{"id":51,"date":"2010-03-15T15:34:59","date_gmt":"2010-03-15T15:34:59","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/niccolomachiavelli\/capitulos\/"},"modified":"2010-05-22T10:42:08","modified_gmt":"2010-05-22T10:42:08","slug":"capitulos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/niccolomachiavelli\/capitulos\/","title":{"rendered":"CAP\u00cdTULOS"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p style=\"text-align: center\">\n<p style=\"text-align: center\"><strong>Del cap\u00edtulo I al cap\u00edtulo XXVI<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: center\">\n<p style=\"text-align: center\"><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo I: Cu\u00e1ntas son las formas de principado y c\u00f3mo se adquieren (Quot genera principatum et quibus modis acquirantur).<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Maquiavelo hace una separaci\u00f3n entre estados: rep\u00fablicas o principados. Dentro de los principados tendr\u00edamos dos cauces, un principado heredado o nuevo. Los nuevos se adquieren porque nace el estado de la separaci\u00f3n de otro y ah\u00ed se da el principado, y en el caso de los hereditarios como su nombre indica por herencia familiar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo II: Los Principados hereditarios (Principatibus hereditaris).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se centra en los principados, la manera de conservaci\u00f3n y de gobierno que pueden tener. Por una parte se hace menci\u00f3n a los estados hereditarios, \u00e9l considera que son mucho m\u00e1s f\u00e1ciles de conservar que en el caso de los nuevos, porque tan s\u00f3lo tienen que seguir los pasos de su linaje y no alterar la ordenaci\u00f3n establecida por sus predecesores, as\u00ed evitar\u00e1 el nuevo pr\u00edncipe problemas con sus predecesores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo III: Los Principados mixtos (De Principatibus mixtis).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Maquiavelo en este cap\u00edtulo hace menci\u00f3n a los principados mixtos, es decir, un principado que no es completamente nuevo, sino una especie de ap\u00e9ndice a a\u00f1adido a un principado antiguo que se posee de antemano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por tal reuni\u00f3n se le llama principado mixto, cuyas incertidumbres dimanan de una dificultad, que es conforme con la naturaleza de todos los principados nuevos, y aqu\u00ed empieza la envidia y la disputa por el poder, a aquellos que lo ayudaron a llegar al poder tiene que corresponderles con alg\u00fan cargo p\u00fablico como en la actualidad, y de no hacerlos solo se generaran m\u00e1s conflictos y tendr\u00e1 m\u00e1s enemigos, al igual que los de oposici\u00f3n que se negaban a que llegara al poder.<br \/>\nAs\u00ed le ocurri\u00f3 al rey Luis XII que ocupando Mil\u00e1n f\u00e1cilmente la perdi\u00f3 al poco tiempo porque los ciudadanos vieron defraudada la imagen que ten\u00edan del Rey, as\u00ed como las esperanzas que hab\u00edan concebido para lo futuro, y no pod\u00edan soportar ya la contrariedad de poseer un nuevo pr\u00edncipe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Dichos Estados nuevamente adquiridos se re\u00fanen con un Estado ocupado hace mucho tiempo por el que los ha logrado, siendo unos y otro de la misma provincia, y hablando la misma lengua, o no sucede<br \/>\nas\u00ed. Cuando son de la primera especie, hay suma facilidad en conservarlos, especialmente si no est\u00e1n habituados a vivir libres en rep\u00fablica. Para poseerlos con seguridad basta haber extinguido la descendencia del pr\u00edncipe que reinaba en ellos, porque, en lo dem\u00e1s, respetando sus antiguos estatutos, y siendo all\u00ed las costumbres iguales a las del pueblo a que se juntan, permanecen ampliamente relacionados, como lo estuvieron Normand\u00eda, Breta\u00f1a, Borgo\u00f1a y Gascu\u00f1a, que fueron anexadas a Francia hace mucho tiempo. Aunque existan algunas diferencias de lenguaje, las costumbres se asemejan, y esas diversas provincias viven en buena armon\u00eda. En cuanto al que hace tales adquisiciones, si ha de conservarlas, necesita dos cosas: la primera, que se extinga el linaje del pr\u00edncipe que