{"id":48,"date":"2023-02-11T11:54:15","date_gmt":"2023-02-11T11:54:15","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/conchaalos\/?p=48"},"modified":"2023-03-02T11:34:21","modified_gmt":"2023-03-02T11:34:21","slug":"matices-y-desmitificaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/conchaalos\/2023\/02\/11\/matices-y-desmitificaciones\/","title":{"rendered":"Matices y desmitificaciones"},"content":{"rendered":"<p>Indagando sobre Concha Al\u00f3s, me aparecen dos adjetivos recurrentes: olvidada y denostada. Tambi\u00e9n suelo encontrar un dato err\u00f3neo que se ha ido transmitiendo como una leyenda urbana: el a\u00f1o de su nacimiento. En esta entrada voy a tratar de matizar esos adjetivos y desmitificar esa fecha de nacimiento y parar un poco la correa de transmisi\u00f3n. Y, dicho sea de paso, estas aclaraciones servir\u00e1n, quiero pensar, para matizar los motivos por los cuales se encuentra ese baile de fechas con respecto al nacimiento de la escritora y, por qu\u00e9 no, para desmitificar el halo de olvido entorno a la figura de Concha Al\u00f3s. Vamos all\u00e1.<\/p>\n<p>Sobre el a\u00f1o de nacimiento no cabe discusi\u00f3n alguna fue 1922, as\u00ed lo pone en su partida de nacimiento. Sin embargo, es muy com\u00fan encontrar variaciones que aluden a 1926 y 1928. El jaleo es tal que, incluso, las reediciones de sus novelas contin\u00faan arrastrando el estigma de 1926. La referencia a 1928 es la menos frecuente, pero la puedes encontrar en trabajos como el de Ferm\u00edn Rodr\u00edguez de 1985. No hay una respuesta clara para asegurar el motivo por el cual no existe uniformidad al criterio del a\u00f1o de nacimiento y, mucho menos, por qu\u00e9 el dato de 1922 cedi\u00f3 para ser sustituido por 1926. Puestos a especular en alguna raz\u00f3n, me sumo a las teor\u00edas propuestas por la surcoreana Eunhee Seo, que en 2010 defendi\u00f3 su tesis doctoral en la Complutense de Madrid. Seg\u00fan la autora, la propia Concha Al\u00f3s podr\u00eda haber deseado ocultar su edad para acortar la diferencia que la separaba de Baltasar Porcel, quince a\u00f1os menor que ella. Qui\u00e9n sabe, esto es hablar por hablar.<\/p>\n<p>Poca importancia tiene que nuestra Concha Al\u00f3s quisiera equiparar su edad a la de su joven amante. Bien por ella. Fue muy valiente al desafiar las leyes franquistas cuando, recordemos, el divorcio ni estaba ni se le esperaba y, para colmo, el adulterio femenino estaba penado incluso con c\u00e1rcel. Pero no nos desviemos. El dato en cuesti\u00f3n contin\u00faa siendo algo muy esquivo y no es para menos. Para saber de Concha Al\u00f3s hay que bajarse al barro y mancharse las manos. Como lo hizo la alosiana original, mi querida Amparo Ayora del Olmo, profesora de la Universitat Jaume I, yo la llamo: la portadora de la antorcha alosiana.<\/p>\n<p>En 2015 se public\u00f3 su trabajo <em>Las guerras de Concha Al\u00f3s: Castell\u00f3n, historia y relato<\/em>, premiado por el Ayuntamiento de Castell\u00f3n de la Plana. Ese libro encendi\u00f3 muchas luces a mi investigaci\u00f3n e hizo que quisiera saber m\u00e1s sobre la mujer que firmaba la autor\u00eda: Amparo Ayora del Olmo. As\u00ed pues, con ayuda de otra alosiana, Ver\u00f3nica Bernardini, consegu\u00ed contactar con ella, nos conocimos en Berl\u00edn. Toda una aventura que quiz\u00e1 os cuente otro d\u00eda. Lo interesante en este punto es que gracias a ese encuentro tuve acceso a esa partida de nacimiento, bueno, en verdad, ya la hab\u00eda visto en la tesis