{"id":591,"date":"2011-07-24T16:46:58","date_gmt":"2011-07-24T14:46:58","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/?page_id=591"},"modified":"2011-07-24T16:50:03","modified_gmt":"2011-07-24T14:50:03","slug":"semblanza-de-carlos-de-gante","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/espanafrancia\/el-siglo-xvi\/contexto\/carlos-i\/semblanza-de-carlos-de-gante\/","title":{"rendered":"Semblanza de Carlos de Gante"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La pol\u00edtica matrimonial de Isabel y Fernando tuvo como uno de sus resultados complicar a Espa\u00f1a en los problemas europeos m\u00e1s all\u00e1 de toda provisi\u00f3n, incluyendo los derivados de la dignidad imperial que recay\u00f3 en un nieto de los Reyes Cat\u00f3licos. \u00bfFue una ventaja o una desdicha para Espa\u00f1a? Los hombres de aquel tiempo discrepaban y los del actual tambi\u00e9n. Entonces hubo entusiastas de la idea imperial, elev\u00e1ndola incluso a categor\u00eda universal, como en el famoso soneto que anunciaba la llegada de una Edad de Oro en la que solo habr\u00eda \u00abUn monarca, un imperio y una espada\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El autor del soneto al que pertenece este verso, Hernando de Acu\u00f1a, era vallisoletano, pero los entusiastas de la idea imperial fueron m\u00e1s numerosos en una Andaluc\u00eda reci\u00e9n unificada, optimista, dispuesta, tras la gran aventura americana, a considerar como posibles, sucesos, prodigios, aventuras que parec\u00edan m\u00e1s propias de novelas de caballer\u00eda. Una Andaluc\u00eda dispuesta a identificar a Carlos V con H\u00e9rcules y su divisa <em>Plus Oultre<\/em>, con el mito de las famosas columnas. Pero la Castilla de los mercaderes y menestrales hab\u00eda conocido de cerca la rapacidad de los acompa\u00f1antes del joven rey y se tem\u00eda lo peor. De esta desconfianza surgieron las Comunidades, un movimiento sobre cuyo significado se ha discutido mucho, democr\u00e1tico, seg\u00fan unos, reaccionario, seg\u00fan otros, aplicando conceptos modernos a un ambiente muy distinto: pero los que apuntan hacia una revoluci\u00f3n democr\u00e1tica est\u00e1n m\u00e1s cerca de la verdad: seg\u00fan Joseph P\u00e9rez no fue casual el hecho de que el movimiento se centrara entre Toledo y Valladolid; era entonces la regi\u00f3n m\u00e1s avanzada, hab\u00eda presenciado la inmadurez del joven rey y la avidez de su cortejo flamenco, tem\u00eda los gastos de las complicaciones exteriores, sufr\u00eda las consecuencias de una crisis econ\u00f3mica y sus poderosos municipios no se resignaban a la tutela a la que los hab\u00eda sometido la reciente acentuaci\u00f3n del poder real. Burgueses, obreros especializados, frailes mendicantes sensibles al bien p\u00fablico formaron el n\u00facleo de la revuelta.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La aristocracia tambi\u00e9n estaba quejosa de la ampliaci\u00f3n del poder real a sus expensas; en los primeros momentos algunos de sus miembros se inclinaban hacia el bando comunero; pero al observar (y en este punto la aportaci\u00f3n del profesor Guti\u00e9rrez Nieto ha sido decisiva) que la revuelta se extend\u00eda al medio rural y tomaba all\u00ed un sesgo claramente antise\u00f1orial reflexion\u00f3 y dio marcha atr\u00e1s: le era m\u00e1s provechoso mantener un orden social que le favorec\u00eda aunque para ello tuviera que sacrificar sus ambiciones pol\u00edticas a un poder real que en este punto no consent\u00eda rivales. Tanto el norte como el sur de Espa\u00f1a permanecieron tranquilos, salvo alg\u00fan chispazo; en el este las German\u00edas de Valencia ten\u00edan un significado muy distinto. Aislados, los comuneros castellanos ten\u00edan que sucumbir (Villalar, 1521).