La obra de las artistas sufre una paradoja, no se suelen sentir discriminadas en particular pero cuando suman las cifras de profesionales y expositores reconocen que es cierto que existe una desigualdad de género. «No creo que sea tan complicado exponer pero cuando luego ves las cifras, te das cuenta de que no son iguales», comenta Susana Guerrero.
La también profesora de Bellas Artes en la Universidad Miguel Hernández de Elche afirma que «a lo largo de mi vida no he sentido discriminación y he expuesto en un montón de sitios». Pero al ver los datos que recopilan los colectivos especializados, como Mujeres por las Artes Visuales, en los que se denuncia que la presencia del arte realizado por los hombres acapara en un 95% de media las colecciones de los museos, «asustan porque no pensaba que era tanta la diferencia». Como solución, Guerrero dice que «lo que hace falta es trabajar en conjunto».
El festival Miradas de Mujeres es una de estas iniciativas. Gracias a este encuentro, su obra se reúne con la de otras féminas en los centros artísticos alicantinos. Silvia Ponzoda, una de estas participantes, considera que lo que las une es que «todas llevamos en común dar voz a las mujeres». Su obra en concreto lo hace explícitamente al reunir en un documental a tres escritoras.
A través de la marroquí Janata Bennuna, la libanesa Hanan Al Sheykh y la egipcia Nawal Al Saadawi «quería mostrar ese otro lado que también existe de las mujeres en el mundo árabe que son luchadoras e intentan cambiar las cosas». Con Palabras de mujer consiguió huir del estereotipo que las retrata «como víctimas». La vigencia de su trabajo, grabado en 2004, hace que aún hoy circule por festivales, como lo hará el próximo mayo en el de arte y literatura de Beirut.
Ponzoda tenía claro que la premisa de la que partirían era que fueran personajes públicos, con un peso en su sociedad, de países diferentes y que escribieran en árabe, no en francés «pensadas para un público occidental».
Su interés por el mundo árabe procede de sus tiempos como estudiante de periodismo en el que se especializó en política internacional porque le atraía el desconocimiento de nuestra sociedad respecto a los vecinos del Magreb, «me parecía tremendo que estuvieran tan cerca y que hubieran tantos estereotipos».
Con una larga preproducción, Ponzoda recuerda ahora la evolución que vivió entre 2001 y 2004 en la zona, «la diferencia fue brutal». De los primeros viajes destaca las facilidades que encontró, «no tuve problemas para entrar en mezquitas, por ejemplo»; mientras que dos años después «la sociedad estaba más cerrada y noté como muchas más mujeres iban con velo». A pesar de eso, Ponzoda no quiere dejar de resaltar «que te das cuenta de que la vida es prácticamente igual en todas partes, más de lo que nos pensamos».
La terapia de Penélope
En el extranjero fue también donde Guerrero encontró la inspiración para sus obras. En De cómo crecieron las espinas, que exhibe en el hall de Las Cigarreras, se sumerge en la mitología mejicana. «México me ha inspirado para toda la vida», confiesa. Este trabajo parte de la influencia que causó en ella la Semana Santa de Taxco, «donde las ofrendas son más duras, más sangrientas».
En él habla de reinventar la mitología, «y me quedo con el concepto de ofrenda de dolor y sangre del penitente». Allí «todo es muy visual, muy violento», resume. Identificada plenamente con la actitud intensa de los fieles, empezó a seguir algunas de sus costumbres, como la recolección de espinas, «que se realizaba cerca de donde vivía». «Me gusta utilizar la carga de los materiales», indica, «por eso quería ir a ese monte, por lo simbólico, porque pienso que los materiales se cargan de estos procesos, aunque no se muestren y usarlos a modo de ritual». De las plantas extrae las espinas y las cose, «duele bastante pero no quiero dar la imagen de qué rico el dolor sino de hacer bien la ofrenda», y recuerda que sus amigos en Grecia lo recuerdan como la terapia de Penélope, «porque es como un ritual en el que entras en trance».
Ponzoda: «Me parecía tremendo que hubiera tantos estereotipos sobre la mujer árabe»
Guerrero: «No he sentido discriminación pero ver las diferentes cifras, asusta»