doctoral de Bernardini que defendi\u00f3 su tesis sobre Concha Al\u00f3s en L\u2019Orientale de N\u00e1poles en 2019, pero las conversaciones con Amparo me llevaron al conocimiento de una serie de datos, m\u00e1s all\u00e1 del famoso a\u00f1o de nacimiento, que me han ayudado mucho en la reconstrucci\u00f3n de una vida tan apasionante y novelesca como fue la de Concha Al\u00f3s. Gracias a Amparo Ayora he visto su expediente acad\u00e9mico del instituto donde estudi\u00f3 en Castell\u00f3n, su matr\u00edcula en la Escuela Normal de Maestras en Palma de Mallorca\u2026<\/p>\n<p>Poco a poco, las piezas encajan y, desde aqu\u00ed, me gustar\u00eda que estas palabras sumaran para aportar un pel\u00edn de rigor acad\u00e9mico y ajustar los datos, por justicia, porque s\u00ed. Ahora ya no estamos (o al menos, en eso queremos estar), en una sociedad prejuiciosa en la que ninguna mujer pod\u00eda salirse de los marcados l\u00edmites del tiesto y, ay, bendita la que osara a hacerlo. Ahora, querida Concha nadie te va a decir nada (y peor para el que lo haga) por haber estado con el hombre que amabas importando un comino qu\u00e9 edad ten\u00eda o dejaba de tener, lleva con orgullo tu edad y proclama todo lo alto que quieras el n\u00famero 22.<\/p>\n<p>Y hablando de justicia, quiero hacer un alto en esos adjetivos tan manidos ya: olvidada y denostada. Se usan con una tranquilidad de mantra que, francamente, me chirr\u00eda. Me explico. Desde el mencionado estudio de Ferm\u00edn Rodr\u00edguez de 1985, <em>Mujer y sociedad: la novel\u00edstica de Concha Al\u00f3s<\/em>, se recopilan una serie de lindezas por parte de los cr\u00edticos de la \u00e9poca que no tienen desperdicio alguno. Aqu\u00ed la muestra:<\/p>\n<blockquote><p>escrita en un lenguaje a veces innecesariamente crudo. Digo innecesariamente \u2e3ay me abstengo de a\u00f1adir citas\u2e3a porque la crudeza no le va a una mujer culta y refinada como Concha Al\u00f3s. No importa que los vocablos soeces sean puestos en boca de personajes vulgares en los momentos oportunos (el se\u00f1or Iglesias Laguna, 1985: 20).<\/p><\/blockquote>\n<p>Y la cosa sigue. Federico Carlos Sainz de Robles y Correa a tenor de la publicaci\u00f3n de <em>El caballo rojo<\/em>: \u00able sobran unas docenas de terminachos zafios y expresiones excrementicias. Que extra\u00f1an e irritan m\u00e1s porque salen de la pluma de una mujer\u00bb (1985: 20). Otro: Jos\u00e9 Luis Mart\u00edn Abril cuando habla de <em>Los enanos<\/em>:<\/p>\n<blockquote><p>\u2026el mal gusto de muchas situaciones putrefactas \u2026la crudeza en la expresi\u00f3n; la definici\u00f3n de circunstancias utilizando un procedimiento premeditadamente indecoroso; la mancha que se multiplica; la fealdad; la fealdad de las conciencias en general. Todo lo cual Concha Al\u00f3s pod\u00eda haberlo velado con habilidad, pues para ello dispone la escritora de gran destreza\u2026 Es una pena que Concha Al\u00f3s ensucie de esta manera la poes\u00eda, la fuerza sentimental, la dulce iron\u00eda, la profunda visi\u00f3n de la vida que la mujer lleva dentro; con todo lo cual, creo yo, est\u00e1 llamada a crear aut\u00e9nticos panoramas de limpia belleza insuperable (1985: 20).