Escrito por David Brufal Selva el 18 de enero, 2012

Cuenta la leyenda que hace siglos se incendió una iglesia en la ciudad de Alicante, con gran alarma de los fieles ya que en su interior se guardaba una imagen muy venerada de la Virgen.  Ante el fragor de la llamas la imagen decidió salvarse de la quema, nunca mejor dicho, y resulta que fue a aterrizar, ante la sorpresa de un pastorcillo que por allí andaba, sobre la copa de un lidonero. El pastorcillo corrió a contarles a sus paisanos lo que había ocurrido y, por supuesto, nadie le creyó hasta que la virgen, para probar la realidad de su aparición, le dio el brazo que le faltaba (pues estamos hablando de un pastorcillo manco), evidencia ante la cual el pueblo no pudo resistirse.

 

Esta leyenda de Virgen viajera tuvo lugar en Agrés, un precioso pueblo de la sierra alicantina .Al fin y al cabo, si la misma Virgen lo eligió como destino final de su huída por algo será. El convento construido en el lugar en el que, según la leyenda que ya les he contado, la Virgen se apareció al pastorcillo manco. Es un lugar curioso, llamativo e interesante, no excepcionalmente bello, aunque sí tiene unas vistas hermosas y cuenta con una sala en la que se ofrecen a la Virgen pequeñas figuras de cera reproduciendo la parte del cuerpo por cuya sanación se ruega.