{"id":587,"date":"2011-07-24T16:41:14","date_gmt":"2011-07-24T14:41:14","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/?page_id=587"},"modified":"2018-07-03T09:48:35","modified_gmt":"2018-07-03T07:48:35","slug":"la-sociedad-espanola-del-renacimiento","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/el-siglo-xvi\/contexto\/europa-a-finales-del-siglo-xvi\/la-sociedad-espanola-del-renacimiento\/","title":{"rendered":"La sociedad espa\u00f1ola del Renacimiento"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 es el Renacimiento? La palabra nace a principios del siglo XIX, la acu\u00f1a Michelet que la define as\u00ed: arte y raz\u00f3n, las bodas de la belleza y de la verdad, y le sirve para caracterizar los cambios de todo tipo que se producen en toda la Europa occidental a partir de la segunda mitad del siglo XIV. Asistimos entonces a una explosi\u00f3n de vitalidad en todos los sectores: recuperaci\u00f3n demogr\u00e1fica despu\u00e9s de la Peste negra de mediados del XIV, expansi\u00f3n del comercio, crecimiento urbano, afianzamiento del Estado, invenci\u00f3n de la imprenta, grandes descubrimientos mar\u00edtimos, reencuentro con la cultura cl\u00e1sica y el mundo grecolatino.<\/p>\n<p>En cuanto a la mentalidad burguesa, podr\u00edamos definirla, no tanto como la codicia o la b\u00fasqueda del provecho, que se dan en todos los tiempos y en todas las sociedades, sino m\u00e1s bien como la b\u00fasqueda de un provecho siempre mayor, indefinido, la b\u00fasqueda de rentabilidad, la acumulaci\u00f3n de beneficios que, en vez de gastarse in\u00fatilmente, se invierten en empresas m\u00e1s importantes que puedan aportar un desarrollo econ\u00f3mico mayor y una mejor utilidad social.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n puede haber entre el Renacimiento y la mentalidad burguesa? Yo dir\u00eda que dicha relaci\u00f3n presenta dos aspectos complementarios y antit\u00e9ticos: hay coincidencia cronol\u00f3gica pero al mismo tiempo oposici\u00f3n profunda entre los dos conceptos. La sociedad renacentista es indiscutiblemente una sociedad expansiva e innovadora, pero esta sociedad es m\u00e1s aristocr\u00e1tica que burguesa, a pesar de las apariencias.<\/p>\n<p><strong>1.- Una sociedad expansiva e innovadora<\/strong><\/p>\n<p>Desde mediados del siglo XV aproximadamente hasta finales del siglo XVI, Europa conoce un largo per\u00edodo de crecimiento. Se trata del tr\u00e1nsito de la Edad Media a los tiempos modernos o, si se quiere, del feudalismo al capitalismo, fen\u00f3meno dif\u00edcil de definir con exactitud pero que tiene por lo menos una caracter\u00edstica principal: se pasa de un sistema de relaciones sociales en el cual la moneda desempe\u00f1a un papel secundario a otro en el cual el dinero -en el sentido amplio de la palabra- viene a convertirse en el motor de la econom\u00eda. Espa\u00f1a y ante todo Castilla no s\u00f3lo participan en estos cambios sino que en gran medida los inician. Pensemos en las ingentes cantidades de oro y plata -los tesoros americanos- que entran en Europa por Sevilla a partir de los primeros a\u00f1os del siglo XVI. Las remesas de Indias no son la causa de la \u00abrevoluci\u00f3n econ\u00f3mica\u00bb del XVI, ya que \u00e9sta hab\u00eda empezado antes, pero le dan mayor impulso. Las actividades comerciales conocen entonces un auge extraordinario que no pasa desapercibido. Sarabia de la Calle, que escribe en 1542, observa que en Sevilla \u00abya la mayor parte del mundo est\u00e1 puesta en tr\u00e1fagos y compras y arrendamientos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta tendencia general de la econom\u00eda tiene efectos pr\u00e1cticos en la vida cotidiana. La gente gusta de bien