{"id":16,"date":"2021-09-29T04:23:31","date_gmt":"2021-09-29T04:23:31","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/obispadoorihuela\/?page_id=16"},"modified":"2021-09-29T04:31:17","modified_gmt":"2021-09-29T04:31:17","slug":"06-la-instauracion-perpetua-del-vicariato-general-de-orihuela","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/obispadoorihuela\/06-la-instauracion-perpetua-del-vicariato-general-de-orihuela\/","title":{"rendered":"06. La instauraci\u00f3n perpetua del Vicariato General de Orihuela"},"content":{"rendered":"<ol>\n<li><strong> La consecuci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n del vicariato general perpetuo.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a Murcia la bula de Nicol\u00e1s V, el obispo y el cabildo de Cartagena comenzaron a realizar las gestiones oportunas para que fuese puesta en ejecuci\u00f3n. Convencieron a los jueces diputados por el pont\u00edfice para que cumpliesen con sus comisiones, y \u00e9stos intentaron publicarla.<\/p>\n<p>Y tal como hab\u00eda sucedido con las sentencias y los ejecutoriales revocatorios del vicariato, o con la anulaci\u00f3n del obispado promulgada por Eugenio IV, los oriolanos se negaron a aceptar el yugo cartaginense-castellano, y les fueron aplicadas todas las penas advertidas, entre ellas, el entredicho. Y como si para ellos fuese natural o corriente la vida fuera del seno de la Santa Madre Iglesia, comenzaron casi impert\u00e9rritos la serie de apelaciones.<\/p>\n<p>\u00danicamente hubo algunos cl\u00e9rigos que se ausentaron secretamente de la ciudad del Bajo Segura, a fin de no incurrir en las censuras. No obstante, el problema de las huidas qued\u00f3 solucionado cuando el vicario Despuig, que no s\u00f3lo segu\u00eda tan fiel a la causa oriolana como siempre, sino que, a\u00fan m\u00e1s, se hab\u00eda convertido en uno de sus principales adalides, compareci\u00f3 ante el <em>Consell<\/em>, el teniente de gobernador y el baile general, y les confirm\u00f3 que, obtemperando las provisiones reales -las ya referidas de Alfonso V y una m\u00e1s reciente del rey de Navarra-, ejercer\u00eda su oficio vicarial. Ello tranquiliz\u00f3 las conciencias de muchos eclesi\u00e1sticos y aminor\u00f3 los escr\u00fapulos de los laicos. Y su actitud tuvo mucho que ver en el hecho de que la corporaci\u00f3n municipal lograse persuadir a algunos presb\u00edteros para que celebrasen los divinos oficios e impartiesen algunos de los sacramentos, pese a la decretada suspensi\u00f3n. Adem\u00e1s, los mun\u00edcipes, siguiendo las \u00f3rdenes del <em>Magn\u00e1nimo<\/em>, adoptaron la medida que m\u00e1s pod\u00eda irritar al pastor cartaginense, incluso por encima de la rebeld\u00eda y la desafecci\u00f3n de su reba\u00f1o espiritual del lado oriental de la frontera castellano-aragonesa: procedieron a la intervenci\u00f3n y secuestro de todos los diezmos que le pertenec\u00edan en los territorios de la Bail\u00eda oriolana.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n murciana no se hizo esperar. Comontes acudi\u00f3 al arzobispo de Toledo para que procesara a los contradictores, y se entabl\u00f3 un nuevo pleito en su curia metropolitana<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Por su parte, las autoridades oriolanas respondieron a la ofensiva adversaria, enviando de nuevo a Roma, en 1452, al procurador Pedro de Galbe. Y siguieron depositando su confianza en el poder y la influencia del m\u00e1s insigne de los partidarios de la erecci\u00f3n del Obispado, el conde de Cocentaina, quien hab\u00eda hecho p\u00fablico que tambi\u00e9n viajar\u00eda a Italia, donde se encargar\u00eda de realizar las diligencias conducentes al \u00e9xito del negocio.<\/p>\n<p>Pasados dos a\u00f1os, las reclamaciones oriolanas permanec\u00edan estancadas, y el cada vez m\u00e1s abierto rompimiento con el obispo se hizo ciertamente inc\u00f3modo para la ciudad del Bajo Segura. Por ello, dicho a\u00f1o 1454 sus autoridades municipales y eclesi\u00e1sticas enviaron a las cortes real y pontificia a nuevos s\u00edndicos -entre ellos, a Jaime Rocamora-. Escribieron a D. Jimeno P\u00e9rez de Corella con el prop\u00f3sito de recordarle el acuerdo que desde hac\u00eda a\u00f1os manten\u00edan. Y tambi\u00e9n se dirigieron a los citados procuradores, a fin de mandarles que redoblasen sus esfuerzos, y los enfocaran fundamentalmente a la consecuci\u00f3n de la \u00ab<em>bula de la catedral<\/em>\u00bb o, en su defecto, a la confirmaci\u00f3n del Vicariato. Y la desesperaci\u00f3n de los \u00e1nimos lleg\u00f3 hasta tal punto que las necesidades religiosas forzaron a los mandatarios oriolanos a solicitar a Alfonso V su real permiso para poder negociar con el obispo a fin de llegar a un acuerdo con \u00e9l. El vicario Despuig ten\u00eda atribuciones que pod\u00edan servir muy bien para proporcionar a los fieles una atenci\u00f3n espiritual de urgencia, pero entre ellas no se hallaban, por ejemplo, facultades que estaban reservadas a la dignidad episcopal como la administraci\u00f3n de ciertos sacramentos -la confirmaci\u00f3n o el orden sacerdotal-, cuya impartici\u00f3n inmediata en Orihuela y su distrito se consideraba absolutamente necesaria e ineludible<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hemos de destacar sobre este a\u00f1o 1454 que el 21 de julio falleci\u00f3 el principal promotor de la confirmaci\u00f3n de la anulaci\u00f3n del obispado, el rey Juan II de Castilla<sup>3<\/sup>. Fue sucedido por su hijo, Enrique IV el <em>Impotente<\/em>, quien poco despu\u00e9s de comenzar a reinar firm\u00f3 la paz con el rey Juan I de Navarra y con Alfonso V de Arag\u00f3n.