Carranza que había viajado ya a Roma y Trento, pasó varios años en Inglaterra a consecuencia del matrimonio inglés del entonces príncipe Felipe con Maria Tudor. En Inglaterra, influyó en las decisiones más arduas, siguiendo de cerca la dura tarea del retorno del reino a la fé católica y obediencia romana.
Favoreció la entrada en la isla del cardenal Reginaldo Pole, frenada por Carlos I; intervino en las negociaciones con Roma, sobre todo para lograr la condonación de la pasada confiscación de bienes eclesiásticos por parte de la nobleza. Trabajó por la restauración del culto católico y devolvió la fiesta del Corpus Christi a Inglaterra. Procuró la devolución de algunos conventos a diversas órdenes religiosas, y por lo que respuesta a su propia orden, dispuso de especialísimas facultades otorgadas por el general de los dominicos, considerándosele como el restaurador de la Orden en aquel momento.
No obstante, después de su marcha de la isla, moría en noviembre de 1558 ,Maria Tudor y la nueva reina Isabel, se hacía proclamar gobernadora de la Iglesia de Inglaterra. Se desbarataba todo el trabajo de Carranza en poco tiempo.