{"id":10,"date":"2021-09-29T04:18:37","date_gmt":"2021-09-29T04:18:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/obispadoorihuela\/?page_id=10"},"modified":"2021-09-29T04:30:50","modified_gmt":"2021-09-29T04:30:50","slug":"03-la-iglesia-oriolana-a-lo-largo-del-siglo-xiv-el-nacimiento-de-las-reivindicaciones-episcopales","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/obispadoorihuela\/03-la-iglesia-oriolana-a-lo-largo-del-siglo-xiv-el-nacimiento-de-las-reivindicaciones-episcopales\/","title":{"rendered":"03. La Iglesia oriolana a lo largo del siglo XIV: el nacimiento de las reivindicaciones episcopales"},"content":{"rendered":"<ol start=\"3\">\n<li><u> LA IGLESIA ORIOLANA A LO LARGO DEL SIGLO XIV: EL NACIMIENTO DE LAS REIVINDICACIONES EPISCOPALES.<\/u><\/li>\n<\/ol>\n<ol>\n<li><strong> El Se\u00f1or\u00edo del infante D. Fernando.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El obispo Magaz debi\u00f3 morir en 1302. Como sucesor fue electo D. Mart\u00edn, quien ci\u00f1\u00f3 la mitra cartaginense hasta 1311. El nuevo prelado destac\u00f3 por su natural belicoso. El suceso m\u00e1s destacado de su episcopado fue la conquista a los moros del castillo de Lubr\u00edn el 13 de marzo de 1309, porque facilit\u00f3 de modo notorio el desarrollo de las operaciones militares de los ej\u00e9rcitos cristianos contra los musulmanes. Contento con el logro del mitrado, Fernando IV le don\u00f3 la citada fortaleza, junto con la villa y el t\u00e9rmino de Lubr\u00edn. Y dos a\u00f1os despu\u00e9s, D. Mart\u00edn le plante\u00f3 al monarca castellano su permuta por los lugares de Alguazas y Alcantarilla, el Real de Monteagudo, y el solar del Palacio Episcopal<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>A principios de 1312 debi\u00f3 ocupar ya el sill\u00f3n episcopal cartaginense el nuevo mitrado, D. Juan Mu\u00f1oz de Hinojosa. Su tarea m\u00e1s rese\u00f1able fue la de restaurar la disciplina eclesi\u00e1stica en toda la di\u00f3cesis y, particularmente, en Orihuela y en la Catedral de Murcia. En 1315 reform\u00f3 las constituciones de Pedro Gallego, instaurando en esta \u00faltima iglesia seis dignidades, ocho canonj\u00edas y doce raciones eclesi\u00e1sticas. Hacia 1326 \u00f3 1327 fue promovido al obispado de Calahorra<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, en 1317 se produjo un acontecimiento que pudo variar la situaci\u00f3n eclesi\u00e1stica de las tierras meridionales del Reino de Valencia. El 22 de noviembre de dicho a\u00f1o, Jaime II propuso al papa Juan XXII la erecci\u00f3n de un nuevo obispado con sede en J\u00e1tiva que tuviese como di\u00f3cesis los citados territorios<sup>3<\/sup>, pero el proyecto no prosper\u00f3. Como vemos, Orihuela no fue la primera poblaci\u00f3n elegida por la Corona aragonesa para ser la sede episcopal de la pretendida di\u00f3cesis. No obstante, tras este fracaso inicial, y pese a que J\u00e1tiva mantuvo sus aspiraciones episcopales, las futuras solicitudes de los reyes aragoneses a la Sede Apost\u00f3lica ya s\u00ed fueron encaminadas hacia la consecuci\u00f3n del t\u00edtulo episcopal para el <em>oppidum<\/em> del Bajo Segura.<\/p>\n<p>Coincidiendo pr\u00e1cticamente con el nombramiento del maestro Pedro Barroso como nuevo obispo de Cartagena<sup>4<\/sup>, Jaime II falleci\u00f3 el 2 de noviembre de 1327<sup>5<\/sup>. Le sucedi\u00f3 su hijo, Alfonso IV el <em>Benigno<\/em>, tras renunciar en su favor el primog\u00e9nito, su hermano Juan, para profesar en la orden militar de San Juan de Jerusal\u00e9n. Alfonso, viudo de D\u00aa. Teresa de Entenza y de Antill\u00f3n, contrajo segundas nupcias con D\u00aa. Leonor de Castilla. \u00c9sta sigui\u00f3 una pol\u00edtica \u00ab<em>farnesiana<\/em>\u00bb, intentando conseguir privilegios para sus hijos en perjuicio del heredero al trono, el que m\u00e1s tarde ser\u00eda Pedro IV el <em>Ceremonioso<\/em><sup>6<\/sup>. Al primero de ellos, el infante D. Fernando, el rey le don\u00f3, por real privilegio dado en Valencia el 28 de diciembre de 1328, las poblaciones de Tortosa, Albarrac\u00edn, Orihuela, Callosa de Segura, Guardamar, Alicante, Monforte del Cid, Elda, Novelda, La Mola y Aspe, cre\u00e1ndose as\u00ed el <em>Se\u00f1or\u00edo de Orihuela<\/em><sup>7<\/sup>.<\/p>\n<p>De las tierras del Reino de Valencia <em>ultra Sexonam<\/em> \u00fanicamente quedaron fuera de los dominios de D. Fernando los se\u00f1or\u00edos de Crevillente y de Elche, que fueron concedidos al infante D. Ram\u00f3n Berenguer -tercer hijo de Jaime II-, y el de Villena, que pertenec\u00eda a D. Juan Manuel -yerno del citado monarca e ilustre literato-<sup>8<\/sup>.<\/p>\n<p>Durante la minor\u00eda de edad de D. Fernando (1329-1346), la nueva entidad territorial fue gobernada por su madre, D\u00aa. Leonor, que hizo algunas concesiones a la villa de Orihuela con el prop\u00f3sito de ganarse el afecto de sus habitantes.<\/p>\n<p>El 24 de enero de 1336 falleci\u00f3 en Barcelona Alfonso IV, y le sucedi\u00f3 su hijo Pedro IV el <em>Ceremonioso<\/em>. Y poco despu\u00e9s, el a\u00f1o siguiente, el obispo D. Pedro Barroso dej\u00f3 la mitra cartaginense en posesi\u00f3n de D. Pedro Pe\u00f1aranda, tesorero real y afamado cortesano. El nuevo prelado destac\u00f3 por emprender nuevas obras en la Catedral y por organizar dos s\u00ednodos, en 1341 y 1344<sup>9<\/sup>.<\/p>\n<p>En 1346, D. Fernando celebr\u00f3 la mayor\u00eda de edad haci\u00e9ndose cargo personalmente del gobierno de su Se\u00f1or\u00edo. Y lo hizo desplegando una intensa actividad legislativa, confirmando a la villa sus antiguos privilegios reales, y otorg\u00e1ndole nuevas concesiones. Y en poco tiempo, instaur\u00f3 un aut\u00e9ntico r\u00e9gimen se\u00f1orial, subordinando a sus propios intereses los de Orihuela y las dem\u00e1s localidades de sus dominios.<\/p>\n<p>Por ello, los a\u00f1os siguientes no fueron a\u00f1os tranquilos para los territorios del Se\u00f1or\u00edo. D. Fernando los indujo a participar en todas sus campa\u00f1as belicosas, tanto contra su hermanastro, Pedro IV el <em>Ceremonioso<\/em>, en un primer momento, como contra Pedro I el <em>Cruel<\/em>, rey de Castilla, en la guerra que enfrent\u00f3 a ambos monarcas.<\/p>\n<p>Los primeros roces de la Iglesia oriolana con Murcia que hemos logrado constatar tuvieron lugar durante el episcopado de D. Alfonso de Vargas, quien sucedi\u00f3 a D. Pedro Pe\u00f1aranda al frente de la mitra cartaginense hacia 1351. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1353, el racional del infante, Jaime Maestre, utiliz\u00f3 el dinero procedente de unos censales, que hab\u00eda de ser destinado a diferentes usos eclesi\u00e1sticos (para la compra de cirios y el mantenimiento de las l\u00e1mparas, para la dotaci\u00f3n de las capellan\u00edas, y para diversas obras p\u00edas), con el fin de cobrarse 5.000 sueldos que la iglesia oriolana deb\u00eda a D. Fernando \u00ab<em>por amortizaciones<\/em>\u00bb, esto es, en concepto de un canon que ten\u00edan que pagar las instituciones y comunidades religiosas para poder adquirir bienes ra\u00edces<sup>10<\/sup>.