pose\u00eda dichos Estados; y la segunda, que el pr\u00edncipe nuevo no altere sus leyes, ni aumente los impuestos. Con ello, en tiempo brev\u00edsimo, los nuevos Estados pasar\u00e1n a formar un solo cuerpo con el antiguo suyo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por su ambici\u00f3n los pr\u00edncipes llegan a conquistar, se crea en ellos una idea de expansionismo y por lo cual empiezan a conquistar territorios para establecer posteriormente un orden p\u00fablico distinto al que ah\u00ed se contiene en las reglamentaciones originales del pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo IV: Por qu\u00e9 raz\u00f3n el reino de Dar\u00edo, conquistado por Alejandro no se rebel\u00f3 a sus sucesores una vez muerto este (Cur darii regnum quod Alexander occupa verat a successoribus suis post Alexandri mortem non defecit).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los sucesores de Alejandro conservaron los estados que este hab\u00eda conquistado debido a la inteligencia y ambici\u00f3n que mostraron. De dos modos son gobernados los principados conocidos. El primero consiste en serlo por su pr\u00edncipe asistido de otros individuos que, permaneciendo siempre como s\u00fabditos humildes al lado suyo, son admitidos, por gracia o por concesi\u00f3n, en clase de servidores, solamente para ayudarle a gobernar. El segundo modo como se gobierna se compone de un pr\u00edncipe,<br \/>\nasistido de barones, que encuentran su puesto en el Estado, no por la gracia o por la concesi\u00f3n del soberano, sino por la antig\u00fcedad de su familia. Estos mismos barones poseen Estados y s\u00fabditos que los reconocen por se\u00f1ores suyos, y les consagran espont\u00e1neamente su afecto. Y, en los primeros de estos Estados en que gobierna el mismo pr\u00edncipe con algunos ministros esclavos, tiene m\u00e1s autoridad, porque en su provincia no hay nadie que reconozca a otro m\u00e1s que a \u00e9l por superior y si se obedece a otro, no es por un particular afecto a su persona, sino solamente por ser ministro y empleado del monarca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un monarca absoluto que se refleja y ejemplifica con el sult\u00e1n de Turqu\u00eda y el rey de Francia, gobernados por un se\u00f1or \u00fanico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo V: C\u00f3mo hay que gobernar las ciudades o los principados que, antes de ser ocupados, viv\u00edan con sus propias leyes (Quomodo administranda sunt civitates vel principatus qui antequam occuparentur suis legibus vivebant).<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando el pr\u00edncipe quiere conservar aquellos Estados que estaban habituados a vivir con su legislaci\u00f3n propia y en r\u00e9gimen de rep\u00fablica, es preciso que abrace una de estas tres resoluciones: o arruinarlos, o ir a vivir en ellos, o dejar al pueblo con su c\u00f3digo tradicional, oblig\u00e1ndole a pagarle una contribuci\u00f3n anual y creando en el pa\u00eds un tribunal de corto n\u00famero de miembros, que cuide de consolidar all\u00ed su poder. Al establecer este consejo consultivo, el pr\u00edncipe, sabiendo que no puede subsistir sin su amistad y sin su dominaci\u00f3n, tiene el mayor inter\u00e9s de fomentar su autoridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo VI: Los Principados nuevos que se conquistan con los propios ej\u00e9rcitos y  la propia virtud (De Principatibus novis qui armis propiis et virtute  acquiruntur).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se refiere a los principados que nacen por obra de la iniciativa personal, cuando el pr\u00edncipe o monarca decide invadir un estado por uso de la fuerza armada, por el ej\u00e9rcito que constituye su naci\u00f3n, invaden a otros estados para establecer ah\u00ed otra reglamentaci\u00f3n y cambiar completamente el estilo de vida de la sociedad invadida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo VII: Los principados nuevos que se conquistan gracias a la suerte y a las armas de otros (De principatibus novis qui alienis armis et fortuna acquiruntur).