Si la vida es una metáfora, póngame dos

17 julio, 2014
by hhector
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La presión, una coacción hacia lo precipitado

Hace mucho que no escribo, más bien por el sentimiento de culpa de hacer cosas que no debería hacer en período de estudio, no obstante, ya dentro de las, probablemente breves, vacaciones de verano, nada me impide volver a hablar de los temas que se me pasen por la cabeza.

Hoy voy a hablaros de un aspecto que en todo momento me he cuestionado a la hora de ver a los jugadores que se van a presentar al Draft de la NBA, sobre todo en este último año, en el que ojeadores, eruditos del baloncesto y meros aficionados (entre los que me incluyo) han catalogado como una de las mejores selecciones de los últimos años en lo referido a futuribles estrellas, ídolos de masas o, simplemente, buenos jugadores. Es más, toda especulación era poca a la hora de adivinar cuál sería, del top 5, el elegido por los Cleveland Cavaliers para la nueva etapa que se presentaba con su segundo número 1 consecutivo. Fue Andrew Wiggins, pero igual podría haberlo sido Jabari Parker (nº 2 por Bucks, que se notaba que no quería fichar por los Cavs), Joel Embiid (nº 3 por los Sixers, que parece que pasará la temporada que viene en blanco), Dante Exum (base de los Utah (nº6) o Julius Randle (7º para los Lakers).

Pues bien durante la primera mitad de 2014 no había semana en la que los medios de comunicación no nombraran a uno de los posibles integrantes de este extraordinario draft, comparándolos con jugadores actuales, leyendas o simplemente hablando de sus extraordinarias facultades para jugar al baloncesto y sobresalir frente a otros jugadores de su categoría. Generalmente estos militaban en la NCAA (liga universitaria) — aunque en el caso de Dante Exum tenemos que remontarnos a las categorías inferiores australianas–, y su seguimiento era muy fácil por ser una categoría importante, tanto en el disfrute deportivo como en los negocios futuros, siendo otra de las ligas de baloncesto en las que podemos ver buenos partidos. Se citaba que Jabari Parker había bajado el nivel, que podría esperar un año más para presentarse al draft, que Joel Embiid podría pasar su primer año en blanco por una lesión, dando lugar todos estos aspectos a cierta reticencia o decepción por parte de los aficionados y directivos, además de cuerpo técnico, etc.

Y es que lo que van a experimentar además de los nervios de entrar por primera vez en una cancha NBA va a ser presión, por todas partes, de todo el mundo. ¿Por qué? Porque cuando clubs que llevan mucho tiempo sin ganar nada reciben un gran jugador que les puede llevar a conquistar el olimpo, quieren un impacto inmediato en la liga, un impacto total y cortante en la progresión de los demás equipos, de tal forma que lleguen a la meta con los ojos cerrados. Pero no es tan fácil, son jugadores que vienen, quieran o no, de una liga inferior a la NBA, se enfrentan a jugadores experimentados, preparados para enfrentarse a los mejores y curtidos en batallas que de primeras no parecen preparados a combatir, aunque tengan un físico imparable, aunque tengan una buena visión de juego o un tiro envidiable. El ser alguien en la liga desde un primer momento está reservado a los más grandes, aquellos que nunca han tenido dudas sobre su calidad y que han destacado en todo momento (Michael Jordan, LeBron James…). Los rookies de este año siempre han presentado ciertas dudas, se les ha sacado fallos o a veces se les ha citado como jugadores sobrevalorados. Por ahora las actuaciones, por ejemplo, de Andrew Wiggins y Jabari Parker, no están siendo las de unas estrellas exageradas, están haciendo números, pero por el simple hecho de lanzar mucho a canasta, no obstante sus porcentajes son, a día de hoy (16 de julio), para muchos, decepcionantes, ya que el primero promedia un 37% en tiros de dos y 16% en tiros de tres (incluyendo un 1/8 el primer día), mientras que el segundo promedia otro 37% y un 20% en t3. No obstante, ambos, a pesar de todo, están demostrando que tienen mucha calidad y proyección para ser algo grande.

Volviendo al tema de la presión, tal vez si muchos focos no estuvieran apuntándoles con 400 lupas, esperando que demuestren su valía, ambos jugadores, además de todos los novatos que están debutando en la liga de Verano estarían rindiendo bastante mejor de lo que lo están haciendo. No obstante, la presión que están experimentando a día de hoy estos jugadores no será ninguna comparada con la que experimenten en la temporada, cuando, y en el peor de los casos, si no consiguen ser esos jugadores claves para llevar a sus equipos a un escalafón superior, los tildarán de gran decepción, paquetes, jugadores sobrevalorados y demás calificativos que podrían hacer mella en su mente y generar diferentes reacciones entre las cuales podemos encontrar la del corte de su progresión y el encasillarse en una posición de “fracasado” cuando simplemente no ha demostrado su potencial, o hasta la destrucción personal, lo que, sobrepasando lo deportivo, yo creo que debería anteponerse a cualquier cosa. Pasó la temporada pasada con Anthony Bennett, que fue seleccionado en el número 1 del draft del 2013 rodeado de muchas dudas entre las cuales estaban el sobrepeso y las lesiones y cuya repercusión en un equipo aspirante la temporada pasada como Cleveland fue nulo y al que muchos hemos tildado de paquete o un sonado fracaso de draft a la altura de Darko Milicic o Kwame Brown a pesar de que tiene mucha carrera por delante.