<\/p>\n<p>Enterado del suceso, el arcipreste del Salvador, Jaime Boadilla, present\u00f3 una protesta ante el justicia y los jurados de la villa. \u00c9stos declararon no tener jurisdicci\u00f3n sobre el racional. Y, ofuscada con la respuesta de los mun\u00edcipes, la clerec\u00eda elev\u00f3 una queja el obispo Vargas quien, tras analizar el cariz de la situaci\u00f3n, lanz\u00f3 contra Orihuela el que ser\u00eda el primero de una larga serie de entredichos que contra ella ser\u00edan fulminados a lo largo del tiempo de dependencia de los prelados cartaginenses. El per\u00edodo de irregularidad espiritual dur\u00f3 poco, pues la diligente intervenci\u00f3n del baile general, Juan Xim\u00e9nez de Perencisa, consigui\u00f3 que el provisor del obispado, Juan Mart\u00ednez de Canales, alzara la censura.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Ernesto Gisbert, este suceso \u00ab<em>hizo surgir en la mente de los oriolanos la idea de obtener su separaci\u00f3n de la di\u00f3cesis de Cartagena: no se daban por contentos con alcanzar un vicariato que conociera de sus causas y negocios con independencia de la autoridad eclesi\u00e1stica de Murcia, e instaron e impetraron la erecci\u00f3n de un obispo<\/em>\u00bb<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>Seg\u00fan nuestro modesto entender, el comentario del buen historiador oriolano no deja de ser algo exagerado. No creemos que un incidente de esta \u00edndole -un entredicho no muy prolongado-, por muy grave o inc\u00f3modo que pudiese resultar a nivel espiritual, pudiese enfrentar a la villa con el obispo hasta el grado de hacer germinar en ella el deseo independentista. En nuestra opini\u00f3n, ese sentimiento fue surgiendo de un modo m\u00e1s progresivo, con la end\u00e9mica sucesi\u00f3n de censuras. Apoyamos este parecer, adem\u00e1s, en un hecho que relata Vidal Tur, y que muestra que en 1353, las relaciones entre los oficiales y el <em>Consell<\/em> de la villa del Bajo Segura, y el mitrado cartaginense eran m\u00e1s bien amigables.<\/p>\n<p>Dicho a\u00f1o, los habitantes de Orihuela y Murcia se indispusieron entre s\u00ed hasta tal punto que fueron cortadas las comunicaciones entre ambas localidades, en franco detrimento de sus respectivos intereses comerciales. Gracias a la mediaci\u00f3n de Vargas, procuradores de ambas poblaciones se entrevistaron en el Cabeza de Santomera, aunque no llegaron a ning\u00fan acuerdo. Por ello, el propio prelado tuvo que tomar otra iniciativa, mucho m\u00e1s audaz. Decidi\u00f3 presentarse personalmente en Orihuela, entrando por la puerta de Murcia, que llevaba cerrada varios a\u00f1os. Y con su temple, su habilidad diplom\u00e1tica y sus deseos de paz logr\u00f3 la reconciliaci\u00f3n de los rivales, con gran satisfacci\u00f3n popular<sup>12<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, poco despu\u00e9s estall\u00f3 la Guerra de los dos Pedros<sup>13<\/sup>, y es en el marco de dicho conflicto donde hallamos el primer rompimiento abierto de Orihuela con el supraescrito obispo de Cartagena.<\/p>\n<p>Con motivo del enfrentamiento castellano-aragon\u00e9s, el prelado dej\u00f3 de prestar la atenci\u00f3n debida a la parte de su di\u00f3cesis perteneciente al Reino de Valencia. Ello lo podemos colegir de los siguientes acontecimientos.<\/p>\n<p>En 1357, la radicalizaci\u00f3n del conflicto oblig\u00f3 a la Santa Sede a enviar un emisario a la Pen\u00ednsula para tratar de lograr la paz entre los contendientes. La insistente intercesi\u00f3n del nuncio pontificio, Guillermo de La Jugue, sirvi\u00f3 para que el 10 de mayo de dicho a\u00f1o los dos Pedros comenzaran a negociar. La primera cuesti\u00f3n que puso Pedro I el <em>Cruel<\/em> sobre el tapete fue la cuesti\u00f3n de la pertenencia a la Corona de Arag\u00f3n de las tierras incorporadas a ella como consecuencia de los acuerdos arbitrales de Torrellas y Elche, a principios de siglo. Y con intereses revisionistas, reclam\u00f3 su vuelta a la soberan\u00eda castellana. Aunque obviamente no se lleg\u00f3 a un acuerdo sobre este tema, ambos monarcas firmaron una tregua, que habr\u00edan de respetar hasta el d\u00eda de San Juan de 1358. No obstante el rey de Castilla incumpli\u00f3 las cl\u00e1usulas del pacto, y el nuncio apost\u00f3lico lo excomulg\u00f3 el 26 de junio. El armisticio se dio por concluido y ambas potencias quedaron a la espera del reinicio de las hostilidades<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<p>En Orihuela, todos estos eventos se vivieron con una gran tensi\u00f3n. El 21 de agosto de 1357, el <em>Consell<\/em> escribi\u00f3 al obispo Vargas inst\u00e1ndole a que diese orden para que se terminase la obra de la iglesia del Salvador, pues estaba \u00ab<em>todo el templo descubierto a las injurias del cielo, sol, aire y lluvia, y no se pod\u00edan celebrar en ella los divinos oficios<\/em>\u00bb. Asimismo, en el comunicado le notificaron que si no se encargaba de concluirla, los propios mun\u00edcipes se la encomendar\u00edan a otros maestros, porque no pod\u00edan permitir que la arciprestal continuase en tan penoso estado por m\u00e1s tiempo \u00ab<em>com sia gran minua y deshonra nostra y no poca vostra<\/em>\u00bb<sup>15<\/sup>.<\/p>\n<ol>\n<li>Alfonso de Vargas hizo caso omiso a las peticiones oriolanas. Y de id\u00e9ntica manera actu\u00f3 poco tiempo despu\u00e9s, hacia finales de a\u00f1o, cuando al conocer que Pedro el <em>Cruel<\/em> hac\u00eda preparativos para atacar Orihuela, el <em>Consell<\/em> dispuso, entre otras medidas defensivas, la reparaci\u00f3n de los muros y baluartes, y le reclam\u00f3 al prelado que reconstruyese el lienzo de muralla pr\u00f3ximo al granero episcopal del diezmo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Tambi\u00e9n en esta ocasi\u00f3n, quiz\u00e1 con m\u00e1s motivo, el mitrado desoy\u00f3 las indicaciones concejiles. Y hastiada con los reiterados incumplimientos de la m\u00e1xima autoridad espiritual del obispado, la citada corporaci\u00f3n decidi\u00f3 actuar por su cuenta y riesgo, y procedi\u00f3 a la incautaci\u00f3n de trigo del prelado por valor de 3.000 sueldos, cantidad que ser\u00eda suficiente para cubrir los gastos de la reparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Agravi\u00f3 al obispo esta iniciativa por lo que, adem\u00e1s de quejarse ante D. Fernando, lanz\u00f3 contra toda la poblaci\u00f3n un nuevo entredicho. Ante los perjuicios espirituales que se avecinaban, el se\u00f1or de Orihuela decidi\u00f3 que lo mejor era complacer al obispo, y por ello orden\u00f3 al <em>Consell<\/em> que devolviera al prelado la especie incautada para que as\u00ed fuese conmutada la pena. Pero tan pronto march\u00f3 el infante a su villa de Albarrac\u00edn, volvi\u00f3 el <em>Consell<\/em> a instar a Alfonso de Vargas a que sin m\u00e1s demora sufragase la construcci\u00f3n del tramo de muralla que le correspond\u00eda pues, de no hacerlo, le secuestrar\u00edan todas sus rentas. Al no obtener respuesta favorable del mitrado, los oficiales concejiles hicieron efectiva su amenaza. Conscientes de la imperiosa necesidad de obtener dinero para reforzar las defensas, confiscaron todo el grano episcopal y lo vendieron en la misma villa, y con el efectivo obtenido sufragaron los gastos de la obra. Indignado el pastor con tal actitud de su reba\u00f1o, protest\u00f3 alegando que la mercanc\u00eda podr\u00eda haber sido vendida fuera de Orihuela con mayores beneficios, pero se abstuvo de poner entredicho<sup>16<\/sup>.<\/p>\n<p>Posteriormente, en 1563 hubo nuevos problemas con el obispo Vargas. Habiendo afectado a la poblaci\u00f3n una fuerte epidemia de peste el a\u00f1o anterior, el procurador general y alcaide del castillo de Orihuela, Juan Mart\u00ednez de Eslava, consider\u00f3 la necesidad de conseguir abastos para la villa. Por ello, siendo los del obispo los \u00fanicos que quedaban \u00abdisponibles\u00bb, decidi\u00f3 apoderarse de ellos. Al conocer los prop\u00f3sitos de Mart\u00ednez de Eslava, el fiel del granero episcopal, Berenguer Vimbodi se opuso a la extracci\u00f3n del trigo y cerr\u00f3 las puertas del dep\u00f3sito. Entonces, el procurador general orden\u00f3 descerrajar dichas puertas y confisc\u00f3 el grano.