{"id":6,"date":"2019-07-08T14:09:34","date_gmt":"2019-07-08T14:09:34","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/historiaclima\/?page_id=6"},"modified":"2019-10-11T14:01:30","modified_gmt":"2019-10-11T14:01:30","slug":"propuesta-cientifica","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/historiaclima\/propuesta-cientifica\/","title":{"rendered":"Propuesta cient\u00edfica"},"content":{"rendered":"<p>El t\u00e9rmino <em>Peque\u00f1a Edad del Hielo<\/em> (PEH) fue empleado por vez primera en 1939 por el glaci\u00f3logo americano, nacido en Holanda, Fran\u00e7ois E. Matthes y lo hizo para referirse al ciclo clim\u00e1tico inmediato al momento m\u00e1s c\u00e1lido del Holoceno en el que se produjo un moderado avance de los glaciares en Sierra Nevada (California) (Matthes, 1939). Fij\u00f3 sus l\u00edmites temporales entre 1350 y 1880, dentro de una secuencia temporal en la que la sucesi\u00f3n de per\u00edodos fr\u00edos y c\u00e1lidos de corta duraci\u00f3n se remontaba a un milenio atr\u00e1s. La PEH se prolong\u00f3 durante algo m\u00e1s de cinco siglos y se caracteriz\u00f3 por una gran variabilidad, irregularidad y extremismo y, en general, un empeoramiento relativo de las condiciones clim\u00e1ticas que las gentes de la \u00e9poca notaron, sobre todo, por el descenso de las temperaturas y el incremento de las precipitaciones. Hay autores que defienden su comienzo en torno a 1300 y su final alrededor de 1850, lo cual vendr\u00eda a coincidir con los momentos en los que el hielo aument\u00f3 su presencia en Groenlandia durante los primeros a\u00f1os del siglo XIV y se extend\u00edan los glaciares alpinos. Otros estiman que el t\u00e9rmino PEH deber\u00eda limitarse al per\u00edodo comprendido entre los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XVII (<em>M\u00ednimo de Ma\u00fcnder<\/em>) y mediados del XIX, momentos en los que el fr\u00edo fue muy intenso, la cota de nieve baj\u00f3 en unos 100 metros respecto de los niveles actuales y en muchas partes del planeta (Alpes, Islandia, Andes, China o Nueva Zelanda) los glaciares avanzaron m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites actuales. La situaci\u00f3n remitir\u00eda en la segunda mitad del siglo XIX, tras un recalentamiento de origen antr\u00f3pico (tala de bosques y emisiones de CO<sub>2<\/sub> consecuencia de la Revoluci\u00f3n Industrial) que provoc\u00f3 el retroceso de los glaciares.<\/p>\n<p>Los mayores expertos en esta cuesti\u00f3n precisan que fue en el siglo XVI cuando realmente se produjo un deterioro notable de las condiciones t\u00e9rmicas as\u00ed como modificaciones en el comportamiento habitual de las precipitaciones (Lamb, 1972, 1988; Gribbin y Lamb, 1979; Bradley y Jones, 1992; Pfister, 1992). Como se ha indicado, las anomal\u00edas clim\u00e1ticas fueron perfectamente percibidas por los contempor\u00e1neos y dejaron constancia escrita de ellas en fuentes muy diversas, en las que resaltan los padecimientos por fr\u00edo, humedad, encadenamiento de malas cosechas e incremento de los precios del grano. Estas circunstancias influir\u00edan en los comportamientos demogr\u00e1ficos y dejar\u00edan profunda huella en el subconsciente colectivo (Bauerfeind y Woitek, 1999; Behringer, 1999; Grove y Rackham, 2001).<\/p>\n<p>Los estudios del grupo que encabeza el prof. Alberola Rom\u00e1 han puesto de manifiesto que la PEH dej\u00f3 su impronta en la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, al igual que sucedi\u00f3 en el continente europeo, en forma de empeoramiento de las condiciones clim\u00e1ticas, con un descenso significativo de las temperaturas y un aumento sustancial de las precipitaciones de rango extraordinario. (Alberola, 2014). Los siglos XVI y XVII fueron los m\u00e1s duros, sobre todo de 1660 a 1715 debido al influjo del denominado <em>M\u00ednimo de Ma\u00fcnder<\/em>. A partir de la tercera d\u00e9cada del XVIII se observa una suavizaci\u00f3n de las temperaturas que desaparece en los a\u00f1os sesenta de la centuria, momento en que