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EL SUCESOR DEL EMPERADOR, FELIPE II

Para finalizar con la aventura que ha supuesto la realización de este blog, lo concluiremos con una breve biografía del sucesor del protagonista del mismo: Felipe II.

Del matrimonio de Carlos V e Isabel de Portugal nació en Valladolid en 1527 el príncipe Felipe, que años más tarde sería el rey Felipe II. Desde muy joven fue preparado para desempeñar su cargo de rey. Durante el reinado de su padre había asumido en varias ocasiones las funciones de gobierno por ausencia del emperador, bajo la tutela de un Consejo de Regencia.

En 1554 Carlos I abdicó en Felipe Nápoles y Milán, al tiempo que la boda con María Tudor le convertía en rey consorte de Inglaterra; las abdicaciones del emperador se completaron con la entrega a Felipe de los Países Bajos, Sicilia (1555), Castilla y Aragón (1556). Austria y el Imperio fueron entregados al tío de Felipe, Fernando, quedando separadas las ramas alemana y española de la Casa de Habsburgo.

Tras la abdicación de Carlos I en 1556, Felipe heredó un gran reino al que se le unió Portugal y su imperio afroasiático en 1580. Con Felipe II (1556-1598) la hegemonía española llega a su apogeo.

Felipe II modernizó y reforzó la administración de la Monarquía Hispana, apartándola de las tradiciones medievales y de las aspiraciones de dominio universal que había representado la Monarquía Católica de su padre. Los órganos de justicia y de gobierno sufrieron notables reformas, al tiempo que establecía la corte en Madrid. Desarrolló una burocracia centralizada, sobre la cual ejercía una supervisión directa y personal de los asuntos.

Felipe II derrotó a los franceses en la batalla de San Quintín (1559) y a los turcos en la de Lepanto (1571), pero tuvo que afrontar la sublevación de las provincias protestantes de los Países Bajos (la actual Holanda). Las provincias del sur (la actual Bélgica) se mantuvieron unidas a España por medio de una costosa ocupación militar.

Tras la muerte de su esposa María Tudor, las relaciones se hicieron cada vez más hostiles con Inglaterra, que apoyaba a los rebeldes protestantes en los Países Bajos. La Inglaterra protestante fue siempre una fiel aliada de los holandeses. Por eso, Felipe II planeó su invasión, organizando la llamada “Armada Invencible”, que pese a su potencial bélico, fue derrotada en 1588.

En España, Felipe II tuvo que hacer frente a la sublevación de los moriscos en Granada. Después de dos años de lucha cruenta, la revuelta fue reprimida duramente y la población morisca fue expulsada.

Su carácter era muy diferente al de su padre, era serio, taciturno y austero. Contrajo matrimonio en cuatro ocasiones. Sus sucesivos matrimonios fueron parte importante de su política exterior. Se casó con María de Portugal en 1543 y, tras su muerte, con María Tudor, reina de Inglaterra, en 1554. La pronta muerte de la reina, llevó a que Felipe se casara con la francesa Isabel de Valois en 1559. Al quedarse nuevamente viudo y sin herederos varones, se casó por cuarta vez, en 1570, con su sobrina Ana de Austria, madre del sucesor al trono español, Felipe III.

BIBLIOGRAFÍA:

  • BÉRENGER, Jean. El imperio de los Habsburgo, Crítica, Barcelona, 1993.
  • ESCUDERO, José Antonio. Felipe II. El Rey en el despacho, Editorial Complutense, Madrid, 2002.
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LA CONQUISTA DEL IMPERIO INCA

También fue durante el reinado de Carlos de Habsburgo cuando se sometió a otro poderoso imperio americano, el Inca. Esta conquista la llevó a cabo Francisco Pizarro, un hombre perteneciente a la baja nobleza extremeña. 

En 1524, Pizarro se asocia con Diego de Almagro y Hernando de Luque, para dirigirse hacia el litoral de América del sur, para conquistar el “Pirú”, del que tenían vagas noticias. Existen noticias de un cuarto asociado, el licenciado Espinosa, que no quiso figurar oficialmente y que habría sido el financiador principal de las expediciones hacia el Perú. Entre 1524 y 1528, Pizarro y sus socios hicieron dos intentos de conquista (1524-1525 y 1526-1528). En ambas fracasaron, pero las noticias y la captura de algunos indígenas y algunas piezas de oro les hicieron intentar la conquista una tercera vez. 