<\/p>\n<p>El a\u00f1o siguiente -1455- tambi\u00e9n comenz\u00f3 con una noticia necrol\u00f3gica, que curiosamente les sirvi\u00f3 a los oriolanos para incluir un nuevo argumento en su relaci\u00f3n de alegatos. El sumo pont\u00edfice falleci\u00f3 en Roma el 24 de marzo. Y quince d\u00edas despu\u00e9s result\u00f3 elegido como sucesor suyo y de San Pedro un viejo conocido y partidario de la causa episcopal encabezada por la ciudad del Bajo Segura: D. Alfonso de Borja, que tom\u00f3 el nombre de Calixto III<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, el proceso incoado en los tribunales de la curia arzobispal de Toledo estaba llegando a su apogeo, y las autoridades oriolanas eran conscientes de la necesidad de presentar el mayor n\u00famero de alegaciones en contra del obispo y el cabildo cartaginenses, y de fundamentar, al mismo tiempo, las ya expuestas sobre bases m\u00e1s s\u00f3lidas. Y desde este punto de vista, como hemos avanzado, la muerte de Nicol\u00e1s V les abri\u00f3 nuevas posibilidades argumentales.<\/p>\n<p>Tras llegar la nueva en la ciudad, los mun\u00edcipes se afanaron por consultar a los mejores canonistas de Valencia si el fallecimiento del pont\u00edfice podr\u00eda conllevar alguna repercusi\u00f3n inmediata sobre el aludido litigio.<\/p>\n<p>Los juristas les respondieron que puesto que Comontes no hab\u00eda podido conseguir que la bula del 14 de julio de 1451 fuese ejecutada en vida de su autor, \u00e9sta hab\u00eda perdido su valor con la muerte del papa, de modo que las pretensiones del obispo eran absolutamente vanas. Y para mayor solaz de los ediles, concluyeron su razonamiento explicando que como el citado rescripto de Nicol\u00e1s V, que era derogatorio del vicariato, no hab\u00eda sido puesto en vigor, Jaime Despuig pod\u00eda seguir ejerciendo su oficio con toda legitimidad<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<p>Y consecuentemente con la opini\u00f3n de los mencionados expertos en Leyes, las autoridades de la ciudad hicieron p\u00fablica la nulidad del entredicho.<\/p>\n<p>No obstante, esta consideraci\u00f3n fue unilateral, pues el obispo cartaginense se neg\u00f3 a aceptar las nuevas tesis oriolanas y mantuvo intacta la censura. Ello gener\u00f3 ciertas dudas entre \u00ab<em>algunos escrupulosos y de conciencia timorata<\/em>\u00bb, y para aquietarlos, el <em>Consell<\/em> decidi\u00f3 enviar a Valencia al teniente del vicario Despuig, el can\u00f3nigo Francisco Desprats, con el fin de hacer algunas consultas sobre el tema a los canonistas m\u00e1s competentes<sup>6<\/sup>. Corr\u00eda ya el a\u00f1o 1456.<\/p>\n<p>Desprats obtuvo respuestas encontradas y diversidad de pareceres, por lo que a su vuelta a Orihuela, le fue encomendada una nueva misi\u00f3n, de mucha mayor envergadura: desplazarse a Roma, para tratar de aclarar la cuesti\u00f3n de la validez de la bula de Nicol\u00e1s V, y para coadyuvar a la obtenci\u00f3n del obispado. Los mun\u00edcipes le proveyeron de cartas de creencia, c\u00e9dulas de recomendaci\u00f3n e, incluso, sellos en blanco, con el fin de facilitarle la realizaci\u00f3n de los tr\u00e1mites. Y el teniente parti\u00f3 en direcci\u00f3n a la Ciudad Eterna.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s de su marcha, lleg\u00f3 a la ciudad del Bajo Segura una carta procedente de N\u00e1poles, firmada por Jaime Rocamora. En ella, el s\u00edndico informaba al <em>Consell<\/em> que, por fin, las gestiones efectuadas por los procuradores de la ciudad (Pedro de Galbe, Pedro Ruiz y \u00e9l mismo) ante Alfonso V y Calixto III hab\u00edan dado los frutos anhelados, y que, gracias a la solicitud del embajador regio, el conde de Sant\u00e1ngel, el pont\u00edfice hab\u00eda decretado la confirmaci\u00f3n definitiva del vicariato general, incluyendo en el instrumento cl\u00e1usulas tan favorables a los intereses oriolanos como la concesi\u00f3n al vicario de ampl\u00edsimas atribuciones y capacidades<sup>7<\/sup>, o la facultad de imponer severas penas eclesi\u00e1sticas a los contradictores del rescripto<sup>8<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de recibir la alborozadora noticia, a principios de 1457 lleg\u00f3 a Orihuela Pedro de Galbe, tras haber estado en Italia cuatro a\u00f1os enteros. Trajo consigo el referido documento, junto con otros muchos instrumentos relacionados con cuestiones eclesiales<sup>9<\/sup>:<\/p>\n<p>-Dos letras apost\u00f3licas: una bula confirmatoria de todos los autos realizados por D. Jaime Despuig en el ejercicio de su cargo; y un rescripto en el que el santo padre mandaba la reparaci\u00f3n de las casas del obispo a costa de las rentas de \u00e9ste<sup>10<\/sup>.