Joaquín De Juan

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Ese oscuro objeto de la docencia

En latín, docere significa enseñar y por consiguiente aprender. Para muchos docencia equivale a “proceso de enseñanza-aprendizaje”, en el que están implicados múltiples elementos como: competencias, contenidos, medios, métodos, evaluaciones, contextos y, sobre todo, las personas que intervienen en dicho proceso. Sobre la docencia, la crianza y el sexo, todos opinamos sin recato y con la petulante autoridad de avezados expertos. En el caso de la docencia, dale a un tonto la venia docendi, incluso con muchos tramos de investigación (que los hay) y veras los desaguisados que hace.

No se si por suerte o por desgracia la docencia está de moda en nuestro país. Dejando de lado los repetidos varapalos con los que la OCDE nos regala, en sus famosos informes PISA, y la práctica ausencia de nuestras universidades en el Ranking de las 100 más importantes del Mundo según el Instituto de Educación Superior de Shangai, podríamos decir que la docencia española no es está precisamente en la cresta de la ola. Respecto a la enseñanza secundaria, baste con recordar el revuelo montado alrededor de la famosa Educación Para la Ciudadanía, especialmente en la Comunidad Valenciana. Y que decir de la enseñanza universitaria con el confuso “Proceso de Bolonia” y la pretenciosa “Estrategia Universidad 2015”. Todo esto sin que todavía hayamos resuelto los problemas de la Universidad del 2010.

Sin embargo, la razón de este articulo no es criticar la docencia de nuestro país ni la inoperancia de los políticos y autoridades académicas implicadas en la misma. Mi objetivo es reflexionar sobre que razones profundas nos llevan a vivir obsesionados con los ranking y la excelencia mientras abandonamos, en manos de voraces predadores, la autoestima de muchas de las personas implicadas en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Dicho de otro modo, trato de desvelar, inspirado en el film de Buñuel, “Ese oscuro objeto del deseo” qué subyace en las convicciones pedagógicas de nuestra política educativa.

La docencia es como un enorme iceberg del cual tan solo nos fijamos en el ápice emergente en la superficie del mar (lo aparente) aunque, olvidada y sumergida se sitúa la mayor parte de la masa del iceburgo (lo oculto). La zona aparente de la docencia, a su vez, está formada por dos tipos de actividades: las cotidianas o “lo que es” (enseñar/aprender, reunirse, examinar, reunirse, aparcar en el trabajo, reunirse, etc.) y las normativas o “lo que debe ser” (lo que dicen el BOE, los estatutos, los reglamentos, las costumbres convertidas en ley, etc.). Habitualmente los políticos y las autoridades académicas pierden, y nos hacen perder, el tiempo organizando y reorganizando, sin freno, ambos tipos de actividades. Sin embargo, en las gélidas y profundas zonas de “lo oculto” es donde asientan las razones del éxito o fracaso de las instituciones docentes, donde radica ese oscuro objeto de la docencia.

¿Y cuales son esas razones profundas que permiten qué en esta España nuestra, la docencia siga siendo la asignatura pendiente? ¿A qué se debe que en los últimos 20 años hayamos cambiado cinco veces de planes de estudio universitarios y qué en los últimos cinco hayamos disfrutado de la dudosa eficiencia de cinco responsables de los Ministerios de Educación y Ciencia, de Educación, Política Social y Deporte y de Ciencia e Innovación. ¿A qué viene esa obsesión por los ranking y la excelencia, dejando de lado el día a día, mientras proliferan nefastos y ambiciosos predadores de secretarias de estado, vicerrectorados, decanatos y otras estructuras de poder, incluidas las truculentas agencias anecoideas?. En mi opinión, en la base de todo esto, en la zona oculta de la docencia, subyace un complejo sistema de creencias acerca del conocimiento que sustentan y condicionan las conductas docentes que observamos en el mundo de lo aparente, tanto de lo cotidiano como de lo normativo.

¿Y cuales son esas creencias que distorsionan e impiden el normal desarrollo de nuestra vida docente?. En esencia, tres tipos de concepciones sobre el conocimiento son las responsables: la concepción fisicalista, la concepción economicista y la procusteana. Para los fisicalistas, el conocimiento es entendido como un objeto físico (como un ladrillo, por ejemplo) de ahí que ocupe lugar, deba dividirse en lotes o paquetes (materias, módulos, temas, lecciones, competencias, etc.), sus variedades o fragmentos deban yuxtaponerse debido a la impenetrabilidad de su substancia, etc. Esto explica la necesidad voraz de más profesores, más aulas, más edificios, más campus, etc. La concepción economicista deriva de la anterior, o sea, de considerar el conocimiento como mercancía cuyo valor está ligado a su condición material (peso, longitud, duración, etc.). Finalmente, la concepción procusteana* recoge un abultado numero de creencias, estructuradas alrededor de valores excesivamente burocráticos, caracterizadas por su rigidez, conservadurismo, intolerancia y autoritarismo que llevan a la toma de decisiones alejadas de la racionalidad: organización milimétrica de planes de estudio, horarios, créditos, espacios, grupos, subgrupos, etc. Es decir a una neurótica actividad organizativa y punitiva de la docencia.

Tan solo una clara idea de lo que el conocimiento es, nos permitiría sacar a flote nuestros profundos prejuicios sobre el saber con el fin de reconocer los elementos de la cara oculta de la docencia. Solo de esta manera podremos organizar, de forma racional, la parte aparente, cotidiana y normativa del proceso de enseñanza-aprendizaje para que éste se convierta en una actividad placentera para todos y deje de ser ese objeto oscuro de deseos inconfesables. Dejo pues al lector la ardua tarea de buscar el significado claro de lo que el conocimiento es, al tiempo que me aplico en su búsqueda también**


*Sobrenombre de un mitológico personaje de la antigua Grecia, bandido, asaltante y posadero que acomodaba a sus clientes, cortándoles las piernas con un hacha, a los altos, y estirándoles las extremidades a los bajitos, para adaptarlos al lecho.

** Artículo publicado en el diario Información de Alicante el Martes 20 de abril de 2010 (http://www.diarioinformacion.com/opinion/2010/04/20/oscuro-objeto-docenciabr/1000644.html)