Después de las dos primeras expediciones, y ante la negativa del gobernador panameño Pedro de los Ríos de continuar apoyando más expediciones hacia el sur, Pizarro se dirigió a España en 1529 a pedirle al rey Carlos I los títulos y el apoyo necesario para la conquista. El rey dispone la redacción de un convenio y se firma la Capitulación de Toledo el 17 de Agosto de 1529. Pizarro obtiene ayuda y muchos beneficios, principalmente para él, cosa que en el futuro le traerá serias complicaciones con uno de sus socios, Almagro. Específicamente, la capitulación le nombra a él únicamente gobernador, capitán general y adelantado de las nuevas tierras conquistadas. Se da tiempo para ir a Trujillo y convence a sus hermanos y allegados para que lo acompañen en la empresa. Sus invitados más valiosos son Francisco de Orellana, futuro descubridor del Amazonas, y Hernando, su hermano.

Cuando en 1531 Pizarro y sus conquistadores llega a Perú, el Imperio Inca se estaba desmoronando. Se había formado solo cien años antes, cuando los incas se desplegaron desde su capital en Cuzco para aplastar a los muchos pueblos indígenas de la región, pero en esos momentos se estaba produciendo una guerra civil en el Imperio que enfrentaba a Atahualpa y a su hermano, Huáscar, ambos hijos de Huayna Cápac. Pero Pizarro y sus hombres ignoraban lo que les aguardaba realmente en esta tierra, los incas observaban cada uno de sus movimientos.

En 1532, muchos de los habitantes del imperio estaban hartos de la dominación inca y estaban dispuestos a aliarse con los españoles para deshacerse del dominio inca. Para los españoles recién llegados fue un autentico golpe de suerte, aun con sus enormes avances tecnológicos no eran desde luego un ejército formidable.

Pero Atahualpa decidió no enfrentarse con los españoles, pues no considero a estos hombres como una gran amenaza. El podía reunir un gran ejército en cuestión de días. Durante el viaje el calor y el hambre hicieron mella entre los españoles. Para estos hombres no había vuelta atrás. Se habían marchado de España para escapar de la pobreza, estaban preparados para arriesgar sus vidas ante la posibilidad de hallar una fortuna.

Pizarro se impacientaba cada vez más, el rey de España le había dado el derecho de conquistar esa tierra, pero los rivales de Pizarro en la corte española querían que el rey revocara esa cesión al primer inicio de fracaso. Pizarro necesitaba dar un golpe rápido y decisivo para asegurar su derecho.

Los españoles comprendieron que conquistar a los incas no sería fácil ya que se trataba de un pueblo avanzado que poseía sistemas de agricultura completamente desarrollados, una rica cultura y un ejército poderoso. Finalmente tras haber recorrido 400 km los españoles se aproximaron a la fortaleza de Cajamarca. Su llegada no constituyo ninguna sorpresa para el rey, los mensajeros lo habían mantenido informado sobre el avance de los españoles.

Mientras las tropas de Pizarro aguardaban inquietos en Cajamarca, Atahualpa descansaba en unos manantiales de aguas termales cercanos. Tenía la certeza que este pequeño grupo de extraños no constituía amenaza para él. Sin embargo, Pizarro estaba ansioso por conocer a Atahualpa y envió emisarios. Atahualpa y su corte recibieron a los españoles. Los incas nunca antes habían visto caballos, por eso los españoles permanecieron sobre sus monturas para inspirar asombro y miedo. Ellos asustaron a sus caballos para que se encabritaran y dieran coces esperando asustar a los incas, pero Atahualpa no se inmuto.

En lugar de eso bebió a la salud de los españoles, del cráneo de un prisionero ejecutado, ofreció algo de beber en copas de oro a los españoles, entonces Atahualpa declaró que iría a Cajamarca al día siguiente. Pizarro sabía que su pequeño grupo tenía pocas posibilidades en una batalla contra esta enorme fuerza y que su única oportunidad era un ataque sorpresa.

Con las primeras luces Pizarro ordenó a sus hombres prepararse para la batalla, aunque la muerte parecía más probable que la victoria. Permanecieron ocultos rodeando la plaza, transcurriendo horas sin señales de Atahualpa. De repente aparecieron guerreros incas y los españoles se inquietaron pero solo podían esperar. Más tarde, en medio de un espectáculo extraordinario entro la elite incaica. Los nobles incas más importantes rodeaban a Atahualpa, quien iba en un suntuoso trono de oro. Los conquistadores quedaron atónitos ante esta exhibición de poder y riqueza.