<\/p>\n<p>-Y diversas provisiones reales: un ejecutorial del vicariato; y varias c\u00e9dulas dirigidas al gobernador, al baile y al <em>Consell<\/em> oriolano, orden\u00e1ndoles que no obedeciesen al obispo.<\/p>\n<p>Tras hacer entrega de los 29 documentos que llevaba a los mun\u00edcipes, les reclam\u00f3 el pago de los gastos derivados de su expedici\u00f3n. Y aunque en un primer momento, los ediles se negaron a satisfacerle las costas, aduciendo que \u00e9stas deb\u00edan ser sufragadas por el conde de Cocentaina en virtud del acuerdo que ten\u00edan suscrito con \u00e9l, finalmente se avinieron a abonarle el dinero.<\/p>\n<p>El logro de la confirmaci\u00f3n del vicariato general les hizo replantearse la situaci\u00f3n. Y de este modo llegaron a una serie de conclusiones, que motivaron un giro considerable de sus objetivos. Por una parte, se dieron cuenta de que las arcas municipales estaban absolutamente exhaustas, y de que no podr\u00edan afrontar mucho m\u00e1s tiempo los ingentes gastos que requer\u00edan las continuas representaciones en N\u00e1poles y en Roma. Adem\u00e1s, cobraron conciencia de que el asunto de la erecci\u00f3n del obispado, a la que no renunciaban tras haberla obtenido en 1442, se retrasaba d\u00eda tras d\u00eda, y que su consecuci\u00f3n se hac\u00eda cada vez m\u00e1s dif\u00edcil. Se apercibieron tambi\u00e9n de que cierto sector de la poblaci\u00f3n opinaba que incluso val\u00eda la pena sacrificar el logro del vicariato en pro de la paz, y para remediar los pleitos y las discordias con el obispo de Cartagena, y evitar as\u00ed las vejaciones que continuamente sufr\u00edan por parte de D. Diego de Comontes.<\/p>\n<p>Valorando todos estos factores, pero sin llegar a este \u00faltimo extremo, el <em>Consell<\/em> de Orihuela decidi\u00f3 afianzar el vicariato y reducir los gastos derivados de la presencia de los diferentes procuradores oriolanos en Italia, aunque ello supusiera una disminuci\u00f3n de las gestiones directas en pos del obispado. De esa manera, para evitar mayores dispendios, escribieron al s\u00edndico Jaime Rocamora que volviese de N\u00e1poles, y al protector D. Jimeno P\u00e9rez de Corella, con el fin de que le diese licencia para hacerlo.<\/p>\n<p>Y Rocamora les dio una considerable lecci\u00f3n de patriotismo y esplendidez, al contestarles que, antes de abandonar las diligencias proepiscopales, prefer\u00eda quedarse en la corte real por su cuenta y sin salario hasta conseguir las bulas de creaci\u00f3n del obispado. Los mun\u00edcipes no pudieron sino acoger con sorpresa y admiraci\u00f3n la respuesta del fiel procurador.<\/p>\n<p>La desinteresada actividad de Rocamora no dej\u00f3 de ser eficaz. Y sus peticiones al monarca, hicieron que \u00e9ste escribiese el 5 de noviembre una carta a Calixto III, suplic\u00e1ndole que declarase que la bula de revocaci\u00f3n del obispado \u00ab<em>conten\u00eda vicios de obrepci\u00f3n y subrepci\u00f3n<\/em>\u00bb, esto es, que fue obtenida propiciando la disposici\u00f3n de Eugenio IV con falsas informaciones, y que mientras se decid\u00eda la reinstauraci\u00f3n del obispado de Orihuela, siguiese en vigor la concesi\u00f3n del vicariato<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, a principios de 1458 falleci\u00f3 D. Jimeno P\u00e9rez de Corella quien, recordemos, hab\u00eda percibido las rentas del prelado y el cabildo de Cartagena desde mediados de 1440, por orden de Alfonso V, hasta la revocaci\u00f3n de Eugenio IV en 1443 y, posteriormente, desde la comisi\u00f3n del cardenal Morinense en mayo de 1445 hasta la propia fecha de su muerte.<\/p>\n<p>Le sucedi\u00f3 en el t\u00edtulo su hijo Juan Ruiz de Corella, quien al avisar al <em>Consell<\/em> de Orihuela del \u00f3bito de su padre, les manifest\u00f3 a los mun\u00edcipes su deseo de continuar ocup\u00e1ndose de los negocios de la ciudad del Bajo Segura, con el mismo inter\u00e9s que puso el conde.<\/p>\n<p>La citada corporaci\u00f3n le ofreci\u00f3 su m\u00e1s sentida condolencia, dici\u00e9ndole que Orihuela hab\u00eda perdido un \u00ab<em>buen patr\u00f3n<\/em>\u00bb, y, acto seguido, le respondi\u00f3 afirmativamente, a\u00f1adiendo que el can\u00f3nigo Desprats llevaba dos a\u00f1os en Roma esperando que los Corella le favoreciesen en el asunto de la Catedral, y tratando de obtener respuestas acerca de la validez del entredicho impuesto sobre la se\u00f1alada ciudad por Comontes<sup>12<\/sup>.<\/p>\n<p>D\u00edas m\u00e1s tarde, los ediles recibieron una carta del <em>Magn\u00e1nimo<\/em> en la que, de igual forma, les informaba de la muerte de D. Jimeno, y les manifestaba su voluntad de que el nuevo conde de Cocentaina sucediese a su padre en la cobranza de las rentas episcopales.<\/p>\n<p>Y teniendo presente la experiencia anterior, para evitar que el negocio del obispado se dilatase a\u00fan m\u00e1s, las autoridades oriolanas decidieron echar el resto e incrementar de nuevo las gestiones en N\u00e1poles y en Roma. Seg\u00fan este nuevo criterio, volvieron a dirigirse por escrito al monarca y al pont\u00edfice.