Dos Imperios, Una Monarquía

Rafael Valladares, Portugal y la Monarquía hispánica,1580-1668

El término España deriva del latín Hispania, expresión que bajo los romanos identificaba la totalidad de la Península Ibérica. A partir de la Edad Media, sin embargo, el fraccionamiento de este territorio en varias entidades conplió el uso de la palabra España. Para unos , ésta debía representar sólo una idea geográfica y cultural;para otros,una realidad política, esto es, un reino único y gobernado por un mismo monarca. La Historia dio la razón a ambas partes, pues mientras las coronas de Castilla, Aragón y Navarra terminaron por formar lo que hoy de denomina España, sin embargo una porción tan notable de la antigua Hiapania, conocida como Lusitania y luego como Portugal. quedó al margen de esta unión para constituir un país diferente.

Pero esto,no obstante,sólo aconteció definitivamente después de que tuviera lugar una de las experiencias más fascinantes de la Edad Moderna: la agregación de Portugal a la Monarquía Hispánica entre 1580 y 1640. Fue, por tanto, entre los siglos XVI Y XVII cuando se decidió si  España volvería a ser Hispania o únicamente una parte de ella. Preguntarse por qué sucedió así exige una gran atención. El destino de los pueblos existe sólo a mediada en la medida en que, si bien las condiciones pueden influir en la evolución de un país, también hay múltiples ejemplos de cómo los gobiernos pueden ignorar o modificar las circunstncias a las que se enfrentan. El caso portugués así lo demuestra: al inicio de la rebelión contra Felipe IV, en 1640, nadie sabía si Portugal lograría separarse del tronco hispánico, o que Cataluña, sublevada que llevaron a desenlaces tan dispares fueron muchas y muy complejas, pero entre otras debe entenderse que cuando Portugal entró en la Monarquía de Felipe II ya poseía una historia y tradiciones propias y un fabuloso imperio colonial repartido entre Asia, África y América. Y, también, una sociedad dividida y enfrentada. En consecuencia, el ensamblaje de aquellos imperios, el castellano y el portugués, en la Monarquía de los Austras,nunca resultó fácil. La suma de estos elementos, unos unificadores, otros disgregadores, ayuda a comprender por qué Portugal contribuyó a reconstruir la vieja Hispania en 1580 tanto como a deshacerla sesenta años después.


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