El clérigo de Pizarro se aproximo al rey con un crucifijo y la Biblia. Exigió a Atahualpa que renunciara a sus creencias paganas y que se sometiera a la corona española. El sacerdote le entrego la Biblia, pero los libros y la escritura carecían de significado para los incas. Atahualpa inspecciono la Biblia pero no encontró valor en ella y la arrojó al suelo, para los españoles eso fue blasfemia.

Pizarro ordenó a sus hombres que atacaran a los incas. El enorme ejercito inca quedo paralizado ante este feroz ataque. El rey sol fue derribado y arrestado al instante, pues sabía que conservando a Atahualpa con vida tenia a todo su imperio detenido.  El rey inca fue encerrado en un calabozo y se le mantuvo bajo estricta vigilancia, pero Pizarro le proporciono cierta libertad, conservaba a sus tres esposas principales y continuó conduciendo los asuntos de estado.

Durante un breve periodo la paz pareció posible, los españoles cansados de batallas dejaron de lado los combates e hicieron planes para establecerse. Pero a los españoles todavía les faltaba algo. A pesar de sus victorias los conquistadores habían visto muy poco de lo que habían venido a buscar, el oro. Los incas intentaron ocultar todo lo que pudieron a los españoles. Un secreto, la ciudad de Machu Picchu se mantuvo oculta a los extraños durante 400 años.

Con la certeza que los incas estaban escondiendo grandes tesoros, los españoles se volvieron más suspicaces. Pizarro y sus hombres marcharon a través del imperio en busca del oro. Cuanto más oro buscaban más desesperados y salvajes se volvían. La tortura se convirtió en un método común para los conquistadores. La codicia de oro y el deseo de convertir a los indígenas al cristianismo alcanzo un punto máximo de tortura y de brutalidad. Gradualmente los nativos se convirtieron y aceptaron la religión de los españoles pero la interpretaron a su manera.

En 1532, la búsqueda de tesoros de los españoles se concentro en el jefe incaico Atahualpa. Los hombres de Pizarro empezaron a sentirse engañados y empezaron a desconfiar de la amistad que los dos líderes parecían compartir. El conquistador presiono a Atahualpa buscando respuestas sobre el oro inca. El soberano intento apaciguar a su captor pues sabía que si revelaba todo ya no sería útil para los españoles.

Los españoles concentraron su creciente frustración en Atahualpa. Pizarro lo acusó de mantener oculto el tesoro y lo amenazó con ejecutarlo. El rey inca se había quedado sin opciones. Atahualpa ofreció a Pizarro una alternativa, llenaría una habitación entera con oro a cambio de su vida. Pizarro acepto rápidamente. Atahualpa convoco a sus súbditos, llegando de todas partes del reino trayendo oro para pagar su vida. Tras el pago de un fabuloso rescate en oro y plata, Pizarro, reforzado por la llegada de Almagro con un centenar de arcabuceros, no sólo no cumple su promesa de liberar a Atahualpa, sino que inventa cargos en su contra y Atahualpa es ejecutado el 26 de julio de 1533.

A continuación se alió con la nobleza de Cuzco, partidaria de Huáscar, lo cual le permitió completar sin apenas resistencia la conquista de Perú. Tras nombrar rey a un hermano de Atahualpa, Túpac Hualpa, marcha hacia Cuzco, capital del Imperio Inca, ocupándola en Noviembre de 1522. El 18 de Enero de 1535, fundó en la costa la Ciudad de los Reyes, pronto conocida como Lima, con lo que se inició la colonización de los territorios conquistados.

Grandes cantidades de oro y plata fueron transportadas hacia España, el rey Carlos I necesitaba pagar enormes deudas, causadas en gran parte por las guerras. Parte del tesoro nunca llego a España, ya que estos barcos cargados pesadamente eran presas fáciles de los piratas. Además, docenas de barcos se hundieron durante tormentas, junto a sus tripulaciones muchos tesoros incas desaparecieron en el océano. La conquista del Perú por los españoles fue un ejemplo consumado de la ineficacia de las armas de la edad de piedra, las únicas que conocían los indígenas, contra el armamento de la edad del hierro de los invasores.

