Si la vida es una metáfora, póngame dos

El pasado, presente.

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Una cosa está clara: El pasado es un condicionante de lo que somos a día de hoy. Son nuestras decisiones las que nos han posicionado, para bien, o para mal, en el lugar que ocupamos dentro del mundo y quedan marcadas como pisadas, de tal forma que nos basta con mirar hacia atrás y ver el camino recorrido. Estar orgullosos o no de cómo hemos resuelto nuestra vida hasta ahora es un juicio personal que se divide entre aquellos que con pesadumbre se arrepienten de haber hecho u omitido y los que están seguros de haber elegido la opción correcta. No obstante, todos somos humanos, nadie en su sano juicio (salvo que viva en una utopía) puede afirmar que nunca se ha equivocado al escoger y, a veces, equivocarse ha dado resultado a situaciones que, sin embargo, pueden haber sido más resolutivas que aquellas desechadas pero, a priori, más provechosas.

¿Qué decir del pasado? Es una cosa tan abstracta pero latente que asusta cuando te acuerdas del tiempo transcurrido y de todos lo ocurrido. Es instantáneo y a la par casi eterno, por el simple hecho de que entendemos como “pasado” tanto a lo que acaba de ocurrir como a lo que sucedió hace años. No obstante, no somos conscientes de que lo que hemos hecho hace un segundo ya es en sí mismo “pasado”, porque recuperarlo va a ser imposible salvo que hagamos un pacto con las fuerzas del mal, por ejemplo, el Diablo, Snoopy, los bancos… y yo creo que tampoco nos lo van a devolver (conclusión: no pactar con ellos).

Como dice una conocida expresión, “lo hecho, hecho está”, no hay vuelta atrás, es como la firma de un papel que nunca vas a volver a ver y que tiene como objeto causar un efecto. Es como un tatuaje que, aunque puedas borrarlo, dejará rastro en tu piel. En caso de ser en términos generales positivo, fantástico, pero hay veces en las que factores varios pueden desfavorecer la realidad. Estos pueden ser provocados por nosotros o por fuerzas externas. Y, tirando de frases míticas, podemos recordar una conocidísima escena de ‘El Rey León’ que San YouTube nos regala (como Puerto Rico el arroz con habichuelas):

Oh, sí, el pasado puede doler, pero tal y como yo lo veo puedes, o huir de él o aprender”. El hecho de no poder cambiar el pasado no quita evitar cometer los mismos errores que se cometieron. Todos debemos intentar mejorar lo que antes salió mal, como regla general, como parte de la vida, siempre y cuando quepa la posibilidad de cambiar y obrar como debe ser. La cuestión no está en olvidar el pasado y continuar con el presente como si nada, sino en acordarte de lo que pasó y continuar el presente con unas pautas claras: repetir lo satisfactorio y descartar lo insatisfactorio. Puede que, en algunos casos, la tentación de hacer las cosas malamente sea fuerte, pero supuestamente el ser humano tiene una parte racional que debería reprimir los impulsos hacia lo dañino.

En definitiva, con esta entrada escrita sobre la marcha (parece que se me ha olvidado escribir), lo que quiero decir es que nunca es tarde para recular lo cometido, siempre y cuando el pasado no sea tan fuerte y haya dejado secuelas o haya generado un lastre sobre aquellos que obraron de forma demasiado dura sobre su persona (dejo a vuestra imaginación pensar ejemplos, si queréis calentaros la cabeza y/o estáis aburridos). Nunca es tarde para ser mejores que en el pasado, y sobre eso, en la película ‘American Psycho’ (basada en la novela del mismo nombre), el protagonista, Patrick Bateman, un asesino en serie, habla mientras suena la canción “Greatest Love Of All” de Whitney Houston (aunque en la película no salga la canción de la artista sino una versión alternativa. Supongo que por cuestión de derechos de autor). El comentario es el siguiente:

“…The greatest love of all es de las mejores y más poderosas canciones que se hayan compuesto, sobre el instinto de conservación, dignidad… su mensaje universal cruza todas las fronteras y nos da la esperanza de que no es demasiado tarde para ser mejores…”

Os adjunto el vídeo en inglés (cuidado si ronda por detrás algún crío). Suerte en el presente y espero que no os equivoquéis demasiado en aquello que decidáis. Desgraciadamente, los factores externos no están en nuestra mano.

Author: hhector

Estudiante de derecho en la UA.

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