<\/p>\n<p>Al primero le rogaron que tomase las medidas oportunas para favorecerles en los pleitos que ten\u00edan entablados con el obispo, y para que las censuras impuestas por \u00e9ste no les afectaran.<\/p>\n<p>Y a la m\u00e1xima autoridad religiosa le suplicaron que les hiciese la se\u00f1alada merced de liberarles de la servidumbre de los prelados cartaginenses, a los que calificaron como sus enemigos naturales. Le explicaron que llevaban enfrentados judicialmente con ellos unos treinta a\u00f1os, y que en ese momento se hallaban entredichos en virtud de las penas impuestas a los contradictores por la bula de Nicol\u00e1s V, aunque hab\u00edan interpuesto apelaciones contra dicho rescripto. Y terminaron su solicitud diciendo que nunca prometer\u00edan volver al regimiento de los castellanos, sobre todo, porque adem\u00e1s de que \u00e9stos aflig\u00edan constantemente sus almas con diferentes vejaciones, Alfonso el <em>Magn\u00e1nimo<\/em> les hab\u00eda ordenado que no obedeciesen ni al prelado ni a sus oficiales<sup>13<\/sup>.<\/p>\n<p>En ese momento, el obispo de Cartagena pas\u00f3 de nuevo a la ofensiva. Hall\u00f3 una soluci\u00f3n para cortar de ra\u00edz las continuas rebeld\u00edas y la desobediencia del vicario general Despuig y de otros muchos eclesi\u00e1sticos de la parte oriental de la di\u00f3cesis. Apoy\u00e1ndose en tales m\u00f3viles, los destituy\u00f3 de sus prebendas, les expidi\u00f3 una citaci\u00f3n a fin de que compareciesen ante \u00e9l en la ciudad de Murcia, y nombr\u00f3 para los beneficios vacantes a otros cl\u00e9rigos que s\u00ed aceptaban su autoridad como la \u00fanica leg\u00edtima.<\/p>\n<p>Como representante de los afectados, el vicario interpuso una apelaci\u00f3n para la curia pontificia y acudi\u00f3 al <em>Consell<\/em> de Orihuela, el cual, recordemos, hab\u00eda prometido defenderlo ante cualquier posible ataque cartaginense. Coment\u00f3 que la situaci\u00f3n hab\u00eda sido provocada porque hab\u00eda seguido la voluntad real y las peticiones de la propia corporaci\u00f3n municipal, esto es, por mostrar beligerancia espiritual hacia el prelado y no querer observar el entredicho. Y les requiri\u00f3 a los <em>consellers<\/em> que interviniesen en la causa, y que impidiesen a la autoridad episcopal que les privase materialmente de las piezas eclesi\u00e1sticas que ocupaban y de las rentas que ten\u00edan anexas.<\/p>\n<p>El <em>Consell<\/em> no desampar\u00f3 al vicario general, sino que, al contrario, decidi\u00f3 enviar un mensajero a Italia, con el prop\u00f3sito de tratar el asunto con D. Juan Ruiz de Corella, el nuevo protector de la ciudad, y de realizar las gestiones necesarias para solucionar el nuevo conflicto tanto ante el rey como cabe el sumo pont\u00edfice. No obstante, finalmente, se aplaz\u00f3 su salida hasta el retorno de Francisco Desprats y de Jaime Rocamora<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<p>Entonces, ocurri\u00f3 un acontecimiento inesperado y sumamente favorable. Fuentes no muy fidedignas consignan que un d\u00eda de finales del mes de febrero o de principios del de marzo, el obispo Comontes, movido por la inquina, sali\u00f3 en procesi\u00f3n junto con toda la clerec\u00eda murciana, con el prop\u00f3sito de cantar desde la Puerta de Orihuela el Salmo de Maldici\u00f3n contra los oriolanos, y que mientras se produc\u00eda tal acto vilipendiador le acometi\u00f3 un ataque de apoplej\u00eda que lo inutiliz\u00f3 por completo, quedando <em>in extremis<\/em><sup>15<\/sup>, y que en poco tiempo, el 6 de marzo, lo llev\u00f3 al sepulcro<sup>16<\/sup>.<\/p>\n<p>La coyuntura no pod\u00eda ser m\u00e1s propicia: un rey dispuesto, un pont\u00edfice valenciano favorable, el apoyo del conde de Cocentaina&#8230; Por ello, el <em>Consell<\/em> escribi\u00f3 sendas misivas a D. Juan Ruiz de Corella y al propio Alfonso V manifest\u00e1ndoles que hab\u00eda llegado el momento indicado para abandonar la sumisi\u00f3n a los castellanos. Al monarca, los mun\u00edcipes le remitieron, adem\u00e1s, una largu\u00edsima suplicaci\u00f3n de alrededor de 70 cap\u00edtulos, con la intenci\u00f3n de que el <em>Magn\u00e1nimo<\/em> impidiese el nombramiento del nuevo obispo cartaginense hasta que Calixto III decretase la dismembraci\u00f3n de la di\u00f3cesis y la erecci\u00f3n del nuevo obispado de Orihuela.<\/p>\n<p>Sin embargo, cuando las expectativas de \u00e9xito se hab\u00edan multiplicado hasta generar en las autoridades del Bajo Segura una euforia contenida, un turbio asunto empeor\u00f3 notablemente las relaciones con el papa y puso en peligro el proyecto disgregador.<\/p>\n<p>Varios cl\u00e9rigos partidarios de Cartagena revelaron al sumo pont\u00edfice que Alfonso V ten\u00eda presos a dos eclesi\u00e1sticos, uno de Orihuela y otro de Alicante, llamados Manresa y Borell. Y a fin de forzar al monarca a liberarlos, el papa mand\u00f3 prender al procurador oriolano, Francisco Desprats. Durante la detenci\u00f3n, le fueron hallados doce sellos en blanco de la ciudad y, por ello, fue encerrado en la torre del Sold\u00e1n.