BIBLIOGRAFIA:

  • Historia del Tahuantinsuyu, María Rostworowski.
  • El Perú en los tiempos modernos, Julio R. Villanueva Sotomayor, Empresa Periodística Nacional S.A.C., Lima, Perú.
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LA CONQUISTA DEL IMPERIO AZTECA

 Una vez finalizada la fase de descubrimiento, en el siglo XVI los españoles procedieron a la exploración y conquista de las tierras del nuevo continente americano. La mayor parte de esta tuvo lugar durante el reinado de Carlos I, y fue obra de hidalgos de la baja nobleza y de gente humilde que esperaba mejorar su fortuna. Fue durante el reinado de Carlos I cuando se logró la conquista del estado mexica o azteca, y fue lograda por Hernán Cortés.En España ya se tenían noticias de que en estos territorios había pueblos muy ricos en oro y otros metales preciosos.
 
Desde la isla Fernandina (Cuba), se proyectaron diversas expediciones promovidas por Diego Velázquez de Cuéllar. La primera de ellas comenzó a principios de 1517. Al año siguiente el gobernador organizó una segunda expedición, en la que se fundó San Juan de Ulúa. Durante esta expedición los españoles tuvieron contacto con embajadores aztecas y se realizaron intercambios de regalos. Grijalva pudo de esta forma percatarse que los mexicas, dominaban la región y que eran temidos y odiados por los pueblos sometidos.Velázquez organizó una tercera expedición a la que asigno como líder al alcalde de Santiago, Hernán Cortés. A última hora el gobernador decidió destituir a Cortés, pero este decidió marcharse de Santiago evadiendo las órdenes. Los barcos zarparon de Santiago a finales de 1518. Pararon en el puerto de la Trinidad, durante casi tres meses, reclutando soldados y abasteciéndose. El gobernador de Cuba realizó un segundo intento por detenerlo. Como último intento, el gobernador mandó arrestar a Cortés en La Habana, no obstante los barcos de Cortés abandonaron las costas de Cuba a principios de 1519.

Para los mexicas cuando comenzaron a llegar noticias de las embarcaciones españolas inmediatamente se relacionó este hecho con el regreso del dios Quetzalcóatl. Dado que los primeros encuentros con los españoles terminaban en intercambios comerciales, en muchos pueblos corrió la idea de que la manera de deshacerse de ellos, sin pelear, era entregarles oro o mujeres y aceptar lo que trajeran. De esta manera, los europeos se marcharían, pero el efecto fue el contrario al esperado por los aborígenes, pues los europeos creían que había tesoros inagotables en la zona, despertando su ambición.Cortés se dirigió a la isla de Cozumel donde se encontraron con los mayas de la isla. Los españoles siguieron hasta Potonchán donde se inició la batalla de Centla. Los españoles lograron la victoria gracias a la superioridad de armas y en especial al temor que los nativos tenían a los caballos. Cortés fundó Santa María de la Victoria y decidió entonces continuar su camino hacia Ulúa dejando a unos pocos españoles en la recién fundada villa, para pacificar y poblar la región.Los españoles continuaron hacia el norte y llegaron a San Juan de Ulúa.
 
Allí Cortés, mostró su poderío militar e impresionó a los embajadores aztecas. De inmediato salieron mensajeros hacia Tenochtitlán. Moctezuma quedó impresionado y pensó que podría tratarse Huitzilopochtli. Asustado, envió mensajes con evasivas. Les sugirió marcharse lo antes posible y envió de nuevo ricos presentes. Esto sólo excitó la codicia de los soldados, pues los españoles se dieron cuenta de la riqueza del imperio azteca y que los pueblos sometidos resentían la dominación mexica, por lo que decidió avanzar hacia el interior, pero antes se creó la Villa Rica de la Vera Cruz. Cortés se dirigió hacia Quiahuiztlán y Cempoala, pueblos totonacas que eran tributarios de los mexicas. Cortés prometió ayudar a liberarlos de los mexicas, a cambio de una alianza militar. Un grupo de mexicas atacó a los pueblos totonacas que dejaron de pagar tributo. Cortés los ayudó y pudo vencerlos rápidamente, lo que convenció a los totonacas de la efectividad de los españoles y no dudaron en aliarse. Treinta pueblos totonacas se unieron para sellar la alianza y marchar a la conquista de Tenochtitlán.
 