Saliendo de la perspectiva baloncestística hay muchos casos en los que podemos encontrar que se le exige a un novato con un especial talento resultados inmediatos en una disciplina determinada. En el ámbito empresarial cuando el becario que ha entrado en la empresa con unos más que buenos resultados en la carrera tiene diferentes fallos propios de un principiante y el superior inmediato le increpa duramente sus erratas, en el académico, cuando los mismos padres al ver que su hijo al que consideran que tiene gran capacidad saca malas notas en una asignatura, lo llaman inútil o cualquier insulto desgraciado sin atender a las circunstancias y sin tolerar sus más que posibles fallos. Obviamente hay situaciones en las que las reprimendas son obligadas, pero si se presiona mucho a una persona cuando se está formando tal vez los efectos sean más que negativos y los logros se pospongan mucho más tarde, o tal vez no lleguen nunca.

Por tanto, instaría a una sociedad modalizada y no abierta a cambios drásticos que piensen que los deportistas, los estudiantes, los trabajadores y demás gente en formación son personas, que tienen fallos y que en base a ellos pueden crecer profesionalmente y llevar sus actividades hacia el lugar en que deben estar. Claramente el camino no será fácil, tendrán que luchar, practicar una y otra vez, aprender las lecciones que se pongan en su camino… durante X tiempo, tiempo en el que los que le rodean deberían tener fe en que la tarea será llevada a buen término, aunque no sean resultados inmediatos, pero tanto la ciencia como la vida en general es paciencia, y quien sabe esperar conseguirá la plenitud de sus actos. Será difícil por muchos factores, dinero de por medio, ganas de triunfar, superar a los demás… no sé, pero hay que esperar. Sí, esperar y no tener prisa es la clave.

23 abril, 2014
by hhector
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Rompiendo una lanza por Pau Gasol.

Algo es obvio, los años son un factor negativo importantísimo en el deporte y pocos son a los que no les pesan. Muchas de las glorias de la pasada década (años 2000) han dado un bajón considerable respecto a sus mejores años, como es el caso de Paul Pierce, Kevin Garnett, Steve Nash, Kobe Bryant, el ya retirado Jason Kidd, que pasó de ser el señor del triple-doble a un jugador bastante limitado (aunque siempre brillante), Chauncey Billups, Ray Allen… muchos, sea por lesiones o por el paso del tiempo. No obstante, quiero nombrar a uno de los grandes jugadores, por no decir el mejor, de toda la historia del baloncesto español: Pau Gasol, que a sus treinta y tres años está siendo objeto de críticas a menudo injustas e insultantes.

Esta temporada, que puede ser su última con el equipo angelino, Gasol ha sufrido la ida de Dwight Howard y el ocaso de la carrera de Kobe Bryant, quien, desde la temporada pasada cargaba con una lesión y que, tras un pequeño paso por las canchas, volvió a lesionarse tras promediar 13.8 puntos, 4.3 rebotes, 6.3 asistencias y unas alarmantes 5.7 pérdidas por partido, lo que demuestra que, a pesar de intentar ser más altruista, no vale para base, y el hasta el pasado año eterno Steve Nash, que ya ha declarado que no se retira porque quiere el dinero, que también ha jugado pocos partidos de la temporada por la lesión y por cuyas declaraciones ha sido recriminado, ya que a lo largo de su carrera ha amasado una buena fortuna.

Pues volviendo al jugador catalán, Pau Gasol, además de las conocidas lesiones, ha jugado con un equipo muy limitado formado por jugadores de cierta calidad pero de segundo nivel, además de un entrenador de cuestionable capacidad para sacar a una castaña de equipo como estos Lakers del fuego, por lo que, a Gasol se le pedía, por su caché y por la importante suma que tiene para esta temporada (19 millones de dólares, ni más ni menos), jugar a un nivel que para su rodadura en lo referente a años, no le corresponde. Gasol, para mí, ha respondido con creces en casi todas sus actuaciones, haciendo lo que podía y más por intentar no dañar la imagen ya de por sí herida de un equipo con el que ha ganado dos campeonatos de la NBA y que le ha dado todo lo que quería, pero jugar sólo dando la cara él o, en caso de no tener el día, jugando sus compañeros como una banda, no daba para ganar ni ante los peores equipos de la liga. Además, en la temporada ha tenido varios problemas como los últimos vértigos. Obviamente, al mejor jugador de la plantilla le vas a pedir que dé un paso adelante en su juego para seguir en la palestra y desgraciadamente, y ante la ausencia de Kobe Bryant, la patata caliente iba a recalar en Gasol, que, hoy por hoy, ya no tiene tintes de jugador franquicia, sino de un jugador de equipo con años y calidad para seguir en el camino hacia el anillo acompañado de otros jugadores más jóvenes y con lo que hay que tener para ganar.

Sus números esta temporada han sido 17.4 puntos, 9.7 rebotes y 3.4 asistencias, estadísticas que indican que, como he leído por los foros de marca o as, Pau Gasol no es para nada un ex-jugador. No quito razón a quienes dicen que está algo sobrepagado, que podría defender más duro y demás personas que critican con criterio algunos de los fallos del español, pero igualmente, pienso que Gasol tiene aún años de baloncesto, no en la ACB, donde los catalanes quieren que termine su carrera, sino en la NBA, porque a su edad todavía da mucho juego y, si la temporada que viene consigue un entrenador que case con su filosofía de juego (Tom Thibodeau de los Chicago Bulls por ejemplo me parece un entrenadorazo para Gasol, o Jeff Hornacek, entrenador de los Phoenix Suns, donde casi recala durante el período de traspasos y que sería el refuerzo definitivo para que los Suns, que injustamente han terminado fuera del Playoff, pasaran a la postemporada), puede ser más que válido para muchos de los equipos que tienen margen salarial para fichar a un agente libre como él.. Mi apuesta es de dos años más de baloncesto de calidad en los que Pau Gasol nos puede ofrecer un 75% de su juego en sus mejores años en Memphis o las temporadas en busca del anillo con los Lakers, pero ojalá me calle la boca y sea alguno más. Al fin y al cabo, diga lo que diga la gente, es y será un grandísimo jugador que ha dejado huella en la historia del baloncesto.

