La exposición de Edward Hopper en el Museo Thyssen-Bornemisza conjuga lo mejor del pintor estadounidense y de sus coetáneos que supusieron una influencia para su característico arte de la soledad y el color.
Este verano, Madrid no tiene por qué ser solo un horno a 200 grados donde no se puede ni andar por la calle: los museos y centros culturales han preparado algunos eventos interesantes para combatir el calor. Entre otros el Museo Thyssen-Bornemisza que ha preparado una amplia retrospectiva del pintor estadounidense Hopper, aquel que mientras Europa se rendía a las vanguardias y a la abstracción, continuó pintando al ser humano y su entorno.

Pero de una manera muy distinta: a lo largo de su carrera, influido por pintores como Manet y Matisse en el color o Courbet en el realismo de su dibujo, pero sobre todo y fundamentalmente por la psicología de Goya, Hopper pintó la soledad de las grandes ciudades estadounidenses, los maravillosos paisajes norteamericanos llenos de almas solitarias y la deshumanización de la sociedad moderna además de la falta de comunicación entre los seres humanos.
En algunos casos se intuye a través de retratos de gente que no se mira ni se habla aún estando uno en frente del otro, en otros ni siquiera pinta la cara sino que la convierte en un borrón sin sentido, y en los retratos de más fuerza, los rostros aparecen sin ojos, vacíos de vida.
A ello se contrasta un color increíblemente conseguido, poderoso y brillante, como queriendo decir que por fuera, los Estados Unidos son resplandecientes, pero por dentro esconden más de un amargo secreto. Toda la exposición, a parte de dispuesta en salas amplias para contemplar los cuadros con espacio, está trufada de obras de contemporáneos de Hopper o de aquellos cuadros que pudieron influenciarle, como lienzos de Edgar Degas o de Walter Sickert.
No os la perdáis porque además de una gran exposición, viene aparejado un programa de proyecciones gratuitas de películas influidas por la estética Hopper, como “Psicosis” de Hitchcock, “Blue Velvet” de David Lynch o “El eclipse” de Antonioni.