<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Desde entonces, la subyugada Castilla y la plata de sus Indias ser\u00edan la firme base del poder imperial.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Los Reyes Cat\u00f3licos hab\u00edan rehecho la Hispania romana, culminando un proceso lento, de manera semejante a como los reyes de Francia hab\u00edan reconstituido la Galia. Eran procesos l\u00f3gicos, que inspiraban pol\u00edticas que podr\u00edamos llamar <strong>nacionales<\/strong>. Pero el conjunto de dominios que hered\u00f3 Carlos de Gante m\u00e1s bien se parec\u00eda a los objetos de un bazar que a una construcci\u00f3n pol\u00edtica; de una parte la herencia espa\u00f1ola, ya de por si vasta y heterog\u00e9nea: de otra el ambicioso proyecto de los duques de Borgo\u00f1a, que trataron de crear un gran estado entre Francia y Alemania teniendo como eje al Rin: tierras de formidable potencia econ\u00f3mica y espl\u00e9ndida ubicaci\u00f3n, crisol de culturas, posible lazo de uni\u00f3n entre germanos y latinos. En la crisis que sigui\u00f3 a la muerte de Carlos el Temerario Francia se apropi\u00f3 de Borgo\u00f1a, y la retuvo con el pretexto, de sorprendente modernidad, de que era de lengua francesa. Pero el Franco Condado, el actual Benelux y las tierras continuas conquistadas m\u00e1s tarde por Francia constitu\u00edan una constelaci\u00f3n urbana que s\u00f3lo pod\u00eda compararse con la del centro-norte de Italia. Y de su abuelo Maximiliano Carlos recibi\u00f3 los dominios patrimoniales de los Habsburgos, situados en Austria, m\u00e1s la pretensi\u00f3n al t\u00edtulo imperial que, no por ley sino por costumbre, iba ligada a esta dinast\u00eda. El rey Francisco I de Francia quiso romper esta tradici\u00f3n y obtener el t\u00edtulo imperial, m\u00e1s a costa de muchas gestiones, promesas y dinero, los que representaban los intereses de D. Carlos consiguieron que ci\u00f1era la corona del Sacro Imperio Romano Germ\u00e1nico.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Los intereses de esta vast\u00edsima colecci\u00f3n de estados eran distintos, y en algunos casos divergentes. Tampoco hubo pol\u00edtica econ\u00f3mica com\u00fan, ni su titular ten\u00eda los mismos derechos en cada uno de los miembros de este conjunto: no era lo mismo ser rey de N\u00e1poles que conde de Flandes o se\u00f1or de Vizcaya; en unos casos la autoridad real era absoluta, en otros compartida y en todos los casos m\u00e1s o menos limitada por fueros y privilegios. Este agregado inorg\u00e1nico ten\u00eda como denominador com\u00fan la persona del soberano: para unificar de alguna manera la pol\u00edtica general Carlos V cre\u00f3 un Consejo de Estado, puramente consultivo, en el que participaron personalidades expertas en los problemas de las diversas partes de aquel imperio pero su eficacia no estuvo a la altura de su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Pilotar este conjunto era tanto m\u00e1s dif\u00edcil cuanto que, por su misma naturaleza, suscitaba muchos problemas y concitaba poderosos enemigos, y la dignidad imperial obligaba no s\u00f3lo a mantener el orden en el caos alem\u00e1n, formado por centenares de entidades, sino a tutelar la cristiandad entera, mantener su unidad, defenderla de ataques exteriores y promover su dilataci\u00f3n. En la idea del Imperio estaba incluida la idea de Europa, concebida, desde Carlomagno, como la expresi\u00f3n pol\u00edtica de un conjunto de naciones cristianas solidarias. Carlos V era emperador en un doble sentido: el legal, que ten\u00eda un contorno centroeuropeo, m\u00e1s los derechos vasall\u00e1ticos m\u00e1s vagos sobre territorios del norte de Italia, y otros <strong>de facto<\/strong>, aplicable al conjunto de sus dominios y que algunos idealistas hubieran querido ver convertido en Monarqu\u00eda Universal. Ni Carlos V ni sus consejeros abrazaron esta utop\u00eda, pero \u00e9l y sus consejeros tuvieron unas pretensiones hegem\u00f3nicas justificadas que se manifestaban, entre otros ritos simb\u00f3licos, por la precedencia de sus embajadores.