vestir, de lucir joyas, de vivir en casas acomodadas, de participar en fiestas, banquetes, recreos. Las Cortes protestan varias veces contra el lujo, las novedades en el vestir, las invenciones de sastres, sombrereros y artesanos. Los moralistas no se quedan atr\u00e1s. A mediados de la centuria tenemos tres testimonios parecidos. Uno es de Antonio de Torquemada: \u00abEsta tacha tenemos universalmente todos los de la naci\u00f3n espa\u00f1ola, y mayormente los castellanos, que somos muy grandes amigos de novedades e invenciones, y as\u00ed en los trajes, en las cortes\u00edas, en las salutaciones y generalmente en todo lo que hacemos y tratamos, tenemos tan poca perseverancia que nuestra propia lengua nos enfada&#8230;\u00bb. El humanista Arias Montano denuncia por las mismas fechas las costumbres de los j\u00f3venes adinerados que gustan de viajar al extranjero, sobre todo a Italia, de donde vienen con acento extra\u00f1o, menospreciando todas las cosas de su tierra y \u00abadmir\u00e1ndose de que hayan crecido tanto las calabazas\u00bb. En <em>La Perfecta Casada<\/em> fray Luis de Le\u00f3n censura particularmente las mujeres: \u00abEllas son tan perdidas que en viendo en otras sus invenciones, las aborrecen, y estudian y se desvelan por hacer otras. Y crece el frenes\u00ed m\u00e1s, y ya no les place tanto lo galano y hermoso como lo costoso y preciado, y ha de venir la tela de no s\u00e9 d\u00f3nde [&#8230;] y todo nuevo y todo reciente, y todo hecho de ayer, para vestirlo hoy y arrojarlo ma\u00f1ana\u00bb (cap. III).<\/p>\n<p>El lujo obliga a gastar m\u00e1s de lo que se gana, lo cual obliga a la gente a tomar prestado y a contraer deudas. El desarrollo extraordinario de los juros y censos es una de tantas manifestaciones de una econom\u00eda y una sociedad que han entrado en la fase monetaria. El que dispone de dinero (mercaderes, letrados, conventos&#8230;) lo presta con inter\u00e9s; el que lo necesita compra censos, es decir se endeuda. De por s\u00ed, los censos no constituyen una traba para el desarrollo econ\u00f3mico; durante aproximadamente los dos primeros tercios del siglo XVI, fueron un instrumento eficaz para financiar la agricultura, la ganader\u00eda, la construcci\u00f3n, la vivienda y otras actividades productivas. Pero paralelamente, se empez\u00f3 tambi\u00e9n a emplear los censos para comprar mercedes, villazgos, regimientos, para dotar conventos y para gastos suntuarios. De esta forma va acentu\u00e1ndose la tendencia a vivir de rentas, como caballeros, hasta llegar a la situaci\u00f3n que describe Cellorigo a finales de la centuria: Espa\u00f1a se ha convertido en una \u00abrep\u00fablica de hombres encantados\u00bb en la que pocos trabajan y producen y muchos gastan lo que no tienen.<\/p>\n<p><strong>2. Una sociedad m\u00e1s aristocr\u00e1tica que burguesa<\/strong><\/p>\n<p>Estamos frente a una paradoja: la \u00e9poca del Renacimiento coincide con un primer desarrollo del capitalismo comercial y con el afianzamiento del Estado moderno, y sin embargo esta evoluci\u00f3n no se hace en beneficio ni de la burgues\u00eda ni del cuerpo administrativo de funcionarios reales (los letrados). Exteriormente, por lo menos, son la aristocracia y los valores caballerescos los que salen ganando. Esta nobleza posee rasgos originales, entre ellos su conversi\u00f3n a la cultura: el caballero ideal ya no es el guerrero, como en la Edad Media, sino el cortesano, el que sabe manejar a la vez o alternativamente la pluma y la espada. Es la aristocracia, m\u00e1s que la burgues\u00eda, la que ha difundido en Espa\u00f1a las ideas, los temas y las formas del Renacimiento italiano, tesis que el estudio de Helen Nader sobre la familia Mendoza ilustra a la