El movimiento calvinista

Era mas fuerte que el luterismo Se simplificó la celebración religiosa católica, que utilizaba música, vitrales con imágenes de episodios bíblicos, de apóstoles y de santos. Se apagó el sonido de las campanas, se retiraron los instrumentos musicales, el arte religioso y todo ornato. El culto se redujo a la oración y a la recitación de salmos, y en templos extremadamente austeros también fueron eliminados los altares. La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta con persecuciones, destierros y ejecuciones. Después de la muerte de Lutero, el propio Calvino se esforzó hasta el final de su vida por hacer proselitismo, extendiendo su influencia religiosa, especialmente hacia Francia. Muerto Zuinglio en 1531, Calvino se había erigido en el principal dirigente del protestantismo europeo, capaz de hacer frente a la Contrarreforma católica-romana. El calvinismo superó pronto en influencia al luteranismo (limitado al norte de Alemania y los países escandinavos): calvinista fue el protestantismo dominante en Suiza y en Holanda, así como el de los hugonotes franceses, los presbiterianos escoceses o los puritanos ingleses (que después emigraron a Norteamérica), y otras comunidades importantes de tendencia calvinista surgieron en países como Hungría, Polonia y Alemania.

Calvino se opuso siempre a la fusión de las iglesias reformadas inspiradas por él con las de inspiración luterana, alegando irreductibles diferencias teológicas, singularmente la de la predestinación: según Calvino, citando a San Pablo (cf. Efesios 1:11; Romanos 8:29-30, etc.), Dios conoce de antemano y llama a quiénes se salvarán, por la predicación del Evangelio; pues mediante la gracia irresistible, éstos son atraídos a él, y las buenas obras no constituyen ningún mérito ante Dios para salvarse, sino una conducta también prevista por el Creador.

Otras peculiaridades de su doctrina, como la de admitir el préstamo con interés (en contraste con los romanistas y con los luteranos), han permitido que desde Max Weber algunos historiadores y sociólogos vieran en la ética calvinista el «caldo de cultivo» más propicio para el desarrollo de la moderna economía capitalista

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