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los que de particulares que eran se vieron elevados al principado por la sola fortuna, llegan a \u00e9l sin mucho trabajo, pero lo encuentran m\u00e1ximo para conservarlo en su poder. Elevados a \u00e9l como en alas y sin dificultad alguna, no bien lo han adquirido los obst\u00e1culos les cercan por todas partes. Esos pr\u00edncipes no consiguieron su Estado m\u00e1s que de uno u otro de estos dos modos: o compr\u00e1ndolo o haci\u00e9ndoselo dar por favor. Ejemplos de ambos casos ofrecieron entre los griegos, muchos pr\u00edncipes nombrados para las ciudades de la Iona y del Helesponto, en que Dar\u00edo crey\u00f3 que su propia gloria tanto como su propia seguridad le induc\u00eda a crear ese g\u00e9nero de pr\u00edncipes, y entre los romanos aquellos generales que sub\u00edan al Imperio por el arbitrio de corromper las tropas. Semejantes pr\u00edncipes no se apoyan en m\u00e1s fundamento que en la voluntad o en la suerte de los hombres que los exaltaron, cosas ambas muy variables y desprovistas de estabilidad en absoluto. Fuera de esto, no saben ni pueden mantenerse en<br \/>\ntales alturas.<br \/>\nNo saben, porque a menos de poseer un talento superior, no es veros\u00edmil que acierte a reinar bien quien ha vivido mucho tiempo en una condici\u00f3n privada, y no pueden, a causa de carecer de suficiente n\u00famero de soldados, con cuyo apego y con cuya fidelidad cuenten de una manera segura. Por otra parte, los Estados que se forman de repente, como todas aquellas producciones de la naturaleza que nacen con prontitud, no tienen las ra\u00edces y las adherencias que les son necesarias para consolidarse. El<br \/>\nprimer golpe de la adversidad los arruina, si, como ya insinu\u00e9, los pr\u00edncipes creados por improvisaci\u00f3n carecen de la energ\u00eda suficiente para conservar lo que puso en sus manos la fortuna, y si no se han proporcionado las mismas bases que los dem\u00e1s pr\u00edncipes se hab\u00edan formado, antes de serlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo VIII: De los que se han llegado al principado mediante  delitos (De his qui per scelera ad principatum per venere)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es aquel por el cual llegan al poder simples particulares, ascienden de una clase normal a una posici\u00f3n de pr\u00edncipe una posesi\u00f3n majestuosa<strong>.<\/strong> a la que llegara a trav\u00e9s de la corrupci\u00f3n y la traici\u00f3n a su pr\u00edncipe original. Por medio de la fuerza bruta (por maldades) por conspiraci\u00f3n por poder de liderazo en el ej\u00e9rcito como en los casos de Ag\u00e1tocles de Silicia y Oliverot de fermo, quienes por alguna circunstancia son due\u00f1os del poder y suben a el vali\u00e9ndose de actos sucios, traicioneros, malvados, traiciones con las que se adue\u00f1an de los pueblos y lo somete a su control.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XIX: El Principado civil (De principatu civili).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un particular llega a hacerse pr\u00edncipe, sin valerse de nefandos cr\u00edmenes, ni de intolerables violencias. Es cuando, con el auxilio de sus conciudadanos, llega a reinar en su patria. A este principado lo llamo civil. Para adquirirlo, no hay necesidad alguna de cuanto el valor o la fortuna pueden hacer sino m\u00e1s bien de cuanto una acertada astucia puede combinar. Pero nadie se eleva a esta soberan\u00eda sin el favor del pueblo o de los grandes. En toda ciudad existen dos inclinaciones diversas, una de las cuales proviene de que el pueblo desea no ser dominado y oprimido por los grandes, y la otra de que los grandes desean dominar y oprimir al pueblo. Del choque de ambas inclinaciones dimana una de estas tres cosas: o el establecimiento del principado, o el de la rep\u00fablica, y el de la licencia y la anarqu\u00eda. En cuanto al principado, su establecimiento se promueve por el pueblo o por los grandes, seg\u00fan que uno u otro de estos dos partidos tengan ocasi\u00f3n para ello. Si los grandes ven que no les es posible resistir al<br \/>\npueblo, comienzan por formar una gran reputaci\u00f3n a uno de ellos y, dirigiendo todas las miradas hacia \u00e9l, acaban por hacerle pr\u00edncipe, a fin de poder dar a la sombra de su soberan\u00eda, rienda suelta a sus deseos. El pueblo procede de igual manera con respecto a uno solo, si ve que no les es posible resistir a los grandes, a fin de que le proteja con su autoridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo X: C\u00f3mo hay que valorar las fuerzas de cada principado (Quomodo Onmium principatuum vires perpendi debeant).