perfecci\u00f3n y que se podr\u00eda hacer extensiva a gran parte de la nobleza espa\u00f1ola: pensemos en el almirante de Castilla, en el maestre de Alc\u00e1ntara, protector de Nebrija en su corte de Zalamea, en la corte del duque de Alba en Alba de Tormes, en el conde de Ure\u00f1a, fundador en 1548 de la universidad de Osuna que dota con una renta de m\u00e1s de un mill\u00f3n de maraved\u00eds, en las bibliotecas reunidas por los condes de Benavente o los marqueses de Priego, etc. Pensemos sobre todo en el modelo acu\u00f1ado por El Cortesano de Baltasar Castiglione en el primer tercio del siglo XVI: es la corte del pr\u00edncipe o del grande, m\u00e1s que la <em>urbs<\/em>, la ciudad burguesa, la que constituye el mundo ideal y el foco de la sociedad renacentista. Al interesarse por la cultura la nobleza impone a la civilizaci\u00f3n occidental una est\u00e9tica y una \u00e9tica que tienen como contrapartida el menosprecio del trabajo manual y una cierta valoraci\u00f3n del arte como lujo superior, propio de las \u00e9lites sociales.<\/p>\n<p>El desarrollo del gran negocio internacional, consecuencia del auge econ\u00f3mico, es fuente de inmensas ganancias para los que se dedican a comprar los productos m\u00e1s cotizados en el mercado europeo, la lana merina, por ejemplo, para exportarlos al extranjero e importar otros productos destinados al consumo interior. Cobra as\u00ed pujanza la figura del mercader, comerciante al por mayor, a la vez exportador e importador, banquero en ocasiones, que no hay que confundir con el simple tendero o el revendedor al por menor. Estos mercaderes son aut\u00e9nticos burgueses, din\u00e1micos, emprendedores, pero no tienen conciencia de formar una clase homog\u00e9nea, un grupo social original. La sociedad del siglo XVI sigue siendo una sociedad estamental fundada en el privilegio ; por eso la integraci\u00f3n a la nobleza representa la consagraci\u00f3n del \u00e9xito social y la meta a la que aspiran todos los que, conquistadores, letrados o mercaderes, venidos de las capas inferiores , han alcanzado cierto nivel de fortuna. En esto consiste el af\u00e1n de hidalgu\u00eda: en equipararse al grupo dominante y prestigioso de la nobleza, distingui\u00e9ndose de la masa de los plebeyos y pecheros. As\u00ed ve un te\u00f3logo a los mercaderes sevillanos: \u00abRabian y mueren por la caballer\u00eda\u00bb. Este anhelo de promoci\u00f3n social es perfectamente admitido en la \u00e9poca. La nobleza no se ha convertido todav\u00eda en una casta cerrada. Existe cierta movilidad social que permite a un burgu\u00e9s ascender a la categor\u00eda de hidalgo o caballero con tal de aceptar los ideales nobiliarios y el modo de vida aristocr\u00e1tico que supone el ocio, sin tener necesidad de dedicarse personalmente a un trabajo penoso. As\u00ed se llega a la distinci\u00f3n entre oficios viles y no viles. Son considerados como viles los oficios mec\u00e1nicos y, de modo general, todos aquellos en que se emplean los que no tienen m\u00e1s remedio para ganarse la vida. Un moralista escribe por ejemplo que \u00abser mercader por ganar es oficio vil y vituperable, pero ser mercader por bien de la rep\u00fablica y de su casa no es infamia\u00bb, o sea que cierto nivel de fortuna ya es de por s\u00ed digno de consideraci\u00f3n social. Esto lo explica muy bien Huarte de San Juan en su <em>Examen de ingenios:<\/em> \u00abLa rep\u00fablica hace tambi\u00e9n hidalgos, porque en saliendo un hombre valeroso, de grande virtud y rico, no le osa empadronar, pareci\u00e9ndole que es desacato y que merece por su persona vivir en libertad y no igualarle con la gente plebeya; esta estimaci\u00f3n, pasando a los hijos y nietos, se va haciendo nobleza