Archivo de mayo 2010

Tengo pendientes varias entradas sobre la filología griega. Las retomaré en breve, cuando acabe de corregir trabajos y exámenes.

Hoy quería dedicar un post y empezar otra categoría con este proverbio atribuido a Sócrates:

Κρεῖττον γάρ που σμικρὸν εὖ ἢ πολὺ μὴ ἱκανῶϛ περᾶναι

Es mejor hacer bien algo pequeño, que no algo grande mal.

Gracias, con retraso, J. L. Tolón

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A los clásicos volvemos una y otra vez por la belleza de los textos que nos legaron y buscando algún modelo que seguir para afrontar la dura en ocasiones tarea de la vida. No es casual que para nuestro cursos de Humanidades  hayamos escogido la historia de Prometeo. El mito del titán nos ha ido planteando diferentes cuestiones sobre el acontecer humano a lo largo de las últimas semanas.

Hoy seguimos hablando de él y de su pervivencia gracias al espectáculo Prometeu. Se trata de una versión del drama de Esquilo compuesta por el dramaturgo alemán Heiner Müller. La representació está dirigida por Carme Portaceli y protagonitzada por Carme Elias. Tendrá lugar del 13 al 15 de junio en el Teatre Grec de Barcelona

Los barceloneses están de suerte, porque además de dicho espectáculo el Festival Grec incluye este año varias representaciones más de temática clásica, como nos recuerda el compañero Sebastià Giral.

¿Alguien se anima?

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La palabra ΟΔΟΣ en la antigüedad tenía tres acepciones básicas:

  • camino, senda, curso de un río. En particular se hablaba del camino sagrado a Delfos o a Eleusis (ἱερὰ ὁδόϛ)
  • la acción de caminar, ruta, marcha o viaje. Ej.: τριάκοντα ἡμερών ὁδόϛ, Herótodo 1.104
  • metafóricamente: medio, manera de obrar, de hablar, modo de vida, procedimiento, método (latín via), en particular en los textos cristianos. Ej.: ὅϛ ταύτην τὴν ὀδὸν ἐδίωξα μέχρι θανάτου, Actas Apóstoles 21.4 : “busqué este camino hasta la muerte”.

Aparece en un gran número de derivados mediante sufijos:  ὁδεύω (caminar), ὅδιοϛ (propio del camino. Ἑρμῆϛ ὅδιοϛ: Hermes protector del viajero, cuyas estatuas se eregían junto a los caminos), ὁδίτηϛ (caminante, viajero), ὅδισμα (vía construida clavijas, como la que preparó Jerjes para atravesar el Helesponto).
Se utilizaba en muchos compuestos:
– mediante unión con palabras simples:  ὁδηγῶ (mostrar el camino, guiar) y sus derivados ὁδηγόϛ (guía), ὁδηγία (acción de guiar, enseñanza), etc.; ὁδοιπορῶ (caminar, viajar) y sus derivados ὁδοιπορία (marcha, travesía), ὁδοιπόριον (precio del viaje, provisiones), etc.; ὁδοιδοκέω (desvalijar a los pasajeros) y derivados como ὁδοιδόκοϛ (salteador de caminos), etc.; ὁδοιπλανέω (andar errante) y derivados como ὁδοιπλάνηϛ (errante, extraviado); ὁδοφυλακέω (vigilar los caminos) y su derivado ὁδοφύλαξ (guardián de caminos), etc; ὁδοστατέω (pararse en el camino) y su derivado ὁδοστάτηϛ (el que se detiene o aguarda en un camino,  ladrón de caminos); ὁδοποιῶ (facilitar, abrir, hacer  caminos), ὁδοποιόϛ (ingeniero de caminos), ὁδοποιία (construcción de caminos); ὁδοστρωσἰα (pavimentación de caminos, construcción de puentes); ὁδόμετρον (instrumento para medir distancias recorridas).
– con preposiciones, formando compuestos verbales: συνοδεύω (acompañar), παροδεύω (pasar, atravesar), περιοδεύω (recorrer, ir alrededor) y compuestos nominales sustantivos, por ejemplo: εἴσοδοϛ (acceso, entrada), ἔξοδοϛ (partida, resultado, salida), ἄνοδοϛ (subida), πάροδοϛ (camino a lo largo, entrada del coro en el teatro, paso), περίοδοϛ (circuito, recinto, sitio, movimiento circular, período), περιοδεία (exploración), μέθοδοϛ (procedimiento, método), σύνοδοϛ (reunión), δίοδοϛ (pasaje, pasillo), y adjetivos, por ejemplo: περιοδικός (relativo a un viaje circular, que ocurre periódicamente).
– con adverbios y prefijos: εὔοδοϛ (transitable), δύσοδοϛ (intransitable), ἀδιέξοδοϛ (sin salida).

