Tarazona

Tarazona
El siglo XVI supone un despegue demográfico y económico en la ciudad, fundándose numerosos conventos. En la revueltas de 1591, la ciudad se puso de parte del ejercito real. En 1592 se reunían en Tarazona las famosas Cortes que acabaron con parte de las libertades que gozaba el reino, y supusieron el comienzo del fin de los fueros de Aragón. En 1594 se reestructuró el gobierno de la ciudad, merced a unas ordenanzas concedidas a Tarazona por el propio Felipe II. La restauración económica lleva a construir una Lonja para mercaderes. En el siglo XVII la expulsión de los moriscos supuso una importante pérdida para Tarazona, incluso algunos pueblos del valle quedaron abandonados.
Palacio de los Condes de Sástago

Palacio de Sástago
En 1974 se intentó derribar todo el edificio, alegando su ruina inminente. Llegó a demolerse parte de la fachada trasera y la propia fachada principal estuvo a punto de ser derribada.El edificio fue restaurado por la Diputación Provincial de Zaragoza entre 1981 y 1985. Una vez restaurado, el palacio de Sástago se ha convertido en uno de los más importantes centros de actividades y exposiciones de la ciudad de Zaragoza.
Paz de Vervins
En 1598, Felipe II negoció con el rey francés Enrique IV la paz de Vervins. Este acuerdo supuso el inicio de una época de relativa paz con Francia después de décadas de guerras, primero entre Carlos V y Francisco I, luego continuadas por sus respectivos sucesores. La firma de esta paz fue, en buena medida, consecuencia del continuado sacrificio económico que suponían para la corona los tres principales conflictos bélicos : la lucha contra el Turco, la guerra de los Países Bajos y las pugnas con Francia. De hecho, las Cortes de Castilla consiguieron hacer ver al rey que todos sus recursos estaban agotados. A efectos prácticos, España tuvo que devolver todas las conquistas hechas en el norte de Francia en los últimos años, con lo que Calais volvió a la corona francesa.
Juan de Lanuza
(Zaragoza, 1564 – 1591). Justicia mayor de Aragón. Poco antes de morir su padre, Juan de Lanuza IV, ya Felipe II le había confirmado -como venía haciéndose desde hacía siglo y medio con la misma familia- como Justicia de Aragón, es decir, como supremo defensor de los fueros aragoneses. Llevaba muy poco tiempo en el cargo y era por ello bastante inexperto para hacer frente a los turbulentos hechos provocados por la detención de Antonio Pérez. De hecho, a los dos días de su promoción como Justicia Mayor se volvieron a reproducir en Zaragoza los graves tumultos que había estallado, por vez primera, el 24 de mayo originado por la resistencia fuerista a que el famoso ex secretario fuese devuelto otra vez a la cárcel de la Manifestación, de la que había sido arrebatado el 24 de mayo para ser trasladado, por orden real, a la de la Inquisición. Aquel primer motín no sólo había «liberado» a Antonio Pérez de la prisión inquisitorial, sino que había producido importantes heridas al mismísimo virrey de Aragón, Don Íñigo de Mendoza, quien fallecería a causa de las mismas doce días después.
Lanuza se vio casi inconscientemente colocado al frente de la resistencia aragonesa de los «caballeros de la libertad» y pretendió detener la invasión de las tropas reales -cuya acción declaró «contrafuero»- buscando el apoyo de Valencia y de Cataluña, como partes integrantes de la Corona de Aragón. Fracasó en ese propósito, así como también en organizar un «ejército foral» cuyas desorganizadas huestes hubo de abandonar. Lanuza regreso de nuevo a Zaragoza creyendo que la victoria de Felipe II había pacificado el ambiente y que él, a pesar de su imprudente actitud, se hallaba libre de todo cargo; pero el deseo de castigo a los rebeldes y de lograr pleno restablecimiento de la autoridad hicieron que Felipe II ordenará la ejecución de los cabecillas de la rebelión. Juan de Lanuza fue ejecutado sin proceso previo (según la propuesta que hizo al rey la Junta nombrada para el castigo). Lanuza exclamó ante el cadalso, al oír que el pregón de la sentencia lo calificaba de traidor: «Traidor no, mal aconsejado sí». La sentencia se ejecutó en la plaza del Mercado de Zaragoza el 20-XII-1591, y su cadáver fue enterrado en el monasterio de San Francisco y llevado a la tumba con plenos honores a la dignidad de su cargo. Tras las Cortes de Tarazona de 1592 el cargo de Justicia Mayor de Aragón continuó existiendo, pero se prefirió otorgarlo desde entonces a personas destacadas por su experiencia o preparación jurídica.
Palacio de la Aljafería

Palacio de la Aljafería
Fueros de Aragón
En los documentos del siglo XII la palabra fuero es sinónimo de «ley», «uso» o «costumbre» de una comarca o «tierra». En el caso aragonés, eran una compilación de leyes que limitaban el poder del rey y tenían su origen en las “cartas de población” otorgadas por el monarca para atraer con privilegios a nuevos pobladores para un territorio. En las cortes de Huesca de 1247, Jaime I de Aragón promulgó que todos los jurados, alcaldes y, en general, todos aquellos oficiales encargados de administrar justicia, se basaran en dicha compilación a la hora de dirimir los pleitos. Con Pedro III (1240-1285), los fueros adquirieron naturaleza de pacto entre el rey y los nobles. Estas concesiones se extendieron posteriormente a Valencia y Cataluña, lo que supuso la institucionalización del pactismo en todos los territorios de la Corona de Aragón.
Reino de Aragón
Durante el reinado de Felipe II, la Corona de Aragón estaba compuesta de diversos territorios: Aragón, Cataluña, Valencia, Baleares, Cerdeña, Sicilia y Nápoles. Estos territorios no sólo tenían autonomía frente a Castilla, sino también entre sí. Sólo la permanencia en la corte del Consejo de Aragón recordaba la existencia de la vieja realidad política, pero con escasos poderes que se fueron recortando con el paso del tiempo. El malestar entre las clases dirigentes contra el monarca fue creciendo como se constata en las Cortes de 1563 y 1585, a la vez que el conjunto de la sociedad aragonesa estaba viviendo un momento convulso, como los levantamientos de los vasallos contra sus señores; los más graves ocurrieron en Ribagorza, donde tomaron parte los bandoleros mercenarios contra el conde de Gurrea . Lo que era inicialmente una lucha del campesinado contra su señor tomó tintes políticos, al contar los campesinos con el apoyo de la monarquía, porque así el condado más grande de Aragón pasaba a manos del rey. También se plantearon conflictos sociales entre familias nobles de distintos lugares, entre concejos vecinos o entre los montañeses y los moriscos. Para tener una visión global de todos estos problemas podemos ver este mapa interactivo.
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Ana de Mendoza

Ana Mendoza, princesa de Éboli
Don Juan de Austria

Don Juan de Austria
Este importante éxito militar provocó las ansias de don Juan; deseaba el tratamiento de alteza y la concesión del título de infante. Felipe II refrenó esos deseos con el nombramiento de gobernador general de los Países Bajos en 1576, donde logro un éxito parcial con el compromiso de retirar los Tercios y de respetar las libertades flamencas a cambio de que los rebeldes reconocieran la fe católica y la soberanía española (Edicto Perpetuo de 1577) Murió del tifus contraído durante una campaña militar el 1 de octubre de 1578, sin poder cumplir sus aspiraciones al trono inglés por medio de una hipotética boda con María Estuardo.
Juan de Escobedo

Placa de la calle donde Escobedo fue asesinado