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los pr\u00edncipes deben sostenerse por s\u00ed mismos cuando tienen suficientes hombres y dinero para formar el correspondiente ej\u00e9rcito, con que presentar batalla a cualquiera que vaya a atacarlos, y necesitan de otros los que, no pudiendo salir a campa\u00f1a contra los enemigos, se encuentran obligados a encerrarse dentro de sus muros, y limitarse a defenderlos. Se habl\u00f3 ya del primer caso y a\u00fan se volver\u00e1 sobre \u00e9l,cuando se presente ocasi\u00f3n oportuna. En cuanto al segundo caso, no puedo menos de alentar a semejantes pr\u00edncipes a fortificar la ciudad de su residencia, sin inquietarse por las restantes del pa\u00eds. En la aplicaci\u00f3n de justicia se debe aplicar la fuerza para una mayor equidad y crear as\u00ed un mayor orden p\u00fablico para que los habitantes de principado puedan vivir en armon\u00eda con seguridad y tranquilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XI: Los Principados eclesi\u00e1stico (De Principatibus ecclesiasticis).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para la adquisici\u00f3n de este no se necesita gozar de buena posici\u00f3n ni de mucha fortuna, \u00fanicamente necesita de reconocimiento por su labor espiritual, con en el caso de los papas que ejerc\u00edan el poder por medio de la ideolog\u00eda y que por mas de mil a\u00f1os manipularon y dominaron los principados, les creaban a la poblaci\u00f3n un cierto temor divino y una sanci\u00f3n religiosa. Entonces se dice que hicieron su voluntad, papas que interven\u00edan en la pol\u00edtica de los principados como es el caso de Alejandro VI que dividi\u00f3 el<br \/>\nterritorio de las colonias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XII: Tipos de ej\u00e9rcito: los ej\u00e9rcitos mercenarios (Quot genera militiae et de mercenariis militibus).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las tropas se integran por gente que esta dispuesta a dar un servicio a su naci\u00f3n pero deb\u00edan de cuidarse de la sed de ambici\u00f3n sobre todo de los soldados mercenarios, puesto que son los que m\u00e1s tienen m\u00e1s deseos de Poder y podr\u00e1n en un futuro traicionar f\u00e1cilmente. Pero a la ves en la guerra son sanguinarios y no tienen compasi\u00f3n alguna por la vida humana, es entonces cuando pueden en batalla alcanzar un gran numero de victorias debido a esta raz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XIII: Los ej\u00e9rcitos auxiliares, mixtos y propios (De militibus auxiliaris mixtis).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los soldados mercenarios fueron los que constituyeron el ej\u00e9rcito franc\u00e9s cuando expulsan a los ingleses del territorio franco, que por m\u00e1s de 100 a\u00f1os hab\u00edan estado establecidos en Francia, la uni\u00f3n para la liberaci\u00f3n consto de que todos los pobladores de Francia formaron un gran ej\u00e9rcito con el que fueron derrotando poco a poco a los Ingleses hasta lograr que estos salieran de territorio franco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XIV: Deberes de un pr\u00edncipe frente al ej\u00e9rcito ( Quod pricipem deceat circa militiam).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El pr\u00edncipe no ha de tener otro objeto, ni abrigar otro prop\u00f3sito, ni cultivar otro arte, que el que ense\u00f1a, el orden y la disciplina de los ej\u00e9rcitos, porque es el \u00fanico que se espera ver ejercido por el que manda. La guerra se justifica en el prop\u00f3sito con el que se llevo a cabo, el pr\u00edncipe tiene que pensar la situaci\u00f3n de tal manera que solo declare la guerra en casos necesarios o de \u00ednteres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XV: Cualidades por las que los hombres, y especialmente los pr\u00edncipes, son loados o criticados (De his rebus quibus homines et praesertim principes laudantur aut vituperantur).