Ciencia

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Con la llegada del Humanismo, se sientan las bases de un nuevo método científico que  modificará el concepto de ciencia y por ende la cultura, el pensamiento y la visión del mundo, aunque, en sus comienzos, los resultados parecerán fragmentarios. La admiración por los grandes sabios de la antigüedad, únicas fuentes disponibles, paraliza la investigación y fragmenta los resultados, una fragmentación causada también por el hecho de que  la experiencia desmentía  la cosmología conformada por el orden y la armonía y, a este hecho, tenemos que añadir las imperfecciones que sufrían los instrumentos que estos hombres de ciencia utilizaban en sus investigaciones.

Es un momento en el cual la observación y la experimentación alcanzan cotas altísimas, un momento en el cual lo infinitamente pequeño y lo sumamente grande se observa, se estudia, se corrobora y sobre todo se comparte. Los eruditos del momento viven y comparten el saber, reuniéndose bajo un mismo techo, saboreando copas de cultura, deseando un mundo perfecto bajo un prisma común, un prisma desde el cual pueden observar y desde donde, gracias a los avances tecnológicos, pueden alcanzar objetivos nunca imaginados.

El hombre de la época será testigo de este gran cambio, abandonará las ataduras medievales relativas al paradigma aristotélico dominante con autoridad a partir del s. XIII que, junto con otros grandes clásicos, podrían considerarse como las Sagradas Escrituras incuestionables del conocimiento. Es en este momento cuando se  rompe el paradigma.

Cabe mencionar en esta sede las palabras de Alexandre Koyré, << La obra de Aristóteles forma una verdadera enciclopedia del saber humano>>, (Koyré: 1977, 21), debido a que en ella se resguardan los pilares de la ciencia moderna, exceptuando las matemáticas y la medicina. Galileo decía que las matemáticas eran cómo un libro y que para saber leerlo había que saber de matemática, una observación tan cercana que, en la medicina quizás, pudieron, estos hombres de ciencia, confirmar uno de los pilares del Humanismo, la observación y el  estudio de síntomas y consecuencias, las causas y efectos de un proceso.

La ciencia “antigua” se basaba en la concepción del movimiento como una clara señal de falta de plenitud de ser, la denominada herencia de Parménides, una tesis en la cual el movimiento se consideraba imperfección, donde el ser, moviéndose, iba en búsqueda de la perfección y donde el ser físico, dotado de su propia entidad, se interpretaba siguiendo las teorías de la metafísica, teorías que priman sobre la teoría de la observación empírica, considerando ésta incapaz de alcanzar la verdad; un paradigma científico en donde los hechos deben acomodarse a las teorías filosóficas, una naturaleza del universo inmutada desde los clásicos griegos hasta la llegada de Copérnico, momento en el cual se tambalearon quince siglos de estancamiento científico.

La ciencia humanista observa, escudriña, analiza profundamente cuanto le rodea, el occhialino de Galileo quizás sea la materialización de la evolución científica de los acaecimientos que sentarán los cimientos de la nueva ciencia, la clave de Volta sobre la cual se edificará el templo del conocimiento que todavía al día de hoy pervive.

Ptolemaic universeEl rasgo que nos permite diferenciar el método científico “moderno”, reside en el hecho de que la teoría debe vincularse  a hechos observados explicables, pudiendo así construir teorías nuevas que se presten a ser sometidas a controles experimentales adaptados a un nuevo modelo matemático, una nueva relación establecida entre la observación empírica y su interpretación racional, una relación en donde el científico no busca la esencia metafísica del mundo, el científico se prodiga en describir su comportamiento en términos matemáticos.

El universo es un libro escrito en caracteres matemáticos y es necesario saber de matemáticas para saber leerlo”.  

Galileo.

 Con la ciencia humanista aparece una nueva actitud, una actitud que permitirá establecer nuevas leyes matemáticas y físicas que influirán sobre el comportamiento de los hechos, propiciando la llegada de nuevos artefactos que se aprovecharán de estas leyes gracias a las mediciones científicas. Estas mediciones implicarán la adaptación de los hechos a determinadas formas de observación científica, entrando así en un momento histórico en el cual el científico podrá imponer su propia subjetividad a la naturaleza, pasando de ser un mero receptor a un activo constructor del mundo, un mundo en el cual el conocimiento pasa de ser una actitud receptiva de una realidad objetiva a una realidad creada desde el conocimiento mismo  puesto en práctica.

 

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