<\/p>\n<p>Considerando injustificado el encarcelamiento de su s\u00edndico, el <em>Consell<\/em> de Orihuela escribi\u00f3 sendas comunicaciones al <em>Magn\u00e1nimo<\/em> y al conde de Cocentaina pidi\u00e9ndoles que gestionaran su liberaci\u00f3n, y que ayudasen a Desprats a conseguir alguna provisi\u00f3n favorable, al menos, en relaci\u00f3n con el entredicho<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>Las solicitudes oriolanas perdieron todo su sentido en los meses siguientes. El 28 de junio de 1458 muri\u00f3 en el castillo de oro de N\u00e1poles Alfonso V el <em>Magn\u00e1nimo<\/em>, cuando meditaba regresar a la Corona de Arag\u00f3n, para apartarla de la obediencia de Calixto III por cuestiones relacionadas con las turbulencias de Navarra<sup>18<\/sup>. En su testamento, leg\u00f3 el trono de N\u00e1poles a su hijo bastardo D. Fernando, el duque de Calabria, y encomend\u00f3 la direcci\u00f3n del resto de los territorios de la Corona de Arag\u00f3n a su hermano, el rey de Navarra, los cuales comenz\u00f3 a gobernar con el nombre y el ordinal de Juan II.<\/p>\n<p>Por esas fechas, tambi\u00e9n le entreg\u00f3 su alma al Dios de los cristianos Calixto III. El pont\u00edfice valenciano falleci\u00f3 el d\u00eda 8 de agosto siguiente, en Roma, siendo sucedido como vicario de Cristo por Enea Silvio Piccolomini, P\u00edo II<sup>19<\/sup>.<\/p>\n<p>Ante la doble novedad, el <em>Consell<\/em> de la ciudad del Bajo Segura tuvo que tomar medidas urgentes. En primer lugar, Jaime Rocamora tuvo que volverse de N\u00e1poles, dejando los \u00ab<em>negocios imperfectos<\/em>\u00bb<sup>20<\/sup>. Por otro lado, los mun\u00edcipes tuvieron que reiniciar las diferentes gestiones que llevaban entre manos. Escribieron al nuevo rey con la misma intenci\u00f3n que lo hab\u00edan hecho previamente al monarca anterior: le rogaron que suplicase a P\u00edo II el excarcelamiento de Desprats. Y enviaron como procurador a una persona perita en tales artes y manejos, Pedro de Galbe. No obstante, en esta ocasi\u00f3n -como en tantas otras-, los murcianos se les adelantaron y convencieron a Juan II para que mandase a los oriolanos que le prestasen obediencia al cabildo de Cartagena, en sede vacante, y al obispo cuando fuese provisto en la citada mitra.<\/p>\n<p>Pero cuando Galbe lleg\u00f3 a la corte y le coment\u00f3 los agravios que sus vasallos de la Gobernaci\u00f3n sufr\u00edan continuamente de los obispos cartaginenses, el rey mud\u00f3 de parecer, y no s\u00f3lo se retract\u00f3 de la orden anterior, sino que mand\u00f3 a los ediles oriolanos que enviaran mensajeros a Roma para gestionar la creaci\u00f3n del obispado, y les dijo que les entregar\u00eda cartas de recomendaci\u00f3n para que pudiesen suplicarla al pont\u00edfice con mayores posibilidades de \u00e9xito.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, a fin de reforzar m\u00e1s las reclamaciones episcopales, la viuda de D. Jimeno P\u00e9rez de Corella envi\u00f3 a la ciudad del Bajo Segura a su hijo Pedro Ruiz de Corella -quien en otros tiempos fuera nombrado obispo de Orihuela-, para que eligiese un s\u00edndico a gusto del <em>Consell<\/em>. \u00c9ste se person\u00f3 en la citada poblaci\u00f3n, y present\u00f3 a la citada instituci\u00f3n una carta de su madre, en la que la se\u00f1ora se ofrec\u00eda a costear el env\u00edo a Roma de un comisionado -para cuyo nombramiento hab\u00eda facultado a su hijo-, con la intenci\u00f3n de que, junto con el s\u00edndico municipal, practicase las diligencias oportunas tanto ante el monarca como ante el papa en aras a la consecuci\u00f3n del obispado. La aprobaci\u00f3n de la propuesta fue un\u00e1nime, y la elecci\u00f3n recay\u00f3 en Pedro de Galbe, persona con experiencia en tales negociaciones, y que ya hab\u00eda estado en Italia durante cuatro a\u00f1os procurando los intereses de la Corona de Arag\u00f3n, la ciudad de Orihuela y la casa de Cocentaina. Galbe acept\u00f3 su nueva comisi\u00f3n y en poco tiempo emprendi\u00f3 el viaje junto al diputado concejil.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s se present\u00f3 en Orihuela el can\u00f3nigo murciano Sancho Mej\u00eda. Cit\u00f3 al conde y al <em>Consell<\/em>, y se ofreci\u00f3 a alzar el entredicho a cambio de la restituci\u00f3n de las rentas episcopales. Pero la proposici\u00f3n no convenci\u00f3 a la corporaci\u00f3n municipal, y menos al conde, por lo que no tuvo ning\u00fan efecto<sup>21<\/sup>.<\/p>\n<p>El 20 de marzo del a\u00f1o siguiente -1459-, fue nombrado obispo de la sede cartaginense D. Lope de Rivas<sup>22<\/sup>, prior de Osma, oidor del Consejo de Su Majestad, y confesor de la reina y de la infanta D\u00aa. Isabel. Dedic\u00f3 sus primeros esfuerzos a la magna tarea de la terminaci\u00f3n de la Catedral de Murcia<sup>23<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en 1459 se produjo la liberaci\u00f3n de Francisco Desprats, y su vuelta a Orihuela. Cuando por fin lleg\u00f3 a la ciudad, las autoridades le compensaron seg\u00fan su satisfacci\u00f3n por todas las penalidades que hab\u00eda tenido que sufrir durante la embajada. Trajo consigo una letra pontificia dirigida a los vicarios generales de Valencia, en la que P\u00edo II les facultaba para absolver <em>ad cautelam<\/em>, es decir, cautelarmente, a los oriolanos del entredicho impuesto sobre ellos por los cartaginenses.