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los pr\u00edncipes, por hallarse colocados a mayor altura que los dem\u00e1s, se distinguen por determinadas prendas personales, que provocan la alabanza o la censura. Seg\u00fan el inter\u00e9s con el que desempe\u00f1en la funci\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XVI: Liberalidad y parsimonia (De liberalitate et parsimonia)<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La liberalidad es con la que un hombre se conduce en la sociedad de una manera que empieza a formar ideales de justicia y libertad, equidad, por lo que la mayor\u00eda de los habitantes de los principados son miserables y un menor porcentaje son los due\u00f1os de poder, a lo que llamamos oligarqu\u00eda que es el poder de pocos en perjuicio de la gran mayor\u00eda. Cuando alguien ejerc\u00eda esta conducta deb\u00eda ser sumamente cuidadoso puesto que ese liberalismo atentaba contra el poder de los pr\u00edncipes quienes<br \/>\nejerc\u00edan un poder absoluto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XVII: Crueldad y humanidad: \u00bfEs mejor ser amado que ser temido, o viceversa? (De crudelitate et pietate et an sit melius amari vel timeri vel e contra).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al pr\u00edncipe no le conviene dejarse llevar por el temor de la infamia inherente a la crueldad, si necesita de ella para conservar unidos a sus gobernados e impedirles faltar a la fe que le deben, porque, con poqu\u00edsimos ejemplos de severidad, ser\u00e1 mucho m\u00e1s clemente que los que por lenidad excesiva toleran la producci\u00f3n de des\u00f3rdenes, acompa\u00f1ados de robos y de cr\u00edmenes, dado que estos horrores ofenden a todos los ciudadanos, mientras que los castigos que dimanan del jefe de la naci\u00f3n no ofenden m\u00e1s que a un particular. Por lo dem\u00e1s, a un pr\u00edncipe nuevo le es dificil\u00edsimo evitar la fama de cruel, a causa de que los Estados nuevos est\u00e1n llenos de peligros. Virgilio disculpa la inhumanidad del reinado de Dido, observando que su Estado era un Estado naciente, puesto que hace decir a aquella soberana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XVIII: De qu\u00e9 forma tiene que mantener su palabra un pr\u00edncipe (Quomodo a principibus sit servanda).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde que un pr\u00edncipe se ve en la precisi\u00f3n de obrar competentemente conforme a la \u00edndole de los brutos, los que ha de imitar son el le\u00f3n y la zorra, seg\u00fan los casos en que se encuentre. El ejemplo del le\u00f3n no basta, porque este animal no se preserva de los lazos, y la zorra sola no es suficiente, porque no puede librarse de los lobos. Es necesario, por consiguiente, ser zorra, para conocer los lazos, y le\u00f3n, para espantar a los lobos; pero los que toman por modelo al \u00faltimo animal no entienden sus intereses.<br \/>\nCuando un pr\u00edncipe dotado de prudencia advierte que su fidelidad a las promesas redunda en su perjuicio, y que los motivos que le determinaron a hacerlas no existen ya, ni puede, ni siquiera debe guardarlas, a no ser que consienta en perderse. Y obs\u00e9rvese que, si todos los hombres fuesen buenos, este precepto ser\u00eda detestable. Pero, como son malos, y no observar\u00edan su fe respecto del pr\u00edncipe, si de incumplirla se presentara la ocasi\u00f3n, tampoco el pr\u00edncipe est\u00e1 obligado a cumplir la suya, si a ello se viese forzado. Nunca faltan razones leg\u00edtimas a un pr\u00edncipe para cohonestar la inobservancia de sus promesas, inobservancia autorizada en alg\u00fan modo por infinidad de ejemplos demostrativos de que se han concluido muchos felices tratados de paz, y se han anulado muchos empe\u00f1os funestos, por la sola infidelidad de los pr\u00edncipes a su palabra. El que mejor supo obrar como zorra, tuvo mejor acierto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XIX: Como evitar el desprecio y el odio (De contemptu et odio fugiendo).