Los totonacas aconsejaron a Cortés formar una alianza con los tlaxcaltecas. Cortés, convencido de la fidelidad de los totonacas lo hizo. Cortés llegó al territorio de Tlaxcala al mando del ejército. Tlaxcala era una confederación de ciudades-estados unidas en una república gobernada por un senado. Los tlaxcaltecas, habían resistido a la expansión de los aztecas, pero estaban al límite de su resistencia. Un grupo tlaxcaltecas emboscó a los españoles, pero los caballos, las armas y las tácticas militares españolas se impusieron a los tlaxcaltecas. Tras evaluar la nueva situación, y considerando las repetidas derrotas, el senado de Tlaxcala ordenó detener la guerra y negociar la paz.Antes de dirigirse hacia Tenochtitlán, Cortés llegó a Cholula, ciudad tributaria y aliada de los mexicas. Al principio el trato para los recién llegados fue hospitalario, pero recibieron de forma secreta instrucciones de Moctezuma para atacar a los españoles, pero Cortés fue alertado. A la mañana siguiente, los españoles realizaron un ataque preventivo, provocando la llamada matanza de Cholula. Tras la victoria de los españoles, los cholultecas fueron sometidos y terminaron aliándose con Cortés.

Moctezuma realizó muchos intentos para disuadir a Cortés de avanzar hacia Tenochtitlán con el envió de regalos y embajadores, pero todo fue inútil. El ejército español y sus aliados entraron a finales de 1519 a la ciudad de Tenochtitlán. Los españoles fueron alojados en el palacio de Axayácatl. Moctezuma era un guerrero experimentado, pero como hombre supersticioso, continuaba con la idea de que posiblemente los visitantes eran semidioses, pero tras un ataque aztecas en la costa, algunos españoles de la Villa Rica de la Vera Cruz murieron. Desde la costa los mexicas enviaron a Moctezuma, junto con la noticia de la batalla, la cabeza de un soldado español como prueba de que eran seres mortales y no dioses. A su vez, los españoles habían descubierto accidentalmente tesoros escondidos en una de las cámaras del palacio de Axayácatl. 

A pesar del malestar social de los mexicas por las acciones de los conquistadores españoles, Moctezuma intentó por todos los medios evitar un levantamiento. A petición de Cortés, dirigió un discurso frente a su pueblo en el que se reconoció como vasallo de Carlos I y pidió rendir obediencia a los españoles, pues temía que en caso de un enfrentamiento armado su pueblo fuese masacrado. 

Diego Velázquez organizó un ejército para detener a Cortés y designó a Pánfilo de Narváez como capitán. Las embarcaciones zarparon en marzo de 1520 y llegaron a San Juan de Ulúa en abril, donde una comitiva de Moctezuma, se puso en contacto con Narváez. Moctezuma albergó nuevas esperanzas de ser liberado. Ante la noticia, Cortés salió de Tenochtitlán marchando con parte de su ejército hacia la costa para hacer frente a Narváez, dejando una guarnición al mando de Pedro de Alvarado. A pesar de que el ejército de Cortés era menos numeroso que el de Narváez, el ataque sorpresa fue veloz y certero y cuando Narváez se dio cuenta del ataque trató de reaccionar, pero era tarde. Hubo pocas bajas, la mayor parte de los hombres se rindieron convencidos de la riqueza de las tierras descubiertas y reconocieron a Cortés como nuevo jefe, incrementando así la fuerza militar del conquistador. Un mensajero proveniente de Tenochtitlán informó a Cortés sobre una rebelión en la ciudad, mediante la cual tenían emboscados a la guarnición que había quedado allí. 

Recorrido de la expedición de Hernán Cortés.

Durante la ausencia de Cortés, en Tenochtitlán se debía celebrar la ceremonia en honor del dios Huitzilopochtli. Pedro de Alvarado ordenó matar a los asistentes a la fiesta lo que provocó una enorme indignación y el ataque contra ellos. Sitiaron el palacio, donde se atrincheraron llevando con ellos a Moctezuma. De regreso en la ciudad, Cortés se reunió con sus compañeros en el palacio desde el que se defendían de los ataques. En un intento por traer la paz, Cortés hizo que Moctezuma hablara con su gente y los tranquilizara; sin embargo, la multitud enfadada comenzó a arrojar piedras, una de las cuales hirió a Moctezuma de gravedad, quien falleció días después. El palacio quedó cercado, sin agua, ni alimentos. En esas circunstancias, Cortés se vio forzado a abandonar la ciudad. El 30 de junio de 1520 (Noche Triste), durante la noche Cortés salió de Tenochtitlán pero durante la huida fueron descubiertos y atacados, muriendo muchos españoles y aliados, además de perder una gran cantidad de material, así como la mayor parte del oro. 

