{"id":94,"date":"2011-06-08T18:50:10","date_gmt":"2011-06-08T17:50:10","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/jesuitascontrarreforma\/?p=94"},"modified":"2011-06-08T18:51:29","modified_gmt":"2011-06-08T17:51:29","slug":"dos-visiones-de-la-contrarreforma-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/jesuitascontrarreforma\/archives\/94","title":{"rendered":"Dos visiones de la contrarreforma (I)"},"content":{"rendered":"<p>\tTomando como objeto los libros de Martin D. W. Jones y Te\u00f3fanes Egido, se va a proceder a explicar <em>grosso modo<\/em> las dos posturas y las dos formas de hacer historia tanto de uno como de otro autor, por contener diferencias m\u00e1s que claras entre uno y otro.<\/p>\n<p>\tLa obra de Te\u00f3fanes Egido <em>Las claves de la reforma y la contrarreforma<\/em> est\u00e1 escrita con un estilo narrativo cl\u00e1sico, donde describe de forma factual lo que ocurri\u00f3 en el Concilio de Trento, as\u00ed como cuales fueron los instrumentos de la contrarreforma. Todo ello desde una perspectiva un tanto conservadora, ya que no encontramos en su explicaci\u00f3n ninguna hip\u00f3tesis que haga diferente su obra de otras muchas sobre este tema. De hecho, se podr\u00eda decir que el libro de Te\u00f3fanes Egido posee un tono literario, descriptivo y narrativo casi de enciclopedia, por lo que estamos, como se acaba de decir unas l\u00edneas m\u00e1s arriba, ante una obra de historia cl\u00e1sica y un tanto conservadora.<\/p>\n<p>\tLa de Martin D. W. Jones destaca por encontrarse en el polo opuesto a la de Te\u00f3fanes Egido. <em>La Contrarreforma. Religi\u00f3n y sociedad en la Europa moderna<\/em>, esa es la obra en cuesti\u00f3n, y bajo un t\u00edtulo que en \u00e9l ya se esconde cierta preocupaci\u00f3n por la sociedad, es decir, por \u2018lo social\u2019. Una de las primeras advertencias que hace el autor es que \u201csi la historia de la contrarreforma parec\u00eda esencialmente aburrida. Carente de \u2018glamour\u2019, de h\u00e9roes y de virtudes, cuarenta a\u00f1os de investigaci\u00f3n han cambiado por completo dicha impresi\u00f3n y han alterado substancialmente nuestra comprensi\u00f3n sobre algunos de los elementos claves de la Europa moderna. Aunque todav\u00eda queda mucho por aclarar, este libro tiene como objetivo mostrar algunos de los frutos m\u00e1s revolucionarios del trabajo realizado y presentar la nueva tesis que se desprende del mismo\u201d. Esta afirmaci\u00f3n ya es algo que le desmarca del anterior autor, que termina su introducci\u00f3n con las siguientes palabras: \u201cpor ello, y aunque haya su dosis de convencionalismo, como en todo intento de periodizaci\u00f3n del pasado, creemos que no es del todo desajustado relacionar el amplio y variado movimiento protestante surgido de Lutero con la Reforma, as\u00ed como la Contrarreforma con la caracter\u00edstica que identifica menos incorrectamente la vida, la acci\u00f3n y la reacci\u00f3n del otro frente, el de la Iglesia cat\u00f3lica.\u201d Como se puede observar en esta cita, el autor puede intuir que existe algo de riesgo en la comparaci\u00f3n entre la reforma y la contrarreforma, algo que muestra la naturaleza de la s\u00edntesis de Te\u00f3fanes Egido.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><em><strong>Repaso a los convencionalismos de la Contrarreforma<\/strong><\/em><\/p>\n<p>\tTe\u00f3fanes Egido pone como base de la contrarreforma el Concilio de Trento, que divide temporalmente en tres fases, como est\u00e1 globalmente aceptado: 1545-1547 (Paulo III), 1551-1552 (Julio III) y 1562-1563 (P\u00edo IV). Uno de los motivos principales por el cual se convoc\u00f3 este concilio era por la percepci\u00f3n entre los m\u00e1ximos representantes de la Iglesia Cat\u00f3lica de que se estaba produciendo una rotura en la unidad de la Iglesia, y que la cat\u00f3lica pod\u00eda salir perjudicada. Dado el problema, la Iglesia cat\u00f3lica toma decisiones que la hagan fuerte frente al protestantismo. Por lo tanto, ya no le interesar\u00eda tanto una reconciliaci\u00f3n con el protestantismo, sino simplemente defenderse ante lo que le puede hacer da\u00f1o. Por otro lado, el autor destaca que \u201cno deja de ser curioso que a la segunda fase del concilio de Trento asistieran los protestantes, aunque como meros espectadores.\u201d Hay que decir, que el lugar de Trento no convenci\u00f3 a muchos de los actores del concilio por ser zona imperial, por lo que se trasladar\u00eda posteriormente a Bolonia. Y es que, despu\u00e9s de la lectura de la obra que se va a tratar posteriormente, se tiene la perfecta percepci\u00f3n de que exist\u00eda competencia entre el papado y la monarqu\u00eda espa\u00f1ola de Felipe II, temiendo el primero al segundo por la naturaleza del propio imperio, que pudiera acabar acaparando el poder del papado.