15 abril, 2014
by hhector
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Niños y nuevas tecnologías

Algo es innegable, los niños que han nacido a lo largo de los años 2000 y los que van a nacer (o han nacido) en esta década van a interactuar queramos o no con las tecnologías que se están desarrollando día a día sin apenas descanso. Lo llaman progreso y es algo a menudo positivo, ya que damos solución a los problemas que nos afectan cotidianamente (aunque todavía no han desarrollado una batería de móvil que dure más de una semana con conexión a internet). Pues bien, es muy típico escuchar ahora en alguna conversación “¿qué le has regalado a Fulanín por navidades?” – entendiendo a Fulanín por un crío de corta edad, pongamos 5 ó 6 años. – a lo que la otra persona le responde “una tablet”, cosa muy normal pero, ¿debería serlo?

Los artilugios electrónicos son de gran utilidad, de gran ayuda y todo lo que queráis, ya que con ellos cubrimos muchas de las necesidades a la hora de desempeñar una tarea, buscar información o, lo más típico, socializar a través de RRSS, mensajería instantánea (aunque últimamente se ha reducido a favor de whatsapp u otras aplicaciones móviles más cómodas de acceder en multitud de sitios que en un ordenador convencional) o jugar, y es en este aspecto donde quiero incidir, ya que veo que nuestros pequeños no deberían tener a corta edad un contacto pleno con dispositivos. ¿Por qué? De primeras, al igual que algunos de nosotros podríamos ser bastante dependientes de un juego determinado (fijémonos en la plaga del Candy Crush o el Apalabrados), ellos, absorbiendo como esponjas (son niños al fin y al cabo), van a tener una mayor adicción, dejando de lado otros juegos más naturales y típicos, es decir, los de toda la vida y me aventuraría a decir que podrían dejar de lado actividades típicas de un crío.

Es, por tanto, de obligado cumplimiento para los padres inculcar los juegos de siempre, fomentar su creatividad y no hacerlos de primeras unos bots que para lo único que valen es para pasarse pantallitas de un juego y ya superado, continuar con otro, y otro, y otro… Que descubran nuestro mundo, lo bonito que es dar un paseo en bici, lo divertido de jugar al pilla-pilla, al fútbol, al baloncesto, tenis o cualquier deporte, de tal forma que desarrollen sus facultades psicomotrices, sean avispados, hagan amigos sin tener que depender de una pantalla y sean felices como lo fueron sus padres, sus abuelos u otros familiares que ya pasaron la preciada infancia.

Sin embargo, y para concluir, no quiero decir con ésto que reniegue de que los niños jueguen con las consolas. Siempre y cuando se dé un uso racional, estaremos ante un interesante medio para jugar, pero no durante todo el día.

8 febrero, 2014
by hhector
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La mano izquierda, un tabú a superar.

Es un hecho que todos tenemos una mano con la que dominamos las tareas más técnicas (sea escribir, manejar un tenedor…) mientras que la otra la utilizamos para complementar a la una (sea para sostener un objeto de cierto peso u otra cosa). Sin embargo, nos solemos apalancar en lo que se refiere a la facilidad de utilizar en demasía nuestra mano “diestra” en detrimento de la “siniestra” y en el baloncesto esto es muy típico y es de lo que voy a hablar hoy.

Hoy, mientras mis compañeros hacían una rueda de tiro, he visto que a la hora de entrar a canasta por la derecha todos atendían al tópico de entrar con una bandeja (para los que no dominan el lenguaje baloncestístico, la bandeja es coger el balón por debajo como si fuera una bandeja y dejarlo botar en el tablero o directamente en el aro), sin embargo, en el cambio de lado, todos coincidían en eludir la bandeja con la mano izquierda con diferentes formas. Por ejemplo, el aro pasado, el cortar por media zona y pasado el aro bandeja con la mano derecha, tirar cerca de la zona, tiro de media distancia, pero sobre, todo, lo peor visto por los entrenadores es el entrar por la izquierda con la típica bandeja con la mano derecha.

 

¿Por qué? Por el simple hecho de que es un caramelito para los defensores, que, viendo tan cerca de su mano la pelota, no dudarán en intentar rebatir el tiro. Aquí surge la pregunta de, ¿no pasaría lo mismo si habláramos de una bandeja con la izquierda por la izquierda? No exactamente, hay mayor porcentaje de acierto si se tiene manejo con la izquierda, ya que el cuerpo hace de defensa contra la defensa y se tiene más cerca el aro además de incrementar la posibilidad de provocar una falta, mientras que con la derecha dejas la posibilidad de que puedas fallar o te taponen.

Para los jugadores senior la formación en aspectos tan básicos como el manejo del balón resulta cada vez menos accesible, es en los años de escuela cuando los entrenadores han de enseñar a los niños que tienen dos manos y que para jugar han de darles uso a ambas. A partir de ejercicios simples se acostumbrarán a, no sólo entrar a canasta con la mano correcta, sino a botar el balón con mayor fluidez sea cual sea la dirección a la que vaya, es decir, si vas botando para la izquierda, lo normal es que botes con la mano izquierda para evitar que te la roben el balón (lo mismo si vas a la derecha). No obstante, nunca es tarde para aprender y a base de práctica se pueden mejorar defectos en nuestro juego, pero hemos de tomar esta práctica con empeño y esforzándonos en conseguir dominar el defecto, ya que lo fácil es huir de los problemas y acostumbrarnos a una forma de hacer las cosas que probablemente no sea la más indicada. Por tanto, animo a aquellos que tienen el error de utilizar erróneamente la mano derecha a utilizar la izquierda aunque signifique que fallen una, dos, tres o las veces que haga falta. Al final descubrirán la forma de conseguir su objetivo, adaptando su mecánica y las meterán, porque no hay nada imposible si se tiene constancia.

5 febrero, 2014
by hhector
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Los ciclistas y su libre albedrío.