<\/p>\n<p>Ese mismo a\u00f1o se extendi\u00f3 el rumor de que Enrique IV de Castilla y Juan II de Arag\u00f3n hab\u00edan pactado encontrarse en un lugar equidistante de las capitales de sus respectivos reinos para negociar diferentes asuntos que afectaban a las dos coronas, entre ellos, la vuelta de Orihuela a la obediencia de los prelados cartaginenses. Por ello, el <em>Consell<\/em> reaccion\u00f3 de modo inmediato. Le encarg\u00f3 a Juan Ferr\u00e1ndez de Mesa, que ya estaba en la corte, que se ocupase de defender los derechos de su patria, impidiendo que se renovase la subordinaci\u00f3n, y solicitando que siguiera en vigor el vicariato independiente conseguido tres a\u00f1os antes, con la particularidad de que la elecci\u00f3n del cl\u00e9rigo que ocupase tal oficio corriese a cargo del cap\u00edtulo del Salvador.<\/p>\n<p>Las sospechas del organismo municipal oriolano fueron infundadas. Muy al contrario, la pol\u00edtica pacifista de Enrique IV el <em>Impotente<\/em> propici\u00f3 el inicio de las negociaciones entre el obispo Lope de Rivas y el cabildo de Cartagena, <em>ex una<\/em>, y el cap\u00edtulo del Salvador y las poblaciones de Orihuela, Alicante, Elche y Ayora, <em>ex alia<\/em>. Y, por fin, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de discordias y enfrentamientos, el 2 de julio de 1461 ambas partes firmaron la Concordia de Logro\u00f1o, mediante la cual consiguieron arreglar las diferencias que manten\u00edan en relaci\u00f3n a la cuesti\u00f3n del vicariato.<\/p>\n<p>El acuerdo estipulaba la devoluci\u00f3n de los frutos episcopales. Y como contraprestaci\u00f3n, los fieles de la bail\u00eda oriolana lograron una serie de concesiones. En este sentido, el pacto establec\u00eda que el obispo habr\u00eda de colocar un oficial en Orihuela, y un vicario en cada una de las iglesias de Elche, Alicante y Ayora, y que todos ellos, adem\u00e1s de cumplir con el requisito de ser regn\u00edcolas, habr\u00edan de gozar de las mismas atribuciones que hab\u00edan tenido con anterioridad todos los arciprestes de la di\u00f3cesis cartaginense. Adem\u00e1s, el obispo tendr\u00eda que nombrar en la capital de la Gobernaci\u00f3n a un vicario general, de entre una pareja de candidatos que le ser\u00eda presentada por el pavorde y el cap\u00edtulo del Salvador. Dicho vicario general tendr\u00eda la potestad correspondiente a su cargo, y contar\u00eda con amplios poderes a la hora de resolver causas y cuestiones en caso de guerra entre las Coronas de Castilla y Arag\u00f3n. No obstante, su independencia respecto al obispo no era total, puesto que en todo momento pod\u00eda ser corregido y castigado por la autoridad episcopal.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el convenio supuso la absoluci\u00f3n plena de todos los fieles de la parte oriental del obispado cartaginense de cuantas penas y censuras eclesi\u00e1sticas pesasen sobre su condici\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>Y para dar una mayor firmeza al acuerdo, las partes concordadas acudieron a P\u00edo II para que decretase su confirmaci\u00f3n, lo que hizo el pont\u00edfice por medio de una bula dada en Roma el 10 de abril del a\u00f1o siguiente -1462-<sup>24<\/sup>.<\/p>\n<p>Y a\u00fan dos a\u00f1os despu\u00e9s, el 23 de abril de 1464, el citado papa se vio forzado a revisar las concesiones hechas por sus predecesores Eugenio IV y Nicol\u00e1s V a D. Jimeno P\u00e9rez de Corella<sup>25<\/sup>.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Unos cuantos a\u00f1os de tranquilidad espiritual: los vicariatos de Jaime Despuig y Francisco Desprats.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>En 1464, los problemas volvieron a aparecer en el seno del obispado cartaginense. Pero en esta ocasi\u00f3n no afectaron a la parte oriental de la di\u00f3cesis. La ciudad de Cartagena, antigua capital de la di\u00f3cesis, ven\u00eda reclamando que, una vez desaparecidos los motivos que propiciaron el traslado catedralicio a Murcia, la sede hab\u00eda de retornar a la poblaci\u00f3n que le daba el nombre.<\/p>\n<p>Lope de Rivas comprendi\u00f3 que el asunto \u00fanicamente quedar\u00eda zanjado si se pronunciaba al respecto la Santa Sede, y lo plante\u00f3 en la Curia romana. Y, por fin, el 24 de enero del a\u00f1o siguiente -1465- consigui\u00f3 del nuevo papa, Paulo II, la expedici\u00f3n de una bula que confirmaba la capitalidad de Murcia al frente del obispado, y el mantenimiento del nombre con el que la sede fue fundada y restaurada: <em>Cartaginensis<\/em>. De esta manera, la iglesia reedificada de Santa Mar\u00eda la Mayor de Murcia qued\u00f3 como Catedral y las reclamaciones cartageneras fueron postergadas<sup>26<\/sup>.<\/p>\n<p>Aparte de esta cuesti\u00f3n de orden interno del obispado cartaginense, a lo largo del episcopado de Lope de Rivas no hemos hallado ning\u00fan incidente que originase nuevos altercados entre las autoridades eclesi\u00e1sticas murcianas y la poblaci\u00f3n laica y clerical de Orihuela.