y van adquiriendo derecho contra el rey\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo general, la integraci\u00f3n a la hidalgu\u00eda supone una transici\u00f3n paulatina. Los padres acumulan riqueza; casan a sus hijos con doncellas nobles o compran para ellos regimientos o lugares de se\u00f1or\u00edo y les convierten as\u00ed en hidalgos o se\u00f1ores de vasallos, es decir en caballeros. \u00abNunca mejora de estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres\u00bb, leemos en el <em>Busc\u00f3n<\/em> de Quevedo. A la inversa, mudar a la vez de lugar y de vida facilita el mudar de estado; la movilidad geogr\u00e1fica puede ser un medio de movilidad social. Este es el consejo que se da a un plebeyo rico en el Di\u00e1logo de los pajes: \u00abDe aqu\u00ed a pocos a\u00f1os, sus nietos o biznietos [&#8230;] saldr\u00e1n [&#8230;] a vivir donde no los conozcan y en dos credos se hacen hidalgos y aun caballeros\u00bb. \u00bfQu\u00e9 es ser noble? \u00abSer de cincuenta leguas de aqu\u00ed\u00bb, contesta la Floresta de Melchor de Santa Cruz. De esta forma va creciendo cada a\u00f1o el n\u00famero de hidalgos.<\/p>\n<p>El triunfo de los valores caballerescos acarrea efectivamente varias consecuencias. La primera y la m\u00e1s importante desde el punto de vista social es el menosprecio creciente en que caen las actividades productivas y el trabajo manual, considerado como oficio vil, impropio de un caballero. \u00abDios mand\u00f3 al hombre rico que obrase y no le dijo que trabajase, que esto pertenece a los pobres\u00bb. La frase es de Francisco de Osuna y est\u00e1 escrita en el primer tercio del siglo XVI; dice mucho sobre una mentalidad colectiva que censura la ociosidad como enemiga del alma, pero al mismo tiempo considera el trabajo manual como una maldici\u00f3n. En la Espa\u00f1a renacentista \u00abhonras y dineros casi siempre andan juntos\u00bb. El trabajo es sin\u00f3nimo de pobreza y vileza. Lo peor del caso es que hay poqu\u00edsima esperanza de salir de apuros trabajando: \u00abNi el mucho trabajar enriquece siempre\u00bb, nota Juan de Luna, autor del segundo Lazarillo, Mateo Alem\u00e1n insiste en la idea: \u00abEl dinero no se gan\u00f3 a cavar\u00bb. Hay m\u00e1s: los mismos moralistas recomiendan de tener medio en el trabajo: conviene ni ser perezoso ni muy acucioso, de tal forma que se gane s\u00f3lo lo que fuere honesto, sin afanarse de d\u00eda y de noche, domingos y d\u00edas laborales, como hacen algunos por codicia de ganar. Dicho de otro modo, el pobre est\u00e1 condenado a serlo siempre.<\/p>\n<p>Nada tiene de extra\u00f1o en estas circunstancias el que se busquen modos de vivir menos viles. Ya hemos visto la actitud de los burgueses y mercaderes. Para otros muchos, una salida honrosa es el servicio dom\u00e9stico, entrar en la servidumbre de una casa noble. El hidalgo sin fortuna entra as\u00ed a formar parte del s\u00e9quito habitual de un Grande: vive en su palacio, viste y come a costa de su se\u00f1or, le acompa\u00f1a cuando va a la guerra -esto cada d\u00eda menos- o a la corte, participa de las fiestas y divertimientos que da y as\u00ed aprende los modales y los ideales de la vida caballeresca. Estos son los que llaman a veces pajes: \u00abDe ordinario son gente noble, y que cuando sus padres les env\u00edan a servir, su intento principal es enviarlos a que sean doctrinados en buenas costumbres y que se les ense\u00f1en ejercicios virtuosos\u00bb. Pero, adem\u00e1s de estos criados en el sentido etimol\u00f3gico de la palabra (los que se cr\u00edan junto a un se\u00f1or y a expensas de \u00e9ste), las grandes casas se\u00f1oriales ocupan tambi\u00e9n a muchos criados en el sentido actual: