Mucho se habla de la importancia y necesidad de una relación fluida y fructífera entre las universidades y las empresas, entre la academia y la sociedad en la que se inserta. Las palabras nos deben llevar a las acciones y, en este sentido, resulta imprescindible destacar el esfuerzo que se hace en lo que respecta a las prácticas curriculares de los estudiantes universitarios en empresas e instituciones, tal como destaca el recientemente publicado informe “La universidad y la empresa española 2010” de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CyD).
Valgámonos de un ejemplo próximo. Año tras año la cifra de alumnos de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales que realizan prácticas curriculares en empresas e instituciones fuera de la Universidad de Alicante se ve incrementada. En el curso actual, 2010-2011, son 937 los alumnos que complementarán su formación con una estancia formativa en prácticas.
Esta cifra supone un incremento del 15% respecto al curso anterior, en el que se adjudicaron 795 plazas de prácticas en este centro.
Estos datos nos llevan a concluir que un 55% de todos los estudiantes matriculados en la Facultad de Económicas que cumplen con los requisitos necesarios para hacerlas, optan por realizarlas. Pero mejor que extenderse en las cifras que corroboran la importancia y desarrollo de los programas de prácticas universitarios, centrémonos en los beneficios que ello reporta a los estudiantes.
Preguntémosles a ellos, a los verdaderos protagonistas.
Clara Petersen, vino de Núremberg (Alemania) con el objetivo de realizar una estancia Erasmus en la Universidad de Alicante, aquí conoció el programa de prácticas curriculares y optó por adquirir más formación para, en un futuro, aplicarla profesionalmente en su país. Actualmente, compagina la asistencia a clase con las labores en el departamento de sensibilización de una organización no gubernamental que investiga la realidad de los trabajadores inmigrantes en la provincia de Alicante. Para Clara, las prácticas “le ofrecen la posibilidad de contribuir personalmente, con su formación universitaria, en una importante labor”.
Leticia Romera, recaló en el área de empleo, fomento y desarrollo local del Ayuntamiento de Benidorm hace un par de meses, tiempo suficiente para considerar que gracias a las prácticas externas “ha disipado las dudas que le quedaban de si había escogido la carrera adecuada” y no duda al calificar su periodo de formación fuera de la Universidad como “una experiencia realmente gratificante“. Más contundente es María del Mar Villaescusa, a la que sus prácticas en empresa la han llevado hasta una fundación de Valencia, y que no siente ningún rubor al reconocer que “por primera vez siente que sus conocimientos pueden ser aplicados”.
Gerardo Flores, se ha convertido en el responsable de un proyecto de investigación comercial en una pyme del interior de la provincia gracias a sus prácticas externas, las que define como “la mejor manera de entrar de lleno en el mundo empresarial”.
Lorena Madrigal, ha cambiado su aula en el campus de San Vicente por una oficina en una empresa de gestión de recursos humanos en la ciudad de Alicante. Esta joven estudiante nos indica, de forma convincente, que “las prácticas le están aportando una experiencia extra relacionada con su titulación que, sin duda, es fundamental para acceder a un futuro puesto de trabajo y para poner a prueba las capacidades y conocimientos adquiridos a lo largo de sus estudios”.
La satisfacción de estos cinco estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales debería alentarnos a seguir trabajando por una ampliación, mejora y extensión a todos los niveles de los programas de prácticas curriculares. Tal vez estemos en el camino adecuado pero, no caigamos en la autocomplacencia, todavía nos queda mucho trecho que andar y algunos obstáculos que salvar.
Raúl Ruiz Callado
Vicedecano de Prácticas Externas
Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales
Universidad de Alicante