Poco después los conquistadores fueron ferozmente atacados en la batalla de Otumba, sin embargo triunfaron y los perseguidores se dispersaron y huyeron. Los españoles llegaron a Tlaxcala donde comenzaron a reorganizarse y mientras lo hacían, Cortés decidió emprender una campaña militar para castigar la región, no sólo para recuperar el honor y el ánimo de sus hombres, sino también para cortar la vía de suministros de Tenochtitlán. Una vez reorganizados pusieron rumbo hacia la capital azteca, a la consiguieron sitiar. Cortés dio la orden de cortar los suministros de agua dulce que llegaban a Tenochtitlán, los mexicas trataron de impedirlo pero no pudieron. Tras tres meses de sitio la ciudad cayó. 

Cortés utilizó a Cuauhtémoc para gobernar a los vencidos, asegurando la colaboración de los mexicas en los trabajos de limpieza y restauración de la ciudad. La reconstrucción de Tenochtitlán se realizó al estilo renacentista europeo para convertirla más tarde con el nombre de México, en la capital de la Nueva España. Entre los conquistadores se realizó la repartición de oro, pero con el pago a la corona, el porcentaje de Cortés y sus capitanes y los gastos de expedición, la suma a repartir entre la tropa era mínima. Para conseguir nuevos tesoros y subir el ánimo de los hombres, Cortés organizó nuevas expediciones y así evitar una rebelión. Se organizaron campañas en Tuxtepec, Colima, Oaxaca, Tehuantepec… El 11 de octubre de 1522 se nombró a Hernán Cortés como gobernador de Nueva España. En 1529 Carlos I ordenó a Cortés regresar. El rey ya no le devolvió el cargo de gobernador de Nueva España, pero le nombró «marqués del Valle de Oaxaca». El 17 de abril de 1535 se creó el Virreinato de Nueva España y Antonio de Mendoza fue nombrado virrey. 

BIBLIOGRAFÍA: 

  • LÓPEZ de Gómara, Francisco (1552) “Historia de la conquista de México” (2006) Juan Mirelles Ostos, México, ed. Porrúa.
  • PRESCOTT, William (2000) Historia de la conquista de México, edición de Juan A. Ortega y Medina; México, ed. Porrúa.
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CARLOS V Y LAS GUERRAS CON FRANCIA POR EL TERRITORIO ITALIANO.

Cuando en 1519 el emperador Maximiliano muere, su nieto Carlos de Habsburgo es elegido para asumir el título imperial, en competencia con Francisco I de Francia quién también optaba al puesto. Francisco, en su ambición de llegar a ser Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, empujó a Europa a la guerra. Sostuvo diversas guerras con Francisco I de Francia y con su sucesor Enrique II.

Pero antes de que Carlos llegara a la corona española, las guerras entre los reinos españoles y Francia ya habían comenzado. Estas guerras, que comenzaron en 1494, se trataron en un principio de una disputa dinástica por los derechos hereditarios de Francia sobre el Ducado de Milán y el Reino de Nápoles, pero las guerras se convirtieron rápidamente en una lucha por el territorio y por el poder. Entre la monarquía española y la corona francesa hubo muchos enfrentamientos antes de que Carlos V accediera al trono español. Las Guerras de Italia se inician por la disputa del Reino de Nápoles, entre Aragón y Francia.Tras la designación de Carlos I de España como, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, España forma un estado que ocupaba casi la mitad del territorio europeo. Francisco I de Francia, que había optado también al trono imperial, con el pretexto de la invasión española de Navarra declaró la guerra a España. El conflicto comenzó en 1521 y finaliza en 1526 y en ella se enfrentaron Francia y la República de Venecia contra el emperador Carlos V, la Inglaterra de Enrique VIII y los Estados Pontificios.

La Batalla de Pavía, pintura del siglo XVI.