<\/p>\n<p>La clerec\u00eda calific\u00f3 tal hecho como un sacrilegio, y el obispo fulmin\u00f3 a la villa con un nuevo entredicho, que \u00fanicamente fue alzado cuando los oficiales efectuaron las pertinentes indemnizaciones pecuniarias<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, antes de proseguir el relato de las tensas relaciones entre los prelados cartaginenses y el clero y el pueblo oriolanos, hemos de destacar que el 16 de julio de 1363, y a instigaci\u00f3n de su hermanastro Pedro IV el <em>Ceremonioso<\/em>, el infante D. Fernando fue asesinado<sup>18<\/sup>. La muerte del se\u00f1or hac\u00eda que todos sus territorios revirtiesen de nuevo al realengo como consecuencia de una cl\u00e1usula existente en el privilegio de la donaci\u00f3n que estipulaba que si D. Fernando fallec\u00eda sin descendencia, sus dominios volver\u00edan a pertenecer a la Corona de Arag\u00f3n<sup>19<\/sup>. \u00c9ste fue el argumento jur\u00eddico que utiliz\u00f3 el <em>Ceremonioso<\/em> para invalidar el testamento del infante de Arag\u00f3n, en el que dejaba todas sus posesiones a su sobrino, el conde de Urgel, y para reclamarlas leg\u00edtimamente.<\/p>\n<p>Pese a que el resto de las localidades pertenecientes a D. Fernando prestaron inmediatamente el juramento de sumisi\u00f3n a Pedro IV, la villa de Orihuela se mantuvo fiel a su difunto se\u00f1or, y se neg\u00f3 a jurar obediencia al monarca aragon\u00e9s ante los rumores que circulaban de que D\u00aa. Mar\u00eda, esposa de D. Fernando, hab\u00eda quedado embarazada antes del fallecimiento de su marido. Sin embargo, pasado casi un a\u00f1o del tr\u00e1gico \u00f3bito, los oriolanos se convencieron de que finalmente D. Fernando hab\u00eda muerto sin dejar descendencia masculina, y enviaron a la corte a cuatro embajadores elegidos entre las personas m\u00e1s notarias de la villa del Bajo Segura: Oliver Togores, Berenguer Limi\u00f1ana, Jaime Vidal y Francisco Mir\u00f3<sup>20<\/sup>. \u00c9stos comparecieron ante el rey y, tras formularle las pretensiones de la villa del Bajo Segura, en Huerta de Muro Viejo, el 10 de julio de 1364 juraron obediencia y fidelidad a Pedro IV a cambio de que el monarca confirmase todos sus privilegios. Dicho mismo d\u00eda el rey anexion\u00f3 Orihuela y su <em>hinterland<\/em> a la Corona de Arag\u00f3n y jur\u00f3 que jam\u00e1s volver\u00eda separarla de ella<sup>21<\/sup>. Y poco despu\u00e9s, el 24 de septiembre confirm\u00f3 las concesiones reales hechas por su predecesores a la citada villa por medio de 13 documentos, destacando entre ellas la asignaci\u00f3n del tercio de los diezmos que tocaban a la Corona para la reparaci\u00f3n de las iglesias<sup>22<\/sup>.<\/p>\n<p>As\u00ed termin\u00f3 un per\u00edodo importante de la Historia de Orihuela. 28 a\u00f1os marcados por multitud de conflictos y enfrentamientos, y tambi\u00e9n por un hecho de amplias repercusiones: durante todo este tiempo, Orihuela goz\u00f3 de una independencia relativa tanto de castellanos como de aragoneses, llegando a popularizarse una famosa expresi\u00f3n, que muestra la perenne preocupaci\u00f3n de sus habitantes por su car\u00e1cter fronterizo entre reinos, y entre culturas: \u00ab<em>No soy aragon\u00e9s, ni castell\u00e1; que qui es fill de Oriola, es oriol\u00e1<\/em>\u00bb<sup>23<\/sup>.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> La creaci\u00f3n de la Gobernaci\u00f3n del Reino de Valencia <\/strong><em><strong>ultra Sexonam<\/strong><\/em><strong>, y el inicio de las reclamaciones episcopales oriolanas.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Pese a lo reciente de su incorporaci\u00f3n, poco le dur\u00f3 a Orihuela su nueva adscripci\u00f3n pol\u00edtica a la Corona de Arag\u00f3n.<\/p>\n<p>En marzo de 1565, Pedro IV conquist\u00f3 la plaza de Sagunto. Y su hom\u00f3nimo castellano quiso devolverle el golpe de efecto tomando Orihuela. Por ello, dirigi\u00f3 concienzudamente los preparativos para el asedio y la captura de la villa del Bajo Segura. Y el 30 de mayo, la poderosa hueste murciana lleg\u00f3 a los pies de las d\u00e9biles aunque remozadas murallas oriolanas. Seg\u00fan refiere Jos\u00e9 Vicente Cabezuelo, el despliegue militar castellano debi\u00f3 de ser asombroso: \u00ab<em>m\u00e1quinas de guerra, br\u00edgolas, catapultas, trabucos, am\u00e9n de miles de arqueros, ballesteros, lanceros y hombres a caballo<\/em>\u00bb<sup>24<\/sup>.<\/p>\n<p>R\u00e1pidamente, la villa fue cercada y, tras ocho d\u00edas de asedio, el 7 de junio la valiente poblaci\u00f3n cay\u00f3 en manos del <em>Rey Cruel<\/em>, quien durante el episodio de la conquista hizo honor a su t\u00e9trico apelativo<sup>25<\/sup>.<\/p>\n<p>Por el contrario, el saqueo consecuente no fue todo lo cruel y macabro que del monarca castellano se pod\u00eda esperar. No mat\u00f3 a los 600 habitantes que hab\u00edan quedado en la ciudad despu\u00e9s de los enfrentamientos<sup>26<\/sup>. \u00danicamente hizo quemar o ahogar en el r\u00edo a los que se le mostraron m\u00e1s contrarios, mientras que a \u00ab<em>sus mujeres e hijas hiso dar a feo ayuntamiento<\/em>\u00bb. Adem\u00e1s, ejecut\u00f3 a algunos de los personajes que m\u00e1s se hab\u00edan destacado en la resistencia como Domingo Silvestre o Juli\u00e1n Togores. Y dio las haciendas de los muertos a sus soldados<sup>27<\/sup>.<\/p>\n<p>Orihuela permaneci\u00f3 en manos de los castellanos hasta marzo de 1366, pues ante la coronaci\u00f3n en Burgos de D. Enrique de Trast\u00e1mara y el estallido de la guerra civil, Pedro I orden\u00f3 a sus tropas de ocupaci\u00f3n que abandonaran la mencionada villa. De inmediato, las autoridades civiles decidieron enviar una embajada a Pedro IV para volver a jurarle sumisi\u00f3n y homenaje, y fueron electos procuradores Pedro Barbastre, Andr\u00e9s Masquefa, Jaime Limi\u00f1ana, Jaime Vidal y Francisco Mir\u00f3. Al llegar a Barcelona, los s\u00edndicos fueron muy bien recibidos en la corte. Y el 10 de septiembre de ese mismo 1366, Pedro IV colm\u00f3 a Orihuela de concesiones y privilegios, en recompensa de su inquebrantable lealtad<sup>28<\/sup>. Volvi\u00f3 a decretar su inseparabilidad de la Corona de Arag\u00f3n, confirm\u00f3 todos sus privilegios y franquezas, y adopt\u00f3 una medida que habr\u00eda de marcar durante los siglos siguientes el r\u00e9gimen de gobierno de la zona disputada en la guerra anterior. El <em>Ceremonioso<\/em> decidi\u00f3 que, en lo sucesivo, Orihuela ya no podr\u00eda ser sometida a la jurisdicci\u00f3n del gobernador de la ciudad de Valencia, ni a la de ning\u00fan otro, sino que dispondr\u00eda de un gobernador propio e independiente. Nac\u00eda as\u00ed la gobernaci\u00f3n del Reino de Valencia <em>ultra Sexonam<\/em>, con capital residir\u00eda en la villa del Bajo Segura<sup>29<\/sup>.<\/p>\n<p>Llegados a este punto, hemos de afirmar que si bien la conquista de Orihuela por Pedro el <em>Cruel<\/em> fue un hecho de gran relevancia en el transcurso de la referida contienda de los reyes hom\u00f3nimos, a\u00fan tuvo mayor trascendencia si tenemos en cuenta el favor que gan\u00f3 la villa, por su comportamiento valeroso y fiel, en la consideraci\u00f3n de los sucesivos monarcas de la Corona aragonesa, que casi siempre escucharon con buena disposici\u00f3n sus reivindicaciones episcopales<sup>30<\/sup>.