La bicicleta, un medio de transporte de inestimable valor para la raza humana, que nos ha acompañado durante cientos de años y que hoy por hoy no ha perdido su sentido y, a pesar de las comodidades que nos ofrece el progreso y los diferentes transportes, sigue utilizándose cotidianamente, ya que es una de las formas más limpias para moverse (si no contamos con que acabaremos sudando, entonces ya no es tan limpio).

Con la subida de los combustibles y los billetes de autobús, el uso de la bicicleta se ha incrementado en los últimos años, viniendo la tradición ciclista desde países como Holanda o Dinamarca. Esta fiebre deberíamos tomarla como positiva, ya que ayudará a la disminución de gases nocivos para la atmósfera y además servirá como excusa para que la gente haga deporte y no se apoltrone en su sofá o vaya de casa al trabajo y del trabajo al coche sin andar nada.

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Para responder a la demanda, nuestros políticos se han puesto de acuerdo en habilitar carriles bici en los barrios de la periferia, y con esto quiero decir, distritos como el PAU II, o ciclocalles, que es el nombre cutre que le ha puesto nuestro ayuntamiento (u otro iluminado) a las calles que tienen unas líneas discontinuas rojas y que permiten al ciclista ir por la ciudad por un carril habilitado en el que tiene prioridad frente a los vehículos a motor, los cuales deberán cuidar de no llevarse a los ciclistas por delante respetando la distancia de seguridad de 5 metros. Por supuesto, apoyo cualquier medida que tomen las instituciones mientras no sea en detrimento de un tráfico fluido – en ese aspecto hablaré en otra entrada de las medidas que está tomando el ayuntamiento para fastidiarla, pero bien, porque aun aumentando el número de ciclistas en nuestras calles, hay una gran mayoría de la ciudadanía que, aunque pongas carril bici (de verdad, no ciclocalles) en todas las vías, no van a bajarse del coche por la comodidad del transporte privado.

Todo esto está muy bien, sin embargo, la pregunta estaría en torno a si estamos concienciados verdaderamente de una conducción responsable de bicicletas. La respuesta está clara y se ve perfectamente en nuestras calles: NO, y esto es porque los ciclistas se montan en una bicicleta y creen que, aun utilizando las vías de los coches, las señales no van para ellas. Así, encontramos montones de ejemplos saliendo a la calle, siendo el más típico el semáforo en rojo que, según parece, para las bicicletas no tiene validez. Ya si pasa un coche, pues se paran y esperan a que pase, pero sino, adiós semáforo. En caso de que nos toque un ciclista despistado, además de pasarse el semáforo en rojo, puede tener un gran susto que puede acarrear lesiones irreparables. Otro ejemplo es la iluminación, hay gente que no tiene otra opción que ir en bicicleta por las noches, por lo que van como almas en pena sin luces ni ningún indicativo de que hay una persona subida. De hecho, pondría el ejemplo extremo de uno yendo por el arcén del puente rojo a las 10 de la noche ayer sin ningún tipo de reflectante, teniendo la opción de subir por la parte de los peatones (que tiene rampa) y ahorrarnos algún que otro susto. Y aquí hay otro de los vicios de los ciclistas, la manía de ir por la calzada cuando hay un carril bici habilitado, una curiosa forma de desaprovechar la oportunidad de utilizar lo que tantas y tantas veces han cacareado: la creación de carriles bici que permitan la circulación segura de los ciclos. Y pasa; en Santa Pola tienen en la avda. Santiago Bernabéu un carril bici junto al paseo. Pues dando una vuelta vi alrededor de 3 ciclistas yendo por la calzada.

 

Así pues, vemos que los ciclistas no saben circular de la manera que deberían para evitar posibles accidentes y que no se den de víctimas a la hora de decir que son un ‘colectivo vulnerable’. Por supuesto, no lo dudo, pero lo sería menos si no fuera por las tonterías que nos encontramos día tras día, porque como usuario de una bicicleta como medio de transporte y cumplidor de la normativa de tráfico, se me cae la cara de vergüenza siempre que, estando parado en un semáforo, una bicicleta frena y viendo que no viene nadie sigue la marcha. Por tanto, para evitar más muertes o accidentes, lo mejor es la educación vial, no solo en las autoescuelas, sino en centros de enseñanza primaria para que los pequeños se conciencien de cómo habrán de actuar cuando conduzcan una bicicleta cuando sean mayores.

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Enlace al autor de la segunda imagen

2 febrero, 2014
by hhector
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Deformación conductora

Con la práctica, los conductores solemos adecuar el coche a nuestras costumbres y sin querer este se convierte en una parte más de nuestro cuerpo, por lo que responderá de la forma en que actuamos normalmente. Por ejemplo, si vamos acelerados normalmente, conduciremos aceleradamente, si somos despistados, se nos olvidará alguna cosa mientras vamos a nuestro destino. Pero lo claro es que cada uno tenemos una forma de llevar a cabo el arte de conducir; podría indicar millones de formas de conducir sin repetirme y me llevaría años y años. Hasta me serviría para hacer una tesis doctoral, pero voy a limitarme a hablar sobre un tema que pasa día sí y día también.

