Principales batallas

 Batalla de Pavia: La Monarquía hispánica habrá de enfrentarse a numerosos frentes externos, siendo Francia, con su rey Francisco I a la cabeza, su principal rival. Entre 1521 y 1526 sucederá la primera guerra entre España y Francia. La causa: disputas territoriales sobre el Milanesado, Nápoles, Luxemburgo y, muy especialmente, Navarra. Francia, aliada con Venecia y con los suizos, es rechazada en un intento de ocupar Navarra. Por su parte Carlos V, aliado al rey inglés Enrique VIII y al papa León X, ocupa Lombardía. La gran batalla se producirá en 1525, en el sitio de Pavía.

La población de Pavía se hallaba guarnecida por unos 8.000 españoles. Rodeando el lugar se encontraba el ejército francés, con su rey a la cabeza, combinando tropas de infantería, artillería y caballería. El 3 de febrero llega desde Alemania un ejército de 24.000 hombres para socorrer a los asediados, que se sitúa tras los franceses después de dejar a 1.000 infantes y la artillería en el Campo Imperial.

 

A las 5 de la mañana del día 24 comienza el ataque español, tomando el Castel Mirabello. En respuesta, Francisco I ordena disparar a su artillería y, más tarde, lanza una carga de caballería por el ala derecha. El ataque logra hacer huir a parte del flanco español, pero la caballería francesa ha quedado aislada. A las 7,50 de la mañana los franceses se retiran hacia la Torre del Gallo, mientras la guarnición de Pavía lanza un ataque simultáneo. Los franceses no aguantan el embate imperial y son aislados en pequeños grupos, aniquilados unos tras otros. A las 8,30 de la mañana comienza la desbandada del ejército francés. La batalla ha terminado, y también lo hará una año después, con el tratado de Madrid del 1526, la primera guerra entre Carlos V y Francisco I.

 

 Batalla de Lepanto: Durante el reinado de Felipe II, el Mediterráneo es un campo de batalla, pues los corsarios berberiscos atacan desde el norte de África a las poblaciones cristianas del levante español, Cerdeña y Sicilia. En respuesta, España, Venecia y los Estados Pontificios forman la Liga Santa, reuniendo en Messina un total de 80.000 hombres y más de 200 barcos de guerra, mandados por don Juan de Austria. La gran batalla contra el turco se producirá en 1571, en el golfo de Lepanto.

Al amanecer del 7 de octubre la flota cristiana avistó a la turca y se dispuso en formación de combate. En el flanco derecho se situaron las naves venecianas; en el izquierdo, la flota papal capitaneada por Andrea Doria, mientras que en el centro quedó el grueso de la flota, con don Juan de Austria al frente. En la retaguardia se situó el marqués de Santa Cruz. Los turcos inicialmente se dispusieron en forma de media luna, separándose rápidamente en tres secciones.

Don Juan abrió la batalla disparando sus cañones contra las naves del centro turco, cayendo pronto al menos siete galeras turcas. En respuesta, los turcos hicieron avanzar su flanco central contra las naves de don Juan, produciéndose una encarnizada batalla. Tomada la nave capitana, el centro musulmán se rompió y batió en retirada. El flanco derecho turco, por su parte, rodeó a las galeras venecianas, aunque la ayuda de la retaguardia cristiana provocó la huida de los otomanos. La línea izquierda turca realizó una maniobra similar, abriéndose un hueco que le permitió llegar al corazón de la flota cristiana. Desde la retaguardia, Santa Cruz acudió en ayuda de los cristianos, obligando a los turcos a retirarse.
Tras más de cuatro horas de batalla, la victoria cayó del lado cristiano, contándose al menos 25.000 muertos entre los turcos.

Batalla de Rocroi: En 1635 Francia declara la guerra a España. Las tropas españolas amenazan París y vencen en Fuenterrabía. Pero en 1640 comienzan sendas rebeliones en Cataluña y en Portugal, apoyadas por Francia e Inglaterra. Para aliviar la presión francesa sobre Cataluña, los españoles invaden el norte de Francia desde Flandes. El gran enfrentamiento se producirá en 1643, en los campos de Rocroi.

El campo de batalla era una llanura, entre un bosque y un pantano. Allí los franceses situaron a sus 23.000 hombres, con la infantería en el centro y la caballería a los lados, apoyados por la potente artillería. Los españoles, por su parte, contaban con unos 22.000 efectivos. En el centro formaron los famosos tercios y la infantería, con las alas protegidas por la caballería. En primera línea, los cañones.

Al amanecer del día 19 la caballería francesa ataca el flanco izquierdo español, pero es rechazada. Una segunda carga, sin embargo, cae sobre la caballería española del ala izquierda, que se rompe. Entre tanto, el flanco izquierdo francés realiza una nueva carga, rechazada por los españoles, que toman ventaja por ese lado. Sin embargo, la debilidad del ala izquierda española permite a la caballería francesa caer directamente sobre los tercios imperiales, que apenas pueden sino resistir. En una maniobra sorprendente, la caballería francesa ataca la retaguardia española, que se ve acosada por dos lados, pues la izquierda francesa se ha rehecho y ha conseguido lanzar su ataque. Rodeados, los tercios no tardan en caer.
Las bajas entre los imperiales debieron cifrarse en unos cuatro mil muertos, la mayoría españoles, y entre 2.000 y 2.500 prisioneros. En el bando francés fueron unos 2.500 muertos.

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