<\/p>\n<p>Ello viene a significar que no hubo injerencias del poder cartaginense en la esfera de facultades del vicario general. \u00c9stas s\u00ed reaparecieron, en cambio, durante los a\u00f1os de \u00abgobierno\u00bb del siguiente prelado: el valenciano D. Rodrigo de Borja, quien fue nombrado para la citada mitra en 1480.<\/p>\n<p>Su designaci\u00f3n debi\u00f3 caer como un regalo para la poblaci\u00f3n de la Gobernaci\u00f3n <em>ultra Sexonam<\/em>. Era sobrino del recordado Calixto III, \u00ab<em>un eminent\u00edsimo y sapient\u00edsimo jurisconsulto, m\u00e1s que sacerdote, y hombre de mundo avezado a la suntuosidad y lujo de las peque\u00f1as cortes italianas de la Edad Media<\/em>\u00bb<sup>27<\/sup>. Y su condici\u00f3n de regn\u00edcola les hizo pensar que quiz\u00e1 podr\u00edan lograr de \u00e9l una mayor tolerancia o incluso la realizaci\u00f3n del sue\u00f1o episcopal. No obstante, como comprobaremos a continuaci\u00f3n, el comportamiento del obispo no vino a traducir en el \u00e1mbito de los hechos las ilusionadas expectativas oriolanas.<\/p>\n<p>Por otra parte, la situaci\u00f3n al frente de las dos monarqu\u00edas hisp\u00e1nicas vari\u00f3 considerablemente estos a\u00f1os. El 19 de octubre de 1469, la infanta D\u00aa. Isabel, heredera de la Corona de Castilla por la incapacidad de procrear de su hermano Enrique IV el <em>Impotente<\/em>, se cas\u00f3 con el pr\u00edncipe heredero de la Corona de Arag\u00f3n, D. Fernando. El 14 de diciembre de 1474 falleci\u00f3 el monarca castellano y, tras algunos sucesos tumultuosos, la <em>cat\u00f3lica<\/em> pareja accedi\u00f3 al trono de la mayor potencia peninsular. Y unos cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, a ra\u00edz del fallecimiento de Juan II de Arag\u00f3n, acaecido el 19 de enero de 1479, Fernando e Isabel, Isabel y Fernando, tanto monta, monta tanto, unieron ambas coronas, creando un nuevo Estado: la Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica<sup>28<\/sup>.<\/p>\n<p>La nueva realidad pol\u00edtica hab\u00eda de suponer cambios importantes en relaci\u00f3n con el Pleito del Obispado. Orihuela y Murcia tendr\u00edan en adelante los mismos monarcas, y la b\u00fasqueda de apoyos para las tesis de unos y otros se convertir\u00eda en una continua sucesi\u00f3n de embajadas y representaciones, y en una lucha econ\u00f3mica que agot\u00f3 los recursos municipales y eclesi\u00e1sticos de ambas poblaciones.<\/p>\n<p>Asimismo, hemos de rese\u00f1ar que durante este per\u00edodo falleci\u00f3 Jaime Despuig, y que, sin que mediase conflicto alguno, fue promovido al cargo de vicario general su teniente, Francisco Desprats<sup>29<\/sup>.<\/p>\n<p>En 1485, cuando casi se cumpl\u00eda un cuarto de siglo de paz en la parte de la di\u00f3cesis perteneciente al Reino de Valencia, surgieron algunos inconvenientes y tensiones que hicieron recordar a los fieles oriolanos que, a pesar de las reclamaciones, de los esfuerzos, del dinero dispendiado en la causa episcopal, y de los logros parciales conseguidos, a\u00fan estaban bajo el yugo castellano. La unificaci\u00f3n de Castilla y Arag\u00f3n era un acto meramente personal y su consolidaci\u00f3n a\u00fan tardar\u00eda mucho tiempo en producirse. Obsta decir que en modo alguno murcianos y valencianos se consideraban compatriotas, y que las rencillas nacionalistas seguir\u00edan existiendo y ser\u00edan la principal causa propiciadora de las aspiraciones episcopales oriolanas, a\u00fan por encima de los aspectos econ\u00f3micos.<\/p>\n<p>Dicho a\u00f1o, el <em>Consell<\/em> de Orihuela, viendo agotados sus recursos monetarios, decidi\u00f3 volver a reclamar el pago de la sisa a los eclesi\u00e1sticos de la ciudad y su t\u00e9rmino. Ello origin\u00f3 las consecuentes discordias. No obstante, la buena voluntad de las partes en la negociaci\u00f3n, y la intervenci\u00f3n exitosa del vicario Francisco Desprats y de Pedro Argensola, por parte del cap\u00edtulo del Salvador y de toda la clerec\u00eda del distrito, favoreci\u00f3 el final de las disensiones. De esta manera, se acord\u00f3 que los eclesi\u00e1sticos habr\u00edan de pagar la sisa durante los siguientes cuatro a\u00f1os, en concepto de contribuci\u00f3n clerical por los crecidos gastos que devinieron con motivo de los pasados litigios del Vicariato.<\/p>\n<p>Calmada la situaci\u00f3n en la poblaci\u00f3n del Bajo Segura, la concesi\u00f3n no fue vista con buenos ojos por el vicario general del obispado de Cartagena, Juan S\u00e1nchez, quien, en menoscabo de los acuerdos alcanzados en la concordia de Logro\u00f1o, decidi\u00f3 citar a algunas personas para tratar la se\u00f1alada cuesti\u00f3n. Sin embargo, poco m\u00e1s pudo hacer, puesto que el <em>Consell<\/em> de Orihuela respondi\u00f3 a la intromisi\u00f3n con suma urgencia, advirtiendo al vicario cartaginense que revocase las \u00f3rdenes de comparecencia porque al expedirlas estaba causando una \u00ab<em>gran turbaci\u00f3n de la justicia<\/em>\u00bb, y, adem\u00e1s, estaba comprometiendo la estabilidad del obispado al actuar en contra del referido acuerdo. Aunque no