Un Arzobispo de Toledo,preso

La importancia de Toledo, sede principal de la Corte de Carlos I, venia desde época visigoda al ser la capital del reino, importancia que recuperó con la conquista por Alfonso VI. El Papa Urbano II, otorgó, mediante la Bula Cunctis Sanctorun, el reconocimiento a los titulares de la diócesis toledana de la condición de primados, es decir, su preeminencia y autoridad sobre el resto de obispos de ambos reinos.

La archidiócesis comprendía a fines de siglo cuatro ciudades, 183 villas, 322 lugares y aldeas, 817 parroquias y unas 750.000 almas. Las rentas del arzobispado eran variables según las cosechas de cada año, podian alcanzar un promedio de doscientos mil ducados anuales, cifra astronómica que casi equivalia a la suma de las rentas de todas las demás diócesis. Ya Marineo Sículo había definido el relieve de los arzobispos de Toledo al calificarlos de “segunda persona después del Rey, no solamente en dignidad, sino también en vasallos y villas muy principales”.


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