{"id":24,"date":"2021-09-29T04:28:15","date_gmt":"2021-09-29T04:28:15","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/obispadoorihuela\/?page_id=24"},"modified":"2021-09-29T04:32:20","modified_gmt":"2021-09-29T04:32:20","slug":"10-la-oposicion-de-carlos-i-a-las-aspiraciones-episcopales-oriolanas","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/obispadoorihuela\/10-la-oposicion-de-carlos-i-a-las-aspiraciones-episcopales-oriolanas\/","title":{"rendered":"10. La oposici\u00f3n de Carlos I a las aspiraciones episcopales oriolanas"},"content":{"rendered":"<ol>\n<li><strong> La fulminante respuesta del duque de Calabria a los primeros escarceos oriolanos de rebeli\u00f3n.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El 10 de mayo y el 15 de junio de 1532, ante los comisarios reales D. Luis Ferrer y D. Luis \u00c7ayd\u00eda, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad de Orihuela, en representaci\u00f3n del pueblo y el clero de la misma, juraron someterse a la autoridad del prelado, el provisor y el cabildo cartaginenses, y se comprometieron a no volver a violar dicha subordinaci\u00f3n y a no causar ning\u00fan perjuicio al \u00ab<em>dit bisbat y esglesia de Carthagena<\/em>\u00bb<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, en todo momento tuvieron presente la idea de que la derogaci\u00f3n del <em>Episcopatus Oriolensis<\/em> era del todo injusta e ilegal. \u00danicamente se avinieron a aceptarla para \u00ab<em>no causar alguns escandells<\/em>\u00bb estando Carlos I fuera de Espa\u00f1a, y confiando en que el emperador, tras retornar a \u00ab<em>estos sos regnes<\/em>\u00bb y comprobar la justicia de sus alegaciones, y haciendo gala de su indudable \u00ab<em>clemencia e benignitat<\/em>\u00bb, mandar\u00eda \u00ab<em>reparar los greuges<\/em>\u00bb y restituir\u00eda la causa al \u00ab<em>estament<\/em>\u00bb en el que se hallaba \u00ab<em>ans que dit breu y executorials fossen obtessos e, de facto, executats<\/em>\u00bb<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese al contenido del juramento, ni siquiera llegaron a plantearse la posibilidad de abandonar las gestiones encaminadas al logro de la definitiva independencia espiritual de la clerec\u00eda murciana. Muy al contrario, decidieron ofrecer resistencia al restablecimiento del poder cartaginense. Y como era de prever, los enfrentamientos no tardaron en producirse.<\/p>\n<p>Durante la segunda quincena de julio de ese mismo a\u00f1o 1532, la actividad de un joven notario murciano llamado Luis de Cifuentes en la poblaci\u00f3n del Bajo Segura resucit\u00f3 las discordias entre el cap\u00edtulo del Salvador y el provisor y el cabildo de Cartagena<sup>3<\/sup>. Aunque la documentaci\u00f3n utilizada para la presente investigaci\u00f3n no nos ha permitido conocer m\u00e1s detalles acerca de esta cuesti\u00f3n, a modo de hip\u00f3tesis y no sin reservas podemos conjeturar que probablemente estas tensiones tuviesen que ver con el hecho de que Cifuentes tratase de ejecutar en nombre de las citadas autoridades cartaginenses alg\u00fan mandato perjudicial a los derechos o las aspiraciones episcopales oriolanas.<\/p>\n<p>Sea como fuere, los eclesi\u00e1sticos murcianos se quejaron ante el lugarteniente general del Reino de que el cap\u00edtulo del Salvador, obviando la prestaci\u00f3n de obediencia, segu\u00eda neg\u00e1ndose a aceptar la superioridad espiritual cartaginense. Y le pidieron que procediese contra los miembros rebeldes del citado cuerpo colegiado. D. Fernando de Arag\u00f3n consider\u00f3 que los cl\u00e9rigos oriolanos hab\u00edan quebrantado gravemente los designios reales, y decidi\u00f3 dirigirse en persona a la ciudad del Bajo Segura, con la firme intenci\u00f3n de hacer respetar los mandatos regios y apost\u00f3licos<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>A finales del referido mes de julio, arrib\u00f3 a Orihuela en compa\u00f1\u00eda del provisor y vicario general de la di\u00f3cesis y de otros componentes del cabildo catedralicio murciano. Y a requerimiento de \u00e9stos, les orden\u00f3 a los miembros del cap\u00edtulo de la Colegiata que en adelante obtemperasen todas las \u00f3rdenes de los oficiales episcopales cartaginenses.<\/p>\n<p>El sacrist\u00e1n Luis de Soler y el can\u00f3nigo Vicente Mart\u00ed fueron cometidos por el citado organismo colegiado para hacerle llegar al duque de Calabria la respuesta a su mandato. Y tuvieron el valor y la osad\u00eda de comunicarle que tanto el breve de Clemente VII como el ejecutorial de la emperatriz Isabel eran subrepticios, y que ni ellos ni sus representados aceptar\u00edan resoluci\u00f3n alguna hasta que la Santa Sede determinase sus consultas y apelaciones.<\/p>\n<p>Tan arrogante contestaci\u00f3n irrit\u00f3 a los murcianos de tal forma que le rogaron a D. Fernando de Arag\u00f3n que procediese a la detenci\u00f3n inmediata del sacrist\u00e1n y del can\u00f3nigo, y que decretase su traslado a Murcia para que pudiesen ser encarcelados en las prisiones episcopales. Y no contentos con ello, a continuaci\u00f3n, le pidieron que ordenase el prendimiento del resto de componentes del cap\u00edtulo del Salvador.<\/p>\n<p>El duque atendi\u00f3 las demandas cartaginenses y orden\u00f3 a sus alguaciles que arrestasen a Soler y a Mart\u00ed, lo que hicieron de inmediato. Y despu\u00e9s, mand\u00f3 a sus ministros que los llevasen a la capital del obispado.<\/p>\n<p>Enterado de la llegada de los presos, el corregidor de Murcia, D. Alonso Fajardo, escoltado por ochenta hombres a caballo y doscientos lanceros, escopeteros y arcabuceros, sali\u00f3 hasta el l\u00edmite del t\u00e9rmino de la ciudad. All\u00ed, los oficiales del lugarteniente general le confiaron a los dos reos, que fueron recibidos con salvas y disparos al aire como si fuesen moros de allende el Mediterr\u00e1neo. Y con \u00ab<em>gran regosijo de escopeteria y arcabu\u00e7eria<\/em>\u00bb, entre otras muestras de enorme alborozo, la singular comitiva lleg\u00f3 a la ciudad y la cruz\u00f3 por las calles m\u00e1s c\u00e9ntricas. \u00ab<em>Les dones e altres gents<\/em>\u00bb, desde las puertas de las casas, disfrutaron profiri\u00e9ndoles insultos con \u00e9stas y otras palabras feas, malsonantes e injuriosas: -\u00ab<em>Aqui haveys de venir donos, perros, traydores<\/em>\u00bb, demostrando la enraizada enemistad que sent\u00edan hacia sus vecinos oriolanos. Acabada tan deshonrosa procesi\u00f3n, Soler y Mart\u00ed fueron encarcelados en los calabozos episcopales<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, al conocer lo que les hab\u00eda sucedido a sus compa\u00f1eros, los dem\u00e1s capitulares del Salvador se escondieron. Y tal como le ocurri\u00f3 a D. Luis Ferrer, el duque de Calabria se vio incapaz de hallar a uno solo de ellos. Ofuscado, orden\u00f3 a las autoridades municipales que los capturasen, y ante tan desagradable mandato, decidieron hacerle frente el justicia Garci Ferr\u00e1ndez de Tuesta, los jurados Jaime Masquefa -se\u00f1or de La Daya- y Perot P\u00e9rez, el valeroso caballero Andr\u00e9s Soler, sus hijos Jaime Cosme y Francisco, un cautivo de Diego Soler llamado Jer\u00f3nimo, Bartolom\u00e9 Cascant, Gin\u00e9s de Vilafranca, D. Pedro y D. Ram\u00f3n de Rocafull -se\u00f1or de Albatera-, Pedro G\u00f3mez -hijo del conocido s\u00edndico Gil G\u00f3mez-, y otros vecinos de Orihuela como el labrador Andr\u00e9s Gombau, el \u00ab<em>calceter<\/em>\u00bb Juan Marina, Jaime Pedr\u00f3s o Francisco Mart\u00ed<sup>6<\/sup>. La consecuencia m\u00e1s directa fue la detenci\u00f3n de todos ellos y su traslado a Valencia, donde estuvieron encarcelados \u00ab<em>en la preso de la dita \u00e7iutat per molts dies<\/em>\u00bb y, tras ser tratados como \u00ab<em>mals homens e ynobedients als manaments de Vostra Magestat<\/em>\u00bb, fueron juzgados<sup>7<\/sup>.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n no vari\u00f3 a lo largo del mes de agosto, lo que llev\u00f3 al cabildo de Cartagena a propiciar la fulminaci\u00f3n de una <em>cessatio a divinis<\/em> que cay\u00f3 sobre la poblaci\u00f3n del Bajo Segura y su huerta la tarde del d\u00eda de San Bartolom\u00e9 -el d\u00eda 24-. De ese modo, al desorden civil se uni\u00f3 el eclesi\u00e1stico ya que dejaron de celebrarse los oficios divinos, y los fallecidos no pudieron ser enterrados en suelo sagrado.<\/p>\n<p>A finales de agosto, la ciudad tuvo que afrontar otra dura penalidad: el secuestro de 30 vecinos por los moros en el cabo Roig. Tan desastroso suceso hizo a\u00fan m\u00e1s cr\u00edtico el estado de la econom\u00eda municipal, ya que el <em>Consell<\/em> tuvo que ordenar la carga de censales por valor de 4.000 ducados para poder pagar los rescates<sup>8<\/sup>.<\/p>\n<p>De cualquier forma, pese a las intenciones murcianas, la imposici\u00f3n de la <em>cessatio a divinis<\/em> no modific\u00f3 la postura intransigente del cap\u00edtulo del Salvador. Por ello, el provisor y el cabildo de Cartagena decidieron recrudecer a\u00fan m\u00e1s el trato que les estaban dispensando a Luis de Soler y a Vicente Mart\u00ed, y el domingo 8 de septiembre, d\u00eda de la Natividad de la Virgen, los cambiaron de prisi\u00f3n y los encerraron en una mazmorra \u00ab<em>molt escura, bruta e pudenta<\/em>\u00bb, que estaba en la casa del obispo. Al can\u00f3nigo lo dejaron encadenado a la pared. Y al sacrist\u00e1n, que era mayor que Mart\u00ed, le colocaron unos grilletes en los pies. En tan ignominiosa situaci\u00f3n, Soler, que era una \u00ab<em>persona molt delicada<\/em>\u00bb, perdi\u00f3 la salud progresivamente, y con el transcurso de los d\u00edas enferm\u00f3 hasta tal punto que estuvo a un paso de perder la vida. Si se salv\u00f3 fue gracias a la intervenci\u00f3n de dos m\u00e9dicos llamados Castellano e I\u00f1\u00edguez que lo reconocieron cuando estaba ya \u00ab<em>en specie de morir<\/em>\u00bb, y que tras superar no pocas trabas consiguieron que los cartaginenses les diesen permiso para sacarlo del calabozo y tratarlo en una posada, en la que permaneci\u00f3 encamado durante alg\u00fan tiempo, siempre rodeado por fuertes medidas de seguridad.<\/p>\n<p>Al llegar a Orihuela las noticias de los nuevos abusos y vejaciones que estaban sufriendo Soler y Mart\u00ed, los capitulares del Salvador optaron finalmente por claudicar y por obtemperar los mandatos imperiales y apost\u00f3licos. Y decidieron ir directamente a Murcia a negociar la liberaci\u00f3n de los encarcelados y el alzamiento de la <em>cessatio<\/em> a cambio de un nuevo compromiso de obediencia. De esa manera, tras obtener del corregidor D. Alonso Fajardo y de otros caballeros de la ciudad la promesa de que no correr\u00edan peligro sus vidas, el 16 de octubre se personaron en la referida poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tarde de ese mismo d\u00eda, las partes llegaron f\u00e1cil y pac\u00edficamente a un acuerdo, dada la buena disposici\u00f3n de los oriolanos. Sin embargo, por la noche se produjo un grave incidente, que no podemos pasar por alto porque muestra claramente cu\u00e1n exaltados estaban los \u00e1nimos entre los vecinos de las dos ciudades a causa del enquistado Pleito del Obispado.<\/p>\n<p>Acabadas las negociaciones, los eclesi\u00e1sticos que se hab\u00edan desplazado desde la poblaci\u00f3n del Bajo Segura fueron a cenar a una posada llamada \u00ab<em>Casa Jaqua<\/em>\u00bb. Tras degustar los manjares murcianos, dos cl\u00e9rigos que hab\u00edan acompa\u00f1ado a los can\u00f3nigos del Salvador, Andr\u00e9s Montero -sacrist\u00e1n de dicha iglesia mayor- y Pedro Ferr\u00e1ndez -capell\u00e1n de la parroquial de Santiago- salieron del mes\u00f3n con la intenci\u00f3n de ir a hablar con un conocido, ya que ten\u00edan la idea de regresar a Orihuela la ma\u00f1ana siguiente. Muy cerca de la puerta de la casa, en la calle, avistaron a \u00ab<em>dos homens armats e desfre\u00e7ats<\/em>\u00bb, que estaban \u00ab<em>assentats en un banch<\/em>\u00bb. Al pasar junto a ellos, se levantaron y los siguieron. Y, entonces, uno de ellos se coloc\u00f3 ante Ferr\u00e1ndez, desenvain\u00f3 su espada, y le asest\u00f3 una \u00ab<em>gran coltellada<\/em>\u00bb, haci\u00e9ndole un corte enorme \u00ab<em>per la cara<\/em>\u00bb. El cl\u00e9rigo cay\u00f3 al suelo, perdi\u00f3 la vista y comenz\u00f3 a sangrar abundantemente. Y el c\u00f3mplice, al ver a Ferr\u00e1ndez, le dijo al agresor: -\u00ab<em>No has assertado el golpe, que no lo has conos\u00e7ido<\/em>\u00bb, esto es, que se hab\u00eda equivocado de hombre ya que el atacado no era uno de los can\u00f3nigos del Salvador, que eran sus objetivos, sino un simple capell\u00e1n de una de las parroquiales de la ciudad vecina. Tras estas palabras, los murcianos se dieron a la fuga. Y Montero, ayudado por la gente que acudi\u00f3 al lugar al escuchar los gritos, llev\u00f3 al agredido a la \u00ab<em>Casa Jaqua<\/em>\u00bb, donde los m\u00e9dicos le dieron \u00ab<em>quatorze o quinse punts<\/em>\u00bb de sutura, y donde tuvo a su vez que permanecer encamado, esquivando los espadazos de la muerte, durante un par de meses.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de que se produjese el altercado, corri\u00f3 por la ciudad el rumor de que hab\u00eda sido propiciado por la enemistad existente como consecuencia del Pleito del Obispado. Y, efectivamente, \u00e9sa debi\u00f3 ser la causa ya que Ferr\u00e1ndez, herido, confirm\u00f3 que no ten\u00eda ning\u00fan conflicto personal con ning\u00fan murciano es especial, y que no hab\u00eda raz\u00f3n alguna -m\u00e1s que la citada- para explicar el ataque que hab\u00eda sufrido.<\/p>\n<p>Por su parte, los cl\u00e9rigos oriolanos, enterados del motivo de la agresi\u00f3n, se quedaron dentro de la posada toda la noche, \u00ab<em>ab lo mayor re\u00e7el del mon que nols matassen<\/em>\u00bb. Y cuando se hizo de d\u00eda, tras visitar al desafortunado capell\u00e1n, se volvieron para Orihuela muy secretamente<sup>9<\/sup>.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Las comparecencias de Luis Mart\u00ednez ante el emperador en Ratisbona y Bolonia.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>A comienzos de 1532, tras dejar el gobierno de los estados de Flandes a su hermana, la reina de Hungr\u00eda, Carlos I emprendi\u00f3 de nuevo la ruta del Rhin con dos intenciones principales: poner alg\u00fan remedio a la expansi\u00f3n de la herej\u00eda luterana por Alemania, y preparar la resistencia contra los amenazantes turcos. Y para tratar ambos asuntos convoc\u00f3 una dieta imperial en Ratisbona<sup>10<\/sup>.<\/p>\n<p>El 8 de agosto de dicho a\u00f1o 1532, el s\u00edndico Luis Mart\u00ednez, que segu\u00eda sus pasos desde finales de 1530, compareci\u00f3 ante \u00e9l, y le suplic\u00f3 que anulase la prestaci\u00f3n de obediencia y la revocaci\u00f3n del obispado de Orihuela, y que promulgase la revisi\u00f3n judicial de la causa: \u00ab<em>pues Vuestra Magestad es la fuente para dar a todos cumplimiento de justicia, y ha mandado desagraviar a los de Murcia de la fuerza que pretendian les era hecha en restituirles su posesion, y que Vuestra Magestad, asimismo, tenga por bien de desagraviar ahora a los de Orihuela en mandar que se vea la original justicia de esta causa, siendo la dicha ereccion hecha tan canonicamente y por tan justas causas, sin perjuicio de la ciudad de Murcia ni de otra alguna<\/em>\u00bb. Y concluy\u00f3 su intervenci\u00f3n comunic\u00e1ndole que sus representados ten\u00edan la intenci\u00f3n de importunarle \u00ab<em>por todos los medios y terminos conformes a justicia que a ellos fuere posible, hasta que se vea por sentencia el fin de ello<\/em>\u00bb<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>La Ces\u00e1rea y Cat\u00f3lica Majestad se quit\u00f3 literalmente de encima al procurador oriolano enviando su suplicaci\u00f3n a las manos de la emperatriz Isabel para que, de acuerdo con el dictamen de los Consejos de Castilla y de Arag\u00f3n, proveyese lo que fuese m\u00e1s justo. Sin embargo, dicha remisi\u00f3n no supuso ninguna modificaci\u00f3n del estado de la causa, y tras la intervenci\u00f3n del duque de Calabria y el compromiso pactado en octubre entre el cap\u00edtulo del Salvador y el provisor y el cabildo de Cartagena, la Iglesia y la ciudad de Orihuela quedaron bajo la autoridad espiritual murciana. Y no hubo cambios al respecto hasta mediados de 1533.<\/p>\n<p>Por su parte, el can\u00f3nigo Luis Mart\u00ednez, con mucho cansancio acumulado, prosigui\u00f3 su misi\u00f3n entrevist\u00e1ndose con el obispo Mateo. Cumpliendo las \u00f3rdenes que le hab\u00edan dado sus representados, le suplic\u00f3 que designase a un vicario general de la Iglesia y la ciudad de Orihuela, que tuviese jurisdicci\u00f3n sobre la di\u00f3cesis hasta que finalizase el Pleito del Obispado. Y trat\u00f3 de convencerle de la necesidad y la utilidad de tal medida con diversos argumentos. Explic\u00e1ndole que por falta de atenci\u00f3n espiritual, la salvaci\u00f3n de las almas estaba vi\u00e9ndose seriamente comprometida, y que ello constitu\u00eda una grave afrenta para el honor y el decoro de Dios, y un claro perjuicio para la autoridad moral de la Iglesia. Aduciendo que los jueces seculares proced\u00edan cotidianamente contra los cl\u00e9rigos y sus bienes, sin que ning\u00fan magistrado eclesi\u00e1stico pudiese defenderlos. O rese\u00f1ando la existencia de muchos otros inconvenientes, tanto desde el punto de vista de la administraci\u00f3n de los sacramentos -muchas personas fallec\u00edan sin haber sido confirmadas-, como en el plano de la direcci\u00f3n del culto divino<sup>12<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, de nada sirvieron sus fundamentadas razones. El cardenal de Santo \u00c1ngel no quiso contravenir los mandatos apost\u00f3licos e imperiales, e hizo o\u00eddos sordos a su s\u00faplica. Vista la nula receptividad del prelado, Mart\u00ednez desisti\u00f3 de pedirle que le escribiese una carta para Clemente VII, en recomendaci\u00f3n de las aspiraciones episcopales oriolanas. Y decidi\u00f3 proseguir su complicado peregrinar por Europa en direcci\u00f3n hacia la ciudad a la que dec\u00edan que llevaban todos los caminos: Roma. Emprendi\u00f3 el camino \u00ab<em>ab prou dessent, treball y despesa<\/em>\u00bb, animado por la promesa que la hab\u00edan hecho las autoridades de la ciudad del Bajo Segura de que en la Ciudad Eterna hallar\u00eda dinero y todo lo que necesitase para un digno sustento. Sin embargo, al arribar a Roma, para su desgracia, comprob\u00f3 que no hab\u00edan provisto para \u00e9l \u00ab<em>lletres, ni dines, ni be negu<\/em>\u00bb, y tuvo que subsistir durante unos meses de un modo miserable. Les escribi\u00f3 muchas cartas pidi\u00e9ndoles permiso para volver a su patria, pero no recibi\u00f3 contestaci\u00f3n alguna. 1532 fue para \u00e9l un a\u00f1o ciertamente insatisfactorio<sup>13<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, 1533 tampoco comenz\u00f3 de una manera afortunada para los mandatarios oriolanos pues al desastre espiritual acaecido el a\u00f1o anterior y a la cr\u00edtica situaci\u00f3n econ\u00f3mica que ven\u00edan arrastrando tiempo atr\u00e1s, se uni\u00f3 una nuevo conflicto con el duque de Calabria. \u00c9ste, a mediados de diciembre, se enter\u00f3, no sabemos si por informaci\u00f3n de los murcianos, de que los mun\u00edcipes hab\u00edan impuesto \u00ab<em>certa sisa o dret<\/em>\u00bb para pagar los gastos derivados de la detenci\u00f3n y el proceso de los acusados por rebelarse contra las disposiciones regias a finales del \u00faltimo mes de julio. Tomando el asunto como una especie de afrenta personal, el virrey les escribi\u00f3 que estaba asombrado de que \u00ab<em>per coses desta qualitat<\/em>\u00bb hubiesen establecido dicho tributo, \u00ab<em>en dan de la cosa publica y en deservey de Sa Magestat<\/em>\u00bb. Y considerando intolerable la nueva imposici\u00f3n, les mand\u00f3 que la derogasen, bajo pena de 2.000 florines, que ir\u00edan a los \u00ab<em>reals cofrens<\/em>\u00bb, y les advirti\u00f3 que en el caso de que no quisiesen obedecer, el castigo no terminar\u00eda con la pena pecuniaria<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, las fiestas navide\u00f1as aplazaron el env\u00edo de la misiva y, por ello, D. Pedro Maza, tras enterarse de las suspicacias del virrey, tuvo la oportunidad de avisar por carta a las autoridades oriolanas a fin de que se preparasen para la defensa. El escrito del gobernador fue recibido por los ediles el 3 de enero. Y su tenor les sorprendi\u00f3 desagradablemente porque las acusaciones de D. Fernando eran absolutamente infundadas y sus informaciones incorrectas<sup>15<\/sup>.<\/p>\n<p>La sisa, efectivamente, exist\u00eda. Hab\u00eda sido aprobada por el <em>Consell<\/em> el 17 de marzo de 1532, y supon\u00eda la percepci\u00f3n de 4 dineros por cada libra de \u00ab<em>carn, peix e pa<\/em>\u00bb que fuese vendida en la ciudad durante un plazo de 20 a\u00f1os. Su objeto, empero, no era el apuntado, sino la obtenci\u00f3n de liquidez para redimir parte de los censales que estaban ahogando los ingresos del erario municipal<sup>16<\/sup>.<\/p>\n<p>La carta del duque les lleg\u00f3 finalmente el 10 de enero. Y seg\u00fan hab\u00edan planeado durante los d\u00edas anteriores, decidieron enviar a Valencia a Juan P\u00e9rez Felipe para explicarle al lugarteniente general la verdadera utilidad del tributo y para convencerle de que no decretase su abolici\u00f3n. Y el 15 de enero le entregaron una carta de presentaci\u00f3n para el propio D. Fernando, escritos de recomendaci\u00f3n para los doctores Figuerola, Ros y Ubach, solicitudes de ayuda para D. Pedro Maza y D. Melchor de Perell\u00f3s, y dos misivas dirigidas al doctor Filibert y a Luch Joan Riudaura en las que se les requer\u00eda que le ayudasen a realizar las diligencias oportunas para lograr el fin deseado. Con dicha documentaci\u00f3n, el procurador parti\u00f3 para la ciudad del Turia. All\u00ed, intent\u00f3 llevar a cabo su misi\u00f3n, pero top\u00f3 con la oposici\u00f3n del duque, quien no quiso atender a razones, y forz\u00f3 finalmente a los mandatarios oriolanos a suspender <em>sine die<\/em> la percepci\u00f3n del impuesto. \u00c9stos no quisieron replicarle para no provocar un enfrentamiento m\u00e1s serio, y decidieron esperar la llegada de tiempos mejores, que habr\u00edan de coincidir con un m\u00e1s o menos inmediato advenimiento de Carlos I a sus reinos de Espa\u00f1a<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, el emperador a\u00fan estaba lejos. Tras salir de Ratisbona, uni\u00f3 sus fuerzas a las del rey de romanos para hacer frente a los turcos, y los hicieron retroceder hasta Constantinopla, frenando su empuje. Entonces, se puso en camino hacia Italia con la intenci\u00f3n principal de mantener una segunda entrevista con Clemente VII, a fin de tratar temas tan importantes como la convocatoria de un concilio, las medidas que hab\u00eda que adoptar para frenar el progreso de la herej\u00eda protestante, la resistencia a los otomanos, o el afianzamiento de la paz y la tranquilidad en la propia Pen\u00ednsula It\u00e1lica<sup>18<\/sup>.<\/p>\n<p>Cuando en Roma se hizo p\u00fablica la noticia de la marcha del pont\u00edfice al encuentro del emperador, Luis Mart\u00ednez decidi\u00f3 por cuenta propia acompa\u00f1ar en su viaje al papa para aprovechar la ocasi\u00f3n e interponer ante ambos soberanos suplicaciones en favor de la causa episcopal oriolana<sup>19<\/sup>.<\/p>\n<p>Carlos I y Clemente VII se entrevistaron finalmente en la ciudad de Bolonia, tal como hab\u00eda sucedido en 1530. El s\u00edndico habl\u00f3 en primer lugar con Su Ces\u00e1rea y Cat\u00f3lica Majestad. Le dijo que las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela hab\u00edan obedecido sus mandatos, y tras comentarle que \u00ab<em>los de Murcia estaven en sa possessio passifica<\/em>\u00bb, le suplic\u00f3 que tuviese por bien escuchar las reclamaciones de sus representados, y le entreg\u00f3 \u00ab<em>una memoria<\/em>\u00bb. El emperador le contest\u00f3 que no pod\u00eda tomar ninguna decisi\u00f3n all\u00ed, en ese momento, y que estando en Espa\u00f1a proveer\u00eda lo que fuese m\u00e1s justo. Despu\u00e9s, Mart\u00ednez platic\u00f3 con Cobos, quien le respondi\u00f3 de la misma manera que Carlos I. Posteriormente, convers\u00f3 \u00ab<em>moltes voltes<\/em>\u00bb con micer May, quien \u00ab<em>a la derreria<\/em>\u00bb le pidi\u00f3 que le diese \u00ab<em>una suplicacio<\/em>\u00bb, y le repiti\u00f3 que no conseguir\u00eda nada hasta que el emperador llegase a sus reinos hispanos<sup>20<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, el procurador no se resign\u00f3 a abandonar sus instancias, y le rog\u00f3 al cardenal Fernes -antiguo aliado de Orihuela y \u00ab<em>molt afficionat als regnes de Arago<\/em>\u00bb- que le recomendase a Carlos I que decretase la revisi\u00f3n judicial del Pleito. El purpurado habl\u00f3 \u00ab<em>molt estretament<\/em>\u00bb con el soberano temporal de la Cristiandad, y le entreg\u00f3 otra \u00ab<em>informacio de la causa en escrit<\/em>\u00bb. El emperador le contest\u00f3 que \u00ab<em>esta cosa estava ja determinada per justicia y finida<\/em>\u00bb. Pero el cardenal le respondi\u00f3 que estaba \u00ab<em>ben informat<\/em>\u00bb, que sab\u00eda que \u00ab<em>no avia determinacio ni sentencia<\/em>\u00bb, y que \u00ab<em>no avia de dar lloch, sent un princep tan amador de la justicia, que sos vasalls se clamen que nols sia feta justicia<\/em>\u00bb. Y Carlos I le prometi\u00f3 que a su llegada a Espa\u00f1a \u00ab<em>o remediaria conforme a justicia<\/em>\u00bb<sup>21<\/sup>.<\/p>\n<p>Acabadas las conversaciones entre los m\u00e1ximos representantes de los poderes temporal y espiritual, el 28 de febrero de 1533 el emperador parti\u00f3 en direcci\u00f3n a G\u00e9nova con el deseo de embarcarse para Espa\u00f1a, pues llevaba cuatro a\u00f1os separado de su esposa.<\/p>\n<p>Clemente VII, por su parte, se volvi\u00f3 para la capital del Orbe Cat\u00f3lico. Durante el trayecto, Luis Mart\u00ednez mantuvo una jugos\u00edsima pl\u00e1tica con \u00e9l. En primer lugar, le dio cumplida noticia de los \u00ab<em>greuges y maltractaments ques causaven ad aquesta ciutat per causa de la revocacio y extincio de la lite que Sa Sanctedat avia fet<\/em>\u00bb. Despu\u00e9s, le coment\u00f3 que no pod\u00eda \u00ab<em>creure que aso proceys de la mente de Sa Sanctedat perque la Sede Apostolica no acostuma de negar la justicia a negu, maxime estant esta causa posada en la Rota per Sa Sanctedat y sens conexerse de la causa la manas sacar, en especial, essent Sa Sanctedat un tan excellentissim princep y tan amich de la justicia<\/em>\u00bb. Y finaliz\u00f3 su parlamento inform\u00e1ndole que Orihuela hab\u00eda quedado \u00ab<em>perduda y destroyda<\/em>\u00bb, y que estaban \u00ab<em>les animes en gran perill de perdres<\/em>\u00bb. El papa le respondi\u00f3 con claridad: -\u00ab<em>Yo no tengo culpa, que el enperador lo a hecho, que yo ya lo avia mandado remitir a justicia y puesto en la Rota<\/em>\u00bb-, y tras proferir tales o semejantes palabras, hizo \u00ab<em>demostracio ab los bra\u00e7os y ab lo cap com ques escusava y que li pesava<\/em>\u00bb. Y a continuaci\u00f3n le dijo al s\u00edndico que \u00ab<em>tot lo que ell pogues fer per nosaltres, que com a pare ens o procuraria yns tendria com a fills<\/em>\u00bb. Acto seguido, Mart\u00ednez le suplic\u00f3 que no los desamparara ante tantas \u00ab<em>vexations<\/em>\u00bb. Y el pont\u00edfice le contest\u00f3 que no lo har\u00eda. Y se despidi\u00f3 del can\u00f3nigo<sup>22<\/sup>.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez comprendi\u00f3 que la idea de la anulaci\u00f3n del obispado no hab\u00eda salido de la mente del papa, sino de la del emperador, y que a \u00e9ste se la hab\u00edan imbuido los doctores del Consejo de Castilla, a instancia de los murcianos. Se dio cuenta de que poco podr\u00eda negociar en Roma ya que el sumo pont\u00edfice no osar\u00eda intervenir en contra de la voluntad imperial. Y lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que la soluci\u00f3n del Pleito la ten\u00edan Dios en sus designios, y el emperador en sus manos.<\/p>\n<p>Pese a ello, el comprometido s\u00edndico decidi\u00f3 seguir las instrucciones de sus representados y opt\u00f3 por permanecer en la Ciudad Eterna. Les escribi\u00f3 varias veces suplic\u00e1ndoles que le diesen permiso para retornar a su patria, pero no recibi\u00f3 respuesta alguna. Y con el paso de los d\u00edas, su situaci\u00f3n fue haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s pat\u00e9tica y miserable.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong> Las Cortes de la Corona de Arag\u00f3n de 1533.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La noticia de que el emperador regresaba a sus reinos de Espa\u00f1a lleg\u00f3 a Orihuela a finales de marzo de 1533. De inmediato, el <em>Consell<\/em> decidi\u00f3 enviar a varios procuradores a besarle las manos y darle la bienvenida de parte de la ciudad. No obstante, al no haber en las arcas municipales dinero suficiente para sufragar los gastos que se derivar\u00edan de la remisi\u00f3n de los s\u00edndicos, los <em>consellers<\/em> tuvieron que conseguirlo mediante la carga de nuevos censales<sup>23<\/sup>.<\/p>\n<p>Por su parte, Carlos I, que por aquellas fechas estaba en G\u00e9nova, decidi\u00f3 aprovechar su estancia en la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica para aliviar el tremendo desgaste que estaba propiciando su pol\u00edtica imperialista -crisis del erasmismo, defensa de Viena del empuje turco, radicalizaci\u00f3n del problema protestante con la Liga de Esmalcalda, presi\u00f3n berberisca de los Barbarroja-. Por ello, el 7 de abril escribi\u00f3 a los diferentes representantes de los estamentos de los tres reinos de la Corona de Arag\u00f3n para anunciarles la inminente celebraci\u00f3n de unas Cortes generales en Monz\u00f3n y conminarles a comparecer en la reuni\u00f3n parlamentaria el 15 de mayo<sup>24<\/sup>.<\/p>\n<p>La misiva real de convocatoria lleg\u00f3 a la poblaci\u00f3n del Bajo Segura el 26 de abril. El d\u00eda siguiente, el <em>Consell<\/em> se congreg\u00f3 para nombrar al s\u00edndico que habr\u00eda de representar los intereses de la ciudad en la citada asamblea estamental. Y dado que Vicente Mart\u00ed, Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa y D. Pedro de Rocafull ya hab\u00edan sido designados para representar a los brazos eclesi\u00e1stico y militar, a los mun\u00edcipes no les import\u00f3 en demas\u00eda elegir como procurador a un individuo menos perito en tales lides, Mart\u00edn P\u00e9rez. No obstante, para paliar su inexperiencia, encomendaron la preparaci\u00f3n log\u00edstica de la embajada a un selecto grupo de oriolanos -el justicia, los jurados, Andr\u00e9s Soler, Gin\u00e9s de Vilafranca y Andr\u00e9s Gombau-<sup>25<\/sup>.<\/p>\n<p>La comisi\u00f3n comenz\u00f3 a trabajar y lleg\u00f3 a una primera conclusi\u00f3n: que en Monz\u00f3n ser\u00edan necesarios m\u00faltiples apoyos para conseguir la revisi\u00f3n del Pleito del Obispado. Por ello, el 29 de abril decidieron pedirles al duque de Gand\u00eda, a D. Pedro Maza y al conde de Oliva que escribiesen algunas cartas de recomendaci\u00f3n dirigidas a personajes tan destacados como los condes de Ribagorza y Miranda, la condesa de Faro o el duque de Cardona, a los s\u00edndicos valencianos que fuesen a ir a las Cortes, o a cualquier otra persona que supiesen que podr\u00eda favorecer las reivindicaciones oriolanas<sup>26<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en Roma, el 1 de mayo Luis Mart\u00ednez recibi\u00f3 por fin la licencia para volver a la ciudad del Bajo Segura y, de inmediato, emprendi\u00f3 el camino de retorno, \u00fanicamente animado por las ganas de cobrar todo el dinero que le deb\u00edan despu\u00e9s de haber pasado \u00ab<em>tant treball y perills<\/em>\u00bb -unos 600 ducados-. No obstante, antes de partir, queriendo poner de manifiesto, una vez m\u00e1s, su diligencia, les escribi\u00f3 una misiva a sus representados a fin de explicarles sus \u00faltimas desventuras y, sobre todo, para darles cuenta de su conversaciones con Carlos I y con el papa, y avisarles de un rumor que hab\u00eda circulado por la Santa Sede y que pod\u00eda conllevar enormes consecuencias&#8230; Transcribimos sus propias palabras: \u00ab<em>lo rey de Ynglaterra se te per cert ques a casat publicament ab la sua amiga y a dexat a sa muller, tia del Enperador y filla del rey Catolich; temse molt no sia tot una lliga ab lo rey de Francia<\/em>\u00bb<sup>27<\/sup>.<\/p>\n<p>En la ciudad del Bajo Segura, la comisi\u00f3n acab\u00f3 de preparar la documentaci\u00f3n que P\u00e9rez hab\u00eda de llevarse a Monz\u00f3n los d\u00edas 3 y 5 del citado quinto mes. Le redactaron una carta de creencia para Carlos I, y un instrumento que recog\u00eda las instrucciones que habr\u00eda de seguir cuando lograse comparecer ante \u00e9l<sup>28<\/sup>.<\/p>\n<p>En primer lugar, P\u00e9rez ten\u00eda que besarle las manos y que entregarle la credencial. Despu\u00e9s, hab\u00eda de participarle la \u00ab<em>grandissima alegria<\/em>\u00bb que hab\u00eda sentido la ciudad por su \u00ab<em>aventurada venguda en aquestos regnes de Espanya<\/em>\u00bb, y deb\u00eda suplicarle que tratase con benignidad y clemencia a sus s\u00fabditos oriolanos.<\/p>\n<p>Y a continuaci\u00f3n, hab\u00eda de comenzar la suplicaci\u00f3n de los asuntos del Obispado. Primero, ten\u00eda que recordarle que las reivindicaciones se sustentaban en el privilegio concedido por Alfonso V en Gaeta el 11 de septiembre de 1437, en el que el <em>Magn\u00e1nimo<\/em> prometi\u00f3 \u00ab<em>procurar ab lo Summo Pontifi\u00e7e que la dita ciutat fos decorada de Seu episcopal<\/em>\u00bb. Despu\u00e9s, le ten\u00eda que comentar que, en ejecuci\u00f3n de dicha promesa, y por los muchos da\u00f1os que la poblaci\u00f3n del Bajo Segura hab\u00eda sufrido por \u00ab<em>estar la jurisdiccio ecclesiastica en Regne estrany<\/em>\u00bb, Fernando el <em>Cat\u00f3lico<\/em> consigui\u00f3 con toda legitimidad que Julio II decretase en 1510 la fundaci\u00f3n del obispado de Orihuela y la erecci\u00f3n de la iglesia del Salvador en Catedral, unida a la de Cartagena bajo un mismo pastor. Acto seguido, hab\u00eda de llevarle a la memoria al emperador que en las \u00faltimas Cortes de Monz\u00f3n, celebradas en 1528, hab\u00eda jurado por medio de un \u00ab<em>acte de cort<\/em>\u00bb que har\u00eda que Clemente VII determinase la causa \u00ab<em>per justicia<\/em>\u00bb, y que, por el contrario, lo que \u00e9ste hab\u00eda provisto, a instancia suya y de los castellanos, movido por \u00ab<em>sinistres informacions<\/em>\u00bb, hab\u00eda sido un breve revocatorio \u00ab<em>obrreptici e incognacional<\/em>\u00bb, que hab\u00eda sido puesto en vigor en virtud de un mandato ejecutorial de la emperatriz y con el auxilio del duque de Calabria.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de rememorar estos antecedentes, hab\u00eda de rogarle humildemente a Carlos I que se acordase de los \u00ab<em>innumerables serveys<\/em>\u00bb prestados por Orihuela tanto a \u00e9l como a sus predecesores, especialmente en los tiempos de las \u00ab<em>Revolucions pasades<\/em>\u00bb, durante las cuales \u00ab<em>permeteren molts dells morir, y anar desterrats de ses cases, y finalment donar tots sos bens als soldats, y voluntariament consentir que fossen saquejats per terme de trenta dies com de fet es feu, y tot per servir a Sa Majestat<\/em>\u00bb<sup>29<\/sup>.<\/p>\n<p>Y \u00ab<em>en remuneracio de dits serveys, y en execucio de la promesa feta per lo dit Rey Don Alfonso, e de la supplicacio e efectuacio del Catholico Rey Don Ferrando, e del acte de cort fet, fermat e jurat per Sa Majestat, y del que aquell com a justificat prin\u00e7ep conve e ha acostumat tenir sos subdits e vasalls en egualdat e justicia<\/em>\u00bb, ten\u00eda que suplicar a \u00ab<em>la clemencia imperial<\/em>\u00bb que volviese a escribir al papa para que restituyese a la Rota el Pleito del Obispado, de modo que \u00ab<em>hoides les parts se determene la dita causa per sentencia<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte, la comisi\u00f3n tambi\u00e9n le encarg\u00f3 a Mart\u00edn P\u00e9rez que le elevase al monarca otras peticiones relacionadas con la recaudaci\u00f3n del derecho real del almojarifazgo, con la guarda y defensa del reino, o con el regimiento de la ciudad<sup>30<\/sup>.<\/p>\n<p>Y el mismo d\u00eda 5 de mayo le entregaron toda la documentaci\u00f3n, y le hicieron una \u00faltima consigna antes de que partiese, junto a Mart\u00ed, Ferr\u00e1ndez y Rocafull en direcci\u00f3n a Valencia: que no consintiese \u00ab<em>en cosa alguna de les dites Corts<\/em>\u00bb hasta que Carlos I prometiese respetar el \u00ab<em>acte de cort<\/em>\u00bb de 1528 y decretase la restituci\u00f3n del Pleito del Obispado a Roma<sup>31<\/sup>.<\/p>\n<p>A su llegada a la capital del Reino, los cuatro embajadores oriolanos, acompa\u00f1ados por el doctor Riudaura, se entrevistaron con el conde de Oliva y con el duque de Gand\u00eda, quienes les entregaron algunas cartas de recomendaci\u00f3n. Despu\u00e9s, platicaron con D. Pedro Maza, quien tambi\u00e9n les proporcion\u00f3 escritos favorables dirigidos a los se\u00f1ores Luis Cresp\u00ed y Luis Masc\u00f3, s\u00edndicos respectivos del brazo militar y de la Diputaci\u00f3n, al procurador de la ciudad de Valencia, y a otros amigos suyos. A continuaci\u00f3n, hablaron con el s\u00edndico de Alzira, un tal Luis Garc\u00eda, que les prometi\u00f3 su apoyo. Y el domingo 11 de mayo, decidieron partir para Monz\u00f3n. No obstante, antes de iniciar el trayecto, Vicente Mart\u00ed, en nombre de los cuatro, les escribi\u00f3 a las autoridades oriolanas una carta para darles a conocer los apoyos conseguidos, y explicarles que estaba seguro de que lograr\u00edan el auxilio de todos los procuradores del Reino de Valencia, sin excepci\u00f3n, porque, seg\u00fan indicaba, \u00ab<em>estan estos valencians tots admirats de veurens resucitar perquens tenien per atterats, yns tenen per special gent, his alegren tots del que han vist en nosaltres<\/em>\u00bb<sup>32<\/sup>.<\/p>\n<p>De camino, los cuatro oriolanos se dieron cuenta de que no iba a darles tiempo a llegar el d\u00eda 15, por lo que decidieron tomar un atajo para acortar unas cuantas leguas. El rumbo alternativo result\u00f3 excepcionalmente \u00ab<em>aspre<\/em>\u00bb pero les permiti\u00f3 arribar a Monz\u00f3n a tiempo, aunque \u00ab<em>mig morts, les besties totes matades, que nos poden tenir<\/em>\u00bb. No obstante, al llegar vieron la villa casi vac\u00eda y se extra\u00f1aron. Preguntaron a los lugare\u00f1os, y por ellos se enteraron de que la inauguraci\u00f3n de las Cortes hab\u00eda sido prorrogada hasta el 10 de junio porque Carlos I a\u00fan no hab\u00eda llegado a Barcelona -lugar en el que ten\u00eda previsto desembarcar-, y de que los catalanes y los aragoneses, conocedores de tal noticia, hab\u00edan retrasado sus desplazamientos.<\/p>\n<p>Durante los d\u00edas siguientes arribaron a Monz\u00f3n m\u00e1s representantes del Reino de Valencia que, como ellos, desconoc\u00edan la nueva de la pr\u00f3rroga. Aunque a nivel general cundi\u00f3 el desaliento, los oriolanos aprovecharon los primeros momentos de la espera para apalabrar con el doctor Benavent -quien se hab\u00eda ofrecido a ayudarles en la medida de sus posibilidades- la preparaci\u00f3n de las suplicaciones escritas que tendr\u00edan que presentarle al emperador y a los brazos a lo largo del transcurso de las Cortes. Y el d\u00eda 19 Vicente Mart\u00ed, de nuevo en representaci\u00f3n de todos, se dirigi\u00f3 por escrito a los mandatarios de la ciudad del Bajo Segura. En la misiva, les inform\u00f3 de \u00ab<em>tan largua porrogacio<\/em>\u00bb y de la preocupante posibilidad de que \u00e9sta fuese ampliada por el retraso de Carlos I. Les refiri\u00f3 que ten\u00edan \u00ab<em>pochs diners<\/em>\u00bb para pasar tantos d\u00edas y les pidi\u00f3 que les enviasen m\u00e1s. Y sobre la causa episcopal, les escribi\u00f3 esta significativa frase: \u00ab<em>tots estan de bon parer de ajudarnos ab totes ses forces<\/em>\u00bb<sup>33<\/sup>.<\/p>\n<p>Los recelos de Vicente Mart\u00ed se hicieron realidad y las Cortes no comenzaron el 10 de junio, sino que fueron prorrogadas hasta el 19 de julio a causa de una indisposici\u00f3n que aquej\u00f3 a la emperatriz. Entretanto, tambi\u00e9n enferm\u00f3 Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa, quien iniciada la segunda quincena de junio escribi\u00f3 a las autoridades oriolanas con el fin de pedirles permiso para ir a curarse a su casa. Los otros tres representantes de la ciudad del Bajo Segura aprovecharon la ocasi\u00f3n del env\u00edo de la misiva de su compa\u00f1ero para dirigirse, asimismo, a los mandatarios, demand\u00e1ndoles dinero y d\u00e1ndoles cuenta del sinf\u00edn de gestiones que hab\u00edan tenido la oportunidad de realizar durante el tiempo que llevaban en Monz\u00f3n.<\/p>\n<p>Las cuatro cartas llegaron a Orihuela a principios de julio, y el d\u00eda 3 las autoridades de la ciudad les enviaron las respuestas. A Ferr\u00e1ndez le concedieron la licencia para retornar. Y a Mart\u00ed, P\u00e9rez y Rocafull les mandaron indefectiblemente que no se volviesen hasta la conclusi\u00f3n de la reuni\u00f3n parlamentaria, les mostraron su satisfacci\u00f3n por las diligencias efectuadas, les rogaron que siguiesen trabajando para ganar el apoyo de los procuradores de los tres reinos y, por \u00faltimo, les enviaron dinero y les pidieron que no se preocupasen por el tema monetario porque en todo momento los tendr\u00edan bien provistos<sup>34<\/sup>.<\/p>\n<p>Conforme fue acerc\u00e1ndose la fecha finalmente asignada para el inicio de las Cortes, Monz\u00f3n fue recibiendo a los diferentes procuradores. Y los cuatro representantes de Orihuela prosiguieron con su labor de ganar adeptos. El 2 de julio les escribieron a los mandatarios una nueva misiva pidi\u00e9ndoles que preparasen una declaraci\u00f3n de testigos sobre el incidente de la \u00ab<em>coltellada<\/em>\u00bb sufrida por el capell\u00e1n de Santiago, Pedro Ferr\u00e1ndez, para poder poner mejor de manifiesto las viles maneras de los murcianos<sup>35<\/sup>.<\/p>\n<p>La idea de los s\u00edndicos fue muy bien acogida por las citadas autoridades pues, apenas nueve d\u00edas despu\u00e9s, el justicia Juan Sans y los jurados Garci Ferr\u00e1ndez de Tuesta, Pedro G\u00f3mez Daroca y Juan Mir\u00f3 le requirieron a D. Luis Togores, lugarteniente del ausente gobernador, que aceptase recibir los testimonios de los testigos directos del suceso, que aprobase su inserci\u00f3n en un informe y que les entregase un traslado aut\u00e9ntico. Togores, aconsejado por su asesor, micer Jaime Terr\u00e9s, dio el visto bueno a la petici\u00f3n, y en el plazo de tres d\u00edas hizo comparecer ante \u00e9l al propio afectado Ferr\u00e1ndez, al sacrist\u00e1n del Salvador, Andr\u00e9s Montero, que estuvo junto al capell\u00e1n la noche de autos, y a otros tres testigos que estuvieron en Murcia dicha fecha, Luis Vicente Mart\u00ed -hijo de Vicente Mart\u00ed-, Jer\u00f3nimo del Poyo y Gaspar Maza de Lizana. Y tras compilar las declaraciones, les entreg\u00f3 a los oficiales una copia<sup>36<\/sup>.<\/p>\n<p>Aproximadamente por esas fechas, los procuradores desplazados a Monz\u00f3n, recibieron las cartas del d\u00eda 3 y, con ellas, una buena cantidad de dinero. Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa decidi\u00f3 volver a Orihuela, y D. Pedro de Rocafull, pese a las tajantes \u00f3rdenes de los mandatarios, emprendi\u00f3 con \u00e9l el camino de retorno<sup>37<\/sup>.<\/p>\n<p>El d\u00eda 19 de julio, por fin, Carlos I dio por inauguradas las Cortes, y comenzaron las sesiones con la acostumbrada proposici\u00f3n real.<\/p>\n<p>Mientras \u00e9stas ten\u00edan lugar, en Orihuela, el d\u00eda 28 de ese mismo mes, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas escribieron tres cartas. Una para los s\u00edndicos Mart\u00ed y P\u00e9rez, pidi\u00e9ndoles que pusiesen el m\u00e1ximo empe\u00f1o posible en sacar adelante la causa del Obispado y envi\u00e1ndoles la informaci\u00f3n de la \u00ab<em>coltellada<\/em>\u00bb. Y otras dos con destino a Roma, con la poco oculta intenci\u00f3n preparar el camino por si Carlos I se aven\u00eda finalmente a restituir la causa a la Santa Sede. La primera para el auditor Luis G\u00f3mez, d\u00e1ndole \u00ab<em>infinites gracies<\/em>\u00bb por la \u00ab<em>passio<\/em>\u00bb que siempre hab\u00eda mostrado por las aspiraciones episcopales oriolanas, y rog\u00e1ndole que, pese a los reveses sufridos, no dejase de apoyarles. Y la segunda para D. Lope Rocamora, agradeci\u00e9ndole, asimismo, sus servicios y demand\u00e1ndole apoyo para el futuro<sup>38<\/sup>.<\/p>\n<p>A lo largo del mes de agosto, el concienzudo trabajo de los procuradores les permiti\u00f3 contar con el \u00ab<em>favor dels bra\u00e7os<\/em>\u00bb de los tres reinos para elevar sus peticiones de desagravio al emperador. Adem\u00e1s, gracias a la mediaci\u00f3n de un viejo conocido que hab\u00eda representado los intereses oriolanos en Roma, fr. Gaspar Esteve, lograron un apoyo muy cercano al monarca, el de su Padre Confesor. La convergencia de estos factores les permiti\u00f3 albergar claras expectativas de \u00e9xito y as\u00ed se lo comunicaron a sus representados. \u00c9stos, viendo que el tema del obispado iba bien encaminado, les pidieron que no se olvidasen de las otras cuestiones que hab\u00edan de tratar. Y entre otros logros de consideraci\u00f3n, P\u00e9rez y Mart\u00ed consiguieron que Carlos I condonase las penas en que hab\u00edan incurrido los acusados de rebeld\u00eda por el duque de Calabria el a\u00f1o anterior. Tambi\u00e9n hemos de destacar que una vez recuperado de sus dolencias, Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa regres\u00f3 a Monz\u00f3n y sigui\u00f3 proseguir colaborando con Mart\u00edn P\u00e9rez y Vicente Mart\u00ed<sup>39<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, durante el transcurso del mes de septiembre, Carlos I comenz\u00f3 a apuntar su negativa a remitir de nuevo la causa episcopal a Roma, y les manifest\u00f3 a los s\u00edndicos oriolanos que revisar\u00eda personalmente la cuesti\u00f3n, con la asistencia de los Consejos de Castilla y de Arag\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando las autoridades de la ciudad del Bajo Segura se enteraron de las intenciones del emperador, teniendo en cuenta los precedentes, reaccionaron de inmediato. El d\u00eda 15 del mencionado mes les escribieron a Mart\u00ed, P\u00e9rez y Ferr\u00e1ndez que trataran de modificar los planes reales puesto que, de ser aprobados, la vista del caso tendr\u00eda lugar en Castilla -que era el siguiente destino de Carlos I-, y all\u00ed las poderosas influencias con las que contaban los cartaginenses har\u00edan imposible el triunfo de las pretensiones secesionistas. Por ello, les pidieron que tratasen por todos los medios de convencer al monarca para que le suplicase al papa la derogaci\u00f3n del breve bolo\u00f1\u00e9s, la anulaci\u00f3n de la prestaci\u00f3n de obediencia, y la restituci\u00f3n del Pleito a la Rota, seg\u00fan las instrucciones iniciales. Y en el caso de que no pudiesen mudar el parecer real hasta tal extremo, les rogaron que trabajasen para conseguir que el emperador simplemente remitiese la causa a la justicia apost\u00f3lica, aunque en un primer momento no fuesen revocadas las disposiciones devenidas del rescripto del 15 de marzo de 1530. Y concluyeron el escrito coment\u00e1ndoles que ofreciesen todo el dinero que fuese necesario para conseguir cualquiera de los dos logros, pues era absolutamente indispensable evitar que la causa fuese tratada en territorio castellano<sup>40<\/sup>.<\/p>\n<p>Por el contenido de la misiva inferimos que las autoridades oriolanas eran conscientes de que si el caso hab\u00eda de ser resuelto por el emperador, por encima de los conceptos que pudiese tener sobre la equidad o la justicia, se decidir\u00eda en la balanza de los favores de que pudiesen disponer ambas partes. Por ello, consideraban necesario que los procuradores consiguiesen la remisi\u00f3n a Roma o, en su defecto, su sustanciaci\u00f3n dentro de los l\u00edmites de la Corona de Arag\u00f3n.<\/p>\n<p>Finalmente, Mart\u00edn P\u00e9rez, Vicente Mart\u00ed y Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa no consiguieron convencer a Carlos I para que le suplicase a Clemente VII que revisase el Pleito del Obispado. Todas sus ofertas fueron vanas ante la firmeza de la voluntad del monarca. No obstante, s\u00ed lograron que el posible mal fuese menor, ya que, como veremos, el emperador accedi\u00f3 a proceder a la revisi\u00f3n del caso en la misma villa de Monz\u00f3n con la clara intenci\u00f3n de \u00ab<em>traure dita questio per concordia<\/em>\u00bb<sup>41<\/sup>.<\/p>\n<p>El 13 de octubre envi\u00f3 sendas cartas a las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de las ciudades de Orihuela y Murcia, firmadas de su propia mano. En ellas, les orden\u00f3 que, para com\u00fan \u00ab<em>reposo y tranquilidad<\/em>\u00bb, enviasen a Monz\u00f3n a \u00ab<em>una o dos personas con poderes bastantes y bien instruidas del negocio<\/em>\u00bb, a fin de que pudiesen defender sus respectivos derechos y \u00e9l, con conocimiento de causa, mandase \u00ab<em>dar en ello algun buen assiento, qual convenga al servi\u00e7io de Dios y nuestro y buena quietud de vosotros<\/em>\u00bb, advirti\u00e9ndoles que \u00ab<em>en esto no aya falta ni dilacion alguna<\/em>\u00bb<sup>42<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras recibir las misivas, el 15 de noviembre los mandatarios oriolanos, \u00ab<em>en execucio dels imperials e reals manaments<\/em>\u00bb, decidieron nombrar como \u00ab<em>legitims sindichs, actors e procuradors<\/em>\u00bb al can\u00f3nigo Vicente Mart\u00ed, a Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa y a D. Pedro de Rocafull. Y les otorgaron poder suficiente para comparecer ante el emperador y su Consejo de Arag\u00f3n, presentar las alegaciones y demostrar la justicia de las reclamaciones episcopales, de modo que la causa pudiese ser resuelta de tal manera que conviniese \u00ab<em>al servey de Nostre Senyor Deu y de Sa Magestat<\/em>\u00bb y a la \u00ab<em>honra, be e repos<\/em>\u00bb de la universidad de los vecinos de Orihuela<sup>43<\/sup>.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, ese mismo d\u00eda llamaron a D. Pedro de Rocafull y le notificaron su nombramiento. Y, acto seguido, le explicaron c\u00f3mo quer\u00edan que tanto \u00e9l como sus dos compa\u00f1eros de sindicato actuasen cuando compareciesen ante el rey. En primer lugar, fieles a sus principios, pese a la contrariedad de la coyuntura, le indicaron que antes de iniciar las conversaciones con los murcianos, se postraran \u00ab<em>als peus de Sa Magestat<\/em>\u00bb y, con la mayor reverencia, le imploraran que desistiese de su intenci\u00f3n de concordar a las partes, y que le rogase al papa que devolviese la causa a la Sacra Rota. Y despu\u00e9s, le se\u00f1alaron que s\u00f3lo en el caso de que el rey se negase a abocar la lite a la justicia apost\u00f3lica, comenzaran a negociar. Y a este respecto, le especificaron las dos \u00fanicas soluciones que deb\u00edan aceptar, por orden obvio de preferencia:<\/p>\n<p>-El mantenimiento de la Catedral\u00eda de la iglesia del Salvador y la reducci\u00f3n del obispado de Orihuela a la ciudad del Bajo Segura y su huerta, bajo la condici\u00f3n de que los murcianos no volver\u00edan a hallar ning\u00fan obst\u00e1culo cuando pretendiesen cobrar las rentas que ten\u00edan en la di\u00f3cesis oriolana.<\/p>\n<p>-Y en el caso de que esta propuesta no fuese aceptada por el monarca o por el cabildo de Cartagena, la p\u00e9rdida del t\u00edtulo episcopal a cambio del mantenimiento del rango catedralicio para la iglesia del Salvador, quedando \u00e9sta \u00ab<em>ab totes les insignies, preminen\u00e7ies que a sglesies catedrals competeixen<\/em>\u00bb, y con jurisdicci\u00f3n sobre \u00ab<em>tota la part de la diocesis constituhida dins lo present regne de Valen\u00e7ia<\/em>\u00bb<sup>44<\/sup>.