La palabra sigue en uso en griego moderno, sobre todo para el nombre de las calles, (Εγνατία οδός), aunque en el registro coloquial se prefiere el más general δρόμος.
En sentido metafórico se utiliza poco. Ha quedado reducida a expresiones como: οδός της απόλειας (el camino de la perdición), οδός της αρετής (el camino de la virtud), etc.
Algunos arcaísmos de uso frecuente: καθ’ οδόν: “a lo largo del camino, sobre la marcha”, εν μέση οδώ: “a mitad del camino”.

Gran parte de los derivados y compuestos siguen usándose (los señalados arriba en negrita). Algunos permanecen como cultismos, como ὁδοιπορία (caminar, recorrer un largo camino andando), substituido normalmente por el simple πορία. La mayoría son empleados con un nuevo significado, como por ejemplo, περιοδικόν (revista), ὁδηγία (instrucción), οδηγώ (conducir un vehículo).

No pocos neologismos se han formado con esta palabra. Por ejemplo: αεροσυνοδός (azafata de vuelo); διόδια (peaje); δίοδος (diodo, componente electrónico) οδόστρωμα (calzada); οδόφραγμα (barricada).

Algunos de los neologismos propios de la katharevusa han acabado substituyéndose por el equivalente en demótico. Así, por ejemplo, οδόσημο (señal de tráfico) se ha substituido por hoy por la general πινακίδα; οδοκαθαρηστής  (barrendero) por σκουπιδιάρης;

Acabo con la música de Μάνος Χατζιδάκης y una de las calles más conocidas. En mi versión preferida de Βασίλης Λέκκας.

El texto de la canción con una traducción mía pedestre:

Κάθε κήπος έχει μια φωλιά για τα πουλιά
Κάθε δρόμος έχει μια καρδιά για τα παιδιά.
Μα κυρά μου εσύ σαν τι να λες με την αυγή
και κοιτάς τ’ αστέρια που όλο πέφτουν σαν βροχή
Δώσ’ μου τα μαλλιά σου να τα κάνω προσευχή
για να ξαναρχίσω το τραγούδι απ’ την αρχή
Κάθε σπίτι κρύβει λίγη αγάπη στη σιωπή,
μα έν’ αγόρι έχει την αγάπη για ντροπή.
Μα κυρά μου εσύ σαν τι να λες με την αυγή
και κοιτάς τ’ αστέρια που όλο πέφτουν σαν βροχή
Δώσ’ μου τα μαλλιά σου να τα κάνω προσευχή
για να ξαναρχίσω το τραγούδι απ’ την αρχή
***
Cada jardín tiene un nido para los pájaros.
Cada calle tiene un corazón para los niños.
Más tú, señora mía,  ¿cómo es que hablas con el alba
y miras las estrellas que no paran de caer como la lluvia?
Dame tus cabellos y las haré plegaria,
para empezar mi canto desde el principio.
Cada casa esconde un pequeño amor en el silencio,
pero un muchacho tiene al amor por vergüenza.
Mas tú, señora mía,  ¿cómo es que hablas con el alba
y miras las estrellas que no paran de caer como la lluvia?
Dame tus cabellos y las haré plegaria,
para empezar mi canto desde el principio.

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En época de crisis los cimientos de la sociedad se tambalean y los iconos que encarnan los valores tradicionales caen de su pedestal. Algo de esto le pasó a Prometeo. A finales del periodo clásico su historia empieza una fase de progresiva decadencia de la que sólo logrará salir a partir del Renacimiento. Tras la versión sofística de Platón el mito del titán fue experimentando sucesivas transformaciones y se fue corrompiendo con variaciones de detalles y elementos anecdóticos, al tiempo que desaparecían su antiguo valor simbólico. Pronto dejaría de funcionar como una historia de contenido trascendental de carácter religioso,  filosófico o ético, para convertirse en instrumento de la parodia política, de la sátira de creencias desfasadas o de la reflexión moralizante.

En plena guerra del Peloponeso Aristófanes lo ridiculiza en las Aves, persentándolo como un titán miedica e irrespetuoso con los dioses olímpicos. En el mundo al revés que presenta la comedia aristofánica la acción prometeica se trivializa y nuestro benefactor  se convierte en la voz sarcástica del imperialismo ateniense.