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La ideolog\u00eda y el talante personal de Carlos V cuadran perfectamente con la cronolog\u00eda de su reinado. Quiz\u00e1s sorprende que ya en pleno siglo XVI conservara rasgos tan t\u00edpicamente medievales como la propuesta a Francisco I de dirimir sus diferencias mediante un combate personal. Pero hab\u00eda tambi\u00e9n en \u00e9l rasgos muy modernos, como su aguda percepci\u00f3n del tiempo, su pasi\u00f3n por los relojes y otras obras de artificio. Muri\u00f3 en Yuste rodeado de atlas, br\u00fajulas y relojes. Esa ambivalencia en cuanto a la cronolog\u00eda la hallamos tambi\u00e9n en cuanto al espacio. Viaj\u00f3 incesantemente, y aunque esos viajes eran motivados, cuesta creer que los hubiera verificado si no hubiese extra\u00eddo placer de ellos. Extrovertido y sensual, gustaba del contacto humano hasta que una evoluci\u00f3n regresiva lo convirti\u00f3 en sus \u00faltimos a\u00f1os en un hombre mis\u00e1ntropo y malhumorado. Tuvo serios problemas familiares, sobre todo con su hermano Fernando, criado en Espa\u00f1a y que hubiera podido disputarle el dominio de Castilla si no hubiera sido expedido r\u00e1pidamente a Alemania. La intensidad de sus sentimientos din\u00e1sticos, familiares, es otro rasgo que apunta hacia el Medioevo, aunque es verdad que en la Edad moderna los reyes, a pesar del crecimiento del Estado impersonal que acabar\u00eda por suplantarlos, eran tambi\u00e9n muy sensibles a los motivos familiares. Un siglo m\u00e1s tarde, Felipe IV todav\u00eda consideraba el conjunto de sus estados como una especie de mayorazgo que hab\u00eda recibido y deb\u00eda transmitir \u00edntegro a sus descendientes.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0D. Carlos solo domin\u00f3 con perfecci\u00f3n dos idiomas: el franc\u00e9s nativo de Borgo\u00f1a (\u00abnuestra patria\u00bb, como dec\u00eda a su hijo Felipe en el testamento pol\u00edtico de 1548) y el espa\u00f1ol que aprendi\u00f3 m\u00e1s tarde y lleg\u00f3 a usar con preferencia. Del alem\u00e1n y del italiano solo tuvo un conocimiento imperfecto. Lo mismo le ocurr\u00eda con el lat\u00edn, y esto en aquella \u00e9poca era grave: no s\u00f3lo dificultaba su comunicaci\u00f3n con embajadores y otros personajes sino que revelaba una laguna en su formaci\u00f3n y una falta de inter\u00e9s por la alta cultura. D. Carlos estuvo lejos de ser una persona tan culta como su hijo: las referencias que se suelen hacer al erasmismo de Carlos V m\u00e1s bien hay que referirlas a personas de su entorno; en el fondo no hab\u00eda muchos puntos de contacto entre el emperador y el gran humanista, cuya mayor preocupaci\u00f3n era la paz entre los pr\u00edncipes cristianos; Carlos V no buscaba la guerra pero tampoco la rehu\u00eda, y Tiziano, pint\u00e1ndolo lanza en riestre, no false\u00f3 su imagen. Ten\u00eda un enemigo nato, el Islam, concretamente el Turco, entonces en su apogeo; por tierra amenazaba al Imperio, por mar a sus dominios en Italia y Espa\u00f1a. No se lleg\u00f3 a la confrontaci\u00f3n terrestre porque a la vista del ej\u00e9rcito que reuni\u00f3 el emperador los turcos levantaron el sitio de Viena, y D. Carlos se