Este café se encuentra en una calle grande (con árboles en medio) pero solitaria. Todo son casas bajas y algunas están abandonadas. Cuando pasamos por delante, al instante una idea aterradora me abrumó: “Café, La Ley” -> La ley…¿de quién? Miré a mi alrededor y la sensación de que no hubiese nadie evolucionó a la de: nos están observando, no somos bienvenidos, no quieren forasteros en estos lares, saben que traen problemas… Así, como quien no quiere, nos vimos sumidos en una película sobre el oeste norteamericano en el siglo XIX y la verdad es que me quedé con las ganas de que me preguntasen qué había venido a hacer estando el banco arruinado…
Dirección: Calle Jorge Juan
Fecha: 5/12/2013

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