Las 95 Tesis

Con la publicación de Las 95 Tesis, Lutero no tenía la intención de realizar un ataque directo contra la Iglesia sino advertir frente a erróneas interpretaciones y malos usos de las indulgencias. De hecho, el mismo Lutero escribiría: “Mi finalidad es menos incriminar sus clamores (pues no los he oído) que destruir las imaginaciones erróneas que hacen nacer en el espíritu de sus auditores”. Para comenzar, es muy útil el resumen que Atkinson realiza de la obra. Las Tesis 1-4 muestran lo que es realmente la verdadera penitencia. El arrepentimiento no era esa transacción mercantil que proclamaba Tetzel sino un proceso interior y permanente de morir para uno mismo y surgir de nuevo en la rectitud al volverse por entero hacia Dios. Las Tesis 5-7 dicen que la Iglesia sólo podía perdonar los castigos que ella hubiera impuesto pero sólo Dios podía perdonar la culpa. Las Tesis 8-29 negaban el poder del Papa sobre el purgatorio y la validez de las indulgencias de los difuntos. Las Tesis 30-40 discutían las indulgencias para los vivos y lo relacionaban con el auténtico perdón que siempre tenía un creyente, al margen de que tuviera o no indulgencias. Las Tesis 41-52 comparaban las auténticas obras cristianas de piedad y amor con la pérdida de dinero en indulgencias para la reconstrucción de San Pedro. Las tesis 53-80 comparaban la predicación de la indulgencia con la predicación del Evangelio, que era obligación de la Iglesia, y esgrimían que los obispos, el clero y los teólogos tendrían que rendir cuentas por haber hecho esta situación injustificable. Las Tesis 81-91 sostenían la grave responsabilidad postural del Papa por esta situación. Por último, las últimas cuatro tesis evidenciaban la motivación religiosa de esta obra: enseñar a los cristianos que deben seguir a Cristo a través de un camino plagado de dificultades para salvarse.

Una indulgencia era un documento pontificio que ofrecía la remisión de parte de las penas que los pecadores tenían que padecer en el purgatorio. Lutero no negaba el valor como tal de las indulgencias pero sostenía que sólo servían para uso de los vivos, pues sólo tenían utilidad para redimir las penas impuestas por la Iglesia. Más aún, las indulgencias por sí solas no permitían al fiel librarse de la culpa de sus malas acciones dado que sólo Dios podía perdonar los pecados. La Tesis 6 dice: “El Papa no tiene poder para perdonar culpas, salvo declarando y confirmando que han sido perdonadas por Dios; o, sin duda, perdonando los casos a él reservados. Si no observa estas limitaciones, la culpa permanecerá”. Las indulgencias no tenían el poder de expiar los pecados de las almas del purgatorio, porque su estancia allí era un castigo impuesto por Dios. Éstas tenían sentido sólo en relación con las penitencias impuestas por la Iglesia pero respecto a la penitencia, la pena y el perdón de Dios, nada podían hacer.

Para el futuro reformador no existía una indulgencia que eliminara las consecuencias profundas del pecado, el miedo y la falta de amor a Dios y al prójimo, ya que únicamente el Evangelio podía evitarlas. Así aparece en la Tesis 62: “El verdadero tesoro de la Iglesia es el santo Evangelio de la gloria y la gracia de Dios”. La Iglesia sólo podía realizar una función auxiliar pero, en última instancia, sólo la Palabra de Dios materializada en las Escrituras podía aliviar la culpa del fiel, que era un asunto puramente individual. El hombre era en esencia pecador y ello le impedía obtener la salvación a ojos de Dios. La Iglesia al respecto no tenía poder para hacer nada, por muchas indulgencias que vendiera. El único medio disponible para Lutero eran las Sagradas Escrituras, la fe y, en consecuencia, el amor hacia el prójimo. Para Lutero, las buenas acciones respecto a las personas eran fruto de la fe del creyente, pese a que no sirvieran para obtener la salvación, ya que sólo por la fe el hombre podía ser salvado por Dios. De ahí infiere la Tesis 43: “Debe enseñarse a los cristianos que dar a los pobres y prestar a los necesitados es mejor obra que las indulgencias”. De este modo, una cuestión puramente religiosa adquiere un matiz de justicia social. Lutero llega a afirmar que las indulgencias entendidas tal como las predican sus vendedores no son más que un medio de la Iglesia para enriquecerse. La Tesis 66 dice: “Los tesoros de las indulgencias son redes con las que hoy se pescan hombres que poseen riquezas”. Por tanto, el autor carga contra el exceso de riquezas que posee la Iglesia, en detrimento de los más pobres, que la aparta de su verdadera función de predicación y de ayuda de los fieles.