Las tropas francesas marcharon hacia Italia con el intento de desalojar a los españoles de Nápoles, pero los franceses no consiguieron su objetivo. El propio Francisco I dirigió a sus tropas en Lombardía en 1525, siendo derrotado en la batalla de Pavía, donde fue hecho prisionero. Francisco fue llevado a Madrid en donde firmó el Tratado de Madrid (1526). Desde su reclusión se vio obligado a conceder grandes concesiones a España sobre sus territorios en Italia, por el cual no volvería a ocupar ni el Milanesado ni apoyaría al rey de Navarra (pacto que renunció meses después por firmarlo bajo coacción) y entregaría Borgoña a Carlos, además de renunciar a Flandes e Italia. Después de algunas semanas de su liberación, sin embargo, rechazó los términos del tratado, comenzando de esta manera la Guerra de la Liga de Cognac.

El Papa Clemente VII convencido de que el poder de Carlos ponía en peligro sus posesiones en Italia, envió negociadores a Francia para estudiar una alianza contra él. Francisco y el Papa se aliaron en la Liga de Cognac. El papa también se alió con Venecia, Florencia y otros pequeños estados italianos. Inglaterra rechazó unirse a la Liga por no firmarse el tratado en Inglaterra, pero tras la firma del Tratado de Westminster, Enrique VIII se unió a la Liga.   Tras la retirada de las tropas francesas de Lombardía, las fuerzas españolas tomaron Florencia, y en 1527 saquearon Roma (Saco de Roma). El papa fue apresado por las tropas del imperio y retenido en el castillo de Sant´Angelo. La guerra terminó con la firma de la paz de Cambrai (Paix des Dames) en 1529, mediante el cual Francia se retiraba de la guerra. Francisco I renunciara a Italia, Flandes y el Artois, además de entregar la ciudad de Tournay. Venecia firmó la paz con España, mientras Florencia fue colocada bajo el gobierno de los Médici.

Con la muerte del duque de Milán comenzó la tercera guerra entre Carlos I y Francisco I. Cuando el hijo de Carlos, Felipe II,  heredó el ducado, Francisco invadió el ducado de Saboya, conquistando Turín, pero fracasando en su intento de tomar Milán. En respuesta a la invasión francesa Carlos invadió Provenza. La guerra terminó con la tregua de Niza debido al agotamiento de ambos contendientes. Un hecho significativo es que durante la firma del tratado los monarcas Francisco I y Carlos I rechazaron estar sentados en la misma habitación, muestra del odio mutuo que tenían. Así, las negociaciones se llevaron a cabo a través del Papa Pablo III.

Francisco I declaró la guerra una vez más contra Carlos V. La lucha, que comenzó en los Países Bajos, se vio agravada al año siguiente por la alianza franco-otomana en el asedio de Niza, Carlos I y Enrique VIII se unieron para invadir Francia, pero la fuerte resistencia encontrada impidieron una contundente ofensiva anglo-española. El conflicto, económicamente ruinoso para los contendientes, tuvo un resultado nulo.

Carlos, necesitado de fondos y preocupado por el creciente amenaza religiosa en Alemania. Por eso a finales de 1544 Carlos y Francisco firmaron la paz de Crépy. Según los términos del acuerdo Francisco y Carlos renunciarían a sus reclamaciones territoriales y establecerían el statu quo acordado en la tregua de Niza de 1538. Las causas originales de la guerra (principalmente la disputa de los derechos dinásticos en Italia) continuaron sin haberse resuelto, por eso en 1551 Enrique II de Francia volvería a declarar la guerra a Carlos V.

En 1547, Enrique II de Francia, que había sucedido a Francisco I, declaró la guerra a Carlos I con la intención de tomar Italia y asegurar Francia, intentando romper la hegemonía de la Casa de Austria en Europa. En principio Francia tuvo éxito pero luego estos fracasaron con su derrota en la batalla de Marciano. Carlos I abdicó en 1556, dividiendo el imperio de los Habsburgo entre Felipe II de España y Fernando I.

Al término de las guerras italianas en 1559, la Casa de Austria había conseguido asentarse como la primera potencia mundial, en detrimento de Francia. El imperio español se encontraba como la gran potencia en los campos de batalla europeos. Precisamente en las Guerras Italianas, se forjaron sus temibles tercios, una formación novedosa e invencible hasta el siglo XVII, donde nuevas técnicas de guerra probaron ser más eficaces. La era de la caballería pesada tocaba su fin y comenzaba una nueva forma de luchar, donde ganaba importancia la infantería equipada de picas y arcabuces. Además los estados de Italia que tenían un gran poder, vieron reducido su peso político y militar al de potencias secundarias, desapareciendo algunos de ellos.

