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Bienvenido al Blog de Jaime Alemañ Cano

 

 

 

 

 

 

 

 

“Sólo la tolerancia puede hacer soportable la sociedad”.

 

“Es una pasión muy terrible el orgullo que quiere forzar a los hombres a pensar como nosotros; pero, ¿no es una gran locura creer que se los trae a nuestros dogmas haciéndoles que se rebelen continuamente por las calumnias más atroces, persiguiéndoles, llevándoles a las galeras, a la horca, al potro y a la hoguera?”

(Tratado sobre la tolerancia -Voltaire-)

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MI ÚLTIMA PUBLICACIÓN, DEDICADA

 

A mis compañeros

Fernando Ballester Laguna,

Juan Ramón Rivera Sánchez y

Nancy Sirvent Hernández,

Catedráticos E.U. (Universidad de Alicante),

por su paciencia

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HE PUBLICADO UNA NUEVA MONOGRAFÍA:

                                                                 Actos preparatorios, prueba anticipada y medidas cautelares en el proceso laboral

 Libro

EN ESTA OCASIÓN CON UNA DEDICATORIA ESPECIAL:

                                                                                        A Ana M.ª Llorca López

                                                                                         Abogada, excelente profesora, que fue, de la                                                                                                                          Universidad de Alicante

                                                                                          Amiga, compañera.

                                                                                           La Dignidad sale victoriosa frente al servilismo y la docilidad

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DESDE MI CUEVA

 

El Club Bilderberg

 

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El determinismo social

 

 

      El minifundio gobernante está pretendiendo, y lo conseguirá,destruir las estructuras laboral y social actuales para crear una nueva organización acomodada a las exigencias  de quienes gobiernan. La cuestión es si tal pretensión queda focalizada en este Estado, o lo es, en cambio y además, en los denominados países occidentales, o también se extiende a nivel planetario.

 

     El modelo laboral y social anglosajón, de corte neoliberal, ha coexistido hasta hace unos pocos años (hasta el crac económico) con el modelo continental (resto de países) encasillado tradicionalmente este último como un sistema social y universalizado en cuanto a las prestaciones, garantías y reconocimientos tanto a la clase trabajadora como a aquellas personas objeto de una especial protección. Lógicamente, el mantenimiento del modelo occidental tiene un elevado coste el cual ha venido a sufragarse a través de diferentes vías según los países y los subsistemas acogidos por los mismos (los subsistemas germánico, escandinavo y el mediterráneo).

 

 

            El cambio producido en los últimos años en la economía mundial, supone ―no solo en términos legislativos, sino también en aspectos sociales― una aproximación progresiva del modelo continental al anglosajón bajo el paraguas de una gran excusa: la insuficiencia de recursos internos para satisfacer las necesidades otrora mantenidas a los dos sujetos principales y destinatarios de las políticas proteccionistas, los trabajadores y aquellos otros de singular amparo social.

 

            Aun con ser cierta y patente la crisis declarada a nivel mundial ―al menos en los países occidentales―, cabría plantearse la pregunta de si el cambio operado hacia economías neoliberales ha sido producto de la falta de control de los países afectados respecto de sus políticas económicas internas o (y además), ha sido dirigido de manera consciente ―y por quién― con el fin de propiciar el referido cambio.

 

            Los países afectados ―la mayor parte de ellos―, es bien cierto, han carecido de los mecanismos satisfactorios para controlar la banca doméstica desencadenante fundamental de la crisis actual. No obstante ello, no parece ser solo fruto de la imprudente ingeniería financiera de los Estados implicados, sino más bien creación metódica y exquisitamente perfilada por los mismos capaces de montar guerras “innecesarias” al margen de los propios Estados (alguien en su sano juicio cree a George W. Bush capaz de realizar un razonamiento coherente sobre cualquier tema?; ¿alguien, en consecuencia, y en su sano juicio, cree capaz a dicho expresidente de hacer algo por sí mismo incluida la decisión de la invasión de Irak bajo el pretexto  de la tenencia de armas de destrucción masiva?; ¿este personaje sabía dónde estaba Irak en el mapa? Y como los presidentes de los gobiernos vayan contra corriente, las consecuencias pueden llegar a ser terribles (J. F. Kennedy, Allende, Mahatma Gandhi, Olof Palme…); porque los Estados, por muy mal gestionados y peor gobernados que estén, no podrían llegar, sin quererlo, a la situación precaria en la cual se encuentran; es inconcebible.

 

            De la nueva situación creada ―o con claros visos de creación― no es ajeno, como es fácil colegir, el Estado español. Si bien, y sin parangón alguno, en España confluye un fenómeno añadido que ha permanecido en aparente letargo a lo largo de diferentes períodos dentro de las últimas seis décadas cual es la irrupción desmesurada de los tecnócratas  (los hijos y nietos de aquellos otros de los años sesenta y setenta del pasado siglo), penitentes numerarios y no numerarios, auténticos censores y productores de profundas modificaciones legislativas tendentes a recortar derechos sociales (constitucionales algunos de ellos), en pos ―se afirma eufemísticamente― de igualarse con otros países (del Magreb, probablemente).