<\/p>\n<p>Dejando aparcados moment\u00e1neamente los aspectos civiles, a nivel espiritual, ya hemos comprobado que los a\u00f1os de la contienda recrudecieron las tensiones existentes entre las autoridades de Orihuela y el obispo D. Alfonso de Vargas.<\/p>\n<p>Tras su defunci\u00f3n, acaecida a finales de 1364, le sucedi\u00f3 en el sill\u00f3n episcopal cartaginense D. Nicol\u00e1s de Aguilar. A principios de 1366, el nuevo prelado, de com\u00fan acuerdo con el cabildo catedralicio, reform\u00f3 las constituciones hechas por D. Juan Mu\u00f1oz de Hinojosa en 1315<sup>31<\/sup>. Durante su episcopado, Murcia se vio afectada por las alternativas de la contienda civil castellana. La ciudad qued\u00f3 dividida en dos bandos: los partidarios de Pedro I (entre los que se contaban los miembros del Concejo), y los seguidores de D. Enrique de Trast\u00e1mara (la mayor parte de los caballeros principales). Aguilar tom\u00f3 claramente partido por este \u00faltimo candidato, y desde su influyente posici\u00f3n se dedic\u00f3 a la labor de ganar adeptos para su causa, alborotando a la poblaci\u00f3n. Perseguido por sus poderosos opositores y temiendo por su vida, hubo de huir a territorios de la Corona de Arag\u00f3n, donde sigui\u00f3 haciendo campa\u00f1a en pro de su patrocinado. Por ello, a finales de abril de 1367 le fueron confiscados sus bienes<sup>32<\/sup>.<\/p>\n<p>Su pr\u00f3fuga situaci\u00f3n cambi\u00f3 dos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando a ra\u00edz de la muerte de Pedro el <em>Cruel<\/em> el 23 de marzo de 1369, se produjo la consolidaci\u00f3n en el trono castellano de Enrique II de Trast\u00e1mara.<\/p>\n<p>Como \u00faltimo acto rese\u00f1able de su episcopado, citaremos que en mayo de 1370 celebr\u00f3 un s\u00ednodo diocesano<sup>33<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras el fallecimiento de Nicol\u00e1s de Aguilar en 1375, fue electo obispo de Cartagena el eminente cl\u00e9rigo franc\u00e9s Guill\u00e9n Gimiel quien, casi de inmediato, el 7 de mayo de ese mismo a\u00f1o, presidi\u00f3 un s\u00ednodo en el que se aprobaron varias constituciones entre las que destacaba una que hac\u00eda referencia a \u00ab<em>los que usurpan y toman los diezmos y los derechos de la eglesia<\/em>\u00bb, en clara alusi\u00f3n a las frecuentes apropiaciones de los bienes episcopales que sol\u00eda realizar el <em>Consell<\/em> oriolano<sup>34<\/sup>.<\/p>\n<p>Y poco tard\u00f3 en producirse el primer conflicto con la citada corporaci\u00f3n. \u00c9ste se tuvo su origen a ra\u00edz de la llegada a Orihuela de Ant\u00f3n Dolcet, beneficiado en la iglesia de San Jorge de Lorca. El cl\u00e9rigo deb\u00eda entregar ciertas cartas del mitrado al arcipreste del Salvador. No obstante, por causas que se desconocen fue detenido y encarcelado en las prisiones del <em>Consell<\/em>.<\/p>\n<p>Enterado Gimiel de los hechos, realiz\u00f3 diversas gestiones para conseguir su liberaci\u00f3n; pero al resultar vanas todas sus instancias, decidi\u00f3 excomulgar a quienes hab\u00edan intervenido en la detenci\u00f3n del prebendado y lanz\u00f3 el entredicho sobre la villa.<\/p>\n<p>Ignorando el motivo de tan grave censura, el <em>Consell<\/em> envi\u00f3 a Murcia a un procurador llamado Bernat Riudoms para que se entrevistase con el prelado. El franc\u00e9s le respondi\u00f3 que no le hab\u00eda agradado tener que fulminar a la villa con el interdicto, pero que se hab\u00eda visto obligado a ello porque el justicia oriolano hab\u00eda metido en prisi\u00f3n a un tonsurado. Y a\u00f1adi\u00f3 que a menos que lo soltasen, no alzar\u00eda la censura.<\/p>\n<p>Tras conocer la posici\u00f3n del obispo, el <em>Consell<\/em> le envi\u00f3 dos nuevos emisarios, Guill\u00e9n Belloch y Vicente Zaragoza, quienes le manifestaron que el justicia no ten\u00eda preso a ning\u00fan tonsurado, y que a\u00fan en el caso de tenerlo, el pueblo no ten\u00eda culpa de ello.<\/p>\n<p>Tampoco atendi\u00f3 en esta ocasi\u00f3n el obispo cartaginense a la citada petici\u00f3n. E intentando agravar la situaci\u00f3n, prohibi\u00f3 a los murcianos que tuviesen trato con los excomulgados. No obstante, sin temor a las condenas espirituales, el concejo murciano desoy\u00f3 las amenazas del prelado, alegando en su contra las \u00f3rdenes del rey Enrique II de Castilla de que mantuviesen relaciones pac\u00edficas con los s\u00fabditos de la Corona aragonesa, con vistas a favorecer los intereses mercantiles de la villa<sup>35<\/sup>.<\/p>\n<p>No conocemos c\u00f3mo termin\u00f3 la cuesti\u00f3n pero, por otra parte, es realmente interesante comprobar que, ya en esta \u00e9poca, los intereses temporales se sobrepon\u00edan a los espirituales, y que importaba m\u00e1s a la poblaci\u00f3n oriolana la defensa de sus intereses y aspiraciones episcopales que las frecuentes y largas temporadas de privaci\u00f3n de servicios religiosos<sup>36<\/sup>.<\/p>\n<p>El desarrollo del pontificado de Guill\u00e9n Gimiel fue poco pac\u00edfico; las fricciones y los agravios entre ambas partes estuvieron a la orden del d\u00eda.<\/p>\n<p>En 1377 principi\u00f3 un conflicto que generar\u00eda a lo largo del tiempo m\u00faltiples disputas entre las autoridades civiles de Orihuela y los obispos de Cartagena. La clave de la cuesti\u00f3n estribaba en torno a las tradicionales exenciones fiscales del clero.<\/p>\n<p>Durante la Guerra de los dos Pedros, el <em>Consell<\/em> de la villa del Bajo Segura se vio forzado a mandar a todos los vecinos -incluidos los eclesi\u00e1sticos- que contribuyesen, seg\u00fan sus bienes realengos, para sufragar los costes de defensa. Y los cl\u00e9rigos no s\u00f3lo respetaron estas disposiciones, sino que comprendieron que la obligaci\u00f3n de defender Orihuela pesaba sobre ellos tanto como sobre todos los dem\u00e1s habitantes de ella. As\u00ed, adem\u00e1s de pagar las cantidades que les fueron designadas, incluso llegaron a participar activamente en la lucha.<\/p>\n<p>No obstante, en 1377 cuando la paz ya hab\u00eda sido firmada y \u00ab<em>ya el ardor patrio no inflamaba los pechos de los hijos del Segura<\/em>\u00bb, los eclesi\u00e1sticos se consideraron perjudicados cuando los oficiales concejiles les volvieron a reclamar el pago por sus bienes realengos, y se negaron a pechar por ellos<sup>37<\/sup>.<\/p>\n<p>Ante la situaci\u00f3n, el <em>Consell<\/em> pidi\u00f3 consejo a ciertos abogados valencianos<sup>38<\/sup>, quienes les remitieron un significativo memorial, que los mun\u00edcipes hicieron llegar al de\u00e1n y provisor Pedro Puixmar\u00edn. En \u00e9l, recordaron a los cl\u00e9rigos sus obligaciones como vecinos de Orihuela. Les indicaron que, al igual que los seglares, ten\u00edan el deber de contribuir en los gastos de defensa y de obras p\u00fablicas de la villa (reparaci\u00f3n de muros, valles, fuentes, puentes y caminos), y les comentaron que era costumbre en ella que pagasen la sisa de algunos alimentos b\u00e1sicos (carne, pan, vino, o pescado). Asimismo, aludieron a la pr\u00e1ctica com\u00fan e il\u00edcita de los eclesi\u00e1sticos de mantener en sus domicilios particulares a sus hijos y concubinas \u00ab<em>para actos corporales y no espirituales<\/em>\u00bb, y les dijeron que ya que se comportaban como laicos, tributasen a la corporaci\u00f3n municipal como tales<sup>39<\/sup>.