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Neuroergonomía de la enseñanza y el aprendizaje

Jueves, junio 2nd, 2016

Con este título pretendo en esta entrada registrar mis notas mentales de un trabajo futuro sobre innovación educativa (no ya en las Jornadas Redes ICE 2016, sino en otros congresos posibles: TEEM’16, EDUTEC 2016, ICERI 2016, THE2016, UIIN, etc.).

Obviamente es un título llamativo, que explicaré de derecha a izquierda para justificar mi aportación como una síntesis inter y multidisciplinar innovadora. Adelanto que llegaré a proponer una visión plausible: sabremos qué piensan, y por qué se comportan así, nuestros alumnos en clase, o casa (virtual), y gestionaremos esto para la mejora de su rendimiento académico mediante técnicas neuroergonómicas (neurofeedback).

Escribir en profundidad sobre el aprendizaje y la enseñanza no es mi pretensión. Pero si destacar aquí tanto orientaciones a las personas de cualquier edad, como organizaciones (empresas, instituciones públicas, incluso Universidades). Como dicen Stiglitz y Greenwald en el libro que estoy leyendo ahora (La creación de una sociedad de aprendizaje) “aprender a aprender aprendiendo (haciendo)” no es fácil. Aprendemos a ser, convivir, conocer y hacer, como muy bien sabemos los educadores. Pero no todos aprendemos al mismo tiempo, ni en el mismo espacio, ni al mismo ritmo. Los perfiles de aprendizaje, como tipo Kolb, nos ayudan a orientarnos como educadores. Pero también los tipos de liderazgo, como el situacional, informal, o incluso los de tipo horizontal y vertical (sistémicos, con modelizaciones habitualmente complejas, y no lineales como nos gustaría). Referencias a tener en cuenta: Antifráfil – Taleb, Liderazgo vertical, Triple Focus – Goleman & Senge, Test golosina – Mischel, Objetivo: generar talento – Marina, etc.

La enseñanza actual, y futura, se basará cada vez más en TICs (Academic Analytics, etc.), y en un mejor conocimiento y dominio de la interacción cerebro-máquina (brain-machine interface – BMI), que requiere también la incorporación progresiva de los avances en neurociencia cognitiva. Pero, uno de los rasgos característicos actuales, y quizás futuros, es que la información proporcionada para el aprendizaje, y para la interacción y asimilación que denominamos “enseñanza”, es predominantemente visual, y por tanto perceptual. O sea, que si no conocemos bien el cerebro (vía superior vs. inferior, Focus – Goleman), los sistemas sensoriales y perceptuales (visión, tacto, etc.), y en particular sus límites neurofisiológicos, no seremos conscientes en muchos casos que la interacción discente-docente se realiza en los cauces cognitivos más confortables, y por tanto favorecedores para el rendimiento óptimo de todas las partes implicadas. Es decir, la nueva enseñanza basada en TICs, y la que sigue, y el rendimiento óptimo de aprendizaje, así como la generación de nuevo talento, el que necesita este siglo XXI (Sociedad de coste marginal cero – Rifkin, Postcapitalismo – Mason, Pedreño, etc.), debe adaptarse irremediablemente a los límites neurofisiológicos y cognitivos del ser humano.

J.A. Marina desarrolla en su último libro sobre el talento, dos tipos de inteligencia: generadora y ejecutiva. Pero también debería añadirse la inteligencia sistémica (Senge), que también conecta con la memoria de trabajo (working memory). Por tanto, la zona de rendimiento cognitivo óptimo de Goleman (en Inteligencia social), o también denominada curva de Yerkes-Dodson del rendimiento humano, debemos tenerla muy presente, y sigue siendo clave en la toma acertada de decisiones, tras una buen funcionamiento neurofisiológico de los sistemas sensoriales, su codificación e interpretación (con cruce de memoria de trabajo), para estudiantes, educadores, como organizaciones (gestores, ejecutivos de rango superior, etc.). Por tanto, la asimilación de competencias genéricas y específicas en nuestros estudiantes es, en cierta forma, una meta que nos marcamos para facilitar el desarrollo de nuevo talento, y se que necesita en los tiempos actuales y venideros. Por consiguiente, y aplicable también desde el entrenamiento deportivo (incluso a nivel visual, con un concepto piramidal), el nuevo talento que necesitamos debe saber afrontar las decisiones complejas incluso en situaciones fuera de confort, bajo presión. Pero, solamente la interacción óptima enseñanza – biología (genética y cerebro), temprana si es posible, y siempre personalizada, es la clave para que cualquier ser humano pueda mostrar un talento, o varios sinérgicos, ante cualquier actividad/reto motivante en su vida.