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un pr\u00edncipe cae en el menosprecio cuando pasa por variable, ligero, afeminado, pusil\u00e1nime e irresoluto. Ponga, pues, sumo cuidado en preservarse de semejante reputaci\u00f3n como de un escollo, e ing\u00e9niese para que en sus actos se advierta constancia, gravedad, virilidad, valent\u00eda y decisi\u00f3n. Cuando pronuncie juicio sobre las tramas de sus s\u00fabditos, determ\u00ednese a que sea irrevocable su sentencia. Finalmente, es preciso que los mantenga en una tal opini\u00f3n de su perspicacia, que ninguno de ellos abrigue el pensamiento de enga\u00f1arle o de envolverle en intrigas. El pr\u00edncipe lograr\u00e1 esto, si es muy estimado, pues dif\u00edcilmente se conspira contra el que goza de mucha estimaci\u00f3n. Los extranjeros, por otra parte, no le atacan con gusto, con tal, empero, que sea un excelente pr\u00edncipe, y que le veneren sus gobernados. Dos cosas ha de temer el pr\u00edncipe son a saber: 1) en el interior de su Estado, alguna rebeli\u00f3n de sus s\u00fabditos; 2) en el exterior, un ataque de alguna potencia vecina. Se preservar\u00e1 del segundo temor con buenas armas, y, sobre todo, con buenas alianzas, que lograr\u00e1 siempre con buenas armas. Ahora bien: cuando los conflictos exteriores est\u00e1n obstruidos, lo est\u00e1n tambi\u00e9n los interiores, a menos que los haya provocado ya una conjura. Pero, aunque se manifestara exteriormente cualquier tempestad contra el pr\u00edncipe que interiormente tiene bien arreglados sus asuntos, si ha vivido seg\u00fan le he aconsejado, y si no le abandonan sus s\u00fabditos, resistir\u00e1 todos los ataques for\u00e1neos, como hemos visto que hizo Nabis, el rey lacedemonio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XX: Utilidad o inutilidad de las fortalezas y de muchas otras medidas que los pr\u00edncipes toman cotidianamente (An arces et multa alia quae cotidie a principibus fiunt utilia an inutilia sint).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando el pr\u00edncipe desarma a sus s\u00fabditos, empieza ofendi\u00e9ndoles, puesto que manifiesta que desconf\u00eda de ellos, y que les sospecha capaces de cobard\u00eda o de poca fidelidad. Una u otra de ambas opiniones que le supongan contra s\u00ed mismos engendrar\u00e1 el odio hacia \u00e9l en sus almas. Como no puede permanecer desarmado, est\u00e1 obligado a valerse de la tropa mercenaria, cuyos inconvenientes he dado a conocer. Pero, aunque esa tropa fuera buena, no puede serlo bastante para defender al pr\u00edncipe a la vez de los enemigos poderosos que tenga por de fuera, y de aquellos gobernados que le causen sobresalto en lo interior. Por esto, como ya dije, todo pr\u00edncipe nuevo en su soberan\u00eda nueva se form\u00f3 siempre una tropa suya. Nuestras historias presentan innumerables ejemplos de ello.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XXI: Que debe hacer un pr\u00edncipe para ser estimado (Quid prinicipem deceat ut egregius habeatur).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El pr\u00edncipe debe considerarse con una gran estimaci\u00f3n a un pr\u00edncipe que las grandes empresas y las acciones raras y maravillosas. De ello nos presenta nuestra edad un admirable ejemplo en Fernando V, rey de Arag\u00f3n y actualmente monarca de Espa\u00f1a. Podemos mirarle casi como a un pr\u00edncipe nuevo, porque, de rey d\u00e9bil que era, lleg\u00f3 a ser el primer monarca de la cristiandad, por su fama y por su gloria. Pues bien: si consideramos sus empresas las hallaremos todas sumamente grandes, y a\u00fan algunas nos parecer\u00e1n extraordinarias. Al comenzar a reinar, asalt\u00f3 el reino de Granada, y esta empresa sirvi\u00f3 de punto de partida a su grandeza. Por de contado, la hab\u00eda iniciado sin temor a hallar estorbos que se la obstruyesen, por cuanto su primer cuidado hab\u00eda sido tener ocupado en aquella guerra el \u00e1nimo de los nobles de Castilla. Haci\u00e9ndoles pensar incesantemente en ella, les distra\u00eda de cavilar y maquinar innovaciones durante ese tiempo, y por tal arte adquir\u00eda sobre ellos, sin que lo echasen de ver, mucho dominio, y se proporcionaba suma estimaci\u00f3n. Pudo en seguida, con el dinero de la Iglesia y de los pueblos, sostener ej\u00e9rcitos, y formarse, por medio de guerra tan larga, buenas tropas, lo que redund\u00f3 en pro de su celebridad como capit\u00e1n. Adem\u00e1s, alegando siempre el pretexto de la religi\u00f3n, para poder llevar a efecto mayores