<\/p>\n<p>La intervenci\u00f3n de personajes bienintencionados hizo que la cuesti\u00f3n no pasara a mayores, pero tambi\u00e9n evidenci\u00f3 la posibilidad de que el pleito de la sisa volviese a resurgir con enorme virulencia en cualquier momento venidero.<\/p>\n<p>El a\u00f1o siguiente, 1378, las discordias tuvieron como objeto de atenci\u00f3n las rentas de las f\u00e1bricas de las tres parroquias de Orihuela, las cuales, como sabemos, eran seglares, de realengo, pues proced\u00edan, en virtud de privilegios reales, del tercio de los diezmos que correspond\u00eda a la Corona.<\/p>\n<p>La primera pol\u00e9mica apareci\u00f3 como consecuencia de una solicitud que hizo el obispo Gimiel a todos los fabriqueros del obispado para que hiciesen una \u00ab<em>tacha o derrame<\/em>\u00bb para la obra de la Catedral de Murcia. El prelado comision\u00f3 al maestrescuela Garc\u00eda Ferr\u00e1ndez para que se encargase de la colecta, y \u00e9ste mand\u00f3 a los fabriqueros del arciprestazgo que le entregasen 70 sueldos en un plazo de 10 d\u00edas, bajo pena de excomuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Sinti\u00e9ndose perjudicado, el <em>Consell<\/em> contradijo la orden del comisario, alegando que las f\u00e1bricas eran del rey, \u00ab<em>y no las pod\u00edan obligar a contribuir en obrar iglesias de reino extra\u00f1o<\/em>\u00bb. El obispo se person\u00f3 en Orihuela, y los jurados volvieron a protestar contra sus prop\u00f3sitos, amenaz\u00e1ndole que si persist\u00eda en sus intenciones, habr\u00eda de v\u00e9rselas con la autoridad del rey<sup>40<\/sup>.<\/p>\n<p>Aunque no sabemos a ciencia cierta c\u00f3mo concluy\u00f3 el negocio, los datos que conocemos nos hacen pensar que el obispo fulmin\u00f3 el entredicho, y que las autoridades oriolanas s\u00f3lo consiguieron alzarlo otorg\u00e1ndole al prelado una compensaci\u00f3n econ\u00f3mica<sup>41<\/sup>.<\/p>\n<p>La segunda cuesti\u00f3n que tens\u00f3 las relaciones entre Orihuela y D. Guill\u00e9n Gimiel tuvo que ver con una constituci\u00f3n sinodal promulgada el 10 de abril de 1377, en la que estableci\u00f3 que los feligreses de las parroquias de la villa no pudiesen elegir a fabriqueros legos, penando a los rebeldes con la pena de excomuni\u00f3n<sup>42<\/sup>.<\/p>\n<p>Enterado de la publicaci\u00f3n de tal precepto, tan contrario a la costumbre que se segu\u00eda en la poblaci\u00f3n del Bajo Segura, el <em>Consell<\/em> decidi\u00f3 enviar al mitrado a dos procuradores, Pedro Verdera y Vicente Zaragoza, para comunicarle que su estatuto les constitu\u00eda un perjuicio intolerable. La embajada no tuvo los efectos esperados, sino que, al contrario, Gimiel mand\u00f3 a los rectores de las parroquias que, conjuntamente con los feligreses, eligiesen a fabriqueros cl\u00e9rigos, con la clara intenci\u00f3n de apropiarse de las rentas de las f\u00e1bricas, o al menos de su jurisdicci\u00f3n. Entonces, la corporaci\u00f3n municipal volvi\u00f3 a protestarle al prelado de palabra y por escrito, y tuvo que acudir a Pedro IV para impedir que el obispo franc\u00e9s se saliese con la suya<sup>43<\/sup>.<\/p>\n<p>En tres a\u00f1os, el obispo de Cartagena y el <em>Consell<\/em> de Orihuela hab\u00edan chocado en tres \u00e1mbitos que fueron causa de conflictos en los siglos siguientes: el r\u00e9gimen jurisdiccional separado del clero (caso del tonsurado procesado por la autoridad seglar), los privilegios tributarios del citado estamento (pleito de la sisa), y las apetencias eclesi\u00e1sticas-episcopales sobre las rentas laicas-de realengo de la parte de la di\u00f3cesis perteneciente a la gobernaci\u00f3n <em>ultra Sexonam<\/em> (discordias sobre las f\u00e1bricas). No obstante, de los tres planos de intervenci\u00f3n, solo el \u00faltimo pod\u00eda ser considerado por los oriolanos como un ataque de tipo nacionalista (la salida de rentas a otro reino) y opinamos que s\u00ed debi\u00f3 contribuir a la gestaci\u00f3n de las reivindicaciones oriolanas, cuya primera aparici\u00f3n en la esfera pol\u00edtica-religiosa estaba a punto de producirse. De cualquier forma, las continuas discordias con el prelado cartaginense pusieron el caldo de cultivo m\u00e1s apropiado para que las ideas independentistas pudiesen germinar.<\/p>\n<p>Por otra parte, en 1378 tambi\u00e9n entr\u00f3 en escena otro factor que, adem\u00e1s de ser ca\u00f3tico para la Cristiandad, puso de manifiesto a la poblaci\u00f3n de la villa del Bajo Segura la necesidad separatista: el Cisma de Occidente. Los oriolanos vivieron en primera persona una serie de experiencias que les hicieron comprender que la Pol\u00edtica y la Religi\u00f3n hab\u00edan de ir juntas, pues de otra manera las \u00f3rdenes derivadas de ambos campos de poder pod\u00edan entrar en contradicci\u00f3n, y tales diferencias se traducir\u00edan inevitablemente en graves perjuicios para ellos.<\/p>\n<p>La muerte del papa Gregorio XI en marzo de tal a\u00f1o produjo la elecci\u00f3n en Roma de Urbano VI, y en Fondi la proclamaci\u00f3n el 31 de octubre de Clemente VII. Y, en palabras geniales de Gisbert, \u00ab<em>la hoguera del gran cisma de Occidente alumbr\u00f3 a la humanidad y sus resplandores llegaron a las riberas del Segura<\/em>\u00bb<sup>44<\/sup>.<\/p>\n<p>Ante la doble alternativa papal, los monarcas se vieron en la necesidad de pronunciarse por uno u otro pont\u00edfice. Y mientras el rey de Castilla, Juan I, se declar\u00f3 en favor de Clemente VII (Avignon), debido, sobre todo, a las convincentes instancias del legado apost\u00f3lico, Pedro de Luna<sup>45<\/sup>, en cambio, Pedro IV de Arag\u00f3n quiso mostrarse m\u00e1s prudente, y en un primer momento se decidi\u00f3 por mantener la m\u00e1s absoluta neutralidad respecto a ambos.<\/p>\n<p>A mediados de 1382, D. Guill\u00e9n Gimiel march\u00f3 a la corte pontificia de Avignon. Desde all\u00ed, orden\u00f3 a todos los cl\u00e9rigos del obispado de Cartagena, bajo pena de excomuni\u00f3n y entredicho, que reconociesen como leg\u00edtimo papa a Clemente VII. Asimismo, por tales fechas, curiosamente, Pedro IV escribi\u00f3 una carta al gobernador del Reino de Valencia <em>ultra Sexonam<\/em> con la intenci\u00f3n de que \u00e9ste presentase a los nueve beneficiados de las iglesias de Orihuela una provisi\u00f3n en la que les mandaba que acatasen la indiferencia respecto al Cisma, so pena de caer en la indignaci\u00f3n real.<\/p>\n<p>Una vez tuvo en sus manos la c\u00e9dula de la Canciller\u00eda aragonesa, el gobernador orden\u00f3 a los prebendados oriolanos que obedeciesen al monarca. Y \u00e9stos, como s\u00fabditos fieles, respondieron al representante real que guardar\u00edan la neutralidad propugnada por su se\u00f1or temporal.<\/p>\n<p>No obstante, la situaci\u00f3n se complic\u00f3 porque, tras recibir el escrito del \u00abse\u00f1or espiritual\u00bb, los eclesi\u00e1sticos murcianos acataron sus mandatos episcopales, y se los comunicaron a los referidos beneficiados oriolanos.<\/p>\n<p>\u00c9stos, ante la dificultad de la cuesti\u00f3n, se reunieron en la iglesia de Santa Justa para debatir la respuesta. Enterado de ello el teniente del gobernador, Bartolom\u00e9 Togores, se dirigi\u00f3 a la citada iglesia, con toda su corte formada, y volvi\u00f3 a leerles el mandamiento del rey. Y los cl\u00e9rigos decidieron obedecer a Pedro IV, contrariando las disposiciones del obispo cartaginense.