Compartir coche se está convirtiendo, en tiempos de crisis, en una de las costumbres típicas para ir al trabajo, a lugares de ocio o demás, ya que significa un ahorro en el combustible o por comodidad, el no ir cada uno por su lado. Mucha gente de la que conozco, a pesar de que hemos alcanzado la mayoría de edad hace dos años (o no llega), ya tiene el carnet, por lo que nos turnamos para llevarnos de un lado a otro y lo que pasa es que el conductor sigue siendo conductor aunque esté en el asiento del copiloto, por lo que, por costumbre, si el coche va a salir por un ceda el paso, seguramente lo que pase es que mire para el lado por el  que vienen los coches, mirar al cambiar de carril si va a adelantar alguien, etc. En estos hechos no hay problema, cada uno se distrae en el coche como quiere, pero lo que más molesta es la acción verbal, cuando vas conduciendo tan tranquilamente y de repente el compañero te dice algo que le parece que has hecho mal. Es el caso de que pongas el intermitente un poco más tarde de lo normal y te diga “¿y el intermitente qué?”, o que vayas a una velocidad que no sean los 50 km/h y te digan “vas muy rápido”, o que haya tres carriles, uno de giro obligatorio, otro de giro alternativo y otro que sea para seguir en la calle, vas a girar, te pones en el de giro alternativo (con éste me refiero a ese carril que sigue por la vía pero te da la opción de girar) y es entonces cuando tu acompañante te dice “yo me habría puesto en el otro carril”. Tras varios de estas recriminaciones lo que harás será empezar a calentarte hasta que le pidas (amable o de otra forma) que se calle, que tú conduces, a lo que generalmente te responderán que son recomendaciones, pero sólo te servirán para ponerte más nervioso de lo que te pone el tráfico.

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Lo peor de todo es que cuando vas en el puesto del copiloto puedes cometer el mismo error de estar demasiado atento a la conducción de tu compañero. Harás lo mismo y acabará como tú cuando le decías que se callara, pero es algo innato en nosotros, conducimos de una manera y cuando encontramos un atisbo de diferencia en la conducción de otra persona tendemos a intentar que nos sintamos familiarizados con ella. Es lo que yo llamo, derivando el término “deformación profesional”, DEFORMACIÓN CONDUCTORA.

En esta entrada lo único que quiero conseguir es que nos demos cuenta de que es bastante probable que nos pase como conductores o como acompañantes, por lo que intentemos no caer en el error de corregir a los conductores, por tu bien, por su bien.

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22 diciembre, 2013
by hhector
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La Navidad, esa fiesta tan querida y a la par odiada.

La Navidad es una fiesta entrañable en la que se celebra año tras año el nacimiento de Cristo reuniéndose todas las familias, cantando frente al portal de Belén villancicos, comiendo manjares típicos de estas fiestas… Sí, generalmente la gente tiene algún recuerdo bonito de la Navidad aunque sea de la infancia, cuando se ignoraba todo el plantel que lleva detrás esta festividad y el fin que, desgraciadamente, ha alcanzado.

Pues sí, la Navidad se ha ido pudriendo año tras año; donde antes había una finalidad religiosa, ahora (y en años anteriores) es todo lo contrario. ¿Por qué? En primer lugar, por nuestra culpa, ya que, cuando hablamos durante el año de darnos un caprichito, solemos decir “en Navidades me compraré un móvil nuevo” o “¿cuándo te vas a comprar el vestido ese que tanto te gusta? Para Navidades”. Y claro, aprovechando el tirón vemos que la mayoría de las tiendas empiezan a poner los adornos el 2 de noviembre (el 1 no, que es Día de Todos los Santos y es fiesta), por lo que, un período que debería durar desde el 25 de diciembre (va, para irnos preparando, desde el 15) hasta el 6 de enero se convierte en dos meses de villancicos, decoraciones horteras, anuncios con cascabeles… Como dice el refrán, lo bueno si breve, dos veces bueno.
En lo referido al ambiente, también la televisión tiene culpa de que la Navidad a menudo sea tomada como repelente (y sin haberlo planeado, me ha salido un pareado). A partir del 25 de diciembre (qué va, antes, dos semanas antes) las cadenas empiezan a poner las películas más ñoñas que pueda haber, que, además, tienen casi siempre el mismo guión, una familia feliz que va a celebrar la Navidad, se encuentra un problema y al final se termina solucionando por el simple hecho de que es Navidad, y todo es posible. Luego, también esta festividad sirve como pretexto para que artistas en horas bajas saquen un especial para intentar sacar algo de provecho a un pasado glorioso.

Nacimiento

Por otro lado, el espíritu navideño, éso de ser buena persona con el prójimo y hacer buenas acciones. ¿Por qué lo cito ahora? Por la simple razón de que me parece muy hipócrita que la gente sólo en estas fiestas se ponga a donar dinero, a ser amable, saludar a los que en la vida han saludado, y ya, pasadas las Navidades, vuelta a la normalidad. <<¿Donar? Ay no, que no tengo dinero (cuando en realidad puedes)>>, <<tengo prisa, paso de aguantarle la puerta al vecino>> y <<anda, el tipo ese que no me cae nada bien, miro para otro lado>>. Por esa razón, recordad quiénes sois, no cambiéis vuestros hábitos por estar en un momento determinado, porque, si sois educados, vais a hacer lo mismo que haríais en navidades durante todo el año, o si sois maleducados, no tenéis por qué cambiar durante las fiestas, al fin y al cabo terminaréis mareando a la gente cuando les saludéis un día y al siguiente se queden con el “hola” en la boca. Eso sí, confío en que la gente puede cambiar a bien (aunque también a mal) y si cambiáis en ese sentido, felicidades, de hecho, voy a citar la canción de Whitney Houston “Greatest love of all” para decir el mensaje que lleva ímplicito: nunca es tarde para cambiar nosotros mismos (adjunto el vídeo de la cita de Patrick Bateman en American Psycho abajo).

También, las celebraciones familiares. Sin duda es algo obligado en la Navidad, yo creo que nadie podría imaginar estas fiestas sin comida de Navidad, Nochebuena, Nochevieja, Año Nuevo… y si me estiras, reuniones sin necesidad de que sea una de las fechas anteriores. Sin embargo, lo que a mí me parece ciertamente hipócrita es que, gente que no se ha visto en todo el año, venga la Navidad y comida al canto, representando a la familia modelo en la celebración idílica. No digo que no se haga, pero si quieres a tu familia, no sólo la verás en Navidades, te molestarás en ir a verla en otro momento.
Aquí me gustaría puntualizar el caso de esas personas que, por razones de trabajo, estudios, por residencia… viven lejos de sus familias, ya que tienen excusa, sin embargo, estar en contacto es obligado. Aquí encontramos el típico anuncio de Turrones el Almendro.