haza\u00f1as, recurri\u00f3 al expediente de una crueldad devota, y expuls\u00f3 a los moros de su reino, que qued\u00f3 as\u00ed libre de su presencia. No cabe imaginar nada m\u00e1s cruel y a la vez m\u00e1s extraordinario que lo que ejecut\u00f3 en ocasi\u00f3n semejante. Despu\u00e9s, bajo la misma capa de religi\u00f3n, se dirigi\u00f3 contra \u00c1frica, emprendi\u00f3 la conquista de Italia, y acaba de atacar recientemente a Francia. Concert\u00f3 de continuo grandes cosas, que llenaron de admiraci\u00f3n a sus pueblos, y que conservaron su esp\u00edritu preocupado por las consecuencias que pod\u00edan traer. Hasta hizo seguir unas empresas de otras de gran tama\u00f1o, que no dejaron tiempo a sus gobernados ni siquiera para respirar, cuanto menos para urdir trama alguna contra \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XXII: Los consejeros del pr\u00edncipe (De his quos a secretis principes habent).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para los pr\u00edncipes la buena elecci\u00f3n de sus ministros, los cuales buenos o malos, seg\u00fan la prudencia usada en dicha elecci\u00f3n. El primer juicio que formamos sobre un pr\u00edncipe y sobre sus dotes espirituales, no es m\u00e1s que una conjetura, pero lleva siempre por base la reputaci\u00f3n de los hombres de que se rodea. Si manifiestan suficiente capacidad y se muestran fieles al pr\u00edncipe tendremos a \u00e9ste por prudente puesto que supo conocerlos bien, y mantenerlos adictos a su persona. Si, por el contrario, re\u00fanen condiciones opuestas, formaremos sobre \u00e9l un juicio poco favorable, por haber comenzado su reinado con una grave falta, escogi\u00e9ndolos as\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XXIII: C\u00f3mo evitar a los aduladores (Quomodo adulatores sint fugiendi).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Si un pr\u00edncipe debe pedir consejos sobre todos los asuntos, no debe recibirlos cuando a sus consejeros les agrade, y hasta debe quitarles la gana de aconsejarle sobre negocio ninguno, a no ser que \u00e9l lo solicite. Pero debe con frecuencia, y sobre todos los negocios, o\u00edr pacientemente y sin desazonarse la verdad acerca de las preguntas que haya hecho, sin que motivo alguno de respeto sirva de estorbo para que se la digan. Los que piensan que un pr\u00edncipe, si se hace estimar por su prudencia, no la debe a s\u00ed mismo, sino a la sabidur\u00eda de los consejeros que le circundan, se enga\u00f1an en la mitad del justo precio. Para juzgar de esto hay una regla general, que nunca induce al error, y es que un pr\u00edncipe que no es prudente de suyo no puede aconsejarse bien, a menos que por casualidad dispusiera de un hombre excepcional y habil\u00edsimo que le gobernara en todo. Pero en tal caso la buena gobernaci\u00f3n del pr\u00edncipe no durar\u00eda mucho, porque su conductor se encargar\u00eda de quitarle en breve tiempo su Estado. En cuanto al pr\u00edncipe que consulta con muchos y que carece \u00e9l mismo de la prudencia necesaria no recibir\u00e1 jam\u00e1s pareceres que concuerden, no sabr\u00e1 corregirlos por si mismo ni aun echar\u00e1 de ver que cada uno de sus consejeros piensa en sus personales intereses nada m\u00e1s. No existe posibilidad de hallar dispuestos de otra manera a los ministros, porque los hombres son siempre malos, a no ser que se les obligue por la fuerza a ser buenos. De donde concluyo que conviene que los buenos consejos, de cualquier parte que vengan, dimanen, en definitiva, de la prudencia del propio pr\u00edncipe y que no se funden en si mismos<br \/>\ncomo tales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XXIV: Por qu\u00e9 los pr\u00edncipes de Italia han perdido sus reinos (Cur Italiae principes regnum amiserunt).