
Como ya es sabido, en el 1609 se expulsó a los moriscos de los reinos de España lo que supuso un duro revés para la economía, sobre todo en la zona alicantina, ya que gran parte de la mano de obra agrícola y artesana fue expulsada dejando un gran número de tierras sin cultivar. Estas tierras pasaron a manos de los señores y de los cristianos viejos pero se necesitaba un gran número de individuos para cubrir el vacío poblacional, por lo que se recurrió a la inmigración. Es evidente la quiebra demográfica producida por la expulsión de los moriscos de tal forma que la población comarcal había menguado en un 45 por ciento. Los repobladores llegaron principalmente de otras localidades valencianas y en menor medida de territorios más lejanos.
No solo la expulsión de los moriscos supuso una reducción de la población de Castalla, también las desavenencias climáticas, las plagas o los terremotos acaecidos en la primera mitad del XVI con epicentro en Alcoy, mermaron la población castallense.

Además, hubo nuevos episodios de pestes entre los que destaca el de los años 1647 y 1652 que afectó con fuerza a las poblaciones de la comarca.
A pesar de las adversas circunstancias de la primera mitad de siglo, en el último cuarto de la centuria se produjo una evolución positiva de la población, aunque el crecimiento fuese moderado. Este incremento se puede apreciar en la construcción de nuevas casas, la roturación de nuevas tierras anteriormente abandonadas, la mejora de la infraestructura agraria, etc.
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