Bibliografía:

  1. Martín Gómez, Antonio L., El Gran Capitán. Las Campañas del Duque de Terranova y Santángelo, 2000
  2. Ribot, Luís. Historia del Mundo Moderno. Ed. Actas, Madrid 2006.
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EL EMPERADOR CONTRA LOS TURCOS OTOMANOS

A lo largo del reinado de Carlos I de España, éste estuvo viajando por todos los territorios de su reino y enfrentándose a todos sus rivales. Un importante frente abierto tuvo como escenario el Mediterráneo por cuyo dominio se enfrentan cristianos y musulmanes.

Cuando en el año 1516 muere el rey de España, Fernando el Católico se produce una situación de inestabilidad de la corona española. Esta situación es aprovechada por un vasallo de España, el sultán de Argel, que quería liberarse del sometimiento de Castilla y para ello el sultán pidió ayuda al corsario Baba Arudj, también conocido como Barbarroja que acudió con sus corsarios para ayudar al sultán contra los españoles.

Baba Arudj

Pero Arudj, deseoso de un reino acabó asesinando al sultán y se autoproclamó sultán de Argel. Otras fuentes dicen que Barbarroja sólo se aprovechó de la situación que se produjo al morir de forma natural el sultán. Cuando la ciudad de Argel cayó en manos de Arudj, los españoles que vivían allí huyeron para refugiarse en un fuerte construido en el Peñón de Argel. Éstos refugiados pidieron ayuda a España y el regente de la corona de España en ese momento el cardenal Cisneros, envió un ejército de unos 8.000 soldados al mando de Diego de Vera para recuperar la ciudad.Esta ofensiva española fue rechazada por los corsarios de Barbarroja.

En 1517, Arudj decidió que el mejor medio para proteger Argel y los territorios del norte de África de España era, renunciar a su título de sultán y cederle Argel al sultán del Imperio Otomano, Selim I, y pasar a estar subordinado a este para estar bajo su protección contra España. Por otra parte el sultán otomano, lo nombró Gobernador de Argel.

Inmediatamente Arudj puso la mirada en la ciudad de Tlemecén, ciudad tributaria y bajo dominio español. Al año siguiente, en 1518 Carlos I envió un ejército para recuperar la ciudad que había caído bajo poder turco.  Arudj contaba con inferioridad numérica pero defendió la ciudad con todas sus fuerzas, hasta que los españoles acabaron recuperando la ciudad, incluso en ese asalto, Aruj fue herido de muerte.

Su hermano, JJeireddín Barbarrojaeireddín asumió el mando de los corsarios y se pone bajo la protección del sultán del Imperio Otomano. Al mando de un ejército turco enviado por el sultán otomano, Barbarroja reconquistó Tlemecén en diciembre de 1518.

Al este de Europa el sultán Solimán, el Magnífico, quiso intentar de nuevo la conquista de la ciudad de Viena en 1532, tras el fracaso de 1529, pero encontró a unos defensores apoyados por un gran ejército bajo el mando el emperador Carlos V, y no pudo acercarse a ella. Mientras que la iniciativa naval corresponde a Barbarroja.

Sus corsarios atacan una y otra vez los navíos y costas españolas, mientras que los compromisos del Emperador en Europa retrasan una y otra vez las expediciones al norte de África.

En 1534, Barbarroja tomó Túnez y, ante esta situación, Carlos organizó dos operaciones con diferente fortuna. La primera fue llevada a cabo en 1535 y fue conocida como la Jornada de Túnez, con la que se le arrebató Túnez a Barbarroja.

Mapa de la ciudad de Túnez (siglo XVI)

En 1541, Carlos V pone por fin en marcha la tan esperada operación hacia Argel. La ciudad resiste el cerco mientras una tempestad dispersa la flota. La retirada debe hacerse en pésimas condiciones y con grandes pérdidas, para evitar un desastre todavía mayor.

Esta campaña es la conocida como la Jornada de Argel. A partir de aquí, la situación en el Mediterráneo ira empeorando progresivamente y el Mediterráneo se irá convirtiendo en casi un lago otomano hasta 1571 cuando la flota otomana fue derrotada por las fuerzas combinadas de la Liga Santa.

Bibliografía

  • Tercios de España. La infantería legendaria. Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca. EDAF. 2006
  • Belenguer, Ernest (1995). El Imperio Hispánico 1479–1665. Grijalbo Mondadori
  • Ribot, Luís. Historia del Mundo Moderno. Ed. Actas, Madrid 2006.