14 septiembre

“El hundimiento de la economía traería el fin de la democracia”

El ministro de Comercio, en Valladolid

«Los intentos de forzar un cambio radical del sistema económico pueden llevarnos a la catástrofe y al fin de la democracia» dijo el ministro de Comercio y Turismo, Juan Antonio Garcia Diez, al analizar la situación y perspectivas de la economía española.

García Díez defendió el programa económico del Gobierno y formuló un llamamiento a la responsabilidad solidaria de todos los estamentos sociales y económicos. «Es evidente que la sociedad española ha sido y es profundamente injusta y llena de desigualdades -señaló el ministro-, por lo que es un objetivo esencial reducirlas. Se nos dice que amplios sectores de la sociedad son reacios a aceptar limitaciones al crecimiento de sus rentas, porque consideran que, una vez más, son las clases más modestas las que están pagando el precio del saneamiento de la economía. Pero el camino para corregir esas desigualdades y suprimir las injusticias no es el que conduce a la destrucción de nuestra economía.»

Refiriéndose al resultado de las elecciones parlamentarias del pasado 15 de junio, el titular de Comercio y Turismo estimó que el pueblo español había votado mayoritariamente, no por el cambio radical del sistema económico, sino por la modificación del sistema. La reforma fiscal, la profundización de la democracia y la reforma de las estructuras económicas y sociales, junto a los ya iniciados cambios en el sistema financiero, fueron citados como elementos contribuyentes a una mayor equidad y justicia.

García Díez insistió en los tres problemas básicos que afectan a la economía española: inflación, desequilibrio exterior y paro. De ellos, la inflación es el más grave; el desequilibrio exterior es aquel sobre el que debe actuarse de modo más urgente; mientras que el paro sólo puede mitigarse con altos índices de actividad económica, para lo que se hace necesario contrarrestar los dos primeros problemas.

«La no aceptación de una política de moderación de rentas, en el bien entendido de que moderación no quiere decir congelación, pone en peligro el funcionamiento de todo el sistema económico y, con ello, la democracia.»

A pesar de que la ampliación política de la Comunidad Económica Europea (CEE) resulta aconsejable, hay que tener en cuenta los temores sobre la capacidad de sus instituciones económicas para acoger a nuevos miembros. En efecto, la CEE podría debilitarse si se produce una segunda ampliación cuando todavía no se han resuelto los problemas producidos a consecuencia de la integración del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca.

Esos temores se expresan en el documento que el diputado alemán H. A. Lucker presentó al congreso de parlamentarios democristianos de la Comunidad. El dirigente democristiano se mostró decisivamente favorable al ingreso de España en la CEE.

Para Lucker, las dificultades internas de la CEE se acentuarían con una ampliación precipitada poniendo una vez más en peligro los beneficios de la integración. El ingreso de España, en particular, supondría un enorme peso financiero para los restantes miembros de la institución, especialmente los más ricos, que no podrían enfrentarse de modo indefinido con esa responsabilidad porque sus propias economías padecen ahora crisis graves.

La agricultura de Francia e Italia sufriría también los efectos de una competencia que en general afectaría a la política agraria de la CEE. Por otro lado, las relaciones comerciales de la Comunidad con los países mediterráneos tendrían que variar esencialmente. Además, en este momento el sistema económico español sigue presentando elementos que recuerdan al que regía en tiempos de Franco. El régimen impositivo es el que elige Lucker para señalar la ausencia real de cambios económicos en España desde que se inició la reforma política. Aun así, el diputado democristiano insiste en1a conveniencia de abrir la CEE a un país como el nuestro: «La adscripción de España contribuiría de manera vital a su estabilidad económica y política. Con su presencia se extendería también el frente común de resistencia a la amenaza comunista que padece la Europa occidental.» El señor Lucker no olvida que España es económicamente el país mejor situado de los tres que han pedido su ingreso en el Mercado Común. Sin embargo, considera que el desempleo, el punto muerto que padece el turismo y el descenso en el envío de divisas que antes mandaban los emigrantes son problemas que ahora se unen al lento crecimiento económico y a la inflación. El déficit en la balanza comercial es otra de las cuestiones que preocupan al diputado democristiano alemán.

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