<\/p><\/blockquote>\n<p>No es de extra\u00f1ar que si solo se tienen en cuenta estas apreciaciones tan amables sobre la escritora (creo que manifiesto con suma claridad mi iron\u00eda), es muy f\u00e1cil caer en la trampa de la denostaci\u00f3n. Y motivos no les falta, viendo el panorama. Sin embargo, creo que es momento de matizar y a\u00f1adir otras cr\u00edticas que fueron amables de verdad y que valoraron como corresponde esa narrativa que \u00abno era propia de una mujer\u00bb. Por ejemplo, en <em>La Vanguardia<\/em> el 22 de abril de 1970 en una rese\u00f1a de <em>La madama<\/em>:<\/p>\n<blockquote><p>Si no fuera porque Concha Al\u00f3s ha obtenido ya con sus obras [\u2026] un puesto relevante en el cuadro de los novelistas actuales, bastar\u00eda La madama para darle acceso a ocupar lugares de honor en la clasificaci\u00f3n de nuestros mejores autores. El dominio del idioma castellano en sus m\u00e1s ricos y variados matices, el ahondamiento po\u00e9tico de sus creaciones, de sus personajes inmersos en la viva realidad de las circunstancias, la compleja y, a la vez, transparente psicolog\u00eda de sus criaturas literarias, [\u2026] todo ello [\u2026] que se desarrolla con espont\u00e1nea fluidez (1970: 58).<\/p><\/blockquote>\n<p>O las cr\u00edticas literarias publicadas en <em>La Estafeta Literaria<\/em> de la mano de Leopoldo Azancot o Mari Carmen Celis el 15 de diciembre de 1972 y el 1 de octubre de 1975, respectivamente:<\/p>\n<blockquote><p>alza una voz hasta ahora no escuchada, con manchas de sangre y barro, a trav\u00e9s de la cual se desvela el misterio de la intimidad de un ser humano; un libro de relatos de donde se levanta una voz a cuyo conjuro se abren las puertas de esa c\u00e1mara secreta desde la que el ser humano \u2e3aen este caso, una mujer; o mejor, una hembra\u2e3a se enfrenta con el mundo.<\/p>\n<p>[\u2026]<\/p>\n<p>Concha Al\u00f3s ha encontrado en las fronteras de lo indecible una palabra, una inflexi\u00f3n verbal, apenas la ra\u00edz de un grito, en la que su yo secreto se ha reconocido (Azancot, 1972:1171).<\/p>\n<p>Desde <em>Los enanos<\/em> hasta <em>Os habla Electra<\/em> hay un largo camino, sucesivas etapas de constante b\u00fasqueda de expresi\u00f3n y contenido, en las que la novelista ha ido accediendo a lugares por los que la imaginaci\u00f3n puede manifestarse ampliamente, siguiendo un ritmo preciso hasta apoderarse del pensamiento del lector, colocado en ese laberinto de sombras, buscando siempre, de nuevo, como entonces\u2026 (Celis, 1975: 2228-2229).<\/p><\/blockquote>\n<p>Podr\u00eda continuar, pero que para la muestra un bot\u00f3n. Me gustar\u00eda dejar claro que, como todo escritor que se precie y una vez que su obra sale al p\u00fablico se expone a cr\u00edticas buenas y a otras que no lo son tanto. Y que nuestra Concha Al\u00f3s encontrara un par de piedras en su zapato no quiere decir que fue algo un\u00e1nime o vilipendiador para su obra. Por otra parte, esas cuatro notas negras en la cr\u00edtica sobre su novel\u00edstica no son suficiente para sepultar a una autora en el olvido, tal y como afirma Paula Cabrera Castro en su art\u00edculo de 2020 en la antolog\u00eda de estudios de g\u00e9nero de <em>Inc\u00f3modas: escritoras espa\u00f1olas en el franquismo<\/em>. Ese supuesto olvido, relativo olvido desde mi punto de vista que ahora tratar\u00e9 de argumentar, responde a un movimiento silenciador que m\u00e1s tiene que ver m\u00e1s por memoria hist\u00f3rica que por cuestiones de g\u00e9nero, que, cuidado, no quiere decir esto que este motivo no ande por ah\u00ed tambi\u00e9n haciendo interferencias. Todo suma.