content\u00f3 con este gesto, no trat\u00f3 de explotarlo y borrar las consecuencias del desastre de Mohacs que pocos a\u00f1os antes, en 1527, puso en poder de los otomanos las llanuras h\u00fangaras, incluida Budapest. Las hostilidades en el Mediterr\u00e1neo tuvieron tambi\u00e9n car\u00e1cter defensivo: eran muy grandes las quejas de sus vasallos por la inseguridad no s\u00f3lo de las comunicaciones mar\u00edtimas sino de las riberas mediterr\u00e1neas. La conquista de T\u00fanez alivi\u00f3 s\u00f3lo parcialmente esta situaci\u00f3n, y cuando Carlos V quiso ampliar esta ventaja con la conquista del gran centro pir\u00e1tico de Argel experiment\u00f3 una derrota que qued\u00f3 inulta. El ideal de la Cruzada era ya cosa del pasado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Esta actitud de tibia defensiva ante el Islam se explica porque desde el principio de su reinado se dibuj\u00f3 Francia como el m\u00e1s temible adversario. Con una extensi\u00f3n semejante a la de Espa\u00f1a, Francia ten\u00eda duplicada poblaci\u00f3n, riqueza, posici\u00f3n central y capacidad de recuperaci\u00f3n demostrada tras los desastres de la guerra de los Cien a\u00f1os. Francisco I quer\u00eda ilustrar su reinado asumiendo el papel del pr\u00edncipe guerrero seg\u00fan el ideal renacentista, que en este punto continuaba la tradici\u00f3n medieval. Los puntos de conflicto con Carlos de Gante eran varios: la pretensi\u00f3n a la corona imperial era nueva en un rey de Francia, pero ten\u00eda valedores y dinero; Carlos V triunf\u00f3 gracias a que Jakob Fugger, el renombrado banquero de Augsburgo, puso al servicio de Carlos todo su capital para comprar la conciencia de los siete electores.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Las aspiraciones de los reyes de Francia a expandirse en tierras italianas eran antiguas. Les atra\u00eda aquella presa rica, culta y casi inerme que ten\u00edan a las puertas de la casa; no acababan de digerir que hubiesen sido expulsados de N\u00e1poles, donde segu\u00eda existiendo un partido <strong>angevino<\/strong> (de los Anjou). Ahora, en el reinado de Francisco I, se les hab\u00eda despertado el apetito por el ducado de Mil\u00e1n, riqu\u00edsimo, de envidiable posici\u00f3n, f\u00e9rtil en ingenios (Leonardo fue amigo entra\u00f1able del rey Francisco) y en situaci\u00f3n pol\u00edtica inestable. Contaba el franc\u00e9s tambi\u00e9n con dos fuertes bazas: la postura franc\u00f3fila de la rep\u00fablica de Venecia y los tratados con los cantones suizos que le proporcionaban excelente infanter\u00eda. Carlos, en cambio, pod\u00eda contar con la ayuda de los mercenarios alemanes, los temibles <strong>landsquenetes<\/strong>. El 24 de febrero de 1525 chocaron ante los muros de Pav\u00eda 28.000 franceses y suizos y otros tantos espa\u00f1oles y alemanes. La fuerte caballer\u00eda francesa hab\u00eda sido detenida por las largas picas de la infanter\u00eda y luego destruida por los arcabuceros espa\u00f1oles; el propio rey Francisco hab\u00eda quedado prisionero. Conducido a Madrid, soport\u00f3 dos a\u00f1os de prisi\u00f3n porque el emperador exig\u00eda la devoluci\u00f3n de Borgo\u00f1a que Francisco se resist\u00eda a entregar. Venci\u00f3 al fin de su tenacidad, y el fruto de la victoria se redujo a un rescate de dos millones de escudos. El comportamiento de ambos monarcas fue caballeroso; pocos a\u00f1os despu\u00e9s Carlos pidi\u00f3 a su rival paso libre para castigar a los rebeldes de Gante y pudo atravesar Francia recibiendo muestras de cortes\u00eda y aprecio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El efecto inmediato de la batalla de Pav\u00eda fue extraordinario; el ducado