Ayers Rock

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Al empezar a escribir los posts de Sydney, un chico de España, Juan, escribió unos cuantos comentarios preguntándome cosas sobre Australia, si merecía la pena traerse portátil, y alguna cosilla más. No pudimos vernos en Sydney porque yo estaba fuera cuando él estaba aquí.

Pues resulta que el último día en Ayers Rock, mientras estábamos esperando al autobús que nos llevaba al aeropuerto, se me acercó una persona y me preguntó: “eres Miguel, verdad?”. Vaya, en la otra punta del mundo y alguien que me conoce (y que yo no conozco). Resulta que era Juan. Menuda casualidad! No tuvimos mucho tiempo, porque nos fuimos enseguida, pero tuvimos una buena charla y nos reímos. Son esos momentos, con cierta gente, que conectas aunque no nos conozcamos de nada.

Estas son las cosas que te hacen pensar en las casualidades. Casualidad y causalidad. Porque no sólo se encontraba en el mismo lugar (Ayers Rock), el mismo día que yo, sino que se alojó en el mismo hotel (dentro del resort hay varios hoteles) y estaba en la puerta justo en el momento que nos fuimos. Aquí dejo una foto para inmortalizar el momento. Juan: deja en un comentario la dirección de tu blog (tengo la memoria de un pez). Esperamos que os sirvieran las entradas al parque ;-).

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El último día en Ayers Rock lo dedicamos a ver la salida del sol en Uluru. No levantamos a las 5 de la mañana, dejamos el hotel y a las 6 ya estábamos en Uluru. Uluru se encuentra dentro de un parque nacional, y tienes que pagar unos 25$ por persona para entrar (el pase lo puedes usar por tres días). Cuando amanece, Uluru, que está formado por roca arenosa, va cambiando de color. Es marrón al principio y se va tornando rojo conforme el sol incide en él. Desayunamos viendo el amanecer, aunque las moscas empezaban a hacer de las suyas.

Luego nos dieron una vuelta por la roca (el perímetro es de varios kilómetros). Nos contaron historias aborígenes. Una muy bonita trata sobre una serpiente, Kunia. Cuenta la leyenda que la serpiente (de varios metros de grosor) anduvo por la roca y fue a parar a un sitio concreto. Resulta que hay una formación rocosa que tiene forma de serpiente. Varias marcas en la roca se usaron para confirmar el recorrido que hizo la serpiente. Incluso el rastro que dejaba el agua en la roca se dice que es la sangre de Kunia. Vimos una zona cubierta con pinturas aborígenes, que se supone que era la escuela, donde los abuelos enseñaban a los nietos todo lo que tenían que saber, pues los padres se encargaban de cazar y recolectar frutos. Hay zonas con agua permanente y hay bastante vegetación, para la zona semiárida en la que estábamos. Existen muchos sitios sagrados para los aborígenes, que no dejan que se fotografíen. A estos, no les gusta nada que la gente suba a Uluru, aunque mucha gente lo hace. Existe una cadena que te permite ascender más fácilmente, aunque el día que estuvimos no estaba permitido subir. La razón que argumentan los aborígenes es que no quieren que nadie muera allí (mucha gente ha muerto subiendo, es bastante complicado). Para los aborígenes, cada cual debe morir en el país que le vio nacer, con sus seres queridos. Su país se entiende como el sitio concreto (su casa) donde nació.

No vimos ni un aborigen en Uluru. Nos contaron que existe una comunidad aborigen más “civilizada” en el parque, y otra que es nómada y que se rige más por las constumbres ancestrales. Una cosa que nos resultó muy curiosa es que del precio de la entrada al parque, sólo una cuarta parte va a los aborígenes. Vaya tela. Incluso ponían carteles que te lo decían y que por favor dieras algo para mantenerlos. Vaya tela.

Ayers Rock-Spirits of Uluru

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El siguiente día en Ayers Rock fuimos a Kings Canyon. Nos levantamos a las 3:30 de la mañana y a las 4 ya estábamos en la carretera, con un autobús y un guía. Kings Canyon está a más de 300Km de Ayers Rock. Pudimos dormir algo en el camino. La carretera estaba llena de camellos. En un momento vimos más de 20. Luego nos contaron que también se vieron canguros, aunque nosotros estábamos durmiendo y no los pudimos ver.

A las 8 ya estábamos preparados para hacer la ruta. Podíamos hacer dos rutas, una más fácil (de media hora, por el fondo del cañón) y otra de 3 horas por encima del cañón. Debido al calor extremo, el guía insistía en que no hiciéramos la dura si no estábamos en plena forma, que lleváramos por lo menos un litro de agua por persona. La verdad es que son un poco extremistas y por un momento nos pensamos en no hacer la ruta de 3 horas. La verdad es que no era nada dura (jolín, que hemos subido el Perdido!), lo más duro era al principio, una subida hasta la parte más alta del cañón, pero en 15 minutos estabas arriba. Nos hizo gracia dos japoneses que, además de no entender nada de inglés, iban con una botellita de 100ml de agua. El guía les intentó hacer entender que con tan poca agua no podían hacer la ruta. Al final, encontraron varias botellas que pudieron rellenar con agua. Se pensaban que iban de paseo :-).

