Si la vida es una metáfora, póngame dos

La presión, una coacción hacia lo precipitado

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Hace mucho que no escribo, más bien por el sentimiento de culpa de hacer cosas que no debería hacer en período de estudio, no obstante, ya dentro de las, probablemente breves, vacaciones de verano, nada me impide volver a hablar de los temas que se me pasen por la cabeza.

Hoy voy a hablaros de un aspecto que en todo momento me he cuestionado a la hora de ver a los jugadores que se van a presentar al Draft de la NBA, sobre todo en este último año, en el que ojeadores, eruditos del baloncesto y meros aficionados (entre los que me incluyo) han catalogado como una de las mejores selecciones de los últimos años en lo referido a futuribles estrellas, ídolos de masas o, simplemente, buenos jugadores. Es más, toda especulación era poca a la hora de adivinar cuál sería, del top 5, el elegido por los Cleveland Cavaliers para la nueva etapa que se presentaba con su segundo número 1 consecutivo. Fue Andrew Wiggins, pero igual podría haberlo sido Jabari Parker (nº 2 por Bucks, que se notaba que no quería fichar por los Cavs), Joel Embiid (nº 3 por los Sixers, que parece que pasará la temporada que viene en blanco), Dante Exum (base de los Utah (nº6) o Julius Randle (7º para los Lakers).

Pues bien durante la primera mitad de 2014 no había semana en la que los medios de comunicación no nombraran a uno de los posibles integrantes de este extraordinario draft, comparándolos con jugadores actuales, leyendas o simplemente hablando de sus extraordinarias facultades para jugar al baloncesto y sobresalir frente a otros jugadores de su categoría. Generalmente estos militaban en la NCAA (liga universitaria) — aunque en el caso de Dante Exum tenemos que remontarnos a las categorías inferiores australianas–, y su seguimiento era muy fácil por ser una categoría importante, tanto en el disfrute deportivo como en los negocios futuros, siendo otra de las ligas de baloncesto en las que podemos ver buenos partidos. Se citaba que Jabari Parker había bajado el nivel, que podría esperar un año más para presentarse al draft, que Joel Embiid podría pasar su primer año en blanco por una lesión, dando lugar todos estos aspectos a cierta reticencia o decepción por parte de los aficionados y directivos, además de cuerpo técnico, etc.

Y es que lo que van a experimentar además de los nervios de entrar por primera vez en una cancha NBA va a ser presión, por todas partes, de todo el mundo. ¿Por qué? Porque cuando clubs que llevan mucho tiempo sin ganar nada reciben un gran jugador que les puede llevar a conquistar el olimpo, quieren un impacto inmediato en la liga, un impacto total y cortante en la progresión de los demás equipos, de tal forma que lleguen a la meta con los ojos cerrados. Pero no es tan fácil, son jugadores que vienen, quieran o no, de una liga inferior a la NBA, se enfrentan a jugadores experimentados, preparados para enfrentarse a los mejores y curtidos en batallas que de primeras no parecen preparados a combatir, aunque tengan un físico imparable, aunque tengan una buena visión de juego o un tiro envidiable. El ser alguien en la liga desde un primer momento está reservado a los más grandes, aquellos que nunca han tenido dudas sobre su calidad y que han destacado en todo momento (Michael Jordan, LeBron James…). Los rookies de este año siempre han presentado ciertas dudas, se les ha sacado fallos o a veces se les ha citado como jugadores sobrevalorados. Por ahora las actuaciones, por ejemplo, de Andrew Wiggins y Jabari Parker, no están siendo las de unas estrellas exageradas, están haciendo números, pero por el simple hecho de lanzar mucho a canasta, no obstante sus porcentajes son, a día de hoy (16 de julio), para muchos, decepcionantes, ya que el primero promedia un 37% en tiros de dos y 16% en tiros de tres (incluyendo un 1/8 el primer día), mientras que el segundo promedia otro 37% y un 20% en t3. No obstante, ambos, a pesar de todo, están demostrando que tienen mucha calidad y proyección para ser algo grande.

Volviendo al tema de la presión, tal vez si muchos focos no estuvieran apuntándoles con 400 lupas, esperando que demuestren su valía, ambos jugadores, además de todos los novatos que están debutando en la liga de Verano estarían rindiendo bastante mejor de lo que lo están haciendo. No obstante, la presión que están experimentando a día de hoy estos jugadores no será ninguna comparada con la que experimenten en la temporada, cuando, y en el peor de los casos, si no consiguen ser esos jugadores claves para llevar a sus equipos a un escalafón superior, los tildarán de gran decepción, paquetes, jugadores sobrevalorados y demás calificativos que podrían hacer mella en su mente y generar diferentes reacciones entre las cuales podemos encontrar la del corte de su progresión y el encasillarse en una posición de “fracasado” cuando simplemente no ha demostrado su potencial, o hasta la destrucción personal, lo que, sobrepasando lo deportivo, yo creo que debería anteponerse a cualquier cosa. Pasó la temporada pasada con Anthony Bennett, que fue seleccionado en el número 1 del draft del 2013 rodeado de muchas dudas entre las cuales estaban el sobrepeso y las lesiones y cuya repercusión en un equipo aspirante la temporada pasada como Cleveland fue nulo y al que muchos hemos tildado de paquete o un sonado fracaso de draft a la altura de Darko Milicic o Kwame Brown a pesar de que tiene mucha carrera por delante.

Saliendo de la perspectiva baloncestística hay muchos casos en los que podemos encontrar que se le exige a un novato con un especial talento resultados inmediatos en una disciplina determinada. En el ámbito empresarial cuando el becario que ha entrado en la empresa con unos más que buenos resultados en la carrera tiene diferentes fallos propios de un principiante y el superior inmediato le increpa duramente sus erratas, en el académico, cuando los mismos padres al ver que su hijo al que consideran que tiene gran capacidad saca malas notas en una asignatura, lo llaman inútil o cualquier insulto desgraciado sin atender a las circunstancias y sin tolerar sus más que posibles fallos. Obviamente hay situaciones en las que las reprimendas son obligadas, pero si se presiona mucho a una persona cuando se está formando tal vez los efectos sean más que negativos y los logros se pospongan mucho más tarde, o tal vez no lleguen nunca.

Por tanto, instaría a una sociedad modalizada y no abierta a cambios drásticos que piensen que los deportistas, los estudiantes, los trabajadores y demás gente en formación son personas, que tienen fallos y que en base a ellos pueden crecer profesionalmente y llevar sus actividades hacia el lugar en que deben estar. Claramente el camino no será fácil, tendrán que luchar, practicar una y otra vez, aprender las lecciones que se pongan en su camino… durante X tiempo, tiempo en el que los que le rodean deberían tener fe en que la tarea será llevada a buen término, aunque no sean resultados inmediatos, pero tanto la ciencia como la vida en general es paciencia, y quien sabe esperar conseguirá la plenitud de sus actos. Será difícil por muchos factores, dinero de por medio, ganas de triunfar, superar a los demás… no sé, pero hay que esperar. Sí, esperar y no tener prisa es la clave.

Author: hhector

Estudiante de derecho en la UA.

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