de Mil\u00e1n qued\u00f3 en poder de los espa\u00f1oles durante dos siglos; los estrategas sacaron sus conclusiones y los diplom\u00e1ticos tambi\u00e9n. La hegemon\u00eda espa\u00f1ola en Italia ten\u00eda enemigos, y uno de ellos era el papa Clemente VII, un M\u00e9dici, celoso, como los venecianos y florentinos, del contrastable poder de Carlos en Italia. El castigo que recibi\u00f3 fue terrible: una soldadesca indisciplinada mandada por el condestable de Borb\u00f3n, un gran feudal franc\u00e9s traidor a su rey, asalt\u00f3 la Ciudad Eterna y la someti\u00f3 a un horroroso saqueo, mientras el papa se pon\u00eda a salvo en el castillo de Sant Angelo. La impresi\u00f3n en toda la Cristiandad fue tremenda: Carlos V pareci\u00f3 muy afectado, pero ni castig\u00f3 a los responsables ni devolvi\u00f3 la libertad al papa hasta que no se someti\u00f3 a ciertas condiciones; pag\u00f3 un fuerte rescate y m\u00e1s tarde lo coron\u00f3 emperador en Bolonia, aquella ciudad de altas torres por la que hab\u00eda luchado Julio II y en la que un colegio espa\u00f1ol fundado por el cardenal Albornoz, ofrec\u00eda renombrados cursos de Derecho Romano.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Los a\u00f1os centrales del reinado fueron los m\u00e1s felices para D. Carlos, lo mismo en el plano familiar que en el pol\u00edtico. En 1526 celebr\u00f3 sus bodas, seguidas de largas estancias en los palacios de ensue\u00f1o de Sevilla y Granada. El a\u00f1o siguiente naci\u00f3 su heredero en Valladolid; en 1528 la rep\u00fablica de G\u00e9nova abandona su tradicional alianza con Francia y pone al servicio de la Corona de Espa\u00f1a su puerto, sus nav\u00edos, la capacidad financiera de sus banqueros, los m\u00e1s experimentados de Europa; en 1530 Clemente VII lo corona emperador, en 1535 conquista T\u00fanez y La Goleta. Al mismo tiempo llegaban a Sevilla los despojos fabulosos de las conquistas de Cort\u00e9s y Pizarro en Ultramar. Era demasiado. En el reloj del destino las agujas iban a cambiar de sentido. Se esperaban los nubarrones en Alemania, en Inglaterra, en Francia. La Reforma luterana segu\u00eda su curso, ganando adeptos. Minando a la vez la autoridad pol\u00edtica del emperador y la religiosa que \u00e9l representaba. Inglaterra era el tercero en discordia en un tablero europeo donde se jugaba con pocas fichas: en un duelo hispanofranc\u00e9s su intervenci\u00f3n pod\u00eda ser decisiva; y la tormentosa vida sentimental de Enrique VIII amenazaba acabar con aquella amistad que Fernando el Cat\u00f3lico hab\u00eda cultivado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Carlos V sab\u00eda contenerse; ten\u00eda capacidad y paciencia de negociador. Los asuntos internos de sus estados no le interesaban mucho. Los de Castilla los dej\u00f3 en manos de su esposa hasta su muerte (1539). Despu\u00e9s, en las del inteligente y ambicioso D. Francisco de los Cobos. En los a\u00f1os finales en los de su hijo Felipe con el que sostuvo una activa correspondencia; su tema principal, la necesidad de que le enviaran recursos; a medida que se embrollaban las cosas el dinero se hac\u00eda cada vez m\u00e1s necesario. Pod\u00eda hacer frente a Francia y a los turcos, pero los procesos de la herej\u00eda en Alemania y las amenazas de Enrique VIII de separarse de la Iglesia cat\u00f3lica si el papa no solucionaba su problema conyugal complicaban cada vez m\u00e1s el panorama. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda el emperador sin deshonrarse consentir que el papa autorizase el repudio de su t\u00eda Catalina por el rey de Inglaterra? Al fin, lo que no hizo el papa lo hizo el arzobispo de Canterbury. Inglaterra se separaba de la Iglesia cat\u00f3lica y del imperio carolino.