Giordano Bruno, deocentrista

    Existía en el siglo XVI la teoría del geocentrismo, única aceptada por la institución eclesiástica y que consideraba el universo no solamente dispuesto como comparsa de la Tierra sino que ésta, era la morada del hombre ya que como criatura de Dios, el hombre sólo podía vivir en el centro del universo, un universo finito y claramente determinado.

    Un dominico napolitano Giordano Bruno (1548-1600) heliocentrista convencido,  doctor en teología y neoplatónico, no tuvo otra ocurrencia que defender, poética y exaltadamente,  la doctrina de la infinitud del universo.

     Esta infinitud espacial y temporal del universo astronómico, inspirado en las teorías de Copérnico, corresponde a la infinitud de Dios que se halla a la vez en el mundo y fuera de él siendo su causa inmanente y estando infinitamente por encima de él. Dios es el que rige esta infinitud de mundos, es la misma ley el mismo orden, el mismo espíritu para todos ellos.

    Por estas convicciones y otras “lindezas” fue encarcelado y quemado vivo, sin conseguir la Inquisición que abjurase de sus doctrinas. Un detalle quizá no muy conocido: para Bruno la ciencia experimental  y el cálculo matemático eran limitaciones para una libertad de pensamiento impulsada por la imaginación, cuya capacidad de especulación  no tenía límites.

   Patente contradicción con el espíritu renacentista, pero para nuestro hombre, Dios no está sujeto a reglas, es Él quien hace posible la vitaliad, el mundo es Dios porque el mundo está animado. ¿Cabe mayor espiritualidad incluso en la innovación herética que le condujo a la hoguera?

     Giordano Bruno contribuye al pensamiento libre que va erosionando la imagen aristotélica y medieval del mundo y del hombre precediendo, con su “monismo” divino,  a toda una serie de científicos y filósofos de la época. 

Giordano Bruno


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