conocemos c\u00f3mo termin\u00f3 este incidente, suponemos que Juan S\u00e1nchez hubo de retractarse a fin de respetar el pacto<sup>30<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hubo algunos problemas relacionados con la recolecci\u00f3n de las rentas episcopales de la Gobernaci\u00f3n. El citado provisor S\u00e1nchez los arrend\u00f3 en Orihuela a Juan Ruiz. \u00c9ste se person\u00f3 en Murcia el d\u00eda fijado para la realizaci\u00f3n del pago, pero no pudo efectuar el desembolso. Por ello, el vicario general cartaginense le pidi\u00f3 al corregidor de dicha ciudad que lo prendiese, y el brazo secular procedi\u00f3 a su detenci\u00f3n. Entonces, intercedieron las autoridades oriolanas argumentando que puesto que el arrendador hab\u00eda rematado el contrato en la poblaci\u00f3n del Bajo Segura, s\u00f3lo en ella pod\u00eda ser perseguido y juzgado.<\/p>\n<p>Tampoco conocemos el desenlace del suceso, pero lo que realmente nos interesa resaltar es que tras muchos a\u00f1os de sosiego, los conflictos volvieron a resurgir, y que el prop\u00f3sito de conseguir el obispado independiente no debi\u00f3 llegar a desaparecer de los presupuestos ideol\u00f3gicos de los habitantes de Orihuela.<\/p>\n<p>Y la Edad Moderna comenz\u00f3 con toda su fuerza; con un nuevo enfrentamiento que reaviv\u00f3 las reclamaciones episcopales oriolanas y que contribuy\u00f3 a originar la segunda dismembraci\u00f3n del obispado de Cartagena.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p>1GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. III, p. 359.<\/p>\n<p>2BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 71.<\/p>\n<p>3CAPPELLI, A., <em>op. cit.<\/em>, p. 550.<\/p>\n<p>4<em>Ibidem<\/em>, p. 271. Recordemos que D. Alfonso de Borja intervino en la consecuci\u00f3n de la bula de instituci\u00f3n del vicariato en 1430.<\/p>\n<p>5GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. III, p. 359.<\/p>\n<p>6<em>Ibidem<\/em>, p. 368.<\/p>\n<p>7Las letras de Calixto III atribu\u00edan al vicario general facultades casi exclusivamente reservadas al poder ordinario episcopal, como la posibilidad de proveer beneficios eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n<p>8GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. III, pp. 368-369.<\/p>\n<p>9Da cuenta de ellas BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 72.<\/p>\n<p>10Recordemos que el estado ruinoso y el abandono de las casas del obispo en Orihuela ya hab\u00eda sido motivo de quejas por parte de la ciudad en 1417.<\/p>\n<p>11GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. III, p. 373.<\/p>\n<p>12<em>Ibidem<\/em>, p. 376.<\/p>\n<p>13BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 73.<\/p>\n<p>14GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. III, p. 377.<\/p>\n<p>15MONTESINOS P\u00c9REZ MART\u00cdNEZ Y ORUMBELA, J.: <em>Antig\u00fcedades, Nobleza y Blasones de la ciudad<\/em>, t. IV, cap. VI duplicado.<\/p>\n<p>16FITA, F.: \u00abBosquejo hist\u00f3rico de la Sede Cartaginense&#8230;\u00bb, p. 293. La mayor\u00eda de las fuentes consultadas (Bellot, Gisbert, Fita) se\u00f1alan que la muerte de Comontes se produjo en 1458. Disent\u00eda en ello, empero, D\u00edaz Cassou, <em>op. cit.<\/em>, pp. 56-58, quien afirmaba que el fallecimiento del prelado tuvo lugar cuatro a\u00f1os despu\u00e9s. Pese a que ambas tesis aportan una base documental, la cita de Bellot nos hace inclinarnos a pensar que D. Diego efectivamente muri\u00f3 en 1458.<\/p>\n<p>17BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 74.<\/p>\n<p>18CAPPELLI, A., <em>op. cit.<\/em>, p. 548. GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. III, p. 379.<\/p>\n<p>19CAPPELLI, A., <em>op. cit.<\/em>, p. 272.<\/p>\n<p>20BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, p. 74.<\/p>\n<p>21GISBERT Y BALLESTEROS, E., <em>op. cit.<\/em>, t. III, p. 386.<\/p>\n<p>22A.S.V., <em>Obligationum et Solutionum<\/em>, n\u00ba 76, f. 166.<\/p>\n<p>23D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, pp. 59-62.<\/p>\n<p>24A.S.V. <em>Registri Vaticani<\/em>, n\u00ba 518, ff. 176-180.<\/p>\n<p>25A.S.V. <em>Registri Vaticani<\/em>, n\u00ba 512, f. 94.<\/p>\n<p>26D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, p. 60.<\/p>\n<p>27<em>Ibidem<\/em>, pp. 63-66.<\/p>\n<p>28LYNCH, J.: <em>Espa\u00f1a bajo los Austrias\/1. Imperio y absolutismo (1516-1598)<\/em>, 6\u00aa ed., Madrid, 1989, pp. 7-8.<\/p>\n<p>29No hemos hallado ninguna referencia cronol\u00f3gica que nos permita datar la muerte de Despuig y la elecci\u00f3n de Desprats.<\/p>\n<p>30BELLOT, P., <em>op. cit.<\/em>, t. II, pp. 76-77.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La consecuci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n del vicariato general perpetuo. Cuando lleg\u00f3 a Murcia la bula de Nicol\u00e1s V, el obispo y el cabildo de Cartagena comenzaron a realizar las gestiones oportunas para que fuese puesta en ejecuci\u00f3n. Convencieron a los jueces diputados por el pont\u00edfice para que cumpliesen con sus comisiones, y \u00e9stos intentaron publicarla. 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