<\/p>\n<p>Cuatro d\u00edas m\u00e1s tarde le entregaron a Rocafull el sindicato, una carta de creencia para Carlos I, un escrito para Vicente Mart\u00ed -en el que le comunicaban su nombramiento y el de Ferr\u00e1ndez como procuradores-, y un documento en el que hab\u00edan puesto por escrito las instrucciones que le hab\u00edan dado de palabra, y el caballero parti\u00f3 en direcci\u00f3n al Reino de Arag\u00f3n<sup>45<\/sup>.<\/p>\n<p>Rocafull debi\u00f3 llegar a Monz\u00f3n hacia finales de noviembre, por lo que la comparecencia de los tres procuradores oriolanos ante el emperador debi\u00f3 producirse a inicios de diciembre. Carlos I escuch\u00f3 con satisfacci\u00f3n las alegaciones presentadas y qued\u00f3 a la espera de la llegada de los s\u00edndicos murcianos.<\/p>\n<p>Pasaron un par de semanas, y los oriolanos, viendo que sus oponentes no comparec\u00edan y que por su culpa estaban causando \u00ab<em>grans despeses<\/em>\u00bb a su ciudad, por llevar ya \u00ab<em>molts dies en la cort<\/em>\u00bb, le rogaron al rey que los citase \u00ab<em>dins cert terme breu<\/em>\u00bb, \u00ab<em>ab cominacio que, pasat aquell, fos la causa remesa a justicia<\/em>\u00bb. El monarca consider\u00f3 justa la suplicaci\u00f3n, y por medio de un \u00ab<em>acte de cort<\/em>\u00bb provey\u00f3 que el plazo para solucionar la causa fuese de un a\u00f1o, y que durante tal per\u00edodo \u00ab<em>nos innovas cosa alguna<\/em>\u00bb<sup>46<\/sup>.<\/p>\n<p>Y a continuaci\u00f3n, demostrando que su intenci\u00f3n de acabar con el Pleito del Obispado era firme, el 23 de diciembre escribi\u00f3 sendas c\u00e9dulas a las partes, ordenando que \u00ab<em>para mediado el mes de abril<\/em>\u00bb enviasen a la corte -dondequiera que estuviere- a sus procuradores, \u00ab<em>bien ynstruhidos<\/em>\u00bb y con poder suficiente como para negociar en nombre y lugar de sus representados<sup>47<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, una vez fueron clausuradas las Cortes, Carlos I emprendi\u00f3 el camino hacia Castilla, en direcci\u00f3n a Toledo, ciudad en la que celebr\u00f3 tambi\u00e9n una reuni\u00f3n parlamentaria ya en 1534<sup>48<\/sup>.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> La citaci\u00f3n de abril de 1534 y la pr\u00f3rroga de 50 d\u00edas.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>A nivel general, durante el a\u00f1o 1534, la ciudad de Orihuela sufri\u00f3 problemas de abastecimiento de carne, y los enfrentamientos con la poblaci\u00f3n de Murcia se hicieron m\u00e1s violentos y frecuentes.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con el Pleito del Obispado, no hubo novedad alguna hasta el mes de marzo, cuando las autoridades de la ciudad comenzaron a preparar la nueva presentaci\u00f3n ante el emperador, que hab\u00eda de tener lugar durante la segunda quincena del mes siguiente.<\/p>\n<p>Conscientes de que con su incomparecencia en Monz\u00f3n, los murcianos hab\u00edan logrado llevar la resoluci\u00f3n de la contienda a su territorio, Castilla, los mandatarios consideraron imprescindible conseguir el mayor n\u00famero de apoyos en la corte. Por ello, el 16 de marzo enviaron a Vicente Mart\u00ed a Valencia con la intenci\u00f3n de que se entrevistase con diferentes personalidades de la ciudad, y les solicitase que escribiesen en recomendaci\u00f3n de las reclamaciones episcopales oriolanas tanto a sus deudos y conocidos como al propio Carlos I. El incansable can\u00f3nigo habl\u00f3 con D. Fernando de Arag\u00f3n, con el duque de Gand\u00eda, con el vicario general Guillem Desprats, con D. Luis Cresp\u00ed y D. Luis Masc\u00f3 -s\u00edndicos del brazo militar y de la Diputaci\u00f3n en las pasadas Cortes-, con D. Ram\u00f3n Boyl, y con los doctores Benavent y Filibert, y los hizo comprometerse con la causa<sup>49<\/sup>.<\/p>\n<p>Ya en la segunda mitad de abril, el d\u00eda 17, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad del Bajo Segura confirmaron la elecci\u00f3n de Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa y del activo Vicente Mart\u00ed como procuradores y ratificaron sus poderes y facultades<sup>50<\/sup>. Y de cara a las negociaciones con Carlos I, les dieron pr\u00e1cticamente las mismas consignas que para la comparecencia de Monz\u00f3n.<\/p>\n<p>En primer lugar, les mandaron que, para predisponer al emperador, le recordaran que a finales del a\u00f1o anterior los murcianos hab\u00edan desobedecido impunemente sus \u00f3rdenes, no acudiendo a la citaci\u00f3n. Despu\u00e9s, le hab\u00edan de suplicar directamente que dejase la resoluci\u00f3n de la lite en manos de Clemente VII, y en la situaci\u00f3n en que estaba antes de la expedici\u00f3n del breve de Bolonia.<\/p>\n<p>Si el monarca se negaba a satisfacer esta primera petici\u00f3n, y volv\u00eda a hacer p\u00fablica su voluntad de solucionar personalmente la discordia promoviendo un acuerdo entre las partes, Mart\u00ed y Ferr\u00e1ndez le hab\u00edan de rogar que decretase el mantenimiento de la erecci\u00f3n <em>sub uno pastore<\/em> del obispado de Orihuela, reduciendo su di\u00f3cesis a la ciudad del Bajo Segura y su huerta. Y previendo que los murcianos pudiesen contradecir tal propuesta-s\u00faplica alegando que ser\u00eda perjudicial para las rentas que cobraban en el territorio asignado como di\u00f3cesis al obispado oriolano, les indicaron que le explicaran al rey que la instituci\u00f3n episcopal no hab\u00eda causado ni causaba menoscabo alguno ni a la ciudad de Murcia ni al cabildo de Cartagena puesto que \u00ab<em>la matexa renda que lo bisbe e capitol de Cartagena tenia ans de la erectio se tenen ara y molta mes per \u00e7o, com notoriament consta, que apres de esser feta la erectio se pagan molt majors quantitats per les rendes que nos paguaven ans de la erectio<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Si pese a dicha explicaci\u00f3n, la propuesta no prosperaba, a continuaci\u00f3n, los s\u00edndicos ten\u00edan que suplicarle a Carlos I, aun a costa de perder el t\u00edtulo episcopal, que estableciese en el obispado de Cartagena una situaci\u00f3n similar a la que se daba en el de Segorbe-Albarrac\u00edn, en el que las iglesias de ambas poblaciones eran Catedrales unidas bajo un mismo prelado. Pretend\u00edan con dicha petici\u00f3n que respetase la erecci\u00f3n catedralicia de la iglesia del Salvador, y que le concediese a su cap\u00edtulo la jurisdicci\u00f3n sobre las tierras de la di\u00f3cesis cartaginense que estaban dentro de los l\u00edmites del Reino de Valencia<sup>51<\/sup>.<\/p>\n<p>Y si a pesar de realizar concesi\u00f3n tan gravosa como la p\u00e9rdida del obispado, no pudiese llegarse a un acuerdo, las autoridades les ordenaron a los s\u00edndicos que concluyesen las pl\u00e1ticas echando mano a la obligaci\u00f3n real de cumplir el <em>acte de cort<\/em> jurado en las Cortes de 1528, y demandando de nuevo el env\u00edo de la causa a Roma.<\/p>\n<p>Por otra parte, tambi\u00e9n les encargaron que le reclamasen a Carlos I que ordenase al marqu\u00e9s de los V\u00e9lez que devolviese a la ciudad la artiller\u00eda robada, pues era necesaria para defender Guardamar y las Salinas de la Mata del peligro de los moros<sup>52<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras entregarles el documento de las instrucciones, el mismo d\u00eda 17 de abril, los mandatarios les dieron a Mart\u00ed y Ferr\u00e1ndez un buen n\u00famero de cartas de recomendaci\u00f3n -que deb\u00edan de considerar pocas ya que sab\u00edan que sus contrarios ten\u00edan \u00ab<em>el favor de Castilla<\/em>\u00bb-, dirigidas a destacados personajes de la corte: Francisco de los Cobos, el se\u00f1or de Granvelle, D. Fadrique de Portugal -hijo del duque de Alba-, los marqueses de Lombay, la condesa de Faro, el marqu\u00e9s de Elche y dos miembros del Consejo de Arag\u00f3n, el vicecanciller May y el doctor Pastor. Y, por \u00faltimo, les entregaron una carta de creencia y presentaci\u00f3n para el propio Carlos I<sup>53<\/sup>.<\/p>\n<p>Y cuatro d\u00edas despu\u00e9s, el 21 de abril, Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa y Vicente Mart\u00ed partieron en direcci\u00f3n a Toledo, ciudad en la que estaba asentada la corte imperial<sup>54<\/sup>.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s llegar a dicha poblaci\u00f3n, se dedicaron a entregar las cartas que llevaban a sus destinatarios, hallando especialmente receptivos a Granvelle y al vicecanciller May. Poco despu\u00e9s, a\u00fan dentro del plazo asignado por el rey, se personaron ante \u00e9l los representantes de Murcia, y de inmediato comenz\u00f3 la revisi\u00f3n del caso. Carlos I decidi\u00f3 cometer su an\u00e1lisis a dos doctores del Consejo de Arag\u00f3n -Pastor y May- y a otros dos del de Castilla. Y los procuradores de ambas partes empezaron su labor presentando sus argumentaciones a los consejeros de sus respectivas coronas. Si algo caracteriz\u00f3 a esta primera fase de la negociaci\u00f3n fue su desesperante lentitud<sup>55<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, mientras en Toledo Vicente Mart\u00ed y Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa trataban de hacer perpetua e imperecedera la creaci\u00f3n del obispado de Orihuela, en la ciudad del Bajo Segura ocurri\u00f3 un hecho tr\u00e1gicamente inesperado: la muerte del hermano de Lope, Mart\u00edn Ferr\u00e1ndez de Mesa, que no hac\u00eda mucho hab\u00eda vuelto de Roma para suceder en la pavord\u00eda del Salvador a Fernando Rodr\u00edguez. Por ello, el 21 de mayo, las autoridades oriolanas le escribieron una indeseada carta a Mart\u00ed, pidi\u00e9ndole que le anunciase a su compa\u00f1ero de sindicato la triste necrol\u00f3gica, que intentase consolarle en su dolor, y que le comunicara que le daban completa libertad para volver a su casa a fin de que pudiese aliviar su desgracia en la compa\u00f1\u00eda de su familia<sup>56<\/sup>.<\/p>\n<p>La llegada de la misiva a la corte debi\u00f3 coincidir con otro acontecimiento m\u00e1s que desalentador. Una vez terminadas las primeras alegaciones, el vicecanciller May se esforz\u00f3 por conseguir que los diputados del Consejo de Castilla escuchasen a los procuradores oriolanos. Pero sus intentos fueron vanos. Por su parte, los s\u00edndicos murcianos enfocaron sus gestiones de un modo diferente y mucho m\u00e1s provechoso. Fieles a su t\u00e1ctica y \u00ab<em>costum<\/em>\u00bb habituales -esto es, buscar \u00ab<em>allargaments<\/em>\u00bb y retrasar las vistas de la lite, y provocar gastos in\u00fatiles a sus adversarios-, y haciendo uso de \u00ab<em>las muchas favores que en este casso tienen<\/em>\u00bb, \u00ab<em>secretament<\/em>\u00bb, \u00ab<em>sens dar noticia al Consell de Arago<\/em>\u00bb ni convocar a los procuradores oriolanos, consiguieron que el Consejo de Castilla les concediese una pr\u00f3rroga de 50 d\u00edas, en teor\u00eda, para preparar mejor sus argumentaciones y, \u00ab<em>sens mes esperar<\/em>\u00bb, retornaron a Murcia. Y muy poco despu\u00e9s, agravando la situaci\u00f3n, Carlos I parti\u00f3 de Toledo en direcci\u00f3n a Valladolid<sup>57<\/sup>.<\/p>\n<p>Enterados del aplazamiento y de la marcha del emperador, Mart\u00ed y Ferr\u00e1ndez fueron a hablar con el vicecanciller May, y \u00e9ste les recomend\u00f3 que retornasen a Orihuela tras asegurarles que el negocio no volver\u00eda a ser tratado hasta que concluyese la referida \u00ab<em>prorogacio<\/em>\u00bb. Y as\u00ed, decepcionados y con la moral por los suelos, los dos \u00ab<em>mensaieros<\/em>\u00bb emprendieron por las tierras de La Mancha el camino de regreso a la ciudad del Bajo Segura, a la que llegaron, no sin \u00ab<em>artos trabaios y costas<\/em>\u00bb, el \u00faltimo d\u00eda de mayo<sup>58<\/sup>.<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> El aplazamiento forzado por la peste y la embajada a Madrid de Luis Mart\u00ednez y Jaime Mart\u00ed.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>A principios de julio, algunos d\u00edas antes de concluir la pr\u00f3rroga, Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa y Vicente Mart\u00ed se aprestaron a iniciar su nuevo viaje a la corte del emperador, que se hallaba asentada en Valladolid<sup>59<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, poco antes de su partida, lleg\u00f3 a Orihuela, v\u00eda Valencia, una inquietante nueva que paraliz\u00f3 todos los planes. Al parecer, una terrible epidemia de peste se hab\u00eda extendido por la referida ciudad castellana y hab\u00eda obligado a la corte a dispersarse por completo<sup>60<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras enterarse de la noticia, las autoridades oriolanas decidieron suspender la marcha de los s\u00edndicos hasta que arribasen a la ciudad nuevas informaciones que indicasen que hab\u00eda pasado el peligro, y que los todos los Consejos hab\u00edan vuelto a reunirse con el monarca de un modo m\u00e1s o menos estable en un mismo lugar.<\/p>\n<p>Y mientras aguardaban la llegada de dichas nuevas transcurrieron aproximadamente otros 50 d\u00edas. Entonces, comenzaron a temer que los murcianos hubiesen enviado a sus procuradores a la comparecencia, y que quisiesen aprovechar el desconcierto oriolano para que la causa se decidiese en su favor sin que mediase oposici\u00f3n alguna. Y para evitar que se produjese tal situaci\u00f3n, el 22 de agosto optaron por adoptar una medida intermedia. Decidieron enviar a la corte a una \u00ab<em>persona propia<\/em>\u00bb, a un simple correo, con una doble misi\u00f3n: <em>ex una<\/em>, comprobar si los Consejos de Castilla y Arag\u00f3n estaban aposentados en la misma poblaci\u00f3n que el emperador y si en ella estaban tambi\u00e9n los murcianos; y, <em>ex alia<\/em>, consultar al vicecanciller May y al doctor Coscollar si cre\u00edan conveniente que enviasen a los s\u00edndicos en el caso de que no estuviesen ubicados en el mismo lugar y no existiese la oportunidad de reiniciar las negociaciones<sup>61<\/sup>.<\/p>\n<p>El correo parti\u00f3 de Orihuela en direcci\u00f3n hacia Palencia, donde se supon\u00eda que estaba residiendo Carlos I. No obstante, al llegar a las proximidades de la ciudad castellana, se enter\u00f3 de que los diferentes Consejos se hallaban dispersos por diversas villas y lugares. Entonces, cambi\u00f3 de rumbo y se dirigi\u00f3 hacia una poblaci\u00f3n llamada Becerril, en la que se encontraban hospedados los miembros del Consejo de Arag\u00f3n. All\u00ed, se entrevist\u00f3 con el vicecanciller May y con el doctor Coscollar, y \u00e9stos le dijeron que los murcianos no hab\u00edan comparecido, y se comprometieron a avisar a las autoridades oriolanas cuando pudiesen reanudarse las negociaciones relacionadas con la causa episcopal<sup>62<\/sup>.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, el 26 de septiembre de ese mismo a\u00f1o 1534 falleci\u00f3 Clemente VII, siendo sucedido en el solio pontificio por Alejandro Farnesio, que tom\u00f3 el nombre de Paulo III<sup>63<\/sup>.<\/p>\n<p>Por estas fechas, las autoridades de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura debieron recibir el aviso de micer May y el doctor Coscollar de que remitiesen a los s\u00edndicos a la corte, que se hab\u00eda desplazado a Madrid. Por ello, les rogaron a Vicente Mart\u00ed y a Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa que aceptasen ocuparse de nuevo de la empresa. Sin embargo, otro desagradable imprevisto trastoc\u00f3 por completo sus planes. Antes de que comenzasen los preparativos de la embajada falleci\u00f3 el can\u00f3nigo Vicente Mart\u00ed, un hombre que lo hab\u00eda dado todo por su patria y su iglesia. Tras el funesto acontecimiento, Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa decidi\u00f3 renunciar al sindicato de modo que las referidas autoridades tuvieron que pensar en otros posibles candidatos que pudiesen representar con \u00e9xito los intereses de Orihuela, pero no les convenci\u00f3 ninguno. Entonces, el 8 de octubre, acuciados por las dudas, decidieron escribirle al gobernador Maza para pedirle que se ocupase personalmente de realizar la elecci\u00f3n<sup>64<\/sup>.<\/p>\n<p>No sabemos si D. Pedro intervino o no, finalmente, en la designaci\u00f3n de los procuradores, pero lo cierto es que a mediados de noviembre las autoridades oriolanas encomendaron la futura embajada al can\u00f3nigo viajero Luis Mart\u00ednez y a un joven \u00ab<em>menor de dies<\/em>\u00bb llamado Jaime Mart\u00ed, que era hijo del lugarteniente del justicia. Y el d\u00eda 15 del citado mes se dedicaron a escribir sus cartas credenciales y de recomendaci\u00f3n. Conscientes de que los murcianos eran \u00ab<em>muy poderosos contrarios por ser en su favor toda Castilla<\/em>\u00bb y porque la comparecencia hab\u00eda de desarrollarse \u00ab<em>en su casa<\/em>\u00bb, los mandatarios consideraron indispensable poder contar con el favor del mayor n\u00famero posible de personajes de la corte. Y al igual que hab\u00edan hecho en abril, les solicitaron ayuda a los que consideraban sus \u00ab<em>protectors e defensors<\/em>\u00bb: Francisco de los Cobos, el se\u00f1or de Granvelle, el Padre Confesor real, D. Fadrique de Portugal -hijo del duque de Alba-, los marqueses de Lombay, la condesa de Faro, el marqu\u00e9s de Elche y dos miembros del Consejo de Arag\u00f3n, el vicecanciller May y el doctor Pastor. Los contenidos de todas estas misivas son altamente significativos. Por un lado, nos muestran que las referidas autoridades ya percib\u00edan con claridad que los murcianos no ten\u00edan otra intenci\u00f3n \u00ab<em>sino dilatar la causa, que no se vea su fin<\/em>\u00bb, y que su t\u00e1ctica consist\u00eda fundamentalmente \u00ab<em>en fogir<\/em>\u00bb en la medida de lo posible de las sucesivas convocatorias reales. Y por otro, evidencian que, dado el talante poco propicio de la coyuntura, no les quedaba m\u00e1s remedio que confiar \u00ab<em>en nuestro Senyor Dios, y en nuestra muncha justicia, y en la clemencia, benignidad y equidad de nuestro Emperador que lo ha de jusgar, y en la singular proteccion que siempre<\/em>\u00bb le hab\u00edan dispensado a la ciudad sus aliados en la corte<sup>65<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n le escribieron ese mismo d\u00eda 15 de noviembre una carta de creencia al emperador, en la que le refer\u00edan que enviaban a los \u00ab<em>mensageros<\/em>\u00bb porque estaba a punto de terminar \u00ab<em>el anyo que Su Magestad puso en Mon\u00e7on para assentar este nego\u00e7io<\/em>\u00bb, record\u00e1ndole impl\u00edcitamente su compromiso de enviar la causa a Roma si en dicho plazo no consegu\u00eda hacer que las partes llegasen a un acuerdo pac\u00edfico<sup>66<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, la partida de los procuradores se retras\u00f3 un par de semanas, y hasta el d\u00eda 28 del citado mes und\u00e9cimo, las autoridades eclesi\u00e1sticas y civiles de la ciudad no les despacharon sus respectivos sindicatos<sup>67<\/sup>. Adem\u00e1s, esa misma jornada les consignaron una dieta diaria de 15 sueldos, y les entregaron como adelanto de su salario 112 libras y 14 sueldos, que se repartieron equitativamente<sup>68<\/sup>.<\/p>\n<p>Y entre el 1 y el 3 de diciembre los mandatarios acabaron de preparar la documentaci\u00f3n que Mart\u00ednez y Mart\u00ed ten\u00edan que llevarse a Madrid. Les entregaron una nueva creencia para el emperador<sup>69<\/sup>, un instrumento de instrucciones, un \u00ab<em>memorial secret<\/em>\u00bb, los autos de protesta interpuestos ante D. Luis Ferrer y D. Luis \u00c7ayd\u00eda, la informaci\u00f3n de la \u00ab<em>coltellada<\/em>\u00bb, el \u00ab<em>acte de cort<\/em>\u00bb de 1533 y 20 sellos por si ten\u00edan que escribir cartas en nombre de la ciudad<sup>70<\/sup>.<\/p>\n<p>De todo este cuerpo documental requieren comentario las instrucciones y el memorial secreto porque defin\u00edan las directrices que Mart\u00ednez y Mart\u00ed deb\u00edan seguir ante el rey en el transcurso de las negociaciones.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el primero de los escritos, Mart\u00ednez y Mart\u00ed deb\u00edan comenzar su intervenci\u00f3n ante el emperador record\u00e1ndole que, pese a sus \u00f3rdenes, los murcianos no acudieron a la citaci\u00f3n real de Monz\u00f3n, y que aunque s\u00ed se presentaron en Toledo, lograron prorrogar el inicio de las negociaciones de una manera poco leg\u00edtima, contrariando claramente la voluntad real de promover una r\u00e1pida concordia entre las partes.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, le ten\u00edan que manifestar que lo que los murcianos pretend\u00edan era dilatar <em>sine die<\/em> el comienzo de las conversaciones porque sus protestas contra la instituci\u00f3n del obispado de Orihuela carec\u00edan de fundamentos s\u00f3lidos, y porque la situaci\u00f3n existente en la di\u00f3cesis les beneficiaba y no les interesaba en absoluto que cambiase<sup>71<\/sup>. Por ello, los s\u00edndicos le hab\u00edan de pedir al monarca que remitiese el Pleito a la Santa Sede, pues all\u00ed ser\u00eda resuelto con rapidez y sin necesidad de convocar a las partes.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, suponiendo que Carlos I iba a seguir neg\u00e1ndose a abocar la causa a los tribunales pontificios, las autoridades oriolanas les mandaron a Mart\u00ednez y Mart\u00ed que aceptaran su arbitraje y le presentaran una suplicaci\u00f3n -que ten\u00eda que preparar el doctor Coscollar-, en la que le hab\u00edan de rogar que tomase las medidas oportunas para que en breve se pudiese llegar al anhelado acuerdo, de modo que la cuesti\u00f3n del obispado dejase de servir de pretexto para la g\u00e9nesis de diferencias y discordias entre los pobladores de las ciudades enfrentadas. Sobre este punto, las autoridades oriolanas les advirtieron a sus s\u00edndicos que no aceptasen ninguna oferta que no fuesen las dos apuntadas con anterioridad, esto es:<\/p>\n<p>-La reducci\u00f3n de la di\u00f3cesis a la ciudad del Bajo Segura y su huerta.<\/p>\n<p>-O la p\u00e9rdida del t\u00edtulo de obispado a cambio del mantenimiento de la Catedral\u00eda del Salvador, y del nombramiento por su cap\u00edtulo de un vicario general que tuviese jurisdicci\u00f3n sobre todos los territorios de la di\u00f3cesis cartaginense que pertenec\u00edan al Reino de Valencia y cuyo superior fuese el metropolitano valentino.<\/p>\n<p>Y, por \u00faltimo, en el caso de que las negociaciones no fructificasen y los respectivos procuradores no pudiesen llegar a ning\u00fan acuerdo, Mart\u00ednez y Mart\u00ed hab\u00edan de reclamarle a Carlos I que pusiese en ejecuci\u00f3n el \u00ab<em>acte de cort<\/em>\u00bb jurado en las \u00faltimas Cortes de Monz\u00f3n y que, respetando su compromiso, remitiese el Pleito a la justicia apost\u00f3lica ya que habr\u00eda transcurrido el plazo anual que en la citada villa aragonesa fij\u00f3 para resolver la lite por la v\u00eda concordataria<sup>72<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, en el \u00ab<em>memorial secret<\/em>\u00bb, los mandatarios oriolanos les escribieron a los s\u00edndicos una serie de indicaciones m\u00e1s precisas que hab\u00edan de seguir cuando, durante el transcurso de las negociaciones, se planteara la problem\u00e1tica de las rentas cartaginenses, o se sopesasen las concesiones a las que cada una de las partes hab\u00eda de transigir para llegar al acuerdo definitivo.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con el primer punto, las autoridades advirtieron a Mart\u00ednez y Mart\u00ed que si los murcianos arg\u00fc\u00edan que la instituci\u00f3n del obispado de Orihuela les era perjudicial porque tras su creaci\u00f3n no podr\u00edan cobrar los frutos que ten\u00edan en los territorios de la nueva di\u00f3cesis, refutaran tal aseveraci\u00f3n diciendo que el clero y el pueblo de la ciudad del Bajo Segura no pretend\u00edan que la erecci\u00f3n episcopal se hiciese una realidad perpetua para arrebatarles las rentas, sino que la deseaban con tanto fervor para \u00ab<em>llevarse de la subiec\u00e7io gran e per no ser maltractats de sos enemichs<\/em>\u00bb, y asegurando que la ciudad de Orihuela dar\u00eda todas las garant\u00edas y seguridades que el emperador considerase oportunas para que nadie se opusiese a la percepci\u00f3n de tales emolumentos.<\/p>\n<p>Asimismo, previendo una posible reacci\u00f3n cartaginense o real contra la r\u00e9plica anterior, los mandatarios les hicieron una nueva admonici\u00f3n. Les indicaron la posibilidad de que adujesen en su contra que, puesto que los oriolanos quer\u00edan evitar a toda costa \u00ab<em>les oppressions de Murcia<\/em>\u00bb, para satisfacer dicha aspiraci\u00f3n y, de paso, solucionar el conflicto bastar\u00eda con hacer que el obispo Mateo nombrase a un vicario general de Orihuela, que tuviese jurisdicci\u00f3n sobre la ciudad y su t\u00e9rmino, con la concesi\u00f3n a\u00f1adida de que las apelaciones a sus sentencias fuesen al metropolitano valentino y no al provisor del obispado -en ausencia del prelado-. Los s\u00edndicos hab\u00edan de responder a tal razonamiento que, con anterioridad, los murcianos les hab\u00edan hecho ofertas mejores y mucho m\u00e1s honrosas que esta \u00faltima, y que no ten\u00edan por qu\u00e9 aceptarla. Y deb\u00edan hacer referencia a los aludidos ofrecimientos previos:<\/p>\n<p>-Que \u00ab<em>la ciutat ab les hortes<\/em>\u00bb perteneciesen al obispado de Orihuela, y que \u00ab<em>tota laltra part de la diocessis fos de Cartajena<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>-Que la iglesia del Salvador mantuviese el rango catedralicio, y que \u00ab<em>lo bisbe, provehint en Mur\u00e7ia, digues lo bisbe de Carthaiena en la esglesia catredal de Mur\u00e7ia, e si provehis per a Oriola digues bisbe de Cartaiena en la esglesia cathredal de Oriola<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>-Que el obispo nombrase \u00ab<em>un vicari general en la \u00e7iutat de Oriola ab appellacio al metropolita<\/em>\u00bb, y que los de vecinos de \u00ab<em>Elig y Alaquant, y de tota la part del diocessis del Regne de Valen\u00e7ia<\/em>\u00bb tuviesen libertad para acudir en primera instancia al vicario general de Orihuela o al provisor de Murcia.<\/p>\n<p>Y a continuaci\u00f3n, ten\u00edan que explicar que en su momento no quisieron aceptar dichas ofertas por creer que la justicia estaba de parte de Orihuela y que, por ello, pod\u00edan aspirar a mayores objetivos. Y hab\u00edan de concluir el parlamento afirmando que los logros episcopales estaban fundamentados en privilegios reales y apost\u00f3licos, y que siendo el mismo emperador el mediador de la disputa no era justo ni razonable que fuesen despojados de ellos.<\/p>\n<p>Finalmente, el \u00ab<em>memorial secret<\/em>\u00bb conclu\u00eda con una \u00faltima advertencia para los procuradores. En el caso de que Carlos I les forzase a aceptar una componenda a\u00fan peor que la se\u00f1alada, les ped\u00edan que \u00ab<em>hans de rompre<\/em> [ab]<em> Sa Magestat<\/em>\u00bb, les informasen de todo lo sucedido<sup>73<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras recibir la documentaci\u00f3n, el 3 de diciembre, Luis Mart\u00ednez y Jaime Mart\u00ed partieron en direcci\u00f3n a Madrid, poblaci\u00f3n en la que la creciente familia real ten\u00eda planeado pasar el invierno<sup>74<\/sup>.<\/p>\n<p>A su llegada, los dos procuradores se encargaron de repartir la correspondencia y de platicar con los afectos a la causa. El doctor Coscollar les prepar\u00f3 una suplicaci\u00f3n y, gracias a la ayuda de Cobos y Granvelle, pudieron elev\u00e1rsela a Carlos I el 18 de diciembre.<\/p>\n<p>En la audiencia ante el rey, tras presentarle sus cartas credenciales, Mart\u00ednez y Mart\u00ed le rogaron que impartiese justicia en el Pleito del Obispado con prontitud, porque conven\u00eda \u00ab<em>al servey de Nostre Senyor Deu, y beneffi\u00e7i y repos de la dita ciutat<\/em> [de Orihuela]\u00bb. Le dijeron que, a lo largo del a\u00f1o, sus representados hab\u00edan estado en todo momento \u00ab<em>prests y apparellats, com sempre han estat, de enseguir y complir tot lo que per Sa Magestat los es estat manat, en esguart de pendre algun bon assiento y concordia en dit negoci<\/em>\u00bb. Y le indicaron que los murcianos, \u00ab<em>desconfiant, com certament desconfien, de sos drets e justicia<\/em>\u00bb, no hab\u00edan querido dialogar, en contra de \u00ab<em>la voluntat de Sa Magestat<\/em>\u00bb<sup>75<\/sup>. Y, acto seguido, le presentaron la mencionada suplicaci\u00f3n preparada por micer Coscollar.<\/p>\n<p>En ella, le comentaron a Carlos I que la \u00ab<em>innata e inveterada e quasi natural mala voluntat e ynimi\u00e7i\u00e7ia e discordia<\/em>\u00bb que exist\u00eda entre las ciudades de Murcia y Orihuela se deb\u00eda al car\u00e1cter fronterizo de ambas y a la fidelidad que siempre hab\u00eda mostrado \u00e9sta a la Corona Real de Arag\u00f3n. Y le explicaron que la erecci\u00f3n episcopal auspiciada por Fernando el <em>Cat\u00f3lico<\/em> tuvo dos objetos principales: <em>ex una<\/em>, lograr instaurar la paz perpetua entre los habitantes de ambas poblaciones; y, <em>ex alia<\/em>, promover \u00ab<em>la indemnitat dels habitadors de la \u00e7iutat de Oriola<\/em>\u00bb, sin causar da\u00f1o alguno ni al obispo, ni al cabildo de Cartagena, ni a la ciudad de Murcia.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, le recordaron que, en virtud de un \u00ab<em>acte de cort<\/em>\u00bb jurado en las Cortes de 1528, se comprometi\u00f3 a hacer que el Pleito del Obispado fuese resuelto por la v\u00eda judicial en la Santa Sede y que, lejos de propiciar su sentencia legal, los murcianos lo convencieron \u00ab<em>ab sinistres informa\u00e7ions e ab altres modos no li\u00e7its, no conformes a justi\u00e7ia<\/em>\u00bb para que instase a Clemente VII a revocar la erecci\u00f3n episcopal decretada por Julio II, y que el difunto pont\u00edfice accedi\u00f3 a sus s\u00faplicas expidiendo un breve, a todas luces subrepticio. Y le llevaron a la memoria que, a instancia de los castellanos, orden\u00f3 la ejecuci\u00f3n del rescripto, y que \u00e9sta se llev\u00f3 a cabo pese a las protestas oriolanas.<\/p>\n<p>Tras esta introducci\u00f3n, le rogaron que, \u00ab<em>com a clementissim e just rey<\/em>\u00bb, desagraviase al clero y al pueblo de Orihuela mandando revocar la anulaci\u00f3n del obispado, ordenando el pago de los da\u00f1os y gastos causados por la ejecuci\u00f3n del breve bolo\u00f1\u00e9s, y escribiendo al nuevo papa que abocase la causa de nuevo a la Rota, a fin de que pudiese ser \u00ab<em>determinada per justi\u00e7ia egualment<\/em>\u00bb, \u00ab<em>no permetent de a\u00e7i avant que breus alguns sien impetrats stant la litte pendente, sino que la justi\u00e7ia sia donada en la dita causa a qui la tendra<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Y para tratar de predisponer el \u00e1nimo real, aunque de una manera, en nuestra opini\u00f3n, ciertamente desafortunada, le refirieron que atendiese las s\u00faplicas \u00ab<em>havent sguart als senyalats serveys fets per la dita \u00e7iutat, offi\u00e7ials, cavallers e persones honrades, a Vostra Magestat a les revolu\u00e7iones populars<\/em>\u00bb, esto es, durante la German\u00eda&#8230;, y le anunciaron que sus representados \u00ab<em>altrament, no cessaran de proclamar y suplicar a Vostra Cesarea Magestat fins tant totes les dites coses los sien atorgades e la causa sia per justi\u00e7ia determinada<\/em>\u00bb<sup>76<\/sup>.<\/p>\n<p>La respuesta de Carlos I a la intervenci\u00f3n de Mart\u00ednez y Mart\u00ed no fue muy alentadora. Tras deliberar brevemente con el presidente del Consejo de Castilla y coincidir con su parecer, les dijo que la causa hab\u00eda quedado sentenciada tras la ejecuci\u00f3n del breve de Bolonia, y que no era necesaria revisi\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>Los embajadores oriolanos achacaron la negativa contestaci\u00f3n real a una falta de informaci\u00f3n y a la influencia del aludido consejero. Y decidieron persistir en sus s\u00faplicas. No obstante, el advenimiento de las fiestas navide\u00f1as paraliz\u00f3 las actividades en la corte y hubieron de esperar unos cuantos d\u00edas para poder proseguir sus instancias. Mientras tanto, el 26 de diciembre les escribieron una carta a los mandatarios oriolanos para darles cuenta de la ausencia murciana, del inicio de las diligencias, de los apoyos encontrados, de la primera conversaci\u00f3n que hab\u00edan mantenido con el emperador y, por \u00faltimo, de la suplicaci\u00f3n que le hab\u00edan presentado<sup>77<\/sup>.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1534 no acab\u00f3 muy bien para Orihuela. La oposici\u00f3n del rey a las reclamaciones episcopales fue paralela al surgimiento de bandos en la ciudad. La gravedad de \u00e9stos lleg\u00f3 a tal grado que, el 19 de diciembre, los oficiales municipales se vieron obligados a escribir al duque de Calabria, pidi\u00e9ndole que le ordenase al gobernador Maza que fuese a residir en la ciudad del Bajo Segura para evitar los enfrentamientos<sup>78<\/sup>.<\/p>\n<p>Junto a las aludidas parcialidades, a lo largo del entrante 1535, las autoridades oriolanas tuvieron que hacer frente a cuantiosas deudas generadas por el gran n\u00famero de censales que hab\u00edan cargado durante los \u00faltimos a\u00f1os. Por otra parte, junto al Pleito del Obispado, el tema que concit\u00f3 la atenci\u00f3n generalizada fue la lucha contra los turcos y contra Barbarroja.<\/p>\n<p>El 18 de enero de dicho 1535 los mun\u00edcipes recibieron la misiva de los s\u00edndicos. Y ese mismo d\u00eda les enviaron una carta de respuesta. En ella, les pidieron que le comentasen al monarca que ten\u00eda que cumplir lo prometido en los \u00ab<em>actes de cort<\/em>\u00bb de 1528 y 1533, m\u00e1xime cuando el plazo anual que hab\u00eda fijado durante las \u00faltimas Cortes de Monz\u00f3n ya hab\u00eda expirado sin que las partes hubiesen llegado a ning\u00fan acuerdo por culpa de las incomparecencias y los retrasos provocados por los murcianos. Y les mandaron que contradijesen la tesis promovida por el presidente del Consejo de Castilla, que afirmaba que la causa estaba sentenciada y no requer\u00eda de ninguna revisi\u00f3n<sup>79<\/sup>.<\/p>\n<p>Siguiendo estas indicaciones, a finales de enero Mart\u00ednez y Mart\u00ed comparecieron de nuevo ante el emperador y el presidente del Consejo de Castilla y, con la intenci\u00f3n de que \u00ab<em>al menys de vergonya se inclinen for\u00e7a a fer lo que no tenen voluntat<\/em>\u00bb, le presentaron a Carlos I una segunda suplicaci\u00f3n que hab\u00edan redactado junto con el doctor Coscollar<sup>80<\/sup>. En ella, le recordaron que el plazo se\u00f1alado en Monz\u00f3n ya hab\u00eda concluido, y acusaron a los murcianos de haber evitado las conversaciones porque ten\u00edan \u00ab<em>lo que volien e han demanat tots temps<\/em>\u00bb. Y en atenci\u00f3n a ambos factores, le rogaron que remitiese la causa a manos de Paulo III, o que ordenase a sus adversarios que en un breve per\u00edodo de tiempo se personasen en la corte, con poderes suficientes para iniciar las negociaciones, advirti\u00e9ndoles que si no obedec\u00edan sus mandatos, el caso ser\u00eda finalmente restituido a la Santa Sede<sup>81<\/sup>.<\/p>\n<p>El monarca atendi\u00f3 las s\u00faplicas oriolanas y, manteniendo firme su voluntad de ocuparse personalmente del arbitraje de la lite, decidi\u00f3 ordenar a las autoridades de Murcia que se presentasen ante \u00e9l para proseguir las conversaciones encaminadas al establecimiento de la concordia.<\/p>\n<p>El primero de febrero, los procuradores de la Iglesia y la ciudad del Bajo Segura les escribieron a sus representados para darles cuenta de tan importante novedad. Adem\u00e1s, en la carta les hicieron relaci\u00f3n de \u00ab<em>los treballs y soli\u00e7ituts<\/em>\u00bb que hab\u00edan realizado en beneficio de la causa. Les informaron de \u00ab<em>la potentia<\/em>\u00bb de la red de apoyos de los adversarios, ya que, en ausencia de los cartaginenses, hab\u00edan logrado interponer sus influencias ante el emperador para impedir el env\u00edo del Pleito a la Curia romana. Y, por \u00faltimo, les adjuntaron copias de las dos suplicaciones que hasta el momento le hab\u00edan elevado al rey<sup>82<\/sup>.<\/p>\n<p>Siete d\u00edas m\u00e1s tarde -el 8 de febrero-, Luis Mart\u00ednez y Jaime Mart\u00ed, queriendo aprovecharse de la ausencia de sus opositores, le entregaron a Carlos I una tercera suplicaci\u00f3n. En ella, le manifestaron que \u00ab<em>los de Murcia e capitol de Cartagena<\/em>\u00bb eran conscientes tanto de \u00ab<em>son poch fonament<\/em>\u00bb como de \u00ab<em>la molt clara justicia de Oriola<\/em>\u00bb, y que, por ello, no iban a comparecer \u00ab<em>davant Vostra Magestat per mes voltes que ab ses reals letres los ho haja manat<\/em>\u00bb. Y le rogaron que tuviese en cuenta \u00ab<em>los tants danys e fatigues que la dita ciutat ha patit per los de Murcia, per raho del dit plet<\/em>\u00bb, y que, en consecuencia, remitiese la causa \u00ab<em>a justicia davant lo nostre Sant Pare, pux es complit lo any que per Vostra Majestat, ab acte de cort, fonch prefegit en Mon\u00e7o a les dites parts, e que los dits sindichs se puguen tornar a Oriola e no hajen de fer mes despesses a la dita ciutat e capitol<\/em>\u00bb<sup>83<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la interposici\u00f3n de la s\u00faplica, Carlos I se reserv\u00f3 su respuesta durante unos d\u00edas, esperando que los s\u00edndicos murcianos compareciesen finalmente ante Su Ces\u00e1rea Majestad.<\/p>\n<p>Entretanto, las autoridades de Orihuela recibieron la misiva del 1 de febrero, y el d\u00eda 18 de ese mismo mes les remitieron a sus embajadores una carta de contestaci\u00f3n. En ella, les comentaron que, a pesar de la llamada real a los murcianos, ten\u00edan buenas expectativas, ya que confiaban en su propia \u00ab<em>justicia<\/em>\u00bb, en que el asunto hab\u00eda de \u00ab<em>pasar per mans de Sa Magestat<\/em>\u00bb, y en el hecho de que, aunque los adversarios fuesen \u00ab<em>tan contraris y poderosos, es major Deu, que for\u00e7a o pora remediar<\/em>\u00bb. En relaci\u00f3n con las negociaciones, les indicaron que hiciesen todas las diligencias posibles para predisponer a Carlos I hacia la causa oriolana antes de que llegasen los emisarios murcianos. Les advirtieron que se guardasen de reconocer que los de Murcia hab\u00edan recibido la posesi\u00f3n de la iglesia del Salvador, \u00ab<em>perque aqueixes son les misses que ells volen hoyr<\/em>\u00bb, ya que ello confirmar\u00eda lo que afirmaba el presidente del Consejo de Castilla, esto es, que el asunto estaba \u00ab<em>ya sentenciado y assentado<\/em>\u00bb, y que cualquier oferta les conven\u00eda a los oriolanos. En este sentido, les recomendaron que dirigiesen sus invectivas a \u00ab<em>descavalcar lo motiu del pre\u00e7ident<\/em>\u00bb haciendo uso de la amplia documentaci\u00f3n que ten\u00edan a su disposici\u00f3n, e incidiendo en que tanto el breve de Bolonia como \u00ab<em>tots los actes que los de Mur\u00e7ia<\/em>\u00bb ten\u00edan, eran \u00ab<em>subreti\u00e7is e obtesos parte inaudita<\/em>\u00bb, y en que no ten\u00edan ninguna validez. Les demandaron que alegasen que desde la ileg\u00edtima ejecuci\u00f3n del aludido rescripto bolo\u00f1\u00e9s, las ciudades de Orihuela y Murcia no estaban \u00ab<em>reposades, sino que de cascun dia se esperen majors escandels, enemicicies e mals<\/em>\u00bb. Les pidieron que cuando se enterasen de la oferta que Carlos I iba a proponer, les escribiesen con suma urgencia para decidir si deb\u00edan aceptarla o no. Y, por \u00faltimo, en el caso de que la soluci\u00f3n real fuese claramente deshonrosa o perjudicial para Orihuela, les ordenaron que, mostrando sus procuras, adujesen que no ten\u00edan poder para firmar una concordia que no les fuese provechosa a sus representados; y que, a continuaci\u00f3n, le suplicaran al rey que tuviese en cuenta que el plazo anual fijado para arribar al acuerdo hab\u00eda transcurrido, y que remitiese la resoluci\u00f3n judicial del Pleito a la Santa Sede<sup>84<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, arribaron a Madrid los procuradores murcianos. No obstante, al presentar sus sindicatos se descubri\u00f3 que hab\u00edan sido enviados \u00ab<em>ab poder limitat<\/em>\u00bb, de modo que las negociaciones hubieron de aplazarse de nuevo, y Mart\u00ednez y Mart\u00ed volvieron a rogarle a Carlos I que remitiese la causa a la justicia apost\u00f3lica, a fin de que fuese sentenciada en la Rota<sup>85<\/sup>.<\/p>\n<p>El emperador les replic\u00f3, en la misma l\u00ednea que en ocasiones anteriores, que su intenci\u00f3n segu\u00eda radicando en \u00ab<em>dar entre estas dos yglesias y ciudades un buen asiento e concordia<\/em>\u00bb, y se neg\u00f3 a satisfacer la suplicaci\u00f3n. Y entonces, sin esperar el regreso de los procuradores murcianos, decidi\u00f3 abandonar Madrid para dirigirse a Barcelona, acompa\u00f1ado por el Consejo de Arag\u00f3n, con el prop\u00f3sito de organizar desde la Ciudad Condal los \u00faltimos preparativos de la expedici\u00f3n de reconquista de T\u00fanez contra Barbarroja y el ej\u00e9rcito turco. Y al no poder seguir dedicando su precioso tiempo al tedioso asunto del obispado de Orihuela, orden\u00f3 el despacho de \u00ab<em>letres per a les dos \u00e7iutats e esglesies<\/em>\u00bb con el fin de informar a sus respectivas autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas que las negociaciones quedaban temporalmente suspendidas hasta que el mencionado Consejo de Arag\u00f3n volviese a reunirse con el de Castilla en la corte de la emperatriz Isabel -que hab\u00eda quedado de nuevo al frente del gobierno de los reinos de Espa\u00f1a-, y las partes fuesen convocadas. Y mand\u00f3 que nada se innovase, al menos, hasta que dicha coincidencia se produjese y volviesen a iniciarse las conversaciones<sup>86<\/sup>.<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li><strong> La suspensi\u00f3n de las negociaciones hasta 1537.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Pese a que, a su marcha para Barcelona, Carlos I orden\u00f3 a las partes enfrentadas en el Pleito del Obispado que no modificasen la situaci\u00f3n existente en la di\u00f3cesis hasta el reinicio de las negociaciones concordatarias, el provisor y el cabildo de Cartagena, siguiendo una vieja costumbre, trataron de beneficiarse h\u00e1bilmente de su cuasi legitimada superioridad espiritual para perjudicar los derechos episcopales oriolanos en la lite y, al mismo tiempo, para reforzar su posici\u00f3n de dominio sobre sus adversarios e intentar aprovecharse de ella por todos los medios, al margen incluso de la legalidad.<\/p>\n<p>A finales del mes de mayo de 1535, el provisor y vicario general del obispado de Cartagena, D. Sebasti\u00e1n Clavijo -que a su vez detentaba la dignidad de de\u00e1n de la Catedral de Murcia-, les escribi\u00f3 a los oficiales municipales de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura una carta para informarles de que, desde hac\u00eda tiempo, ten\u00eda planeado enviar a residir en dicha ciudad a una persona conveniente \u00ab<em>al servicio de Dios, y al honor y abttoridad de vuestras mercedes<\/em>\u00bb, para que ejerciese las funciones de visitador y administrador episcopal de justicia eclesi\u00e1stica. Y con un fino sarcasmo, como si se tratase de una merced m\u00e1s que de una \u00abgracia\u00bb, les coment\u00f3 que pensaba que dicho nombramiento les iba a generar, al igual que a \u00e9l, un gran \u00ab<em>contentamiento<\/em>\u00bb. A continuaci\u00f3n, les relat\u00f3 que hab\u00eda designado a una \u00ab<em>persona de muncha dotrina y muy buen exemplo<\/em>\u00bb que, adem\u00e1s, destacaba por sus dotes para la \u00ab<em>predica\u00e7ion<\/em>\u00bb, y que cuando el aludido -y an\u00f3nimo- cl\u00e9rigo estaba ya dispuesto para desplazarse a Orihuela, el obispo Mateo lo reclam\u00f3 para su servicio y tuvo que renunciar al cargo. Despu\u00e9s, Clavijo sigui\u00f3 relat\u00e1ndoles que tras la intervenci\u00f3n del cardenal de Santo \u00c1ngel, busc\u00f3 a otra persona digna de tal oficio, y eligi\u00f3 al obispo de Tagaste, quien le advirti\u00f3 que no podr\u00eda ir a la ciudad del Bajo Segura hasta septiembre u octubre por tener otra ocupaci\u00f3n de la que hab\u00eda de despedirse. Y despu\u00e9s de anunciarles el nombramiento del nuevo administrador y visitador episcopal, les comunic\u00f3 que, si no recib\u00edan por ello \u00ab<em>pesadumbre<\/em>\u00bb, \u00e9l mismo, en persona, ir\u00eda \u00ab<em>a visitar esa yglesia y \u00e7ibdad<\/em>\u00bb, \u00ab<em>juntamente con el senyor maestro Arrieta<\/em>\u00bb. Y se despidi\u00f3 pidi\u00e9ndoles que le avisaran cuando estuviesen preparados para recibirlos<sup>87<\/sup>.<\/p>\n<p>La misiva revolucion\u00f3 a las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas oriolanas, pues la consideraron como una provocaci\u00f3n en toda regla. La aceptaci\u00f3n del nombramiento del nuevo administrador de justicia y de la visita del provisor Clavijo significaba el reconocimiento de la sumisi\u00f3n al cabildo de Cartagena, lo que redundaba de modo evidente en perjuicio de las aspiraciones de independencia espiritual. Adem\u00e1s, ambas medidas contraven\u00edan claramente las \u00f3rdenes reales de no modificar la situaci\u00f3n diocesana hasta la nueva revisi\u00f3n del caso en la corte. Por ello, en un primer momento, los mandatarios decidieron oponerse de plano a los dos actos, sin tener en cuenta las consecuencias que su rebeld\u00eda pod\u00eda conllevar. Y el 2 de junio le redactaron al provisor una carta de respuesta en la que, tras darle \u00ab<em>muy largua quenta<\/em>\u00bb de lo \u00ab<em>provehido en el dicho negosio<\/em>\u00bb, le ped\u00edan \u00ab<em>por mersed<\/em>\u00bb que se conformase \u00ab<em>con la voluntat y provisiones de Su Magestad<\/em>\u00bb y desistiese de sus dos prop\u00f3sitos<sup>88<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, posteriormente, pensando con mayor frialdad, cobraron conciencia de que tal contestaci\u00f3n, sin duda, iba a suscitar un nuevo rompimiento con Murcia, y comprendieron que estando Carlos I fuera de Espa\u00f1a, habr\u00edan de correr el inquietante riesgo de que los murcianos, vali\u00e9ndose de sus influencias castellanas cabe el monarca, tratasen de aprovechar su lejan\u00eda para informarle de que Orihuela hab\u00eda sido la causante del resurgimiento de los esc\u00e1ndalos, y de esa manera pudiesen conseguir alguna provisi\u00f3n favorable a sus intereses conservadores. Adem\u00e1s, tambi\u00e9n valoraron que la oposici\u00f3n a los mandatos cartaginenses supondr\u00eda la inmediata fulminaci\u00f3n de excomuniones, suspensiones y entredichos indefinidos por parte del citado provisor. Y considerando ambos factores, el d\u00eda siguiente -3 de junio- decidieron consultar al doctor valenciano Jaime Filibert si deb\u00edan o no enviar el aludido escrito de r\u00e9plica<sup>89<\/sup>.<\/p>\n<p>Aunque no conocemos la contestaci\u00f3n de micer Filibert, s\u00ed estamos en disposici\u00f3n de afirmar que las autoridades oriolanas optaron finalmente por impedirle a Clavijo la entrada a la ciudad. Y \u00e9ste reaccion\u00f3 de inmediato imponiendo sobre toda la poblaci\u00f3n la pena de entredicho.<\/p>\n<p>Tras un poco pac\u00edfico mes de julio de 1535, marcado principalmente por las bander\u00edas, las alteraciones del orden p\u00fablico y los esc\u00e1ndalos<sup>90<\/sup>, el transcurso del de agosto se vio endulzado en la poblaci\u00f3n del Bajo Segura por el conocimiento de los \u00e9xitos de la campa\u00f1a africana de Carlos I. El d\u00eda 16 del citado octavo mes, las autoridades de la ciudad recibieron la inmejorable noticia de \u00ab<em>la grande victoria que Su Magestad a tenido en la presa e conquista de Tuniz, ansi de la fuer\u00e7a de La Goleta como de la ciudad y de la armada que ha tomado a Barbaroja<\/em>\u00bb. Y dado que el propio Carlos I hab\u00eda manifestado que la victoria hab\u00eda sido \u00ab<em>obra de la mano de Nuestro Senyor<\/em>\u00bb, el duque de Calabria les orden\u00f3 que le agradeciesen a Dios su divina intervenci\u00f3n con manifestaciones p\u00fablicas de piedad y fe, a fin de que siguiese encaminando \u00ab<em>las cosas de Su Magestad en insancto servicio y bien universal de toda la Christiandad<\/em>\u00bb. Obtemperando gustosamente la orden del lugarteniente general, los mun\u00edcipes se dirigieron a la iglesia del Salvador y les pidieron a los can\u00f3nigos que organizasen una gran procesi\u00f3n en alabanza a su patr\u00f3n, pero \u00e9stos les respondieron que no pod\u00edan celebrar ning\u00fan acto eclesi\u00e1stico porque la ciudad estaba entredicha por la cuesti\u00f3n del Obispado. Entonces, los ediles le explicaron por escrito la situaci\u00f3n al de\u00e1n Clavijo, y le rogaron que alzase la pena durante \u00ab<em>doze o quinze dias<\/em>\u00bb<sup>91<\/sup>. El provisor accedi\u00f3 a la demanda con la condici\u00f3n de que, pasados los festejos, los oriolanos aceptasen el nombramiento del administrador episcopal de justicia. Y ocho d\u00edas m\u00e1s tarde concedi\u00f3 una segunda remisi\u00f3n temporal de la censura una vez los mun\u00edcipes volvieron a ratificar el mencionado compromiso<sup>92<\/sup>.<\/p>\n<p>Y, efectivamente, poco despu\u00e9s, en septiembre u octubre, el obispo de Tagaste se person\u00f3 en la ciudad del Bajo Segura y comenz\u00f3 a ejercer su oficio en nombre del prelado y el cabildo de Cartagena<sup>93<\/sup>. Sin embargo, no ocup\u00f3 el cargo por mucho tiempo pues falleci\u00f3 durante el mes de diciembre de ese mismo a\u00f1o 1535.<\/p>\n<p>Tras su muerte, el provisor Clavijo quiso asegurarse la continuidad de la figura del administrador episcopal de justicia eclesi\u00e1stica sin tener que luchar contra la tradicional oposici\u00f3n de Orihuela. Por ello, tuvo la brillante idea de acudir al duque de Calabria y rogarle que les ordenase a las autoridades municipales de dicha ciudad que admitiesen sin demoras ni embarazos al sucesor del obispo de Tagaste. Y D. Fernando de Arag\u00f3n, atendiendo la s\u00faplica cartaginense, les despach\u00f3 un mandato fechado el 4 de enero del a\u00f1o entrante, 1536, en el que les conmin\u00f3 a tratar \u00ab<em>ab tota honra e caritat<\/em>\u00bb al oficial y visitador que enviase el vicario general, \u00ab<em>no donant loch al contrari per ninguna via<\/em>\u00bb. Y para que no provocasen ning\u00fan incidente, les record\u00f3 su intervenci\u00f3n \u00ab<em>en les coses passades entre lo clero de aquexa ciutat e lo de Murcia<\/em>\u00bb y les dijo que sentir\u00eda mucho que se produjese \u00ab<em>qualsevol sinistre<\/em>\u00bb, \u00ab<em>obviant al orde que dexarem e pacifich estament en que de llavors ensa son estats<\/em>\u00bb<sup>94<\/sup>.<\/p>\n<p>La intromisi\u00f3n del duque molest\u00f3 de un modo considerable a los mandatarios oriolanos. Desde su perspectiva, hasta cierto punto era l\u00f3gico y comprensible -aunque no l\u00edcito- que los murcianos, pese a las \u00f3rdenes reales contrarias a las innovaciones, tratasen de aprovechar su posici\u00f3n de superioridad dentro de la di\u00f3cesis para incrementar su poder sobre Orihuela y al mismo tiempo perjudicar sus derechos episcopales. Pero lo que no pod\u00edan entender ni admitir de ning\u00fan modo era que D. Fernando de Arag\u00f3n los favoreciese en sus prop\u00f3sitos, m\u00e1xime cuando \u00e9stos contraven\u00edan la voluntad del emperador. Por ello, las citadas autoridades optaron por enviarle al virrey una embajada. Eligieron como s\u00edndico al experto D. Pedro de Rocafull y le encomendaron la doble tarea de informarle sobre la situaci\u00f3n del Pleito del Obispado, y pedirle que revocase la orden de aceptaci\u00f3n del administrador judicial cartaginense. Y el d\u00eda 16 de enero le escribieron al virrey una carta en la que le explicaron las circunstancias que hac\u00edan incorrecta su intervenci\u00f3n, y le demandaron que les negase su auxilio a los murcianos. En la misiva, le comentaron que, antes de su partida para \u00c1frica, Carlos I hab\u00eda dejado muy claro que no quer\u00eda que variase la situaci\u00f3n de la di\u00f3cesis de Cartagena hasta que se produjese la revisi\u00f3n del litigio. Y que \u00e9sta tendr\u00eda lugar cuando los Consejos de Castilla y de Arag\u00f3n coincidiesen con la emperatriz en la corte, hecho que, por otra parte, no hab\u00eda sucedido desde la marcha del emperador. Y, finalmente, le rogaron que no se entrometiese en el negocio, pues estaba \u00ab<em>en mans de Sa Magestat per a concordarse<\/em>\u00bb, y que no ordenase \u00ab<em>cosa alguna contra lo dit acte de cort e mente de Sa Majestat<\/em>\u00bb<sup>95<\/sup>.