Respecto al Papa, Lutero mantiene una posición ambigua. Por una parte, parece exculpar al Santo Padre de los abusos en la predicación de las indulgencias. En la Tesis 51 afirma: “Debe enseñarse a los cristianos que el Papa, como es su obligación, desearía dar sus propias riquezas a esos pobres hombres de quienes ciertos vendedores de indulgencias están desposeyendo de su dinero, y que con este propósito incluso vendería, si fuese necesario, la basílica de san Pedro”. Considera que los vendedores de bulas dan unas razones falsas y se amparan en el nombre del Santo Padre con el fin de enriquecer a la Jerarquía. Sin embargo, por otra parte, Lutero carga contra el Papado para ensalzar directamente a Cristo. Dice la Tesis 79: “Es una blasfemia decir que la cruz adornada con las armas papales es tan efectiva como la cruz de Cristo”. También condena los numerosos bienes materiales que posee la Santa Sede en la Tesis 86: “Las riquezas del Papa hoy día exceden con mucho a los bienes del más rico de los millonarios ¿Por qué entonces no puede construir la basílica de san Pedro con su propio dinero en vez de hacerlo con el dinero de los pobres?”. Fue precisamente la razón principal del éxito de esta obra entre los ciudadanos, dado que Lutero parecía ponerse del lado de los más débiles frente a la explotación económica que sufrían por parte de Roma. Un abuso que se nutría de la mayor mentira que se le podía decir a un creyente. Como dice la Tesis 24: “la mayor parte del pueblo es engañado por la promesa indiscriminada y liberal de la remisión de toda culpa”. Es este miedo el que explotaba la Iglesia para enriquecerse en nombre de Cristo.

La intención del doctor no era simplemente criticar la venta de indulgencias sino demostrar el sentido de la verdadera penitencia. El deseo de evadir el castigo inherente a la compra de indulgencias chocaba con cualquier concepto de arrepentimiento. El dolor, el sufrimiento y las pruebas eran un regalo de Dios que debía ser aceptado y no comprado. Servían de auténtico arrepentimiento y por ello tenían sentido en el Evangelio. Para el futuro reformador, el pecado debía ir seguido de la culpa, y ésta del arrepentimiento. Pero éste sólo tenía sentido si el creyente llevaba a cabo un proceso de contrición sincero. Dice la Tesis 36: “Todo cristiano que sienta una verdadera contrición obtiene la total remisión de sus culpas y penas sin necesidad de bulas de indulgencia”. Si la contrición no era sentida verdaderamente, no habría arrepentimiento, por lo que el creyente sería incapaz de expiar su pecado. La tesis central de la obra aparece indicada ya en la Tesis 1: “Nuestro Señor y Maestro Jesucristo, al decir ‘arrepentíos…’ [Mateo 4, 17] quiso decir que toda la vida de los creyentes debe ser un acto de arrepentimiento”. Toda la vida del creyente debía estar marcada por la penitencia pero el sentido dado a este concepto por la Iglesia era erróneo. Para Lutero, la auténtica penitencia debía ser un perpetuo amor al prójimo y una respuesta al amor de Dios, y no al miedo ante el infierno. Es decir, el cristiano debía ser consciente de que durante toda su vida tendría que resistir tanto a continuas tentaciones, como al miedo a la muerte y al infierno. Pero no debía temer por ello, pues es una imitación del camino de Cristo, y es esta la vía que lleva a la salvación. Como dice en la Tesis 95: “Hay que exhortar a los cristianos a que sigan a Cristo, su jefe, a través de los tormentos, de la muerte y del infierno, y a entrar en el cielo a través de muchas tribulaciones (Hechos, 14, 22) más bien que a descansar sobre la seguridad de una falsa paz”.

Por último, la acusación básica que Lutero hacía a la Iglesia era la de conferir a los pecadores una falsa seguridad respecto a su salvación. La Tesis 52 dice: “La confianza en la salvación por medio de cartas de indulgencia es vana, incluso si el funcionario que las vence o el mismísimo Papa ofreciesen sus almas como garantía”. Este arduo sendero, plagado de dudas y de tribulaciones, no podía ser eludido mediante el dinero. En la Tesis 82, Lutero cuestiona el poder del Papa para perdonar todo tipo de pecados y le critica por pretender intercambiar la salvación de los creyentes a cambio de dinero. Dice textualmente: “El Papa es demasiado cruel si, teniendo en efecto el poder de liberar a las almas del Purgatorio, no concede gratis a las almas que sufren lo que otorga por dinero a las almas privilegiadas…”. De este modo critica, no sólo la supuesta capacidad de la Iglesia de perdonar los pecados, sino su desmesurado afán de riquezas y de bienes materiales. Como dice en la Tesis 28: “Lo cierto es que cuando suena la moneda en la caja de la colecta, lo que aumenta es la usura y la avaricia; porque la intercesión de la Iglesia se halla únicamente en la voluntad de Dios”. La Iglesia, por tanto, no sólo abusaba de los creyentes para enriquecerse económicamente sino que hacía algo peor: les convencía de que mediante un pago económico determinado podían eludir las consecuencias de sus pecados, condenándoles a no hallar la salvación tras su muerte.

Imagen: Página Todo pensamiento cautivo: http://todopensamientocautivo.blogspot.com/2009/10/las-95-tesis.html

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