Escrito por hernancortes el 23 de enero, 2011


Hernán Cortés no fue el primer conquistador. Olvidémonos ahora, a pesar de su extensión, de Santo Domingo y Cuba, cuya población no podía oponer una resistencia duradera a los europeos. En el continente, la expedición de Cortés no sólo estuvo precedida por los viajes de reconocimiento de Hernández de Córdoba y de Juan de Grijalva. Una primera tentativa de conquista y colonización, llevada a cabo por Diego de Nicuesa y Alonso de Hojeda en dirección al golfo de Urabá y de la región del Panamá actual, había fracasado, aunque uno de los compañeros de Hojeda, el hidalgo extremeño Vasco Núñez de Balboa, había conseguido establecerse en el país, había descubierto la Mar del Sur en 1513 y había conseguido entablar relaciones cordiales con los caciques indígenas de la religión.

Pero había un precedente mucho más significativo: en 1514 un ejército muuy importante, el más numeroso y mejor preparado de toda la historia de la conquista, había sido confiado a un gran personaje, Pedro Arias Dávila (Pedrarias), hijo del conde de Puñonrostro, que había crecido en la Corte como paje del rey don Juan y estaba dotado de una amplia experiencia militar, adquirida en Portugal, en Granada y en África de Norte. Caso único, ¡se trataba de una expedición organizada por la Corona! Pedrarias recibió la misión de organizar la conquista del sur de América Central, bautizada como Castilla de oro, por la fama de sus riquezas. Dispuso de 22 navíos y de cerca de 2.000 hombres. Había recibido instrucciones precisas para organizar las religiones conquistadas, fundar ciudades, establecer colonos, negociar con los indios. Pedrarias era portador del texto oficial redactado por Palacios Rubio, el famoso requerimiento que debía servir de base legal, entendida a la española, al establecimiento del imperio de los castellanos.

Ahora bien, a pesar de las condiciones, eminentemente favorables, con las que partió, Pedrarias, obsesionado por el afán de oro, olvidó las recomendaciones de la Corona, persiguió y ejecutó a Núñez de Balboa,cometió mil excesos. Cierto es que el dominio español se estableció en Amñerica Central, pero el balance global de Pedrarias, fue a todas luces el primer conquistador que se hizo dueño de un gran imperio, que venció a ejércitos constituidos por guerreros de mucho valor, que supo establecer alianzas duraderas y eficaces con los pueblos indios, que puso los cimientos de una nueva sociedad, introduciendo en América las plantas y los animales domésticos del Viejo Mundo. Todo eso sin que le costara nada al fisco real, beneficiario por el contrario de importantes envíos de metales preciosos. Las hazañas, realmente extraordinarias, de Cortés y de sus hombres, conocidas gracias a los textos redactados por el conquistador y más aún por las narraciones de sus enviados a España, causaron sensación. Naturalmente, el triunfo inaudito de Cortés encendió la imaginación, suscitó lo más locos sueños de gloria, de fortuna, de poder. Muchos jóvenes, ambiciosos, sin fortuna, pero dotados de inmenso valor y de una increíble fe en su estrella, y entre ellos bastantes extremeños, quisieron imitar al hombre de Medellín.

¿Quiere eso decir que Cortés, en cierto sentido, había creado un modelo de conquistador? Es evidente que ejerció una influencia inmensa. Los más inteligentes de sus émulos, Francisco Pizarro , menos tosco de lo que se ha dicho y con una experiencia de las Indias excepcional, de más años que la de Cortés, ya que había formado parte del pequeño grupo de hombres que descubrieron la Mar del Sur con Núñez de Balboa, con mayor motivo un Jiménez de Quesada, el 《conquistador letrado》cuyas memorias, por desgracia, se han perdido, supieron meditar sobre las enseñanzas mayores de la epopeya de Cortés. Sabían que Cortés había merecido su triunfo debido a una tenacidad constante. Jiménez de Quesada rehusó varias veces volver atrás para alcanzar las orillas del Golfo y llegó a la《sabana》de Bogotá con los 160 hombres y los 60 caballos que todavía le quedaban. Pizarro, en la isla del Gallo, ¡no cuenta más que con 16 fieles, o solamente 13, los 《trece de la fama》, para continuar una empresa imposible! ¡Es Cortés, en Tlaxcala o después de la Noche Triste!

Los mismos hombres habían comprendido la importancia de la información, la absoluta necesidad de las alianzas indias, la gran baza que constituían las divisiones del mundo indígena: Pizarro y Almagro sacaron el mejor partido de la guerra civil entre los dos incas, Huáscar y Atahualpa, al igual que Cortés se había aprovechado de la enemistad fundamental entre Tenochititlan y Tlaxcala. Por su parte, Jiménez de Quesada supo aprovechar la división de la sociedad chibcha. Este mismo conquistador había puesto a Cortés al borde del precipicio. Con un sentido agudo del compromiso, Quesada supo persuadir a Nicolás Federmann y a Sebastián de Benalcázar, que habían llegado a la alta meseta chibcha al mismo tiempo que él, o casi, que era preferible pedir el arbitro de la Corona antes que arriesgarse a librar un enfrentamiento fratricida ante la mirada de los indios. También se acogieron a ello los conquistadores de Perú, para beneficio inmediato del poder civil.

La lealtad de Cortés respecto a su Rey hizo escuela. El único conquistador que se arriesgó a la sedición, y se proclamó rey, Gonzalo Pizarro, pagó con su vida esa felonía.

Pero el modelo de Cortés no podía encajar más que en espacios densamente poblados,habitados poor hombres de un alto nivel técnico, dotados de una organización política que los conquistadores, a semejante de Cortés, se contenteran con maquillar. Ésas fueron las condiciones que permitieron a Pedro de Alvarado asentar su dominio en Guatemala y a los pequeños reyes chibchas y a los soberanos incas. En cambio, los conquistadores más experimentados, los mejores preparados, fracasaron siempre cuando se encontraron con junglas o desiertos, los espacios infinitos del bosque o la pradera. Almagro, en Chile, Alvar Cabeza de Vaca, Francisco Vázquez de Coronado y Hernando de Soto, en la gran llanura norteamericana, Francisco de Orellana, en la Amazonia, estaban condenados al fracaso, un fracaso algunas veces mortal.

A decir verdadm Cortés era inimitable ya que fue el único conquistador que se puede calificar de genial. Ninguno amó tanto como él al país que había contemplado con admiración durante el fabuloso verano de 1520, ninguno intentó con tanta perseverancia transformarlo de acuerdo con sus crencias y sus ideales. A Cortés sólo le faltó, para alumbrar otro México, amar más a los hombres y, quizá, nos atrevemos a escribirlo, romper con España, cuyo soberano no le había comprendido y cuyos hijos, sus compatriotas, se habían dedicado a destruirle y a arruinar su obra. Pero, mencionar la sola idea de ruptura, ¿no es traicionar a Cortés?

Citado de “HERNÁN CORTÉS El Conquistador de lo imposible, Ediciones Temas de Hoy,S.A.2002, BARTOLOMÉ BENNASSAR