<\/p>\n<p>Rocafull sali\u00f3 de Orihuela el 18 de enero. Unos d\u00edas m\u00e1s tarde compareci\u00f3 ante el lugarteniente general del Reino y le present\u00f3 las quejas de sus representados tanto oralmente como por escrito. Pero las reclamaciones fueron completamente in\u00fatiles. El duque de Calabria consider\u00f3 que la oposici\u00f3n de las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad del Bajo Segura a la superioridad cartaginense podr\u00eda constituir un nuevo acto de rebeld\u00eda, merecedor de represi\u00f3n, y los mandatarios de la referida poblaci\u00f3n no tuvieron m\u00e1s remedio que aceptar el nombramiento de D. Francisco de Mex\u00eda, obispo de Fez, como \u00ab<em>visitador e vicari en la ciutat de Oriola e ortes de aquella<\/em>\u00bb<sup>96<\/sup>.<\/p>\n<p>A principios del mes de febrero, otro incidente alter\u00f3 durante unos d\u00edas las relaciones entre los mun\u00edcipes oriolanos y el cabildo de Cartagena. A causa de la extrema carest\u00eda de trigo que afect\u00f3 a la pr\u00e1ctica totalidad de las tierras comprendidas entre las ciudades de Murcia y Valencia, provocada principalmente por la incidencia de violentas riadas, el justicia y los jurados de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura quisieron solventar los problemas de abastecimiento urbano comprando el grano procedente de las rentas decimales que el cabildo de Cartagena ten\u00eda en las diferentes villas y lugares de la huerta.<\/p>\n<p>Dicha actitud de bloqueo del \u00ab<em>forment<\/em>\u00bb alert\u00f3 a los cl\u00e9rigos murcianos, ya que esperaban percibir dichos frutos en especie, para poder dedicarlos fundamentalmente a su propio consumo, aunque tambi\u00e9n a su venta al precio m\u00e1ximo permitido por la ley. Por ello, cometieron la labor de recuperar el cereal al can\u00f3nigo Mac\u00edas Coque y al maestrescuela Antonio Tamar\u00f3n. Y el 5 de febrero, los dos diputados escribieron a los ediles de la ciudad vecina y rival para pedirles que les permitiesen la percepci\u00f3n del trigo, y advertirles que, en caso contrario, acudir\u00edan a la justicia ordinaria para lograr tal objeto<sup>97<\/sup>.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, las autoridades oriolanas les contestaron a Coque y Tamar\u00f3n que no pod\u00edan impedirles de ninguna manera la adquisici\u00f3n del grano porque una sentencia real autorizaba su comercializaci\u00f3n en la capital del Bajo Segura y, por lo tanto, les ofrec\u00eda la posibilidad de pujar por su compra. No obstante, dadas las circunstancias, quisieron complacer al cabildo cartaginense y mercaron \u00fanicamente la mitad del \u00ab<em>forment<\/em>\u00bb, permitiendo el traslado a Murcia del otro 50%<sup>98<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, hemos de destacar que los referidos mandatarios siempre estuvieron muy atentos a cualquier suceso que pudiese tocar a la causa episcopal. A lo largo del tiempo, aunque fueron aminor\u00e1ndose de un modo progresivo las posibilidades de que el Pleito fuese resuelto en la Sede Apost\u00f3lica, en ning\u00fan momento dejaron de prestar atenci\u00f3n a los acontecimientos principales que ten\u00edan lugar en Roma y, en especial, a los que pudiesen concernir a sus aliados en la Curia. Demostramos esta afirmaci\u00f3n exponiendo que las citadas autoridades, tras enterarse de que el auditor Luis G\u00f3mez hab\u00eda sido designado por Paulo III \u00ab<em>referendari de justicia e de gracia<\/em>\u00bb, el 10 de febrero le enviaron una misiva para felicitarle por su nuevo nombramiento, y aprovecharon la ocasi\u00f3n para rogarle que siguiese dispuesto a prestarles su important\u00edsimo apoyo<sup>99<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n debemos comentar que durante el a\u00f1o 1536 la crisis econ\u00f3mica del <em>Consell<\/em> de Orihuela se acentu\u00f3 hasta l\u00edmites dif\u00edcilmente superables. Los siguientes acontecimientos dan buena muestra de ello. Si recurrimos a la memoria, recordaremos que en 1532 un buen n\u00famero de vecinos de la ciudad fueron detenidos y encarcelados por orden del duque de Calabria, a instancia del cabildo de Cartagena. Dichos oriolanos fueron procesados en la Real Audiencia de Valencia, y fueron condenados a diversas penas, tanto corporales como pecuniarias, por desobedecer las disposiciones reales. Posteriormente, en las Cortes de 1533 Carlos I les perdon\u00f3 dichas sanciones, quedando \u00fanicamente obligados a correr con las costas judiciales, esto es, de \u00ab<em>les averies, salaris de advocats fiscals y procuradors fiscals, y als escrivans dels pro\u00e7es<\/em>\u00bb, y con el pago de la expedici\u00f3n del propio \u00ab<em>acte del perdo<\/em>\u00bb. Sin embargo, pronto quedaron liberados de tales cargas ya que el <em>Consell<\/em> de Orihuela tuvo en consideraci\u00f3n que hab\u00edan sido encausados por defender los intereses episcopales de la ciudad, y decidi\u00f3 correr con todos los pagos. No obstante, la pertinaz falta de liquidez municipal impidi\u00f3 a los ediles satisfacer las deudas. Y el 21 de marzo de 1536, los funcionarios y oficiales de la citada Audiencia valenciana, cansados de esperar en vano, demandaron a los morosos ante el lugarteniente general del Reino, y le pidieron que tomase las medidas oportunas para que zanjasen de una vez el d\u00e9bito<sup>100<\/sup>.<\/p>\n<p>Avisadas por Luch Joan Riudaura, las autoridades oriolanas decidieron enviar a Valencia a Juan Mir\u00f3 para que se informase de las cantidades que reclamaba el personal del \u00ab<em>Real Consell<\/em>\u00bb. El procurador parti\u00f3 de la ciudad del Bajo Segura el 26 de marzo, y dedic\u00f3 la primera mitad del mes de abril a entrevistarse con los diferentes acreedores, con la intenci\u00f3n de cuantificar la deuda. Finalmente, acabadas las pesquisas, valor\u00f3 el d\u00e9bito en una cantidad aproximada de 336 libras y 13 sueldos, a la que hab\u00eda que sumar 150 libras adicionales que a\u00fan hab\u00eda de cobrar el escribano de mandamiento Antonio Miguel Ferr\u00e1n por el despacho del instrumento del perd\u00f3n. Tras recibir los informes del s\u00edndico, el 23 de abril los ediles oriolanos se reunieron para deliberar sobre la cuesti\u00f3n y, siguiendo los consejos de Riudaura y del doctor Filibert, decidieron efectuar ambos pagos<sup>101<\/sup>.<\/p>\n<p>Juan Mir\u00f3 le hizo llegar la decisi\u00f3n de sus representados a D. Fernando de Arag\u00f3n, y \u00e9ste les comunic\u00f3 que el 24 de junio se personar\u00eda en la ciudad del Bajo Segura un comisario suyo, y que permanecer\u00eda en ella hasta que saldasen las deudas. A lo largo del mes de mayo, los mun\u00edcipes trataron vanamente de conseguir el dinero de los fondos del erario p\u00fablico. No obstante, el depauperado estado de las arcas les impidi\u00f3 lograr el efectivo, y el 5 de junio, viendo que el plazo asignado por el virrey estaba pr\u00f3ximo a su vencimiento, optaron por hipotecar futuras rentas, y encargaron la carga de nuevos censales a una comisi\u00f3n formada por el justicia, los jurados, Jaime Masquefa y Perot P\u00e9rez<sup>102<\/sup>.<\/p>\n<p>De inmediato, los comisionados se dedicaron a contactar con los censalistas habituales. No obstante, no pudieron alcanzar el objetivo com\u00fan porque ninguno de ellos se atrevi\u00f3 a aceptar como garant\u00eda los bienes y las finanzas municipales. Ni siquiera sirvi\u00f3 que ofreciesen el pago de intereses mayores. As\u00ed, el t\u00e9rmino fijado por el virrey concluy\u00f3 sin que hubiesen podido reunir el dinero. Sin embargo, el duque, conocedor de los esfuerzos que estaban realizando por conseguir el efectivo, les concedi\u00f3 una pr\u00f3rroga adicional de un par de semanas. Y habiendo agotado todas las posibilidades en Orihuela, el 25 de junio los ediles decidieron pedirle a Luch Joan Riudaura que tratase de cargar los censales en Valencia<sup>103<\/sup>.<\/p>\n<p>Entretanto, los murcianos hallaron la manera de perjudicar a\u00fan m\u00e1s la econom\u00eda del <em>Consell<\/em>, y de beneficiarse a su costa, utilizando el brazo ejecutor del obispo de Fez. El \u00ab<em>visitador e vicari en la ciutat de Oriola e ortes de aquella<\/em>\u00bb, en nombre del cabildo de Cartagena, le suplic\u00f3 al duque de Calabria que le expidiese una provisi\u00f3n en la que le otorgase competencia suficiente para poder ocuparse personalmente de la administraci\u00f3n de las rentas de las f\u00e1bricas de las tres iglesias de Orihuela. El lugarteniente general, convencido por las err\u00f3neas informaciones de D. Francisco de Mex\u00eda, atendi\u00f3 sus ruegos y le despach\u00f3 la orden requerida. No obstante, cuando el visitador trat\u00f3 de ponerla en ejecuci\u00f3n en la ciudad del Bajo Segura, top\u00f3 con la inquebrantable oposici\u00f3n de la corporaci\u00f3n municipal, a cuyo cargo siempre hab\u00eda estado la contabilidad de tales frutos, y decidi\u00f3 abocar la causa a la Audiencia de Valencia, acusando de nuevo a los ediles de desobediencia a las \u00f3rdenes virreinales. Y el 12 de julio, los referidos mandatarios decidieron darle m\u00e1s trabajo a Luch Joan Riudaura, que a\u00fan no hab\u00eda podido cargar un solo censal, ni siquiera ofreciendo una ganancia de 14 dineros por libra. Le encomendaron la defensa de los derechos oriolanos en la nueva lite. Y para que pudiese llevar a cabo con mayores posibilidades de \u00e9xito una misi\u00f3n tan trascendental -pues pod\u00eda tener incidencia en el Pleito del Obispado-, le recomendaron que buscase el consejo y la ayuda del doctor Jaime Filibert<sup>104<\/sup>.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas m\u00e1s tarde, D. Fernando de Arag\u00f3n dio por concluido el plazo otorgado a los mun\u00edcipes para hacer efectivos los pagos, y decidi\u00f3 comisionar al alguacil Diego de Torres para que se desplazase a Orihuela, en compa\u00f1\u00eda del notario Jaime \u00c7aranya, y cobrase la totalidad de la suma adeudada. Y para que tal tarea le resultase m\u00e1s f\u00e1cil, le dio poder para embargar y vender los bienes que fuesen necesarios hasta conseguir la cantidad reclamada<sup>105<\/sup>.<\/p>\n<p>Torres parti\u00f3 de la ciudad del Turia el 20 de julio, y arrib\u00f3 a la del Bajo Segura ocho d\u00edas despu\u00e9s. Sin perder m\u00e1s tiempo, se present\u00f3 ante el <em>Consell<\/em> y solicit\u00f3 el dinero. Los ediles le respondieron que no ten\u00edan tantas pecunias y, para evitar que iniciase las confiscaciones, le comunicaron que estaban dispuestos a conseguir el dinero tan pronto como fuese posible, y le despacharon un nuevo sindicato a Luch Joan Riudaura facult\u00e1ndole para que cargase en la capital del Reino censales por valor de hasta 550 libras<sup>106<\/sup>.<\/p>\n<p>Por su parte, hacia finales de julio, el obispo de Fez, en su lucha en pos de \u00ab<em>la ter\u00e7a part de les fabriques<\/em>\u00bb, del tercio diezmo ya aludido, excomulg\u00f3 a toda la clerec\u00eda oriolana, impidiendo de esa forma la organizaci\u00f3n de oficios divinos. Y aduciendo que dichas rentas no eran utilizadas convenientemente, les orden\u00f3 a los \u00ab<em>feels del graner<\/em>\u00bb, encargados de su recaudaci\u00f3n y custodia, que en lugar de entreg\u00e1rselas a los fabriqueros, se las hiciesen llegar a \u00e9l. La actitud del administrador de justicia cartaginense irrit\u00f3 a los mun\u00edcipes hasta tal punto que, con la sencilla intenci\u00f3n de que \u00ab<em>lo dit bisbe nos haja de riure de nosaltres<\/em>\u00bb, decidieron suplicarle al duque de Calabria que despachase dos provisiones: un mandato dirigido a los citados fieles del granero, oblig\u00e1ndoles a poner las frutos litigados en poder de los respectivos fabriqueros; y una inhibitoria contra el propio D. Francisco de Mex\u00eda<sup>107<\/sup>.<\/p>\n<p>Bien entrado el mes de agosto, el d\u00eda 13, el <em>Consell<\/em> oriolano pudo resolver estos dos problemas gracias a la intervenci\u00f3n de cuatro de sus componentes: Juan Garc\u00eda de Miedes, Juan Farizes, Jaime Masquefa y Andr\u00e9s Soler. Dichos <em>consellers<\/em>, en calidad de censalistas, se ofrecieron a proporcionar a la corporaci\u00f3n municipal el dinero que necesitaba para hacer frente, <em>ex una<\/em>, a los pagos demandados por el alguacil Torres, y <em>ex alia<\/em>, a las tasas reclamadas por el lugarteniente general del Reino para despachar una licencia de carga de censales y el mandato inhibitorio contra D. Francisco de Mex\u00eda. \u00danicamente pusieron como condici\u00f3n que el referido organismo les entregase una \u00ab<em>carta de indempnitat<\/em>\u00bb en la que se comprometiese a restituirles las cantidades adelantadas cuando volviese a tener liquidez. El <em>Consell<\/em> acept\u00f3 tal prevenci\u00f3n, y dos d\u00edas despu\u00e9s Francisco de Soler consigui\u00f3 las 581 libras y fue comisionado para que se encargase personalmente de hacer efectivos los pagos<sup>108<\/sup>.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 su misi\u00f3n entregando al alguacil Torres, al escribano \u00c7aranya y a los verguetas Francisco de Ja\u00e9n y Lorenzo del Pozo 64 libras y 10 sueldos como remuneraci\u00f3n por los 30 d\u00edas que dur\u00f3 su misi\u00f3n, computando tanto su estad\u00eda en Orihuela como el tiempo que les llevaron los viajes de ida y vuelta entre dicha ciudad y la capital del Reino<sup>109<\/sup>.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, se traslad\u00f3 a esta \u00faltima poblaci\u00f3n, donde puso en poder del personal de la Real Audiencia la apetitosa y demandada cantidad de 336 libras y 13 sueldos. Acto seguido, acompa\u00f1ado por Luch Joan Riudaura, le entreg\u00f3 al virrey las 20 libras que costaba el permiso para cargar nuevos censales<sup>110<\/sup>. A continuaci\u00f3n, le pas\u00f3 al notario Gaspar Rovira las 10 libras asignadas para negociar la inhibici\u00f3n del obispo de Fez en la cuesti\u00f3n de las f\u00e1bricas. Y por \u00faltimo, opt\u00f3 por defraudar las 150 libras que hab\u00eda de depositar en la \u00ab<em>Taula de Valencia<\/em>\u00bb para pagar los servicios de Antonio Miguel Ferr\u00e1n por el despacho del instrumento del perd\u00f3n, aduciendo que se las hab\u00eda entregado en mano al referido escribano de mandamiento.<\/p>\n<p>Por otra parte, a\u00fan a finales de agosto lleg\u00f3 a la ciudad del Bajo Segura una reconfortante carta del referendario pontificio Luis G\u00f3mez, en la que les comunicaba a los can\u00f3nigos del Salvador que D. Mateo Lang estaba a punto de llegar a Roma y que iba a tratar de convencerle de que les favoreciese en la cuesti\u00f3n del Obispado. En respuesta a dicha misiva, las autoridades oriolanas le remitieron un escrito -fechado el d\u00eda 27 del citado mes de agosto-, con el doble objeto de agradecerle el gesto y de proporcionarle una serie de datos y argumentos que podr\u00edan serle \u00fatiles a la hora de enfocar las conversaciones con el prelado. En este sentido, le suplicaron que hiciese especial incidencia en \u00ab<em>les miseries y calamitats<\/em>\u00bb que estaban pasando por raz\u00f3n del Pleito con los murcianos. Y sin poder evitar que el rencor les influyese, le indicaron que no dudase en decirle de su parte que, teniendo en cuenta que siempre hab\u00eda estado \u00ab<em>en ma de Sa Senyoria rellevar de pleyts aquestes ciutats e sos subdits<\/em>\u00bb, y que los hab\u00eda \u00ab<em>dexat pledejar<\/em>\u00bb, favoreciendo a los murcianos, no pod\u00eda estar \u00ab<em>sens carrech davant Deu<\/em>\u00bb. En nuestra opini\u00f3n, esta tan poco prudente recomendaci\u00f3n deb\u00eda estar motivada por la desesperaci\u00f3n acumulada durante a\u00f1os, y mostraba la poca confianza que ten\u00edan en un cambio de actitud del obispo absentista pese a las gestiones que pudiese realizar el voluntarioso curial<sup>111<\/sup>.<\/p>\n<p>Como era de prever, de nada sirvieron las demandas de G\u00f3mez al obispo Mateo. Y en la misma l\u00ednea, tampoco tuvieron utilidad alguna las \u00ab<em>moltes requestes<\/em>\u00bb que el <em>Consell<\/em> de Orihuela le hizo a lo largo del mes de septiembre a Francisco de Soler, con la intenci\u00f3n de que restituyese el dinero estafado. Por ello, el d\u00eda 25 del se\u00f1alado noveno mes de 1536 decidieron encomendar al notario Guillem Pascual la labor de reclamarle al duque de Calabria que ordenase a Soler que efectuase sin m\u00e1s dilaciones el dep\u00f3sito de las 150 libras en la \u00ab<em>Taula<\/em>\u00bb de Valencia<sup>112<\/sup>.<\/p>\n<p>A finales de septiembre o principios de octubre el defraudador retorn\u00f3 a Orihuela. Las autoridades municipales le reclamaron la p\u00f3liza del dep\u00f3sito, y Soler hizo o\u00eddos sordos a todos los requerimientos. Por ello, los ediles decidieron demandar a \u00ab<em>los carregadors<\/em>\u00bb ante la Real Audiencia de Valencia. Y el 6 de octubre, le escribieron a Guillem Pascual que introdujese el pleito en el citado tribunal, solicitando la cancelaci\u00f3n del \u00ab<em>contracte de indempnitat<\/em>\u00bb y la devoluci\u00f3n del dinero secuestrado<sup>113<\/sup>.<\/p>\n<p>Pascual sigui\u00f3 las indicaciones de sus representados y coloc\u00f3 la demanda. As\u00ed, esta cuesti\u00f3n y la de las f\u00e1bricas, que tampoco hab\u00eda podido ser resuelta, concitaron la atenci\u00f3n de los oficiales municipales oriolanos durante el aludido mes de octubre. Y llegaron a preocuparse hasta tal punto que el d\u00eda 16 decidieron enviar a Valencia a un nuevo procurador de refuerzo -el jurado Juan Masquefa-, con nueva documentaci\u00f3n<sup>114<\/sup>.<\/p>\n<p>Hacia finales de a\u00f1o, el litigio contra Francisco Soler y los \u00ab<em>carregadors<\/em>\u00bb qued\u00f3 solventado a favor de la universidad oriolana, y el pago al escribano Ferr\u00e1n pudo hacerse por fin efectivo. Sin embargo, el m\u00e1s espinoso asunto de la administraci\u00f3n de las rentas de las f\u00e1bricas no pudo ser solucionado, y las autoridades de la ciudad del Bajo Segura decidieron llevar sus quejas a los mismos o\u00eddos del emperador.<\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li><strong> La vuelta de Carlos I y la nueva revisi\u00f3n del Pleito del Obispado tras las Cortes de 1537.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La conquista de T\u00fanez por Carlos I (21 de junio de 1535) supuso un gran alivio para el sur de Italia, cuya poblaci\u00f3n se vio liberada en gran medida de la presi\u00f3n berberisca. No obstante, podemos afirmar, compartiendo un juicio de Ricardo Garc\u00eda C\u00e1rcel, que esta propagand\u00edstica victoria no tuvo la resonancia esperada por el rey en sus reinos hisp\u00e1nicos<sup>115<\/sup>. La amenaza de Barbarroja sobre las costas meridionales de la Pen\u00ednsula segu\u00eda subsistiendo, y la \u00fanica v\u00eda que pod\u00eda hacerla decrecer era que el emperador procediese a la toma de Argel. Sin embargo, \u00e9sta no lleg\u00f3 a producirse a causa de la beligerante actitud de Francisco I de Francia.<\/p>\n<p>La muerte de Francisco Sforza en octubre de 1535 volvi\u00f3 a poner en el primer plano pol\u00edtico la cuesti\u00f3n de Italia. El citado soberano franc\u00e9s reclam\u00f3 el trono ducal del Milanesado para su hijo y decidi\u00f3 adoptar medidas de fuerza. Durante los meses de febrero y marzo del a\u00f1o entrante -1536- sus ej\u00e9rcitos invadieron Saboya y el Piamonte, y procedieron a la toma de Tur\u00edn, agravando la situaci\u00f3n de Mil\u00e1n.<\/p>\n<p>Por su parte, Carlos I tuvo que abandonar su campa\u00f1a africana y se dirigi\u00f3 hacia Sicilia. Tras una breve estancia en poblaciones como Palermo o Messina, decidi\u00f3 acercase al foco del conflicto, y emprendi\u00f3 el camino a N\u00e1poles, ciudad en la que entr\u00f3 a finales de noviembre de 1535. De all\u00ed march\u00f3 a Roma, y a mediados de abril se entrevist\u00f3 con el papa Paulo III ante un par de embajadores franceses. En el encuentro, Carlos I le manifest\u00f3 al pont\u00edfice la exasperaci\u00f3n que le causaba la actitud del monarca galo, puesto que adem\u00e1s de incumplir continuamente todos los compromisos y acuerdos, se dedicaba a fomentar actividades subversivas en los Estados del emperador. Y le comunic\u00f3 que si Francisco I no aceptaba sus condiciones de paz, que pasaban por el abandono inmediato y definitivo de las pretensiones sobre el Milanesado, estaba listo para declararle la guerra. No obstante, movido quiz\u00e1 por su esp\u00edritu caballeresco, le plante\u00f3 al papa una curiosa y \u00fanica alternativa: la celebraci\u00f3n de un duelo personal entre el rey franc\u00e9s y \u00e9l, en el que ambos soberanos se jugasen la posesi\u00f3n de la Borgo\u00f1a -territorio que ansiaba casi obsesivamente Carlos I-, y del Milanesado -con el que se quedar\u00eda Francisco I en el improbable caso de que pudiese vencer al emperador-. Paulo III no tom\u00f3 en serio la propuesta, y los acontecimientos llevaron a la reapertura de las hostilidades b\u00e9licas<sup>116<\/sup>.<\/p>\n<p>Carlos I sali\u00f3 de Roma y se dirigi\u00f3 al Piamonte. Y ya entrado el verano de ese a\u00f1o 1536, decidi\u00f3 pasar a la acci\u00f3n, intern\u00e1ndose por la Provenza, con la idea de efectuar un ataque m\u00faltiple por tierra y por mar contra Francia. La campa\u00f1a fue un aut\u00e9ntico desastre, y el monarca volvi\u00f3 a G\u00e9nova, m\u00e1s endeudado que nunca y con sus efectivos militares muy disminuidos. No obstante, su m\u00e1ximo rival apenas pudo obtener del fracaso ventaja alguna. La guerra tambi\u00e9n resultaba altamente gravosa para el Estado franc\u00e9s, por lo que el agotamiento mutuo forz\u00f3 a ambas partes a la detenci\u00f3n de las operaciones mayores.<\/p>\n<p>El peso agobiante de los compromisos pol\u00edticos exteriores y la necesidad de una nueva inyecci\u00f3n econ\u00f3mica que revitalizase sus exhaustas arcas fueron dos de los factores que propiciaron el retorno de Carlos I a sus reinos de Espa\u00f1a. A su llegada a la Pen\u00ednsula, el monarca march\u00f3 hacia Castilla con la intenci\u00f3n de reunir Cortes y obtener dinero con rapidez. Y sin grandes dificultades logr\u00f3 que la d\u00f3cil asamblea castellana aceptase la concesi\u00f3n de 204 millones de maraved\u00eds. Acto seguido, se propuso conseguir el mismo objetivo de los parlamentarios de las naciones de la Corona de Arag\u00f3n, y el 16 de junio de 1537, desde Valladolid, convoc\u00f3 la reuni\u00f3n de Cortes en Monz\u00f3n para el inminente 27 de julio. Pese a que a\u00fan no hab\u00eda percibido la totalidad del dinero prometido por los estamentos en la asamblea anterior, celebrada en 1533, el emperador deseaba que los representantes de los tres reinos le votasen la entrega de otras 110.000 libras.<\/p>\n<p>La apertura de las Cortes se retras\u00f3 hasta el 11 de agosto de ese a\u00f1o 1537. En ellas, se trataron preferencialmente cuestiones relacionadas con la <em>Generalitat<\/em>, quedando ratificada la jurisdicci\u00f3n privativa de sus diputados<sup>117<\/sup>.<\/p>\n<p>Las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela aprovecharon la ocasi\u00f3n para volver a presentar sus quejas relacionadas con la cuesti\u00f3n del Obispado, y para tratar de solucionar la delicada lite que les enfrentaba con el obispo de Fez por la gesti\u00f3n de las rentas de las f\u00e1bricas.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con este \u00faltimo punto, el emperador, dando por justas las reclamaciones oriolanas, confirm\u00f3 mediante una provisi\u00f3n \u00ab<em>observatoria dels privillegis de les fabriques<\/em>\u00bb que \u00fanicamente los jurados de la ciudad del Bajo Segura podr\u00edan ejercer como revisores de las cuentas de dichos frutos, dejando claro de esa manera que el vicario general puesto por el provisor de Cartagena no ten\u00eda ning\u00fan derecho a acceder a su administraci\u00f3n<sup>118<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, los procuradores de la Iglesia y la ciudad de Orihuela tambi\u00e9n le suplicaron al monarca -con la insistencia acostumbrada- que cumpliese lo jurado en el \u00ab<em>acte de cort<\/em>\u00bb de 1528 y que, en consecuencia, remitiese la causa episcopal a la justicia romana. El soberano les contest\u00f3, en la misma l\u00ednea que en ocasiones anteriores, afirmando su inquebrantable voluntad de solucionar el conflicto personalmente, sin acudir a los arbitrios pontificios. Y decidi\u00f3 decretar una nueva convocatoria de las partes en unos t\u00e9rminos que, en nuestra opini\u00f3n, quiz\u00e1 llegaron a avivar m\u00ednimamente las apagadas esperanzas oriolanas.<\/p>\n<p>El 16 de noviembre envi\u00f3 a las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela una \u00ab<em>lletra closa ab lo real sagell, expedida y fermada de la ma de Sa Cesarea Magestat e dels senyors doctors de son sacre Consell<\/em>\u00bb, en la que les manifest\u00f3 su anhelo de que por fin hubiese \u00ab<em>toda tranquilidad<\/em>\u00bb entre la referida poblaci\u00f3n del Bajo Segura y la de Murcia. Les explic\u00f3 que \u00ab<em>con la ocupa\u00e7ion destas Cortes<\/em>\u00bb y la \u00ab<em>brevedad<\/em>\u00bb de su partida, no le hab\u00eda sido posible \u00ab<em>aqui poner el assiento<\/em>\u00bb que deseaba. Les asegur\u00f3 que quer\u00eda solucionar el conflicto \u00ab<em>en breve<\/em>\u00bb, y les mand\u00f3 que tres meses despu\u00e9s de su salida de Monz\u00f3n hiciesen comparecer ante \u00e9l a \u00ab<em>una persona o dos por essa \u00e7iudad, con poder bastante para assentar sus differencias<\/em>\u00bb, \u00ab<em>y bien instruhydas, porque oidas y las que los de Mur\u00e7ia embiaren<\/em>\u00bb mandase \u00ab<em>declarar en dichas differen\u00e7ias lo que fuere de justicia<\/em>\u00bb. Y para que pudiesen cerciorarse a\u00fan m\u00e1s de la verosimilitud de su prop\u00f3sito componedor, les prometi\u00f3 que si cuatro meses despu\u00e9s de que los procuradores oriolanos se hubiesen presentado ante \u00e9l, \u00ab<em>por falta de los de Mur\u00e7ia o negligen\u00e7ia de las personas que Nos deputaremos para entender en ello, no se acabare, mandaremos dar cartas para nuestro muy Santo Padre, para que se prossega en la causa por terminos de justicia<\/em>\u00bb. Y se despidi\u00f3 comunicando que al mismo tiempo les mandaba id\u00e9ntica citaci\u00f3n a los de Murcia<sup>119<\/sup>.<\/p>\n<p>La misiva real lleg\u00f3 a la ciudad del Bajo Segura mediado el mes de enero de 1538; un a\u00f1o que, por otra parte, pasar\u00eda a la Historia oriolana por sus devastadoras riadas.<\/p>\n<p>Una vez fue conocida la voluntad real, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas comenzaron a preparar la nueva embajada. Viendo que no ten\u00edan \u00ab<em>pecunies promptes<\/em>\u00bb para afrontar los gastos de la empresa, optaron por comisionar al se\u00f1or de Albatera, D. Ram\u00f3n de Rocafull para que tratase de conseguir efectivo en Valencia, mediante la carga de un censal por valor de 100 libras, sobre las rentas municipales del a\u00f1o siguiente, 1539<sup>120<\/sup>.<\/p>\n<p>Solventada la cuesti\u00f3n monetaria gracias a la participaci\u00f3n de tan destacado personaje, los mandatarios oriolanos se plantearon la elecci\u00f3n del procurador que tendr\u00eda que defender sus intereses en ante el emperador. La designaci\u00f3n recay\u00f3 en el avisado ciudadano Gin\u00e9s de Vilafranca, quien habr\u00eda de ser asistido por el can\u00f3nigo Luis Mart\u00ednez, que estaba en la corte al servicio de la condesa de Faro y el obispo de Le\u00f3n<sup>121<\/sup>.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, se dedicaron a la preparaci\u00f3n del arsenal documental que Vilafranca y Mart\u00ednez habr\u00edan de utilizar en su comparecencia ante el rey, y en el caso -harto improbable- de que tuviesen que enfrentarse verbalmente con los enemigos cartaginenses. Estuvieron ocupados en esta tarea poco m\u00e1s de una semana, entre el 29 de enero y el 5 de febrero. La labor efectuada dio como resultado la confecci\u00f3n de un dossier muy completo. El objetivo de que las personas enviadas en representaci\u00f3n de Orihuela fuesen \u00ab<em>bien instruidas del negocio<\/em>\u00bb estaba cumplido con creces.<\/p>\n<p>Los actos fueron entregados a Gin\u00e9s de Vilafranca el 5 de febrero de 1538. Entre ellos, podemos destacar una carta de las autoridades para el trotamundos Luis Mart\u00ednez, en la que, apelando a su condici\u00f3n de \u00ab<em>fill natural de aquesta ciutat<\/em>\u00bb y reconociendo su gran \u00ab<em>abilitat<\/em>\u00bb como negociador, le ped\u00edan que ayudase al s\u00edndico Vilafranca. La procura de este \u00faltimo, que le facultaba para \u00ab<em>informar e suplicar a Sa Magestat de la justicia de la dita ciutat<\/em>\u00bb. Tres instrumentos de instrucciones que hab\u00edan de seguir Vilafranca y Mart\u00ednez en sus comparecencias. Una carta de creencia y presentaci\u00f3n de Vilafranca para el emperador. Un buen n\u00famero de escritos de recomendaci\u00f3n, dirigidos tanto a personajes de renombre como el se\u00f1or de Granvelle, Francisco de los Cobos, el duque de Calabria, Jer\u00f3nimo de Cabanyelles, la condesa de Faro, el duque de Segorbe y conde de Ampurias, el duque de Cardona, el se\u00f1or de Ayerve -D. Hugo de Urries-, el doctor Ram, el vicecanciller May, o el entonces inquisidor de Barcelona, D. Fernando de Loazes; como a corporaciones de relieve como los jurados, el cap\u00edtulo y la <em>Generalitat<\/em> de Valencia, o los <em>consellers<\/em> de Barcelona. Y un complet\u00edsimo paquete de autos relacionados con los hitos m\u00e1s destacados de la historia del Pleito: la Sentencia de Torrellas; diversos breves pontificios favorables a la iglesia cartaginense, considerados subrepticios por la parte oriolana; las apelaciones interpuestas contra la posesi\u00f3n forzada por el marqu\u00e9s de los V\u00e9lez; el proceso realizado en 1525 ante D. Pedro Maza; un compendio de 54 cartas; el <em>acte de Cort<\/em> de 1528; abundante documentaci\u00f3n derivada de las letras compulsorias de Camilo Ballion; el proceso realizado ante D. Luis Ferrer; las protestas presentadas al alguacil D. Luis \u00c7ayd\u00eda y la toma de posesi\u00f3n en virtud del breve de Bolonia y los ejecutoriales de la emperatriz Isabel; copias de las misivas enviadas por Carlos I a la Santa Sede los a\u00f1os 1525, 1528 y 1533, remitiendo la causa a la justicia apost\u00f3lica; alegaciones presentadas por el doctor Ros en defensa de los derechos episcopales oriolanos; las reivindicaciones presentadas por Luis Mart\u00ednez al obispo Mateo; las suplicaciones interpuestas en 1535 y 1537 ante Carlos I y el Consejo de Arag\u00f3n; y, por \u00faltimo, el <em>acte de cort<\/em> promulgado en las \u00faltimas Cortes de 1537<sup>122<\/sup>.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de todo este material escrito, los mandatarios le entregaron a Vilafranca doce sellos, a fin de que tanto \u00e9l como el can\u00f3nigo Mart\u00ednez pudiesen preparar informes y memoriales en nombre de la iglesia y la ciudad de Orihuela.<\/p>\n<p>Le asignaron un sueldo diario de 15 sueldos. Le dieron a modo de adelanto 80 libras. Y, por fin, la ma\u00f1ana del 6 de febrero, Gin\u00e9s de Vilafranca parti\u00f3 de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura en direcci\u00f3n a Barcelona -ciudad en la que resid\u00eda temporalmente Su Ces\u00e1rea y Cat\u00f3lica Majestad-<sup>123<\/sup>.<\/p>\n<p>La t\u00e1ctica que hab\u00edan de seguir en las negociaciones ante el monarca no variaba mucho de la l\u00ednea mantenida en anteriores encuentros con \u00e9l. En primer lugar, siguiendo el protocolo, Vilafranca y Mart\u00ednez hab\u00edan de besarle las reales manos y pies, \u00ab<em>ab la pus humil reverencia<\/em>\u00bb. A continuaci\u00f3n, el primero de ellos, como s\u00edndico de la Iglesia y la ciudad de Orihuela, ten\u00eda que presentarse entreg\u00e1ndole su carta de creencia. Despu\u00e9s, los dos oriolanos deb\u00edan poner al rey al corriente de la historia del Pleito, haciendo referencia muy esquem\u00e1ticamente al privilegio de Alfonso el <em>Magn\u00e1nimo<\/em>, a la erecci\u00f3n catedralicia y la creaci\u00f3n del obispado efectuadas por Julio II bajo los auspicios de Fernando el <em>Cat\u00f3lico<\/em>, a la obediencia forzada de 1521, al <em>acte de cort<\/em> de 1528 remitiendo la causa a la justicia apost\u00f3lica, al breve de Bolonia y el ejecutorial de la emperatriz Isabel, a la posesi\u00f3n cartaginense de 1532, al propio inter\u00e9s de Carlos I por solucionar personalmente el conflicto y, por \u00faltimo, a las repetidas contumacias y dilaciones murcianas a las citaciones (Monz\u00f3n, 1533; Toledo y Becerril, 1534; Madrid, 1534-1535).<\/p>\n<p>Una vez terminado el breve recordatorio, le ten\u00edan que suplicar que tuviese en consideraci\u00f3n \u00ab<em>benignament<\/em>\u00bb que tan vasallos suyos eran los de Orihuela como los de Murcia; y que en atenci\u00f3n a tal hecho, les hiciese justicia remitiendo la causa a la justicia apost\u00f3lica, de modo que en la Curia se sentenciase la cuesti\u00f3n, \u00ab<em>sens acceptacio de persones<\/em>\u00bb. Y hab\u00edan de incidir en que de esa manera ambas partes estar\u00edan \u00ab<em>en egualtat<\/em>\u00bb y habr\u00eda \u00ab<em>mes comoditat<\/em>\u00bb para conseguir una soluci\u00f3n, pues los de Murcia no podr\u00edan provocar m\u00e1s retrasos.<\/p>\n<p>Y antes de que Carlos I pudiese poner peros relacionados con los posibles agravios que significar\u00eda tal opci\u00f3n para la Iglesia cartaginense, le hab\u00edan de aclarar que dicha medida no pod\u00eda constituir da\u00f1o alguno para los intereses murcianos, ni desde un punto de vista honor\u00edfico, ya que el obispo de Cartagena lo era tambi\u00e9n de Orihuela, ni desde un plano m\u00e1s material o econ\u00f3mico, pues no eran en absoluto ciertas las informaciones que se hab\u00edan extendido de que al provisor episcopal y al cap\u00edtulo de Cartagena se les imped\u00eda la percepci\u00f3n libre y completa de las rentas que les tocaban en la di\u00f3cesis oriolana.<\/p>\n<p>Las instrucciones tambi\u00e9n preve\u00edan el surgimiento de adversidades. En el m\u00e1s que probable caso -casi esperado con resignaci\u00f3n- de que el rey persistiese en su voluntad de recibir nuevas declaraciones de ambas partes, Vilafranca y Mart\u00ednez hab\u00edan de aducirle que la lite ya hab\u00eda quedado como \u00ab<em>rem judicatam<\/em>\u00bb, como asunto juzgado, y que los <em>actes de cort<\/em> jurados en 1528 y 1533 le compromet\u00edan a enviar la causa a la resoluci\u00f3n pontificia.<\/p>\n<p>Y si pese a contar con tan poderosas razones como la igualdad, la comodidad, la justicia y el doble compromiso real, Carlos I perseverase en su decisi\u00f3n de solventar personalmente el enfrentamiento, las autoridades oriolanas planearon que sus representantes le manifestasen que la justicia de Orihuela era tan \u00ab<em>clara<\/em>\u00bb que los cartaginenses, a lo largo de los a\u00f1os, les hab\u00edan hecho \u00ab<em>molts partits<\/em>\u00bb, muchas ofertas, las cuales hab\u00edan desechado confiando en la licitud de sus reivindicaciones, en las s\u00f3lidas bases que las sustentaban -privilegios reales-, en el tradicionalmente fiel y servicial comportamiento de los habitantes de la ciudad del Bajo Segura y su huerta -se\u00f1aladamente \u00ab<em>en les revolucions passades<\/em>\u00bb&#8230;-, y, sobre todo, en la equidad real y apost\u00f3lica<sup>124<\/sup>.<\/p>\n<p>Y si ni siquiera as\u00ed pudiesen conmover Vilafranca y Mart\u00ednez el \u00e1nimo de Su Majestad, las autoridades oriolanas les indicaron que le comunicasen que su voluntad era servirle, y que para llegar a un acuerdo con los murcianos, estar\u00edan \u00ab<em>contents de ac\u00e7eptar algun dels partits que los de Mur\u00e7ia nos offeriren y pregaren<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Pese a la concesi\u00f3n, les advirtieron que \u00fanicamente pod\u00edan aceptar dos ofertas. La que consideraban -pese al injusto perjuicio que les causaba- m\u00e1s oportuna, que era que Orihuela quedase como cabeza de un obispado cuya di\u00f3cesis estuviese conformada adem\u00e1s por su huerta y por la villa de Caudete, renunciando a las rentas que la obispal\u00eda y la mensa capitular cartaginenses percib\u00edan en tales tierras, aunque \u00ab<em>tan justament<\/em>\u00bb les hab\u00edan de pertenecer. Y otra que tambi\u00e9n pod\u00edan admitir en el caso de que Carlos I considerase que Orihuela deb\u00eda ceder un poco m\u00e1s para que el acuerdo llegara a cerrarse: la p\u00e9rdida del t\u00edtulo de obispado a cambio del mantenimiento de la catedral\u00eda del Salvador, y del nombramiento por su cap\u00edtulo de un vicario general -del mismo rango que el de Murcia- que tuviese jurisdicci\u00f3n sobre todos los territorios de la di\u00f3cesis cartaginense que pertenec\u00edan al Reino de Valencia y cuyo superior no fuese otro que el metropolitano valentino. En este caso, adem\u00e1s, el obispo de Cartagena habr\u00eda de pasar a intitularse \u00ab<em>bisbe de Cartajena en les esglesies de Oriola y Murcia<\/em>\u00bb. Ante las previsibles protestas cartaginenses, Mart\u00ednez y Vilafranca hab\u00edan de exponerle al monarca que este arreglo no era en absoluto perjudicial para los murcianos, porque \u00ab<em>en moltes altres parts, majorment hon hi a diversitat de llengues, regnes e costums, en un bisbat hi a dos esglesies catredals<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Y en el caso de que los cartaginenses no quisiesen aceptar ninguno de los dos conciertos, los mandatarios oriolanos les especificaron a sus embajadores que volviesen a suplicarle al emperador, sin aceptar otra opci\u00f3n, que cumpliese los t\u00e9rminos jurados en los referidos <em>acte de cort<\/em> y remitiese la causa a los designios de Paulo III<sup>125<\/sup>.<\/p>\n<p>Gin\u00e9s de Vilafranca viaj\u00f3, v\u00eda Valencia, hasta Barcelona. Lleg\u00f3 con el tiempo suficiente para encontrarse con el can\u00f3nigo Mart\u00ednez, y preparar la comparecencia ante el rey, que, seg\u00fan hab\u00eda ordenado, hab\u00eda de tener lugar el 19 de febrero<sup>126<\/sup>. Dicho d\u00eda, los dos procuradores se presentaron ante Carlos I, y le presentaron una primera suplicaci\u00f3n en la que le rogaban en cumpliese los t\u00e9rminos de los <em>actes de cort<\/em> concedidos a Orihuela, y, por consiguiente, que remitiese la causa episcopal a la Santa Sede<sup>127<\/sup>. Pero el emperador volvi\u00f3 a manifestar que su intenci\u00f3n no era otra que actuar como medianero entre los contendientes, y solucionar la cuesti\u00f3n personalmente y con la mayor rapidez, para evitar mayores gastos a las partes. Y a continuaci\u00f3n, cometi\u00f3 el expediente al se\u00f1or de Granvelle, quien, como sabemos, era considerado por los mandatarios de la ciudad del Bajo Segura como uno de sus mejores aliados en la corte<sup>128<\/sup>.<\/p>\n<p>Las buenas expectativas oriolanas generadas por la designaci\u00f3n del \u00ab<em>muciur<\/em>\u00bb borgo\u00f1\u00f3n estuvieron muy cerca de confirmarse. Cuando todos los indicios apuntaban a que la soluci\u00f3n final del conflicto estaba pr\u00f3xima a producirse, y en beneficio de Orihuela, un agente externo -mal end\u00e9mico para todos los pobladores de los reinos hisp\u00e1nicos del emperador- entr\u00f3 en juego: la pol\u00edtica exterior de los Austrias.<\/p>\n<p>Deseoso de conseguir la paz entre Francisco I y el emperador, Paulo III entabl\u00f3 conversaciones con ambos y decidi\u00f3 actuar como componedor, en aras a lograr una concordia duradera. Para ello, viaj\u00f3 al sur de Francia, con la intenci\u00f3n de mantener reuniones por separado con los dos monarcas. Ante la llamada y los buenos prop\u00f3sitos del pont\u00edfice, Carlos I no pudo ni quiso negarse a acudir a la cita. As\u00ed, tuvo que salir precipitadamente de la Ciudad Condal, sin poder dar por zanjada la cuesti\u00f3n episcopal. No obstante, antes de marchar, el 22 de abril expidi\u00f3 sendas cartas a las iglesias y ciudades de Orihuela y Murcia con nuevas \u00f3rdenes al respecto, recalcando que las obedeciesen porque ello era indispensable para el \u00ab<em>bien de la justi\u00e7ia, tranquilidad y quietud de los unos y los otros<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>La misiva oriolana pone de manifiesto muy claramente cu\u00e1les eran las intenciones de Carlos I o, al menos, las que quer\u00eda que creyesen sus s\u00fabditos de la Vega Baja del Segura. En la c\u00e9dula, les advirti\u00f3 que quer\u00eda \u00ab<em>quitar toda ocasion de altera\u00e7ion y escandalo entre los unos y los otros<\/em>\u00bb, y que le hubiese agradado que \u00ab<em>sobre ello se hoviera tomado algun buen assiento para que aqui brevemente se concluyera conforme a justi\u00e7ia<\/em>\u00bb. Les explic\u00f3 que no hab\u00eda podido poner fin al conflicto por la inmediatez de su \u00ab<em>partida y passada en Ni\u00e7a<\/em>\u00bb. Y explicitando que su voluntad segu\u00eda siendo la misma, esto es, \u00ab<em>que el dicho pleyto se ataje en todo caso<\/em>\u00bb, les mand\u00f3 que \u00ab<em>dentro de tres meses que corran y se cuenten del primero dia que Nos, con la ayuda de Dios Nuestro Senyor, fueremos buelto en Espanya, que sera presto, emvieys vuestro legitimo procurador o procuradores, con los mesmos poderes que aqui se han trahido y nos han sido presentados, dondequier que nuestra real persona y corte stuviere, affin que el negocio se acabe y concluya con brevedad<\/em>\u00bb. Y para garantizarles que as\u00ed suceder\u00eda, les comunic\u00f3 que \u00ab<em>si dentro de quatro meses despues que los dichos procuradores vuestros ante mi se hovieren presentado, por falta de los de Mur\u00e7ia o de las personas que por Nos seran para esto diputadas, no se acabare<\/em>\u00bb, mandar\u00eda despachar \u00ab<em>las letras que seran necessarias para que nuestro muy Sancto Padre en corte romana, donde primero diz que se tratava, mande conos\u00e7er de la causa y de\u00e7idirla por terminos devidos de justicia<\/em>\u00bb<sup>129<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras recibir la carta del rey, Gin\u00e9s de Vilafranca emprendi\u00f3 el camino de vuelta a Orihuela, consciente de que hab\u00eda estado muy cerca de conseguir el \u00e9xito completo en su empresa. Pas\u00f3 por Valencia, donde entabl\u00f3 contacto con Luch Joan Riudaura y le refiri\u00f3 cuanto hab\u00eda sucedido. Y, finalmente, lleg\u00f3 a la ciudad del Bajo Segura el 18 de mayo de ese a\u00f1o 1538<sup>130<\/sup>.<\/p>\n<ol start=\"8\">\n<li><strong> Las reservas oriolanas en las negociaciones de 1538 y 1539.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Gracias al arbitraje de Paulo III, el 18 de junio de 1538 Carlos I de Espa\u00f1a y V de Alemania y Francisco I de Francia firmaron la tregua de Niza. Ambos se comprometieron a respetar la paz durante un per\u00edodo de diez a\u00f1os, y a colaborar en la lucha contra el avance de los turcos y de los protestantes, y tambi\u00e9n en pos de la organizaci\u00f3n de un concilio general. Dicha tregua qued\u00f3 fortalecida posteriormente con la entrevista que ambos monarcas celebraron en Aig\u00fces-Mortes el 14 de julio siguiente. Seis d\u00edas despu\u00e9s -el 20 de julio-, el emperador volv\u00eda a entrar en Espa\u00f1a, dando comienzo a una nueva cuenta atr\u00e1s de tres meses para los habitantes de Orihuela<sup>131<\/sup>.<\/p>\n<p>No conocemos con precisi\u00f3n la fecha de la llegada a Orihuela de la nueva del retorno de Carlos I a sus reinos de Espa\u00f1a. S\u00ed sabemos, empero, que a mediados de agosto, las autoridades de la ciudad comenzaron a plantearse la organizaci\u00f3n de la nueva embajada. En el <em>Consell<\/em> reunido el d\u00eda 16 de dicho mes, los ediles debatieron dicho tema. Dada la penuria econ\u00f3mica del municipio, algunos <em>consellers<\/em> se inclinaron por la opci\u00f3n de encargar la representaci\u00f3n de la ciudad al can\u00f3nigo Luis Mart\u00ednez, que conoc\u00eda casi como nadie la cuesti\u00f3n episcopal, ten\u00eda gran experiencia en negociaciones, y, adem\u00e1s, segu\u00eda en la corte de la emperatriz. Sin embargo, los mun\u00edcipes de m\u00e1s peso, el justicia y los jurados, propusieron que se enviase a un s\u00edndico desde la ciudad. La soluci\u00f3n m\u00e1s coherente, que finalmente fue la elegida, la present\u00f3 Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa, hombre curtido en decenas de embajadas, quien recomend\u00f3 que se nombrase a un procurador en Orihuela, y que Mart\u00ednez le auxiliase cuando llegase a la corte. Aprobada esta opci\u00f3n por mayor\u00eda, y teniendo en consideraci\u00f3n la trascendencia de la comisi\u00f3n y la inexistencia de fondos, el <em>Consell<\/em> encarg\u00f3 a Jaime Ruiz la carga urgente de censales por valor de 70 libras para poder sufragar los gastos de la embajada<sup>132<\/sup>.<\/p>\n<p>Un mes despu\u00e9s, teniendo ya aseguradas las pecunias aludidas, se ocuparon de una segunda labor: ganar adeptos en la corte. Para ello, el 17 de septiembre se dedicaron a redactar cuatro misivas dirigidas al cap\u00edtulo y los jurados de Valencia, y a los duques de Gand\u00eda y Calabria, con la intenci\u00f3n de que escribiesen cartas de apoyo a la causa oriolana, tanto al propio emperador, como a todos los personajes de la corte que creyesen que podr\u00edan favorecer con su influencia los intereses espirituales secesionistas<sup>133<\/sup>.<\/p>\n<p>Cinco d\u00edas m\u00e1s tarde, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas, valorando sus servicios previos, acordaron encomendar la nueva comisi\u00f3n a Gin\u00e9s de Vilafranca, repitiendo de esa manera el t\u00e1ndem negociador de la \u00faltima embajada a Barcelona. Y le asignaron una salario diario de 15 sueldos, que era la cantidad que sol\u00eda fijar el <em>Consell<\/em> en concepto de dietas para tales ocasiones. Y el 26 de septiembre enviaron a la capital del reino las cuatro cartas supracitadas, a manos de Juan P\u00e9rez Felipe y Luch Joan Riudaura, a quienes pidieron que se encargaran de su distribuci\u00f3n<sup>134<\/sup>.<\/p>\n<p>La relativa paz con que estaban sobrellevando los mandatarios el ajetreo de los preparativos se vio turbada el 3 de octubre cuando un doctor en Teolog\u00eda llamado Pedro de Le\u00f3n entr\u00f3 en la iglesia del Salvador solicitando la congregaci\u00f3n del cap\u00edtulo. Una vez se reunieron en el coro el sacrist\u00e1n Luis de Soler, el chantre Jaime de Soler y otros ocho can\u00f3nigos, Le\u00f3n les present\u00f3 una provisi\u00f3n expedida el d\u00eda anterior por Sebasti\u00e1n Clavijo, de\u00e1n de la Catedral de Murcia y gobernador y vicario general del obispado de Cartagena, en la que le nombraba vicario de la ciudad de Orihuela en sustituci\u00f3n del obispo de Fez. Los resignados capitulares, para no incurrir en la pena de excomuni\u00f3n y, sobre todo, para no causar nuevos esc\u00e1ndalos, decidieron aceptar el nombramiento, con la prevenci\u00f3n de que si ello les causara alg\u00fan perjuicio en el desarrollo del Pleito del Obispado, su asenso no tendr\u00eda ning\u00fan valor<sup>135<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la peque\u00f1a conmoci\u00f3n que caus\u00f3 este incidente, los preparativos prosiguieron. El 4 de octubre, las autoridades decidieron comunicar al can\u00f3nigo Luis Mart\u00ednez su elecci\u00f3n como s\u00edndico junto a Gin\u00e9s de Vilafranca<sup>136<\/sup>. Y comenzaron a preparar las numerosas creencias que hab\u00edan de llevar los procuradores a la corte. Entre ese d\u00eda y el siguiente redactaron cartas de presentaci\u00f3n y de solicitud de apoyo para Carlos I, el se\u00f1or de Granvelle, Francisco de los Cobos, el duque de Alba, la condesa de Faro, el marqu\u00e9s de Lombay, el maestro de armas de Su Majestad, el comendador mayor de Montesa, el almirante de N\u00e1poles -hijo del difunto D. Ram\u00f3n de Cardona-, el regente Ram, el vicecanciller May y el secretario Hugo de Urries<sup>137<\/sup>.<\/p>\n<p>Posteriormente, se dedicaron a preparar los instrumentos de instrucciones que habr\u00eda de llevarse Vilafranca a la corte. Esta ardua tarea les ocup\u00f3 seis d\u00edas, desde el 8 hasta el 13 de octubre, sobre todo, porque los mandatarios quer\u00edan que los s\u00edndicos, adem\u00e1s de tratar con el emperador el tema del Obispado, le elevasen en su nombre otras s\u00faplicas sobre determinadas cuestiones que les preocupaban. Entre ellas, hemos de destacar alguna de inter\u00e9s general, como la fijaci\u00f3n del salario del asesor del gobernador, u otras que guardaban cierta relaci\u00f3n con la causa episcopal, como la revisi\u00f3n del privilegio de la escriban\u00eda de las f\u00e1bricas, las normas de elecci\u00f3n de los fabriqueros, o la devoluci\u00f3n de la artiller\u00eda y las banderas de la ciudad que el marqu\u00e9s de los V\u00e9lez hab\u00eda robado durante el saco de 1521 y que a\u00fan, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, estaban en su poder.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con el Pleito, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela no variaron pr\u00e1cticamente en nada la estrategia seguida en la comparecencia de Barcelona. En los nuevos instrumentos repitieron -o m\u00e1s bien, trasuntaron- de un modo casi literal las consignas dadas para la anterior ocasi\u00f3n. En l\u00edneas generales, encargaron a los procuradores que tratasen de conseguir por todos los medios que estuviesen a su alcance que Su Ces\u00e1rea y Cat\u00f3lica Majestad remitiese la causa a la justicia apost\u00f3lica, seg\u00fan hab\u00eda prometido ya varias veces desde 1528. Y en el caso de que el monarca perseverase en su voluntad de solucionar el litigio personalmente, erigi\u00e9ndose en juez \u00e1rbitro, les advirtieron que \u00fanicamente aceptaran las dos ofertas admisibles, ya indicadas anteriormente. Las citamos siguiendo el orden de preferencia oriolana:<\/p>\n<p>+Que Orihuela quedase como cabeza de un obispado cuya di\u00f3cesis estuviese conformada adem\u00e1s por su huerta y por la villa de Caudete, renunciando a las jugosas rentas que la obispal\u00eda y la mensa capitular cartaginenses percib\u00edan en tales tierras.<\/p>\n<p>+La p\u00e9rdida del t\u00edtulo de obispado a cambio del mantenimiento de la catedral\u00eda del Salvador, y del nombramiento por su cap\u00edtulo de un vicario general -del mismo rango que el de Murcia- que tuviese jurisdicci\u00f3n sobre todos los territorios de la di\u00f3cesis cartaginense que pertenec\u00edan al Reino de Valencia y cuyo superior no fuese otro que el metropolitano valentino. En este caso, como ya pusimos de manifiesto, el obispo de Cartagena habr\u00eda de pasar a intitularse \u00ab<em>bisbe de Cartajena en les esglesies de Oriola y Murcia<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>La \u00fanica instrucci\u00f3n realmente novedosa que les dieron fue que le solicitasen a Carlos I la entrega de un auto que diese fe de que hab\u00edan comparecido a tiempo, seg\u00fan el plazo de tres meses, ya que desde el d\u00eda de su presentaci\u00f3n comenzaba a contar el nuevo t\u00e9rmino de cuatro meses que el emperador hab\u00eda fijado para conseguir concordar a las partes<sup>138<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hemos de destacar que el 9 de septiembre redactaron la procura del can\u00f3nigo Mart\u00ednez y Gin\u00e9s de Vilafranca. \u00ab<em>En execu\u00e7io dels imperials e reals manaments<\/em>\u00bb, esto es, de la real c\u00e9dula del 22 de abril anterior, los nombraron \u00ab<em>sindichs, actors e procuradors<\/em>\u00bb; y en nombre de la universidad de habitantes de Orihuela les dieron poder suficiente para comparecer ante el rey y su Consejo, intervenir como parte leg\u00edtima en la causa, e \u00ab<em>informar e supplicar a Sa Majestat de la justi\u00e7ia de la dita esglesia y ciutat<\/em>\u00bb<sup>139<\/sup>.<\/p>\n<p>Un d\u00eda despu\u00e9s, le entregaron a Vilafranca un anticipo de 69 libras y media. El 13 de octubre le proporcionaron toda la documentaci\u00f3n que hab\u00eda de llevar consigo. Y, por fin, el d\u00eda 16 del citado mes parti\u00f3 en direcci\u00f3n a Toledo, donde al parecer estaba residiendo Carlos I<sup>140<\/sup>.