de los que podremos a posteriori presumir un recuerdo más profundo, pero me atrevo a asegurar que en todas las etapas educativas habrá más de un docente del que mantengamos un profundo aprecio por su manera de ser y forma de enseñar.

Ahora, si volteamos la moneda por la otra cara, ¿nos ha correspondido ser profesores en alguna ocasión? Y no necesariamente de manera sistemática y profesional, sino con la transmisión a otros de un conocimiento o técnica que dominamos. No vayamos tan lejos: estoy seguro que más de uno por aquí tuvo el privilegio de introducir en el mundo de la informática a sus padres, y sin tener noción de las herramientas docentes más usuales, conseguimos que aprendan lo indispensable para encender la computadora, utilizar el procesador de texto, navegar por internet… ¡enviar correos! (y claro, a la postre sufrir con la avalancha de cadenas reenviadas por ellos 😀 ).

Con lo anterior, no me interesa más que despertar a la reflexión sobre la curiosa dinámica de la cual como seres humanos somos partícipes dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje en el que unas veces nos toca ser jueces y otras parte, pero sin duda se vuelve parte de esa escencia de la que gozamos como “animales pensantes” y que es imposible eludir, claro, si nuestra intención es seguir progresando y mantener vigente la darwiniana teoría de la evolución, que por profesores (formales o empíricos) no paramos.

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