Siglos después, en los confines del globalizado mundo romano, Luciano, portavoz de una nueva sociedad individualista y escéptica, le hace perder la dignidad que le quedaba a Prometeo, haciendo de él un ingenioso sofista. Detrás de los sofismas que el titán utiliza para defenderse de su acción se observa una sutil ironía y crítica de la tradición religiosa. Luciano otorga a Prometeo una importancia decisiva, ya éste que ha modelado a hombres y mujeres otorgándoles la inteligencia y la razón que destruirá a las divinidades. Este nuevo simbolismo prefigura en cierta medida las lecturas románticas del s. XIX con su apología del ateísmo.

Además de servir de instrumento lúdico o de evasión, el titán se conviertió también en personaje de la fábula. El mito tradicional se adapta así a la mentalidad popular y con un lenguaje sencillo sirve de pretexto para trasmitir mensajes ejemplarizantes sobre la conducta humana.

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En sus orígenes se trataba de una simple historia de carácter etiológico que hablaba sobre las costumbres alimenticias de poblados primitivos y del origen del sacrificio a los dioses. Hesíodo recogió el mito de Prometeo y le dio forma literaria adquiriendo el valor de una apología moral. Su objetivo era presentar la figura de Zeus como garante de la justicia y reivindicar el trabajo como vehículo necesario para el bienestar social.

Dos siglos más tarde Esquilo recoge el mito confiriéndole un valor simbólico pleno, de trascendencia filosófico-teológica. En lugar de dar cuenta de la decadencia de la humanidad, el titán aparece en la tragedia esquilea como padre espiritual de la humanidad.

Platón podrá en boca del sofista Protágoras una nueva versión del mito de Prometeo con una clara significación pedagógica. Si en Hesíodo el titán se veía con cierto recelo y desconfianza, mientras que en Esquilo representaba el papel de un héroe trágico, en el Protágoras la acción de Prometeo se ve como una acción necesaria de progreso técnico y económico, pero insuficiente para salvar a la humanidad. Sirviéndose del antiguo mito, el sofista de Abdera presenta en forma alegórica una teoría antropológica sobre el origen de la sociedad, en la que, a diferencia de la tecnología en manos de unos pocos, la inteligencia del grupo y la virtud “política” de los ciudadanos,  lograda a base de experiencia y educación, son decisivos para la supervivencia de hombres y mujeres. El diálogo entre Sócrates y el Protágoras servirá de pretexto a Platón para plantear la necesidad de un nuevo modelo de estado ideal.

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La mayoría los autores interesados por la figura de Prometeo se han inspirado fundamentalmente en la versión trágica de Esquilo. No es casual que esta versión fuera la que más resonancia tuviera en épocas posteriores al dramaturgo griego, pues es la que más cuestiones plantea y ofrece diversas posibilidades de lectura.

El autor de Eleusis da a la leyenda de Prometeo su forma definitiva, confiriéndole por primera vez un valor simbólico de trascendencia filosófico-teológica. Mientras que en la versión hesiódica no servia sino para dar cuenta con cierta nostalgia de la decadencia de la humanidad y la pérdida irremediable de la edad de oro, el titán aparece ahora en Esquilo como padre espiritual de los hombres. En la versión trágica Prometeo se convierte en el iniciador del progreso técnico y fundador de la civilización. Al mismo tiempo el mito sirve para aleccionar acerca de la necesidad de sumisión al destino y a los dioses y el peligro de cometer hybris. Prometeo, que a pesar de tener una causa justa para su inicial  actitud rebelde, es castigado por su falta de prudencia y moderación, adquierie  una significación metafórica singular como representante trágico del destino humano.

Como ocurre con otras tragedias de Esquilo también en esta se puede sacar una lección en el plano político. En este sentido la tragedia puede constituir una defensa de la democracia, como única via posible entre el poder absoluto inhumano y soberbio que encarnaba la aristocracia hereditaria de abolengo, un poder encarnado en la obra por el ausente Zeus, y  la  tiranía de los nobles que de forma astuta se sustentaron en el pueblo oprimido para usurpar el poder introduciendo algunas mejoras sociales, pero que acabaron siendo perniciosos por su radicalidad y desmesura, un régimen que, representado en la figura de Prometeo, acabó siendo visto  por los  atenienses un estorbo del incipiente movimiento social.

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