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo dato, que la corte estuviese en Castilla, ten\u00eda una importancia fundamental. All\u00ed, los murcianos pod\u00edan contar con infinitud de apoyos e influencias, y si se sustanciaba la causa, los oriolanos sab\u00edan que ten\u00edan muy pocas posibilidades de conseguir un concierto satisfactorio. No obstante, tambi\u00e9n eran conscientes de que si obstaculizaban la labor del rey con dilaciones u otras t\u00e1cticas reprobables, corr\u00edan el riesgo, a\u00fan m\u00e1s grave si cabe, de que Carlos I decidiese mantener la situaci\u00f3n vigente y no adoptar medida alguna, dando plena validez a la toma de posesi\u00f3n de 1532. As\u00ed, nadie dudaba en la ciudad del Bajo Segura que se avecinaban tiempos dif\u00edciles, y que \u00fanicamente la inspiraci\u00f3n divina pod\u00eda salvarles de un nuevo desastre. Por ello, buscaron el refugio y el consuelo en las plegarias al Salvador, su patr\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque no tenemos ninguna referencia documental exacta, podemos afirmar que tanto Gin\u00e9s de Vilafranca como los representantes de la iglesia y la ciudad de Murcia llegaron a la corte hacia el 20 de octubre, unos tres meses despu\u00e9s del retorno de Carlos I a sus reinos de Espa\u00f1a. Esta vez, los cartaginenses, sinti\u00e9ndose, sin duda, arropados por sus compatriotas, no tuvieron ning\u00fan reparo en acudir puntualmente a la citaci\u00f3n real.<\/p>\n<p>No obstante, pese a la presencia de ambas partes, el inicio de las negociaciones hubo de posponerse durante alg\u00fan tiempo por la ausencia del Consejo de Arag\u00f3n. De esta manera, para evitar futuros problemas, y siguiendo las \u00f3rdenes de sus representados, el 16 de noviembre los s\u00edndicos oriolanos le solicitaron al emperador la entrega de un auto en el que diese fe de que comparecieron ante \u00e9l a tiempo, es decir, dentro del plazo fijado en la c\u00e9dula real del 22 de abril<sup>141<\/sup>.<\/p>\n<p>D\u00edas m\u00e1s tarde, los doctores del Consejo de Arag\u00f3n llegaron a la corte y, por fin, las conversaciones concordatarias pudieron comenzar. Pronto, el emperador les hizo a las partes una propuesta que muy bien pod\u00eda servir para zanjar definitivamente la cuesti\u00f3n: un compromiso que ambas, por medio de sus representantes, hab\u00edan de firmar. Carlos I se ofreci\u00f3 a actuar personalmente como \u00ab<em>juez arbitro<\/em>\u00bb, con la condici\u00f3n de que, una vez fuesen analizadas todas las pruebas y sopesados todos los argumentos, los litigantes admitiesen irremisiblemente su sentencia y renunciasen a su derecho de apelar contra ella ante el papa o ante cualquier otro juez competente<sup>142<\/sup>.<\/p>\n<p>La puesta en pr\u00e1ctica del proyecto se vio imposibilitada en un primer momento porque los s\u00edndicos de ambas partes no ten\u00edan poderes suficientes para aceptar las peculiares condiciones reales en nombre de sus Iglesias y universidades. Por ello, Carlos I les otorg\u00f3 un plazo de 20 d\u00edas para que fuesen a sus respectivas ciudades, consiguiesen las nuevas procuras facultativas, y regresasen a Toledo para proceder de inmediato a la firma del convenio.<\/p>\n<p>Tras serle notificada la disposici\u00f3n real, Gin\u00e9s de Vilafranca parti\u00f3 de la ciudad castellana, en direcci\u00f3n a Orihuela, y lleg\u00f3 a la capital del Bajo Segura el 23 de diciembre<sup>143<\/sup>. All\u00ed coment\u00f3 con las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas los planes del monarca, y les solicit\u00f3 en su nombre el despacho del nuevo sindicato. Los mandatarios valoraron la propuesta del emperador y hallaron muy arriesgado el hecho de que, una vez se hubiese firmado el compromiso, la causa tuviese que ser determinada en Castilla, y no existiese posibilidad alguna de recurso en el probable caso de que los murcianos, bien pertrechados en sus posiciones por m\u00faltiples apoyos, lograsen conseguir una sentencia favorable, o incluso la confirmaci\u00f3n de la subordinaci\u00f3n oriolana al obispo y el cabildo de Cartagena.<\/p>\n<p>Por ello, tomaron una decisi\u00f3n ciertamente particular. Les despacharon a Vilafranca y Mart\u00ednez una nueva procura en la que, en nombre de la Iglesia y la ciudad de Orihuela, les daban poder suficiente para comprometerse a aceptar la sentencia real; mas en ella no incluyeron la cl\u00e1usula que hab\u00eda de hacer referencia a la posterior renuncia a presentar apelaciones contra dicha decisi\u00f3n arbitral. Ante la incerteza del resultado del proceso, no quisieron desprenderse de esa \u00faltima v\u00eda judicial.<\/p>\n<p>Una vez le entregaron a Gin\u00e9s de Vilafranca el referido documento, \u00e9ste retorn\u00f3 a Toledo. All\u00ed, Mart\u00ednez y \u00e9l volvieron a comparecer, junto con los representantes cartaginenses, delante del emperador. Tanto unos como otros presentaron los nuevos sindicatos, y los dos fueron desechados por no ir los poderes ajustados a las condiciones establecidas inicialmente por el rey<sup>144<\/sup>.<\/p>\n<p>Por ello, el 23 de febrero de 1539 Carlos I volvi\u00f3 a fijar un nuevo plazo de 20 d\u00edas para que los s\u00edndicos repitiesen el viaje y consiguiesen las procuras adecuadas. Y envi\u00f3 sendas cartas a las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Murcia y Orihuela para que obedeciesen sus indicaciones, se\u00f1alando que si no lo hac\u00edan mandar\u00eda, sin m\u00e1s, \u00ab<em>proveer sobre ello como mas convenga al servicio de Dios y nuestro, y a la paz y sosiego desas ciudades<\/em>\u00bb<sup>145<\/sup>.<\/p>\n<p>Los enviados de ambas partes debieron llegar a sus respectivas ciudades a principios de marzo. Por su parte, los mandatarios cartaginenses, confiando en sus elevadas posibilidades de \u00e9xito, no dudaron m\u00e1s en satisfacer las recomendaciones reales. Y el d\u00eda 4 del citado tercer mes le otorgaron al maestro Juan de Arrieta el poder necesario para poder firmar el aludido compromiso<sup>146<\/sup>. En cambio, las autoridades oriolanas perseveraron en sus intenciones conservadoras, y decidieron seguir reserv\u00e1ndose la posibilidad de apelar contra la sentencia real.<\/p>\n<p>Con tales documentos, los s\u00edndicos de ambas partes volvieron a comparecer ante el monarca. Y mientras el poder cartaginense fue aceptado sin problemas por el Consejo Real, el de Orihuela volvi\u00f3 a ser rechazado, y tanto Gin\u00e9s de Vilafranca como Luis Mart\u00ednez quedaron en una posici\u00f3n muy delicada ante Carlos I<sup>147<\/sup>.<\/p>\n<p>Su primera reacci\u00f3n fue escribir a sus representados para participarles que el rey hab\u00eda dado por \u00ab<em>ninguno y no bastante<\/em>\u00bb el sindicato, y solicitarles el env\u00edo de una nueva procura. Sin embargo, la dilatada respuesta de los mandatarios oriolanos no fue, desde luego, la que con impaciencia esperaban. En lugar de hacerles llegar el documento requerido, les mandaron nuevas \u00f3rdenes, de peliagudo cumplimiento: que multiplicasen sus diligencias ante el monarca y los doctores del Consejo a fin de que el sindicato que ten\u00edan en sus manos fuese finalmente aceptado.<\/p>\n<p>Vilafranca se dedic\u00f3 por completo a tan arduo trabajo durante cuatro meses (de abril a agosto), pero la respuesta a sus gestiones fue siempre la misma. De cualquier manera, su esfuerzo continuado s\u00ed conllev\u00f3 ciertas ventajas. Adem\u00e1s de suscitar la admiraci\u00f3n del marqu\u00e9s de Lombay, el vicecanciller May o el secretario Urries -y convertirlos as\u00ed en convencidos aliados de la causa-, sirvi\u00f3 para que Carlos I conociese los argumentos oriolanos, y se inclinase a adoptar una soluci\u00f3n imparcial al conflicto, en el momento en que ello fuese posible<sup>148<\/sup>.<\/p>\n<p>Por su parte, la actitud de las autoridades de Orihuela no vari\u00f3 un \u00e1pice a lo largo de los meses. Hicieron caso omiso a las sucesivas peticiones de sus s\u00edndicos, esperando una mejor coyuntura para propiciar el inicio de las negociaciones<sup>149<\/sup>. Quiz\u00e1 aguardaran a que el inquieto emperador se dirigiese hacia los territorios de la Corona de Arag\u00f3n, o a que sus aliados en la corte les asegurasen mayores posibilidades de triunfo antes de que comenzase la vista del proceso.<\/p>\n<p>Entretanto, el maestro Arrieta trat\u00f3 de conseguir que el emperador declarase la contumacia de la parte oriolana, y que diese la orden de comenzar el an\u00e1lisis de la causa quedando la oposici\u00f3n desierta. No obstante, encauz\u00f3 sus gestiones de un modo incorrecto, ya que intent\u00f3 convencer de la justicia cartaginense al doctor Guevara, y al vicecanciller May&#8230; Este \u00faltimo bloque\u00f3 por completo sus prop\u00f3sitos, y consigui\u00f3 que el inicio de las vistas fuese aplazado hasta la firma del compromiso deseado por el rey<sup>150<\/sup>.<\/p>\n<p>Llegado el mes de octubre, Gin\u00e9s de Vilafranca se encontraba muy cansado y con unas ganas tremendas de volver a su casa para descansar y olvidarse de las adversidades y desilusiones que d\u00eda tras d\u00eda iba acumulando. Sab\u00eda perfectamente que no hab\u00edan de servir para nada sus repetidas peticiones a micer May de que admitiese la procura, pues el vicecanciller del Consejo de Arag\u00f3n, pese a su evidente buena voluntad, no quer\u00eda, ni pod\u00eda, enga\u00f1ar al emperador d\u00e1ndola por v\u00e1lida. Adem\u00e1s, las autoridades oriolanas llevaban bastante tiempo sin enviarle dinero y no hac\u00eda m\u00e1s que endeudarse.<\/p>\n<p>En estas circunstancias tan lamentables, el 8 de octubre volvi\u00f3 a dirigirse por carta a sus representados. En el escrito, les pidi\u00f3 por en\u00e9sima vez que le diesen permiso para regresar. Les reclam\u00f3 30 ducados para resarcir las aludidas deudas, y 60 libras que le deb\u00edan de su salario. Les solicit\u00f3 que le enviasen a un colaborador, ya que el can\u00f3nigo Mart\u00ednez ten\u00eda bastante trabajo al servicio de la condesa de Faro y del obispo de Le\u00f3n, y no pod\u00eda dedicarse de manera exclusiva a la empresa episcopal. Y tras acusarles sin ambages de ser los causantes de los retrasos, les suplic\u00f3 que le mandasen la procura correcta. Por otra parte, tambi\u00e9n les dio dos informaciones interesantes: que la corte iba partir en poco m\u00e1s de una semana para Madrid, y que no le cab\u00eda la menor duda de que el monarca estaba predispuesto para hacer llegar a las partes a un acuerdo<sup>151<\/sup>.<\/p>\n<p>Y no iba nada desencaminado Vilafranca. Dos d\u00edas m\u00e1s tarde, el 10 de octubre, Carlos I decidi\u00f3 literalmente tomar cartas en el asunto, para acabar con las dilaciones. Consciente de que en breve habr\u00eda de viajar a Flandes, donde el ambiente se hab\u00eda enrarecido y la poblaci\u00f3n estaba inquieta a causa del incremento de los impuestos, opt\u00f3 por acelerar los tr\u00e1mites.<\/p>\n<p>Con tal intenci\u00f3n, esto es, lograr \u00ab<em>la paz y quietud de los dichos pueblos y cabildos<\/em>\u00bb de Orihuela y Murcia, y \u00ab<em>escusarles gastos y enemistades<\/em>\u00bb, provey\u00f3 que en un plazo m\u00e1ximo de 20 d\u00edas las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura hiciesen comparecer ante su real persona a su s\u00edndico con la procura facultada \u00ab<em>para comprometer y dexar sueltamente<\/em>\u00bb en su poder la resoluci\u00f3n de tan controvertidas \u00ab<em>differencias e questiones<\/em>\u00bb. Adem\u00e1s, a fin de asegurarse de que, en esta ocasi\u00f3n, el sindicato le llegase sin ning\u00fan \u00ab<em>deffecto<\/em>\u00bb, les despach\u00f3 un decreto cuyo tenor pr\u00e1cticamente pod\u00edan trasladar en aras a proceder a una correcta redacci\u00f3n del documento. Y expidi\u00f3 sendas cartas al cap\u00edtulo del Salvador y al <em>Consell<\/em> de la ciudad. En ellas, les comunicaba a sus respectivos componentes que no quer\u00eda \u00ab<em>perder la oportunidad<\/em>\u00bb de solventar el conflicto antes de salir de sus reinos hispanos. Remarcaba que les conven\u00eda \u00ab<em>concertarse por nuestra mano las differencias y debates<\/em>\u00bb. Y les advert\u00eda que si no le obedec\u00edan, le dar\u00edan \u00ab<em>causa de indignacion<\/em>\u00bb, de lo que les podr\u00eda resultar \u00ab<em>danyo irreparable, a toda culpa vuestra<\/em>\u00bb, y que en tal caso, de cualquier forma, \u00ab<em>sin falta<\/em>\u00bb mandar\u00eda \u00ab<em>hazer devida provision<\/em>\u00bb sobre el asunto \u00ab<em>como mas convenga al servicio de Dios y nuestro,<\/em> [y] <em>bien de la justicia<\/em>\u00bb<sup>152<\/sup>.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, cit\u00f3 a Vilafranca para encomendarle su nueva misi\u00f3n. Y le hizo una oferta que sus representados dif\u00edcilmente podr\u00edan rechazar. Intuyendo que los retrasos provocados por la parte oriolana eran causados \u00ab<em>por la favor que toda Castilla<\/em>\u00bb prestaba a los cartaginenses, y por la clara predisposici\u00f3n hacia \u00e9stos de los doctores que \u00ab<em>avian de entender en el negotio<\/em>\u00bb, Carlos I le pidi\u00f3 que les dijese que \u00e9l personalmente se hallar\u00eda \u00ab<em>presente en todo<\/em>\u00bb, y que para equilibrar las influencias murcianas diputar\u00eda la supervisi\u00f3n de las comparecencias y las informaciones al se\u00f1or de Granvelle<sup>153<\/sup>.<\/p>\n<p>El 16 de octubre, Gin\u00e9s de Vilafranca recibi\u00f3 la documentaci\u00f3n real de manos del notario p\u00fablico Mat\u00edas de Pamplona, y poco despu\u00e9s emprendi\u00f3 el viaje a la poblaci\u00f3n del Bajo Segura. Se llev\u00f3 consigo, adem\u00e1s, una serie de cartas que los d\u00edas anteriores hab\u00edan escrito el marqu\u00e9s de Lombay, el doctor Soriano, el vicecanciller May y el secretario Urries para sus superiores. Podemos destacar en todas ellas dos notas comunes. <em>Ex una<\/em>, los cuatro personajes de la corte coincidieron en resaltar la gran diligencia del procurador. Y <em>ex alia<\/em>, les solicitaron el env\u00edo inmediato del sindicato reclamado por Su Majestad, ya que, como dec\u00eda el doctor Soriano, el monarca deseaba \u00ab<em>que los poderes sean bastantes, no por quitar claramente la justi\u00e7ia a ninguna de las partes, pero por poder mejor arbitrar para utilidad de cada una dellas<\/em>\u00bb. May, por su parte, les manifest\u00f3 su consternaci\u00f3n por las dilaciones que hab\u00edan causado; y trat\u00f3 de convencerles de que mandasen el poder asegur\u00e1ndoles que pod\u00edan estar \u00ab<em>bien seguros que aqui se mirara por su justicia tan bien y con tanta vigilancia como podrian dessear<\/em>\u00bb, y advirti\u00e9ndoles que en el caso de que desobedeciesen las indicaciones reales, el emperador proveer\u00eda el asunto sin tener en cuenta las alegaciones de Mart\u00ednez y Vilafranca. Tambi\u00e9n Urries les pidi\u00f3 que se fiasen del monarca, y con grave insistencia les inst\u00f3 a aprovechar la magn\u00edfica ocasi\u00f3n que se les presentaba, pues en caso contrario -advert\u00eda-, \u00ab<em>perderia essa ciudad lo que tiene ganado de la clemencia de Su Magestad y se echaria la barca a cuestas para siempre jamas, de que me pesaria en el alma<\/em>\u00bb. El secretario pon\u00eda especial \u00e9nfasis en la bondad de la coyuntura: \u00ab<em>La cosa sta en tal dispusi\u00e7ion que puedo dezir que sta, senyores, en vuestra mano vuestra salud o condena\u00e7ion, y que si esta sazon se pierde nunca la vereys vengada<\/em>\u00bb. Y tambi\u00e9n en los riesgos que pod\u00eda conllevar desaprovecharla; en tal caso afirmaba que \u00ab<em>se perderia lo mucho que todos havemos trabajado en este negocio, que nunca lo vi en mejores terminos, ni mas cerca de perderse si se pierde esta occasion<\/em>\u00bb<sup>154<\/sup>.<\/p>\n<p>Por consiguiente, todos los indicios apuntaban a que a las autoridades oriolanas les hab\u00eda llegado por fin el momento adecuado para expedir la procura y aguardar una resoluci\u00f3n favorable por parte de Carlos I. Y en atenci\u00f3n a tales presupuestos actuaron. Tras debatir la cuesti\u00f3n, tanto el <em>Consell<\/em> como el cap\u00edtulo del Salvador coincidieron en aprobar la confecci\u00f3n de la tan esperada procura, y nombraron s\u00edndicos a Gin\u00e9s de Vilafranca y a Francisco Masquefa<sup>155<\/sup>.<\/p>\n<p>De inmediato y con toda presteza, Vilafranca y Masquefa tomaron rumbo hacia Madrid, donde por esas fechas ya deb\u00eda estar asentada la corte. Aunque no conocemos con precisi\u00f3n cu\u00e1ndo se produjo su arribada a la villa del oso y el madro\u00f1o, suponemos que entraron en ella hacia finales de septiembre o inicios de octubre. Una vez all\u00ed, dieron comienzo las negociaciones con la ansiada aprobaci\u00f3n de las procuras. Despu\u00e9s, los s\u00edndicos se comprometieron a jurar el acuerdo propuesto por el rey. El solemne acto tuvo lugar el 3 de noviembre siguiente. En \u00e9l, teniendo en consideraci\u00f3n que el emperador hab\u00eda actuado \u00ab<em>movido con zelo de hazer bien y merced a las dichas partes, y usando en este negocio de benignidad<\/em>\u00bb, los procuradores nombraron a Su Majestad \u00ab<em>juez arbitro<\/em>\u00bb, \u00ab<em>arbitrador<\/em>\u00bb, \u00ab<em>amigable componedor<\/em>\u00bb y \u00ab<em>juez de avenencia<\/em>\u00bb de la lite, y le facultaron para que, con la asistencia de \u00ab<em>personas de letras y consciencia<\/em>\u00bb, se informase de la justicia y derecho de las partes, y determinase y sentenciase la causa, dando fin a los citados \u00ab<em>debates y differencias<\/em>\u00bb, \u00ab<em><strong>antes de su partida desta villa para Flandez<\/strong><\/em>\u00bb. Y acto seguido, se comprometieron a aceptar su decisi\u00f3n como definitiva, y a no apelar contra ella ni ante Su Santidad, ni ante ning\u00fan otro juez competente. Hemos de se\u00f1alar que el compromiso \u00fanicamente ten\u00eda validez si Carlos I se hallaba presente y participaba activamente en las vistas del caso. De cualquier otra manera, el juramento perd\u00eda su vigencia y los contendientes pod\u00edan dar por finalizadas las negociaciones libre y unilateralmente<sup>156<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la firma del compromiso, los s\u00edndicos pronunciaron sus argumentaciones ante el monarca, Granvelle y los doctores comisionados para el estudio del expediente, y despu\u00e9s pusieron \u00ab<em>los pro\u00e7essos e actes e memorials de la causa en poder de son sacre e supremo real Consell<\/em>\u00bb; una serie de documentos preparados por el eminente doctor Soriano<sup>157<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, la inminencia de su partida para los Pa\u00edses Bajos trastroc\u00f3 los planes del emperador al respecto de la concordia murciano-oriolana. Vi\u00e9ndose sin tiempo material para poder hallar una soluci\u00f3n equilibrada al conflicto, y considerando que su resoluci\u00f3n era \u00ab<em>necessaria para el bien de nuestros reynos y conservacion y exaltamiento de nuestra sancta fee catholica, desseando que tan buena obra es la que se espera de la pacificacion y concordia dentre las dichas yglessias y ciudades<\/em>\u00bb, decidi\u00f3 plantear a las partes una nueva alternativa. As\u00ed, el 10 de noviembre reuni\u00f3 a los procuradores y les propuso que continuaran las negociaciones en su ausencia, ante la supervisi\u00f3n de varios doctores de los Consejos de Castilla y Arag\u00f3n, quienes, de com\u00fan \u00ab<em>acuerdo y parecer<\/em>\u00bb, se encargar\u00edan de se\u00f1alarle el concierto m\u00e1s conforme a la equidad y a la justicia de ambas, a fin de que \u00e9l, desde la distancia, promulgase un decreto para que tal acuerdo fuese puesto en vigor de modo inmediato e inexcusable. Con semejante intenci\u00f3n les ofreci\u00f3 la posibilidad de firmar un convenio similar al que iba a expirar a causa de su \u00ab<em>breu e subita partida<\/em>\u00bb, en virtud del cual se aviniesen a jurar aceptar como definitiva la sentencia de los diputados, y se comprometiesen a no interponer recurso alguno contra ella. Y como para que el plan pudiese hacerse efectivo, los procuradores de las partes necesitaban contar con poderes ajustados a los nuevos requerimientos, les asign\u00f3 un plazo de 25 d\u00edas para que fuesen a sus respectivas sedes, les solicitasen a sus representados la confecci\u00f3n de las nuevas procuras facultativas, y retornasen a la corte. Y con el prop\u00f3sito de convencer a los bandos litigantes de su inter\u00e9s por poner fin a las diferencias, les escribi\u00f3 que pese a su lejan\u00eda, su voluntad era \u00ab<em>entender muy bien el negocio y no declarar en el sino despues de bien informado y certifficado de los drechos y allegacion de cada una de las partes, aunque la tal declaracion se oviesse de hazer estando fuera de los nuestros reynos de Espanya<\/em>\u00bb<sup>158<\/sup>.<\/p>\n<p>Diez d\u00edas despu\u00e9s, el 20 de noviembre, Carlos I inici\u00f3 el que ser\u00eda un largo viaje terrestre hacia Flandes, dejando pendiente la resoluci\u00f3n del Pleito del Obispado de Orihuela<sup>159<\/sup>.<\/p>\n<p>Aunque no conocemos a ciencia cierta los motivos, los procuradores oriolanos no abandonaron Madrid tras tener noticia del nuevo proyecto real. Como si imaginasen cu\u00e1l iba a ser la respuesta de sus superiores a la propuesta, retrasaron su partida de la villa hasta unos d\u00edas despu\u00e9s de la marcha del emperador y su s\u00e9quito -entre cuyos componentes se hallaba el se\u00f1or de Granvelle-. El 24 de noviembre a\u00fan estaban en la poblaci\u00f3n del Manzanares pues el doctor May les hizo entrega de una misiva para sus representados. En ella, se les mostraba optimista y por sus palabras parec\u00eda creer oportuno que prosiguiesen las negociaciones pues estaba \u00ab<em>todo muy bien encaminado<\/em>\u00bb y hab\u00eda hallado \u00ab<em>en Su Magestad y estos senyores<\/em> (los diputados) <em>muy buena voluntad<\/em>\u00bb<sup>160<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese a las bienintencionadas recomendaciones del vicecanciller, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela sopesaron pros y contras -en particular, la \u00ab<em>poten\u00e7ia<\/em>\u00bb de los murcianos-, y llegaron a la conclusi\u00f3n de que si volv\u00edan \u00ab<em>otra ves a firmar el compromiso, quedaria la determinacion casi en poder<\/em>\u00bb de sus adversarios. Por ello, tras valorar las repercusiones negativas que su decisi\u00f3n pod\u00eda conllevar, al contrariar la voluntad del emperador, optaron finalmente por no arriesgarse y renunciar al juramento del nuevo convenio, \u00ab<em>ab esperan\u00e7a que, plaent Deu, ab sa benaventurada venguda se efectuaria lo que la breu e inpensada partida havia escusat<\/em>\u00bb<sup>161<\/sup>.<\/p>\n<p>Y comenzaron la que ser\u00eda una m\u00e1s que ajetreada espera del retorno de Carlos I nombrando a un nuevo s\u00edndico en la ciudad de Valencia, con la intenci\u00f3n de que ayudase a Luch Joan Riudaura en las m\u00faltiples ocupaciones judiciales que \u00e9ste ten\u00eda en defensa de los intereses de la ciudad. El 28 de diciembre le redactaron la procura para laboriosa tarea a un prometedor notario llamado Juan Savall, que ven\u00eda muy recomendado por el doctor Filibert<sup>162<\/sup>.<\/p>\n<p>Ya entrado el nuevo a\u00f1o, 1540, la v\u00edspera del d\u00eda de Reyes los mandatarios le enviaron una sentida carta de agradecimiento a micer May, en la que reconocieron lo mucho que hab\u00eda \u00ab<em>treballat ab Sa Magestat \u00c7esarea en conserva\u00e7io de nostra justi\u00e7ia<\/em>\u00bb, y le regalaron la vista escribi\u00e9ndole una lisonja dif\u00edcilmente mejorable: \u00ab<em>tenint la protec\u00e7io de vostra espectable senyoria no temem la poten\u00e7ia de nostres adversaris<\/em>\u00bb<sup>163<\/sup>.<\/p>\n<p>Y premiando la labor del eficiente Gin\u00e9s de Vilafranca, en un acto sin muchos precedentes en la historia de los s\u00edndicos de la Iglesia y la ciudad de Orihuela, el 18 de enero las referidas autoridades aprobaron las cuentas de su embajada y dieron orden de que le fuesen resarcidas todas las deudas<sup>164<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en Murcia, el cabildo de Cartagena volv\u00eda a pasar a la acci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<ol start=\"9\">\n<li><strong> La pol\u00e9mica segunda designaci\u00f3n de D. Luis de Soler como vicario general de Orihuela.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>1540 ha pasado a la Historia de la ciudad de Orihuela como un a\u00f1o en el que sus habitantes sufrieron una severa carest\u00eda de trigo, el recrudecimiento de la amenaza berberisca, y un sinf\u00edn de roces con sus vecinos murcianos. No obstante, por encima de todos estos problemas de car\u00e1cter civil, dos sucesos de \u00edndole religiosa fueron los que m\u00e1s conmovieron ese a\u00f1o a la opini\u00f3n p\u00fablica oriolana: la traici\u00f3n de D. Luis de Soler y el fallecimiento del obispo Mateo Lang.<\/p>\n<ol start=\"165\">\n<li>Luis de Soler, obispo de Bel\u00e9n, era natural de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura y pertenec\u00eda a uno \u00ab<em>dels principals llinatges de aquella<\/em>\u00bb<sup>165<\/sup>. En 1510 ya detentaba la sacrist\u00eda del cap\u00edtulo del Salvador, que era -recordemos- la segunda dignidad tras la pavord\u00eda, y particip\u00f3 en el acto de publicaci\u00f3n de las bulas de Julio II. Ese mismo a\u00f1o, el 8 de noviembre, estando vacante la reci\u00e9n creada sede <em>Oriolensis<\/em> por la traslaci\u00f3n de Mart\u00edn Ferr\u00e1ndez de Angulo al obispado de C\u00f3rdoba, el cap\u00edtulo del Salvador, haciendo uso de sus derechos y en virtud de diferentes sanciones can\u00f3nicas, le nombr\u00f3 vicario general de Orihuela y su di\u00f3cesis, un cargo que siempre anhel\u00f3 ejercer, y que quiso conservar a toda costa. Adem\u00e1s, al mismo tiempo el referido colegio catedralicio le design\u00f3 delegado de asuntos inquisitoriales, lo que le hizo enfrentarse en 1511 con el inquisidor del obispado de Cartagena, el licenciado Crist\u00f3bal de \u00c1vila.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Unos a\u00f1os despu\u00e9s, el 23 de noviembre de 1517 asisti\u00f3 como vicario general a la toma de posesi\u00f3n del obispado de Orihuela que el obispo Mateo Lang realiz\u00f3 por medio de Jer\u00f3nimo de Carasso. Posteriormente, en mayo de 1518, su esp\u00edritu combativo volvi\u00f3 a resurgir cuando tuvo que hacer frente al intento murciano de ejecuci\u00f3n del breve revocatorio de Le\u00f3n X en la Catedral del Salvador, que termin\u00f3 con la persecuci\u00f3n y el vejatorio encarcelamiento de los representantes cartaginenses. Estas circunstancias llevaron a su inmediata destituci\u00f3n por parte del provisor de Cartagena; medida que fue confirmada por el secretario episcopal Maximiliano Transilvano el \u00faltimo de junio de ese mismo a\u00f1o 1518. El cap\u00edtulo del Salvador reaccion\u00f3 contra tal disposici\u00f3n y poco despu\u00e9s consigui\u00f3 que D. Alfonso de Arag\u00f3n, metropolitano de Zaragoza y Valencia, confirmase su nombramiento como vicario general de Orihuela, ejecutando un breve pontificio. La necesidad de legitimar la provisi\u00f3n del vicariato llev\u00f3 al cap\u00edtulo a conseguir que el 19 de marzo del a\u00f1o siguiente, 1519, Transilvano nombrase nuevo vicario general de Orihuela a la tercera dignidad del Salvador, el chantre Jaime de Soler. Luis de Soler tuvo as\u00ed que dejar el poder vicarial en poder de \u00e9ste, y aunque se comprometi\u00f3 a respetar la nueva decisi\u00f3n episcopal, nunca renunci\u00f3 a recuperar el citado oficio.<\/p>\n<p>En este sentido, el a\u00f1o siguiente, para asombro de sus paisanos, demostr\u00f3 su falta de escr\u00fapulos y sus ansias de poder. Contra los intereses de su propia Iglesia en el Pleito del Obispado, se atrevi\u00f3 a pactar con el arcediano de Cartagena que permitir\u00eda la ejecuci\u00f3n del breve revocatorio de Le\u00f3n X a cambio de la recuperaci\u00f3n del vicariato, y estuvo a punto de morir asesinado en el acto de publicaci\u00f3n del rescripto apost\u00f3lico. Descubierta la trama, tuvo que huir de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura, y adem\u00e1s de serle prohibido el desempe\u00f1o en ella de cualquier oficio o beneficio, fue desterrado de por vida. No se vino abajo por ello Soler, sino que opt\u00f3 por llevar el caso a Roma, consigui\u00f3 el perd\u00f3n pontificio, y pudo retornar a Orihuela y recuperar su dignidad de sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>A partir de ese momento, su comportamiento vari\u00f3 de una manera casi radical. Volvi\u00f3 a dar muestras de valent\u00eda durante el Saco de Orihuela de 1521. Fue el cabecilla de los cl\u00e9rigos que se arriesgaron a recoger las hostias que los murcianos hab\u00edan lanzado al suelo de la capilla del Corpus, y all\u00ed asisti\u00f3 al famoso milagro de la luminaria. Y adem\u00e1s, encabez\u00f3 el auto de disentimiento que el cap\u00edtulo firm\u00f3 contra la posesi\u00f3n forzada por el marqu\u00e9s de los V\u00e9lez. En 1525 particip\u00f3 en el env\u00edo de apelaciones a Roma en protesta por la aludida prestaci\u00f3n de obediencia a la Iglesia cartaginense. Siete a\u00f1os m\u00e1s tarde, huy\u00f3 de D. Luis Ferrer cuando trat\u00f3 de poner en vigor el breve revocatorio de Clemente VII y el ejecutorial de la emperatriz Isabel. Y tuvo que estar presente en el juramento prestado a los murcianos ante el comisario \u00c7ayd\u00eda. No obstante, a finales de julio de ese mismo a\u00f1o 1532, junto a Vicente Mart\u00ed, tuvo el arrojo de oponerse a los mandatos reales y apost\u00f3licos ante el duque de Calabria, y ello le cost\u00f3 su detenci\u00f3n y el encarcelamiento en Murcia, donde de nuevo estuvo muy cerca de perder la vida. Tras ser liberado, a lo largo de la d\u00e9cada de los &#8217;30, como cabeza visible del cap\u00edtulo del Salvador, prest\u00f3 su \u00ab<em>consentiment, vot y parer<\/em>\u00bb a las s\u00faplicas elevadas a Carlos I para que enviase la causa a Roma, as\u00ed como a los requerimientos hechos al propio emperador para que diese conclusi\u00f3n al conflicto. Y sin miedo a posibles censuras, efectu\u00f3 las protestas contra el ejercicio de los vicarios generales nombrados por el provisor cartaginense, los obispos de Tagaste y de Fez.<\/p>\n<p>A pesar de ello, su fama de \u00ab<em>persona escandalosa<\/em>\u00bb tambi\u00e9n se acrecent\u00f3 durante estos a\u00f1os ya que seg\u00fan contaban, entre otros acontecimientos que se pod\u00edan \u00ab<em>muy bien provar<\/em>\u00bb, \u00ab<em>una vez, diziendose la misa mayor, estando el capellan con el sancto sacramento en las manos, antes de consumir, hizo entrar \u00e7iertos hombres en el choro a matar un canonigo<\/em>\u00bb, perturbando el transcurso del \u00ab<em>offi\u00e7io divino<\/em>\u00bb<sup>166<\/sup>.<\/p>\n<p>En Murcia, los miembros del cap\u00edtulo de Cartagena segu\u00edan de cerca la trayectoria de D. Luis de Soler, pues sab\u00edan que en alg\u00fan momento, de alguna forma, pod\u00eda serles \u00fatil. Estaban al tanto de sus venturas y desventuras, y conoc\u00edan que los factores rectores de su conducta, a lo largo de los a\u00f1os, hab\u00edan sido el af\u00e1n de protagonismo y el ansia de poder, por encima de otros valores como la fidelidad a sus principios, a su patria o a su Iglesia.<\/p>\n<p>Y a principios de 1540 dieron con el modo de aprovecharse de su falta de escr\u00fapulos para perjudicar los derechos oriolanos en el Pleito del Obispado. Pensaron en ofrecerle un regalo que dif\u00edcilmente pod\u00eda rechazar, pese a las trascendentales implicaciones que hab\u00eda de conllevar: la oportunidad de desempe\u00f1ar de nuevo el oficio de vicario general de Orihuela; lo que tanto hab\u00eda anhelado desde su destituci\u00f3n en 1518. Podemos afirmar que la h\u00e1bil maniobra murciana fue como una trampa en la partida de ajedrez del Pleito: coronaron dama a un pe\u00f3n del bando contrario, y lo convirtieron en el ejecutor de un nuevo intento de desprestigiar a sus vecinos de la Vega Baja del Segura ante el emperador y sus Consejos. Las autoridades eclesi\u00e1sticas murcianas eran conscientes de que si Soler pon\u00eda en vigor el decreto de nombramiento, lograr\u00edan que \u00ab<em>un capitular e fill de la terra<\/em>\u00bb aceptase la autoridad cartaginense, lo que supondr\u00eda un golpe cuasi definitivo a las aspiraciones segregacionistas. Y como, conociendo el car\u00e1cter conflictivo del obispo de Bel\u00e9n y \u00ab<em>la gana<\/em>\u00bb que ten\u00eda de administrar, era m\u00e1s que probable que surgiesen incidentes, podr\u00edan aprovecharlos para acusar a los mandatarios oriolanos de rebeli\u00f3n contra los mandatos reales y apost\u00f3licos, como ya hicieron en anteriores ocasiones -recordemos los hechos de 1532-. El plan, en teor\u00eda, parec\u00eda perfecto, y por ello decidieron llevarlo a la pr\u00e1ctica<sup>167<\/sup>.<\/p>\n<p>As\u00ed, mediado el mes de enero, el provisor cartaginense, D. Sebasti\u00e1n Clavijo, en nombre del cardenal Mateo, \u00ab<em>com a bisbe de Carthagena<\/em>\u00bb, cit\u00f3 al obispo de Bel\u00e9n y le entreg\u00f3 una comisi\u00f3n encomend\u00e1ndole \u00ab<em>la administra\u00e7io y exer\u00e7i\u00e7i pontifical en lo dit bisbat, en la dita Seu de Oriola, e llur diocessis<\/em>\u00bb, en sustituci\u00f3n del doctor Pedro de Le\u00f3n.<\/p>\n<p>Soler regres\u00f3 a Orihuela y hacia el lunes 19 o el martes 20 de dicho primer mes trat\u00f3 de poner en ejecuci\u00f3n el referido documento. Para ello, se reuni\u00f3 en la iglesia de las Santas Justa y Rufina con el justicia y los jurados de la ciudad y con sus compa\u00f1eros del cap\u00edtulo del Salvador, y les comunic\u00f3 sus intenciones. Los mandatarios se asombraron de tales prop\u00f3sitos, y considerando el enorme perjuicio que les pod\u00eda causar en sus derechos episcopales la aceptaci\u00f3n del vicariato por el sacrist\u00e1n, le suplicaron \u00ab<em>ab molt acatament<\/em>\u00bb y \u00ab<em>molt cortesment<\/em>\u00bb que, \u00ab<em>com a bon natural e capitular<\/em>\u00bb, se negase a admitir el oficio. Sin embargo de sus deseos de emprender la administraci\u00f3n, el obispo de anillo les respondi\u00f3 que no pod\u00eda hacer lo que le ped\u00edan porque ya hab\u00eda aceptado el nombramiento. Los mandatarios le insistieron, y \u00ab<em>apres de moltes repliques<\/em>\u00bb acordaron con la dignidad que retrasar\u00eda cautelarmente la toma de posesi\u00f3n del cargo \u00ab<em>per tota aquella semana<\/em>\u00bb, y que durante esos d\u00edas se entrevistar\u00eda con las autoridades cartaginenses con el fin de conseguir que, al menos, la provisi\u00f3n fuese despachada en nombre del obispo de Cartagena y Orihuela.<\/p>\n<p>No hemos podido conocer si Soler lleg\u00f3 a hablar con Clavijo sobre esta cuesti\u00f3n. De cualquier manera, las conversaciones, si es que realmente las hubo, debieron ser completamente infructuosas, pues no tenemos noticia de que el provisor le expidiese al sacrist\u00e1n un segundo instrumento de nominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, la tarde del viernes 23 de enero, los ediles, acompa\u00f1ados por \u00ab<em>dos o tres cavallers<\/em>\u00bb, fueron a buscar a la \u00ab<em>Seu<\/em>\u00bb al obispo de Bel\u00e9n. Una vez lo localizaron, entablaron con \u00e9l una fluida conversaci\u00f3n que iniciaron repiti\u00e9ndole que \u00ab<em>per esser fill de la terra y segona dignitat en lo capitol, no feya lo que devia en ac\u00e7eptar aquest ofi\u00e7i de administrador en aquesta \u00e7iutat<\/em>\u00bb, y volviendo a suplicarle que no admitiera la designaci\u00f3n cartaginense. El sacrist\u00e1n les pregunt\u00f3 el fundamento de tales palabras. Los mun\u00edcipes le respondieron que con su actitud pod\u00eda causar perjuicios insalvables a los derechos oriolanos en el Pleito del Obispado, y \u00e9l les contradijo replicando que no hab\u00eda de suponer da\u00f1o alguno. Y esta pol\u00e9mica condujo a un nuevo acuerdo temporal. Tras comunicarle que se dispon\u00edan a preparar la protesta que la Iglesia y la ciudad de Orihuela -como bien sab\u00eda- acostumbraban a interponer contra los administradores nombrados por el cabildo de Cartagena, el justicia, los jurados y los caballeros le manifestaron al provisto que estaban dispuestos a comprometerse a aceptar su nombramiento y a no impedirle ni perturbarle el ejercicio de su poder vicarial siempre y cuando consiguiese que varios jurisconsultos de la ciudad de Valencia coincidiesen en afirmar que su nominaci\u00f3n no constitu\u00eda ning\u00fan detrimento legal para las aspiraciones secesionistas oriolanas. Soler acept\u00f3 tal condici\u00f3n y les asegur\u00f3 que \u00ab<em>no pro\u00e7ehiria avant fins ques hagues parer de Valen\u00e7ia<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Los representantes civiles de Orihuela salieron satisfechos de la entrevista, pues pensaban que los juristas valencianos jam\u00e1s podr\u00edan negar que la aceptaci\u00f3n del cargo por el obispo de Bel\u00e9n supusiese evidentes perjuicios para las reivindicaciones episcopales. De la Catedral del Salvador se dirigieron a la casa del abogado de la ciudad, micer Jaime Terr\u00e9s, y le pidieron con relativa urgencia que redactase la supracitada protesta.<\/p>\n<p>Soler, por su parte, escribi\u00f3 a Valencia con la intenci\u00f3n de conseguir el dictamen favorable de los jurisprudentes. Y por la noche debi\u00f3 dudar de la posibilidad de obtenerlo porque la ma\u00f1ana del d\u00eda siguiente, s\u00e1bado 24, olvid\u00e1ndose del pacto con las autoridades civiles, convoc\u00f3 al cap\u00edtulo del Salvador con la invariable intenci\u00f3n de ejecutar la comisi\u00f3n y as\u00ed \u00ab<em>conplaure als mur\u00e7ians<\/em>\u00bb de una vez por todas.<\/p>\n<p>Una vez escucharon cu\u00e1l era la voluntad del sacrist\u00e1n, los capitulares, que conoc\u00edan lo que hab\u00eda prometido a los oficiales municipales, le dijeron que \u00ab<em>estaven maravellats de la innova\u00e7io que feya sens darne raho als dits justi\u00e7ia e jurats<\/em>\u00bb. Y a continuaci\u00f3n, tras manifestar claramente que no quer\u00edan impedirle ni perturbarle acto alguno, se limitaron a suplicarle \u00ab<em>molt affectadament<\/em>\u00bb que tuviese presente que \u00ab<em>era fill de la terar e capitular<\/em>\u00bb, que no les perjudicase \u00ab<em>en sos drets e justi\u00e7ia<\/em>\u00bb y, en fin, que no ejecutase el nombramiento.<\/p>\n<p>El sacrist\u00e1n hizo o\u00eddos sordos a todos los ruegos, le entreg\u00f3 el instrumento al notario Aparicio Mart\u00ednez, que iba con \u00e9l, y le dijo que recibiese auto de la presentaci\u00f3n de la provisi\u00f3n al cap\u00edtulo. Ante la inminencia de tan importante acontecimiento, los can\u00f3nigos le pidieron a Soler que aguardara hasta que se personase el notario del cap\u00edtulo, Francisco Olzina, a fin de que tambi\u00e9n diese constancia escrita de la notificaci\u00f3n. Pero el obispo de Bel\u00e9n, sin hacer caso al requerimiento de sus compa\u00f1eros, volvi\u00f3 a demandarle al notario Mart\u00ednez \u00ab<em>una e moltes vegades<\/em>\u00bb, que diese fe escrita de la presentaci\u00f3n. Los capitulares le comunicaron que para que la notificaci\u00f3n pudiese tener validez hab\u00eda de realizarse, al menos, ante dos testigos. Atendiendo a tal indicaci\u00f3n, Soler le mand\u00f3 a Mart\u00ednez que llamase a un par de los cl\u00e9rigos que estaban en el coro. El notario sali\u00f3 de la sala capitular y al rato entr\u00f3 con dos capellanes: Pedro Santander y Pedro Dasso. Entonces, viendo que el sacrist\u00e1n se dispon\u00eda, pese a todo, a ejecutar la provisi\u00f3n, antes de que Mart\u00ednez pudiese siquiera abrirla, todos los dem\u00e1s miembros del cap\u00edtulo salieron r\u00e1pidamente de la mencionada sala. Perplejo, Soler comenz\u00f3 a gritarles, y algunos de los can\u00f3nigos se volvieron para decirle que antes de admitir la presentaci\u00f3n, habr\u00edan de deliberar capitularmente. Despu\u00e9s, hall\u00e1ndose ya sumamente irritado, el obispo de Bel\u00e9n se enfrent\u00f3 fuera de la Catedral con el can\u00f3nigo Jaime G\u00f3mez, con quien cruz\u00f3 \u00ab<em>certes rahons<\/em>\u00bb porque -seg\u00fan la versi\u00f3n oriolana- \u00e9ste le dijo que \u00ab<em>no feya lo que devia com a fill de la terra y capitular<\/em>\u00bb. Y tras este desagradable incidente, decidi\u00f3 volverse a su casa.<\/p>\n<p>Por su parte, dos de los can\u00f3nigos del Salvador fueron a avisar al justicia y a los jurados de lo que hab\u00eda sucedido, mientras que el resto opt\u00f3 por volver a la Catedral para celebrar los oficios divinos. Los ediles, asombrados por la relaci\u00f3n de los can\u00f3nigos, se dirigieron a la casa de Jaime Terr\u00e9s con la intenci\u00f3n de acuciarle para que ultimase la confecci\u00f3n de la protesta cuanto antes. El diligente abogado los recibi\u00f3 con \u00ab<em>lo protest<\/em>\u00bb en las manos, por lo que creyeron conveniente proceder a la presentaci\u00f3n del instrumento sin m\u00e1s demoras. Por ello, sin querer perder tiempo ni en nombrar a un s\u00edndico, los mun\u00edcipes, acompa\u00f1ados por el abogado Terr\u00e9s, el escribano Francisco Vilanova y \u00ab<em>tres o quatre cavallers<\/em>\u00bb, \u00ab<em>ab son verguer davant<\/em>\u00bb -tal como acostumbraban en actos oficiales-, se dirigieron a la \u00ab<em>Seu<\/em>\u00bb, donde pensaban hallar a D. Luis de Soler.<\/p>\n<p>All\u00ed, por contra, se encontraron con los dem\u00e1s can\u00f3nigos del Salvador, que estaban participando en los \u00ab<em>offi\u00e7is divinals<\/em>\u00bb, y tuvieron que esperar a que \u00e9stos finalizaran para mostrarles la protesta -que hab\u00eda sido redactada \u00ab<em>en nom de la dita \u00e7iutat e capitol<\/em>\u00bb- y proceder a su aprobaci\u00f3n. Una vez acabaron los actos lit\u00fargicos, el notario Vilanova ley\u00f3 p\u00fablicamente el instrumento y tanto las autoridades civiles como las eclesi\u00e1sticas le dieron su aquiescencia sin poner ninguna objeci\u00f3n. Y como el cap\u00edtulo tampoco quer\u00eda retrasar la presentaci\u00f3n nombrando a un procurador, todos juntos -el justicia, los jurados, el abogado, el escribano, el vergueta, los can\u00f3nigos y los caballeros principales-, \u00ab<em>ab la ma\u00e7a davant<\/em>\u00bb, marcharon en direcci\u00f3n hacia la casa del sacrist\u00e1n. De camino se les unieron diversas personas, que ten\u00edan curiosidad por saber qu\u00e9 hab\u00eda pasado y ad\u00f3nde iba tan solemne comitiva.<\/p>\n<p>Al ver de lejos al grupo, D. Luis de Soler busc\u00f3 refugio en la \u00ab<em>naya<\/em>\u00bb de su estudio. Cuando la delegaci\u00f3n lleg\u00f3 a su casa y pregunt\u00f3 por \u00e9l, el teatrero obispo de Bel\u00e9n se dej\u00f3 ver por una ventana del altillo. Los mandatarios le explicaron que quer\u00edan \u00ab<em>fer \u00e7erts actes ab ell<\/em>\u00bb, y le pidieron que bajase. Y para que no los hiciesen, se excus\u00f3 diciendo \u00ab<em>que no estava segur<\/em>\u00bb. Las autoridades le replicaron que all\u00ed estaban el justicia en lo criminal, su lugarteniente y los jurados de la ciudad, y que pod\u00eda personarse sin miedo a que le hiciesen da\u00f1o alguno. Pese a ello, el sacrist\u00e1n persever\u00f3 en su negativa, y entonces intervinieron D. Luis y D. Enrique de Rocafull y Pedro Ferr\u00e1ndez de Mesa. Los caballeros le ofrecieron garant\u00edas suficientes, y Soler baj\u00f3, por fin, de la \u00ab<em>naya<\/em>\u00bb y compareci\u00f3 ante la comitiva. Entonces, \u00ab<em>sens escandol ni avolot algu, y ab aquell acatament e reveren\u00e7ia que feren si fora lo mateix bisbe de Carthagena<\/em>\u00bb, los mandatarios le informaron que iban a presentarle la protesta. Tras esta comunicaci\u00f3n, Francisco Vilanova dio p\u00fablica lectura a la protesta y, acto seguido, recibi\u00f3 auto de la notificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En \u00ab<em>lo protest<\/em>\u00bb, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad e Iglesia de Orihuela le recordaron diferentes aspectos relacionados con el Pleito del Obispado, puesto que su provisi\u00f3n le afectaba muy directamente.<\/p>\n<p>En primer lugar, le rememoraron que los murcianos, \u00ab<em>moguts de gran enveja e odis capitals<\/em>\u00bb, fueron los que suscitaron la lite tras la erecci\u00f3n de la iglesia del Salvador en Catedral y la creaci\u00f3n del obispado por Julio II, y que desde entonces, a causa del conflicto, hab\u00eda habido \u00ab<em>molts e innumerables gasts e despeses e morts e perdues de persones<\/em>\u00bb. Y le comentaron que en aquellos momentos la cuesti\u00f3n estaba en un punto de inflexi\u00f3n, a la espera del retorno del emperador, quien se hab\u00eda comprometido a poner fin a las diferencias.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, le explicaron que su nombramiento iba \u00ab<em>en total deroga\u00e7io<\/em>\u00bb de la creaci\u00f3n del Obispado, y del litigio pendiente, por diversos motivos:<\/p>\n<p>+Porque estando la lite sin determinar, \u00ab<em>de jure nihil potest innovari<\/em>\u00bb, esto es, no pod\u00eda adoptarse l\u00edcitamente ninguna medida que pudiese suponer alguna modificaci\u00f3n de las condiciones en que estaba la causa.<\/p>\n<p>+Porque en atenci\u00f3n a su dignidad episcopal (era, como sabemos, obispo de anillo, de Bel\u00e9n) estaba obligado a favorecer a las iglesias catedrales, y a impedir que fuesen privadas de sus derechos y privilegios.<\/p>\n<p>+Porque por el juramento que prest\u00f3 el d\u00eda que tom\u00f3 posesi\u00f3n de la dignidad de sacrist\u00e1n del Salvador se comprometi\u00f3 a favorecer al cap\u00edtulo y a no perjudicarlo en sus \u00ab<em>honors, dignitats e preminen\u00e7ies<\/em>\u00bb; m\u00e1xime cuando siempre hab\u00eda defendido con su \u00ab<em>vot, parer e consentiment<\/em>\u00bb los derechos oriolanos en la lite.<\/p>\n<p>+Porque estaba actuando en contra de la \u00ab<em>lley e natural raho que es pugnar per la patria<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Por ello, \u00ab<em>ab aquella major instancia<\/em>\u00bb, le suplicaron y requirieron que, pese a que pod\u00eda hacerlo \u00ab<em>per alguna subtilitat de dret<\/em>\u00bb, cesase \u00ab<em>de exer\u00e7ir los actes pontificals del dit Reverendissim Senyor Don Matheu<\/em>\u00bb. Y le pidieron que si quer\u00eda ejercer el encomendado oficio en la iglesia y di\u00f3cesis de Orihuela, lo hiciese por orden del citado Mateo Lang, \u00ab<em>com a bisbe que es de Oriola<\/em>\u00bb, \u00ab<em>e no en altra manera<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Y en el caso de que persistiera en su prop\u00f3sito de ejercer la comisi\u00f3n episcopal del provisor cartaginense, \u00ab<em>lo que creure nos pot<\/em>\u00bb -dec\u00edan, teniendo en cuenta \u00fanicamente su trayectoria m\u00e1s reciente (el encarcelamiento de 1532 o su participaci\u00f3n activa en los \u00faltimos a\u00f1os)-, le hicieron manifiesta su protesta y disentimiento, puntualizando que ello no significaba que le fuesen a impedir o a perturbar en el referido ejercicio pontifical, no porque no lo deseasen, sino \u00ab<em>per no offendre for\u00e7a la mente de Sa Magestat e per vostra dignitat episcopal<\/em>\u00bb. Y, por \u00faltimo, le advirtieron que si finalmente se decid\u00eda a poner en vigor la provisi\u00f3n, elevar\u00edan sus quejas y su \u00ab<em>clamor<\/em>\u00bb al sumo pont\u00edfice y al emperador<sup>168<\/sup>.<\/p>\n<p>Una vez acab\u00f3 Vilanova su participaci\u00f3n, D. Luis de Soler les contest\u00f3 a las autoridades oriolanas que no quer\u00eda hacer acto alguno \u00ab<em>per lo exces que ses fet en sa persona en la dita esglesia per los senyors de capitol e, senyaladament, per lo canonge Gomes, que li dix quel llan\u00e7assen al riu ab un pedral al coll<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces, los capitulares intervinieron para declarar que no se hab\u00eda cometido exceso alguno contra el sacrist\u00e1n, y que \u00e9ste hab\u00eda contestado de tal guisa para no responder a la protesta realizada por el citado cap\u00edtulo y la ciudad de Orihuela.<\/p>\n<p>Y tras esta intervenci\u00f3n, el acto se dio por concluido \u00ab<em>molt pa\u00e7ificament<\/em>\u00bb, \u00ab<em>sens altre innova\u00e7io, ni tumult, ni escandol<\/em>\u00bb. Soler se qued\u00f3 en su casa, y las autoridades se retiraron a un lugar m\u00e1s recogido -probablemente la iglesia del Salvador- con la intenci\u00f3n de elegir a dos s\u00edndicos que las representasen en la cuesti\u00f3n con el obispo de Bel\u00e9n. Tras un breve debate, fueron nombrados procuradores el acusado can\u00f3nigo Jaime G\u00f3mez y el jurado Juan Mir\u00f3. \u00c9stos iniciaron su labor yendo a interrogar al notario Aparicio Mart\u00ednez, para saber si hab\u00eda recibido autos de la presentaci\u00f3n de la comisi\u00f3n que el sacrist\u00e1n pretend\u00eda que hab\u00eda hecho ese mismo d\u00eda al cap\u00edtulo del Salvador. El notario les contest\u00f3 que, efectivamente, D. Luis de Soler hab\u00eda dado por presentada la provisi\u00f3n, por lo que los s\u00edndicos le requirieron que les diese una copia del citado auto, y que no librase m\u00e1s copias de dicho instrumento hasta que la corporaci\u00f3n municipal y el cap\u00edtulo del Salvador le diesen su respuesta a la \u00ednclita dignidad. Mart\u00ednez no puso reparos a ninguna de las dos peticiones y les entreg\u00f3 amable o despreocupadamente una copia del requerido documento<sup>169<\/sup>.<\/p>\n<p>Las consecuencias de la traici\u00f3n del obispo de Bel\u00e9n no se hicieron esperar. El d\u00eda siguiente, domingo 25, al amanecer, aparecieron por diversos lugares de la ciudad, entre ellos la casa del sacrist\u00e1n, ocho o nueve carteles intimidatorios contra \u00e9ste<sup>170<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras esto suced\u00eda en la ciudad del Bajo Segura, en la del Turia, las gestiones ordenadas por Soler ante los doctores Rubio y Grau dieron sus frutos. Ambos jurisconsultos llegaron a la conclusi\u00f3n de que el ejercicio de la comisi\u00f3n del sacrist\u00e1n del Salvador no s\u00f3lo no supon\u00eda ning\u00fan perjuicio para el Pleito del Obispado, sino que, adem\u00e1s, hab\u00eda de constituir un motivo de halago para la Iglesia oriolana, pues iba a ser regida por un obispo. Y as\u00ed se lo comunicaron a Soler, quien debi\u00f3 recibir el \u00ab<em>consell<\/em>\u00bb el lunes 26 de enero.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, de buena ma\u00f1ana, el obispo de Bel\u00e9n decidi\u00f3 hacer uso del referido documento para tratar de fortalecer su posici\u00f3n al frente de la Iglesia oriolana. Con tal intenci\u00f3n hizo comparecer ante su persona a los jurados Juan Mir\u00f3 y Andr\u00e9s Manresa, al joven Jaime Mart\u00ed -que hab\u00eda participado en algunas embajadas relacionadas con el Pleito-, al prior del monasterio del Socorro y al comendador del de la Merced, y les mostr\u00f3 el parecer de los jurisconsultos<sup>171<\/sup>. \u00c9stos comprobaron, asombrados, c\u00f3mo los doctores Grau y Rubio hab\u00edan dado su parecer en favor del sacrist\u00e1n, y fueron a toda prisa a avisar de ello a los mandatarios civiles y eclesi\u00e1sticos de la ciudad.