porteros, reposteros, despenseros, mozos, etc. cuyo n\u00famero elevado da lustre al que los emplea. Las Cortes de Toledo de 1559 se alarman ante esta situaci\u00f3n: Por andar en este h\u00e1bito, mayormente cuando les dan libreas, muchos dejan sus oficios y otros las labores del campo, lo cual ha venido a tanto que ya no se hallan peones para cavar y segar ni hacer las otras cosas del campo, sino a muy excesivos precios. Las de 1611 vuelven sobre el tema: \u00abLa mucha gente que se ocupa en servir y en los escritorios y otras formas de vivir in\u00fatiles a la rep\u00fablica hace falta a la labranza, crianza, tratos y oficios necesarios a la rep\u00fablica, de que resulta haber gran carest\u00eda en todas las cosas por costar tan caro las manufacturas\u00bb.<\/p>\n<p>Este es uno de los fen\u00f3menos m\u00e1s alarmantes de la Espa\u00f1a renacentista: la inflaci\u00f3n de lo que hoy llamar\u00edamos el sector terciario o los servicios es a la vez causa y efecto de una situaci\u00f3n econ\u00f3mica, social y moral en la que las actividades productivas est\u00e1n desprestigiadas. \u00abDar es se\u00f1or\u00eda, recibir es servidumbre\u00bb, rezaba la divisa del primer duque del infantado, Diego Hurtado de Mendoza (1415-1479). Muchos se ponen a servir por huir del trabajo en el campo o las manufacturas. Los grandes no siempre pueden mantener tantos lacayos y criados, pero consideran que tienen la obligaci\u00f3n moral de seguir emple\u00e1ndolos. De ah\u00ed la historieta que corre en el siglo XVI sobre el se\u00f1or a quien aconsejan que despida parte de sus criados. El se\u00f1or mira la lista que le presentan y comenta: \u00abEstos se queden porque yo los he menester, y esotros tambi\u00e9n porque ellos me han menester a m\u00ed\u00bb. Semejante mentalidad es totalmente opuesta a la puritana, fundada en el ahorro, en la inversi\u00f3n econ\u00f3mica, en la utilidad social. Ya lo dec\u00eda el autor de la Celestina: el dinero sirve para vivir bien: \u00ab \u00bfQu\u00e9 aprovecha tener lo que se niega aprovechar?\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo general, se atribuye a la anormal multiplicaci\u00f3n del n\u00famero de criados el abandono de las actividades productivas en la Espa\u00f1a renacentista y barroca. En realidad, el fen\u00f3meno responde a causas complejas, esencialmente a la inadaptaci\u00f3n de la estructura social a las nuevas condiciones creadas a finales de la Edad Media.<\/p>\n<p>La oferta grande de servicios para las casas de los ricos y nobles no es suficiente para resolver los problemas que plantea el exceso de poblaci\u00f3n. Muchos se quedan sin empleo, sin modos de existencia, y no tienen m\u00e1s remedio que ir mendigando de una ciudad para otra, solicitando la caridad de los pudientes. Esta no dej\u00f3 de responder a la demanda, ya que la moral social de la \u00e9poca consideraba que los ricos ten\u00edan la obligaci\u00f3n de dar limosnas a los desamparados. No todos sin embargo se prestaban de buena gana a ejercer la obra de caridad y los predicadores ten\u00edan que recordarles encarecidamente que \u00e9sta era una obligaci\u00f3n imperativa para los cristianos. En varias ocasiones, las Cortes, portavoces en este caso de los privilegiados de las grandes ciudades de Castilla, pidieron que se tomaran medidas adecuadas para evitar que los mendigos pasasen de una ciudad para otra. Suplicaban los procuradores \u00abque cada uno pidiese en su naturaleza\u00bb, es decir en su ciudad de origen. A estas peticiones respondieron varias ordenanzas municipales en los a\u00f1os 1540, que por lo visto no dieron el resultado esperado ya que, a finales de la centuria, el doctor Crist\u00f3bal P\u00e9rez de Herrera volvi\u00f3 a recomendar medidas semejantes para hacer frente al n\u00famero creciente de mendigos y vagabundos. Su proyecto se encaminaba a organizar la asistencia a los pobres, obligando a los que eran sanos a trabajar en talleres adecuados y a los enfermos y ancianos a encerrarse en hospicios donde estar\u00edan atendidos debidamente.