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CÓMO DEBE SER NUESTRA BICICLETA
Nuestra bicicleta de montaña debe ser robusta para hacer frente al tipo de dificultades a las que se le va a someter, pero a la vez deberá ser lo suficientemente ligera para permitirnos maniobrar sin dificultad.
No pretendemos unas “superbicicletas”; prueba de ello es que existen en el mercado innumerables modelos que cumplen perfectamente con su cometido y además se sitúan a precios bastante asequibles. Eso sí, una vez que hemos decidido comprarnos una, deberemos elegir la talla adecuada: Hay que adaptar la bicicleta al cuerpo y no el cuerpo a la bicicleta.
Como norma, podemos tomar que la medida de un cuadro de montaña será entre 4 y 6 números más pequeña que la que deberíamos utilizar en carretera, o de forma más “casera”, situados con los pies en el suelo y con la bicicleta entre las piernas, la barra horizontal deberá encontrarse a unos 4-5 dedos de nuestra “entrepierna”.
Cuidaremos también de la correcta colocación del asiento en cuanto a altura, situándolo de tal manera que, sentados sobre él bajemos un pedal hasta abajo y la pierna correspondiente no quede del todo estirada sino más bien un poco flexionada. Otros datos útiles serán saber que el manillar normalmente debe estar a la misma altura que el sillín o que las manetas de freno no deben superar la horizontal con el manillar para no perjudicar la postura más ergonómica de muñecas y brazos.
Respecto a los componentes, hoy en día existe una gran uniformidad, ya que casi todos los fabricantes utilizan marcas de buena calidad (Shimano, Campagnolo, Sachs, Mavic, Modolo,...), que cumplen bien su papel. Será importante que los cambios sean precisos y que a cada movimiento que le efectuemos corresponda el paso a una velocidad, sin necesidad de tener que andar ajustándola.
En cuanto a los frenos, lo más importante será que estos logren detener la bicicleta en el momento que necesitemos de ellos, que no nos traicionen y “nos manden al garete”. En cualquier caso, los más comunes actualmente son los de tipo “V-Brake” y también de tipo “cantilever (como los de Ciclo-Cross), que evitan la acumulación de barro y proporcionan una buena frenada. Existen en la actualidad frenos de disco, pero no son los más aconsejados a estos niveles debido a su alto coste y mantenimiento.
Como detalle en los pedales, proponemos la utilización de rastrales o “calapiés”, ya que éstos proporcionan mayor tracción que un pedal normal de plataforma y más seguridad al evitar que se nos pueda salir el pie, al contrario de lo que algunos opinan. Los pedales automáticos con cala en la zapatilla serían el siguiente paso, pues proporcionan una aún mejor tracción y comodidad, si bien al principio requieren de cierta práctica para que no caigamos al intentar sacar los pies de los pedales sin éxito (girando el pie sobre el pedal, gesto que habrá que automatizar).
Otro punto a revisar será la presión de los neumáticos, de tal manera que éstos deberán ir lo suficientemente hinchados como para poder evitar el pinchazo, en caso de golpear la rueda contra alguna piedra o contra alguna esquina (los famosos pinchazos por “llantazo” se dan al pellizcarse la cámara entre la llanta o aro y la superficie que lo oprime, que puede ser una piedra o cualquier esquina).
Para empezar con nuestra bicicleta, nos contentaremos con lo imprescindible, que en este caso pasa por una bicicleta que frene adecuadamente, que cambie adecuadamente y que esté adecuada a la talla del usuario.
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