<\/p>\n<p>Incr\u00e9dulos, ese mismo d\u00eda 27 el justicia y los jurados decidieron escribir a Valencia, a Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa, que se hallaba coyunturalmente en dicha ciudad, para que platicase con los referidos doctores, les convenciese de su error y lograse que volviesen a escribirle a Soler reconociendo los perjuicios que pod\u00eda acarrear su actitud de cara a los derechos oriolanos en la causa episcopal. Adem\u00e1s, le pidieron que le comentase la cuesti\u00f3n al duque de Calabria, para que en el m\u00e1s que probable caso de que los murcianos le hiciesen llegar sus quejas, estuviese al tanto de lo que hab\u00eda sucedido realmente y no tomase medidas contra Orihuela. Y, por \u00faltimo, en previsi\u00f3n de que Soler hiciese llegar su descontento a la Santa Sede, le rogaron que visitase al duque de Gand\u00eda, cuyo hijo acababa de conseguir el capelo cardenalicio y pod\u00eda constituir un buen apoyo en la Curia romana<sup>172<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras enviar esta misiva a Valencia con la intenci\u00f3n de ganar posiciones ante el virrey y el pont\u00edfice, el 29 de enero las autoridades oriolanas decidieron escribir a la corte para evitar que los murcianos pudiesen perjudicarles ante los Consejos y ante el propio Carlos I. As\u00ed, a principios de febrero le mandaron un pliego de cartas al doctor Jer\u00f3nimo Soriano, quien, por su diligente colaboraci\u00f3n con los s\u00edndicos Mart\u00ednez, Vilafranca y Masquefa en la \u00faltima embajada al emperador, hab\u00eda sido designado abogado del cap\u00edtulo del Salvador y la ciudad de Orihuela en la citada corte. El paquete inclu\u00eda dos instrumentos de instrucciones que hab\u00edan de regir sus representaciones al Consejo de Arag\u00f3n, confeccionados por el justicia y los jurados, uno, y el otro por el can\u00f3nigo Mart\u00ednez, que deb\u00eda tener cierto ascendiente sobre el jurista. La protesta presentada el 24 de enero al obispo de Bel\u00e9n. Una serie de cartas que hab\u00eda de repartir entre sus destinatarios (el secretario Urries, el vicecanciller May, el doctor Costa). Y un par de escritos que ten\u00eda que remitir a Flandes, a manos de D. Jer\u00f3nimo de Urries y del se\u00f1or de Granvelle.<\/p>\n<p>Por toda esta documentaci\u00f3n podemos conocer cu\u00e1les eran los objetivos que persegu\u00edan las autoridades oriolanas<sup>173<\/sup>.<\/p>\n<p>En primer lugar, deseaban disculparse por haberse negado a firmar el segundo compromiso. Explicaban que por \u00ab<em>lo re\u00e7el<\/em>\u00bb que ten\u00edan \u00ab<em>del favor de Castilla<\/em>\u00bb hab\u00edan decidido esperar la \u00ab<em>benaventurada venguda<\/em>\u00bb del emperador, para que fuese Su Majestad personalmente quien pusiese fin al Pleito del Obispado.<\/p>\n<p>Y en segundo lugar, evitar que los murcianos les perjudicasen declarando que le hab\u00edan impedido el ejercicio pontifical a D. Luis de Soler. Para ello, compendiando el contenido de las cartas, diremos que pusieron en conocimiento de los aludidos se\u00f1ores que los cartaginenses hab\u00edan \u00ab<em>conduzido un nuestro natural, sacrista e segunda dignidad en nuestro capitulo, ques obispo de Betlem, a que tome la administra\u00e7ion de los actos pontificales en esta \u00e7iudad y diocessi por el provisor de Cartagena<\/em>\u00bb. Les se\u00f1alaron que Soler hab\u00eda sido los \u00faltimos a\u00f1os \u00ab<em>el principal deffendedor<\/em>\u00bb de la causa oriolana; que no hab\u00eda tenido ning\u00fan reparo en protestar contra la labor de los obispos de Tagaste y Fez, que le hab\u00edan precedido en \u00ab<em>la misma administra\u00e7ion<\/em>\u00bb; que pod\u00eda ser conceptuado como una \u00ab<em>persona escandalosa<\/em>\u00bb, ya que con anterioridad ya hab\u00eda dado \u00ab<em>ocassion de conmover la ciudad<\/em>\u00bb varias veces; y que, por tal motivo, tem\u00edan que causase nuevos esc\u00e1ndalos durante el tiempo que tuviese el poder vicarial. Les advirtieron que era posible que los murcianos tratasen de aprovechar el enfrentamiento que mantuvo con el can\u00f3nigo Jaime G\u00f3mez para demandar al cap\u00edtulo del Salvador ante el Consejo de Arag\u00f3n argumentando que le hab\u00eda impedido a Soler el ejercicio de la labor pontifical, a fin de obtener \u00ab<em>alguna regurosa provision<\/em>\u00bb contra dicha instituci\u00f3n. Les remarcaron que no le hab\u00edan perturbado de ninguna manera la citada administraci\u00f3n, y que \u00fanicamente le hab\u00edan interpuesto una protesta, en defensa de los derechos episcopales oriolanos, recomend\u00e1ndole que renunciase al nombramiento. Y, por \u00faltimo, les suplicaron que antes de que el Consejo decretase alguna medida en detrimento de Orihuela, interviniesen para que el se\u00f1alado organismo no diera \u00ab<em>las horejas a sinistras informaciones<\/em>\u00bb e impidiera que, estando ausente el emperador, se despachasen provisiones que pudiesen afectar a la decisi\u00f3n del Pleito. Y en el caso de que el Consejo s\u00ed quisiese mediar en el asunto, les rogaron que procurasen que los doctores les diesen, al menos, la oportunidad de exponer sus alegaciones y que emprendiesen una investigaci\u00f3n <em>in situ<\/em> para comprobar la falta de veracidad de las acusaciones murcianas.<\/p>\n<p>Y en este mismo sentido, a Jer\u00f3nimo de Urries y al se\u00f1or de Granvelle, les dieron similares explicaciones, les rogaron que les excusasen ante Su Majestad por no haber firmado el compromiso, y les suplicaron que no consintiesen ninguna acci\u00f3n de sus adversarios que les pudiese resultar perjudicial.<\/p>\n<p>Algo m\u00e1s tranquilas debieron de quedarse las autoridades oriolanas tras poner en marcha las aludidas medidas preservativas. No obstante, como veremos a continuaci\u00f3n, no tuvieron casi ninguna utilidad.<\/p>\n<p>Por una parte, el intento de los ediles de contactar en Valencia con Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa fue vano ya que el referido ciudadano se march\u00f3 de la capital del Reino poco antes de que llegase su carta. Por consiguiente, ni el duque de Calabria lleg\u00f3 a tener noticia alguna de los hechos, ni el duque de Gand\u00eda pudo avisar a su hijo para que les ayudase en el hipot\u00e9tico caso de que el asunto fuese abocado a la justicia pontificia<sup>174<\/sup>.<\/p>\n<p>Y por otra, los murcianos se les adelantaron, ya que el \u00faltimo de enero o los primeros d\u00edas de febrero hicieron ir a Madrid, con toda urgencia, al experimentado maestro Juan de Arrieta, con la doble idea de demandar ante el Consejo de Arag\u00f3n a las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela por rebeli\u00f3n contra los mandatos reales y apost\u00f3licos; y de hacer llegar tal acusaci\u00f3n al emperador.<\/p>\n<p>Por ello, en aquellos momentos poco les iba a importar conocer que en la cercana Cartagena estuviesen tramando contra ellos. El 2 de febrero, las autoridades de dicha ciudad consideraron que hab\u00eda llegado la hora de reclamar la capitalidad de la sede episcopal, perdida -como expusimos- a finales del siglo XIII, y, por medio de un s\u00edndico llamado Tom\u00e1s Ossete, solicitaron ayuda a las autoridades de la poblaci\u00f3n de la Vega Baja del Segura, en particular, que buscasen en los archivos de la Catedral documentos que les pudiesen servir para sus reivindicaciones. Los ediles oriolanos recibieron con \u00ab<em>goso y consola\u00e7ion, que por carta explicar no se puede<\/em>\u00bb la nueva cartagenera. Y tres d\u00edas despu\u00e9s, el 5 de febrero, tras se\u00f1alar \u00ab<em>la muy antigua amistad y confedera\u00e7ion que entre estas dos \u00e7iudades y sus moradores siempre ha huvido<\/em>\u00bb, les ofrecieron su apoyo incondicional, \u00ab<em>como si la silla fuesse nuestra propia<\/em>\u00bb, para que prosiguiesen \u00ab<em>tan justa y honrosa empresa<\/em>\u00bb. Y les animaron mostr\u00e1ndoles su parecer de que \u00ab<em>todo el mundo<\/em>\u00bb conoc\u00eda \u00ab<em>con quanto derecho<\/em>\u00bb pod\u00edan reclamar, as\u00ed como \u00ab<em>el provecho y honra<\/em>\u00bb que lograr\u00edan \u00ab<em>en aconseguillo<\/em>\u00bb. Es casi obvio se\u00f1alar que por encima de toda esta palabrer\u00eda, y de la solidaridad demostrada, los oficiales oriolanos ofrecieron a sus colegas cartageneros su ayuda porque los planes de la ciudad amiga, de tomar auge, pod\u00edan suponer un nuevo frente de lucha para los murcianos, junto al Pleito del Obispado y a las continuas disputas con las \u00d3rdenes Militares<sup>175<\/sup>.<\/p>\n<p>Por aquellas fechas, las autoridades oriolanas conocieron dos noticias preocupantes. <em>Ex una<\/em>, que D. Luis de Soler hab\u00eda propalado un mal\u00e9volo bulo, esto es, que hab\u00eda sido apedreado en Orihuela, mientras impart\u00eda el sacramento de la confirmaci\u00f3n; lo que ven\u00eda a significar que le hab\u00edan perturbado violentamente el ejercicio de su poder vicarial. Y <em>ex alia<\/em>, que el duque de Calabria no ten\u00eda ninguna noticia de lo acontecido con el sacrist\u00e1n ya que justo el d\u00eda que lleg\u00f3 a la ciudad del Turia la carta para Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa, \u00e9ste acababa de marcharse de ella.<\/p>\n<p>Dada la trascendencia de las novedades, los ediles oriolanos comenzaron a inquietarse al valorar la posibilidad de que los murcianos acudiesen al virrey con \u00ab<em>sinistres informa\u00e7ions<\/em>\u00bb y lograsen que accediera a personarse en la ciudad del Bajo Segura para reprimir la supuesta rebeli\u00f3n, \u00ab<em>segons feu lo any DXXXII, que per no res vengue yns causa moltes despeses<\/em>\u00bb. Por ello, el 7 de febrero, decidieron escribir de nuevo a Valencia, al notario Guillem Joan Pascual, con la intenci\u00f3n de que pusiese al corriente de los \u00faltimos acontecimientos al citado lugarteniente general del Reino. En la misiva, le pidieron que, en primer lugar, le explicase al representante real por qu\u00e9 no hab\u00edan querido firmar el segundo compromiso. A continuaci\u00f3n, hab\u00eda de referirle el nombramiento de Soler, incidiendo en el hecho que su provisi\u00f3n les perjudicaba \u00ab<em>molt mes que si altri vengues<\/em>\u00bb por su doble condici\u00f3n de natural y capitular. Despu\u00e9s, le ten\u00eda que relatar los sucesos acaecidos a ra\u00edz del intento de ejecuci\u00f3n de la comisi\u00f3n expedida por el provisor de Cartagena. Tras ello, le deb\u00eda comentar las falsas informaciones que se hab\u00edan difundido sobre el aludido apedreamiento, precisando que eran mentira, sobre todo, porque el obispo de Bel\u00e9n jam\u00e1s se hab\u00eda puesto a confirmar en la ciudad del Bajo Segura. Reafirmando tal comentario, le hab\u00eda de se\u00f1alar que no quer\u00edan perturbarle en el ejercicio de los actos pontificales, sino s\u00f3lo protestarle en salvaguarda de sus derechos. Y, por \u00faltimo, Pascual le hab\u00eda de decir al duque que si quer\u00eda conocer m\u00e1s detalles acerca de la cuesti\u00f3n, en lugar de hacer caso a las aseveraciones murcianas, abriese una investigaci\u00f3n, con declaraciones de testigos; y que entretanto volv\u00eda Su Majestad a sus reinos de Espa\u00f1a, no promulgase innovaci\u00f3n alguna<sup>176<\/sup>.<\/p>\n<p>Y mientras la atenci\u00f3n oriolana se dirig\u00eda hacia Valencia, los sucesos realmente importantes estaban teniendo lugar en Madrid. Tras su llegada a la corte, y ante la ausencia del inquisidor general -el principal valedor de la causa cartaginense-, el maestro Arrieta contact\u00f3 con el vicecanciller May, con la intenci\u00f3n de ganar su apoyo para que facilitase sus gestiones ante el Consejo de Arag\u00f3n. A tal efecto, le entreg\u00f3 sendas cartas firmadas por el cabildo de Cartagena y los oficiales municipales de Murcia. En ellas, las autoridades le explicaban que los oriolanos hab\u00edan intimidado tanto al obispo de Bel\u00e9n para que no ejerciese su labor pontifical, que \u00e9ste se hab\u00eda visto forzado a \u00ab<em>salirse de la ciudad, temiendo no pusiessen las manos en su persona<\/em>\u00bb. Asimismo, le comentaban un hecho que le iba a costar creer -sobre todo, porque muy probablemente fuese falso-: que \u00ab<em>cierta persona de los del Consejo de Aragon<\/em>\u00bb -haciendo referencia al doctor Jer\u00f3nimo Soriano- les hab\u00eda recomendado a los oriolanos \u00ab<em>que hiziessen la dicha resistencia y movimiento porque por esta via harian mejor lo que cumple a su \u00e7iudad<\/em>\u00bb. Y, por \u00faltimo, apelando a los favores que en la d\u00e9cada de los &#8217;20 hab\u00eda prestado a la parte cartaginense, siendo embajador en Roma, le suplicaban que hiciese lo conveniente para que \u00ab<em>tan gran delicto como los de Orihuela han commettido sea castigado con brevedad y esta iglesia y ciudad sea defendida y amparada en su antigua possession y justi\u00e7ia<\/em>\u00bb<sup>177<\/sup>. Ambas misivas, el poder de convicci\u00f3n de Arrieta y los antecedentes de Orihuela hicieron dudar a micer May, por lo que decidi\u00f3 no oponerse de momento a los planteamientos cartaginenses.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, el 12 de febrero, Juan de Arrieta compareci\u00f3 ante los doctores del Consejo de Arag\u00f3n y con gran oficio les expuso \u00ab<em>los scandalos y delictos y levantamientos<\/em>\u00bb que los habitantes de la ciudad del Bajo Segura hab\u00edan protagonizado porque el obispo de Bel\u00e9n, como \u00ab<em>juez commissario del obispado de Cartagena<\/em>\u00bb, hab\u00eda tratado de \u00ab<em>usar de los auctos pontificales y episcopales<\/em>\u00bb. A continuaci\u00f3n, present\u00f3 como prueba fundamental una carta del propio Luis de Soler, en la que relataba lo sucedido. Contaba que \u00ab<em>queriendo confirmar en la dicha \u00e7iudad, el justi\u00e7ia y los jurados della, con algunos clerigos y otra mucha gente del pueblo, con grande alboroto y escandalo, fueron al dicho obispo e impidieronle el exer\u00e7itio dello, diziendo que lo echarian en el rio si lo hazia, ny en la dicha \u00e7iudad, ny en otro lugar de su comarca<\/em>\u00bb; que le forzaron a hacer \u00ab<em>un rocadero de la commission y poder que trahia del dicho Reverendissimo Cardenal, obispo de Cartagena<\/em>\u00bb; que le profirieron \u00ab<em>otras muchas injurias e palabras feas en opprobrio y offensa de la dignidad pontifical y desacato y vilipendio de los mandamientos de Su Magestad<\/em>\u00bb; y que, por todo ello, temiendo por su vida, tuvo que salir de Orihuela. Acto seguido, present\u00f3 dos instrumentos de protesta de la ciudad de Murcia y del cap\u00edtulo de Cartagena, firmados el 29 y el 31 de enero respectivamente, que coincid\u00edan en resaltar que la conducta de los habitantes de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura hab\u00eda constituido una \u00ab<em>offensa y menosprecio de los mandamientos de Vuestra Alteza y de la dignidad pontifical<\/em>\u00bb, y que hab\u00eda causado un \u00ab<em>gran perjuizio y danyo del derecho y possession de aquesta iglesia<\/em>\u00bb. Despu\u00e9s, mostr\u00f3 uno de los infamadores carteles que aparecieron colocados en diversos lugares de la ciudad de Orihuela la ma\u00f1ana del 25 de enero. Y concluy\u00f3 su intervenci\u00f3n suplicando que fuesen castigados todos cuantos perpetraron las referidas \u00ab<em>injurias y offensas<\/em>\u00bb contra el vicario general de Orihuela, de modo que pudiese, por fin, ejercer su oficio pontifical libre y pac\u00edficamente, en nombre del obispo de Cartagena<sup>178<\/sup>.<\/p>\n<p>El dictamen del Consejo fue r\u00e1pido y contundente. El d\u00eda siguiente, 13 de febrero, los doctores expidieron una \u00ab<em>provissio rigurosa<\/em>\u00bb en la que le rogaban al duque de Calabria que se encargase personalmente de la represi\u00f3n de los rebeldes<sup>179<\/sup>.<\/p>\n<p>Entretanto, en Orihuela, las autoridades terminaron sin mucho \u00e9xito la b\u00fasqueda de documentaci\u00f3n para sus colegas cartageneros. Y aunque no hallaron pr\u00e1cticamente nada que pudiera serles de inter\u00e9s, el mismo d\u00eda 13 les redactaron un memorial con diferentes autos e instrumentos, y les escribieron una misiva en la que les pidieron que se sirviesen de su ayuda \u00ab<em>como de sus mesmos \u00e7iudadanos<\/em>\u00bb, y les rogaron que les tuviesen al tanto de los progresos de las gestiones<sup>180<\/sup>.<\/p>\n<p>En la corte, Jer\u00f3nimo Soriano estuvo durante estos d\u00edas bastante ocupado. No s\u00f3lo tuvo que hacer frente al bulo de que hab\u00eda recomendado a los oriolanos que se negasen a aceptar la autoridad vicarial del obispo de Bel\u00e9n, sino tambi\u00e9n al hecho de que pusieran en su boca afirmaciones descabelladas como la siguiente: \u00ab<em>quantos mas escandalos y novedades oviere, mas ne\u00e7esidad terna Su Magestad de proveer en lo del obispado y en la discordia de hesas dos \u00e7iudades<\/em>\u00bb. Finalmente, el cr\u00e9dito ganado a lo largo de tantos a\u00f1os de ejercicio de la abogac\u00eda pudo con las habladur\u00edas, y las calumnias no tuvieron mucho eco. Y teniendo en cuenta sabiamente que \u00ab<em>la mentira no tiene fuer\u00e7a<\/em>\u00bb, pese a las dudas generadas en torno a su capacidad, su moral y su \u00e9tica, el doctor decidi\u00f3 quedarse en Madrid<sup>181<\/sup>.<\/p>\n<p>As\u00ed, poco antes de que el Consejo de Arag\u00f3n despachase la \u00ab<em>provissio rigurosa<\/em>\u00bb recibi\u00f3 el pliego enviado por las autoridades oriolanas el 29 de enero anterior. Dada la urgencia del caso, trat\u00f3 de distribuirlas con toda presteza entre sus destinatarios. No obstante, no pudo hacerlo hasta que termin\u00f3 la sesi\u00f3n en la que se expidi\u00f3 la referida comisi\u00f3n al duque de Calabria. Entonces, el vicecanciller May, el doctor Costa y el secretario Urries<sup>182<\/sup> pudieron leer que las informaciones murcianas eran falsas, que los oriolanos no se hab\u00edan rebelado contra la autoridad del obispo de Cartagena, que s\u00f3lo hab\u00edan protestado en defensa de sus derechos episcopales. Pero, teniendo a\u00fan en mente la brillante actuaci\u00f3n del maestro Arrieta, no llegaron a creer por completo la versi\u00f3n de las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad del Bajo Segura.<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, no dudaron en ayudar ese mismo viernes 13 al doctor Soriano cuando \u00e9ste recurri\u00f3 contra la provisi\u00f3n despachada por el Consejo de Arag\u00f3n en favor del bando cartaginense. Siguiendo las instrucciones de los mandatarios oriolanos y del can\u00f3nigo Mart\u00ednez, el abogado compareci\u00f3 ante el referido organismo, explic\u00f3 cuanto hab\u00eda sucedido con el obispo de Bel\u00e9n, y present\u00f3 como prueba \u00ab<em>el protesto<\/em>\u00bb. Ante las dudas suscitadas se suspendi\u00f3 cautelarmente la ejecuci\u00f3n de la provisi\u00f3n \u00ab<em>rigurosa<\/em>\u00bb, y algunos se\u00f1ores del Consejo de Castilla acordaron con el vicecanciller May y los doctores del de Arag\u00f3n reunirse el d\u00eda siguiente con Soriano y Arrieta, bajo la supervisi\u00f3n del comendador mayor de Le\u00f3n -Cobos-. Y efectivamente, el s\u00e1bado 14 de febrero se produjo tal reuni\u00f3n. Tanto el abogado como el te\u00f3logo presentaron sus respectivas alegaciones a los doctores May, Costa, Pastor, y Guevara, quien se encarg\u00f3 de apoyar las tesis murcianas. Tras procederse a la lectura de todos los documentos presentados por Soriano, los consejeros le reclamaron pruebas documentales a Arrieta, pero \u00e9ste no pudo mostrar \u00ab<em>actes de llur informa\u00e7io<\/em>\u00bb, por lo que optaron por anular definitivamente la primera provisi\u00f3n, y aceptando las s\u00faplicas del representante oriolano, despacharon una segunda comisi\u00f3n, dirigida igualmente al duque de Calabria, encarg\u00e1ndole que ordenase una investigaci\u00f3n <em>in situ<\/em> de los acontecimientos. Y a fin de que tuviese una base informativa de la cual partir, le enviaron, junto a la provisi\u00f3n, toda la documentaci\u00f3n que hab\u00eda generado el caso<sup>183<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la consecuci\u00f3n de tan provechoso logro, Soriano les pidi\u00f3 a May y a Urries sus respuestas a las cartas del 29 de enero.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s, el martes 17, el vicecanciller le entreg\u00f3 su escrito. En \u00e9l, am\u00e9n de informar sobre la obtenci\u00f3n de la segunda comisi\u00f3n al virrey, critic\u00f3 a las autoridades oriolanas por el hecho de que hubiesen dado pie o permitido que se produjese un \u00ab<em>desconcert<\/em>\u00bb tan grande. Les mostr\u00f3 impl\u00edcitamente que no ten\u00eda muy claro que las alegaciones oriolanas fuesen ver\u00eddicas. Les indic\u00f3 que, por encima de tan importante detalle, segu\u00edan siendo culpables para los que, como \u00e9l, les deseaban \u00ab<em>repos y honra<\/em>\u00bb. Utilizando un refr\u00e1n aragon\u00e9s -\u00ab<em>despues del mal recaudo hecho no hay otro remedio sino ruego y pecho<\/em>\u00bb-, les aconsej\u00f3 que remediasen la situaci\u00f3n cuanto antes y de un modo responsable, y que, adem\u00e1s, se esforzasen por aplacar \u00ab<em>el desdeny<\/em>\u00bb que podr\u00eda causar al emperador el hecho m\u00e1s que probable de que los murcianos informasen del asunto a Carlos I, pues \u00e9se era el \u00ab<em>vertader cami de guanyar la voluntat de Sa Majestat<\/em>\u00bb. Y por \u00faltimo, pese a todas las circunstancias, se les ofreci\u00f3 como \u00ab<em>un bon amich, en tot lo que bonament<\/em>\u00bb pudiese servirles<sup>184<\/sup>.<\/p>\n<p>Por su parte, el aludido se\u00f1or de Ayerve le entreg\u00f3 su misiva el d\u00eda siguiente, 18 de febrero, junto con toda la documentaci\u00f3n que el maestro Arrieta hab\u00eda presentado ante el Consejo de Arag\u00f3n. Por el contenido de la carta podemos observar que al igual que May o los dem\u00e1s miembros del Consejo de Arag\u00f3n, tampoco ten\u00eda una visi\u00f3n de los acontecimientos muy ajustada a la realidad. Seg\u00fan manifestaba, los conoc\u00eda gracias a los escritos de las autoridades oriolanas y, sobre todo, \u00ab<em>mas enteramente, por lo que la yglesia de Cartagena y ciudad de Murcia, y otras personas han scrito con grandes quexas y clamores, agravando el caso<\/em>\u00bb. Por tanto, hab\u00eda de estar m\u00e1s cerca de creer la versi\u00f3n murciana. De cualquier forma, como aliado de la causa de la ciudad del Bajo Segura, les indic\u00f3 que intervino en la vista del asunto, y que \u00ab<em>con acuerdo de los Consejos de Castilla y de Aragon<\/em>\u00bb, se hab\u00eda remitido al duque de Calabria. Y tras ofrecerles tan buena nueva, pas\u00f3 a criticarles que hubiesen permitido que se produjese el incidente \u00ab<em>en ausencia de Su Majestad destos Reynos<\/em>\u00bb, ya que en tales casos \u00ab<em>el pecado venial se reputa por mortal<\/em>\u00bb. Y abundando en ello, les coment\u00f3 que no pod\u00edan haber hecho \u00ab<em>cosa mas en favor y provecho<\/em>\u00bb de sus adversarios, \u00ab<em>y ayudando tan mal<\/em>\u00bb a su parte. Y, finalmente, tras referirles que poco pod\u00edan hacer en la corte \u00ab<em>los que dessean vuestro remedio<\/em>\u00bb, les recomend\u00f3 que \u00ab<em>con sola obediencia<\/em>\u00bb tratasen de \u00ab<em>aplacar el animo de Su Magestad y de sus Consejos para que algun dia tengan voluntad de hazer algo en honra y beneficio dessa ciudad e yglesia<\/em>\u00bb<sup>185<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras recibir estas dos cartas de May y Urries, ese mismo d\u00eda 18 de febrero el doctor Soriano les escribi\u00f3 a los mandatarios oriolanos su propio escrito. En \u00e9l, les pidi\u00f3 perd\u00f3n por \u00ab<em>la prolixidad, porque la materia lo requiere<\/em>\u00bb. Y ciertamente ten\u00eda el abogado cosas que contarles a sus representados. En primer lugar, les inform\u00f3 que cuando recibi\u00f3 la documentaci\u00f3n procedente de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura, hac\u00eda ya \u00ab<em>cinco o seis dias que estava la mar muy alta por las cartas y quexas que avian venido de Murcia<\/em>\u00bb, y que el maestro Arrieta estaba a punto de conseguir la provisi\u00f3n punitiva argumentando que \u00ab<em>huvo escandalo y alboroto con armas, y ynjurias e otras cosas graves y escandalosas<\/em>\u00bb. Les comunic\u00f3 que tuvo que iniciar las diligencias justo tras la firma de dicha comisi\u00f3n; y que las gestiones culminaron poco despu\u00e9s, de un modo favorable, con la expedici\u00f3n de un segundo despacho al virrey, \u00e9ste de car\u00e1cter pesquisidor.<\/p>\n<p>Tras estos datos principales, pas\u00f3 a comentarles la cuesti\u00f3n de las calumnias que hab\u00eda tenido que sufrir. Les refiri\u00f3 que le hab\u00edan causado un profund\u00edsimo pesar, pues siempre se hab\u00eda jactado de dar \u00ab<em>consejos de paz y de obediencia<\/em>\u00bb, \u00ab<em>con mucho tiento y con mucho acatamiento<\/em>\u00bb. Les rog\u00f3 que le enviasen copias aut\u00e9nticas de todas las cartas que les hab\u00eda mandado, con el fin de poder demostrar su \u00ab<em>linpieza<\/em>\u00bb y su \u00ab<em>buena yntin\u00e7ion<\/em>\u00bb siempre que le fuese necesario. Y les suplic\u00f3 que intentasen descubrir qui\u00e9n o qui\u00e9nes hab\u00edan sido sus difamadores.<\/p>\n<p>Y en relaci\u00f3n con el asunto del obispo de Bel\u00e9n y con el Pleito del Obispado, en general, les hizo algunas censuras al tiempo que les ofreci\u00f3 un buen compendio de recomendaciones.<\/p>\n<p>En el orden de las cr\u00edticas, les expuso que le parec\u00eda \u00ab<em>muy mal<\/em>\u00bb que \u00ab<em>en absen\u00e7ia de Su Magestad<\/em>\u00bb, y estando en la coyuntura en que se hallaba la causa episcopal, se diese \u00ab<em>ninguna ocasion a escandalos y novedades<\/em>\u00bb. Y les censur\u00f3 que le hubiesen remitido un asunto tan importante, en lugar de enviar \u00ab<em>mensajeros propios y gente honrrada<\/em>\u00bb, pues siendo los adversarios \u00ab<em>mayores y mas poderosos, tanto a de ser mayor el seso y la tenplan\u00e7a<\/em>\u00bb. Y en relaci\u00f3n con el Pleito, les indic\u00f3 que le parec\u00eda \u00ab<em>mucho desacato<\/em>\u00bb que no hubiesen vuelto a mandar a sus s\u00edndicos para firmar el segundo compromiso de concordia con los cartaginenses, sobre todo, cuando \u00ab<em>qualquier cossa que aca se tratase y examinase, avia de ser remitida a Su Magestad<\/em>\u00bb, y el emperador hab\u00eda prometido proveer la lite \u00ab<em>de su real mano y con acuerdo de musiur de Granvela<\/em>\u00bb. E insistiendo en esta cuesti\u00f3n, les refiri\u00f3 que sab\u00eda a ciencia cierta que Cobos deseaba \u00ab<em>mas la paz y la justi\u00e7ia que nadie<\/em>\u00bb, y que May y los dem\u00e1s doctores del Consejo de Arag\u00f3n no permitir\u00edan que les fuese causado ning\u00fan agravio. Y, por \u00faltimo, les dijo que \u00ab<em>dexar correr el tienpo sin dar razon ninguna<\/em>\u00bb era \u00ab<em>grave cosa<\/em>\u00bb, que no hac\u00edan lo que deb\u00edan, y que hab\u00edan de cambiar de conducta.<\/p>\n<p>Junto a estas cr\u00edticas, Soriano les envi\u00f3 tambi\u00e9n una serie de recomendaciones. En relaci\u00f3n con el delicado asunto del obispo de Bel\u00e9n, el abogado pensaba que hasta que el rey decretase la soluci\u00f3n definitiva del Pleito del Obispado, hab\u00edan de aceptar la autoridad del cabildo cartaginense, por lo que su oposici\u00f3n al ejercicio pontifical del sacrist\u00e1n del Salvador supon\u00eda \u00ab<em>claramente desacatar y desobedecer y despojar como a respecto de Su Magestad y de la paz y sosiego de sus Reynos en su absen\u00e7ia<\/em>\u00bb, lo que era a\u00fan peor. Por ello, les dio diversos consejos:<\/p>\n<p>+Que \u00ab<em>mirasen en no menospre\u00e7iar las excomuniones y \u00e7ensuras del provisor de Murcia, ni ynovar cosa alguna contra la obedien\u00e7ia de su prelado<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>+Que tuviesen \u00ab<em>muy gran tenplan\u00e7a y cortesia en el tratar, res\u00e7ibir y onrrar al obispo, y en prender y castigar a los alborotadores y ynjuriadores, y en hazerle llana su residen\u00e7ia y administra\u00e7ion para que hiziese sus actos pontificales y juridi\u00e7ionales conforme a derecho<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>+Que \u00ab<em>abastava con un procurador de la \u00e7iudad y otro del cabildo, o uno por todos<\/em> [para] <em>hazerle qualquier requirimiento, protesta\u00e7ion o apela\u00e7ion que quisiessen<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Y una recomendaci\u00f3n principal: \u00ab<em>que se armen con la verdad; y si ay culpa, hagan la enmienda y se pa\u00e7ifiquen con sus contrarios, y que no sea peor la ostina\u00e7ion que el e\u00e7eso; y si no tienen culpa, que enbien persona o personas que ynformen de la verdad y hagan vi\u00e7iosa la rela\u00e7ion de sus contrarios, y procuren ganar credito, que le pierden mucho con estas novedades, y quescrivan y probean luego para Su Magestad porque yo<\/em> [soy] <em>fiador que de aca no se dexe de escrivir, y que no den cabsa a que se diga que de esa \u00e7iudad comen\u00e7o ningun bulli\u00e7io ni altera\u00e7ion que es muy mal renonbre<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Y respecto al propio Pleito del Obispado, les aconsej\u00f3 que, dadas las circunstancias explicadas, enviasen los poderes arreglados para firmar el compromiso propuesto por Carlos I, a fin de que pudiesen ser solucionadas las discordias de un modo inminente.<\/p>\n<p>Y se despidi\u00f3 dici\u00e9ndoles que si demostraban la falsedad de las acusaciones, conseguir\u00edan desprestigiar a los murcianos, que de \u00ab<em>una mosca hazen un elefante<\/em>\u00bb, y que se alegrar\u00eda \u00ab<em>ynfinito que vuestras mer\u00e7edes y todos estuviesen syn culpa<\/em>\u00bb<sup>186<\/sup>.<\/p>\n<p>Soriano form\u00f3 un pliego con su escrito, las misivas de May y Urries, y la documentaci\u00f3n presentada por los murcianos ante el Consejo de Arag\u00f3n -a excepci\u00f3n de la carta de Soler-, y lo remiti\u00f3 a Orihuela.<\/p>\n<p>Mientras su portador iba de camino, hacia el 18 o el 19 de febrero arrib\u00f3 a la ciudad del Bajo Segura otro correo que hab\u00eda partido de la corte poco despu\u00e9s de hacerse p\u00fablica la expedici\u00f3n de la primera provisi\u00f3n para el duque de Calabria. Nada m\u00e1s llegar, busc\u00f3 a las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas y les comunic\u00f3 la desastrosa noticia. \u00c9stas reaccionaron de inmediato y, teniendo de nuevo presente la intervenci\u00f3n de 1532, pensaron que la mejor manera de refrenar al virrey era mostrarle una informaci\u00f3n de testigos presenciales que diese fe de la falsedad de las acusaciones murcianas. Por ello, le solicitaron al gobernador Maza que supervisase su recepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una vez la tuvieron en sus manos, lo cual debi\u00f3 producirse el 20 de febrero, decidieron escribir a D. Pedro de Rocafull -uno de los principales caballeros de la ciudad-, que se hallaba en Valencia, a fin de que compareciese con el s\u00edndico Guillem Joan Pascual ante el lugarteniente general del Reino. Junto con el conveniente instrumento de instrucciones, le enviaron la protesta presentada a Soler el 24 de enero, el compendio de testimonios, y cartas credenciales para los doctores Ros y Ubach, de la Real Audiencia, y para el propio duque de Calabria<sup>187<\/sup>.<\/p>\n<p>Siguiendo las indicaciones de los mandatarios oriolanos y los consejos que hab\u00edan de pedir al doctor Filibert, en su comparecencia ante el virrey, Rocafull y Pascual deb\u00edan desmentir los rumores propalados por los murcianos de que en la ciudad del Bajo Segura hab\u00edan querido matar al obispo de Bel\u00e9n, tir\u00e1ndolo al r\u00edo o a pedradas, al tratar de ejercer la administraci\u00f3n pontifical. Hab\u00edan de presentarle todas las pruebas que la parte oriolana ten\u00eda disponibles para demostrar que \u00fanicamente le hab\u00edan protestado, en defensa y conservaci\u00f3n de sus derechos episcopales, \u00ab<em>segons se feya en temps dels bisbes de Tagaste y de Fez<\/em>\u00bb, y que de ninguna manera le hab\u00edan impedido ni perturbado en el uso de su comisi\u00f3n cartaginense. Adem\u00e1s, le hab\u00edan de indicar que no hab\u00eda comenzado a ejercer dicho oficio por \u00a1puros remordimientos!, esto es, \u00ab<em>perque li paria que no feya lo que devia, per esser fill de la terra y segona dignitat en lo capitol<\/em>\u00bb. Previendo que pudiesen acusar al cap\u00edtulo del Salvador o a la ciudad por el encontronazo que tuvo el sacrist\u00e1n con el can\u00f3nigo G\u00f3mez, le hab\u00edan de comentar que \u00ab<em>si ell, en la sglesia, ses barallat ab algun capella, no es ara de nou, que coses son que passan entre persones religioses, e que de a\u00e7o no sen ha de dar culpa a la \u00e7iutat ni capitol<\/em>\u00bb. Y, por \u00faltimo, le ten\u00edan que suplicar que no iniciase ninguna acci\u00f3n que pudiese afectar al estado del Pleito hasta \u00ab<em>la benaventurada venguda de Sa Magestat<\/em>\u00bb, o, al menos, que no ejecutase la provisi\u00f3n punitiva sin escuchar las alegaciones oriolanas ni disponer previamente de plena informaci\u00f3n acerca del caso<sup>188<\/sup>.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s, Rocafull y Pascual comparecieron ante el m\u00e1ximo representante real en el Reino de Valencia y le presentaron las alegaciones y las s\u00faplicas oriolanas. Y tras escucharlas, el duque qued\u00f3 a la espera de la llegada de la comisi\u00f3n para desplazarse a Orihuela.<\/p>\n<p>Mientras tanto, los murcianos, conocedores de la expedici\u00f3n de la segunda provisi\u00f3n, trataron de conseguir que D. Fernando de Arag\u00f3n ejecutase la primera, pero todos sus esforzados intentos fueron vanos ya que el duque no lleg\u00f3 a recibirla<sup>189<\/sup>.<\/p>\n<p>Hacia el 25 o el 26 de febrero lleg\u00f3 a Orihuela el \u00faltimo pliego enviado desde la corte por el doctor Soriano. Por las cartas que conten\u00eda, las autoridades de la ciudad del Bajo Segura pudieron conocer realmente aliviadas que las gestiones del abogado, gracias a la ayuda del secretario Urries y del vicecanciller May, entre otros, hab\u00edan servido para que con el visto bueno de Francisco de los Cobos, los Consejos de Castilla y Arag\u00f3n acordaran la expedici\u00f3n de una segunda comisi\u00f3n, de car\u00e1cter informativo, para el duque de Calabria.<\/p>\n<p>Animados por esta noticia, decidieron enviar a la corte un nuevo paquete postal, con diferentes misivas, adjuntando varias copias de la informaci\u00f3n de testigos recopilada algunos d\u00edas atr\u00e1s. Tras tomar esta decisi\u00f3n, los d\u00edas 26 y 28 de febrero se dedicaron a redactar los diferentes escritos, siendo sus destinatarios Miguel May, Hugo de Urries, Francisco de los Cobos y el inquisidor mayor -en la corte-, y Jer\u00f3nimo de Urries, el duque de Alba, el se\u00f1or de Granvelle y el propio Carlos I -en Flandes-.<\/p>\n<p>Era la primera vez que se dirig\u00edan al emperador desde su salida de los reinos hispanos. Por ello, en primer lugar, se \u00abexcusaron\u00bb por no haber querido firmar el segundo compromiso concordatario; y lo hicieron de una manera poco acertada. Le refirieron al rey que puesto que hab\u00eda manifestado en repetidas ocasiones que su \u00ab<em>mente imperial<\/em>\u00bb era sentenciar la causa episcopal \u00ab<em>per ses sacres mans<\/em>\u00bb, no quisieron volver a firmar el compromiso hasta que retornase a sus reinos hispanos. Con dicha aseveraci\u00f3n, adem\u00e1s de desobedecer las indicaciones del monarca, pon\u00edan en duda sus palabras, ya que les hab\u00eda asegurado que, a pesar de su ausencia, la comisi\u00f3n encargada del estudio de la lite le enviar\u00eda su dictamen, y \u00e9l, dondequiera que estuviese, se encargar\u00eda de decidir personalmente la sentencia.<\/p>\n<p>Tras este poco acertado inicio, la carta prosegu\u00eda con una narraci\u00f3n sumaria de los acontecimientos relacionados con el nombramiento del obispo de Bel\u00e9n como vicario general de Orihuela por el provisor de Cartagena. Las autoridades de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura debieron suponer que el emperador ya ten\u00eda conocimiento de la versi\u00f3n oriolana, por relaci\u00f3n del se\u00f1or de Granvelle o de D. Jer\u00f3nimo de Urries, y obviaron los detalles para remarcar que tras la notificaci\u00f3n de la provisi\u00f3n por el sacrist\u00e1n Soler le presentaron una protesta para proteger sus derechos episcopales, de la misma manera que hicieron los a\u00f1os anteriores ante otros dos obispos de anillo que tuvieron la misma administraci\u00f3n, los de Tagaste y Fez; y que poco despu\u00e9s, \u00ab<em>usant de lo acostumat<\/em>\u00bb, esto es, propalando informaciones \u00ab<em>contra tota veritat<\/em>\u00bb, los murcianos hab\u00edan declarado ante el Consejo de Arag\u00f3n que el cap\u00edtulo del Salvador y la ciudad de Orihuela le hab\u00edan impedido al referido vicario su ejercicio pontifical. Le comentaron que para que pudiese comprobar que se trataba de un bulo, le enviaban la \u00ab<em>informa\u00e7io de testimonis<\/em>\u00bb que acababa de recibir d\u00edas atr\u00e1s el gobernador Maza. Y, por \u00faltimo, le pidieron que no creyese \u00ab<em>les sinistres informa\u00e7ions<\/em>\u00bb y que no decretase ninguna nueva orden hasta su vuelta a los reinos de Espa\u00f1a; y en el caso de que desease intervenir en el asunto, le rogaron que no proveyese mandato alguno contra ellos \u00ab<em>sens primerament haver veridica informa\u00e7io del cas<\/em>\u00bb, pues estaban convencidos de que tras una investigaci\u00f3n quedar\u00eda constancia \u00ab<em>de nostra igno\u00e7en\u00e7ia e de la calumnia de nostres adversaris<\/em>\u00bb<sup>190<\/sup>.<\/p>\n<p>Las cartas escritas al se\u00f1or de Granvelle, al duque de Alba y a D. Jer\u00f3nimo de Urries estaban enfocadas de acuerdo con las s\u00faplicas elevadas al emperador.<\/p>\n<p>Al borgo\u00f1\u00f3n le pidieron que trabajase para que Carlos I no diese \u00ab<em>credito a las palabras<\/em>\u00bb de los adversarios, especific\u00e1ndole que utilizase para ello el compendio de relaciones \u00ab<em>de personas no sospechosas<\/em>\u00bb que le remit\u00edan, porque, seg\u00fan manifestaban, estaban seguros de que as\u00ed saldr\u00eda a la luz \u00ab<em>la verdad porque sean castigados los que con mentiras offenden las horejas de Su Magestad<\/em>\u00bb<sup>191<\/sup>.<\/p>\n<p>Al duque de Alba, por su parte, de modo similar, le indicaron que los murcianos hab\u00edan querido \u00ab<em>indignar la mente de Su Magestad<\/em>\u00bb contra ellos quej\u00e1ndose ante el Consejo Real y ante el propio emperador de que en Orihuela hab\u00edan querido matar al obispo de Bel\u00e9n por tratar de ejercer el poder pontifical en nombre del provisor de Cartagena, lo que, seg\u00fan su parecer, era \u00ab<em>la mayor maldad del mundo<\/em>\u00bb. Y teniendo en consideraci\u00f3n que siempre hab\u00edan tenido al duque como a un \u00ab<em>singular reffugio en todas las ne\u00e7essidades<\/em>\u00bb, le suplicaron que interpusiese su influencia cabe Carlos I para que no creyese las palabras de los murcianos<sup>192<\/sup>.<\/p>\n<p>Y a Urries le suplicaron que les hiciese la \u00ab<em>senyalada merced<\/em>\u00bb de entregarles las cartas y las informaciones al se\u00f1or de Granvelle, al duque de Alba y al propio monarca<sup>193<\/sup>.<\/p>\n<p>Pasando a analizar las misivas que enviaron a la corte, como contenido gen\u00e9rico podemos destacar que se dedicaron a desmentir de nuevo las informaciones murcianas, y que anunciaron a los diferentes destinatarios el env\u00edo de la recepci\u00f3n de testimonios, a fin de que tuviesen datos fiables sobre el asunto hasta que les llegase la informaci\u00f3n de testigos que hab\u00eda de recopilar el duque de Calabria. Ah\u00ed se quedaban las misivas m\u00e1s oficiales, dirigidas al comendador de Le\u00f3n y al inquisidor mayor. Las mandadas al vicecanciller May, al secretario Urries y al doctor Soriano eran algo m\u00e1s personales. A May, por ejemplo, le comentaron que gracias a las cartas que les enviaron a mediados de febrero hab\u00edan visto la \u00ab<em>gran mali\u00e7ia<\/em>\u00bb de los adversarios, y que estaban \u00ab<em>espantats del gossar que han tengut de informar tan falsament a vostra senyoria y al Consell de Sa Magestat<\/em>\u00bb. A Urries, por su parte, tras hacerle menci\u00f3n de la \u00ab<em>malignidad<\/em>\u00bb y la \u00ab<em>iniquidad<\/em>\u00bb de los murcianos, le comunicaron que sus planes inmediatos radicaban en suplicarle al duque de Calabria que investigase el caso y castigase a los que hab\u00edan levantado el falso testimonio; y le pidieron el favor de que hiciese llegar las otras cartas a Flandes. Y, por \u00faltimo, al abogado Soriano, le pidieron excusas por las acusaciones vertidas contra \u00e9l por los murcianos, por defender a Orihuela: \u00ab<em>estamos muy espantados de la calumnia y maldad de nuestros adversarios, y lo que mas nos pesa es ver que han querido calumniar a vuestra merced, lo que es la mayor maldad del mundo, que ni aqua ses dicho ni aun pensado, ni nos convenia dezillo<\/em>\u00bb. En plan adulador, le explicaron que pensaban que les hab\u00eda movido a difundir las injurias el hecho de \u00ab<em>ver quan bien vuestra merced nos ha deffendido<\/em>\u00bb, y que con ello trataban de conseguir que \u00ab<em>no aya quien nos deffienda<\/em>\u00bb. Le anunciaron el env\u00edo de trasuntos de todos sus escritos. Y le pidieron que repartiese las cartas entre sus destinatarios<sup>194<\/sup>.<\/p>\n<p>Una vez las autoridades oriolanas terminaron de redactar los escritos, el mismo 28 de febrero, se los entregaron al correo Juan Sans, y \u00e9ste parti\u00f3 en direcci\u00f3n a Madrid<sup>195<\/sup>.<\/p>\n<p>Durante los d\u00edas siguientes, los referidos mandatarios se enteraron de que el virrey acababa de recibir la provisi\u00f3n pesquisidora, y temiendo que su visita pudiese suscitar alg\u00fan esc\u00e1ndalo o ser causa de \u00ab<em>alguna infamia<\/em>\u00bb para la ciudad, le encargaron a Guillem Joan Pascual que le suplicara que enviase a alg\u00fan comisionado a recibir la \u00ab<em>veridica informa\u00e7io del cas<\/em>\u00bb, con la excusa de que as\u00ed se evitar\u00eda \u00ab<em>lo treball<\/em>\u00bb del viaje. D. Fernando de Arag\u00f3n desoy\u00f3 las s\u00faplicas, y le anunci\u00f3 al s\u00edndico oriolano que en pocos d\u00edas se personar\u00eda en la referida poblaci\u00f3n del Bajo Segura para hacer efectiva la provisi\u00f3n<sup>196<\/sup>.<\/p>\n<p>Dicha contestaci\u00f3n dio motivo a las referidas autoridades para preparar las instancias que habr\u00edan de presentarle al duque. Por ello, am\u00e9n de redactar sendas s\u00faplicas, el 3 de marzo el cap\u00edtulo del Salvador y los mun\u00edcipes decidieron nombrar procuradores a los notarios Juan Portogu\u00e9s y Juan L\u00f3pez de Tuesta, para que se ocupasen de hacerle llegar al lugarteniente general sus alegaciones y requerimientos<sup>197<\/sup>.<\/p>\n<p>Y poco tiempo despu\u00e9s, hacia el 4, el 5 o el 6 de marzo -no podemos precisar m\u00e1s la fecha-, el virrey hizo su entrada en Orihuela. Y antes de comenzar la vista del caso, convoc\u00f3 a los murcianos para que acudiesen a su presencia, a presentar y argumentar sus acusaciones.<\/p>\n<p>Mientras tanto, el 6 de marzo lleg\u00f3 el correo Juan Sans a Madrid, y le entreg\u00f3 el pliego que portaba al abogado Soriano. \u00c9ste, sumamente contento por haber recibido los traslados de sus escritos, distribuy\u00f3 las cartas a sus destinatarios, entreg\u00e1ndole adem\u00e1s al secretario Urries las que hab\u00eda de remitir a Flandes. Despu\u00e9s se reuni\u00f3 con este \u00faltimo, y ambos revisaron el contenido de la informaci\u00f3n de testigos recibida ante el gobernador <em>ultra Sexonam<\/em>, convenci\u00e9ndose, por fin, de la inocencia de Orihuela. Sin perder el tiempo fueron a mostr\u00e1rsela al vicecanciller May y a los se\u00f1ores del Consejo de Arag\u00f3n, y les hicieron ver que las reclamaciones murcianas hab\u00edan sido falsas y ciertamente siniestras. Entonces los doctores del citado organismo les ense\u00f1aron el revelador instrumento al cardenal inquisidor mayor y a los miembros del Consejo de Castilla. No obstante, para no originar un conflicto con ellos, decidieron no variar la orden inicial y dejar que el duque de Calabria ejecutase la provisi\u00f3n pesquisidora con la intenci\u00f3n de que su compendio de testimonios sirviese para confirmar que quienes hab\u00edan de ser castigados eran los difusores de los infundios.<\/p>\n<p>Satisfechos por los resultados de sus r\u00e1pidas diligencias, tanto Urries como Soriano escribieron a las autoridades oriolanas sendos comunicados y el 10 de marzo los enviaron a la ciudad del Bajo Segura. En ellos, ambos se\u00f1alaron la enorme utilidad que hab\u00eda tenido la informaci\u00f3n de testigos para convencer a los Consejos de la inocencia oriolana, as\u00ed como el hecho de que el virrey del Reino de Valencia llegar\u00eda a la misma conclusi\u00f3n una vez pusiese en vigor su comisi\u00f3n. Y les ofrecieron una serie de recomendaciones. <em>Ex una parte<\/em>, el secretario, dando buena muestra de su prop\u00f3sito de proporcionarles \u00ab<em>todo el bien y ayuda<\/em>\u00bb que pudiese, aunque su oficio le obligase \u00ab<em>a ser comun a las dos partes<\/em>\u00bb&#8230;, les aconsej\u00f3 que obtemperasen todos los mandatos del duque de Calabria, porque con ello se aplacar\u00eda \u00ab<em>la indignacion que de lo passado se ha podido causar, para que veniendo Su Magestad no dexe de oiros y dar medio de paz y concordia entressa ciudad y Murcia y Cartagena<\/em>\u00bb. Y <em>ex alia<\/em>, el abogado les recomend\u00f3 que se esforzasen \u00ab<em>mucho en demostrar claramente la calunia de la otra parte y su descargo y ynocen\u00e7ia<\/em>\u00bb. Y de un modo m\u00e1s preciso, les advirti\u00f3 que tratasen de probar que no hubo injurias ni alboroto contra el obispo de Bel\u00e9n, porque era crucial \u00ab<em>asi para lo de la justicia del negocio principal, como para tener la benivolencia de Su Magestad, y no yncurrir en su ynclina\u00e7ion, porque en su ausen\u00e7ia ninguna ofensa se puede ygualar con cosa de bulli\u00e7io y de escandalo y desacacto<\/em>\u00bb<sup>198<\/sup>.<\/p>\n<p>Volviendo la atenci\u00f3n de nuevo a la ciudad del Bajo Segura, tras la llegada de los representantes murcianos, los procuradores Portogu\u00e9s y L\u00f3pez de Tuesta le presentaron al doctor Bartolom\u00e9 Luis Sarcola, ante la supervisi\u00f3n del virrey, dos suplicaciones, del cap\u00edtulo del Salvador y de la universidad de habitantes de Orihuela.<\/p>\n<p>En ellas, ambas instituciones le explicaron al duque de Calabria los motivos que las movieron a no firmar el compromiso ofrecido por el emperador. Hicieron una breve narraci\u00f3n de los acontecimientos, poniendo especial \u00e9nfasis en el significado que ten\u00eda en el contexto del Pleito del Obispado el nombramiento del obispo de Bel\u00e9n -natural de Orihuela y segunda dignidad del cap\u00edtulo del Salvador- como administrador por el provisor del obispado de Cartagena, y los enormes perjuicios que conllevaba su aceptaci\u00f3n del cargo y la ejecuci\u00f3n de la comisi\u00f3n. Despu\u00e9s, utilizando los documentos presentados al \u00ab<em>Supremo e Real Consell<\/em>\u00bb por el maestro Arrieta, resumieron la versi\u00f3n murciana de los sucesos, especificando que estaba fundada \u00ab<em>en sinistres informa\u00e7ions<\/em>\u00bb y que no ten\u00eda otro sentido que \u00ab<em>indignar la mente de Sa Magestat<\/em>\u00bb. Seg\u00fan ellos, las acusaciones murcianas radicaban en que \u00ab<em>volent confermar lo dit sacriste, los desus dits supplicants, ab alguns capellans e molta gent del poble, ab gran avolot y escandol serien anats al dit bisbe, e dientli moltes llejes paraules e quel llan\u00e7arien en lo riu si confermava, li haurien impedit la dita confirma\u00e7io, y que lo dit bisbe, per temor que nol matasen, sen hauria exit de la ciutat<\/em>\u00bb. Y a continuaci\u00f3n, le suplicaron que se dignase a recibir una \u00ab<em>plena e sumaria informa\u00e7io<\/em>\u00bb, fundamentando tal solicitud en diversos motivos: \u00ab<em>per a rellevar tota nota de infamia que a la dita ciutat e llurs singulars sels poria causar per sa venguda, e per a que plenament conste axi a Sa \u00c7esarea Magestat e son sacre e supremo Consell, e a vostra excellencia, e a tots e a qualsevol altres a qui sia ne\u00e7essari, del fet de la veritat e de la inno\u00e7en\u00e7ia e desculpa dels dits proposants<\/em>\u00bb. La informaci\u00f3n hab\u00eda de inquirir a los testigos presenciales sobre tres puntos:<\/p>\n<ol>\n<li>Sobre si las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela le presentaron a D. Luis de Soler la protesta de la misma manera que se la hab\u00edan realizado a los obispos de Tagaste y Fez, sus antecesores en el cargo, sin decirle \u00ab<em>paraules algunes injurioses<\/em>\u00bb, \u00fanicamente \u00ab<em>per conserva\u00e7io de sos drets e justi\u00e7ia<\/em>\u00bb.<\/li>\n<li>Sobre si dichos mandatarios le hab\u00edan impedido o perturbado en el ejercicio de su comisi\u00f3n, ya que afirmaban que no lo hab\u00edan podido hacer porque el sacrist\u00e1n \u00ab<em>may ses posat a confermar<\/em>\u00bb, esto es, no hab\u00eda llegado a iniciar la labor pontifical.<\/li>\n<li>Sobre si el obispo de Bel\u00e9n hab\u00eda tenido que salir de la ciudad, temiendo por su vida, puesto que las autoridades aseguraban que tras la presentaci\u00f3n de la aludida protesta, \u00ab<em>tostemps es estat en la present \u00e7iutat, en casa sua, anant com ans acostumava a la Seu e als monestirs de Sent Augusti, del Socors e altres parts segons hans acostumava<\/em>\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Y, por \u00faltimo, le suplicaron que una vez hubiese terminado la recepci\u00f3n de los testimonios, informase \u00ab<em>del fet de la veritat a Sa Magestat \u00c7esarea e a son Sacre e Supremo Consell<\/em>\u00bb y mandase que les diesen \u00ab<em>hu e molts tresllats de dita informa\u00e7io<\/em>\u00bb para que pudiesen \u00ab<em>mostrar sa inno\u00e7en\u00e7ia e desculpa, e suplicar a Sa Magestat e Sacre Consell que aquells que ab sinistres e no verdaderes informa\u00e7ions offenen les orelles de Sa Magestat \u00c7esarea e treballen moure e indignar la mente de Sa Magestat contra sos subdits inno\u00e7ents per a que subitament los mane destruir e anichilar, sien castigats<\/em>\u00bb<sup>199<\/sup>.<\/p>\n<p>Una vez concluy\u00f3 el acto de presentaci\u00f3n y lectura de las s\u00faplicas oriolanas, el duque de Calabria les cedi\u00f3 el turno de alegaciones y ruegos a los representantes de la Iglesia de Cartagena y la ciudad de Murcia, pero \u00e9stos, \u00ab<em>coneixent la gran calumnia de sa clamor<\/em>\u00bb, y viendo \u00ab<em>que con razon y justi\u00e7ia, ninguna informa\u00e7ion podian dar<\/em>\u00bb, dejaron de proseguir la causa, y se volvieron para la ciudad vecina y rival. Entonces, hall\u00e1ndose a solas con los representantes de Orihuela, D. Fernando de Arag\u00f3n reconoci\u00f3 la \u00ab<em>inno\u00e7en\u00e7ia e fidelitat de dita \u00e7iutat e llurs singulars<\/em>\u00bb, y para \u00ab<em>major cautela<\/em>\u00bb, pese a no haber \u00ab<em>accusador ni culpados<\/em>\u00bb, le dio a un notario llamado Armengol la orden de que comenzase la recepci\u00f3n de los testimonios<sup>200<\/sup>.<\/p>\n<p>Durante el proceso, a suplicaci\u00f3n de los se\u00f1alados s\u00edndicos oriolanos excluy\u00f3 de los interrogatorios las siguientes personas por considerarlas sospechosas: el presb\u00edtero Torres, y su hermano Juan Torres -por ser familiares de D. Luis de Soler-; el presb\u00edtero Pedro Santander -subsacrist\u00e1n y criado, asimismo, del obispo de Bel\u00e9n-; Juan Segarra, el notario Jaime Segarra, el picapedrero Zaragoza y el zapatero Mart\u00edn L\u00f3pez -por ser comensales, criados y familiares del referido sacrist\u00e1n del Salvador; y el \u00ednclito notario Aparicio Mart\u00ednez -por ser procurador y criado de los murcianos-<sup>201<\/sup>.<\/p>\n<p>Y tras concluir el instrumento testimonial, sin que se hubiese producido esc\u00e1ndalo ni alboroto alguno, la poblaci\u00f3n de Orihuela despidi\u00f3 agradecida al temido virrey, que inici\u00f3 el camino de retorno hacia la capital del Reino.<\/p>\n<p>Tras la marcha de D. Fernando de Arag\u00f3n, la ciudad del Bajo Segura sufri\u00f3 algunos d\u00edas de lluvias torrenciales y disfrut\u00f3 con los actos de la Semana Santa. A finales del mes de marzo, sus autoridades decidieron que hab\u00eda llegado el momento de reanudar las gestiones encaminadas a aprovechar la deshonrosa actitud de los murcianos -que, seg\u00fan dec\u00edan, hab\u00edan cometido \u00ab<em>tan grandissim crim com es dir quens haviem al\u00e7at contra Sa Magestat<\/em>\u00bb- para lograr que el Pleito del Obispado terminase de un modo favorable para sus intereses episcopales. Para ello, planearon enviar un s\u00edndico a Madrid, con el fin de que informase de los actos y autos realizados a instancias del duque de Calabria a los Consejos de Castilla y Arag\u00f3n, y de que ni a los doctores de ambos organismos ni al propio Carlos I les quedase la menor duda de la inocencia de Orihuela y de la culpabilidad de Murcia.