 

            La situación, en conjunto, es irreversible a nivel mundial; pero a nivel mundial, en cambio, no se llegarán a orillar ―es de esperar― determinados derechos fundamentales reconocidos en tratados internacionales, principalmente. Sin embargo, no se augura un mismo fin en este país, donde el recorte de aquellos derechos empieza a sentirse en los «globos sonda» lanzados por determinados prebostes gubernamentales en momentos muy puntuales. Con ello, España tiende a convertirse en un país de economía africana, de ideología ultra conservadora y con un componente religioso extremista y fanatizado más propio del medievo (la reserva espiritual de Europa); ni tan siquiera Italia, en cuyo territorio duerme el leviatán desde los últimos dos mil años, es de radical tan rancio. La Inquisición ha aprovechado la crisis económica para reinstalarse en nuestras fronteras después de siglo y medio de su desaparición.

 

            La suerte, pues, está echada, y el determinismo social servido, y la cuestión debe trasladarse, como se ha insinuado al principio, en averiguar si la crisis padecida tiene o no envergadura planetaria. En este sentido, debe señalarse, por un lado, el sobresfuerzo realizado por algunos países emergentes (principalmente iberoamericanos), de los cuales bien podrían tomar nota algunos de los llamados «opulentos» del occidente nuestro de cada día. Por otro lado, debe resaltarse el modelo ideológico-antagónico seguido en China de tan buenos resultados: capitalista de cara al mercado exterior y a las empresas extranjeras ubicadas en su territorio, y comunista en el interior; mientras no exista democracia interna occidente nada habrá de temer. Y, finalmente, el África subsahariana, sobrexplotada y, paralelamente, apartada del progreso y del culto a las satisfacciones personales; conviene y mucho esta situación, es un banco de pruebas perfecto para tratar nuevas vacunas y armas bacteriológicas. En consecuencia, aunque pudiera salpicar a dichas tres regiones, en modo alguno puede afirmarse que, por el momento, la crisis actual haya alcanzado niveles planetarios, pues en gran medida ello no interesa o no ha sido pergeñado así en las cloacas de los Estados implicados en el cambio.

 

JAC

04/11/2012

 

Son como niños…

 

  

Estimados apóstatas de la política tradicional:

 

 

Lo rancio (en la acepción número 5 del Diccionario de autoridades)

 

y pueblerino (en la acepción número 2 del mismo Diccionario)  

 

vuelve a acampar en la derecha política de este país y en  

 

determinados medios de comunicación (tradicionales y de última  

 

generación) de la todavía existente ultraderecha (aunque algunos  

 

de sus honorables miembros vinieran de la ultraizquierda, ¡cómo  

 

son las cosas!; y algunos otros están más próximos a Dios que el  

 

 resto de los mortales, ¡qué suerte, siempre ha habido clases!).

 

 

 

Últimamente nos desayunamos con faisán empanado servido por

 

estos niños de la prensa de padrenuestro diario. Y es que en verdad

 

son como niños en alegre juego infantil, ¡qué divertido!, dirán los

 

que sesean, los que viven en las zonas nobles de las ciudades o en los

 

alrededores de las mismas, en parcelas de un par de centenares de

 

metros cuadrados, por lo menos, claro.

 

 

Estos niños toman la parte por el todo; ven una pluma y dicen que es

 

un faisán; ven una cinta de casete del grupo musical Mondragón, y

 

asocian ETA con el 11-M. En el fondo son niños, y como a tales hay

 

que tratarlos. Es decir, la credibilidad la justa menos un punto.

 

Juegan, están todo el día jugando. A lo que más les gusta jugar es a

 

los aviones, preparan la pista de aterrizaje para los jumbos del

 

Partido Popular y si no aterrizan bien, si se salen de la pista (léase

 

las dos últimas legislaturas) en lugar de ampliarla ametrallan al

 

partido y a sus integrantes (léase maricomplejines ―perdón señora

 

RAE, los niños no saben expresarse mejor―); y así se pasan la vida

 

hasta la nueva convocatoria electoral, ¡qué chicos estos!

 

 

 

Y ahora llega el momento, un nuevo momento de desprenderse de

 

las inmundicias en las urnas, y los niños a la carga, esta vez con

 

escopeta incluida por aquello de que pájaro que vuela… Y los

 

incondicionales (y los no tanto) de estos niños van y se creen todo lo

 

que dicen; ¡es que hay niños que son como Damien! Patético.