La ruta consistía en recorrer el cañón por la parte más alta. Las vistas eran impresionantes y el guía nos iba contando cosas sobre la naturaleza, la vida de los aborígenes en esas tierras, etc. Nos resultó curioso saber que si frotas un ecualiptus, este desprende un polvo que usaban para pintarse la piel. Como cada zona tiene distintos tipos de ecualiptus, servía para identificarse entre tribus. Además, resulta que dicho polvo tiene propiedades parecidas a una crema solar, por lo que el índice de cánceres de piel entre aborígenes es muy bajo. El cañón está formado por rocas de arena, que se han solidificado. El color rojo viene por el hierro, si rompes una roca ves un color más marrón.

Toda esa zona estaba antes bajo el mar y pudimos ver un fósil de un cangrejo en la roca. También era curioso ver las marcas del agua en la roca, parecido a lo que se forma en la arena de la playa cuando la marea sube y baja.

A mitad de camino llegamos a una zona que se conoce como el jardín del edén. Es una zona de agua permanente que en la época lluviosa se desborda y crea un riachuelo. Es curioso ver en la carretera muchas zonas marcadas como zona de inundación (inundación en el desierto??). En época de lluvia (por octubre) se producen desbordamientos y pueden llegar a cubrir la carretera, cortando el tráfico.

Había una zona donde más muertos se habían producido por caídas. La gente se asoma al precipicio y cualquier golpe de viento puede hacer que te caigas desde una altura de más de 100 metros.

Terminamos sobre las 11:30, menos mal, porque el calor empezaba a ser insoportable (43 grados). Nos llevaron al resort de Kings Canyon (el guía dijo: “no parpadeéis que sino no lo véis”) y comimos algo y de regreso a Ayers Rock. En el camino de regreso pudimos hacer fotos a otra montaña parecida a Uluru y a un lago de sal, vestigio del mar que antes cubría esa zona. Ya de regreso, un bañito en la piscina del hotel, a mi temperatura ideal: unos 30 grados :-D. Cenita tranquila y la cama a las 9, que al día siguiente teníamos que madrugar otra vez.

Ayers Rock-Kings Canyon

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El fin de semana del 28 de febrero hicimos un viaje corto a Ayers Rock. Se encuentra en medio del desierto (la parte central de Australia es una zona semiárida) y está formado por un conjunto de montañas, la mayoría sagradas para los aborígenes. El viaje desde Sydney son unas 3 horas y media en avión. Cuando estábamos llegando, el avión empezó a sufrir muchas turbulencias, pero al final aterrizó bien.

Para visitar Ayers Rock hay dos opciones. La primera es ir directamente al aeropuerto de Ayers Rock y alojarse en el resort que está a unos pocos kilómetros del aeropuerto y de las zonas para visitar. Como es el único alojamiento que hay, es muy caro, más del doble que otros sitios turísticos (200$ mínimo la noche). El vuelo es tambié caro, porque sólo opera Qantas (400$ ida y vuelta desde Sydney). La segunda opción, que no tuvimos en cuenta, es volar hasta Alice Springs y luego coger excursiones para que te acerquen a Ayers Rock y hacer alguna noche allí. Alice Springs está a 500km de Ayers Rock, por lo que para llegar a Ayers Rock hay que coger alguna excursión hacia allí.

Nosotros nos alojamos en el Ayers Rock Resort. Al poco de llegar ya nos estaban esperando para nuestra primera actividad. Se trataba de la cena Sound of Silence. Te recogen un poco antes de que se oculte el sol y te llevan a mitad del desierto, en un montículo donde puedes ver el Uluru por un lado y por el otro las Olgas, por donde se ocultaba el sol. Nada más llegar nos dieron una compa de champañ de bienvenida y nos ofrecieron unos canapés de carne de canguro, cocodrilo y salmón. Estuvimos haciendo fotos hasta que el sol se ocultó. Nos pasaron a una zona con las mesas preparadas para cenar.

Compartimos mesa con una pareja de italianos, de unos 60 años. Hablaban un poco español y nada de inglés. También teníamos sentados en la mesa a 3 americanos, una pareja y su sobrino. Fue gracioso hacernos entender entre todos. La cena estuvo bien. Una sopa de calabaza con especias, un poco caliente y luego un bufet con carne y pescado, cocinado a la barbacoa. Volví a probar el canguro (no tenía ningún sabor especial para mí) y un cordero buenísimo. Todo servido con un vino que no estaba mal, pero que lo tenían a temperatura ambiente. Mientras cenábamos, alguien tocaba el dijeridoo.

Cuando terminamos de cenar nos explicaron las estrellas. Es mucho más fácil localizar el sur que el norte, y me sorprendió ver dos galaxias a simple vista. Nos contaron historias aborígenes y tomamos un oporto de postre.

Ayers Rock-Sound of silence

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