<\/p>\n<p>Y como para ello era condici\u00f3n indispensable que el referido duque diese parte a los Consejos de su estancia en Orihuela, y les remitiese la segunda informaci\u00f3n de testigos, el \u00faltimo d\u00eda de marzo optaron por escribir sendas misivas al s\u00edndico Guillem Joan Pascual y al caballero D. Pedro de Rocafull d\u00e1ndoles poder para que compareciesen ante el virrey y le suplicasen que escribiese a los citados organismos y mandase el referido instrumento a la corte y al emperador. Y le enviaron al propio lugarteniente general una carta credencial de los s\u00edndicos, suplic\u00e1ndole que accediese a sus s\u00faplicas<sup>202<\/sup>.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas m\u00e1s tarde, el 5 de abril, hall\u00e1ndose a la espera de noticias procedentes de Valencia, el justicia y los jurados oriolanos descubrieron la presencia en la ciudad de un regidor de Murcia llamado Cascales, que al parecer iba en direcci\u00f3n, precisamente, a la capital del Reino. Por ello, precavidamente y \u00ab<em>ab la major presa del mon<\/em>\u00bb, escribieron a Guillem Joan Pascual para advertirle de que el edil iba a negociar \u00ab<em>alguna cosa contra esta ciutat<\/em>\u00bb en relaci\u00f3n con la causa del obispo de Bel\u00e9n, y a fin de pedirle que estuviese atento a sus manejos e impidiese cualquier actuaci\u00f3n que les pudiese resultar perjudicial ante D. Fernando de Arag\u00f3n<sup>203<\/sup>.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, 6 de abril, el correo Taranc\u00f3 le entreg\u00f3 al s\u00edndico Pascual las cartas despachadas el \u00faltimo de marzo. No obstante, \u00e9ste, al ver imposibilitada su comisi\u00f3n por la ausencia del duque de Calabria, tuvo que escribirles a sus representados una misiva indic\u00e1ndoles que ni Rocafull ni \u00e9l podr\u00edan iniciar las gestiones encomendadas hasta que el virrey retornase a Valencia<sup>204<\/sup>.<\/p>\n<p>No hemos podido saber si los representantes pudieron cumplir finalmente las \u00f3rdenes de las autoridades oriolanas. No obstante, s\u00ed sabemos que a principios del mes de mayo, \u00e9stas decidieron enviar al experimentad\u00edsimo can\u00f3nigo Luis Mart\u00ednez a Madrid, como procurador del cap\u00edtulo del Salvador y la ciudad de Orihuela. Y el 10 de mayo redactaron toda la documentaci\u00f3n que habr\u00eda de llevarse a la corte.<\/p>\n<p>Por el memorial de instrucciones que le prepararon conocemos al detalle cu\u00e1les eran los objetivos de su embajada. En primer lugar, hab\u00eda de repartir las diversas cartas de creencia y ayuda que se llevaba entre sus destinatarios (los Consejos Real y de Arag\u00f3n, el comendador mayor de Le\u00f3n, el vicecanciller May y el secretario Hugo de Urries), y ten\u00eda que informarles \u00ab<em>de la veritat<\/em>\u00bb del caso Soler<sup>205<\/sup>.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, deb\u00eda poner una suplicaci\u00f3n ante los doctores del \u00ab<em>Consell Supremo de Sa Magestat<\/em>\u00bb, y otra ante los del de Arag\u00f3n, si el abogado Soriano lo estimaba conveniente. En ambas hab\u00eda de poner de manifiesto \u00ab<em>la desculpa y igno\u00e7en\u00e7ia<\/em>\u00bb de Orihuela ante \u00ab<em>la falsa accusa\u00e7io dels mur\u00e7ians<\/em>\u00bb; deb\u00eda remarcar que la ciudad del Bajo Segura hab\u00eda sentido mucho la infamia que hab\u00edan provocado sus adversarios en ausencia del emperador; y hab\u00eda de reclamarles justicia siguiendo el modelo de una suplicaci\u00f3n que le hab\u00edan enviado, y que desgraciadamente no se halla registrada en el <em>Contestador<\/em> de 1540. No obstante, dicha petici\u00f3n no deb\u00eda alejarse mucho de la que aparece inserta en un sumamente expl\u00edcito fragmento de la carta que las autoridades oriolanas remitieron al Consejo Real: \u00ab (&#8230;) <em>porque esta ciudad esta muy sentida como es razon que la ayan infamado de crimen tan orible, mayormente no estando Su Magestad en estos Reynos, supplicamos a Vuestras Altezas que les pese dello, y les manden castigar, ansi por lo que deven a la administracion de la justicia, como tambien por la pacificacion destas dos ciudades, porque la verdad es que su intencion no ha sido sino por indignar la mente de auestras altezas y de Su Maiestad contra nosotros: y por meior y mas complidamente informar de la verdad a vuestras altezas y pedir justicia de caso tan feo, les supplicamos se manden informar del dicho duque de lo que passa en verdad en este caso<\/em> (&#8230;)\u00bb. Una vez presentada esta bien trabada petici\u00f3n, Mart\u00ednez hab\u00eda de interponer un nuevo ruego. Tras explicar que sus representados tem\u00edan que los murcianos se hubiesen quejado ante el emperador, en Flandes, y que por ello Su Majestad se hubiese enfadado con sus s\u00fabditos de Orihuela, hab\u00eda de suplicar a los referidos doctores que cuando consiguiesen la \u00ab<em>veridica informa\u00e7io del cas<\/em>\u00bb del virrey del Reino de Valencia, se la enviasen a Carlos I. Y, por \u00faltimo, ten\u00eda que solicitarles que mandasen al referido duque de Calabria que hiciese volver a su patria al notario castellano Aparicio Mart\u00ednez porque en todo momento se hab\u00eda esforzado por \u00ab<em>instigar e donar occasio de sisania<\/em>\u00bb entre Orihuela y Murcia, llegando incluso a utilizar a la Inquisici\u00f3n para poder inmiscuirse en los esc\u00e1ndalos, y conseguir falsos testimonios y acusaciones infundadas<sup>206<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la partida del can\u00f3nigo Mart\u00ednez, las autoridades de la ciudad del Bajo Segura quedaron a la espera de la llegada de noticias favorables. Y hacia finales de mes recibieron una nueva inesperada, que nada ten\u00eda que ver con los trabajos del s\u00edndico en la corte, y que les era incre\u00edblemente beneficiosa. Lleg\u00f3 a sus o\u00eddos que el 30 de marzo anterior hab\u00eda fallecido en Roma el obispo Mateo Lang<sup>207<\/sup>.<\/p>\n<p>Dicha circunstancia cambi\u00f3 por completo la situaci\u00f3n en las di\u00f3cesis de Cartagena y Orihuela y, como veremos a continuaci\u00f3n, a\u00f1adi\u00f3 nuevos factores favorables a las reclamaciones episcopales oriolanas.<\/p>\n<ol start=\"10\">\n<li><strong> El intencionado nombramiento de D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo como obispo de Cartagena.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Tras el tr\u00e1nsito del cardenal de Salzburgo a la vida \u00ab<em>perdurable<\/em>\u00bb, la Iglesia de Orihuela qued\u00f3 \u00ab<em>vacant de pastor<\/em>\u00bb. Por ello, el cap\u00edtulo del Salvador, como colegio catedralicio, \u00ab<em>segons canoniques sanc\u00e7ions<\/em>\u00bb, se consider\u00f3 con derecho para ejercer la jurisdicci\u00f3n \u00ab<em>in spiritualibus et temporalibus<\/em>\u00bb en su distrito hasta el nombramiento del nuevo obispo, y tambi\u00e9n para nombrar a un oficial y vicario general interino, que habr\u00eda de ser confirmado o removido por el nuevo mitrado.<\/p>\n<p>No obstante, para no dar pie a un nuevo esc\u00e1ndalo con el obispo de Bel\u00e9n y la clerec\u00eda murciana en tan pr\u00f3spera coyuntura, decidieron no hacer uso de las citadas capacidades y se limitaron a presentarle una nueva protesta al vicario general intruso. El acto de notificaci\u00f3n de dicho instrumento al sacrist\u00e1n del Salvador tuvo lugar el 29 de mayo. En \u00e9l, los mandatarios oriolanos le solicitaron que dejase de ejercer el oficio pontifical, y le confirmaron su predisposici\u00f3n a no impedirle ni perturbarle tal labor pese a que no ten\u00eda ning\u00fan derecho para detentarla o acometerla. Aunque no conocemos m\u00e1s que Soler aplaz\u00f3 temporalmente su contestaci\u00f3n, creemos que sigui\u00f3 ocup\u00e1ndose del cuidado pastoral y jurisdiccional de los fieles de la parte de la di\u00f3cesis cartaginense situada dentro de los l\u00edmites del Reino de Valencia, hasta el nombramiento del sucesor de Mateo Lang<sup>208<\/sup>.<\/p>\n<p>Por su parte, tras la presentaci\u00f3n de esta segunda protesta al obispo de Bel\u00e9n, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura prosiguieron las gestiones encaminadas al tan ansiado logro de la libertad espiritual.<\/p>\n<p>Y teniendo en cuenta las buenas relaciones que manten\u00edan con el duque de Calabria, el 30 de mayo le escribieron para rogarle que mediase por ellos ante el emperador y ante el Consejo Real. Ante Su Majestad, suplic\u00e1ndole que a la hora de elegir y presentarle a Paulo III al \u00ab<em>nou pastor<\/em>\u00bb<sup>209<\/sup>, aprovechase la situaci\u00f3n para poner fin a las discordias entre Orihuela y Murcia. Y ante el referido Consejo, solicitando a sus doctores que impidiesen al cap\u00edtulo de Cartagena que durante el per\u00edodo de sede vacante adoptase medidas perjudiciales a los derechos episcopales oriolanos. Y despu\u00e9s de reflexionar sobre qui\u00e9n podr\u00eda ocuparse de llevarle al lugarteniente general del Reino estas peticiones, optaron por encargarle la misi\u00f3n a D. Pedro de Rocafull, que estaba en J\u00e1tiva, porque, seg\u00fan le manifestaron, ten\u00eda \u00ab<em>plena noti\u00e7ia<\/em>\u00bb del negocio episcopal, era \u00ab<em>ac\u00e7epte a Sa Excellen\u00e7ia<\/em>\u00bb y la \u00ab<em>persona mes abil y sufi\u00e7ient<\/em>\u00bb a la que pod\u00edan encomendarle tan delicada tarea<sup>210<\/sup>.<\/p>\n<p>La preparaci\u00f3n de esta embajada marca el inicio de una peque\u00f1a laguna documental. Desgraciadamente, no hemos podido encontrar informaci\u00f3n relacionada con el Pleito del Obispado hasta el nombramiento pontificio del sucesor de Mateo Lang el 23 de febrero de 1541. Por ello, no podemos hacer m\u00e1s que conjeturas sobre lo que sucedi\u00f3 en el trascendental per\u00edodo comprendido entre junio de 1540 y la referida fecha de provisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfSirvieron para algo los requerimientos de Rocafull al duque de Calabria? No hemos hallado ning\u00fan indicio que nos incline a pensar que D. Fernando de Arag\u00f3n lleg\u00f3 a escribir a Carlos I o al Consejo de Arag\u00f3n. No obstante, ello no es realmente importante para el devenir de la causa episcopal.<\/p>\n<p>S\u00ed merece nuestra atenci\u00f3n el hecho de que la sustituci\u00f3n del cardenal de Salzburgo se retras\u00f3 de una manera considerable; entre su muerte y el nombramiento de su sucesor transcurrieron \u00a1casi 11 meses! En nuestra opini\u00f3n, dicha demora pudo ser causada por diversos factores. En primer lugar, hemos de pensar que contribuyeron a dilatar el per\u00edodo de sede vacante la lejan\u00eda del emperador -quien, como hemos apuntado anteriormente, se hallaba en los Pa\u00edses Bajos-, que debi\u00f3 ralentizar el proceso habitual de elecci\u00f3n del candidato; as\u00ed como la acostumbrada lentitud de los tr\u00e1mites encaminados a conseguir las bulas de provisi\u00f3n apost\u00f3lica del nominado por el emperador. Y en segundo lugar, la complejidad de la situaci\u00f3n espiritual suscitada en el antiguo obispado de Cartagena, que probablemente llev\u00f3 a Carlos I a plantearse diversas alternativas antes de proceder a la nominaci\u00f3n del nuevo prelado.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n debemos destacar que durante el aludido per\u00edodo de sede vacante, las partes, conscientes de la delicadeza de la coyuntura, no se aventuraron a propiciar ning\u00fan esc\u00e1ndalo. Contra su costumbre, el cabildo cartaginense no trat\u00f3 de aprovecharse de la inestable posici\u00f3n oriolana, quiz\u00e1 porque estaba muy reciente el asunto del obispo de Bel\u00e9n, y sus can\u00f3nigos y dignidades no deseaban arriesgarse a deteriorar la imagen que el emperador ten\u00eda de ellos, o quiz\u00e1, simplemente, porque el cap\u00edtulo del Salvador no les dio oportunidad para hacerlo, ya que, renunciando a la posibilidad de nombrar un vicario general y ejercer la jurisdicci\u00f3n en su di\u00f3cesis, decidi\u00f3 esperar pacientemente la resoluci\u00f3n real tras presentarle a D. Luis de Soler la segunda protesta.<\/p>\n<p>Sea como fuese, lo cierto es que Carlos I decidi\u00f3 elegir como sucesor del cardenal Mateo al doctor Juan Mart\u00ednez Guijarro, m\u00e1s conocido como <em>Sil\u00edceo<\/em>, y le anunci\u00f3 su nominaci\u00f3n a Paulo III en aras a que lo nombrase <strong>obispo de Cartagena<\/strong> -no de Cartagena y Orihuela-. A simple vista, tal designaci\u00f3n podr\u00eda parecer un premio para el que fuera preceptor de su hijo, el pr\u00edncipe D. Felipe. No obstante, en nuestra opini\u00f3n, la nominaci\u00f3n de Sil\u00edceo fue muy meditada por el monarca. De origen castellano, pues hab\u00eda nacido en Villagarc\u00eda de la Torre, di\u00f3cesis de Badajoz, el electo sent\u00eda una especial afecci\u00f3n por los habitantes del Reino de Valencia, ya que, adem\u00e1s de haber pasado en \u00e9l una etapa muy crucial de su vida, deb\u00eda en parte la privilegiada posici\u00f3n que hab\u00eda alcanzado a la ayuda de dos insignes valencianos, el dominico P. Pardo -quien, en un momento muy comprometido, le sufrag\u00f3 los gastos de su viaje a Francia-, y un m\u00e9dico llamado Salaya -que fue su protector en Par\u00eds, y le permiti\u00f3 cursar estudios universitarios-. Adem\u00e1s, el car\u00e1cter de Sil\u00edceo, de sobra conocido por el rey, era muy adecuado para el regimiento y la administraci\u00f3n del problem\u00e1tico obispado cartaginense. Seg\u00fan refer\u00eda D\u00edaz Cassou en su \u00ab<em>Serie de los obispos de Cartagena<\/em>\u00bb, el ayo no s\u00f3lo era comprensivo, ingenioso, limosnero, liberal y muy devoto, sino que \u00ab<em>de venerable rostro y bien apersonado, se captaba \u00e1 primera vista simpat\u00edas, que aumentaba con la discreci\u00f3n y afabilidad de su trato<\/em>\u00bb<sup>211<\/sup>. Carlos I debi\u00f3 creer que, armado con tama\u00f1as virtudes, su patrocinado podr\u00eda muy bien tratar con los murcianos, y tambi\u00e9n&#8230; con los oriolanos. Su decisi\u00f3n de no variar la situaci\u00f3n generada en la di\u00f3cesis cartaginense a ra\u00edz de la prestaci\u00f3n de obediencia de 1532 no debi\u00f3 de agradar nada a los habitantes de la ciudad del Bajo Segura, pues sin duda esperaban que el nuevo prelado fuese pastor de las Iglesias de Cartagena y Orihuela, de acuerdo con las bulas de Julio II.<\/p>\n<p>Seg\u00fan nuestro parecer, y quiz\u00e1 nos arriesguemos en exceso al afirmarlo, el emperador tuvo en cuenta que, en comparaci\u00f3n con los primeros a\u00f1os de su reinado, la situaci\u00f3n en la di\u00f3cesis cartaginense se hab\u00eda estabilizado tras la ejecuci\u00f3n del breve revocatorio de Clemente VII, y que desde que hab\u00eda manifestado su invariable voluntad de solventar pac\u00edficamente el conflicto episcopal ejerciendo como \u00e1rbitro extrajudicial, los impulsos reivindicatorios de Orihuela hab\u00edan decrecido. Y valor\u00f3, asimismo, que en el caso de que decidiese volver a dar vigor a las bulas de 1510, promoviendo el nombramiento de Sil\u00edceo como obispo <em>Cartaginensis et Oriolensis<\/em>, los murcianos enviar\u00edan inevitablemente delegaciones a las cortes real y pontificia, con la intenci\u00f3n de apelar contra tal variaci\u00f3n, obligando a sus adversarios oriolanos a hacer lo propio, en defensa de sus recuperados derechos, y ambas partes acabar\u00edan de dilapidar sus ya diezmados recursos, y la cuesti\u00f3n no llegar\u00eda nunca a su fin. Y por todos estos motivos, en nuestra opini\u00f3n, decidi\u00f3 proponerle a Paulo III la provisi\u00f3n de Sil\u00edceo para la mitra de Cartagena. De esa manera, la resoluci\u00f3n del conflicto seguir\u00eda en sus manos y, adem\u00e1s, podr\u00eda contar con la ayuda de un atento intermediario que, a diferencia de su alejado predecesor -m\u00e1s preocupado por la pol\u00edtica romana que por el cuidado espiritual de sus fieles hispanos-, podr\u00eda evitar nuevos rompimientos.<\/p>\n<p>Por otra parte, creemos que la decisi\u00f3n de Carlos I descubri\u00f3 que no iba a permitir la dismembraci\u00f3n de los obispados porque, sencillamente, no le interesaba. Supon\u00eda gastos para sus s\u00fabditos e importunaciones para \u00e9l. As\u00ed, en vistas a una posible concordia, los oriolanos debieron comprender que la mejor soluci\u00f3n a la que pod\u00edan aspirar era el mantenimiento de la catedral\u00eda del Salvador, y el nombramiento de un vicario general de Orihuela, con jurisdicci\u00f3n sobre todos los territorios de la di\u00f3cesis pertenecientes al Reino de Valencia, independiente del obispo, el provisor y el cabildo de Cartagena, y cuyas decisiones estuviesen supeditadas \u00fanicamente a la correcci\u00f3n, previo recurso, del metropolitano valentino.<\/p>\n<p>Retomando el hilo de la historia por el nombramiento apost\u00f3lico de D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo, el acto de provisi\u00f3n tuvo lugar, como ya hemos apuntado, el 23 de febrero de 1541. El cardenal Cesarino present\u00f3 la candidatura real en el consistorio pontificio, y \u00e9sta fue aprobada sin oposici\u00f3n, tras hacerse una relaci\u00f3n de las pensiones que ten\u00eda el beneficiado<sup>212<\/sup>.<\/p>\n<p>Los agentes del nuevo obispo actuaron con suma rapidez en las oficinas de la Canciller\u00eda y la Datar\u00eda apost\u00f3licas y debieron conseguir las bulas colativas de un modo casi inmediato, puesto que aproximadamente un mes despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n de la reuni\u00f3n pontificia ya estaban en manos de Sil\u00edceo, y a finales de marzo o principios de abril tanto las autoridades de Murcia como los mandatarios de Orihuela ten\u00edan noticia, no del nombramiento de Sil\u00edceo como obispo de Cartagena -que ya hab\u00edan tenido tiempo de conocer desde que se produjo la elecci\u00f3n real-, sino de que el referido prelado hab\u00eda nombrado a un provisor diocesano, y le hab\u00eda mandado a tomar posesi\u00f3n del obispado en su nombre.<\/p>\n<p>La nueva puso en alerta al cap\u00edtulo del Salvador y a los mun\u00edcipes oriolanos. Y fieles a la l\u00ednea de actuaciones que hab\u00edan acordado tras conocer el rev\u00e9s del nombramiento episcopal, esto es, interponer protestas contra cualquier actuaci\u00f3n cartaginense en espera de que el emperador se decidiese a buscar la concordia entre las partes, optaron por encargar a diversos doctores valencianos la redacci\u00f3n de los instrumentos que tendr\u00edan que presentarle al nuevo provisor y vicario general en las dos situaciones que se pod\u00edan presentar:<\/p>\n<p>+En el caso de que el referido oficial se personase en la iglesia del Salvador y quisiese tomar posesi\u00f3n en ella \u00ab<em>com a bisbat de Cartagena y no com a bisbat de Oriola<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>+Si tomase posesi\u00f3n del obispado en la catedral cartaginense, y no tuviese despu\u00e9s ninguna intenci\u00f3n de ir a la aludida iglesia oriolana a tomar posesi\u00f3n \u00ab<em>com a bisbat de Oriola<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Con tal prop\u00f3sito, el 4 de abril escribieron un par de cartas dirigidas a dos personalidades oriolanas que se hallaban m\u00e1s o menos circunstancialmente en la capital del Reino: el abogado de la ciudad, micer Jaime Terr\u00e9s; y el jurado Pedro Ruiz. A ambos les encomendaron la urgente tarea de pedir al doctor Filibert -que era reputado por el m\u00e1s sabio de los jurisprudentes valencianos de aquellos momentos-, al doctor Abad y al can\u00f3nigo Miedes, que preparasen los citados autos y un memorial en el que aconsejasen c\u00f3mo hab\u00edan de actuar para no salir de la legalidad. Y les insistieron que tratasen de conseguir la documentaci\u00f3n y de remit\u00edrsela a Orihuela con la m\u00e1xima premura<sup>213<\/sup>.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, el 6 de abril, las noticias se confirmaron. El licenciado Francisco Mart\u00ednez, en calidad de procurador de D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo y como provisor y vicario general, tom\u00f3 posesi\u00f3n del obispado en la Catedral de Cartagena, en Murcia<sup>214<\/sup>. Y despu\u00e9s, no s\u00f3lo no mostr\u00f3 ninguna intenci\u00f3n de ir a Orihuela para tomar posesi\u00f3n en la iglesia del Salvador, sino que, influido por el cabildo de Cartagena, comenz\u00f3 sin m\u00e1s demoras a ejercer su oficio vicarial en toda la di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>Enterados de tan lesivo comportamiento, los mandatarios oriolanos no pudieron aguardar a la llegada de Valencia de los instrumentos encargados y tuvieron que intervenir en defensa de sus derechos. Conocedores quiz\u00e1 del afecto que Sil\u00edceo sent\u00eda, en general, hacia los dominicos, le enviaron al provisor a un peculiar mensajero, a un fraile castellano de dicha orden llamado Ambrosio de la Serna, quien, tras cruzar varias conversaciones con \u00e9l, consigui\u00f3 que se comprometiese a no llevar a la pr\u00e1ctica algunas ideas que ten\u00eda en relaci\u00f3n con la Iglesia de Orihuela<sup>215<\/sup>.<\/p>\n<p>A finales de abril, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad del Bajo Segura recibieron por fin los documentos valencianos, y se aprestaron a presentarle al vicario general la protesta adecuada. Para ello, nombraron s\u00edndico al notario Juan Portogu\u00e9s y lo enviaron a Murcia.<\/p>\n<p>El pen\u00faltimo d\u00eda del citado mes de abril, Portogu\u00e9s compareci\u00f3 ante el licenciado Mart\u00ednez y le entreg\u00f3 al notario del juzgado episcopal, Juan de Cifuentes, la referida escritura. \u00c9ste procedi\u00f3 a su lectura.<\/p>\n<p>En ella, el clero y la ciudad de Orihuela partieron afirmando -de un modo premeditadamente err\u00f3neo- que se hab\u00edan enterado que el maestro Sil\u00edceo hab\u00eda sido nombrado pastor de los obispados de Cartagena y Orihuela. Prosiguieron reclamando que por ello, adem\u00e1s de tomar posesi\u00f3n \u00ab<em>en la \u00e7iutat e esglesia de Mur\u00e7ia<\/em>\u00bb, el obispo, por s\u00ed mismo o por medio de alg\u00fan procurador leg\u00edtimo, hab\u00eda de hacer efectivo su nombramiento en \u00ab<em>la esglesia cathredal de la ciutat de Oriola, per lo bisbat de Oriola<\/em>\u00bb, porque dicho recinto sagrado era \u00ab<em>lo cap de la dita diocesi<\/em>\u00bb. Y despu\u00e9s, le pidieron directamente a Mart\u00ednez que tomase posesi\u00f3n del obispado de Orihuela en la Catedral del Salvador y que, seguidamente, crease un vicario general que residiese personalmente en dicha ciudad y tuviese jurisdicci\u00f3n sobre el clero y la di\u00f3cesis de Orihuela. Y en previsi\u00f3n de que el provisor no accediese a tales requerimientos, le advirtieron que protestar\u00edan contra todos y cada uno de los actos que tratase de ejecutar en Orihuela y su distrito en nombre del obispo de Cartagena, para conservaci\u00f3n de sus derechos en el Pleito del Obispado, sin impedirle ni perturbarle de modo alguno el ejercicio pontifical.<\/p>\n<p>El provisor se mostr\u00f3 impasible ante Portogu\u00e9s. Admiti\u00f3 la protesta, y sin dignarse siquiera a contestarle que Sil\u00edceo \u00fanicamente hab\u00eda sido nombrado obispo de Cartagena, dio por acabado el acto<sup>216<\/sup>.<\/p>\n<p>Durante los d\u00edas siguientes, Mart\u00ednez prosigui\u00f3 su labor como vicario general del obispado, obviando por completo el compromiso acordado con fr. Ambrosio de la Serna. Expidi\u00f3 un buen n\u00famero de provisiones, y entre ellas una que caus\u00f3 cierto alboroto en la poblaci\u00f3n del Bajo Segura. Decret\u00f3 el prendimiento de un presb\u00edtero de dicha ciudad llamado Juan Mart\u00ednez de Guini, y mand\u00f3 que lo llevasen preso a Murcia y que lo encerrasen en la prisi\u00f3n episcopal. El suceso forz\u00f3 a las autoridades oriolanas a presentarle una nueva protesta al licenciado Mart\u00ednez pues admitir sin m\u00e1s que un cl\u00e9rigo fuese encarcelado fuera de la di\u00f3cesis hubiese significado la aceptaci\u00f3n impl\u00edcita de la subordinaci\u00f3n al poder cartaginense. Por ello, el primero de mayo volvieron a enviar a Murcia al procurador Portogu\u00e9s, y \u00e9ste interpuso ante el provisor el nuevo disentimiento. En \u00e9l, le recalcaron que no pod\u00eda actuar en la di\u00f3cesis de Orihuela porque el obispo a\u00fan no hab\u00eda tomado posesi\u00f3n del obispado en la catedral del Salvador. Y que no ten\u00eda poder leg\u00edtimo para llevar a Murcia a ning\u00fan presb\u00edtero de dicha di\u00f3cesis, para juzgarlo y encarcelarlo all\u00ed, m\u00e1xime cuando para tal efecto el obispo ten\u00eda se\u00f1aladas prisiones propias en Orihuela, y un tribunal en el que hab\u00edan de celebrarse todos los actos jurisdiccionales tocantes al clero del obispado<sup>217<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese a las repetidas protestas, Mart\u00ednez no cambi\u00f3 de actitud y sigui\u00f3 ejerciendo su labor pontifical por la Vega Baja del Segura sin ning\u00fan tipo de cortapisas. Ello hizo brotar con fuerza en los campos ribere\u00f1os un creciente descontento; un malestar que fue tolerado hasta que los murcianos trataron de sembrar de nuevo en ellos la ciza\u00f1a, por medio de tretas difamatorias.<\/p>\n<p>El conflicto tuvo su origen cuando el provisor envi\u00f3 a Juan de Tudela, uno de los alguaciles episcopales, a una aldea de Orihuela con la orden inicial de capturar a un capell\u00e1n llamado Pedro Piquer y de llevarlo preso a Murcia. Tudela cumpli\u00f3 parcialmente el mandato del vicario general ya que tras detener al presb\u00edtero, desobedeciendo la provisi\u00f3n o quiz\u00e1 siguiendo un plan previamente trazado, lo condujo a Orihuela. All\u00ed, Piquer, aprovechando la \u00ab<em>mala diligencia<\/em>\u00bb del alguacil, se escap\u00f3 y se ocult\u00f3, de modo que Tudela tuvo que regresar a Murcia sin haber podido cumplir la misi\u00f3n que, oficialmente, el provisor le hab\u00eda encomendado. Tudela declar\u00f3 en su defensa que le hab\u00edan arrebatado al reo por la fuerza. Y los murcianos mostraron inmediatamente su intenci\u00f3n de volver a acusar a los habitantes de la ciudad del Bajo Segura de rebeli\u00f3n contra los mandatos reales y apost\u00f3licos, con el fin de indignar contra ellos al obispo Sil\u00edceo, a los doctores de los Consejos Real y de Arag\u00f3n, y al propio emperador<sup>218<\/sup>. Como podemos comprobar, poco les importaba que, como hab\u00eda sucedido en el \u00abcaso Soler\u00bb, pudiese ser demostrada la falsedad de sus acusaciones. Sin temor a las posibles consecuencias que tal il\u00edcita actividad les pod\u00eda reportar, consideraban m\u00e1s \u00fatil mancillar con infundios el ya de por s\u00ed desprestigiado nombre de Orihuela.<\/p>\n<p>Viendo los prop\u00f3sitos murcianos, y teniendo en cuenta los perjuicios que les hab\u00edan causado las demoras y las dejaciones en el expediente del obispo de Bel\u00e9n, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la referida poblaci\u00f3n decidieron adelantarse a sus adversarios y, acuciados adem\u00e1s por los rumores que apuntaban la inminencia de la llegada de Sil\u00edceo a Murcia, optaron por tomar dos medidas urgentes.<\/p>\n<p>En primer lugar, consideraron la necesidad de contar en Orihuela con la posibilidad mediadora de fr. Ambrosio de la Serna, quien, tanto \u00ab<em>per les calitats<\/em>\u00bb que concurr\u00edan en su persona como \u00ab<em>per esser natural de Castella<\/em>\u00bb, era \u00ab<em>molt accepte<\/em>\u00bb al obispo, y ten\u00eda \u00ab<em>molt credit<\/em>\u00bb ante \u00e9l. Y teniendo en cuenta que el cl\u00e9rigo regular, poco despu\u00e9s de terminar sus entrevistas con el provisor, hab\u00eda tenido que marchar a Valencia, destinado al establecimiento que los dominicos ten\u00edan en dicha ciudad, el 4 de mayo le escribieron al P. Joan Mic\u00f3, provincial y vicario general de la Orden de Predicadores, rog\u00e1ndole que le remitiese de nuevo a la poblaci\u00f3n del Bajo Segura, pues sin su participaci\u00f3n -le dijeron- el negocio del Obispado \u00ab<em>seria destroit totalment<\/em>\u00bb, ya que el \u00ab<em>provisor nos fiava de ningu altre<\/em>\u00bb<sup>219<\/sup>.<\/p>\n<p>Y en segundo lugar, complementando esta medida, los referidos mandatarios decidieron enviar una embajada a la corte para realizar dos tareas principales. <em>Ex una<\/em>, efectuar las alegaciones oportunas en el caso de que los adversarios los demandasen ante los Consejos por la violencia presuntamente cometida contra el alguacil Tudela. Y <em>ex alia<\/em>, felicitar al obispo Sil\u00edceo por su nombramiento, e informarle de que la conducta de su primer oficial estaba siendo muy perjudicial para sus derechos en el indeciso Pleito del Obispado; todo ello, antes de que se produjese su llegada a la di\u00f3cesis y los murcianos pudiesen predisponerle en contra de los intereses oriolanos.<\/p>\n<p>Conscientes de la trascendencia de la misi\u00f3n y, al mismo tiempo, de su car\u00e1cter oficial, las autoridades designaron procurador a uno de los principales representantes del poder real dentro de la Gobernaci\u00f3n <em>ultra Sexonam<\/em>, al lugarteniente de D. Pedro Maza, D. Luis Togores<sup>220<\/sup>. Y entre el 5 y el 9 de mayo se encargaron de preparar la documentaci\u00f3n que Togores habr\u00eda de llevarse a Madrid, poblaci\u00f3n en la que se hallaba asentada la corte. Junto a una carta dirigida al prelado, le entregaron varios instrumentos de instrucciones y diversas credenciales para diferentes personas de la corte: para una destacada aliada, la condesa de Faro; para el abogado de la ciudad en la corte, el doctor Jer\u00f3nimo Soriano; para los contactos oriolanos en el Consejo de Arag\u00f3n, el secretario Hugo de Urries y el vicecanciller May; y dos de car\u00e1cter m\u00e1s burocr\u00e1tico, para el propio May y el Consejo de Arag\u00f3n, y para el doctor Costa -regente del Consejo Real- y los dem\u00e1s miembros de dicho organismo. De todas ellas, \u00fanicamente creemos conveniente se\u00f1alar que a May le explicaron la cuesti\u00f3n de la captura y posterior huida del presb\u00edtero Piquer, indic\u00e1ndole que cre\u00edan que se trataba de un \u00ab<em>ardit<\/em>\u00bb urdido por los murcianos para volver a demandarlos por desobediencia a la potestad real y apost\u00f3lica<sup>221<\/sup>.<\/p>\n<p>Aunque desconocemos la fecha exacta de la partida de Togores, diversos indicios -sin que nos precisen las causas- nos hacen pensar que \u00e9sta se retras\u00f3 hasta finales de mayo o principios de junio<sup>222<\/sup>.<\/p>\n<p>Mucho antes, hacia el 10 de mayo, lleg\u00f3 a Orihuela una carta del P. Joan Mic\u00f3, provincial de la Orden de Predicadores, en la que les comunicaba a las autoridades de la ciudad su disposici\u00f3n a ayudarles. Tras leer la misiva, el d\u00eda siguiente, 11 de mayo, los referidos mandatarios le enviaron un nuevo escrito repiti\u00e9ndole que la mejor manera que ten\u00eda de auxiliarles era ordenando a fr. Ambrosio de la Serna que volviese a la poblaci\u00f3n del Bajo Segura<sup>223<\/sup>.<\/p>\n<p>Por su parte, tras arribar a la corte, hacia el 9 de junio, Togores comenz\u00f3 su tarea distribuyendo los escritos que portaba entre sus respectivos destinatarios. No pudo hablar, sin embargo, con el obispo por hallarse enfermo y retirado. Por ello, en espera de la mejora del prelado, hubo de dedicarse por completo a la otra labor que llevaba encomendada. Tras realizar algunas averiguaciones, se enter\u00f3 de que los murcianos no hab\u00edan llegado a\u00fan a Madrid. Y tuvo tiempo para adoptar las medidas defensivas adecuadas para que las difamaciones murcianas, en el caso de que llegasen a producirse, no tuviesen ninguna credibilidad. Asesorado por el doctor Soriano, se cans\u00f3 de repetir que los provisores episcopales no pod\u00edan l\u00edcitamente ordenar a sus alguaciles que llevasen a Murcia a los \u00ab<em>presos ecclesiastichs<\/em>\u00bb, porque \u00ab<em>senpre an tengut preso aci, en Oriola, y an castigat y corregit als delinquents axi de Oriola com de tots los llochs del regne de Valencia tocants en dit bisbat<\/em>\u00bb. E incidi\u00f3 en el hecho nacionalista de que ni los habitantes de la ciudad del Bajo Segura, ni los de los dem\u00e1s lugares se\u00f1alados pod\u00edan \u00ab<em>ser ben tractats per los de Murcia, sent los de Oriola de nacio y llengua estranya, y de altres furs y lleys y condicions diferenciats dells<\/em>\u00bb<sup>224<\/sup>.<\/p>\n<p>Una vez mejor\u00f3 levemente de su indisposici\u00f3n el obispo -lo que nos arriesgamos a datar ya entrado el mes de julio-, Togores compareci\u00f3 ante \u00e9l, y con af\u00e1n halagador aprovech\u00f3 la inmejorable coyuntura para darle a leer la carta que para \u00e9l le hab\u00edan confiado sus representados. En ella, las autoridades oriolanas le escrib\u00edan que hab\u00edan celebrado su nombramiento como una \u00ab<em>crecida merced<\/em>\u00bb, y que \u00ab<em>alegres y consolados<\/em>\u00bb, le hab\u00edan dado \u00ab<em>continuas gracias<\/em>\u00bb a Dios \u00ab<em>por su divina bondat<\/em>\u00bb, pues \u00ab<em>de tan sancta ereccion<\/em>\u00bb no esperaban \u00ab<em>sino muncha consolacion y buen fin<\/em>\u00bb en sus diferencias con los murcianos. Despu\u00e9s, de palabra, Togores le habl\u00f3 sobre el estado del Pleito del Obispado; le puso al corriente de los problemas suscitados por su provisor al sacar de la Gobernaci\u00f3n a presos eclesi\u00e1sticos para juzgarlos y encarcelarlos en Murcia; y le pidi\u00f3 que hasta que el litigio llegase a una conclusi\u00f3n concordada, no permitiese que los derechos oriolanos sufriesen ning\u00fan menoscabo<sup>225<\/sup>. Sil\u00edceo le respondi\u00f3 con muy buenas palabras, poniendo de manifiesto sus deseos de personarse en la di\u00f3cesis y de poner fin al Pleito del Obispado<sup>226<\/sup>.<\/p>\n<p>Una vez dio por terminada su tarea, lo que debi\u00f3 ocurrir hacia el 10 de julio, Togores comenz\u00f3 los preparativos para su vuelta a Orihuela. El d\u00eda 11 el doctor Soriano le entreg\u00f3 una carta para que se la llevase a sus representados. En ella, les propuso una serie de recomendaciones sobre c\u00f3mo hab\u00edan de actuar en relaci\u00f3n con la causa episcopal. Sobre el obispo les dijo: \u00ab<em>sin duda, su Senyoria entiende bien el negocio, y tiene muy buen zelo a la paz de essas iglesias y ciudades, y spero en Dios que por su medio se ha de concluir porque sera para con Su Magestad muy gran medio y de mucho credito y auctoridad, y veole muy inclinado a que es poco perjuizio de Murcia lo que Oriuela pretiende<\/em>\u00bb. Por ello, les aconsej\u00f3 que tuviesen \u00ab<em>muy gran cuidado en tener a su Senyoria benivolo y grato, y muy informado quando por alla fuere, que creo que sera presto<\/em>\u00bb, y que entretanto, tratasen \u00ab<em>muy bien<\/em>\u00bb al provisor<sup>227<\/sup>.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, Togores fue a ver a May y al obispo, con el fin de anunciarles su inminente partida y para ofrecerse como correo si deseaban enviarles alguna misiva a las autoridades oriolanas. Ambos aprovecharon la ocasi\u00f3n y escribieron sendas cartas.<\/p>\n<p>May les agradeci\u00f3 la confianza que siempre hab\u00edan depositado en \u00e9l, y la gratitud que sent\u00edan hacia su persona; y les asegur\u00f3 que mantendr\u00eda su favor hacia la causa oriolana<sup>228<\/sup>.<\/p>\n<p>Y Sil\u00edceo les manifest\u00f3 que les ten\u00eda \u00ab<em>en mucha mer\u00e7ed<\/em>\u00bb que hubiesen recibido con agrado su elecci\u00f3n. Les asegur\u00f3 que intentar\u00eda servirles con tan buena voluntad como le hab\u00eda mostrado de su parte Luis Togores, quien le hab\u00eda dado buena relaci\u00f3n de las cuestiones del obispado. A este respecto, les coment\u00f3 que ten\u00eda deseos de hallar en la di\u00f3cesis \u00ab<em>paz y sosiego<\/em>\u00bb, y que en breve ir\u00eda a la ciudad, para trabajar por la paz y la concordia, en servicio de Dios y sosiego de su conciencia<sup>229<\/sup>.<\/p>\n<p>Y tras recoger las referidas cartas y despedirse, el martes 13 -burl\u00e1ndose de su destino- D. Luis Togores parti\u00f3 de Madrid en direcci\u00f3n a la ciudad del Bajo Segura.<\/p>\n<p>Hemos insertado el extra\u00f1o comentario anterior para recalcar que tal fecha, martes y trece, no fue ciertamente premonitoria de mala suerte para Togores, puesto que deseaba volver a su casa, y pocas horas despu\u00e9s de su salida lleg\u00f3 a la citada villa un correo urgente que portaba documentos para \u00e9l, en los que las autoridades oriolanas le encomendaban una nueva misi\u00f3n. No obstante, antes de proseguir, dejamos en este punto la narraci\u00f3n para prestar atenci\u00f3n a los hechos que estaban aconteciendo en Orihuela.<\/p>\n<p>Como ya expusimos, la embajada de Luis Togores fue propiciada fundamentalmente porque el provisor Mart\u00ednez, vulnerando leyes y costumbres, apel\u00f3 a su poder pontifical para llevar a la capital del obispado a varios cl\u00e9rigos detenidos al otro lado de la frontera castellano-aragonesa, a fin de juzgarlos en su curia y encarcelarlos en las prisiones episcopales.<\/p>\n<p>Pues bien, tras la partida del lugarteniente del gobernador, el vicario general sigui\u00f3 ejercitando esta onerosa pr\u00e1ctica, que tan graves perjuicios supon\u00eda para los oriolanos. Por ello, a mediados del mes de junio, aproximadamente, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad del Bajo Segura decidieron hacerle a Mart\u00ednez una propuesta intermedia que servir\u00eda para evitar los da\u00f1os sin menoscabar su autoridad. Teniendo presente que, una vez presentadas las protestas, las actuaciones del provisor no pod\u00edan causar detrimento alguno a la decisi\u00f3n del Pleito del Obispado, los mandatarios enviaron a Murcia a un procurador apellidado Ruiz con la misi\u00f3n de solicitarle que se desplazase a Orihuela de visita pastoral, y que all\u00ed detuviese, juzgase y encarcelase a todos los eclesi\u00e1sticos y seglares que considerase culpables de delitos espirituales. Pero de nada sirvi\u00f3 la intentona oriolana, el provisor -quiz\u00e1 aconsejado por el cabildo de Cartagena- se excus\u00f3 con buenas palabras y sigui\u00f3 actuando sin variar un \u00e1pice sus m\u00e9todos.<\/p>\n<p>Y para complacer a\u00fan m\u00e1s a los murcianos, hacia finales del mes de junio, se le ocurri\u00f3 que podr\u00eda realizar los actos propios de la visita pastoral en su propia casa. Por ello, expidi\u00f3 una provisi\u00f3n dirigida a todos los curas de las iglesias de la ciudad de Orihuela y su t\u00e9rmino, en la que, bajo rigurosas censuras y penas pecuniarias, les conminaba a comparecer ante \u00e9l con diversos fines.<\/p>\n<p>Por una parte, quer\u00eda que acudiesen a su presencia todos los beneficiados de las iglesias aludidas para examinarlos y comprobar de esa manera su idoneidad para el cargo que detentaban. Y ello era sumamente irregular, <em>ex una<\/em>, porque los hebdomadarios de la iglesia del Salvador hab\u00edan sido provistos en sus respectivas prebendas en virtud de bulas apost\u00f3licas que establec\u00edan que su asignaci\u00f3n a dichos oficios era vitalicia y que hab\u00edan de formar parte del cap\u00edtulo, de modo que el ordinario -el obispo- no pod\u00eda entrometerse de ninguna manera en tal disposici\u00f3n; y <em>ex alia<\/em>, porque los ex\u00e1menes de los beneficiados en las dem\u00e1s parroquias hab\u00edan de hacerlos, efectivamente, los vicarios generales, mas durante las visitas pastorales y en las propias iglesias.<\/p>\n<p>Y por otra parte, deseaba que los citados curas se personasen ante \u00e9l para proporcionarle determinadas informaciones. Quer\u00eda castigar a los feligreses que no se hab\u00edan confesado durante los a\u00f1os 1540 y 1541, y para ello requiri\u00f3 los \u00ab<em>memorials o patrons dels confessats<\/em>\u00bb de dichas a\u00f1adas. Asimismo, con id\u00e9ntico prop\u00f3sito punitivo, pretend\u00eda conocer los nombres de los que en el \u00faltimo a\u00f1o no hab\u00edan recibido \u00ab<em>lo sant sagrament<\/em>\u00bb, los de las \u00ab<em>persones desposades<\/em>\u00bb que no hab\u00edan o\u00eddo misa, los de los usureros y logreros, y los de los notarios que defraudaban bienes de los testamentos de los fallecidos; y para ello lleg\u00f3 a ordenarles que revelasen secretos de confesi\u00f3n. Todo esto iba en contra de los derechos y obligaciones de los referidos cl\u00e9rigos porque a quien realmente le compet\u00eda obtener todos esos datos era al propio vicario general cuando hiciese la visita pastoral. Por ello, la aceptaci\u00f3n de los mandatos del provisor supon\u00eda para los curas oriolanos un perjuicio tan ingente que, de hacerlo, la reputaci\u00f3n de la ciudad caer\u00eda en picado, y s\u00f3lo podr\u00eda compararse a la que ten\u00edan las aldehuelas de Murcia<sup>230<\/sup>.<\/p>\n<p>Cuando las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura tuvieron noticia del edicto, valoraron que su ejecuci\u00f3n podr\u00eda conllevar esc\u00e1ndalos populares, am\u00e9n de perjuicios irreparables para los derechos episcopales. Por ello, de inmediato, pensaron en enviarle al provisor una nueva embajada a fin de pedirle que anulase el mandato o, al menos, que suspendiese temporalmente su puesta en vigor y les concediese la oportunidad de consultar al obispo sobre su legalidad. Y as\u00ed procedieron. Cometieron la misi\u00f3n a un maestro en Artes llamado Dami\u00e1n Ceballos, y el 2 de julio le entregaron una carta de creencia para que compareciese ante el vicario general<sup>231<\/sup>.<\/p>\n<p>Acto seguido, Ceballos parti\u00f3 para Murcia. Ya en ella, hizo las diligencias oportunas para poder entrevistarse con el licenciado Mart\u00ednez. Le present\u00f3 las explicaciones y los requerimientos de sus representados. Y el provisor le respondi\u00f3 de una forma ciertamente cortante que hab\u00eda expedido el mandato para defender la superioridad de la iglesia cartaginense. Le reconoci\u00f3 sin temor ni decoro que hab\u00eda actuado conscientemente en favor de Murcia, para causar perjuicios a la Iglesia y la ciudad de Orihuela. De cualquier manera, no pudo negarle el derecho a consultar al obispo sobre la provisi\u00f3n, y tuvo que ampliar el plazo de las comparecencias hasta el final del mes de julio<sup>232<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la vuelta de Ceballos a Orihuela, los mandatarios de la ciudad decidieron encargarle a D. Luis Togores que le comentase al obispo Sil\u00edceo los desmanes que su provisor estaba perpetrando en la di\u00f3cesis. Por ello, el 6 de julio escribieron tres cartas, dirigidas respectivamente al propio lugarteniente del gobernador, al abogado Soriano y al prelado.<\/p>\n<p>A Togores le explicaron el contenido de la provisi\u00f3n. Y sobre ella le comentaron que no cab\u00eda duda de que Mart\u00ednez la hab\u00eda despachado \u00ab<em>per complaure als de Murcia e capitol de Cartajena<\/em>\u00bb, en \u00ab<em>gran afronte e dan<\/em>\u00bb de la causa episcopal; y que actuando as\u00ed parec\u00eda que deseaba \u00ab<em>anichilar y apocar<\/em>\u00bb la Iglesia oriolana m\u00e1s que \u00ab<em>los matexos de Murcia<\/em>\u00bb. Y para que pudiese presentarle al obispo pruebas de la parcial actitud de su oficial, le escribieron que Mart\u00ednez no hab\u00eda tenido ning\u00fan pudor en contestarle a Dami\u00e1n Ceballos que \u00ab<em>en estes coses ell havia de mirar molt la preminen\u00e7ia de aquella esglesia de Mur\u00e7ia<\/em>\u00bb, de modo que no s\u00f3lo hab\u00eda hecho p\u00fablico \u00ab<em>son pensament ab obres, mes encara ab paraules en favor dels de Mur\u00e7ia, contra aquest capitol y \u00e7iutat<\/em>\u00bb. Y le pidieron que incidiese en que tras hacerse p\u00fablica en Orihuela tal respuesta, la ciudad hab\u00eda quedado \u00ab<em>molt fatigada e indignada y ab raho<\/em>\u00bb, pues sus habitantes eran conscientes de que \u00ab<em>podent venir dit provisor<\/em>\u00bb y \u00ab<em>exer\u00e7ir son ofi\u00e7i, puix no se li fa obstacle ne impediment alguns, tota obediencia y honra<\/em>\u00bb, hab\u00eda decidido \u00ab<em>entraverssarse en passions<\/em>\u00bb y tomar parte \u00ab<em>en la causa de nostre plet, puix no li va a ell res<\/em>\u00bb. Y en conclusi\u00f3n, le encargaron que le rogase a Sil\u00edceo que le ordenara a su provisor que fuera a la ciudad del Bajo Segura y su distrito a ejercer su oficio, y que no perjudicara m\u00e1s los intereses oriolanos en el Pleito del Obispado hasta la resoluci\u00f3n real o, al menos, hasta la llegada del prelado a la di\u00f3cesis<sup>233<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, las referidas autoridades le escribieron a Soriano para pedirle que se ocupase de hacerle llegar las quejas al obispo en el caso de que, cuando arribase el correo a Madrid, D. Luis Togores ya hubiese salido de ella, de vuelta a Orihuela<sup>234<\/sup>.<\/p>\n<p>Y finalmente, a D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo le escribieron una nueva carta de creencia para Togores, aderezada con diversos cumplidos relacionados con la salud del prelado, que por su exageraci\u00f3n -algo grotesca- no nos podemos resistir a reproducir. En este sentido, le escribieron que al enterarse de su \u00ab<em>indisposi\u00e7ion<\/em>\u00bb hab\u00edan quedado \u00ab<em>muy fatigados<\/em>\u00bb, y que \u00ab<em>con el desseo devido de su salud<\/em>\u00bb hab\u00edan recurrido \u00ab<em>luego al verdadero medico, Dios Nuestro Senyor, al cual con lagrimas, ora\u00e7iones, pro\u00e7essiones y otros sacrifi\u00e7ios estamos y estaremos continuamente supplicando por la salud de vuestra Senyoria Reverendissima<\/em>\u00bb. Y adem\u00e1s le suplicaron que les hiciese \u00ab<em>mere\u00e7edores de nos mandar avisar de su salud, con la qual nos consolaremos mas que con la de nosotros propria<\/em>\u00bb<sup>235<\/sup>. Como podemos apreciar, las autoridades oriolanas no escatimaban halagos cuando los cre\u00edan \u00fatiles.<\/p>\n<p>Pues bien, como ya indicamos, el correo lleg\u00f3 a Madrid la noche del martes 13 de julio, unas horas despu\u00e9s de la partida de D. Luis Togores. Soriano recibi\u00f3 el pliego, lo abri\u00f3 y, tras leer su contenido, le pidi\u00f3 al propio mensajero que fuese a buscar al lugarteniente del gobernador a Torrijos o a Toledo, pues dado el poco tiempo que llevaba de viaje, era muy posible que se hallase en cualquiera de las dos poblaciones. El correo le contest\u00f3 que se hallaba \u00ab<em>muy cansado<\/em>\u00bb, pero finalmente accedi\u00f3 al ruego. Y el d\u00eda siguiente emprendi\u00f3 la b\u00fasqueda, dirigi\u00e9ndose a los lugares se\u00f1alados. Hall\u00f3 a Togores en Toledo y le pidi\u00f3 en nombre de Soriano que retornase a la corte, pero el lugarteniente del gobernador se excus\u00f3 y prosigui\u00f3 su camino. As\u00ed, el mensajero regres\u00f3 a Madrid, y el referido abogado se tuvo que encargar de hacer las gestiones ante el obispo. No estuvo s\u00f3lo, no obstante, en tal labor; le acompa\u00f1\u00f3 en todo momento D. Salvador Aymerich, gobernador de las tierras de D. Pedro Maza.<\/p>\n<p>Entre ambos lograron convencer al bienintencionado prelado de que atendiese las reclamaciones oriolanas. As\u00ed, el 19 de julio, el obispo les entreg\u00f3 una carta para las autoridades de la ciudad del Bajo Segura en la que les puso de manifiesto que sent\u00eda cierta predisposici\u00f3n favorable hacia \u00ab<em>sus personas, y generalmente a todos los de esa \u00e7iudad y partido<\/em>\u00bb. Les anunci\u00f3 que se personar\u00eda en la di\u00f3cesis en breve. Les coment\u00f3 su deseo de que a su llegada \u00ab<em>estuviesen todas las cosas en mucha paz<\/em>\u00bb. Les comunic\u00f3 que si su provisor les hab\u00eda causado alg\u00fan perjuicio, les desagraviar\u00eda. Les manifest\u00f3 su intenci\u00f3n de encargarse personalmente del ejercicio de todas las atribuciones correspondientes a su autoridad episcopal. Sobre la provisi\u00f3n, les comunic\u00f3 que ya le hab\u00eda escrito al licenciado Mart\u00ednez para que suspendiese su ejecuci\u00f3n, precisando que \u00ab<em>por el bien de las animas y por el decor del dicho su provisor<\/em>\u00bb, le hab\u00eda encargado que ordenase a uno o dos curas que llevasen \u00ab<em>los padrones de los no confessados<\/em>\u00bb a Murcia, con el fin de conocer los nombres de los feligreses que no se hab\u00edan confesado, pero no para llamarlos a su presencia, sino para evitarle a su servidor la deshonra de una revocaci\u00f3n completa del mandato. Y, por \u00faltimo, les remiti\u00f3 a la carta que les escribir\u00eda Jer\u00f3nimo Soriano, en la que podr\u00edan hallar m\u00e1s informaci\u00f3n al respecto de sus pl\u00e1ticas<sup>236<\/sup>.<\/p>\n<p>Y tal como les indic\u00f3 el obispo, el abogado les redact\u00f3 una misiva el d\u00eda siguiente, 20 de julio. En ella, tras se\u00f1alar la \u00ab<em>mucha benignidad<\/em>\u00bb que hab\u00eda mostrado Sil\u00edceo al revocar el mandamiento de su provisor, y el \u00ab<em>sancto y catholico zelo que su senyoria tiene, y special amor y respecto a essa sancta yglesia y a toda la ciudad<\/em>\u00bb, les resalt\u00f3 que el obispo hac\u00eda cuanto pod\u00eda por satisfacerles, y que, por ello, deb\u00edan mostrarse especialmente gratos para con \u00e9l. En este sentido, incidi\u00f3 en que era muy conveniente tenerlo contento \u00ab<em>porque este senyor no solo en lo que toca a su dignidad y persona, pero por el credito y lugar que tiene con Su Magestad y con su sancta y catholica intincion, ha de ser parte<\/em>\u00bb. Les coment\u00f3 que entend\u00eda muy bien las reivindicaciones episcopales oriolanas, y que estaba \u00ab<em>muy higual para las dos partes y muy apre\u00e7ebido en no ser parcial a ninguna dellas<\/em>\u00bb. Y, por \u00faltimo, les recomend\u00f3 que no contrariasen su voluntad pues hab\u00eda de ir muy pronto a residir en la di\u00f3cesis. Y concluy\u00f3 el escrito poniendo de manifiesto la competente labor tanto de D. Salvador Aymerich como del correo y diciendo que el obispo hab\u00eda mejorado considerablemente de su indisposici\u00f3n<sup>237<\/sup>.<\/p>\n<p>Y el d\u00eda siguiente, 21 de julio, el referido mensajero parti\u00f3 de Madrid, en direcci\u00f3n a Orihuela, con ambas cartas y la favorable nueva de la suspensi\u00f3n del mandato del licenciado Mart\u00ednez.<\/p>\n<p>Entre tanto, en la ciudad del Bajo Segura, la preocupaci\u00f3n por la inminente ejecuci\u00f3n de dicha provisi\u00f3n segu\u00eda creciendo. Por ello, las autoridades municipales decidieron recabar la opini\u00f3n del doctor Filibert, y el 16 de julio le enviaron por medio de Juan Savall una copia del mandamiento y una carta solicit\u00e1ndole consejo<sup>238<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras unos d\u00edas m\u00e1s de tensi\u00f3n, la situaci\u00f3n se arregl\u00f3 por completo. No sabemos si Filibert lleg\u00f3 a responder a los requerimientos oriolanos, pero s\u00ed que de una manera casi simult\u00e1nea arribaron a la ciudad el mensajero procedente de la corte y el tantas veces reclamado fr. Ambrosio de la Serna. Aprovechando tan venturosa concurrencia de hechos, el 27 de julio los mandatarios decidieron enviar al dominico a entrevistarse con el provisor Mart\u00ednez<sup>239<\/sup>. Y demostrando de nuevo sus cualidades, el cl\u00e9rigo regular consigui\u00f3 que el oficial episcopal revocase p\u00fablicamente la ejecuci\u00f3n de su da\u00f1ino mandamiento.<\/p>\n<p>Pese a ello, la paz no dur\u00f3 mucho tiempo en la di\u00f3cesis. A mediados del mes de agosto, el provisor y el cabildo de Cartagena se alarmaron al conocer ciertos rumores que apuntaban que el justicia y los jurados de Orihuela hab\u00edan impedido a los arrendadores de las rentas episcopales y capitulares cartaginenses que extrajesen el trigo y la cebada que les correspond\u00eda, y que, adem\u00e1s, les hab\u00edan reclamado el pago de los derechos de almojarifazgo y general por tales frutos. Y que como consecuencia de tan funesta actitud, buena parte del grano se hab\u00eda echado a perder, y el resto llevaba camino de malograrse si no tomaban las medidas oportunas, y con celeridad.