<\/p>\n<p>Sin embargo, finalmente, la postura triunfante fue la de Gimiel. El rey aragon\u00e9s tuvo que declarar que los cl\u00e9rigos estaban sujetos a la jurisdicci\u00f3n episcopal, <em>iure ordinario<\/em>, y que podr\u00edan seguir la opini\u00f3n del prelado, aun detentando sus prebendas en la gobernaci\u00f3n oriolana<sup>46<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, en 1381, el prelado, antes de marchar a Avignon, hab\u00eda vuelto a causar la discordia en la villa del Bajo Segura. Se enfrent\u00f3 con las autoridades civiles de Orihuela al tratar de ejercer en ella el Santo Oficio de la Inquisici\u00f3n, algo que, como veremos m\u00e1s adelante, tambi\u00e9n produjo m\u00faltiples y graves enfrentamientos entre los obispos cartaginenses y los referidos mun\u00edcipes, sobre todo en la primera mitad del siglo XVI. Y lanz\u00f3 un nuevo entredicho sobre la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dicho a\u00f1o, D. Guill\u00e9n Gimiel, por medio del arcipreste Jaime Boadilla, orden\u00f3 a nada menos que 120 oriolanos que acudieran a Murcia, a la curia episcopal, a prestar testimonio. El <em>Consell<\/em> les mand\u00f3 que no fuesen porque iba contra los privilegios de la villa el hecho de que vecinos de ella tuviesen que ir a prestar declaraci\u00f3n a otro reino. La reacci\u00f3n del obispo no se hizo esperar: excomulg\u00f3 a los 120 reclamados, cit\u00f3 a otros 300, y lanz\u00f3 el interdicto. El <em>Consell<\/em> envi\u00f3 a la corte a un procurador llamado Juan de Fontes para que informase a Pedro IV de las censuras fulminadas contra los oriolanos.<\/p>\n<p>La representaci\u00f3n de Fontes tuvo \u00e9xito pues poco tiempo despu\u00e9s, ya en 1382, el monarca aragon\u00e9s concedi\u00f3 a la villa del Bajo Segura un nuevo privilegio prohibiendo la entrada en ella de inquisidores extranjeros (con fecha de 15 de mayo)<sup>47<\/sup>, y envi\u00f3 a Fr. Francisco Mateu, inquisidor de la Corona de Arag\u00f3n, quien, ejerciendo como tal, realiz\u00f3 diversos procesos. Y adem\u00e1s, el rey orden\u00f3 al gobernador, Bernardo de Senesterra<sup>48<\/sup>, que se incautasen bienes del obispo por el valor de los da\u00f1os que, contra los fueros, \u00e9ste hab\u00eda infligido al <em>Consell<\/em>. Y as\u00ed procedi\u00f3 el representante real.<\/p>\n<p>Conocedor de tal acci\u00f3n, el de\u00e1n y vicario general del obispado, Pedro Puixmar\u00edn, amenaz\u00f3 con excomulgar al gobernador a menos que restituyese la cantidad apropiada, pero no pudo hacer efectivo su ultim\u00e1tum porque el obispo se hallaba fuera de la di\u00f3cesis, en Avignon. No obstante, temiendo el gobernador que \u00ab<em>en las parroquias de Murcia le descomulgarian cada dia tres veses a el y a su teniente y Assessor y a Juan de Fontes<\/em>\u00bb, le escribi\u00f3 al provisor y vicario general explic\u00e1ndole que, por la fidelidad que le deb\u00edan al <em>Ceremonioso<\/em>, no podr\u00eda devolverle las rentas hasta que todos los oficiales reales fuesen absueltos. A lo que Puixmar\u00edn contest\u00f3 que \u00ab<em>a iure y por decreto sinodal estavan descomulgados y la tierra entredicha si no restituian al obispo los frutos que le havian llevado<\/em>\u00bb<sup>49<\/sup>.<\/p>\n<p>Finalmente, la cuesti\u00f3n se solucion\u00f3 gracias a la negociaci\u00f3n de dos mensajeros -Francisco Boadilla y Berenguer Vimbodi- que envi\u00f3 el <em>Consell<\/em> a Murcia para pactar con el obispo<sup>50<\/sup>.<\/p>\n<p>En 1383, \u00faltimo a\u00f1o del franc\u00e9s Gimiel al frente de la mitra cartaginense, se produjo un hecho que tendr\u00eda amplias repercusiones y que supondr\u00eda el inicio de la larga serie de reclamaciones episcopales oriolanas<sup>51<\/sup>.<\/p>\n<p>En las Cortes celebradas en Monz\u00f3n ese a\u00f1o, el s\u00edndico de Orihuela, Berenguer Vimbodi, solicit\u00f3 a Pedro IV que concediese a Gin\u00e9s Silvestre un beneficio en la iglesia de Santiago de la referida villa del Bajo Segura. El monarca, teniendo en consideraci\u00f3n los heroicos servicios que le prestara el caballero Domingo Silvestre -padre del tal Gin\u00e9s- en la pasada guerra con Castilla, accedi\u00f3 a la petici\u00f3n.<\/p>\n<p>Entonces, Silvestre pretendi\u00f3 permutar dicha prebenda con un cl\u00e9rigo de Murcia, que hab\u00eda obtenido otra en la parroquia de San Miguel. Pero mientras el murciano accedi\u00f3 sin ning\u00fan impedimento al mencionado beneficio de la iglesia de Santiago, Silvestre s\u00ed hall\u00f3 dificultades a la hora de completar la permuta. Adem\u00e1s, despu\u00e9s de que se le negara la posesi\u00f3n de la prebenda por no ser castellano, tuvo que huir de la ciudad vecina y rival porque lo quisieron matar al hacerse p\u00fablica su condici\u00f3n de oriolano.<\/p>\n<p>Tras enterarse del indignante episodio, las autoridades civiles de Orihuela llegaron a la conclusi\u00f3n de que las cotidianas disputas que manten\u00edan con la iglesia cartaginense-murciana hab\u00edan llegado a su l\u00edmite, y se propusieron zanjarlas de modo definitivo adoptando una medida de fuerza.<\/p>\n<p>Y con la paciencia absolutamente agotada, el <em>Consell<\/em> de la villa del Bajo Segura se puso de acuerdo con el de Alicante, y ambos organismos comisionaron respectivamente a Franc\u00e9s Fabriques y a Jaime Franco para que marcharan a la corte a presentar al monarca sus quejas y reivindicaciones. Y as\u00ed hicieron, y con el apoyo del influyente D. Guill\u00e9n de Rocafull, y el siguiente parlamento, pidieron a Pedro IV que suplicase al sumo pont\u00edfice la dismembraci\u00f3n de la gobernaci\u00f3n del Reino de Valencia <em>ultra Sexonam<\/em> de la jurisdicci\u00f3n de la di\u00f3cesis de Cartagena, y la erecci\u00f3n de un nuevo obispado con sede en Orihuela. Aunque la s\u00faplica oriolana-alicantina no prosper\u00f3, la reproducimos a la letra por ser la primera que elevaron solicitando la creaci\u00f3n del obispado<sup>52<\/sup>:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Item, Se\u00f1or, per quant son molts y intolerables los agravis que rebem dels bisbes de Cartagena, axi en temps de guerra, com en temps de pas, placia a Vuestra Magestat, si es pot, intercedir ab lo papa que dividixca esta partida del regne del bisbat de Cartagena, y instituheixca en ella un bisbat, y que lo que sera elet pera governarlo se nomene bisbe de Oriola<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Guill\u00e9n Gimiel muri\u00f3 en Avignon en 1384. El a\u00f1o siguiente tom\u00f3 posesi\u00f3n del obispado de Cartagena el cordob\u00e9s D. Fernando de Pedrosa, que pasaba por ser uno de los hombres m\u00e1s doctos del Reino de Castilla, especialmente, por sus conocimientos sobre las Sagradas Escrituras.<\/p>\n<p>No obstante, en aquellos momentos la vida en la ciudad de Murcia y su t\u00e9rmino se estaba viendo marcada por la lucha de dos bandos, los Fajardos y los Manueles, cuyo enfrentamiento acababa de llegar a su punto de mayor exacerbamiento. Y el nuevo prelado se inclin\u00f3 por los segundos, pese a que no contaban con el favor del rey Juan I.