Escrito por act5 el 26 de octubre, 2010

La censura o control ideológico de la sociedad del s. XVI estaba encomendada a la Iglesia a través del Santo Oficio, que funcionaba como una auténtica policía de las ideas. Los niveles inferiores de la cultura religiosa venían dados por los sermones o los libros de piedad, mientras los superiores se mostraban en la teología de las universidades. Sobre ambos, la Inquisición ejercía una censura total, bien de forma directa o bien dejando en manos del brazo secular el castigo de los acusados. Los clérigos dominaban desde las cátedras y las parroquias y la Inquisición era capaz de bucear en las conciencias, de condenar o de absolver.

Imprenta

El nacimiento de la imprenta supuso una mayor difusión de textos llenos de ideas que cabía escrutar desde el punto de vista de la ortodoxia, gran parte de los libros que se escribían y publicaban. En el mundo literario, la Inquisición se aplicó a los aspectos que rozaban el dogma o la doctrina común. Se toleró la crudeza y el desenfado en muchas obras, pero no la menor alusión a algo dogmáticamente equívoco. Como ejemplo podemos citar el caso de La Celestina, que circuló libremente y sólo fue expurgada en 1632, por lo segundo y no por lo primero. Incluso en El Quijote, los inquisidores, desatendiendo las aventuras de Maritornes, prestaron atención a una frase suelta –“las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada”-, dirigida por don Quijote a Sancho para exhortarle a que se diera de buena gana los azotes que habrían de desencantar a Dulcinea, frase que fue considerada doctrinalmente peligrosa, y por lo mismos, expurgada. Tampoco escapaban al control los artistas y los artesanos que dependían, en buena parte, de los contratos y encargos de las iglesias y conventos, y por tanto debían –ellos y su obra- fidelidad al clero.

Al tratar de la Inquisición es fácil traspasar los aspectos estrictamente culturales. ¿Qué conexiones tenían con las incipientes ciencias del Renacimiento o con la literatura aquellas condenas a hechiceros y brujas, o aquellos procesos contra beatas e iluminados? Incuso cuando se condenaba a algún doctor o licenciado, ¿se estaba controlando el pensamiento o sólo ciertas desviaciones ajenas a los recintos universitarios? Por citar un par de ejemplos estudiados por Julio Caro Baroja, gran especialista en estos temas, cabría recordar la condena hacia 1531 del famoso médico conquense doctor Torralba, que se jactaba de un demonio particular y de un viaje a Roma por los aires. O el licenciado Velasco, que se inició en la astrología en Salamanca y se graduó en artes…

En el renacimiento hispano, lleno de connotaciones religiosas y de presencias divinas, el tribunal de la fe había de entrar en fricción con los saberes coetáneos. Sus condenas o prisiones debieron servir de advertencia a las mentes de los estudiosos. Fray Luis de León pasó años en la cárcel pese a su inocencia, el gran hebraísta Martín de Cantalapiedra perdió su cátedra tras un largo periodo en prisión, Gaspar de Grajal, murió antes del juicio… La Inquisición, al controlar el pensamiento y las conductas, sino destruía, sí obstruía la posibilidad de la ciencia moderna en tierras hispanas.

¿Fue la Inquisición una institución represora de la creatividad cultural? Es esta una gran pregunta que ha sido respondida de formas variadas cuando no radicalmente contrapuestas y que tiene relación con la llamada polémica de la ciencia española, en el sentido de que quienes negaron la existencia de esa ciencia en la España moderna hicieron a la Inquisición responsable de ello. En lo que atañe a la literatura, ya Menéndez Pelayo replicó a sus oponentes que nunca se escribió más ni mejor que bajo la Inquisición, afirmación que resulta sencillamente irrebatible. La Inquisición, en cambio, sí tuvo que ver con la actitud de rechazo de España a ciertos aspectos de la cultura europea, pero de ese hermetismo hispánico no fue el Santo oficio único responsable. En el fondo, el problema es que se ha generalizado incorrectamente, haciendo a la Inquisición responsable de todo lo bueno y de todo lo malo. Y no deja de tener sentido recordar el ocurrente sarcasmo del mismo Menéndez Pelayo -que, por otra parte, defendió hasta lo indefendible- al parodiar el desaforado juicio de los críticos: ¿Por qué no había industria en España? Por la Inquisición. ¿Por qué somos holgazanes los españoles? Por la Inquisición. ¿Por qué duermen los españoles la siesta? Por la Inquisición. ¿Por qué hay corridas de toros en España? Por la Inquisición.