<\/p>\n<p>Y haciendo caso a estas informaciones, el 18 de agosto decidieron enviar a la ciudad del Bajo Segura al mayordomo capitular, Rodrigo Chac\u00f3n, a quien le entregaron, asimismo, una carta dirigida a los aludidos mun\u00edcipes.<\/p>\n<p>Chac\u00f3n se person\u00f3 ante los mandatarios, y apropi\u00e1ndose de las palabras de sus representados, les puso de manifiesto el asombro y la extra\u00f1eza que les hab\u00eda producido el hecho de que \u00ab<em>tan recto Consejo y buen govierno<\/em>\u00bb hubiese procedido de una manera tan il\u00edcita, en contra de conocidos privilegios reales y apost\u00f3licos y de diversas sentencias judiciales. Y tras afirmar que no quer\u00edan que la cuesti\u00f3n suscitase nuevos pleitos y diferencias, sino que todo se tratase con \u00ab<em>buena amistad y conformidad<\/em>\u00bb, les solicit\u00f3 que mandasen remediar la situaci\u00f3n, esto es, que dieran libertad a las rentas \u00ab<em>ansi en la saca como en la imposicion<\/em>\u00bb<sup>240<\/sup>.<\/p>\n<p>Las palabras de Chac\u00f3n turbaron a los ediles porque los hechos hab\u00edan sido de nuevo tergiversados, si no manipulados. Por ello, se aprestaron a comentarle que los arrendadores se quejaban sin raz\u00f3n pues el factor que hab\u00eda causado los aludidos perjuicios no hab\u00eda sido, desde luego, que les hubiesen prohibido la extracci\u00f3n y venta del trigo y la cebada, sino que, movidos por la \u00ab<em>codi\u00e7ia<\/em>\u00bb, los referidos tratantes hab\u00edan decidido esperar a que \u00ab<em>subiesen los panes<\/em>\u00bb para vender el grano m\u00e1s \u00ab<em>charo<\/em>\u00bb. Adem\u00e1s, para que pudiese comprobar la buena voluntad que hab\u00edan mostrado en el caso, le contaron que, viendo que el cereal comenzaba a echarse a perder, hab\u00edan intentado favorecer su comercializaci\u00f3n, y que, por contra, los arrendadores no hab\u00edan querido aprovechar la ventajosa ocasi\u00f3n, en espera de mayores beneficios. Y completando la respuesta, los mun\u00edcipes le informaron al mayordomo cartaginense que respecto a la reclamaci\u00f3n del pago de los derechos de almojarifazgo y general no pod\u00edan hacer nada, ya que la percepci\u00f3n de ambos correspond\u00eda a la Bail\u00eda y, por consiguiente, era ajena a sus competencias. No obstante, para que se diese cuenta -al igual que sus representados-, de la predisposici\u00f3n que ten\u00edan para solucionar la cuesti\u00f3n, le indicaron que tratar\u00edan de ayudarles hablando con los jueces del citado organismo tributario<sup>241<\/sup>.<\/p>\n<p>De esta manera, el asunto qued\u00f3 solventado, y no lleg\u00f3 a producirse una nueva ruptura de relaciones entre la clerec\u00eda murciana y la corporaci\u00f3n municipal oriolana; un rompimiento que en semejantes momentos hubiese sido realmente inoportuno para ambas partes.<\/p>\n<p>En esta l\u00ednea, el mes de septiembre y la primera mitad del de octubre fueron ciertamente tranquilos. Pocos sucesos podemos rese\u00f1ar entre los acontecidos durante dicho lapso temporal.<\/p>\n<p>En primer lugar, que fr. Ambrosio de la Serna fue destinado al convento dominico de Onteniente, y que ello dio motivo a las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad del Bajo Segura para que a principios de septiembre escribiesen al P. Joan Mic\u00f3 y a su sustituto como Provincial de la Orden de Predicadores en los reinos de Arag\u00f3n, Catalu\u00f1a y Valencia, pidi\u00e9ndoles que volviesen a remitir al competente fraile a la \u00ab<em>casa de Nuestra Senyora del Socos<\/em>\u00bb de Orihuela, ya que consideraban necesaria su presencia en dicha poblaci\u00f3n tanto para el desarrollo del citado establecimiento, como para el trato directo con el obispo, cuya llegada a la di\u00f3cesis se cre\u00eda inminente. En relaci\u00f3n con el Pleito del Obispado, los mandatarios no dudaban en afirmar que la intervenci\u00f3n de Serna en las negociaciones hab\u00eda de ser decisiva, ya que \u00ab<em>esperaven per ses mans, en breu temps, tenir bona conclusio en aquell, per esser accepte al Reverendissimo bisbe, nostre prelat<\/em>\u00bb; y que su ausencia supondr\u00eda un \u00ab<em>gran dan en dit negoci<\/em>\u00bb<sup>242<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n podemos destacar que durante el se\u00f1alado mes de septiembre, las autoridades oriolanas aprovecharon la estancia del duque de Alba en Cartagena para enviarle una embajada con la intenci\u00f3n de invitarle a pasar unos d\u00edas en la ciudad del Bajo Segura, a fin de hacerle los cumplidos y las gracias que merec\u00eda por los continuos favores que les hab\u00eda prestado en relaci\u00f3n con la causa episcopal. El duque rechaz\u00f3 cort\u00e9smente la oferta, aunque como \u00ab<em>verdadero amigo<\/em>\u00bb de los oriolanos, les prometi\u00f3 su apoyo incondicional en tal empresa y en cualesquiera otras que deseasen acometer<sup>243<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, pese a las gestiones realizadas, el vicario general de la Orden de Predicadores no quiso destinar a fr. Ambrosio de la Serna a Orihuela. Prefiri\u00f3 contar con su presencia en el convento que regentaba en Valencia, y lo llam\u00f3 a la capital del Reino. Enterados de tal nueva, las autoridades de la poblaci\u00f3n sure\u00f1a decidieron volverle a rogar al Provincial que lo remitiese al convento del Socorro. No obstante, en lugar de dirig\u00edrsele personalmente, variaron de t\u00e1ctica. A mediados de octubre -el d\u00eda 14-, les escribieron sendas cartas al duque de Calabria y al obispo de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada, que a la saz\u00f3n detentaba el influyente cargo de inquisidor del Reino de Valencia, para que tratasen de convencer al referido mandatario dominico<sup>244<\/sup>. Sin embargo, la gesti\u00f3n, encaminada por el s\u00edndico Juan Savall, no dio los resultados deseados, y la arribada de fr. Ambrosio de la Serna a\u00fan se hizo esperar alg\u00fan tiempo.<\/p>\n<p>Por el contrario, a quien no tuvieron que aguardar mucho m\u00e1s fue a D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo, pues lleg\u00f3 a la di\u00f3cesis entrada ya la segunda mitad del referido mes de octubre.<\/p>\n<ol start=\"11\">\n<li><strong> La incomparecencia murciana a las llamadas reales de 1542.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La noticia de la llegada de Sil\u00edceo se extendi\u00f3 con rapidez por todo el obispado. En Orihuela fue acogida por sus autoridades con gran alivio ya que deb\u00eda significar el final de los desmanes del provisor Francisco Mart\u00ednez. Por ello, tras conocer la nueva, los mandatarios actuaron con celeridad. Decidieron enviarle al prelado una primera visita oficial con el doble fin de cumplir con el protocolo de bienvenida, y de recordarle las demandas secesionistas, en aras a prevenir que el cabildo de Cartagena, haciendo uso de sus habituales procedimientos, tratase de desnivelar en su favor la imparcialidad del prelado en el conflicto episcopal.<\/p>\n<p>As\u00ed, hacia el 25 de octubre D. Gregorio de Rocafull y D. Luis Gasch le realizaron al mitrado los honores convenientes a su rango. Sil\u00edceo qued\u00f3 tan satisfecho con las atenciones oriolanas que el d\u00eda 26 de dicho mes escribi\u00f3 a los referidos mandatarios que hab\u00eda recibido \u00ab<em>muy gran contentamiento<\/em>\u00bb por la embajada, que hab\u00eda quedado \u00ab<em>en no pequenya obligacion de les servir<\/em>\u00bb, y que en breve ir\u00eda a la ciudad del Bajo Segura para saludarles en persona<sup>245<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, pese a estas palabras, que parec\u00edan reflejar con sinceridad las intenciones del obispo, su visita a Orihuela se retras\u00f3 considerablemente, y no se produjo hasta el tr\u00e1nsito al nuevo a\u00f1o 1542. Entretanto, a mediados de noviembre Sil\u00edceo advirti\u00f3 a sus feligreses de la aludida poblaci\u00f3n ribere\u00f1a que ten\u00eda la intenci\u00f3n de organizar a corto plazo un s\u00ednodo diocesano en Murcia. Por este motivo, y para que la clerec\u00eda oriolana pudiese participar en \u00e9l sin que se viesen menoscabadas las aspiraciones episcopales, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad optaron por preparar \u00ab<em>dos escriptures de protests<\/em>\u00bb, y las enviaron a Valencia, al prestigioso doctor Filibert, para que las corrigiese, completase o rehiciese a su gusto<sup>246<\/sup>. No obstante, antes de que les llegase la respuesta del afamado jurista, una noticia de enorme alcance acapar\u00f3 por completo su atenci\u00f3n: el ansiado retorno del emperador a las tierras de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica.<\/p>\n<p>Tras su larga estancia en los Pa\u00edses Bajos y en Alemania, y su fracasada expedici\u00f3n contra Argel, Carlos I emprendi\u00f3 el regreso a sus reinos de Espa\u00f1a con una idea inconmutable: conseguir nuevos fondos con los que tratar de detener la progresiva decadencia imperial. Tras casi dos a\u00f1os de ausencia, volvi\u00f3 a pisar suelo hispano el 23 de noviembre de 1541<sup>247<\/sup>.<\/p>\n<p>La noticia de la llegada del monarca corri\u00f3 como la p\u00f3lvora -y a la par que ella- por las diferentes localidades del Reino de Valencia. El 29 de noviembre ya hab\u00eda arribado a su conf\u00edn meridional. Dicho mismo d\u00eda, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela decidieron enviarle a Su Sacra y Ces\u00e1rea Majestad una embajada para hacerle manifiesta \u00ab<em>la alegria y consola\u00e7ion<\/em>\u00bb que hab\u00edan sentido por su \u00ab<em>bienaventurada venida<\/em>\u00bb. Y encomendaron la representaci\u00f3n del pueblo y el clero de la ciudad a tres insignes personalidades: a dos de los caballeros principales, D. Gregorio de Rocafull y D. Francisco de Rocamora; y a un cl\u00e9rigo de creciente renombre, mos\u00e9n Guillem Desprats, que circunstancialmente se hallaba en la vecina Murcia. Asimismo, tambi\u00e9n creyeron conveniente que los tres procuradores le presentasen sus respetos al comendador mayor de Le\u00f3n, Francisco de los Cobos, por ser \u00ab<em>persona tan important en lo Consell de Sa Magestat y per lo molt quens pot aprofitar<\/em>\u00bb. Los s\u00edndicos debieron partir en direcci\u00f3n a la corte el 1 de diciembre<sup>248<\/sup>.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s de la comparecencia de los procuradores oriolanos ante el emperador, el obispo Sil\u00edceo volvi\u00f3 a cobrar protagonismo. Pasada la fiesta de Navidad, el prelado inici\u00f3 su primera visita pastoral por las tierras de la di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>El 28 de diciembre arrib\u00f3 a la capital del Bajo Segura para solaz de sus autoridades y, en general, de la universidad de moradores de la ciudad. Tras dispensarle una calurosa recepci\u00f3n, ese mismo d\u00eda los aludidos mandatarios se reunieron con \u00e9l en la \u00ab<em>Catedral<\/em>\u00bb del Salvador, y por medio de los procuradores Juan Portogu\u00e9s y Gaspar Rovira le presentaron una escritura redactada por el notario del <em>Consell<\/em> Francisco Vilanova. En ella, le recordaron los antecedentes inmediatos que hab\u00edan llevado al surgimiento del Pleito del Obispado; y en relaci\u00f3n con \u00e9l, le suplicaron, como \u00ab<em>presul Oriolensis<\/em>\u00bb, que se dignase a tomar posesi\u00f3n de dicha Iglesia, que nombrase a un vicario general, y que comenzase a ejercer el oficio pontifical. Y previendo que no pudiese satisfacer dichas peticiones, le rogaron que no actuase en Orihuela como obispo de Cartagena hasta la finalizaci\u00f3n de la lite. Y por \u00faltimo, creyendo factible la posibilidad de que el prelado no pudiese acceder a ninguna de las demandas, hicieron p\u00fablica su protesta contra cualquier mandato episcopal, precisando que con ello no pretend\u00edan contradecir ni molestar al mitrado en sus facultades pontificales, y que lo hac\u00edan por temor y obediencia a los mandatos reales<sup>249<\/sup>.<\/p>\n<p>No tenemos constancia de la respuesta del obispo, pero es obvio que no tom\u00f3 posesi\u00f3n del obispado de Orihuela, ya que adem\u00e1s de que en la pr\u00e1ctica no exist\u00eda, \u00e9l \u00fanicamente hab\u00eda sido designado como prelado de la di\u00f3cesis de Cartagena. Por ello, probablemente se limit\u00f3 a admitir la protesta, a sabiendas de que los feligreses oriolanos obedecer\u00edan sus \u00f3rdenes, y que dicho acatamiento no tendr\u00eda efecto alguno en el decurso del Pleito.<\/p>\n<p>Tras este primer contacto, las autoridades de la ciudad del Bajo Segura no escatimaron ni esfuerzos ni gastos para seguir sirviendo y festejando a Sil\u00edceo<sup>250<\/sup>. El prelado qued\u00f3 tan \u00ab<em>contento<\/em>\u00bb con ellos que decidi\u00f3 agradecerles tales trabajos pasando en Orihuela unos d\u00edas m\u00e1s, hasta la festividad del A\u00f1o Nuevo. Dicha jornada, los referidos mandatarios aprovecharon la buena disposici\u00f3n del mitrado para presentarle una segunda escritura de petici\u00f3n y protesta. Lo citaron en el domicilio de Guillem Desprats, y por medio de los s\u00edndicos Portogu\u00e9s y Rovira le entregaron el documento.<\/p>\n<p>En \u00e9l, le solicitaron que revocase la orden de asistencia al s\u00ednodo que pretend\u00eda celebrar en Murcia, remarcando que \u00ab<em>de jure<\/em>\u00bb no pod\u00eda convocarles a dicha reuni\u00f3n. Y, abundando en s\u00faplicas anteriores, le rogaron que no ejerciese en Orihuela el oficio pastoral como obispo de Cartagena hasta que se resolviese la controversia segregacionista<sup>251<\/sup>.<\/p>\n<p>Sil\u00edceo les respondi\u00f3, seg\u00fan su costumbre, de una manera tan diplom\u00e1tica como h\u00e1bil, consiguiendo reforzar su autoridad sin detrimento alguno del respeto que las autoridades oriolanas le hab\u00edan profesado desde el momento de su elecci\u00f3n. Y el d\u00eda siguiente reemprendi\u00f3 su viaje pastoral, con los ojos puestos en el horizonte buscando sus inmediatos destinos: las poblaciones de Elche y Alicante.<\/p>\n<p>Por otra parte, durante la estad\u00eda del obispo, los mandatarios echaron en falta la presencia de fr. Ambrosio de la Serna, quien se hallaba de nuevo en Onteniente. No obstante, pese a ello, pensaron que el poderoso ascendiente del dominico a\u00fan pod\u00eda serles de provecho. Y el 3 de enero decidieron escribirle una carta para solicitarle que tratase de alcanzar al prelado en Alicante, o en Villena -que iba a ser el siguiente hito geogr\u00e1fico de su visita episcopal-. Y que una vez compareciese ante \u00e9l, le comentase que conoc\u00eda bien \u00ab<em>la quanta justicia<\/em>\u00bb que ten\u00edan los oriolanos en el Pleito del Obispado, y que sab\u00eda que los murcianos les hab\u00edan quitado \u00ab<em>con disfavores<\/em>\u00bb lo que ten\u00edan ganado de Su Majestad; y le suplicase que escribiese al monarca haci\u00e9ndole plena relaci\u00f3n \u00ab<em>de la verdat y de la tanta razon<\/em>\u00bb que ten\u00edan al reclamar un obispado propio<sup>252<\/sup>.<\/p>\n<p>No sabemos si el fraile dominico lleg\u00f3 a parlamentar con el mitrado, pero s\u00ed que D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo, tras terminar su periplo, retorn\u00f3 a Murcia y llev\u00f3 a la pr\u00e1ctica su idea de celebrar el controvertido s\u00ednodo.<\/p>\n<p>A las autoridades oriolanas no les import\u00f3 mucho que el mitrado organizase finalmente tal acto -ya hab\u00edan puesto a salvo sus derechos con las protestas anteriormente citadas-, pero s\u00ed la desconfianza que desde su llegada a las tierras de la di\u00f3cesis hab\u00eda mostrado hacia las cuentas municipales de las rentas de las f\u00e1bricas. De nada hab\u00eda servido que le suplicaran \u00ab<em>diversas vezes<\/em>\u00bb que las revisase, \u00ab<em>porque se viesse la limpiesa dellas<\/em>\u00bb. Ni Sil\u00edceo ni su provisor quisieron admitirlas. Y con el poco velado fin de hacerse con su administraci\u00f3n -ya pretendido con anterioridad por el obispo de Fez durante su vicariato-, trataron de superar los obst\u00e1culos legales, sustentados en diversos privilegios reales, arguyendo que dichos frutos no eran utilizados convenientemente, pues lejos de dedicarse a la reparaci\u00f3n y construcci\u00f3n de las iglesias, serv\u00edan para sufragar otros gastos muy diferentes. Pese a tan declarada actitud, los mun\u00edcipes no cejaban en su intenci\u00f3n de que el prelado reconociese la licitud de su gesti\u00f3n. Por ello, el 18 de enero, decidieron aprovechar la estada de Sil\u00edceo en Murcia para volver a presentarle los libros de cuentas. Encargaron tal misi\u00f3n al propio justicia en lo criminal, Pedro de Loazes. No obstante, como era de prever, la embajada no tuvo ning\u00fan \u00e9xito, y el edil tuvo que volver sin haber cumplido su objetivo<sup>253<\/sup>.<\/p>\n<p>Entonces, los referidos mandatarios quisieron forzar un punto la situaci\u00f3n. Calculando que el mitrado a\u00fan permanecer\u00eda en la sede episcopal unas cuantas semanas m\u00e1s, ocupado en los negocios sinodales, decidieron enviar al mismo Pedro de Loazes a Valencia con el prop\u00f3sito de conseguir el consejo del doctor Jaime Filibert. Sin embargo, las conjeturas oriolanas no fueron muy acertadas ya que el d\u00eda 28 de ese mismo mes de enero, estando a\u00fan el justicia en la ciudad del Turia, lleg\u00f3 a la del Bajo Segura la noticia de que Sil\u00edceo iba a clausurar el s\u00ednodo esa misma jornada, y que hab\u00eda planeado partir de Murcia en direcci\u00f3n a la corte dos d\u00edas despu\u00e9s. Apurados por la situaci\u00f3n, las autoridades oriolanas le escribieron una carta explic\u00e1ndole que Loazes no hab\u00eda retornado a\u00fan de Valencia, y pidi\u00e9ndole excusas por no haber zanjado la cuesti\u00f3n antes de su marcha. Y para que el prelado no sintiese \u00ab<em>escrupulo alguno<\/em>\u00bb de ellos, le indicaron que cuando volviese a Murcia, no tardar\u00edan en ir a demostrarle la rigurosidad de las cuentas de las f\u00e1bricas<sup>254<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, no tuvieron que aguardar a que se produjese tal acontecimiento. Pedro de Loazes volvi\u00f3 de Valencia el \u00faltimo de enero, portando unos esclarecedores documentos del abogado Filibert. Y queriendo apurar sus posibilidades, el 1 de febrero los mun\u00edcipes enviaron a la b\u00fasqueda de Sil\u00edceo al propio justicia y al notario del <em>Consell<\/em>, Francisco Vilanova. Lo alcanzaron en Alhama, pero no pudieron entregarle los citados instrumentos hasta que el prelado se detuvo en Lorca. All\u00ed, hubo finalmente de reconocer la limpieza de la contabilidad de los jurados de Orihuela<sup>255<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, no por ello dejaron de sufrir contratiempos las apetecidas rentas de las f\u00e1bricas. Poco despu\u00e9s, mediado ya el referido mes de febrero, los colectores de la bula de la Santa Cruzada en el obispado de Cartagena, el maestrescuela Antonio Tamar\u00f3n y el racionero Juan de Villatorta, publicaron un edicto en el que ordenaban que las f\u00e1bricas de las iglesias de Orihuela y su distrito hab\u00edan de contribuir al pago del subsidio concedido al emperador.<\/p>\n<p>Las autoridades de la ciudad del Bajo Segura no tardaron en reaccionar. Tras conocer las il\u00edcitas pretensiones de los cl\u00e9rigos murcianos, el 23 de febrero decidieron enviar al notario y abogado Jaime Monblanch con una misiva en la que expon\u00edan con claridad que las rentas de las f\u00e1bricas eran laicas, y que, por lo tanto, no pod\u00edan ser objeto de tributaciones eclesi\u00e1sticas, con la intenci\u00f3n de lograr la revocaci\u00f3n inmediata del mandato de pago<sup>256<\/sup>. Monblanch compareci\u00f3 ante los colectores, les mostr\u00f3 la carta de sus representados, as\u00ed como diversos autos y privilegios, y consigui\u00f3 la derogaci\u00f3n de la orden contributiva<sup>257<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en Valladolid el emperador lidiaba con las mansas Cortes castellanas. Tras conseguir la aprobaci\u00f3n de un servicio de 300 millones de maraved\u00eds, Carlos I decidi\u00f3 complementar tal cantidad con la aportaci\u00f3n de los Reinos de la Corona de Arag\u00f3n. Por ello, el 5 de abril los convoc\u00f3 a unas Cortes generales, que tendr\u00edan lugar en la villa de Monz\u00f3n a partir del 15 de mayo siguiente.<\/p>\n<p>La carta de convocatoria lleg\u00f3 a Orihuela el 25 de abril, junto con un escrito del duque de Calabria, fechado 11 d\u00edas antes, en el que les daba noticia de los deseos reales, y les instaba a nombrar a un s\u00edndico que tuviese poder pleno y bastante para acudir a la reuni\u00f3n parlamentaria. El <em>Consell<\/em> de la ciudad del Bajo Segura obtemper\u00f3 las \u00f3rdenes reales y virreinales, y design\u00f3 como procurador al experimentado Gin\u00e9s de Vilafranca. Encomend\u00f3 al justicia y a los jurados la preparaci\u00f3n de los diferentes documentos -instrucciones, cartas credenciales y de recomendaci\u00f3n y autos argumentativos- que habr\u00eda de llevarse Vilafranca a la citada villa aragonesa. Y entre ellos, el justicia Pedro de Loazes y el jurado Juan Ruiz se comprometieron a financiar la embajada carg\u00e1ndose censales sobre los hipotecados bienes de la ciudad<sup>258<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, tal como hab\u00eda sucedido en ocasiones anteriores, la inauguraci\u00f3n de las Cortes se retras\u00f3 por un tiempo, y los ediles oriolanos aprovecharon la dilaci\u00f3n para tratar de asegurarse mayores apoyos en la reuni\u00f3n parlamentaria.<\/p>\n<p>El 10 de mayo el justicia y los jurados ya ten\u00edan preparadas las principales cartas de creencia que hab\u00eda de llevarse a Monz\u00f3n el procurador electo. Redactaron escritos para el propio Carlos I -a cuya \u00ab<em>benignitat e solita clemen\u00e7ia<\/em>\u00bb apelaron-, para los m\u00e1s destacados componentes de los Consejos de Arag\u00f3n y Castilla -los regentes Ram y Costa y el vicecanciller May, del primero, y el regente Pastor, del segundo-, para sus contactos en la corte -el secretario Hugo de Urries y el doctor Jer\u00f3nimo Soriano-, y para los hombres fuertes del emperador en sus reinos de Espa\u00f1a -el duque de Alba, Francisco de los Cobos y el se\u00f1or de Granvelle-. De todas las misivas, requiere especial comentario la que dirigieron a este \u00faltimo. En ella, le pusieron de manifiesto que \u00ab<em>en las dichas Cortes, entre otros agravios de esta ciudat, se a de praticar e tratar de un tan grande y notorio agravio como es que esta ciudad este tanto tiempo desposeida de su possession de obispado<\/em>\u00bb. Le comentaron que les parec\u00eda \u00ab<em>cosa muy seria<\/em>\u00bb que \u00ab<em>en tantos anyos<\/em>\u00bb no hubiesen \u00ab<em>podido alcan\u00e7ar remedio de lo que en tan breve tiempo fuymos despossehidos sin ser oydos, ni conocida nuestra justicia<\/em>\u00bb. Y recurriendo a su \u00ab<em>refugio<\/em>\u00bb, \u00ab<em>a la sombra de sus alas<\/em>\u00bb, le solicitaron su favor \u00ab<em>por ser persona tan justificada y de tanta rectitut<\/em>\u00bb<sup>259<\/sup>.<\/p>\n<p>Y teniendo en cuenta que Vilafranca habr\u00eda de pasar por Valencia, de camino a Monz\u00f3n, le prepararon otra serie de escritos dirigidos a diferentes personalidades e instituciones del Reino, en los que les solicitaban que ordenasen a sus representantes en las Cortes que apoyasen las demandas secesionistas, y que escribiesen al emperador en recomendaci\u00f3n y defensa de dichas tesis. El mismo 10 de mayo fecharon los destinados al duque de Calabria, al cap\u00edtulo de la Metropolitana, a los jurados de la ciudad del Turia y a la Diputaci\u00f3n del General<sup>260<\/sup>. Y cinco d\u00edas m\u00e1s tarde, dataron nuevas misivas que el s\u00edndico habr\u00eda de entregar personalmente al gobernador Maza, al justicia y los jurados de J\u00e1tiva, al conde de Oliva, y a los duques de Gand\u00eda, Cardona y Segorbe<sup>261<\/sup>.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, el 17 de mayo, los mun\u00edcipes ultimaron la confecci\u00f3n de los instrumentos de instrucciones que habr\u00edan de regir las actuaciones del procurador oriolano en Monz\u00f3n. En tales documentos le dejaron muy claro a Vilafranca que en primer lugar hab\u00eda de suplicarle al emperador, postrado a sus pies y con la mayor humildad, que tuviese en cuenta los antecedentes del Pleito -incluidas las \u00ab<em>dilacions<\/em>\u00bb y los \u00ab<em>diffugis<\/em>\u00bb de los murcianos-, y que se acordase de todos los autos de Corte que hab\u00eda jurado en todas las reuniones parlamentarias anteriores, desde 1528, y que, en conformidad con su contenido, remitiese la causa episcopal a manos de la Santa Sede Apost\u00f3lica para que all\u00ed pudiese ser retomada desde el punto en que se hallaba cuando fue despachado el breve de Bolonia, de modo que fuese sentenciada de una manera definitiva.<\/p>\n<p>Previendo que, con casi total seguridad, la respuesta del emperador hab\u00eda de ser negativa, y que Carlos I iba a mantener su decisi\u00f3n de encargarse personalmente de la resoluci\u00f3n del caso, los ediles le indicaron a Vilafranca que le rogase que decretara que el litigio fuese sustanciado de modo inmediato por la v\u00eda judicial, de manera que ninguna de las partes pudiese sentirse agraviada.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, el procurador hab\u00eda de explicarle al monarca los diferentes factores que hac\u00edan a la Iglesia y la ciudad de Orihuela dignas merecedoras del rango episcopal: las diferencias de naci\u00f3n, lengua, costumbres e instituciones (gobernaci\u00f3n y bail\u00eda) y la situaci\u00f3n fronteriza y rival; los problemas de jurisdicci\u00f3n -la negativa de ir a pleitear a Murcia-; la importancia de otras poblaciones o unidades territoriales de la zona como Alicante (\u00ab<em>port e castell de homenage<\/em>\u00bb, \u00ab<em>ciutat molt important a Sa Magestat<\/em>\u00bb), el marquesado de Elche, el valle de Elda, y otras villas \u00ab<em>grosses e poderoses<\/em>\u00bb; antecedentes hist\u00f3ricos como la muestras de fidelidad y los servicios prestados a los reyes anteriores -tanto de la Corona de Arag\u00f3n como de la nueva Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica-, la promesa de Alfonso el <em>Magn\u00e1nimo<\/em>, la erecci\u00f3n episcopal de 1510 o la confirmaci\u00f3n de Le\u00f3n X; el car\u00e1cter subrepticio de los rescriptos apost\u00f3licos conseguidos por los cartaginenses; los ya aludidos autos de Corte; y la pertinaz actitud murciana, contraria a los mandatos reales. Y por \u00faltimo, un argumento nuevo, de considerable peso. Un precedente fundamentado en una disposici\u00f3n de Teodosio II, autor del prestigioso <em>C\u00f3digo Teodosiano<\/em>, que legitimaba sin lugar a dudas la segregaci\u00f3n oriolana ya que, seg\u00fan hab\u00eda de comentarle Vilafranca a Su Majestad, el citado emperador \u00ab<em>eregi en metropolitana la ciutat de Berito, la qual era en la provincia de Tiro, e volgue que la dita ciutat de Tiro fos mare de la dita provincia de Berito, per sa liberalitat imperial, y que abduys gojassen de dignitat metropolitana<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Y, finalmente, ten\u00eda que ponerle al corriente de las ofertas que los cartaginenses les hab\u00edan hecho, y que hab\u00edan desechado confiando en la justicia de sus reclamaciones<sup>262<\/sup>.<\/p>\n<p>Como ya hemos apuntado, pese a la voluntad inicial del emperador de convocar la se\u00f1alada reuni\u00f3n parlamentaria para mediados de mayo, su inauguraci\u00f3n se retras\u00f3 considerablemente. A principios de junio, Gin\u00e9s de Vilafranca a\u00fan no hab\u00eda partido de la ciudad del Bajo Segura. El primer d\u00eda de dicho mes los mun\u00edcipes redactaron tres nuevas cartas. Una dirigida al obispo Sil\u00edceo, pidi\u00e9ndole que apoyase a Vilafranca cuando presentase los agravios relacionados con la lite episcopal. Otra para D. Fernando de Loazes, por entonces obispo de Elna e inquisidor general del Reino de Valencia, para que interpusiese su influencia en provecho de la causa. Y una tercera, destinada al doctor Filibert, que tambi\u00e9n iba a acudir a las Cortes, rog\u00e1ndole que se encargase de la preparaci\u00f3n de los documentos que el aludido procurador habr\u00eda de presentar ante el monarca<sup>263<\/sup>.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, creyendo inminente, por fin, la partida de Vilafranca, los jurados oriolanos le entregaron 70 libras y todos los autos que para la ocasi\u00f3n hab\u00edan preparado<sup>264<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, un inoportuno acontecimiento retras\u00f3 por unos d\u00edas la salida del s\u00edndico. El 11 de junio lleg\u00f3 a la ciudad del Bajo Segura la noticia de que, a instancia de los colectores cartaginenses del subsidio, el provisor Mart\u00ednez hab\u00eda expedido un mandato conminando a los administradores de las rentas de las f\u00e1bricas a participar en el pago del referido \u00ab<em>servi\u00e7io<\/em>\u00bb so pena de excomuni\u00f3n. Las autoridades civiles oriolanas decidieron volver a enviar a Murcia a Jaime Monblanch con la intenci\u00f3n de que el notario les mostrase los mismos autos que en febrero les hab\u00edan convencido de que dichos frutos, por su car\u00e1cter laico, no pod\u00edan ser objeto de ning\u00fan tipo de tributaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, a fin de lograr que el provisor revocase el edicto y que los comisionados apost\u00f3licos abandonasen sus il\u00edcitos prop\u00f3sitos<sup>265<\/sup>.<\/p>\n<p>Monblanch se entrevist\u00f3 con el vicario general pero \u00e9ste, presionado por el colector Tamar\u00f3n, no pudo satisfacer los deseos oriolanos. Expuestos los argumentos de las partes afectadas, Mart\u00ednez decidi\u00f3 optar por una soluci\u00f3n que no disgust\u00f3 ni a unos ni a otros: se lav\u00f3 las manos. El 15 de junio suspendi\u00f3 cautelarmente la ejecuci\u00f3n del edicto, y dej\u00f3 la decisi\u00f3n final en manos de su superior, el obispo Sil\u00edceo. Y a tal efecto concedi\u00f3 a los mun\u00edcipes de la ciudad del Bajo Segura un aplazamiento de un mes y medio para que pudiesen conocer la voluntad del prelado<sup>266<\/sup>.<\/p>\n<p>Por ello, el d\u00eda siguiente, el justicia y los jurados se afanaron por escribir sendas misivas informativas dirigidas a D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo y al juez apost\u00f3lico del subsidio, el cardenal de Sevilla, D. Juan Garc\u00eda de Loaysa. E instruyeron a Gin\u00e9s de Vilafranca para que convenciese al primero de que mandase a su provisor que revocase el pernicioso edicto, y al segundo de que ordenase a sus comisarios delegados en el obispado cartaginense que no exigiesen el pago del servicio a los fabriqueros oriolanos<sup>267<\/sup>.<\/p>\n<p>Y, por fin, dos d\u00edas despu\u00e9s, el domingo 18 de junio, el procurador de la ciudad del Bajo Segura parti\u00f3 en direcci\u00f3n a Monz\u00f3n<sup>268<\/sup>.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas m\u00e1s tarde, el cabildo de Cartagena volvi\u00f3 a la ofensiva. A requerimiento suyo, el provisor Mart\u00ednez expidi\u00f3 un edicto en el que mandaba, bajo pena de excomuni\u00f3n, que los can\u00f3nigos, beneficiados y capellanes del cap\u00edtulo del Salvador pagasen dos contribuciones de 298 sueldos y 6 dineros cada una, que tendr\u00edan que hacer efectivas en enero y mayo del a\u00f1o siguiente, para sufragar los gastos derivados de la visita pastoral efectuada por Sil\u00edceo, y de las diferentes caridades realizadas por el prelado durante la misma. La reacci\u00f3n de los cl\u00e9rigos oriolanos fue inmediata. Redactaron un escrito de protesta en el que precisaron que ni por derecho ni por costumbre pod\u00edan el de\u00e1n y el cabildo cartaginenses obligar al cap\u00edtulo del Salvador a conceder servicios voluntarios o de cualquier otro tipo, que no pod\u00edan meter mano en mensa ajena. Y el 28 de junio enviaron a Murcia a Juan L\u00f3pez de Tuesta a solicitar la derogaci\u00f3n del edicto. El resultado de la gesti\u00f3n del procurador oriolano fue realmente irrisorio. Tras la presentaci\u00f3n de la escritura, el vicario general le contest\u00f3 con notable sarcasmo que \u00ab<em>no entendia bien la lengua valentiana, e que trayendo e presentando ante el el dicho scrito traduzido en lengua castellana, el daria su respuesta<\/em>\u00bb. No sabemos c\u00f3mo concluy\u00f3 el episodio pero la respuesta del provisor pone de manifiesto la falta de cohesi\u00f3n y uniformidad de la di\u00f3cesis, y nos puede ayudar a formarnos una idea de cu\u00e1nto pod\u00edan desear los oriolanos la segregaci\u00f3n episcopal<sup>269<\/sup>.<\/p>\n<p>Yendo ya al transcurso de las negociaciones episcopales durante las Cortes de Monz\u00f3n, a su llegada, Gin\u00e9s de Vilafranca se dedic\u00f3 a repartir todas las cartas credenciales y de recomendaci\u00f3n que llevaba. As\u00ed, se entrevist\u00f3 con el obispo Sil\u00edceo, quien le coment\u00f3 que quer\u00eda que ambas partes llegasen a un acuerdo \u00ab<em>en breve y con toda justicia<\/em>\u00bb<sup>270<\/sup>.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, fue a buscar a Jaime Filibert para solicitarle que se encargase de la preparaci\u00f3n de los documentos que habr\u00eda que presentar al emperador. El abogado le respondi\u00f3 con malas maneras que el duque de Calabria le hab\u00eda pagado 500 ducados para que se encargase exclusivamente de sus asuntos, y que no podr\u00eda atenderle. Poco despu\u00e9s, el procurador se enter\u00f3 de que Filibert hab\u00eda manifestado p\u00fablicamente que Orihuela le daba mucho m\u00e1s trabajo que dinero, y decidi\u00f3 no insistirle m\u00e1s y buscar el consejo de otro jurista<sup>271<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras este contratiempo, Vilafranca solicit\u00f3 la audiencia imperial, y compareci\u00f3 ante Carlos I. Siguiendo las instrucciones, le suplic\u00f3 que abocase la causa a Roma, pero el emperador le comunic\u00f3 que \u00e9l mismo se encargar\u00eda de que el Pleito concluyese definitivamente. Y a tal efecto remiti\u00f3 a Murcia con un correo propio una real c\u00e9dula ordenando al cabildo de Cartagena que enviase de modo inmediato a Monz\u00f3n a alg\u00fan procurador facultado para tratar la lite.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, Sil\u00edceo se enter\u00f3 de la novedad por boca de Cobos, y decidi\u00f3 escribir, asimismo, al cabildo cartaginense, recomendando a sus componentes que obedeciesen la disposici\u00f3n real y que enviasen sin demora al maestro Arrieta, puesto que ya se hab\u00eda ocupado del caso en ocasiones anteriores.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, el 19 de julio, Carlos I recibi\u00f3 cartas de Perpi\u00f1\u00e1n en las que le comunicaban que el rey de Francia, obviando la tregua de Niza, estaba haciendo planes b\u00e9licos para entrar \u00ab<em>por todas las fronteras destos reynos<\/em>\u00bb. Por ello, el d\u00eda siguiente convoc\u00f3 a todos los representantes de los estamentos en la iglesia de Monz\u00f3n y les pidi\u00f3 que tratasen de abreviar los asuntos para concluir cuanto antes las Cortes, con la intenci\u00f3n de encargarse personalmente de dirigir las medidas de defensa<sup>272<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese a la petici\u00f3n real, el 21 de julio, muchos catalanes salieron de Monz\u00f3n en direcci\u00f3n a Perpi\u00f1\u00e1n, mientras que otro buen n\u00famero de aragoneses se dirigi\u00f3 hacia las fronteras de su reino. Por ello, la actividad parlamentaria tuvo que detenerse temporalmente. Y Vilafranca quiso aprovechar el par\u00f3n para tratar de aclarar la cuesti\u00f3n del subsidio. As\u00ed, se entrevist\u00f3 con el siempre bien dispuesto obispo Sil\u00edceo, quien le dio esperanzas en relaci\u00f3n con la resoluci\u00f3n de la causa secesionista, pero, por contra, se mostr\u00f3 esquivo a la hora de pronunciarse respecto a la cuesti\u00f3n de las f\u00e1bricas. \u00danicamente le dijo que hablar\u00eda de ello cuando \u00ab<em>mas tiempo tuviere<\/em>\u00bb y que iba a recomendar a sus representados por carta que \u00ab<em>se ynformasen syenpre de letrados fuera delos de esa \u00e7iudad antes se pusiesen en cosas desta calidad, y desta manera nunca erraran<\/em>\u00bb, con lo que impl\u00edcitamente afirmaba que las f\u00e1bricas habr\u00edan de contribuir<sup>273<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras obtener esta respuesta tan poco comprometida, Vilafranca intent\u00f3 platicar con el cardenal de Sevilla, pero \u00e9ste no quiso atenderle, seg\u00fan su propia opini\u00f3n, \u00ab<em>porque tostemps es estat enemich de Oriola<\/em>\u00bb. Dicho comentario lo incluy\u00f3 en una carta que les escribi\u00f3 a las autoridades de la ciudad del Bajo Segura el 22 de julio.<\/p>\n<p>En ella, les relat\u00f3 c\u00f3mo hab\u00edan ido sus gestiones hasta ese momento. Les coment\u00f3 que estaba a la espera de la llegada de noticias de Murcia. Y les hizo una serie de peticiones. Les requiri\u00f3 que trataran de enterarse en la poblaci\u00f3n rival de cu\u00e1ntas personas iban a desplazar, y de qu\u00e9 argumentos iban a esgrimir en su defensa. Tambi\u00e9n les solicit\u00f3 el env\u00edo de \u00ab<em>los actes y escriptures nece\u00e7aries, y poders bastants, axi de justicia com los altres, ab los quals dexam la causa en mans de Sa Magestat liberament, per a que, ohida nostra justicia, nos mane desagraviar o dar tal consert que fos saludable a tots<\/em>\u00bb. E insisti\u00f3 en que tuviesen mucho cuidado al confeccionar los poderes porque le hab\u00eda importunado mucho al rey para que se ocupase del asunto, y si le enviaban documentos err\u00f3neos era m\u00e1s que probable que no quisiese volver a o\u00edr hablar del tema. Les demand\u00f3, asimismo, dinero, unos 10 \u00f3 15 ducados para pagar a los abogados que tuviesen que encargarse de fomentar los intereses oriolanos, puesto que el doctor Filibert se hab\u00eda autodescartado. Sobre esta cuesti\u00f3n, les inform\u00f3 que estaba pensando ofrecerle el servicio a los doctores Benavent o Abad, quienes, seg\u00fan escrib\u00eda, \u00ab<em>valen tant com ell<\/em>\u00bb. Tambi\u00e9n les solicit\u00f3 que consideraran la posibilidad de enviar a Monz\u00f3n a alg\u00fan capitular o a alg\u00fan caballero para que le ayudase, lo que, seg\u00fan manifestaba, le proporcionar\u00eda un \u00ab<em>gran scans<\/em>\u00bb. Les rog\u00f3, adem\u00e1s, que escribiesen al vicecanciller May, al se\u00f1or de Granvelle, y a los duques de Calabria y Alba, para que favoreciesen sus reclamaciones. Y, por \u00faltimo, les hizo una alusi\u00f3n final a lo inc\u00f3moda que estaba resultando su estad\u00eda en la villa aragonesa; les escribi\u00f3 que deseaba \u00ab<em>ser fora de aquesta terra, que per Nostre Senyor Deu esta perduda, de tant pobre, y es molt malenconica y carissima<\/em>\u00bb<sup>274<\/sup>.<\/p>\n<p>La respuesta del de\u00e1n y el cabildo de Cartagena al requerimiento real no se hizo esperar mucho. En lugar de remitir al maestro Arrieta, enviaron a un simple correo con una carta en la que le suplicaban al emperador que no les mandase ir a Monz\u00f3n porque ellos no ten\u00edan nada que hacer en las Cortes, y los negocios de \u00e9stas lo tendr\u00edan demasiado ocupado como para ponerse a tratar la cuesti\u00f3n del Obispado. Tras recibir la misiva murciana, ya en agosto, el monarca les volvi\u00f3 a escribir confirm\u00e1ndoles la orden citatoria.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, una \u00ab<em>persona molt certa e inportant<\/em>\u00bb de la corte -cuyo nombre no se atrevi\u00f3 a desvelar Gin\u00e9s de Vilafranca, quiz\u00e1 en un exceso de prudencia- avis\u00f3 al s\u00edndico oriolano de la contestaci\u00f3n cartaginense. Y \u00e9ste, acompa\u00f1ado por mos\u00e9n Gaspar Caran\u00e7a -un servidor de D. Pedro Maza-, se dirigi\u00f3 de inmediato a la residencia real con la intenci\u00f3n de conocer mejor la novedad \u00ab<em>de boca del emperador<\/em>\u00bb. El procurador mantuvo con Su Majestad una larga pl\u00e1tica, de la que nos han llegado algunos fragmentos gracias a su minuciosidad epistolar. Nada m\u00e1s comenzar a parlamentar, el monarca le coment\u00f3 la llegada de la respuesta murciana y sus intenciones inmediatas: \u00ab<em>Ellos me an scrito disiendo que no tienen que hentender en estas cortes y que seria perder tiempo, y que lo dilatase acabadas las Cortes para donde mandase, y yo no<\/em> [e] <em>acceptado su repuesta y les e tornado a scrivir, mando que vengan para dar aciento a la diferencia dessas yglesias y que para esto no obstan las Cortes, conforme al compromisso que se hizo en Madrid, aquestes paraules formals, porque yo diputare personas para ello que entiendan en este negocio para dar assiento entre vossotros<\/em>\u00bb. Pese a las claras palabras del emperador, Vilafranca le se\u00f1al\u00f3 los perjuicios que les estaban causando los murcianos con sus repetidas incomparecencias, y como era su deber, aunque no su voluntad, le suplic\u00f3 que los declarase contumaces y que enviase la causa a Roma. Carlos I le respondi\u00f3 de manera tajante: \u00ab<em>Ya us tengo dicho que a Roma no us enbiare, mas yo lo provehere en esta corte, que yo les e scrito que no obstante lo que me an escrito y repuesto, que vengan porque mi determenada voluntat es que se atajen estas diferencias de yglesias y ciudades. Que yo tengo para ello personas diputadas<\/em>\u00bb. Entonces, el s\u00edndico quiso asegurarse de que Orihuela tuviese cierta ventaja en las negociaciones y le record\u00f3 al rey que en Madrid cometi\u00f3 el arbitraje al doctor Guevara del Consejo de Castilla, al vicecanciller May del de Arag\u00f3n, y al se\u00f1or de Granvelle, y que a este \u00faltimo -que era considerado favorable a la causa secesionista- le asign\u00f3 la responsabilidad de desnivelar la balanza en el caso de que los otros dos jueces no llegasen finalmente a un acuerdo. Asimismo, le rememor\u00f3 que al proponer el compromiso dej\u00f3 claro que garantizar\u00eda su limpieza estando presente en todos los actos. Y le recalc\u00f3 que sus representados \u00fanicamente quer\u00edan que se hiciese justicia. El monarca le respondi\u00f3: \u00ab<em>Si, si, si<\/em>\u00bb, como tratando de convencer al insistente procurador de que deseaba realmente poner soluci\u00f3n al problema. Y poco despu\u00e9s, lo despidi\u00f3 afablemente<sup>275<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la entrevista, el 12 de agosto, Gin\u00e9s de Vilafranca escribi\u00f3 una carta a las autoridades de la ciudad del Bajo Segura. En ella, les relat\u00f3 el estado de la cuesti\u00f3n, poniendo especial \u00e9nfasis en la conversaci\u00f3n que mantuvo con el rey. Sobre ella, les cont\u00f3 que Su Majestad le hab\u00eda tratado con gran \u00ab<em>umanitat<\/em>\u00bb, y que le hab\u00eda convencido de que deseaba dar asiento a la lite, hasta el punto que cre\u00eda que \u00ab<em>ja no es en ma de negu esviarla<\/em>\u00bb. Por ello, les volvi\u00f3 a pedir la documentaci\u00f3n y el poder, y les rog\u00f3 que en el tiempo que quedaba hasta la firma de la concordia no hiciesen nada que pudiese causarle al emperador \u00ab<em>alguna indignacion<\/em>\u00bb contra Orihuela<sup>276<\/sup>.<\/p>\n<p>A partir de ese momento, Vilafranca decidi\u00f3 mantenerse en un discreto segundo plano, a la espera de la llegada de los autos y el poder de Orihuela. No volvi\u00f3 a insistirle al monarca al respecto de la resoluci\u00f3n del Pleito.<\/p>\n<p>Pasaron unos cuantos d\u00edas, y al ver que la documentaci\u00f3n pedida no arribaba, y que no tendr\u00eda \u00ab<em>boca ab que satisfer al que a tots convenia<\/em>\u00bb en el caso de que llegasen los murcianos, el s\u00edndico comenz\u00f3 a sentirse cada vez m\u00e1s inquieto<sup>277<\/sup>.<\/p>\n<p>Y el recelo le lleg\u00f3 a intranquilizar tanto que el 16 de agosto se decidi\u00f3 a escribir de nuevo a sus representados para explicarles m\u00e1s claramente, si cabe, que si no le remit\u00edan con presteza los papeles y los murcianos llegaban antes que ellos, el percance causar\u00eda \u00ab<em>tant gran dereputacio<\/em>\u00bb para Orihuela que Carlos I decidir\u00eda la lite en favor de Murcia y les impondr\u00eda \u00ab<em>silenci perpetuo en la causa tant com lo Enperador viura<\/em>\u00bb, esto es, mientras viviese. Por otra parte, les coment\u00f3 que Cobos hab\u00eda reconocido p\u00fablicamente que ten\u00edan cierta ventaja al poder incluir la petici\u00f3n segregacionista como agravio en las Cortes, ya que durante las reuniones parlamentarias \u00ab<em>con las ciudades de Castilla no asse el rey mas delo que manda, e que con essas otras nunca puede acabar<\/em>\u00bb. Tambi\u00e9n les reclam\u00f3 la ayuda de un segundo procurador, y dinero&#8230; Dinero porque, seg\u00fan afirmaba, \u00ab<em>Sa Magestat de tota ora esta ab lo peu en lo strep, segons ly crexen les nececitats de la guera, y per averlo de seguir la cort, y estant Spanya tant cara com esta, miren com se fara sens diners, que quant Mon\u00e7o esta tant car no ce que sia barat<\/em>\u00bb. Y, por \u00faltimo, les refiri\u00f3 que ard\u00eda en deseos de volver a Orihuela: \u00ab<em>yo desige la volta como anar a Paradis, y reposar en ma casa com cada hu, que jam cent vell per a cort<\/em>\u00bb<sup>278<\/sup>.<\/p>\n<p>El af\u00e1n por retornar se convirti\u00f3, pocos d\u00edas despu\u00e9s, en una imperiosa necesidad cuando lleg\u00f3 a sus o\u00eddos una desgraciada noticia: la muerte de su hermano, el can\u00f3nigo Juan de Vilafranca.<\/p>\n<p>Este suceso conmocion\u00f3 vivamente a los oriolanos, pero no tanto como otro que hizo que el 21 de agosto quedaran de nuevo rotas las relaciones entre las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad del Bajo Segura y los mandatarios de Murcia.<\/p>\n<p>El incidente tuvo su origen alg\u00fan tiempo atr\u00e1s. La iglesia de San Mart\u00edn de Callosa de Segura contaba con dos beneficios servideros sin cura -que detentaban sendos prebendados del cabildo cartaginense, el can\u00f3nigo Jer\u00f3nimo Grasso y un beneficiado apellidado Qui\u00f1onero-, una capellan\u00eda, y un pr\u00e9stamo cuyas rentas pertenec\u00edan al cap\u00edtulo del Salvador. Pues bien, los dos cl\u00e9rigos murcianos, con la connivencia del provisor Mart\u00ednez, se hicieron con los frutos de dicho pr\u00e9stamo, sin dar ninguna opci\u00f3n de defensa a los capitulares oriolanos. La respuesta de \u00e9stos fue inmediata. Reclamaron ante D. Ger\u00f3nimo de Cabanyelles, gobernador de Valencia y regente de la lugartenencia general del Reino, en ausencia del duque de Calabria, y ante la Real Audiencia, y consiguieron una provisi\u00f3n en la que se ordenaba a los usurpadores la restituci\u00f3n de las rentas ocupadas, \u00ab<em>guardando los terminos de justicia<\/em>\u00bb. Una vez tuvieron el edicto en su poder, los cl\u00e9rigos oriolanos enviaron a Murcia a un procurador con la intenci\u00f3n de present\u00e1rselo a los dos beneficiados. \u00c9stos, al comprobar el contenido del escrito, acudieron al teniente del corregidor en busca de ayuda. Y el mandatario le arrebat\u00f3 la provisi\u00f3n al s\u00edndico oriolano, e incluso quiso encarcelarlo. Al conocer el altercado, los capitulares del Salvador hicieron las gestiones oportunas para conseguir un nuevo escrito oficial en el que se conminaba al teniente del corregidor a que devolviese la provisi\u00f3n secuestrada. Acto seguido, enviaron a la ciudad vecina a un notario y a un nuevo procurador con la intenci\u00f3n de recobrar la real orden. Y el referido teniente no s\u00f3lo no les quiso o\u00edr, sino que les quit\u00f3 de las manos la procura y el requerimiento, y los trat\u00f3 de tal manera \u00ab<em>que sen vingueren mes fogint que de altra manera<\/em>\u00bb. El suceso caus\u00f3 en Orihuela tal asombro que las autoridades de la ciudad no dudaron en volver a escribir al citado Cabanyelles y al propio Carlos I para quejarse de la ignominiosa actitud del \u00ednclito teniente del corregidor de Murcia<sup>279<\/sup>.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 estos acontecimientos retrasaran el env\u00edo de la documentaci\u00f3n reclamada por Gin\u00e9s de Vilafranca en Monz\u00f3n. Sin embargo, \u00e9ste ya no pensaba en recibirla, sino solamente en regresar. Por ello, hacia finales de agosto, al ver que los murcianos no aparec\u00edan, le comunic\u00f3 al emperador la nueva del deceso de su hermano, y le pidi\u00f3 permiso para volver a Orihuela. El monarca atendi\u00f3 el ruego del procurador y le concedi\u00f3 la licencia suplicada.<\/p>\n<p>Entonces, el s\u00edndico efectu\u00f3 las que cre\u00eda iban a ser sus \u00faltimas gestiones antes de emprender el viaje de regreso. Consigui\u00f3 un documento, una \u00ab<em>cautela<\/em>\u00bb en la que se especificaba que en el caso -bastante improbable- de que los delegados murcianos llegasen a Monz\u00f3n, y acusasen a la parte oriolana de contumacia, dicha inculpaci\u00f3n no ser\u00eda admitida por el emperador. Y el d\u00eda siguiente, que debi\u00f3 ser el 27 de agosto, poco antes de partir, y tras haber enviado para la ciudad del Bajo Segura \u00ab<em>una asemila de ropa y todos los actos<\/em>\u00bb, fue a despedirse del obispo Sil\u00edceo<sup>280<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, estando a punto de salir de la corte, le lleg\u00f3 con un correo procedente de Orihuela un nuevo encargo de sus representados. Recibi\u00f3 las cartas relacionadas con el incidente de las primicias callosinas, y tras considerar que \u00ab<em>lo be general nos te de dexar per niguna particular pacio<\/em>\u00bb, decidi\u00f3 aplazar el viaje y denunciar el caso ante el monarca. Su Majestad remiti\u00f3 la causa a Granvelle, dado que tanto Cobos como May se hallaban enfermos. Vilafranca aprovech\u00f3 la coyuntura para platicar con el insigne borgo\u00f1\u00f3n, quien, seg\u00fan contaba el propio s\u00edndico, le dirigi\u00f3 las siguientes palabras: \u00ab<em>Yo e visto la carta de Su Magestad y e leydo el acto, y todo me parece mal. Yo e fablado de facto con el regente Figuerola, ques del Consejo de Castilla, y con Guevara, y con el comendador mayor muy encarecidamente. Y se a de tomar informacion y se fara la provision nece\u00e7aria porque no puede ser condenado que no cea oydo<\/em>\u00bb. Y aparte, le hizo un comentario sobre la cuesti\u00f3n episcopal: \u00ab<em>Y tanbien se a de fazer provision sobre que los de Murcia no an venido, que lo an fecho muy vellacamente, y en todo terneys provision<\/em>\u00bb. El oriolano le dio las gracias por su actitud de parte de la ciudad, y le dijo que aunque Su Majestad no les estaba causando ning\u00fan perjuicio en la citada controversia, tampoco les estaba favoreciendo nada. Entonces, Granvelle le respondi\u00f3: \u00ab<em>Yo us do ma fe que Su Magestate lo provea muy bien<\/em>\u00bb. Y tras o\u00edr tales palabras, Vilafranca se despidi\u00f3 de \u00e9l sumamente agradecido<sup>281<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, antes de que pudiese replantearse su partida, un nuevo acontecimiento le forz\u00f3 a cambiar de planes. Carlos I propuso a las Cortes el juramento del pr\u00edncipe Felipe como heredero a la Corona. Y el 29 de agosto escribi\u00f3 cartas a todas las poblaciones reales que hab\u00edan enviado representantes a la asamblea estamental, ordenando a sus corporaciones municipales que con la mayor diligencia, \u00ab<em>con la brevedad que el tiempo requiere<\/em>\u00bb, enviasen poderes a sus respectivos s\u00edndicos para que pudiesen jurar al primog\u00e9nito<sup>282<\/sup>.