<\/p>\n<p>Aunque ante tanta efervescencia pol\u00edtica local, Pedrosa no pudo centrarse mucho en su labor episcopal, s\u00ed tom\u00f3 algunas medidas de inter\u00e9s. Nada m\u00e1s acceder a la mitra, ante las continuas quejas sobre las escandalosas exacciones de la curia eclesi\u00e1stica, compuso un <em>Quaderno de la tassa de lo que hay de llevar del seello<\/em>, en el que se especificaban los aranceles que hab\u00eda de cobrar la citada curia, poniendo fin a la arbitrariedad en este punto. No obstante, podemos afirmar que dichas regulaciones se incumplieron casi por norma cuando los que acud\u00edan al referido tribunal eclesi\u00e1stico eran naturales del Reino de Valencia, y que los abusos en las tasas fueron hecho harto com\u00fan y se constituyeron en uno de los argumentos de las reivindicaciones episcopales oriolanas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se encarg\u00f3 D. Fernando de Pedrosa de reglar las distribuciones y los modos de servir de los capellanes. Intent\u00f3 mejorar el gobierno y la administraci\u00f3n de su iglesia. Dio determinadas constituciones para cortar abusos morales del clero: \u00ab<em>Que ningun clerigo non debe tener por concubina a monja nin a mujer casada nin desposada nin parienta<\/em>\u00bb. Y emprendi\u00f3 nuevas obras en la Catedral<sup>53<\/sup>.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, hemos de se\u00f1alar que por su participaci\u00f3n en los bandos, Pedrosa hubo salir de la ciudad de Murcia, y durante buena parte de su episcopado residi\u00f3 fuera de la di\u00f3cesis, hasta el punto que en el <em>Fundamentum Ecclesiae Cartaginensis<\/em> de D. Diego de Comontes aparece como un verdadero desterrado<sup>54<\/sup>. Y tras volver a establecerse definitivamente en su sede, hacia 1402 le sobrevino la muerte.<\/p>\n<p>Orihuela vivi\u00f3, por tanto, un per\u00edodo de relativa tranquilidad tras el azaroso episcopado del franc\u00e9s Gimiel. Pedrosa estuvo m\u00e1s atento a las bander\u00edas que a sus obligaciones episcopales, y no \u00abmolest\u00f3\u00bb a sus diocesanos del otro lado de la frontera tanto como su antecesor.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, otros factores contribuyeron a consolidar esta calma. El 5 de enero de 1387 falleci\u00f3 Pedro IV el <em>Ceremonioso<\/em>, dejando como heredero al trono a su hijo, el enfermizo Juan I el <em>Cazador<\/em>. El nuevo monarca, en contraposici\u00f3n con su padre, s\u00ed se decidi\u00f3 a tomar partido en el Cisma de Occidente, y para alborozo de la villa de Orihuela, se mostr\u00f3 favorable a los pont\u00edfices de Avignon, de los que -como ya hemos indicado- eran partidarios la Monarqu\u00eda castellana y los obispos de Cartagena. En 1388 se decidi\u00f3 apoyar a Clemente VII, y tras su defunci\u00f3n -acaecida el 16 de septiembre de 1394-, se coloc\u00f3 del lado de su sucesor en el solio pontificio, el aragon\u00e9s D. Pedro de Luna, que escogi\u00f3 el nombre de Benedicto XIII.<\/p>\n<p>Por otra parte, Juan I tambi\u00e9n confirm\u00f3 el privilegio de las f\u00e1bricas de Alfonso X por medio de un diploma dado en Barcelona el 22 de abril de 1395. En \u00e9l, ratific\u00f3 la concesi\u00f3n del tercio diezmo para las f\u00e1bricas de las iglesias de la villa del Bajo Segura y de su t\u00e9rmino. Asimismo, aclar\u00f3 que \u00fanicamente el <em>Consell<\/em> tendr\u00eda la facultad de nombrar comisarios -fabriqueros- para su administraci\u00f3n y distribuci\u00f3n, sin que nadie m\u00e1s pudiese entrometerse en tales designaciones<sup>55<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, su reinado no fue tan dilatado como el de su predecesor, y el 18 de mayo de 1395 falleci\u00f3 como consecuencia de la ca\u00edda de un caballo<sup>56<\/sup>. Pese a que estuvo casado con tres mujeres diferentes, no le sobrevivi\u00f3 ning\u00fan hijo var\u00f3n, por lo que los derechos din\u00e1sticos recayeron en su hermano, el duque de Montblanch, que fue llamado Mart\u00edn I el <em>Humano<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p>1D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, pp. 26-27. VIDAL TUR, G., <em>op. cit.<\/em>, t. I, p. 33. Las negociaciones de la permuta no quedaron finalizadas hasta el 28 de diciembre de 1321.<\/p>\n<p>2GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit., <\/em>t. II, pp. 43-44. D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, pp. 28-30. VIDAL TUR, G., <em>op. cit.<\/em>, t. I, p. 34.<\/p>\n<p>3VINCKE, J.: <em>Documenta selecta mutuas civitatis Arago-Cathalaunicae et ecclesiae relationes illustrantia<\/em>, Barcelona, 1936, pp. 216-217 (n\u00ba 318), y 376. MANSILLA, D.: \u00abLa reorganizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica espa\u00f1ola del siglo XVI. I. Arag\u00f3n-Catalu\u00f1a\u00bb, en <em>Anthologica Annua<\/em>, n\u00ba 4 (1956), pp. 102-103. \u00cddem: <em>Geograf\u00eda Eclesi\u00e1stica de Espa\u00f1a&#8230;<\/em>, p. 329. VILAR, J.B.: <em>Los siglos XIV y XV en Orihuela&#8230;<\/em>, p. 370.<\/p>\n<p>4D. Pedro Barroso Garc\u00eda Sotomayor y G\u00f3mez, quien sol\u00eda ser llamado el maestro Pedro de Toledo, efectu\u00f3 en la di\u00f3cesis una intensa labor de organizaci\u00f3n y recuperaci\u00f3n de las costumbres cristianas. Dej\u00f3 el obispado cartaginense el 8 de julio de 1336 para trasladarse a Roma y tomar posesi\u00f3n del t\u00edtulo de Cardenal-Obispo de Sabina, y fue sustituido por D. Pedro Pe\u00f1aranda. D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, pp. 31-34. VIDAL TUR, G., <em>op. cit.<\/em>, t. I, p. 34.<\/p>\n<p>5GISBERT Y BALLESTEROS, E.: <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 52.<\/p>\n<p>6CHIARRI MART\u00cdN, M.L.: <em>Orihuela y la guerra de las German\u00edas<\/em>, Murcia, 1963, p. 19.<\/p>\n<p>7El texto \u00edntegro de la donaci\u00f3n lo podemos consultar en A.M.O., <em>Libro Becerro de Privilegios Reales<\/em>, ff. 44-50v. Y en GISBERT Y BALLESTEROS, E.: <em>op. cit.<\/em>, t. II, pp. 696-701.<\/p>\n<p>8DEL ESTAL, J.M.: \u00abHistoria pol\u00edtica&#8230;\u00bb, p. 238.<\/p>\n<p>9D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, pp. 35-36.<\/p>\n<p>10GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 94. Gisbert afirma que la amortizaci\u00f3n consist\u00eda en cuatro reales y ocho maraved\u00eds por cada quince reales y dos dineros de capital.<\/p>\n<p>11<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>12VIDAL TUR, G., <em>op. cit.<\/em>, p. 35.<\/p>\n<p>13Sobre este enfrentamiento es indispensable consultar la obra de CABEZUELO PLIEGO, J.V.: <em>La Guerra de los dos Pedros en tierras alicantinas<\/em>, Alicante, 1991.<\/p>\n<p>14<em>Ibidem<\/em>, pp. 39-43.<\/p>\n<p>15GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 142. BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 301.<\/p>\n<p>16Esta cuesti\u00f3n es tratada en VILAR, J.B.: <em>Los siglos XIV y XV&#8230;<\/em>, pp. 370-371; en GISBERT Y BALLESTEROS, E.: <em>op. cit.<\/em>, t. II, pp. 140-142; y en GEA MART\u00cdNEZ, J.R.: <em>P\u00e1ginas de la Historia de Orihuela. El Pleito del Obispado. 1383-1564<\/em>, Orihuela, 1900, pp. 10-11, y ap\u00e9ndice, documento n\u00ba 1, pp. 61-62.<\/p>\n<p>17GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II, pp. 231-232.<\/p>\n<p>18CABEZUELO PLIEGO, J.V.: <em>La Guerra de los dos Pedros&#8230;<\/em>, p. 84. PONT, R.: \u00abEl Infante D. Fernando, Se\u00f1or de Orihuela, en la guerra de los dos Pedros, 1356-1363\u00bb, en <em>Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval<\/em>, n\u00ba 2 (1983), pp. 79-85.<\/p>\n<p>19A.M.O. <em>Libro Becerro de Privilegios Reales<\/em>, ff. 50-50v. \u00ab<em>&#8230; si vos vel vestri cuandocumque quod Deus evertat, decederitis absque filio vel filiis masculis de legitimo matrimonio procreatis, civitates, castra, et loca, et omnia supradicta quae vobis damus ad nos vel successores nostros et ad coronam Aragonum devolvantur ac etiam revertantur cum pleno dominio et jure sicut erant et nos ea habebamus et habere debebamus ante Donationem predictam<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>20<em>Ibidem<\/em>, p. 248.