Así pues, aprender a vivir en el siglo XXI con nuestro talento bien desarrollado necesita también conocer cómo aprendemos, y en qué condiciones mejor y más rápido, y cómo interactuamos con otros. (Esto también sería válido para el aprendizaje organizacional, como el de una Universidad.) Los tipos de aprendizaje Kolb pueden ser muy útiles, y saber valorar que en cualquier etapa de nuestra vida estamos continuamente pasando de un perfil a otro, según las circunstancias. Por tanto, aprender los 4 tipos de Kolb, y cómo los asimilamos y ponemos en práctica según los retos, es clave. Es mejor ser conscientes de que sentimos y pensamos (y a veces viceversa) como “divergentes”, “asimiladores”, “convergentes” y “acomodadores” según las circunstancias (incómodas), que apoltronarnos (o procrastinar) en posiciones cómodas, pero a corto o medio plazo perjudiciales para nosotros. Si a esto lo hibridamos con la regla Platinum (Hunsaker & Alessandra) del comportamiento humano, con sus perfiles duales directo vs. indirecto + abierto vs. reservado, creo que el verdadero talento humano que necesitamos debe ser aquel que sepa moverse frente a retos con naturalidad en cualquier perfil Kolb y Platinum, y que lo sepa orientar mediante liderazgo vertical para lo mejor que necesita este mundo actual y futuro.

¿Cómo podemos conseguir esto como educadores? ¿dónde está la neuroergonomía en la enseñanza y el aprendizaje tras esto del “talento”? Pues quizás, como algunos ya sepáis, la neurociencia cognitiva actual es capaz de registrar ondas cerebrales en zonas concretas ante situaciones cotidianas, que puedan requerir más o menos atención, o estrés, o comportamientos normales o anómalos, como discutiendo, conduciendo, haciendo deporte, escuchando música de una película, etc. Y que estos dispositivos de registro cerebral (EEG, fMRI, etc.) pueden registrar muchísima información (Big Data) de nuestro cerebro, tanto de la vía superior (racional) como inferior (emocional), y reconocer patrones característicos de pensamiento-emoción (conducta). Por lo tanto, tales patrones, convenientemente registrados e informatizados, pueden usarse en modo recíproco (neurofeedback) para comunicarse con el cerebro (usuario) para advertir o sugerir cambios de conducta sobre, por ejemplo, distracciones visuales mientras conducimos, o se usa el móvil mientras se transita por la calle, falta de empatía con la persona delante de nosotros, desconexión dentro de un grupo de trabajo en tiempo y espacio real, etc. Así pues, ¿no es tentador imaginar un futuro no muy lejano donde los educadores pudiéramos disponer información digital en tiempo real (big data) de nuestros estudiantes, de sus pensamientos y emociones, ante las actividades de aprendizaje que prediseñemos previamente (clase presencial, flipped classroom, tutorías y foros por internet, etc.)? ¿Cómo podríamos gestionar de forma beneficiosa en tiempo real, o incluso asincrónicamente, esta información valiosísima de nuestros estudiantes, hijos, compañeros de trabajo, etc.? ¿Y con personas mayores, con envejecimiento normal o anómalo, deseosas de aprender más en su tiempo libre, y seguir enganchados de forma equilibrada al devenir de la vida?

¿Cómo optimizar esto, el aprendizaje organizacional continuo, dentro de una Universidad?

talento_organizacional_Universidad

Y mucho más allá, y me causa gran temor, ¿podrán existir alguna vez dispositivos de comunicación neurocognitiva que alteren forzadamente, de forma reversible o irreversible, desde un origen externo la conducta (pensamiento + emoción)?. ¿Ciencia-ficción todavía?

Ya veremos … Que el siglo XXI avanza a nivel de progreso científico, tecnológico y económico mucho más deprisa que lo que parece. Y este planeta, donde somos la especie dominante, necesita más líderes nuevos con talento (emprendedores,   políticos diferentes, etc.) que seguidores. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.

Gracias por llegar hasta aquí, y estoy a vuestra disposición.