<\/p>\n<p>Tampoco tuvo \u00e9xito la reforma ideada por Crist\u00f3bal P\u00e9rez de Herrera, no por cierto a causa de la ociosidad ambiente o de una mentalidad hidalguista opuesta a todo lo que significase un paso adelante hacia la modernidad o el capitalismo. El problema, en lo esencial, no era de car\u00e1cter \u00e9tico, sino coyuntural. Contra los pobres y mendigos, los reformadores aducen tres tipos de argumentos:<\/p>\n<p>&#8211; Los pobres \u00abviven como gentiles; que no confiesan, comulgan, ni oyen misa, ni pienso saben la doctrina cristiana [&#8230;]. Viven como al\u00e1rabes, sin raz\u00f3n, ni justicia, ni concierto\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; Muchos de ellos tienen enfermedades contagiosas y su contacto con la gente decente a la puerta de las iglesias y otros lugares p\u00fablicos, adem\u00e1s de peligroso, presenta aspectos asquerosos y repugnantes.<\/p>\n<p>&#8211; Por fin, son unos ociosos que prefieren vivir de limosnas antes que trabajar para ganarse la vida honestamente.<\/p>\n<p>El tercero de estos argumentos es tal vez el principal. \u00abAntes faltan jornaleros que jornales\u00bb, dicen los procuradores a Cortes en 1522 y en 1548. En una primera etapa, hasta los a\u00f1os 1570 aproximadamente, hay efectivamente una fuerte demanda de mano de obra en Espa\u00f1a, pero los espa\u00f1oles, en su mayor\u00eda, estimulados por el dinero f\u00e1cil que corr\u00eda por todas partes y por el lujo de los pudientes, exigen salarios elevados que los empresarios se resisten a pagar; prefieren acudir a la mano de obra extranjera, a franceses, por ejemplo, mucho menos exigentes y que se aprovechan de la situaci\u00f3n: cobran m\u00e1s en Espa\u00f1a que en Francia. El fen\u00f3meno est\u00e1 bien documentado en toda la \u00e9poca. Jer\u00f3nimo L\u00f3pez-Salazar aporta datos concretos para la Mancha donde los ricos labradores procuran que bajen los salarios y pretenden impedir que los jornaleros se vayan a trabajar a otros lugares donde encuentren contratos m\u00e1s favorables. Por ejemplo, en 1565, el concejo de Horcajo de Santiago informa al Consejo de las \u00d3rdenes que los mozos del lugar \u00abhan venido a pedir tan inmoderados jornales que no se puede por ninguna v\u00eda sufrir tan gran desorden [&#8230;] y son amigos de holgar muchos d\u00edas y trabajar muy pocos y ganar en un d\u00eda para holgar cuatro\u00bb. Este es precisamente uno de los argumentos del reformador P\u00e9rez de Herrera: \u00abAlgunos, por andar ociosos, piden jornales dem\u00e1s precio del que merecen y se usa porque nadie los coja y reciba\u00bb. Lo que inspira pues los proyectos de reorganizaci\u00f3n de la caridad es una mentalidad capitalista en el peor sentido de la palabra: el ego\u00edsmo de clase. Se comprende as\u00ed la reacci\u00f3n de un Domingo de Soto al denunciar el odio y hast\u00edo de los pobres que anima a los reformadores de mediados del siglo.