Pero todo no deben ser quejas. La Navidad, en su vertiente simple, es una fiesta bonita en la que todos los que hemos crecido con ella tenemos buenos recuerdos, además de tener una tradición en la que estamos obligados (por placer) a cumplir ciertos rituales como son, poner el árbol de Navidad, el nacimiento, demás decoración… También, aunque hayan pasado los años, recuerdo con ilusión la llegada de los Reyes Magos, y a lo mejor Papá Noël (aunque en mi casa no éramos ni somos de Papá Noël), las celebraciones de Navidad, Nochebuena, Nochevieja, Año Nuevo… hasta la cabalgata de reyes. Al fin y al cabo, la Navidad, por hortera e hipócrita que pueda llegar a ser por parte de algunos colectivos, siempre será la Navidad, una época en la que deberíamos ver a nuestros allegados felices, una época para compartir momentos especiales con ellos, una época para el recuerdo de nuestras vivencias pasadas y una celebración para disfrutar de las actuales, y las que están por llegar.

Así que, si la amáis, la odiáis, os da igual, os deseo igualmente Feliz Navidad

Enlaces:

Greatest love of all – American Psycho (en inglés)

23 octubre, 2013
by hhector
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El drama de los piratas somalíes.

Aprovechando la oferta de 3 euros en cines, esta noche aproveché para visitar uno de estos lugares que ha ido en detrimento por culpa de los precios excesivos. En el típico grupo de whatsapp, comentamos varios amigos y yo la película a ver, a lo que uno respondió “Capitan Phillips”, una película que esperaba fuera bélica pero no, trata sobre un tema muy distinto, un caso de piratería en las costas de Somalia basado en hechos reales. Ante esta temática aún actual, no lo dudé, y fuimos a verla, ignorando mi mente otras películas interesantes como Grand Piano.

Así pues, nos encaminamos al cine. Ya conociendo el contenido del guión andaba con la idea de que la película iba de unos piratas  hijos de puta  que abordan un barco mercante, en el cual hay una tripulación que va a sufrir los efectos de un secuestro: tener miedo, sufrir, temer por su vida… nada más lejos de la realidad, sin embargo, por otro lado, en lo que va desarrollándose la película, encontramos diferentes aspectos que pudieran hacernos cambiar de opinión frente al argumento principal de la película.

Hay momentos en los que los piratas muestran, a pesar de que van a lo que van, humanidad. Por ejemplo, encontramos uno en el que el capitán Phillips le pregunta a uno de los piratas, el más joven, que rondará de 16 a 20 años y que no hablaba inglés, si no tenía otras aspiraciones en la vida más que ser pescador o pirata, a lo que Muse, el, digamos, jefe del comando pirata responde que en América sí tendría otras aspiraciones, sin embargo, en Somalia el panorama es muy diferente. Y ésto es verdad, desde muy jóvenes los somalíes ven en la piratería una forma de supervivencia, ya que la pesca, en parte por culpa de los barcos internacionales, han acaparado de tal forma las aguas de este país que han terminado por reducir drásticamente las cantidades de pescado. Ante este hecho, montones de chicos toman las armas, montan en un barco y se disponen a subir a barcos extranjeros con el fin de conseguir la mayor cantidad de dinero posible, a cualquier precio, peligrando tanto su vida como la de los tripulantes de esos barco. Otro momento clave es cuando Muse le dice a Phillips que el año anterior atracó a un barco griego y le consiguió sacar seis millones de dólares, a lo que el capitán le pregunta que por qué está ahí si ha conseguido tal cantidad de dinero, a lo que, creo recordar, le responde indicando que “tiene jefes”, aunque no sé si es en otro momento cuando lo dice, pero siento que el mensaje intrínseco es el mismo. Pues bien, hablemos de estos jefes, que más que éso deberíamos llamarlos explotadores o aprovechados de la desgracia de unos cuantos. Está claro que la mayor cantidad del beneficio no va a ir a aquellos que abordan los barcos extranjeros y roban cuanto pueden, no, los máximos beneficiarios de la piratería no aparecen en escena nunca. Son los jefes de milicias, un entramado en la sombra que manda instrucciones a sus subordinados, que recibirán una miseria del botín comparado con lo que se llevan ellos, aun no manchándose las manos, estando tranquilamente en su casa y viviendo con la conciencia tranquila mientras sus “trabajadores” luchan por llevarse algo a la boca.

Por tanto, obviamente cualquier apropiación de lo indebido es un acto que comporta desprecio y malas caras por parte de la sociedad, pero sin embargo, no nos damos cuenta del trasfondo que tienen estos ataques, simplemente vemos a que unas personas de color  tienen una cultura inferior a la nuestra y además no tienen la capacidad de llevar a cabo empresas de mayor productividad y más oportunas para sus casos. En África millones de personas pasan hambre, sufren y a menudo no pueden acceder a las necesidades básicas, tanto alimentarias como de otro tipo, bebiendo a menudo aguas contaminadas y muriendo por enfermedades que en el primer mundo son minucias, sea el caso de un proceso gripal o una diarrea.Esas personas necesitan ganarse la vida de alguna forma dentro de las posibilidades que se le presentan,(que son pocas gracias a los diferentes colectivos que no quieren el desarrollo de las comunidades africanas) y cogerán el primer tren que pase por su estación, sea cual sea el destino, por hostil, por peligroso, da igual, si salen victoriosos serán respetados. Así, podemos decir que no pierden nada y ganan mucho. Por tanto, ante la necesidad, víboras sedientas de sangre convertida en dinero buscarán su satisfacción a costa de personas necesitadas, a través de su explotación, mal trato u otras técnicas horribles que se practican en este mundo. Esos hombres aceptarán cualquier oferta por mala que sea, ya que, cualquier situación es mejor que pasar hambre en el poblado y ver cómo su vida se desmorona sin poder hacer nada.  No exculpo a las personas que entran en este tipo de organizaciones, está mal, claro, pero sin embargo, del total de la culpa, ellos tienen un 10% de sus acciones.