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El pr\u00edncipe nuevo que siga con prudencia las reglas que acabo de exponer adquirir\u00e1 la consistencia de uno antiguo y alcanzar\u00e1 en muy poco tiempo m\u00e1s seguridad en su Estado que si llevara un siglo en posesi\u00f3n suya. Siendo un pr\u00edncipe nuevo mucho m\u00e1s cauto en sus acciones que otro hereditario, si lasjuzgan grandes y magn\u00e1nimas sus s\u00fabditos, se atrae mejor el afecto de \u00e9stos que un soberano de sangre inmemorial esclarecida, porque se ganan los hombres mucho menos con las cosas pasadas que con las presentes. Cuando hallan su provecho en \u00e9stas, a ellas se reducen, sin buscar nada en otra parte. Con mayor motivo abrazan la causa de un nuevo pr\u00edncipe o si \u00e9ste no cae en falta en lo restante de su conducta. As\u00ed obtendr\u00e1 una doble gloria: la de haber originado una soberan\u00eda y la de haberla corroborado y consolidado con buenas armas, buenas leyes, buenos ejemplos y buenos amigos. Obtendr\u00e1, por lo contrario, una doble afrenta el que, habiendo nacido pr\u00edncipe, haya perdido su Estado<br \/>\npor su poca prudencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XXV: Cu\u00e1l es el poder de la fortuna en las cosas humanas y c\u00f3mo hacerle frente.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Refiri\u00e9ndome ahora a casos m\u00e1s concretos, digo que cierto pr\u00edncipe que prosperaba ayer se encuentra ca\u00eddo hoy, sin que por ello haya cambiado de car\u00e1cter ni de cualidades. Esto dimana, a mi entender, de las causas que antes explan\u00e9 con extensi\u00f3n al insinuar que el pr\u00edncipe que no se apoya m\u00e1s que en la fortuna cae seg\u00fan que ella varia. Creo tambi\u00e9n que es dichoso aquel cuyo modo de proceder se halla en armon\u00eda con la \u00edndole de las circunstancias, y que no puede menos de ser desgraciado aquel cuya conducta est\u00e1 en discordancia con los tiempos. Se ve, en efecto, que los hombres, en las acciones que los conducen al fin que cada uno se propone, proceden diversamente; uno con circunspecci\u00f3n, otro con impetuosidad; uno con ma\u00f1a, otro con violencia; uno con paciente astucia, otro con contraria disposici\u00f3n; y cada uno, sin embargo, puede conseguir el mismo fin por medios tan diferentes. Se ve tambi\u00e9n que, de dos hombres moderados, uno logra su fin, otro no; y que dos hombres, uno ecu\u00e1nime, otro aturdido, logran igual acierto con dos expedientes distintos, pero an\u00e1logos a la diversidad de sus respectivos genios. Lo cual no proviene de otra cosa m\u00e1s que de la calidad de las circunstancias y de los tiempos, que concuerdan o no con su modo de obrar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Cap\u00edtulo XXVI: Exhortaci\u00f3n a tomar Italia y liberarla de los b\u00e1rbaros (Exhoratio ad capessendam Italiam in libertatemque a barbaris vindicandam).<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Fuera de estos socorros, sucesos extraordinarios y sin ejemplo parecen dirigidos patentemente por Dios mismo. El mar se abri\u00f3, la nube os mostr\u00f3 el camino, la pe\u00f1a abasteci\u00f3 de agua, el man\u00e1 cay\u00f3 del cielo. Todo concurre al acrecentamiento de vuestra grandeza, y lo dem\u00e1s debe ser obra propia vuestra. Dios no quiere hacerlo todo, para no privarnos de nuestro libre albedr\u00edo ni quitarnos una parte de la obra que en nuestro bien redundar\u00e1. No es sorprendente que hasta la hora de ahora ninguno de cuantos italianos he citado haya sido capaz de llevar a cumplido t\u00e9rmino lo que cabe esperar de vuestra esclarecida estirpe. Si en las numerosas revoluciones de nuestro pa\u00eds y en tantas maniobras guerreras pareci\u00f3 siempre que se hab\u00eda extinguido la antigua virtud militar de los italianos, proven\u00eda esto de que no eran buenas sus instituciones y de no haber nadie que supiera inventar otras nuevas. Nada honra tanto a un hombre reci\u00e9n elevado al dominio pol\u00edtico como las nuevas instituciones por \u00e9l ideadas, las cuales, si se basan en buenos fundamentos y llevan algo grande en s\u00ed mismas, le hacen digno de respeto y de admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\">\n<p style=\"text-align: left\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Del cap\u00edtulo I al cap\u00edtulo XXVI Cap\u00edtulo I: Cu\u00e1ntas son las formas de principado y c\u00f3mo se adquieren (Quot genera principatum et quibus modis acquirantur). Maquiavelo hace una separaci\u00f3n entre estados: rep\u00fablicas o principados. Dentro de los principados tendr\u00edamos dos cauces, un principado heredado o nuevo. 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