Anorexia y deseo mimético, René Girard.

Es lo primero que leo de Girard, y aunque ya había escuchado un programa de Entitled Opinions ( https://entitledopinions.stanford.edu/ren-girard-ritual-sacrifice-and-scapegoat ) donde es el invitado y explica de qué va su teoría mimética, creo que este breve texto publicado por L’Herne expone los conceptos principales de su pensamiento, a saber, deseo mimético y rivalidad mimética, chivo expiatorio. Al menos por las entrevistas que he visto o leído después y la meditada lectura de alguna solapa, entiendo que su obra repite estos conceptos con mayor o menor profundidad.

Estos conceptos, aplicados al problema de la anorexia, excluyen una explicación que provenga de las hermenéuticas de la sospecha, es decir, su causa no es la relación con el Edipo, el capitalismo o el patriarcado.

Tampoco es la religión, más bien lo contrario: los principios religiosos y éticos del pasado cumplían la función de salvaguarda de los excesos, y al mismo tiempo eran más flexibles que la tiranía del deseo mimético sin trabas. Los antiguos recurrían a chivos expiatorios cuando las fuerzas fragmentarias y la competición mimética se desataban tras la ruptura de una prohibición. Hacia el final del texto y luego en la conversación anexada se habla del control medieval del falso ascetismo.

Según Girard todos presentamos síntomas de bulimia o anorexia, todos pretendemos perder peso, y hay un camino continuo desde el control de esa relación con la comida hacia el extremo de dejar de comer o de comer y vomitar, esa solución tan americana que encontraron los bulímicos. El fin justifica los medios. Y es que lejos de ser imbéciles, para el historiador los anoréxicos son los mejores: tenaces, capaces de transgredir las reglas familiares y médicas para lograr su fin.

El potlach sirve como paralelo antropológico para explicar el no consumo ostentatorio. En Occidente el consumo ya no es marca de prestigio y no hay nada que nos sitúe tan por encima de una cosa como abstenerse de ella. Las apuestas siempre suben y el summum de la competición será entonces el rechazo la competición.  En el Potlach vemos cómo la rivalidad mimética puede contaminar elementos que le son en principio extraños, como es el caso del regalo.

Hay una brevísima historia de esta competición alimenticia y se remonta a Sissi la emperatriz.

 

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