Y bueno, sobre la película, no será recordada por ser uno de esos filmes impresionantes, no obstante, el tema de la película la hace interesante y un inspirado Tom Hanks, que encarna al capitán de barco Richard Phillips, interpreta magistralmente cada escena de la película, sin embargo, y aun basándose en hechos reales, parece ser que el señor Phillips no era tan bueno y heróico como lo pintan en la película. Os adjunto un enlace con un artículo del diario ABC, pero bueno, fuera de ésto, ¿en qué película no se ha ensalzado la figura del protagonista? Aunque fuera verdadera la bondad del mismo, siempre tendrá ese puntito que despierte la admiración del público.

Y bueno, terminando, sólo decir, en conclusión, que esta película, aun no pareciéndome relevante ni nada del otro mundo, me ha hecho pensar cosas que antes no me había parado a razonar, y es que, la piratería, al igual que muchos y muchos temas como las guerras civiles, la inmigración ilegal (y las mafias que engañan a las personas prometiendo que en Europa van a tenerlo todo), deben de ser conocidos por la sociedad en general. Me da que muchos de nosotros hablamos muy a la ligera de éstos sin saber lo que viven realmente los individuos involucrados. Todo es muy bonito al otro lado del charco, viendo las cosas a través de la televisión, los periódicos o la radio.

Ficha de la película en filmaffinity

Un espacio vacío

21 septiembre, 2013 by hhector | 0 comments

Nicolás era mi canario, un animal que nunca destacó por nada, pero que daba cierta alegría a esta casa. Vino como regalo después de que mi anterior canario se muriera por extrañas circunstancias en junio de 2006. Desde el principio el nuevo habitante era un pájaro inquieto que a menudo se estampaba contra las paredes de su jaula y que no paraba de aletear, significando ésto, además de sus reacciones, que era muy miedoso. De todos modos, apuntaba maneras; era un pájaro que a pesar de su poca práctica intentaba cantar a todas horas y que con el tiempo fue tomando desenvoltura hasta que consiguió entonar bonitas canciones, aunque, bueno, como todos los pájaros, era la misma canción entonada una y otra vez.  Hasta se marcó algún dueto con artistas y grupos como Mike & The Mechanics.

Sobre su comportamiento, Nicolás siempre fue un tanto bipolar, unas veces era un amor, otras se ponía de un capullo subido y se ponía a picar cualquier dedo que viera, de todos modos, si quería daba conversación y hasta parecía decir palabras como “guapo”, no de forma clara, a su manera (o por lo menos me lo parecía a mí).

Pasaron los años y Nicolás empezó a perder el brillo con el que apareció por primera vez. Era obvio que los años pasan más rápido en los animales que en las personas, pero el animal empezó a envejecer a sobremanera. Lo primero que hizo fue dejar de cantar, ¿por qué? no se sabe, pero no le dimos demasiada importancia, porque seguía con ese porte de canario alto y atlético que no paraba de moverse y de hacer ruido, tanto en el plástico de los palos como en el ambiente con sus píos sin razón. Sin embargo, su lustre lo empezó a perder con la última muda. El pobre pájaro se quedó sin alas, literalmente, ya que no tenía plumas en las misma y éso, sumado el descuido de no cortarle cuando convenía las uñas, hizo que entrara en una especie de depresión que le mantuvo en el fondo de la jaula durante varias semanas. Luego, ya dándome cuenta del error, pareció revivir y volvió a subir a los palos, desde junio hasta agosto, cuando en este último mes volvió a entrar en la depresión y a ponerse hecho una bola más de la cuenta.

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Me di cuenta de que Nicolás estaba en las últimas cuando lo ponía en los palos y se tambaleaba, aunque pudiera mantenerse durante un largo rato, pero cuando necesitaba comer se bajaba y ya no podía subir. Seguía siendo agradable, piaba como siempre lo había hecho y me miraba con el cariño y aprecio que siempre me había mostrado, como dueño que era. Sin embargo, ayer la continuidad que parecía tener su habitabilidad en el fondo de la jaula dio un vuelco. Nicolás no podía mantener la cabeza alta y poco a poco fue cayendo hasta que se quedó en el fondo de la jaula. No podía hacer nada, el canario ya cantaba su muerte inminente (valga el significado irónico) y finalmente nos dejó en la tarde de ayer, alrededor de las 17.45 a los 7 años y 5 meses.

Yo todavía no consigo hacerme a la idea de que ya no está, por lo menos mi subconsciente. Lo primero que he hecho al despertarme ha sido, sin querer, hacer lo que hacía todos los días: ir a la ventana en la que estaba Nicolás. Ahí le hablaba y según el estado de ánimo que tuviera el animal, me respondía de una forma u otra, aunque a veces no lo hiciera, pero bueno, no se lo tengo en cuenta. Hoy me ha dado cierta cosita darme cuenta de mi error y más ir a la cocina, donde encima de la lavadora está su jaula, aún sin limpiar. Sé que caeré en la misma trampa varias veces en los próximos días hasta que por fin me dé cuenta de que, donde antes había un animal, ahora lo único que hay es el banquito en el que se pasaba horas y horas mirando la calle.

