Si la vida es una metáfora, póngame dos

Las Navidades pasadas.

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Parafraseando la canción de Wham!, vengo, después de unos cuantos meses, para hablaros de un aspecto que me parece bastante triste. A diferencia del año pasado, en el que os escribí una entrada en la que os hablaba de las diferentes perspectivas formadas sobre la Navidad, este año no he podido hacer nada parecido gracias a que, de una forma u otra, me encontraba demasiado ocupado en, más que estudiar, lastrar mis Navidades.

Y es que para los estudiantes en general estas fiestas han pasado de ser, cuando estábamos en el instituto, un descanso fantástico para relajarse, disfrutar de días de descanso y encontrarse a gusto con los familiares, a no hacer nada de eso y sin embargo, acordarte (o intentarlo) de la materia a la par que intentas memorizar otra. Nuestras Navidades han pasado de estar adornadas de árboles, guirnaldas, bolas, nacimientos (escenitas de belén, aunque podrían ser también recibimientos de bebés) a libros, manuales, y en el caso de los alumnos de Derecho, códigos, leyes y demás fantásticos amigos con los que nos hemos encontrado y nos encontraremos a lo largo de lo que nos queda de carrera. Al fin y al cabo son las mejores compañías que podríamos tener, porque si las cambiamos nos arriesgamos a pasar por la piedra en los finales sin la más remota posibilidad de aprobar y por tanto destrozar el trabajo que hemos estado haciendo durante todo el año cuatrimestre.

La cuestión, ¿es fácil concentrarse en Navidades? La respuesta está en hacer click aquí, y si no lo hacéis, detrás de estos puntos suspensivos………………………….NOOOOOOOO, y es que toda nuestra (buena) vida hemos estado disfrutando de estas fiestas (unos más que otros, que cada uno celebra las Navidades como quiere, donde encontramos muchos grupos de personas: los que las aman, los que las celebran porque es tradición, los que las celebran por hacer algo, los que las celebran por fingir felicidad, los que no les gustan, los que las odian, los que activarían una bomba nuclear en la Puerta del Sol en Nochevieja…). Ahora, encerrados en nuestra habitación intentando estudiar, escuchamos las músicas de la Navidad (a veces desagradables), los primos correteando como si no hubiera un mañana, los tíos gritando en favor o en contra de Podemos, las tías riéndose del nuevo look de la Esteban y demás fauna navideña que te puedes encontrar. ¿Se puede dentro de este panorama memorizar o hacer cualquier cosa parecida? ……………………… NOOOOOOOO. Es aquí cuando, después de media hora de intentar coger los apuntes por las esquinas, intentar taparte los oídos para no escuchar sonidos onomatopéyicos y otras posibilidades, cuando decides salir de tu cueva y mandar a tomar por saco todo aquello relacionado con la Universidad. Un día es un día, al fin y al cabo, no pasará nada. Pero, pensad, ¿qué pasa cuando al día siguiente dices lo mismo? Hola, bienvenido a la realidad navideña, pasan los días y poco a poco te das cuenta de que no has estudiado nada, y lo peor de todo, el sentimiento de culpa redunda dentro de ti mientras tus fantásticos planes de antes de Navidad sobre estudiar fuertemente para sacar todas las asignaturas se van al garete. Lo intentas de nuevo, das un paso adelante antes del fatal desenlace, pero es cuando es demasiado tarde y estás a dos días de los finales. DIOOOOOOOOOOOOOOOOS, morirse toca. Es aquí cuando nos damos cuenta de si somos unas esponjas o unos (permitidme inventar una palabra, que está de moda (hasta la RAE lo hace)) repeleapuntes. Las esponjas son quienes se amoldan a la expresión: si loh contenidoh te vasilan, tú te callah y asimilah, lo que da lugar a que se asimilen maravillosamente los contenidos. Los otros, suelen tener peor suerte y suspenden o se retiran por estar un buen rato delante de los apuntes sin éxito.

En fin, sólo me queda recapitular que en este escenario hay dos posibilidades dentro de este inestable “””tándem””” ‘estudiar’ y ‘disfrutar de las Navidades’: Si estudias, olvídate de las Navidades, a cambio tendrás la posibilidad (por remota que sea) de aprobar en enero; por otro lado, si no estudias, podrás disfrutar fantásticamente de las fiestas, pero enfréntate a un futuro plagado de días de estudio en los que intentarás quitarte las asignaturas que te quedaron en este enero por venir. Así pues, si veis factible el aprobado, estudiad, por supuesto, pero si sois algo malillos para la materia y no la habéis preparado bien durante el cuatrimestre, dejadlo y disfrutad de comilonas, borracheras, momentos entrañables que nunca volverán y demás cosas que pueden pasar en Navidad (mode ‘moñas navideño’ off).

Author: hhector

Estudiante de derecho en la UA.

One Comment

  1. Las vacaciones siempre son una época mala para intentar estudiar y concentrarse, para intentar sacarlo todo adelante.

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