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Igual resultado negativo tuvieron las interminables negociaciones con los protestantes alemanes. La muerte de Lutero no solucion\u00f3 nada; persistieron sus doctrinas y surgieron otros protestantes m\u00e1s radicales al calor de la profunda aversi\u00f3n que en amplios c\u00edrculos suscitaba la corrupci\u00f3n de la corte romana, los deseos sinceros de una reforma eclesi\u00e1stica y las ambiciones de los pr\u00edncipes que aumentaban su poder y se enriquec\u00edan con la secularizaci\u00f3n de los ricos obispados y abad\u00edas. Por su parte, el papado tambi\u00e9n ten\u00eda mucho inter\u00e9s por la celebraci\u00f3n de un concilio en el que, adem\u00e1s de cuestiones de fe, se tratara de la deseada y temida reforma. Las sesiones se inauguraron en Trento, ciudad situada en terreno que podr\u00eda llamarse neutral, entre Italia y Alemania; pero el objetivo principal, por el que tanto luch\u00f3 D. Carlos, mantener la unidad de la Cristiandad, no se logr\u00f3, pues los protestantes no acudieron, y los decretos conciliares, en vez de zanjar las diferencias las ahondaron.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En los a\u00f1os finales del reinado de Carlos V prematuramente envejecido pero todav\u00eda lleno de ardor combativo se dispone a cortar el nudo gordiano por las fuerzas de las armas. Muchos protestantes alemanes no se adhirieron a la liga de Smalkalda; aunque difieran en materia religiosa le reconocen como soberano leg\u00edtimo; apoyado por contingentes de la famosa infanter\u00eda espa\u00f1ola triunfa sobre la Liga de Smalkalda en M\u00fchlberg. En el mismo a\u00f1o (1547) mueren Francisco I y Enrique VIII. Se abren nuevos horizontes. Suspendido el concilio, Carlos V sobrepasando todo lo que la ley y la costumbre reconoc\u00eda a la potestad regia en materia eclesi\u00e1stica, dicta un <strong>\u00cdnterin<\/strong>, un credo que deb\u00edan observar protestantes y cat\u00f3licos hasta que el concilio universal decidiera. El pr\u00edncipe D. Felipe es llamado a Flandes para que tome contacto con sus futuros vasallos. Todo parece preparado para una transmisi\u00f3n pac\u00edfica de poderes: y de repente, todo se derrumba; reaparece la guerra religiosa en Alemania, ahora con el apoyo del nuevo rey franc\u00e9s Enrique II, a quienes los protestantes alemanes entregan Metz, Toul y Verd\u00fan, ciudades imperiales. Sorprendido por los acontecimientos, D. Carlos ha tenido que huir a Italia, atravesando los Alpes nevados en pleno invierno. En un \u00faltimo esfuerzo sitia Metz con un ej\u00e9rcito numeroso que, incapaz de conquistar la ciudad, es diezmado por las enfermedades y las deserciones. Enfermo y desmoralizado D. Carlos renuncia en su hijo sus inmensos dominios; pero la corona imperial ser\u00e1 para el hermano menor, Fernando.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El ep\u00edlogo de Yuste se conoce hasta ahora en sus menores detalles; el se\u00f1or de ambos mundos, aquejado de la gota, apenas se mueve de sus modestos aposentos. Acompa\u00f1a con frecuencia a los monjes en el coro y el refectorio, pesca en un reducido estanque. Y su mesa sigue estando tan bien provista de viandas como siempre. Sigue el curso de los acontecimientos mundiales, se alegra de la victoria de San Quint\u00edn, exige a su hijo que se castigue a los herejes. Tambi\u00e9n le indign\u00f3 mucho que los oficiales de la Casa de Contrataci\u00f3n de Sevilla entregaran a sus due\u00f1os un gran cargamento de plata al que \u00e9l ya hab\u00eda echado los tejos. 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