Durmiendo

Es impresionante el cariño que se les coge a los animales. Forman parte de tu vida, de tu rutina y de tu familia, y una vez que se han ido dejan una gran ausencia, un espacio vacío, que obviamente se puede rellenar yendo al refugio y adoptando otro animalito y al tiempo dejar de lado la pena de que tu otra mascota ya no está. Sin embargo, muchos estaréis de acuerdo en que aquellos animales que han pasado mucho tiempo con nosotros son inolvidables, ya que esos ratos de diversión, esas anécdotas graciosas, esos momentos compartidos son demasiado para nosotros, forman parte de los momentos felices que hemos pasado, momentos que no volverán y cuyo recuerdo será vital para futuros acontecimientos, cuando sonriamos un poco menos o cuando nos preguntemos quiénes somos.

1 septiembre, 2013
by hhector
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Por el interés te quiero, Andrés.

Últimamente tengo muy abandonado el blog. Voy a publicar una entrada sobre una reflexión personal que me ha venido a la cabeza.

La sociedad en general tiene una manía muy curiosa basada en la utilización de los recursos que les son disponibles según su conveniencia. Es algo muy típico que podríamos indicar para montones de objetos, a saber móviles, ropa, comida… pero sin embargo, esta conveniencia trasciende de lo puramente material, afectando también a lo personal y significando algo más grave.

Para todos es sabido que en esta sociedad puedes ser alguien durante un tiempo pero más tarde no ser nada. Es el caso, por ejemplo del deporte, en el que los deportistas dejan de ser personas para convertirse en objetos utilizados por los equipos para llevar a cabo sus planes competitivos. Ficharán a los mejores jugadores posibles para intentar aspirar a lo más alto, a ganar un campeonato, y así ganar fama y dinero, sobre todo dinero. Obviamente, a cambio de un buen contrato, los equipos intentarán que los jugadores saquen lo mejor de sí mismos, consiguiendo explotar sus virtudes y aminorar sus defectos. Durante el tiempo que sean aprovechables les darán caña, más de lo que a lo mejor debieran, sin tener en cuenta que además de deportistas a sueldo son personas y que a la mínima pueden tener un problema, también llamado lesión (la siempre temida palabra lesión) y dar por finalizada su carrera. Llegados a ese momento, si la lesión no tuviera solución, el deporte les daría la espalda y la persona podría tomar montones de caminos, desde seguir con una vida más o menos normal, con un trabajo, una familia, etc, u otros caminos menos agradables y que no voy a enumerar, pero que han pasado, siendo ejemplos Robert Swift o Allen Iverson. Además, el papel de los deportistas como moneda de cambio es algo muy típico, por ejemplo en la NBA. Los traspasos entre equipos significa que ambos se ponen de acuerdo en darse, a partir de una oferta factible, efectivos para mejorar su plantilla o quitarse margen salarial para llevar a cabo sus objetivos. Así, da igual los años o el compromiso que tenga un jugador con un club, si molesta, será traspasado, despedido o amnistiado. El ejemplo más claro de compromiso con un club y traspaso a pesar de su historia es el de Paul Pierce y Kevin Garnett (además de Jason Terry) a los Nets. Pierce ha sido, desde el 98 el jugador franquicia de los Boston Celtics y en 2007/2008 formaría un ‘Big Three’ junto al nombrado Kevin Garnett y Ray Allen (actual jugador de los Miami Heat, ganador del anillo de este año y odiado por los Celtics por su cambio de aires). Los Celtics, con sus estrellas en plena decadencia (salvo Rajon Rondo, que este año se perdió la temporada por una lesión), necesitan una reconstrucción, y por tanto, éso pasa por dejar a un lado lo personal y traspasar a los efectivos molestos. Así es el deporte, un día eres el jugador franquicia de un equipo y al día siguiente eres una pieza prescindible. Y este párrafo sería utilizable igualmente con el mundo de los negocios usando términos diferentes, en vez de entrenamiento, formación; en vez de lesión, desgracia personal y la palabra despido quedaría como lo que es.

Pero fuera del ámbito deportivo o laboral también encontramos ejemplos de este tipo. En lo personal queda demostrado que mucha gente deja de lado lo colectivo y se centra en lo particular. Ésto es mirar siempre por las necesidades propias e ir a las personas necesarias para llevar a cabo sus necesidades. Así pues, una vez cumplidas, irán a otras personas para cumplir esas necesidades que van surgiendo durante el camino, pasando de las otras y haciendo ver a esas personas que pudieron ser amigas que era una amistad falsa, pura conveniencia, simple favor. Finalmente, lo único que quedarán serán algunos recuerdos aislados y podridos por lo que finalmente ha salido a la luz. También en el amor hay casos parecidos en el que chic@se aprovecha de chic@ aparentando cierta relación sentimental en la que se hace cualquier cosa por la persona con la que se está, pero al final resulta que un@ es manipulador y otr@ víctima, por lo que el/la segund@ termina como un pañuelo usado y no reciclado y el/la primer@ huye como una rata y pone el cebo a otra persona para que pique y caiga en la misma trampa.

Yo, personalmente no entiendo a esa gente que va de flor en flor sacando polen. Deportiva y laboralmente sí lo entiendo, ya que realmente es un negocio (aunque discrepe en la forma a la que a menudo se trata a los trabajadores/deportistas), pero en lo personal, no. Soy más de quedarme con lo que tengo, mis amig@s, por lo menos aquellas personas a las que puedo llamar así, ya que significan mucho para mí y aun no necesitando de su ayuda estaré ahí para todo y sé que seré igualmente correspondido. Igualmente, si se diera el caso del segundo aspecto nombrado en el párrafo, sería de la gente que da la mano y no la suelta jamás, porque así tiene que ser y porque si llevas a una persona a un escalón superior es porque vas a saber responder a lo que te pida y ella también.

De todos modos, es un mundo convenido y no lo vamos a cambiar. La gente es como es y va a actuar según hayan aprendido o juzguen como bueno. Es obvio que, igual que yo tomo como malo ésto, otras personas pueden pensar todo lo contrario y tomarlo como forma de vida, de hecho lo han hecho, lo hacen y lo harán.