 

 

 

Miren ustedes estimados apóstatas de la política tradicional, un

 

servidor es anti- proyanqui, antiMerkel, antiCameron, antiSarkozy

 

y, por supuesto, antiBerlusconi, además de otros «anti-» que no

 

vienen a cuento en este lugar. Pues bien, a pesar de ello sí tengo

 

claro que los gobiernos regidos por tan singulares personajes

 

tienen servicios secretos que aunque como el nuestro a veces juegan

 

a ser Torrente; pero otras veces, en el silencio más absoluto,

 

negocian con ladrones de cuello blanco, con terroristas ―propios de

 

la tierra, como el vino, o radicales islamistas―, con traficantes de

 

armas y de drogas. ¿Para qué? Pues para conseguir otros fines

 

mayores; incluso me atrevo a decir que, en ocasiones, ni los propios

 

gobiernos se enteran de las negociaciones. ¿Qué gobierno que se

 

precie no ha pactado con un miembro cualquiera de un bildelberg

 

cualquiera para suministrar, por ejemplo, un fármaco que no sirve

 

para nada a millones de individuos a cambio de allanar el camino y

 

“adjudicarse” una mina en un país africano? Y de ello ¿quién se

 

entera? Y los amigos USA, ¿cuántas veces habrán utilizado el

 

llamado “plea bargaining” junto con la Ley Patriota por la que por

 

una puerta de la CIA entra a patadas un yihadista convencido, y por

 

la otra puerta sale el mismo yihadista más convencido que antes,

 

pero ahora libre, después de filtrar a los funcionarios de película

 

todo lo que sabe y algo más?

 

 

 

En fin, que los intelectuales de la ultraderecha son como niños.

 

Perdón, una duda: ¿hay intelectuales en la ultraderecha? No estoy

 

ironizando, de verdad, no sé la respuesta.

 

 

JAC

30-03-2011

 

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Plataforma de Iniciativas ciudadanas

 

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 CONSULTA AQUÍ EL CALENDARIO DE ACTIVIDADES

 

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NOTICIA   DECEPCIONANTE: LA REFORMA DEL PROCESO LABORAL

 

Estimado señor legislador:

 

Se ha equivocado usted con la reforma del proceso laboral. Este no es el marco oportuno, como se podrá reconocer, para elaborar una crítica de conjunto de la ley. Sin embargo sí resulta conveniente resaltar que el problema de la Administración de justicia no es ­―o no es solo― una cuestión de cambio o de modificación parcial de las leyes procesales.

 

 La obtención del proceso ideal, el proceso rápido y sin merma alguna de las garantías para el justiciable, es uno de los fines perseguidos por todo legislador en una sociedad democrática. El citado proceso ideal se alcanzaría, principalmente, de darse un conjunto de ineludibles medidas (exigencias). Entre tales medidas, caben destacar, por un lado, la realización de la práctica de la prueba de manera concentrada y en la fase decisoria del proceso. Por otro lado, mediante la eliminación de trámites y diligencias innecesarias a los fines del proceso. Finalmente, el proceso ideal se lograría a través de una mayor voluntad política a la hora de afrontar reformas tendentes a acortar los plazos, junto a una mayor dotación económica así como mediante una mejorable responsabilidad de la clase funcionarial capaz de mitigar, en la medida de lo posible, la excesiva burocratización de la actividad administrativa de los juzgados y tribunales.

 

Al hilo del último argumento esgrimido, dígame señor legislador, cómo es posible que juzgados (de cualquier orden jurisdiccional) con la misma carga de trabajo, unos estén colapsados con citaciones y emplazamientos para juicio oral a dos años vista, y otros, en cambio, prácticamente están al día. ¿Acaso en unos y otros juzgados no se aplican las mismas leyes procesales?

 

Señor legislador, existen otros modelos, otras fórmulas en nuestro entorno jurídico europeo que deberían tenerse en cuenta a la hora de reformar el proceso laboral (el título de la nueva ley prácticamente lo dice todo). La ley de procedimiento laboral fue, en su momento, vanguardista, pero a la luz de la ley adjetiva civil de 1881, no de la actual, y la actual ley se muestra crepuscular, insuficiente y, sobre todo, innecesaria por oportunismo político.

Ley 36/2011, de 10 de octubre, reguladora de la jurisdicción social.

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MAÑANA COMO HOY

(Un ensayo sobre el destino de la sociedad y el trabajo)

Jaime Alemañ Cano

 

 

ECU  (Editorial Club Universitario). Alicante, 2010.

 

 

 

El poder de los Estados ocultos, las alianzas con los neoconservadores y neoliberales, enfrentados, todos ellos, a la tolerancia y al sentido común. En este breve ensayo, se parte del modelo económico actual en relación con el modelo social. Se critican duramente ambos modelos y su afectación en el ámbito, principalmente, del Derecho del Trabajo y en parcelas tan importantes como el trabajador inmigrante, el futuro del trabajo de los menores, la flexibilidad y variabilidad de la jornada de trabajo, el desempleo, el papel de los sindicatos o el bienestar social. Se analiza, igualmente, el influjo de los nuevos embates de la economía y de la tecnología en dicha disciplina jurídica y los peligros que ello puede comportar. Todo ello desde una acerada crítica de dichos modelos y con firmes propuestas para un cambio radical en las políticas sociales. 

 

 

 

 

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