descienden los valores termom\u00e9tricos y se incrementa la simultaneidad de hidrometeoros extremos (<em>Oscilaci\u00f3n Mald\u00e1<\/em>). Con la \u00faltima d\u00e9cada comienza una nueva recuperaci\u00f3n t\u00e9rmica que, con oscilaciones, se mantendr\u00e1 hasta los a\u00f1os treinta del siglo XIX. Inviernos suaves y veranos calurosos dominaron al comienzo del siglo en la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica y, salvo el crudo invierno de 1804, no hay constancia de grandes fr\u00edos ni nevadas extraordinarias exceptuando las de enero de 1806. A esta corta fase c\u00e1lida sigui\u00f3 una d\u00e9cada fr\u00eda entre 1809-1819 coincidente con la guerra y posguerra de Independencia. Entre 1820 y 1860 tuvo lugar la <em>Oscilaci\u00f3n Final<\/em> (1999), de caracter\u00edsticas muy similares a las de los siglos XVI y XVII; esto es: intensos fr\u00edos entre 1831 y 1840, incremento de las grandes nevadas y de las precipitaciones extraordinarias -sobre todo en los a\u00f1os 1838-1848- y un apreciable descenso de los per\u00edodos secos que, sin embargo, volver\u00edan a partir de 1880.<\/p>\n<p>Los resultados m\u00e1s recientes aportados por este grupo de investigaci\u00f3n, junto con los de otros que funcionan en las universidades del pa\u00eds, ponen de manifiesto la importancia que la variable clim\u00e1tica tiene en el an\u00e1lisis hist\u00f3rico. Una variable a la que debemos concederle la misma importancia que a las dem\u00e1s que vienen nutriendo y haciendo posible el progreso de la ciencia hist\u00f3rica. El \u201carchivo humano\u201d, en acertada expresi\u00f3n del profesor Christian Pfister, proporciona copiosa informaci\u00f3n de alt\u00edsimo valor cualitativo de la que extraemos los imprescindibles <em>proxy data<\/em> que permiten la cuantificaci\u00f3n y el estudio seriado de los diferentes sucesos. Luego est\u00e1 el otro archivo, el \u201cnatural\u201d, objetos de investigaci\u00f3n por parte de glaci\u00f3logos, dendrocron\u00f3logos, sediment\u00f3logos, f\u00edsicos, ge\u00f3logos, climat\u00f3logos, etc., mediante el empleo de un instrumental y t\u00e9cnicas caros y sofisticados. El estudio de los episodios de origen clim\u00e1tico, natural o biol\u00f3gico de rango extraordinario y de consecuencias catastr\u00f3ficas acaecidos durante siglos pasados \u2013en nuestro caso, los correspondientes a la Edad Moderna- ha despertado la atenci\u00f3n de los historiadores no s\u00f3lo por lo que significaron en s\u00ed mismos sino, sobre todo, por las calamidades que padecieron las sociedades del momento. Sociedades que quedaron inermes, sumidas en el caos y la destrucci\u00f3n; sin recursos econ\u00f3micos, dominadas por el miedo, a merced del hambre, las enfermedades y la muerte; desorganizadas durante un tiempo m\u00e1s o menos largo y reorganizadas, al cabo, gracias a las solidaridades m\u00e1s pr\u00f3ximas o a las ayudas exteriores procedentes de las diferentes instancias pol\u00edtico-administrativas y religiosas. Hay que insistir en un hecho singular: la abundante informaci\u00f3n manuscrita e impresa que estos acontecimientos generaban permite, a d\u00eda de hoy, conocer con detalle las circunstancias que concurrieron, el grado de afectaci\u00f3n en personas, bienes e infraestructuras as\u00ed como el antes y el despu\u00e9s de la realidad econ\u00f3mica y social de los territorios arrasados. Pero el an\u00e1lisis del desastre tambi\u00e9n nos conduce hacia otros campos no menos interesantes, como pueden ser las actitudes humanas frente al comportamiento de las fuerzas de la Naturaleza, el providencialismo o papel que se conced\u00eda a Dios en todo ello, los avances de la ciencia y de la t\u00e9cnica para hacer frente a la cat\u00e1strofe o intentar prevenirla, etc.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El t\u00e9rmino Peque\u00f1a Edad del Hielo (PEH) fue empleado por vez primera en 1939 por el glaci\u00f3logo americano, nacido en Holanda, Fran\u00e7ois E. 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