<\/p>\n<p>\tLas medidas m\u00e1s importantes y de car\u00e1cter doctrinario contrarreformista que se tomaron finalmente del concilio fueron las siguientes: incluyeron como inspirados los libros deuterocan\u00f3nicos (nombre que se da a aquellos libros, o parte de libros de la Sagrada Escritura, que desde su origen no fueron considerados como inspirados por todos, y que hoy son rechazados del canon de la Sagrada Escritura por los jud\u00edos y protestantes. La Iglesia Cat\u00f3lica, empero, los considera como verdadera y aut\u00e9ntica palabra de Dios, y han sido declarados como libros inspirados por los concilios de Trento y del Vaticano.); las Sagradas Escrituras ten\u00edan que estar escritas en lat\u00edn (latina Vulgata); y le dieron capital importancia a la misa y, adem\u00e1s, deb\u00eda ser en lat\u00edn (estas \u00faltimas medidas, l\u00f3gicamente se tomaron por el miedo que cre\u00f3 el protestantismo al traducir tanto el ritual cristiano como las sagradas escrituras al idioma vulgar, con lo que se corr\u00eda el riesgo de que gran parte de la sociedad pueda interpretar y \u201cmalinterpretar\u201d la Palabra a los ojos de la Iglesia m\u00e1s que a los ojos de Dios).<\/p>\n<p>          Por otra parte, el punto de mira de las reformas se puso en el clero, teniendo como objetivo principal extirpar el esc\u00e1ndalo de la acumulaci\u00f3n de bienes y dignificar la figura del obispo; en cuanto al clero secular, se resaltar\u00eda la importancia  del seminario para el p\u00e1rroco; y, por \u00faltimo, al clero regular -como monjas, frailes y monjes- se les exigi\u00f3 un retorno a los or\u00edgenes, rigor y clausura. Adem\u00e1s de todo ello, potenciaron el celibato y la virginidad, con lo que, aunque se oficializ\u00f3, el matrimonio queda en un segundo plano para Trento. Y la mentalidad deb\u00eda ser eminentemente clerical como r\u00e9plica al sacerdocio universal y a la negaci\u00f3n de los votos. El catolicismo acentu\u00f3 las penitencias, las peregrinaciones, la heroicidad de las virtudes, los milagros, la importancia de las indulgencias, las innumerables misas de los difuntos, el culto a la virgen, a los santos, a las reliquias, a las procesiones solemn\u00edsimas del corpus\u2026 Todo lo dicho tuvo su consiguiente \u201cexplosi\u00f3n pl\u00e1stica y desbordante que cristaliza en el barroco\u201d (Egido, 1991).<\/p>\n<p>          Por otro lado existen diferencias entre el proyecto contrarreformista y su ejecuci\u00f3n. Llevarlo a la pr\u00e1ctica depend\u00eda de los estados cat\u00f3licos: Italia, Portugal, Polonia y los pr\u00edncipes de la Alemania cat\u00f3lica no opusieron mayores resistencias. Felipe II lo promulg\u00f3 pronto pero con condiciones y en la Francia cristiana no fue ni recibido ni publicado oficialmente, por lo que es observable la irregularidad de su ejecuci\u00f3n en los diferentes estados.<\/p>\n<p><em><strong>Logros<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Te\u00f3fanes Egido nos hace una s\u00edntesis de los logros del proyecto tridentino poniendo el acento en los diferentes papas protagonistas. De esta forma nos dice que \u201cP\u00edo V (1566-1572) facilit\u00f3 el instrumento de la Contrarreforma con su Catecismo romano (1566) para p\u00e1rrocos [y] logr\u00f3 la uniformidad lit\u00fargica con el Breviario (1568).\u201d Otro de los logros ser\u00eda la reforma de la percepci\u00f3n del tiempo con el nuevo calendario (1582), m\u00e1s ajustado, y que, antes o despu\u00e9s ser\u00eda aceptado por los pa\u00edses de la antigua cristiandad. Nos habla de \u201cSixto V (1585-1590) [que] organiz\u00f3 la curia con la realidad ministerial de las quince Congregaciones duraderas; ampli\u00f3 el n\u00famero de cardenales [y] regul\u00f3 las visitas obligatorias de todos los obispos a Roma como manifestaci\u00f3n centralista y contra posibles episcopalismos desmedidos. Por sus construcciones arquitect\u00f3nicas, por la organizaci\u00f3n urbana renovada, por hacerla el centro de las miradas y peregrinaciones gigantescas, convirti\u00f3 a la capital del catolicismo en la m\u00e1s brillante ciudad de Europa, hecho que debe valorarse como signo de la fortaleza del Papa.\u201d De Clemente VIII (1592-1605), que \u201cofreci\u00f3 la versi\u00f3n autorizada de la Biblia, la Vulgata, convertida en referencia inevitable de textos, sermones, escritos y lecturas.\u201d Y termina diciendo: \u201chasta el control de los modelos de santidad se centraliz\u00f3 en Roma cuando Urbano VIII (1623-1644) regul\u00f3 minuciosamente los procesos de beatificaci\u00f3n y canonizaci\u00f3n.\u201d<\/p>\n<p>En el siguiente cap\u00edtulo se abordar\u00e1n los instrumentos de la contrarreforma en base al libro de Te\u00f3fanes Egido y se comenzar\u00e1 a analizar la obra de D. W. Jones.<\/p>\n<p>Las dos obras utilizadas para la redacci\u00f3n del art\u00edculo: <em>La Contrarreforma. Religi\u00f3n y sociedad en la Europa moderna.<\/em> D. W. Jones. Primera edici\u00f3n: 1995. Ediciones Akal: 2003. <em>Las claves de la reforma y la contrarreforma.<\/em> Te\u00f3fanes Egido. Primera edici\u00f3n: 1991. Editorial Planeta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tomando como objeto los libros de Martin D. W. 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