<\/p>\n<p>Para ser totalmente fieles a la realidad, la obra de Concha Al\u00f3s nunca ha dejado de estudiarse. Las primeras noticias que se tienen son las de Ferm\u00edn Rodr\u00edguez, al que le siguieron la estadounidense Ada Ort\u00fazar-Young y Genaro J. P\u00e9rez en 1993, otros estudios de Francisca L\u00f3pez dos a\u00f1os m\u00e1s tarde que tambi\u00e9n incluy\u00f3 novelas de Concha Al\u00f3s en su an\u00e1lisis, Elizabeth Ord\u00f3\u00f1ez en 1998, Pilar Nieva de la Paz en 2004 y as\u00ed hasta llegar a las tesis doctorales de Eunhee Seo, nuestra alosiana francesa No\u00e9mie Fran\u00e7ois que tambi\u00e9n defendi\u00f3 su tesis en 2016, la de Ver\u00f3nica Bernardini, el trabajo de Amparo Ayora, Noelia Ad\u00e1nez, Paula Cabrera, Constantino B\u00e9rtolo\u2026 La lista sigue. \u00bfC\u00f3mo puede estar olvidada una autora tan estudiada? Lo que ocurre es que el nombre de Concha Al\u00f3s no est\u00e1 en la n\u00f3mina de las can\u00f3nicas Carmen Laforet, Carmen Mart\u00edn Gaite o Ana Mar\u00eda Matute. Ya nos gustar\u00eda a las alosianas que el nombre de nuestra Concha formara parte de la pl\u00e9yade femenina de las letras espa\u00f1olas, pero vamos a ser modestas. Vayamos poco a poco en la reivindicaci\u00f3n y la justicia.<\/p>\n<p>Como dec\u00eda, y por desgracia para nuestro patrimonio cultural de posguerra, el olvido selectivo no solo se cierne sobre nuestra autora, otras coet\u00e1neas a ella tambi\u00e9n est\u00e1n en la misma situaci\u00f3n, si no que le pregunten a Dolores Medio, Carmen Kurtz, Mercedes Salisachs, Montserrat Roig, Elena Soriano, Elena Quiroga, Adelaida Garc\u00eda Morales, Carmen G\u00f3mez Ojea, Luisa Carn\u00e9s, la poeta \u00c1ngela Figuera, Paulina Crussat, Concha Castroviejo\u2026 y, bueno, paro porque tengo que poner el final en alg\u00fan nombre, pero necesitar\u00eda siete entradas para hacer justicia a todas. Este olvido selectivo que digo no se trata de un olvido acad\u00e9mico, estas autoras han sido estudiadas y lo contin\u00faan siendo. El problema, creo yo, es que el circuito cultural de nuestro pa\u00eds sepult\u00f3 nombres inc\u00f3modos para la memoria hist\u00f3rica y eso tambi\u00e9n afect\u00f3 a autores masculinos. \u00bfAlguien se acuerda de Lauro Olmo y su <em>Pechuga de la sardina<\/em>? \u00bfO se acuerda de Jos\u00e9 Avello Fl\u00f3rez y sus <em>Jugadores de billar<\/em>? \u00bfO de alguna pel\u00edcula tambi\u00e9n de la tem\u00e1tica de la \u00e9poca impactante como <em>La piel quemada<\/em> dirigida por Josep Maria Form en 1967? Tranquilidad. Yo tampoco los conoc\u00eda, apenas hace una semana me los mencion\u00f3 mi director de tesis para que consultara estas obras y, as\u00ed, poder hacer un cuadro completo del contexto cultural.<\/p>\n<p>Con estas pinceladas que no dan ninguna justicia, muy a mi pesar, quiero poner de manifiesto un problema que tenemos como sociedad con nuestra propia cultura. En este centrifugado de producci\u00f3n cultural est\u00e1 incluida Concha Al\u00f3s que, siento decirlo, no fue tan injustamente olvidada ni tan violentamente denostada, todo es matizable, y que naci\u00f3 a mucha honra en 1922. Las alosianas igualmente seguimos peleando para que el nombre de Concha Al\u00f3s se firme con tinta de plata en el firmamento que le corresponde, esto es, en lo m\u00e1s alto. Puestos a mitificar, santifiquemos su nombre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Indagando sobre Concha Al\u00f3s, me aparecen dos adjetivos recurrentes: olvidada y denostada. Tambi\u00e9n suelo encontrar un dato err\u00f3neo que se ha ido transmitiendo como una leyenda urbana: el a\u00f1o de su nacimiento. 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