<\/p>\n<p>\u00bfFue la ociosidad causa o efecto de la ausencia de desarrollo industrial en Espa\u00f1a? Durante gran parte del siglo XVI, hubo un aut\u00e9ntico desarrollo en Espa\u00f1a; de ah\u00ed la demanda de mano de obra, frenada por la exigencia de salarios elevados. A finales de la centuria aparecen s\u00edntomas de crisis: el dinero f\u00e1cil, el nivel de vida elevado, los censos y el parasitismo merman las capacidades productivas. Crist\u00f3bal P\u00e9rez de Herrera confunde causa y efecto: \u00abpor haber tantos vagabundos, no hallan los labradores quien los ayude a cultivar las tierras, ni otros oficiales de la rep\u00fablica a quien ense\u00f1en sus oficios, que por esta raz\u00f3n es cierto que valen tan caras las hechuras de las cosas, y todo lo que se vende de mercader\u00eda y mantenimiento\u00bb. En realidad, los precios y los salarios- hab\u00edan subido antes y a esto se debi\u00f3 principalmente la \u00abociosidad\u00bb: muchos prefer\u00edan pasar de limosnas antes que trabajar duramente sin perspectivas de promoci\u00f3n y el estancamiento de la producci\u00f3n provoc\u00f3 la desaparici\u00f3n de muchos puestos de trabajos. Maravall est\u00e1 en lo cierto al resaltar que, en el siglo XVII, la ociosidad \u00abno era una premisa, sino un resultado de la crisis del pa\u00eds, de su empobrecimiento y declive. Lo malo estaba en que quienes necesitaban y quer\u00edan trabajar no encontraban en qu\u00e9\u00bb, m\u00e1s exactamente: no quer\u00edan trabajar por un salario de miseria y tampoco quer\u00edan dedicarse a cualquier tipo de trabajo. \u00abEl ocio forzoso -en definitiva lo que hoy llamamos paro- y falta de inversi\u00f3n eran fen\u00f3menos debidos a las condiciones objetivas de la sociedad, que asfixiaban a los que trabajaban\u00bb.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n que podr\u00edamos sacar de este examen r\u00e1pido y por lo tanto esquem\u00e1tico es que el tr\u00e1nsito de la Edad Media a la moderna fue una etapa mucho m\u00e1s larga de lo que supon\u00eda Michelet. Es imposible se\u00f1alar una ruptura neta entre las dos \u00e9pocas ; estamos frente a un proceso evolutivo muy lento. La \u00e9poca del Renacimiento inicia unos cambios que coinciden cronol\u00f3gicamente con la aparici\u00f3n de rasgos caracter\u00edsticos de lo que despu\u00e9s se suele considerar como el capitalismo y la promoci\u00f3n social de la burgues\u00eda. Pero las mentalidades evolucionan muy lentamente y la relaci\u00f3n entre las infraestructuras econ\u00f3micas y las superestructuras ideol\u00f3gicas es mucho m\u00e1s compleja de lo que se piensa. Es lo que suger\u00eda Ernest Labrousse en el pr\u00f3logo que escribi\u00f3 para la traducci\u00f3n francesa del libro de R. H. Tawney, La religi\u00f3n y el auge del capitalismo: \u00bfC\u00f3mo lleg\u00f3 el puritanismo a instalarse y a desarrollarse a sus anchas en la historia? La mentalidad puritana no explica el desarrollo econ\u00f3mico, sino que se explica a su vez por las transformaciones sociales. La \u00e9tica puede condicionar una sociedad, pero lo m\u00e1s probable es que sea la sociedad la que condicione la \u00e9tica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 es el Renacimiento? La palabra nace a principios del siglo XIX, la acu\u00f1a Michelet que la define as\u00ed: arte y raz\u00f3n, las bodas de la belleza y de la verdad, y le sirve para caracterizar los cambios de todo tipo que se producen en toda la Europa occidental a partir de la segunda mitad [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1739,"featured_media":0,"parent":311,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-587","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/587","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1739"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=587"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/587\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":662,"href":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/587\/revisions\/662"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/311"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=587"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}