Fueros

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Ricard FRANCH (Ed.): “La sociedad valenciana tras la abolición de los Fueros“, Valencia, Instituciò Alfons el Magnanim, 2009, 442 pp.

La Guerra de Sucesión es un tema todavía vivo en la sociedad valenciana y, sobre todo, catalana. El 18 de febrero del año 2000, en la edición valenciana del diario “El País”, un columnista habitual escribía lo siguiente sobre la llegada a Madrid de Felipe V: “Tenía 17 años escasos el que pronto sería tirano genocida, el verdugo del Estado, la lengua, la cultura y las libertades de los valencianos, para él “canallas abolicion-fuerospillos que tenían que ser sometidos por la espada”. Hay grupos políticos valencianos que consideran todavía hoy, por mimetismo hacia Cataluña, que el día de la Comunidad debe ser el 25 de abril, fecha de la derrota de Almansa en 1707, y no el 9 de octubre. Cuando el gobierno del Partido Popular, en tiempo de Aznar, anunció la emisión de una moneda conmemorativa con la efigie de Felipe V, hubo quienes en Cataluña, Valencia y Baleares anunciaron una campaña de recogida de esas monedas para después fundirlas en un monumento al “maulet”, es decir, al campesino guerrillero austracista. En Xátiva, una de las ciudades mas importantes de Valencia, en su museo municipal se expone un retrato de Felipe V cabeza abajo (hay que decir que desde los años 40 del pasado siglo por iniciativa de un concejal falangista), y así estará, en esa postura de castigo  — dicen las autoridades municipales, sea cual fuere su color político — hasta que el actual rey no derogue en un acto simbólico los Decretos de Nueva Planta.

Desprovistos de componentes emocionales, que por lo regular nublan el entendimiento, una docena de historiadores, en su mayoría de las Universidades de Alicante y Valencia, analizan las consecuencias que para la sociedad valenciana tuvo el decreto de 29 de junio de 1707 por el que se ponía fin al régimen político por el que el Reino de Valencia se había gobernado desde su creación por Jaime I. Hay enfoques diversos pero complementarios. Ricardo García Cárcel reflexiona sobre el contenido político de la Nueva Planta que, en su opinión, responde tanto al proyecto castellanizador ya elaborado por el conde duque de Olivares en tiempos de Felipe IV, como al proyecto centralizador importado de Francia. Pere Molas analiza el complejo encaje de los territorios de la antigua Corona aragonesa en la monarquía borbónica, de cuya pervivencia quedarán muestras en la reivindicación de los fueros en el período final del Antiguo Régimen. Enrique Giménez muestra el papel de los militares en la administración territorial valenciana, secundada por el poder indiscutido del Capitán General. María del Carmen Irles pone de manifiesto que los grupos oligárquicos locales se mantuvieron al frente de los municipios valencianos tras la abolición foral. Los efectos de la contienda sucesoria sobre la cultura valenciana es estudiada por Antonio Mestre, y Carmen Pérez Aparicio pone de manifiesto la oposición y el descontento que generó entre la mayoría de los valencianos la abolición de su régimen político. El malestar social se vio acentuado en muchos momentos del Setecientos por catástrofes naturales, estudiadas por Armando Alberola. Ricardo Franch destaca la resistencia que el clero ejerció frente a las nuevas contribuciones, y Jorge Catalá indica que esa nueva política fiscal tuvo efectos negativos sobre la nobleza autóctona. Manuel Ardit, a través del estudio de la obra de Manuel Sisternes, pone de manifiesto cómo el modelo de la agricultura valenciana pudo ser utilizado para intentar reformar los problemas que afectaban al campo castellano y andaluz y Telesforo M. Hernández trata de la evolución de las manufacturas de la seda y la lana a lo largo del siglo.

Queda algo fuera del foco valenciano el largo trabajo de Roberto Fernández sobre la política borbónica en Cataluña. A diferencia de cierta historiografía nacionalista que niega a la acción política de los Borbones cualquier efecto positivo en el desarrollo catalán del siglo XVIII, el profesor Fernández, catedrático en Lleida, destaca que “las políticas económicas del reformismo borbónico le fueron en general bastante favorables” a los catalanes. Una posición alejada del presentismo y de las posiciones que defiende cierta historiografía nacionalista, pero más cercana a la realidad histórica. Enrique GIMENEZ

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