<\/p>\n<p>21A.M.O., <em>Libro Becerro de Privilegios Reales<\/em>, ff. 57v.-59v.<\/p>\n<p>22<em>Ibidem<\/em>, ff. 67-69v.<\/p>\n<p>23GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II, pp. 250-251.<\/p>\n<p>24CABEZUELO PLIEGO, J.V., <em>op. cit.<\/em>, p. 104.<\/p>\n<p>25El asedio y la toma de Orihuela dio pie a la redacci\u00f3n de un canto \u00e9pico por el marqu\u00e9s de Molins en 1846. GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II, pp. 281-289, inserta algunos p\u00e1rrafos destacados de la citada narraci\u00f3n.<\/p>\n<p>26A.M.O. <em>Libro Becerro de Privilegios Reales<\/em>, ff. 86v.-88v. En el privilegio llamado el <em>Morabat\u00edn<\/em>, se afirmaba que tras doce a\u00f1os de hostilidades, en el momento de producirse la conquista castellana hab\u00edan fallecido unos 6.000 oriolanos.<\/p>\n<p>27GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 271.<\/p>\n<p>28MART\u00cdNEZ PATERNA, F., <em>op. cit.<\/em>, pp.139-140, dec\u00eda sobre la fidelidad de los vecinos de Orihuela a la Corona de Arag\u00f3n que Pedro I \u00ab<em>puso cerco, passando en el infinitos trabajos lo vezinos desta ciudad, sin que jamas tuviessen socorro del Rey don Pedro de Aragon, por estar ocupado en otras guerras de mayor importancia, y aviendoles mandado por cartas reales que se entregassen al Rey de Castilla, llamandoles en ellas, vassallos fieles, necios, porque comieron en este cerco, por no entregarse al Rey don Pedro de Castilla, carnes de animales, de hombres, y suelas de \u00e7apatos&#8230;<\/em>\u00bb, y \u00ab<em>fueron tan valerosos y constantes en ser vassallos del Rey de Aragon, que sin cerrar jamas las puertas de la ciudad, de noche, ni de dia a sus enemigos, aunque duro el cerco doze a\u00f1os, jamas se quisieron dar, ni rendir<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>29Se conserva una copia aut\u00e9ntica de este \u00faltimo privilegio en A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 1, \u00ab<em>Papeles y bulas conducentes a la Catedralia<\/em>\u00bb, ff. 71v.-74v. En el Reino de Valencia, los gobernadores eran la m\u00e1xima autoridad civil, despu\u00e9s del rey, y del virrey -cuando lo hab\u00eda-. Hab\u00eda cuatro gobernaciones, cuyas capitales eran Valencia, Orihuela, J\u00e1tiva y Castell\u00f3n. De ellas, \u00fanicamente eran independientes las dos primeras, mientras que las dos \u00faltimas estaban subordinadas a la que ten\u00eda su sede en la capital del reino.<\/p>\n<p>30El ya aludido privilegio real dado en Barcelona el 18 de julio de 1380 por Pedro IV -llamado el <em>Morabatin<\/em>&#8211; nos pone de manifiesto con todo lujo de detalles, algunos de ellos incluso escabrosos, la fiereza y la valent\u00eda de los oriolanos a la hora de hacer frente a los ataques castellanos. Este privilegio ser\u00eda presentado como m\u00e9rito en la mayor\u00eda de las peticiones del cap\u00edtulo del Salvador y el <em>Consell<\/em> de Orihuela relacionadas con sus aspiraciones episcopales. El original se halla en A.M.O. <em>Libro Becerro de Privilegios Reales<\/em>, ff. 86v.-88v. Tambi\u00e9n podemos encontrarlo \u00edntegro o en alusiones en el A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 1, \u00ab<em>Papeles y bulas conducentes a la Catedralia<\/em>\u00bb, ff. 75-76v., 267-267v., y libro n\u00ba 2 \u00ab<em>Copia del proces de la Cathredal de la Esglesia de Oriola<\/em>\u00bb, ff. 10v.-13, 231v.-232, 247v. y 259v.-261; y editado, comentado y traducido en GISBERT Y BALLESTEROS, E.: <em>op. cit.<\/em>, t. II, pp. 385-394.<\/p>\n<p>31A.C.O. Armario X, libro n\u00ba 1104. ROXAS Y CONTRERAS, Diego de: <em>Diferentes instrumentos, bulas, y otros documentos pertenecientes a la dignidad episcopal y Santa Iglesia de Carthagena, y a todo su obispado<\/em>, Madrid, 1756. En \u00e9l se inserta el libro de COMONTES, Diego de: <em>Fundamentum Ecclesiae Cartaginensis<\/em>, p. 11v. Las nuevas constituciones establec\u00edan que el cabildo de la Catedral de Murcia pasar\u00eda a estar conformado por seis dignidades, ocho can\u00f3nigos, ocho racioneros, ocho semirracioneros, un di\u00e1cono y un subdi\u00e1cono.<\/p>\n<p>32D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, p. 40.<\/p>\n<p>33<em>Ibidem<\/em>, p. 39.<\/p>\n<p>34<em>Ibidem<\/em>, p. 41.<\/p>\n<p>35BELLOT, P.: <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 35. VILAR, J.B.: <em>Los siglos XIV y XV&#8230;<\/em>, pp. 371-372.<\/p>\n<p>36El entredicho eclesi\u00e1stico conllevaba privaciones tan notorias como la imposibilidad de cumplir con el precepto dominical, de recibir los sacramentos, de contraer matrimonio, o de dar sepultura a los muertos en suelo sagrado.<\/p>\n<p>37GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 375.<\/p>\n<p>38Pr\u00e1ctica \u00e9sta que repetir\u00edan exitosamente muy a menudo.<\/p>\n<p>39BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 14.<\/p>\n<p>40BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 302.<\/p>\n<p>41GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 398.<\/p>\n<p>42D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, p. 42. \u00ab<em>De los que se entremeten sin licencia del prelado de su propia voluntad de poner obreros y fabriqueros en las eglesias<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>43BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, pp. 302-303.<\/p>\n<p>44GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II., p. 397.<\/p>\n<p>45El futuro Benedicto XIII.<\/p>\n<p>46BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 36.<\/p>\n<p>47A.M.O. <em>Libro Becerro de Privilegios Reales<\/em>, ff. 93-93v.<\/p>\n<p>48GISBERT Y BALLESTEROS, E.: <em>op. cit.<\/em>, t. II, pp. 311-332 publica un \u00ab<em>cat\u00e1logo de gobernadores<\/em>\u00bb del reino de Valencia m\u00e1s all\u00e1 de Jijona.<\/p>\n<p>49BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 28.<\/p>\n<p>50<em>Ibidem<\/em>, t. II, p. 6.<\/p>\n<p>51Esta controversia es analizada por los diversos autores. GEA MART\u00cdNEZ, J.R.: <em>op. cit.<\/em>, pp. 11-12. VILAR, J.B.: <em>Los siglos XIV y XV&#8230;<\/em>, p. 372. GISBERT Y BALLESTEROS, E.: <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 411. CHIARRI MART\u00cdN, M.L.: <em>op. cit.<\/em>, p. 27.<\/p>\n<p>52BELLOT, P.: <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 36.<\/p>\n<p>53D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, pp. 44-47.<\/p>\n<p>54ROXAS Y CONTRERAS, D. de, <em>op. cit.<\/em>, p. 12. \u00ab<em>Hic vixit multimode tribulatus propter vandositates pro tunc urgentes, quibus se miscere voluit ambulans extra metham per tempora multa, quasi exul, et tandem in suo regressu defunctus est&#8230;<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>55A.M.O. <em>Libro Becerro de Privilegios Reales<\/em>, ff. 123v-126.<\/p>\n<p>56GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 452.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA IGLESIA ORIOLANA A LO LARGO DEL SIGLO XIV: EL NACIMIENTO DE LAS REIVINDICACIONES EPISCOPALES. El Se\u00f1or\u00edo del infante D. Fernando. El obispo Magaz debi\u00f3 morir en 1302. Como sucesor fue electo D. Mart\u00edn, quien ci\u00f1\u00f3 la mitra cartaginense hasta 1311. El nuevo prelado destac\u00f3 por su natural belicoso. 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