<\/p>\n<p>Ante la urgencia de la petici\u00f3n real, y conociendo la exasperante lentitud de los procederes de las autoridades oriolanas, el mismo d\u00eda 29 Vilafranca opt\u00f3 por enviarles otro escrito con un correo propio. En \u00e9l, hizo especial hincapi\u00e9 en la premura con que el emperador deseaba que se produjese el juramento de su hijo Felipe, explicando que de no ser por este acto, las Cortes ya habr\u00edan sido clausuradas a causa de la inminencia de la guerra. Tambi\u00e9n aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para demandarles dinero y documentaci\u00f3n, y para contarles que pese a sus circunstancias familiares, hab\u00eda decidido permanecer en Monz\u00f3n para cumplir con la labor que le hab\u00edan encomendado<sup>283<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras el mensajero enviado por el eficiente procurador recorr\u00eda la geograf\u00eda peninsular en direcci\u00f3n a Orihuela, el 3 de septiembre las autoridades de dicha ciudad se decidieron por fin a tomar decisiones al respecto de la causa episcopal. Convocaron al <em>Consell<\/em>, y procedieron a la lectura de las diferentes cartas que hab\u00edan recibido de Gin\u00e9s de Vilafranca a lo largo de los meses de julio y agosto. Y tras hacerse p\u00fablico el estado de la cuesti\u00f3n, a propuesta de los jurados, el citado organismo aprob\u00f3 que se confeccionase el poder adecuado para que el s\u00edndico pudiese dejar la resoluci\u00f3n del Pleito en manos de Su Majestad. Asimismo, se vot\u00f3 el env\u00edo de toda la documentaci\u00f3n requerida por el procurador, de nuevas cartas de favor, y de una cantidad de dinero suficiente para que pudiese negociar en las mejores condiciones<sup>284<\/sup>.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, el justicia y los jurados se dedicaron a redactar las cartas de recomendaci\u00f3n y apoyo.<\/p>\n<p>Le escribieron al duque de Alba que sin su favor la lite no podr\u00eda tener el final adecuado<sup>285<\/sup>.<\/p>\n<p>Al obispo Sil\u00edceo le pidieron que informase de la justicia de Orihuela a Su Majestad, que le rogase que la examinase personalmente, y que fuera \u00ab<em>propicio<\/em>\u00bb cuando estudiase el caso. Y le dirigieron palabras tan sumamente elogiosas que no nos resistimos a dejar de transcribir: \u00ab (&#8230;) <em>y en verdad, des que nos fiso merecedores de onrranos con su presencia en esta ciudat, hemos tuvido por muy cierto que Dios, Nuestro Senyor, hiso eleccion de la persona de vuestra merced par que con el officio pastoral y con su religion fuese verdadero padre en ponernos en pas y sosiego, mayormente que Dios, Nuestro Senyor, lo a feco tan allegado a Su Magestad, en donde pende todo el remedio de nuestro negocio<\/em> (&#8230;)\u00bb<sup>286<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se dirigieron al se\u00f1or de Granvelle, pero con m\u00e1s comedimiento, dado que iba a ser el \u00e1rbitro decisivo de la causa. Le suplicaron \u00absimplemente\u00bb que les diese su \u00ab<em>favor y amparo<\/em>\u00bb, y que les hiciese \u00ab<em>merecedores de las mercedes acostumbradas<\/em>\u00bb<sup>287<\/sup>.<\/p>\n<p>Y en un \u00faltimo intento de conseguir el apoyo del doctor Filibert, le escribieron al duque de Calabria, quien -recordemos- hab\u00eda pagado por la exclusividad de sus servicios, a fin de que le permitiese encargarse de la causa oriolana, \u00ab<em>porque sea bien disputada y mirada de su mano<\/em>\u00bb<sup>288<\/sup>. Y al propio Jaime Filibert para rogarle que tuviese en cuenta la \u00ab<em>contempla\u00e7io y amor<\/em>\u00bb que sent\u00eda hacia Orihuela -ir\u00f3nico, \u00bfverdad?-, y que se encargase de la defensa en la lite, ya que no pod\u00edan dejarla \u00ab<em>en mans de totes persones<\/em>\u00bb<sup>289<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, quisieron asegurarse de contar con el asesoramiento de un abogado, y a tal efecto escribieron otras dos cartas a los doctores Benavent y Abad.<\/p>\n<p>Y, por \u00faltimo, le escribieron un par de misivas a Gin\u00e9s de Vilafranca. En la primera, datada el mismo 4 de septiembre, le indicaron lo que sent\u00edan que deb\u00eda decirle al monarca. \u00ab<em>Senyor, muchos anyos a que andamos en esto, y a nuestros contrarios no les faltan diffugios y remedios para que jamas se vea la fin, y cometiendolo Vuestra Magestad a justicia, viendose perdidos porque no la tienen, vernan mas facilmente a perderse en qualquier razon. Y, por tanto, la ciudad de Origuela, deseosa de salir con su justi\u00e7ia no me a dado mas poder que para suplicar a Vuestra Magestad lo mande cometer a justicia en Corte Romana, como Vuestra Magestad lo tiene offrecido por aucto de corte<\/em>\u00bb. Como podemos apreciar, las autoridades oriolanas estaban cansadas de tantos retrasos y deseaban que Carlos I remitiese la causa a Roma. No obstante, tras valorar fr\u00edamente que dicho comentario podr\u00eda molestar al emperador, le pidieron al s\u00edndico que no s\u00f3lo no se lo hiciese, sino que no le mostrase la carta a nadie<sup>290<\/sup>.<\/p>\n<p>Y en la segunda, fechada el d\u00eda siguiente -5 de septiembre-, le dieron un cumplid\u00edsimo p\u00e9same por el fallecimiento de su hermano; le anunciaron el env\u00edo de los autos y el poder, y de todo el dinero que hab\u00edan podido reunir; y, por \u00faltimo, le pidieron que hiciese las gestiones necesarias para conseguir los servicios de un abogado, acudiendo en primer lugar al doctor Filibert<sup>291<\/sup>.<\/p>\n<p>Ese mismo d\u00eda 5 le entregaron al correo Juan Taranc\u00f3 15 ducados y toda la documentaci\u00f3n, y \u00e9ste parti\u00f3 en direcci\u00f3n a Monz\u00f3n<sup>292<\/sup>.<\/p>\n<p>Tres d\u00edas despu\u00e9s arrib\u00f3 a la poblaci\u00f3n del Bajo Segura el correo real que portaba la carta en la que Carlos I les ordenaba a las autoridades oriolanas que ampliasen el sindicato de Gin\u00e9s de Vilafranca a fin de que pudiese jurar al pr\u00edncipe Felipe como heredero a la Corona, en nombre de la ciudad. La recepci\u00f3n de la c\u00e9dula propici\u00f3 la inmediata convocatoria del <em>Consell<\/em>. En \u00e9l, sus componentes, en lugar de atender a la celeridad que el emperador reclamaba, optaron -err\u00f3neamente- por asegurarse de que la ampliaci\u00f3n del poder se realizase de un modo correcto. Y con este objeto, escribieron a los jurados de Valencia pidi\u00e9ndoles que les enviasen una copia del documento que le fueran a remitir a su procurador<sup>293<\/sup>.<\/p>\n<p>El mensajero oriolano lleg\u00f3 a la ciudad del Turia la tarde del 10 de septiembre, poco despu\u00e9s de que saliese de ella Juan Taranc\u00f3. De inmediato busc\u00f3 a Juan Savall, quien le acompa\u00f1\u00f3 el d\u00eda siguiente a entrevistarse con los ediles valencianos. \u00c9stos, un tanto extra\u00f1ados por la petici\u00f3n, les entregaron una carta y una copia de la \u00ab<em>proposicio e delliberacio del magnifich Consell acerca de dit jurament<\/em>\u00bb, que ya hab\u00edan enviado para Monz\u00f3n hac\u00eda cuatro d\u00edas. Y sin perder el tiempo, el correo emprendi\u00f3 el camino de retorno a Orihuela, a la que lleg\u00f3 el 14 de septiembre, justo el mismo d\u00eda que en la citada villa aragonesa los representantes catalanes de los tres brazos juraban al pr\u00edncipe Felipe como heredero a la Corona<sup>294<\/sup>&#8230;<\/p>\n<p>Tras la arribada del aludido mensajero, el <em>Consell<\/em> se reuni\u00f3 con car\u00e1cter de urgencia. Vot\u00f3 la ampliaci\u00f3n del poder de Gin\u00e9s de Vilafranca. Y orden\u00f3 su confecci\u00f3n, siguiendo el modelo valenciano, as\u00ed como la redacci\u00f3n de dos cartas para el propio s\u00edndico y para el monarca, en las que les anunciasen el env\u00edo del a\u00f1adido y les pidiesen que se ocupasen del Pleito. El justicia y los jurados fueron diligentes en su preparaci\u00f3n, y ese mismo d\u00eda 14 los tres documentos fueron remitidos a Valencia, para que Juan Savall se encargase de enviarlos a la corte con la mayor presteza<sup>295<\/sup>.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente lleg\u00f3 a Monz\u00f3n Juan Taranc\u00f3. Busc\u00f3 a Gin\u00e9s de Vilafranca y le entreg\u00f3 los 15 ducados, el poder de dejaci\u00f3n de la resoluci\u00f3n de la lite en manos de Su Majestad, los autos y las cartas de recomendaci\u00f3n. No obstante, si bien el dinero le sirvi\u00f3 al procurador para aliviar su penosa situaci\u00f3n, de poco le vali\u00f3 la documentaci\u00f3n, ya que unos cuantos d\u00edas antes le hab\u00eda presentado al emperador, en nombre de los tres brazos del reino, una suplicaci\u00f3n preparada por el doctor Abad, en la que le reclamaba el env\u00edo de la causa a Roma o la vista inmediata del caso por la v\u00eda judicial.<\/p>\n<p>Vilafranca decidi\u00f3 hacer esperar a Taranc\u00f3 un tiempo, hasta que llegase el sindicato del juramento. Pasaron los d\u00edas y fueron llegando todos los correos procedentes de las poblaciones valencianas representadas en las Cortes; todos excepto el de Orihuela. En un principio, el monarca pens\u00f3 que la causa del retraso se hallaba en la propia lejan\u00eda de Orihuela. No obstante, hacia el 18 o el 19 de septiembre se hizo p\u00fablico por un escrito del baile general de Valencia, D. Luis Carroz, que la tardanza del poder oriolano se deb\u00eda a que los ediles de la ciudad del Bajo Segura hab\u00edan consultado a sus colegas de la del Turia sobre el modo de prepararlo, y se extendi\u00f3 \u00ab<em>lo mormur y avolot<\/em>\u00bb por la corte. Entonces, Carlos I se cans\u00f3 de esperar y fij\u00f3 la prestaci\u00f3n del juramento para el d\u00eda 20 del citado mes<sup>296<\/sup>.<\/p>\n<p>Vilafranca volvi\u00f3 a sentir verg\u00fcenza por el error de sus representados, y el mismo d\u00eda del acto se decidi\u00f3 a escribirles una carta y a despachar con ella a Taranc\u00f3. En la misiva, aparte de informarles de sus \u00faltimas gestiones, les recrimin\u00f3 que no le hubiesen enviado el dinero y los autos \u00ab<em>en lo temps ques demanaven<\/em>\u00bb, y, sobre todo, el grav\u00edsimo desatino que hab\u00edan cometido al no enviar a tiempo la procura del juramento. Les comunic\u00f3, asimismo, que hab\u00eda tratado por todos los medios de convencer a Filibert para que se encargase de la redacci\u00f3n de las suplicaciones (\u00ab<em>mes e pasat ab ell ques pot pasar en porgatori<\/em>\u00bb), y que le hab\u00eda asegurado que no volver\u00eda a trabajar para Orihuela. Y, por \u00faltimo, les coment\u00f3 que no estaba muy bien de salud<sup>297<\/sup>.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, 21 de septiembre, el duque de Calabria convoc\u00f3 a los representantes de los tres brazos del Reino de Valencia, y les comunic\u00f3, en nombre del emperador, que a causa de la guerra contra Francia y de otras \u00ab<em>urgents nececitats<\/em>\u00bb, Su Majestad deseaba que la tercera parte del servicio, que se dedicaba a compensar a los agraviados, fuese a sus arcas. Y les pidi\u00f3 que aceptasen la demanda con la mayor rapidez. Los brazos se enojaron por el contenido del comunicado, as\u00ed como por el hecho de que fuese presentado justo cuando las Cortes iban a ser clausuradas. Y por este motivo, las Cortes fueron prolongadas durante unos d\u00edas<sup>298<\/sup>.<\/p>\n<p>Ello le vino particularmente bien a los intereses oriolanos. Hacia el 24 o el 25 de septiembre debi\u00f3 llegar a Monz\u00f3n el correo que portaba el sindicato del juramento. Vilafranca ley\u00f3 la carta de sus representados, y decidi\u00f3 aprovechar la coyuntura para volver a elevar una suplicaci\u00f3n al monarca, en nombre de los tres brazos valencianos. Y, en efecto, el citado d\u00eda 25 present\u00f3 la escritura en las Cortes.<\/p>\n<p>En ella, los brazos le recordaron que los cartaginenses no hab\u00edan acudido a ninguna de sus llamadas, y le pidieron que los declarase contumaces y desobedientes, y que escribiese al papa para que abocase la causa a la Rota romana, pues consideraban que \u00e9sa era la mejor manera de zanjar la pol\u00e9mica segregacionista con rapidez y equidad, y de evitar mayores gastos y da\u00f1os para las Iglesias y las ciudades de Orihuela y Murcia. No obstante, a sabiendas de que el emperador se negar\u00eda a aceptar tal soluci\u00f3n, le suplicaron que hiciese todo lo posible para dar asiento al Pleito por v\u00eda de justicia, mandando a las partes que compareciesen ante \u00e9l en un plazo breve de tiempo, con la particularidad de que si alguna de ellas incumpl\u00eda la orden citatoria, tendr\u00eda que permitir que fuese la Santa Sede la que resolviese el contencioso<sup>299<\/sup>.<\/p>\n<p>La suplicaci\u00f3n y la cercan\u00eda de la clausura de las Cortes oblig\u00f3 a Carlos I a tomar una decisi\u00f3n, y tras unos d\u00edas de reflexi\u00f3n, el \u00faltimo de septiembre se determin\u00f3 a escribir una nueva carta a los capitulares cartaginenses, mand\u00e1ndoles \u00ab<em>expressa y determinadamente<\/em>\u00bb que \u00ab<em>para el primero dia de henero del anyo venidero<\/em>\u00bb enviasen a sus procuradores a dondequiera que estuviese, \u00ab<em>en los reynos y senyorios de Espanya<\/em>\u00bb, a fin de dar una resoluci\u00f3n definitiva al conflicto<sup>300<\/sup>.<\/p>\n<p>Y unos d\u00edas despu\u00e9s, el 9 de octubre escribi\u00f3 una misiva similar a las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela, en la que les conminaba a acudir la fecha se\u00f1alada al lugar donde estuviese, sin \u00ab<em>falta, escusa ni dila\u00e7ion alguna<\/em>\u00bb, advirtiendo que en el caso de que no se presentasen, mandar\u00eda \u00ab<em>proveer sobrello lo que mas convenga<\/em>\u00bb<sup>301<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la finalizaci\u00f3n de las Cortes, Gin\u00e9s de Vilafranca emprendi\u00f3 el ansiado camino de vuelta hacia Orihuela, a la que arrib\u00f3, por fin, el 24 de octubre<sup>302<\/sup>. El relato de sus diligencias y sus desventuras volvi\u00f3 a dejar entre los mandatarios oriolanos la sensaci\u00f3n de haber dejado escapar otra buena oportunidad de lograr la independencia del cabildo cartaginense.<\/p>\n<ol start=\"12\">\n<li><strong> La infructuosa citaci\u00f3n de Madrid en 1543.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Tras la \u00faltima disposici\u00f3n del emperador, la cuesti\u00f3n del obispado qued\u00f3 aparcada para las autoridades oriolanas durante aproximadamente un mes. A mediados de noviembre, el d\u00eda 19, comenzaron los preparativos de la comparecencia de a\u00f1o nuevo. Reunido el <em>Consell<\/em>, sus miembros acataron con respeto la orden citatoria, y dispusieron que el justicia y los jurados escogiesen a \u00ab<em>una persona prin\u00e7ipal<\/em>\u00bb de la ciudad para que fuese a Valencia a pedir al cap\u00edtulo de la Metropolitana y a los oficiales municipales que escribiesen a Su Majestad en favor de la causa secesionista<sup>303<\/sup>. Asimismo, el d\u00eda siguiente, los capitulares del Salvador decidieron que obedecer\u00edan el mandato real, no sin antes manifestar reverentemente que prefer\u00edan que Carlos I remitiese la causa a manos de Su Santidad<sup>304<\/sup>.<\/p>\n<p>Un par de semanas m\u00e1s tarde lleg\u00f3 a Orihuela una noticia de gran trascendencia. Los mandatarios se enteraron de que Carlos I se dirig\u00eda hacia Valencia, y de que con \u00e9l iba el obispo Sil\u00edceo, pero no Granvelle, quien hab\u00eda salido de los reinos de Espa\u00f1a. La buena nueva les dio ocasi\u00f3n para plantearse la elecci\u00f3n del s\u00edndico que habr\u00eda de desplazarse a la capital del Reino, y cometieron finalmente la misi\u00f3n a Francisco Masquefa. Hecha la designaci\u00f3n, se centraron en la redacci\u00f3n de las cartas que tendr\u00eda que llevarse. Poco despu\u00e9s, el 2 de diciembre ya ten\u00edan dos misivas preparadas:<\/p>\n<p>-Una para Sil\u00edceo, en la que le agradec\u00edan \u00ab<em>la voluntad y amor<\/em>\u00bb que hab\u00eda mostrado hacia la ciudad, y la seguridad que les daba poder refugiarse \u00ab<em>a la sombra de sus alas y favor<\/em>\u00bb; y le suplicaban que puesto que ten\u00eda \u00ab<em>tanta mano<\/em>\u00bb con el emperador, le rogase que examinase las alegaciones de los oriolanos, y los desagraviase con la mayor brevedad<sup>305<\/sup>.<\/p>\n<p>-Y una segunda, dirigida a los jurados de Valencia. En ella, los oficiales les comunicaban a sus colegas que Carlos I hab\u00eda ordenado que el primero de enero compareciesen ante \u00e9l los procuradores de las dos partes enfrentadas en el Pleito del Obispado, y que ten\u00edan \u00ab<em>re\u00e7el dels matexos estorps y cauteles dels murcians<\/em>\u00bb, esto es, de que se valiesen de sus artima\u00f1as habituales para boicotear el encuentro y cualquier intento de concordia ante la real persona. Y por ello, les suplicaban, <em>ex una<\/em>, que rogaran al emperador que no permitiese m\u00e1s retrasos, y que la lite fuese determinada de una vez \u00ab<em>per termens de justicia<\/em>\u00bb. Y <em>ex alia<\/em>, que le pidieran que en el caso de que Granvelle no estuviese presente la fecha fijada para la vista de la causa, \u00e9sta fuera aplazada <em>sine die<\/em>, hasta que llegase. E insist\u00edan en esta \u00faltima demanda explic\u00e1ndoles que el \u00e1rbitro borgo\u00f1\u00f3n era \u00ab<em>persona neutral, sens passio, molt justificat<\/em>\u00bb<sup>306<\/sup>.<\/p>\n<p>Aunque no hemos podido saber la causa, lo cierto es que los mandatarios oriolanos decidieron o tuvieron que cambiar s\u00fabitamente de representante, y le encomendaron la misi\u00f3n al propio justicia criminal, Pedro de Loazes<sup>307<\/sup>.<\/p>\n<p>Y con la mayor premura, el 4 de diciembre le entregaron una carta de petici\u00f3n de apoyo dirigida al gobernador D. Pedro Maza<sup>308<\/sup>, y un instrumento que conten\u00eda las instrucciones que habr\u00eda de seguir en la capital valentina<sup>309<\/sup>, y lo mandaron para Valencia.<\/p>\n<p>Cuatro d\u00edas m\u00e1s tarde, los citados ediles decidieron volver a escribir al prelado cartaginense, y enviaron a su encuentro a otros dos s\u00edndicos: Andr\u00e9s Garc\u00eda de Laza y Lope Ferr\u00e1ndez de Mesa<sup>310<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en la ciudad del Turia, Loazes llev\u00f3 a cabo con \u00e9xito su misi\u00f3n. Compareci\u00f3 ante los jurados, les entreg\u00f3 la carta de sus colegas oriolanos, y les refiri\u00f3 de palabra lo que quer\u00edan que hiciesen para favorecer sus intereses episcopales.<\/p>\n<p>Los mun\u00edcipes valentinos le respondieron con hechos. Dos de ellos fueron a hablar con Carlos I y le suplicaron de palabra y por escrito que tuviera por bien prorrogar la asignaci\u00f3n hecha para el d\u00eda de A\u00f1o Nuevo hasta que Granvelle volviese a Espa\u00f1a. El monarca les respondi\u00f3 que la ausencia del borgo\u00f1\u00f3n no hab\u00eda de ser un obst\u00e1culo insalvable ya que \u00e9l mismo, en persona, estaba dispuesto a encargarse de la mediaci\u00f3n, y a adoptar una resoluci\u00f3n ecu\u00e1nime para ambas partes. Ante la respuesta imperial, los dos jurados no pudieron hacer m\u00e1s que rogarle que tuviese por recomendadas las alegaciones oriolanas, para que por fin se hiciese justicia, y que se acordase de la gran cantidad de gastos que hab\u00eda tenido que soportar la ciudad del Bajo Segura para que, por fin, fuese determinado el Pleito.<\/p>\n<p>Y tras conocer la voluntad del monarca, el 15 de diciembre los oficiales valencianos escribieron a sus colegas meridionales que Su Majestad no hab\u00eda accedido a aplazar la vista del caso, y que lo m\u00e1s conveniente era que enviasen a sus procuradores a la capital del Reino, donde les prestar\u00edan toda la ayuda que les fuese posible<sup>311<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, las gestiones de Garc\u00eda de Laza y Ferr\u00e1ndez de Mesa ante D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo dieron sus frutos. El prelado, por medio de una carta datada el 19 de diciembre, volvi\u00f3 a manifestar a los mandatarios oriolanos que podr\u00edan contar con su ayuda \u00ab<em>quando se offresciere opportunidad para ello<\/em>\u00bb<sup>312<\/sup>.<\/p>\n<p>Diferentes factores parec\u00edan apuntar que la revisi\u00f3n de la causa iba a favorecer, por fin, los intereses segregacionistas: el apoyo de las autoridades valencianas, el favor del obispo Sil\u00edceo, la ayuda de diferentes personajes influyentes, y, sobre todo, el hecho de que las negociaciones habr\u00edan de tener lugar en un lugar netamente favorable, la ciudad del Turia. Sin embargo, los buenos augurios se trastrocaron r\u00e1pidamente. Carlos I decidi\u00f3 trasladarse a Madrid, y hacia all\u00ed parti\u00f3, acompa\u00f1ado por toda la corte.<\/p>\n<p>La nueva fue acogida en Orihuela con cierta desilusi\u00f3n. No obstante, las autoridades siguieron los tr\u00e1mites encaminados al env\u00edo de los procuradores. Con cierta calma, el 27 de diciembre convocaron al <em>Consell<\/em>, y en \u00e9l el justicia y los jurados fueron diputados para proceder a la nominaci\u00f3n de los dos s\u00edndicos que tendr\u00edan que desplazarse a la corte. Asimismo, el m\u00e1ximo organismo municipal encomend\u00f3 a Lope Soler y a Pedro de Loazes la tarea de cargar censales a particulares hasta llegar a una cantidad de 200 ducados, poniendo como aval los excedentes de las rentas de 1543<sup>313<\/sup>.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, la fiesta de Reyes, el <em>Consell<\/em> volvi\u00f3 a reunirse para nombrar procuradores a los candidatos escogidos por los oficiales. Los electos fueron Jaime Mart\u00ed y el avezado Gin\u00e9s de Vilafranca, quienes de inmediato aceptaron la designaci\u00f3n. Los <em>consellers<\/em> les dieron \u00ab<em>plenissim poder e facultat<\/em>\u00bb para que firmasen el compromiso que hab\u00eda de dejar la resoluci\u00f3n del Pleito \u00ab<em>lliberament<\/em>\u00bb en manos de Carlos I. Les entregaron su sindicato. Y, por \u00faltimo, juraron \u00ab<em>servar e amologar e lloar la sentencia per Sa Magestat pronunciadora<\/em>\u00bb, siempre que \u00e9sta se produjese en un plazo m\u00e1ximo de tres meses tras la firma del citado compromiso<sup>314<\/sup>.<\/p>\n<p>Cuatro d\u00edas m\u00e1s tarde, el 10 de enero, los oficiales terminaron la redacci\u00f3n de las instrucciones principales que los procuradores habr\u00edan de seguir en su comparecencia ante el rey. En ellas, indicaban a los s\u00edndicos el orden que hab\u00edan de seguir en sus reclamaciones. En primer lugar, aun a sabiendas de que la respuesta imperial iba a ser negativa, ten\u00edan que suplicarle al emperador que remitiese la causa a Roma. A continuaci\u00f3n, hab\u00edan de rogarle -con palabras similares a las que siguen- que se dignase a o\u00edr las reivindicaciones del cap\u00edtulo y la ciudad de Orihuela y que, apiad\u00e1ndose de ambas instituciones, remitiese la causa a la v\u00eda judicial: \u00ab(&#8230;) <em>puix aquesta sua esglesia y ciutat, ab tanta obediencia ha esperat tantes dilacions y assignaciones, y tants temps conforme a sos reals manaments, que sia de sa clemencia e benignitat imperial e real apiadarse ja de dites esglesia y ciutat, de tant temps axi despossehida, e remetre dita causa a justicia, y axi les parts estaran en egualtat e cessaran les enemistats tan antigues entre les dites parts, per lo qual los peus e mans de Sa Magestat besarem<\/em>\u00bb. Despu\u00e9s, suponiendo que tampoco acceder\u00eda a tal demanda, y que perseverar\u00eda en su intenci\u00f3n de solventar personalmente el litigio, los oficiales les especificaron a los procuradores que habr\u00edan que suplicarle que considerara benignamente la \u00ab<em>gran justicia<\/em>\u00bb que ten\u00edan sus solicitudes, y que no perjudicase m\u00e1s a la Iglesia y a la ciudad de Orihuela. Y les recomendaron que reforzaran sus peticiones comunic\u00e1ndole que los murcianos hab\u00edan procurado en todo momento evitar que la causa fuese determinada, ya que tem\u00edan obtener \u00ab<em>sentencia contra<\/em>\u00bb, y prefer\u00edan seguir aprovech\u00e1ndose de la situaci\u00f3n derivada de la aplicaci\u00f3n del subrepticio breve de Clemente VII<sup>315<\/sup>.<\/p>\n<p>Durante los d\u00edas siguientes, del 11 al 15 de enero, el justicia y los jurados se encargaron de preparar las cartas de recomendaci\u00f3n y creencia que Mart\u00ed y Vilafranca tendr\u00edan que llevarse a la corte. Escribieron misivas a Carlos I -presentando a los embajadores y suplic\u00e1ndole el ansiado desagravio-; al obispo Sil\u00edceo -pidi\u00e9ndole que se asegurase de que el emperador era informado \u00ab<em>de la realidad de la verdad<\/em>\u00bb-; al duque de Alba; a Granvelle -advirti\u00e9ndole de los \u00ab<em>traviessos modos<\/em>\u00bb que sol\u00edan seguir los murcianos, as\u00ed como de las \u00ab<em>informaciones sinistras<\/em>\u00bb que acostumbraban a propalar-; a algunos consejeros como el vicecanciller May -la persona que m\u00e1s confianza les inspiraba- o los regentes Ram y Costa; al protonotario imperial Miguel Clemente; y, por \u00faltimo, a sus aliados, el secretario Hugo de Urries y el doctor Jer\u00f3nimo Soriano<sup>316<\/sup>.<\/p>\n<p>Junto a esta documentaci\u00f3n, les entregaron tambi\u00e9n un documento de instrucciones adicionales, que hac\u00eda referencia fundamentalmente a dos cuestiones: los insaculados y las preeminencias de la bail\u00eda oriolana<sup>317<\/sup>.<\/p>\n<p>Y, el 17 de enero, tras recibir 65 ducados cada uno, los dos procuradores emprendieron el que ser\u00eda un penoso viaje hasta Madrid<sup>318<\/sup>.<\/p>\n<p>Durante el trayecto, Mart\u00ed y Vilafranca tuvieron que sufrir \u00ab<em>grans frets y neus<\/em>\u00bb de tal consideraci\u00f3n que ni siquiera la \u00ab<em>memoria del mes antichs<\/em>\u00bb llegaba a recordar \u00ab<em>en Castella tan grans gels<\/em>\u00bb. El fr\u00edo fue tan glacial que a su paso por los puertos de monta\u00f1a que se vieron obligados a cruzar no pudieron librarse del tr\u00e1gico espect\u00e1culo de ver a muchos animales, e incluso hombres, muertos por congelaci\u00f3n. El mal tiempo les impidi\u00f3 hacer el recorrido a la velocidad que hubiesen deseado, pues era crucial que llegasen a Madrid antes que los s\u00edndicos murcianos<sup>319<\/sup>.<\/p>\n<p>Por fin, tras algunos d\u00edas de desventurada traves\u00eda, Gin\u00e9s de Vilafranca y Jaime Mart\u00ed llegaron a la corte la noche del 29 de enero, \u00ab<em>bons de salud<\/em>\u00bb. No obstante, la ma\u00f1ana siguiente se despertaron con la noticia de que el emperador acababa de partir en direcci\u00f3n a Alcal\u00e1, con la idea de pasar un par de d\u00edas con sus hijas, en la mayor intimidad familiar. Por ello, los dos embajadores oriolanos decidieron quedarse en Madrid, recuper\u00e1ndose del viaje.<\/p>\n<p>El monarca retorn\u00f3 el 1 de febrero, con la intenci\u00f3n de asistir el d\u00eda siguiente, festividad de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or, a los actos de culto en el monasterio de San Francisco.<\/p>\n<p>Enterados de las intenciones reales, los s\u00edndicos se personaron en el citado convento, y escucharon la misa celebrada en honor de la Virgen. \u00danicamente pudieron ver de lejos al monarca. Sin embargo, s\u00ed tuvieron la posibilidad de acercarse algo m\u00e1s durante la procesi\u00f3n subsiguiente, de modo que cuando el emperador pas\u00f3 ante ellos, aprovecharon la ocasi\u00f3n para hacerle una cumplida reverencia. Carlos I se fij\u00f3 en tan humildes vasallos y los reconoci\u00f3, y para que se diesen cuenta de ello les mantuvo la mirada durante unos segundos.<\/p>\n<p>Tras finalizar la celebraci\u00f3n, Vilafranca y Mart\u00ed se dirigieron a palacio, y llegaron a la hora de la \u00e1gape real. De inmediato, se apercibieron de la presencia del obispo de Cartagena, pues fue el encargado de realizar la bendici\u00f3n de los alimentos.<\/p>\n<p>Cumplido el protocolo, se acercaron a Sil\u00edceo y pudieron platicar con \u00e9l durante unos minutos. A modo de primer contacto y \u00ab<em>ab poches paraules<\/em>\u00bb, le explicaron \u00ab<em>lo que convenia<\/em>\u00bb. El prelado, por su parte, les ratific\u00f3 su apoyo y les dijo que el rey sab\u00eda que hab\u00edan llegado y que iba a recibirles en breve<sup>320<\/sup>. Y efectivamente, acabada la comida, el monarca dio orden de que compareciesen ante su real persona.<\/p>\n<p>Los procuradores aprovecharon tan magn\u00edfica oportunidad para exponerle la postura y las aspiraciones del cap\u00edtulo del Salvador y la ciudad de Orihuela al respecto del Pleito del Obispado. Le volvieron a suplicar que mandase despachar cartas para el papa, remiti\u00e9ndole el litigio, a fin de que fuera sentenciado con la mayor brevedad en la Rota, tal como estaba antes del breve de Bolonia. Y con toda sinceridad, a\u00fan sabiendo que le iban a contrariar, le manifestaron que no les conven\u00eda \u00ab<em>neguna materia de concert<\/em>\u00bb porque por m\u00ednimas que fueran las concesiones que tuviesen que hacer a los murcianos, \u00e9stas perjudicar\u00edan notoriamente a la Iglesia y la ciudad de Orihuela (\u00ab<em>per poch ques llevas, seriem nosaltres molt perjudicats<\/em>\u00bb). No obstante, le aseveraron que con la \u00fanica intenci\u00f3n de servirle y obedecerle, estaban dispuestos a poner el negocio en sus manos, y a dejarlo a su libre albedr\u00edo. Y para acabar, le recordaron que los murcianos lo \u00fanico que pretend\u00edan era retrasar la determinaci\u00f3n real, y que ya hab\u00eda tenido que escribirles tres veces, conmin\u00e1ndoles a enviar a sus s\u00edndicos<sup>321<\/sup>.<\/p>\n<p>El emperador, viendo la tenacidad y fidelidad de sus vasallos oriolanos, les respondi\u00f3 que no dudaran que los murcianos comparecer\u00edan finalmente ante su presencia. Y les comunic\u00f3 que el vicecanciller May no estaba en Madrid, y que por ello hab\u00eda hecho llamar al doctor Costa para sustituirlo como \u00e1rbitro en la confrontaci\u00f3n, por parte del Consejo de Arag\u00f3n.<\/p>\n<p>Ante el rev\u00e9s que signific\u00f3 para Vilafranca y Mart\u00ed el no poder contar con un aliado tan declarado, ambos le rogaron al monarca que ya que no deseaba remitir la cuesti\u00f3n a Roma, al menos mandase \u00ab<em>de su boca<\/em>\u00bb a todas las personas diputadas para entender en ella que fueran absolutamente imparciales, \u00ab<em>sin tener respecto a ser la una parte Castilla, ni la otra Aragon, sino que qitado todo interes e voluntad, ni pasion, en justificacion se conosca<\/em>\u00bb. El emperador les contest\u00f3 que as\u00ed lo ordenar\u00eda, y acto seguido les despidi\u00f3<sup>322<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, los s\u00edndicos volvieron a encontrarse con Sil\u00edceo, quienes les entreg\u00f3 una brev\u00edsima misiva que hab\u00eda escrito para sus representados, en la que simplemente les aseguraba que iba a seguir prestando su apoyo a la causa segregacionista<sup>323<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se enteraron en palacio -no sabemos de qu\u00e9 manera ni por qu\u00e9 v\u00eda- de una circunstancia que les afectaba notablemente, y a la que curiosa o sospechosamente el emperador no hab\u00eda hecho alusi\u00f3n durante la entrevista. Averiguaron que Carlos I ten\u00eda la intenci\u00f3n de abandonar Madrid a finales de febrero para dirigirse a Barcelona, con lo que dif\u00edcilmente se podr\u00eda dar conclusi\u00f3n al asunto.<\/p>\n<p>Ese mismo d\u00eda 2, a \u00faltima hora, Vilafranca y Mart\u00ed se pusieron a redactar una carta para las autoridades oriolanas. En ella, les comentaron las desagradables peripecias que hab\u00edan tenido que sufrir hasta llegar a la villa del oso y el madro\u00f1o, y les pusieron al corriente de todas las noticias que pod\u00edan resultar de inter\u00e9s para el decurso del Pleito. No interpretaron la inminente partida del emperador como un hecho positivo, como podr\u00eda parecer en primera instancia si tenemos en cuenta que la causa podr\u00eda ser sustanciada en un territorio m\u00e1s favorable que el mismo centro de Castilla. Al contrario, pensaban que el viaje conllevar\u00eda m\u00e1s \u00ab<em>despeses y fatiges<\/em>\u00bb para la ciudad, y que, adem\u00e1s, en ninguna de las dos poblaciones llegar\u00eda a realizarse \u00ab<em>la examinacio<\/em>\u00bb adecuada de la causa \u00ab<em>per la inquietud que lo rey porta ab si<\/em>\u00bb. Su desencanto era tal que les llev\u00f3 a escribir que hab\u00edan emprendido su misi\u00f3n \u00ab<em>en molt roin temps y costellacio<\/em>\u00bb, que Dios quer\u00eda castigarles as\u00ed por sus pecados, y que \u00fanicamente les quedaba mantener la confianza en el Se\u00f1or -\u00ab<em>ques verdadera justicia<\/em>\u00bb- y tratar de lograr su favor dedic\u00e1ndole \u00ab<em>les devocions acostumades<\/em>\u00bb. Y para que no quedasen dudas de su inter\u00e9s en el asunto, se despidieron afirmando que \u00ab<em>si la vida de nostres fills y se aventuras, no sa <\/em>[de]<em> dexar de posar la matexa deligencia<\/em>\u00bb<sup>324<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese a sus loables intenciones, los s\u00edndicos oriolanos no tuvieron la oportunidad de defender los intereses de sus representados frente a los murcianos. La causa no pudo ser examinada porque el cabildo de Cartagena, en contra de la voluntad real, decidi\u00f3 no enviar a sus procuradores a la citaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por ello, no tuvo ninguna trascendencia el hecho de que la marcha del emperador para Catalu\u00f1a se retrasase hasta bien entrado el mes de marzo. La estancia de Vilafranca y Mart\u00ed en Madrid \u00fanicamente conllev\u00f3, como ellos mismos ya hab\u00edan previsto, nuevos gastos y desilusiones. De cualquier manera, sus reiteradas s\u00faplicas y protestas quiz\u00e1 llegaran a tener alg\u00fan fruto, ya que poco antes de partir, Carlos I les despach\u00f3 a los murcianos un riguros\u00edsimo mandato en el que les conminaba a comparecer ante \u00e9l, en Barcelona, de un modo inmediato, pues al parecer estaba decidido a solucionar el litigio de un modo definitivo en la capital del Principado, antes de embarcarse para Italia<sup>325<\/sup>.<\/p>\n<ol start=\"13\">\n<li><strong> La comparecencia murciana en Barcelona.<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El 12 de marzo de 1543, Gin\u00e9s de Vilafranca fue a despedirse del obispo Sil\u00edceo, justo antes de iniciar el viaje a Barcelona, tras la estela del emperador. El prelado le entreg\u00f3 una carta para que se la hiciese llegar a las autoridades oriolanas. En ella, les aseguraba que si no se hab\u00eda podido finiquitar la cuesti\u00f3n del Obispado no hab\u00eda sido por falta de diligencia del s\u00edndico, sino por \u00ab<em>la a\u00e7elerada partida<\/em>\u00bb de Su Majestad. Les dec\u00eda que esperaba que Carlos I sentenciase el litigio antes de embarcarse, \u00ab<em>porque assi lo tiene prometido, que lo mandaria concluir en Bar\u00e7elona<\/em>\u00bb. Y les recomendaba que no dejasen de seguir insisti\u00e9ndole para que pusiese fin a los enfrentamientos. Como podemos apreciar, las relaciones con el mitrado segu\u00edan siendo cordiales<sup>326<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, Vilafranca y Mart\u00ed emprendieron el camino hacia el Principado. No obstante, pronto perdieron contacto con la comitiva real. La salud de Mart\u00ed comenz\u00f3 a empeorar, y la gravedad de su estado les oblig\u00f3 a pararse a medio camino.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en Murcia, los can\u00f3nigos cartaginenses optaron esta vez por obedecer los mandatos reales, y prepararon la embajada a Barcelona.<\/p>\n<p>La noticia de que Vilafranca y Mart\u00ed se hab\u00edan detenido no lleg\u00f3 a la ciudad del Bajo Segura hasta el 27 de marzo. El impacto que caus\u00f3 la nueva fue realmente tremendo. De cualquier manera, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas reaccionaron con rapidez. El mismo d\u00eda 27, el <em>Consell<\/em> trat\u00f3 de encontrar una soluci\u00f3n al problema y decidi\u00f3 enviar a Barcelona a un nuevo procurador, Pedro de Loazes, a fin de que los murcianos no les pudiesen acusar de contumacia hasta que se produjese la llegada de los otros dos s\u00edndicos, o al menos de Vilafranca. En consecuencia, rehicieron el sindicato, e incluyeron en \u00e9l al nuevo procurador<sup>327<\/sup>.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, los oficiales municipales comentaron el plan con el cap\u00edtulo del Salvador, y la instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica decidi\u00f3 secundarlo, confeccionando, asimismo, un nuevo procuratorio que facultaba a intervenir en su nombre a los tres s\u00edndicos citados<sup>328<\/sup>.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, los referidos oficiales se encargaron de escribirle una carta a Vilafranca, y de preparar la documentaci\u00f3n que Loazes habr\u00eda de llevarse a Barcelona.<\/p>\n<p>Como no conoc\u00edan el paradero de los procuradores, dirigieron curiosamente la misiva de Vilafranca a \u00ab<em>honsevol quis trobe y estiga<\/em>\u00bb. En ella, le informaron de que los murcianos ya hab\u00edan enviado a sus representantes a la capital del Principado. Le pidieron que dejase a Mart\u00ed al cuidado del portador de la carta, quien se encargar\u00eda de acompa\u00f1arle de vuelta a su casa, y le rogaron que \u00ab<em>sens dila\u00e7io<\/em>\u00bb reemprendiese el camino hacia Barcelona, donde, sin su participaci\u00f3n inmediata, la causa estar\u00eda \u00ab<em>molt perduda y sens remey<\/em>\u00bb. Acto seguido, le anunciaron que se dispon\u00edan a enviar all\u00e1 a Pedro de Loazes, con dinero y nuevos poderes, para que se encargase de hacer frente a los cartaginenses hasta que llegase. Y, por \u00faltimo, le advirtieron sobre la trascendencia que iban a tener las negociaciones con las siguientes palabras: \u00ab<em>en aquesta jornada, o havem de ser remediats, o sens ha de tancar la porta si alla no va<\/em>\u00bb<sup>329<\/sup>.<\/p>\n<p>En cuanto a las cartas de recomendaci\u00f3n y creencia, los oficiales prepararon una veintena. Le escribieron una misiva al emperador para relatarle el problema que hab\u00edan tenido Vilafranca y Mart\u00ed, y para suplicarle que mandase a los de Murcia \u00ab<em>que no se vengan pues ya nuestro sindico y autos van camino, que en verdat puede creher Vuestra Magestad que no es culpa<\/em>\u00bb, \u00ab<em>que si antes supieramos la indisposicion del dicho sindico y los mandamientos de Vuestra Magestad, antes proveyeramos en ello<\/em>\u00bb. Y dirigieron escritos a nobles destacados como los duques de Alba y Cardona; a altos cargos de la administraci\u00f3n real como Francisco de los Cobos, los regentes Pastor y Costa o el vicecanciller May; a declarados afectos como el secretario Urries; a diversas autoridades e instituciones laicas y eclesi\u00e1sticas del Principado, como el virrey (duque de Gand\u00eda y marqu\u00e9s de Lombay), los <em>Diputats<\/em> de Catalu\u00f1a, los <em>consellers<\/em> de Barcelona, los obispos de Elna (el inquisidor de Catalu\u00f1a, Fernando de Loazes), Tortosa y Barcelona (que era de la casa de Cardona, la cual siempre hab\u00eda favorecido los intereses oriolanos), y el cap\u00edtulo de la <em>Seu<\/em> de Barcelona; y, por \u00faltimo, a los mandatarios del Reino de Valencia, los duques de Calabria (D. Fernando de Arag\u00f3n y D\u00aa. Germana de Foix), los <em>Diputats<\/em> del Reino, los <em>jurats<\/em> de Valencia, y el cap\u00edtulo de la Metropolitana<sup>330<\/sup>.<\/p>\n<p>Una vez terminada esta tarea, el justicia y los jurados se centraron en la redacci\u00f3n de las instrucciones, lo que les ocup\u00f3 los dos \u00faltimos d\u00edas del mes de marzo. Le despacharon finalmente a Loazes dos instrumentos. De ellos, \u00fanicamente destacaremos que los mun\u00edcipes quer\u00edan que el procurador le diese al monarca todas las explicaciones que fuesen necesarias para que tuviese la certeza de que los motivos que hab\u00edan propiciado el retraso de la comparecencia oriolana hab\u00edan sido totalmente involuntarios<sup>331<\/sup>.<\/p>\n<p>Y el 31 de marzo Pedro de Loazes parti\u00f3 en direcci\u00f3n a Barcelona, con 45 ducados de la Iglesia y la ciudad de Orihuela en sus bolsillos<sup>332<\/sup>.<\/p>\n<p>Ese mismo d\u00eda pudo llegar hasta Villena, donde hizo noche. La ma\u00f1ana siguiente tom\u00f3 rumbo a Moxent, poblaci\u00f3n a la que arrib\u00f3 d\u00eda y medio despu\u00e9s. Se detuvo en ella un par de horas para parlamentar con D. Pedro Maza, quien le entreg\u00f3 una carta muy cumplida para el vicecanciller May. Despu\u00e9s, march\u00f3 hacia Valencia, ciudad a la que lleg\u00f3 el 3 de abril algo preocupado por el deplorable estado de uno de sus ojos. Inmediatamente, busc\u00f3 a Juan Savall. Le confi\u00f3 las misivas que llevaba para las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas del Reino a fin de que se encargase de repartirlas. Y le pregunt\u00f3 si ten\u00eda alguna noticia sobre la situaci\u00f3n de Vilafranca y Mart\u00ed. Savall le contest\u00f3 que no sab\u00eda nada de ellos, y que la \u00fanica novedad que pod\u00eda ofrecerle era que Carlos I estaba en Molins de Rei \u00ab<em>ca\u00e7ant y prenent plaer, esperant que vinga la armada<\/em>\u00bb. Loazes aprovech\u00f3 su estancia en la ciudad del Turia para escribir una carta a sus representados. En ella, les coment\u00f3 las incidencias del viaje, les habl\u00f3 de su encuentro con el gobernador, les comunic\u00f3 que la ma\u00f1ana del d\u00eda siguiente partir\u00eda de Valencia, y les dijo que no se preocuparan porque, dado que el emperador estaba descansando en Molins de Rei, \u00ab<em>en cas que los murcians nos lleven alguns dies de vantaje, no crech negociaran cosa alguna<\/em>\u00bb<sup>333<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras tanto, ese mismo d\u00eda 3 de abril, Gin\u00e9s de Vilafranca y Jaime Mart\u00ed entraron en Orihuela<sup>334<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese a que la marcha de Vilafranca deb\u00eda ser inmediata, no sabemos por qu\u00e9 motivo \u00e9sta se retras\u00f3 algunos d\u00edas. El procurador parti\u00f3 finalmente para la capital catalana el 6 de abril, llevando consigo la documentaci\u00f3n que ya portaba y una nueva pero importante instrucci\u00f3n. Los oficiales le precisaron que cuando llegase el momento de firmar el compromiso ante el emperador, Loazes y \u00e9l supeditasen la validez del acuerdo a la condici\u00f3n de que el Pleito fuese definido en un t\u00e9rmino m\u00e1ximo de dos meses<sup>335<\/sup>.<\/p>\n<p>El 7 de abril, los murcianos llegaron a Barcelona, pero no pudieron hacer ninguna gesti\u00f3n ante el monarca porque \u00e9ste, efectivamente, se hallaba en Molins de Rei, \u00ab<em>per fugir de negocis<\/em>\u00bb<sup>336<\/sup>.<\/p>\n<p>Por su parte, Loazes segu\u00eda su marcha con la salud algo mermada. Unas fuertes lluvias frenaron su paso camino de Tortosa. Se le moj\u00f3 toda la ropa. Pero eso no fue lo peor&#8230; El agua le emborron\u00f3 las cartas oficiales que llevaba, lo que, seg\u00fan relatar\u00eda posteriormente, le puso \u00ab<em>per a donar la anima a Deu de enuig<\/em>\u00bb. Lleg\u00f3 por fin a Barcelona el 10 de abril, a media ma\u00f1ana, poco despu\u00e9s de que los vigilantes de la ciudad avistaran desde la torre de Montjuic un barco que creyeron perteneciente a la temible armada turca, y de que el duque de Cardona avisase de ello a Carlos I. La nueva, si bien result\u00f3 ser finalmente err\u00f3nea -la galera era genovesa-, sirvi\u00f3 para que el emperador entrase en Barcelona muy poco tiempo despu\u00e9s de que lo hiciera el s\u00edndico oriolano<sup>337<\/sup>.<\/p>\n<p>La noticia de la llegada del monarca se extendi\u00f3 pronto por la ciudad. Entonces, los murcianos trataron de parlamentar con Cobos, pero \u00e9ste no pudo prestarles la atenci\u00f3n que deseaban porque fue llamado a la presencia real. Justo antes de comparecer ante Carlos I, Loazes tuvo la oportunidad de hablar con el comendador el tiempo suficiente como para entregarle su carta credencial, y conseguir que le prometiese que la leer\u00eda cuando pudiese.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, Loazes se encontr\u00f3 con un viejo aliado de la causa segregacionista, D. Jer\u00f3nimo de Urries. Le cont\u00f3 la incidencia de Tortosa y le mostr\u00f3 c\u00f3mo hab\u00edan quedado de emborronadas las cartas. El funcionario trat\u00f3 de tranquilizar al procurador dici\u00e9ndole que \u00ab<em>de cascan dia<\/em>\u00bb recib\u00eda \u00ab<em>Sa Magestat lletres pijors y mes brutes<\/em>\u00bb, y acab\u00f3 de convencerle de que las presentase, en lugar de romperlas y pedir a los mandatarios oriolanos que le enviasen otras nuevas<sup>338<\/sup>.<\/p>\n<p>Ya por la tarde, ese mismo d\u00eda 10, Loazes volvi\u00f3 a encontrarse con Cobos cuando \u00e9ste sal\u00eda de una reuni\u00f3n del Consejo Real. Le pregunt\u00f3 si hab\u00eda le\u00eddo la creencia. Y el comendador le respondi\u00f3 afirmativamente, coment\u00e1ndole, adem\u00e1s, que Su Majestad ya hab\u00eda diputado a varias personas para que se encargasen de arbitrar las negociaciones: May y Costa, por parte de Orihuela, Figuerola y un licenciado apellidado Tal, por la de Murcia, y un flamenco llamado Buissot, del Consejo de Flandes, que hab\u00eda de sustituir a Granvelle. La noticia de la nominaci\u00f3n del flamenco no agrad\u00f3 a Loazes, pero no tuvo tiempo para hacerle al comendador m\u00e1s preguntas puesto que fue de nuevo llamado por Su Majestad.<\/p>\n<p>S\u00ed pudo volver a platicar con Cobos el d\u00eda siguiente -11 de abril-. El ministro le comunic\u00f3 que la vista del Pleito del Obispado iba a ser inminente. Entonces, Loazes tuvo que confesarle que no ten\u00eda la documentaci\u00f3n necesaria para defender las tesis oriolanas ya que hab\u00eda de traerla Gin\u00e9s de Vilafranca. Y a continuaci\u00f3n, se vio obligado a explicarle los justificados motivos de la ausencia del s\u00edndico. El comendador comprendi\u00f3 la situaci\u00f3n, y de buen talante se ofreci\u00f3 para aconsejarle c\u00f3mo hab\u00eda de proceder para que no sufriesen detrimento los derechos de sus representados, y para que no se mofasen de \u00e9l en la corte&#8230;<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, el 13 de abril, Loazes volvi\u00f3 a ir a palacio con la intenci\u00f3n de presentarse al emperador. Tras la misa, el limosnero mayor lo condujo ante Su Majestad. El s\u00edndico le hizo los honores de parte del cap\u00edtulo y la ciudad de Orihuela, y le dijo que sus representados le hab\u00edan dado poderes suficientes para poner el negocio de la Catedral en sus reales manos, tal como hab\u00eda mandado. El monarca le escuch\u00f3 \u00ab<em>benignament<\/em>\u00bb y, mostr\u00e1ndole su disposici\u00f3n para acabar de una vez por todas con la controvertida cuesti\u00f3n, le contest\u00f3: \u00ab<em>Yd a Cobos que ya tengo deputadas personas para que entiendan en el negocio<\/em>\u00bb<sup>339<\/sup>.<\/p>\n<p>Ante la orden directa de Carlos I, Loazes se vio con las manos atadas. Esper\u00f3 un d\u00eda m\u00e1s que llegase Vilafranca, pero el ansiado suceso no se produjo. Entonces, pese a su intenci\u00f3n inicial de no escribir a las autoridades oriolanas hasta \u00ab<em>tenir mes assentada nostra nego\u00e7ia\u00e7io<\/em>\u00bb, se decidi\u00f3 a enviarles una misiva en demanda de auxilio. En ella, les relat\u00f3 concisamente cuanto hab\u00eda sucedido hasta ese momento. Sobre la entrevista con el rey, les coment\u00f3, por una parte, que estaba seguro de que si Carlos I pudiese sentenciar la lite siguiendo \u00fanicamente sus criterios personales, sin el embarazo de comisiones o presiones, lo har\u00eda sin agraviar a Orihuela; y por otra, que hab\u00eda muy poco tiempo para tratar de acabar con el conflicto ya que pensaba que en el momento en que llegasen las galeras del enemigo, el monarca no tratar\u00eda otro asunto que no fuese el de la defensa de la costa. Y les hizo una doble petici\u00f3n: que le enviasen con la m\u00e1xima urgencia los autos del Pleito y algo de dinero<sup>340<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras firmar la carta, Loazes fue a apalabrar su porte con un correo. No obstante, antes de despacharlo recibi\u00f3 un mandato de Carlos I, en el que le ordenaba que se personase esa misma tarde en casa de Cobos para presentar los poderes y la documentaci\u00f3n ante los comisionados. La nueva circunstancia hizo a Loazes aplazar el env\u00edo de la carta por unas horas.<\/p>\n<p>Tras la comida, fue a casa del comendador. Cobos inaugur\u00f3 la reuni\u00f3n informando a los procuradores de ambas partes de que May, Costa, Figuerola, Tal y Buissot iban a ser quienes estudiasen la causa por orden expresa de Su Majestad. Despu\u00e9s pidi\u00f3 a los s\u00edndicos sus respectivos poderes. Loazes, que no los llevaba encima -por descuido, o quiz\u00e1 por ganar tiempo-, respondi\u00f3 que los ten\u00eda en la casa en la que estaba hospedado, y los comisionados le mandaron a por ellos. Pasada una hora, Loazes se present\u00f3 de nuevo ante los citados se\u00f1ores y les entreg\u00f3 su procura. Entonces le pidieron que presentase la documentaci\u00f3n en la que se justificaban sus reclamaciones. Y el s\u00edndico tuvo que explicar que a\u00fan no estaba en sus manos por culpa del suceso de la enfermedad de Mart\u00ed y el retraso consecuente de Vilafranca, y que ten\u00eda la intenci\u00f3n de enviar un correo urgent\u00edsimo a Orihuela para que se los hiciesen llegar de inmediato. Y, acto seguido, les pidi\u00f3 que aplazaran la vista durante unos d\u00edas, en espera de la documentaci\u00f3n o de Gin\u00e9s de Vilafranca. Despu\u00e9s, comparecieron los murcianos y presentaron los poderes y la documentaci\u00f3n, y los diputados se la llevaron al rey.<\/p>\n<p>A la salida de la reuni\u00f3n, el vicecanciller May le coment\u00f3 a Loazes que la causa ser\u00eda despachada en breve, y que s\u00f3lo pod\u00eda salvar a Orihuela que llegasen a tiempo los autos.<\/p>\n<p>M\u00e1s apurado que nunca, Pedro de Loazes fue a ver a su hermano Fernando, el obispo de Elna, que acababa de llegar a Barcelona, y le cont\u00f3 lo que hab\u00eda sucedido. Y ambos decidieron que la mejor soluci\u00f3n para tratar de evitar el desastre era enviar a Orihuela a un correo de posta, para que recogiese la documentaci\u00f3n de manos de las autoridades de la ciudad y la llevase con la m\u00e1xima rapidez a la Ciudad Condal. Y tal como lo pensaron, lo hicieron. Hacia las 9 de la noche, el correo parti\u00f3 a toda prisa de Barcelona, llevando consigo la carta de auxilio de Pedro -en cuyo margen hab\u00eda a\u00f1adido unas breves notas sobre lo acontecido aquella tarde en casa de Cobos-, y una misiva de Fernando, en la que reprend\u00eda a los mandatarios oriolanos por haber enviado a su hermano \u00ab<em>sens les scriptures<\/em>\u00bb<sup>341<\/sup>. Y as\u00ed se quedaron los hermanos Loazes, pregunt\u00e1ndose con impotencia d\u00f3nde podr\u00eda estar Gin\u00e9s de Vilafranca.<\/p>\n<p>Pues bien, Vilafranca no estaba ya muy lejos de Barcelona gracias, sobre todo, a que a su paso por Valencia -hacia el 12 o el 13 de abril-, Joan Savall le hab\u00eda proporcionado una buena mula, que le hab\u00eda hecho m\u00e1s c\u00f3modo y r\u00e1pido el viaje. El s\u00edndico debi\u00f3 cruzarse con el correo, ya que \u00e9ste arrib\u00f3 a la ciudad del Turia, tras sufrir una aparatosa ca\u00edda de la que no sali\u00f3 muy bien parado, la noche del d\u00eda siguiente -15 de abril-. Al enterarse de la llegada del correo -lo que debi\u00f3 suceder el d\u00eda siguiente, 16-, Joan Savall decidi\u00f3 enviarlo de vuelta a Barcelona, encarg\u00e1ndole que a su llegada advirtiese a los Loazes de que Vilafranca llevaba toda la documentaci\u00f3n reclamada y de que deb\u00eda estar a punto de arribar a la Ciudad Condal. Y antes de despedirlo, le entreg\u00f3 tres cartas de apoyo y recomendaci\u00f3n que hab\u00edan fechado dos d\u00edas antes los jurados de la ciudad, el cap\u00edtulo de la Metropolitana, y los <em>Diputats<\/em> del reino<sup>342<\/sup>.<\/p>\n<p>A partir de este momento desconocemos qu\u00e9 sucedi\u00f3 en Barcelona. Aunque podemos afirmar que Vilafranca lleg\u00f3 a la capital del Principado<sup>343<\/sup>, nada sabemos sobre el transcurso de la vista del caso por la comisi\u00f3n real. Lo \u00fanico que conocemos a ciencia cierta es que a principios de mayo, Carlos I sali\u00f3 de la Ciudad Condal, en direcci\u00f3n hacia Roses<sup>344<\/sup>, y que poco despu\u00e9s embarc\u00f3 con rumbo a Italia, dejando como regente a su hijo Felipe. La partida, y quiz\u00e1 tambi\u00e9n la desgana o el desinter\u00e9s del monarca, impidieron la resoluci\u00f3n del Pleito del Obispado y \u00e9ste qued\u00f3 pendiente hasta la vuelta a Espa\u00f1a del emperador<sup>345<\/sup>&#8230;<\/p>\n<p>Por su parte, tras el nuevo fracaso, Gin\u00e9s de Vilafranca y Pedro de Loazes volvieron desilusionados a Orihuela, ciudad a la que llegaron el 22 de mayo<sup>346<\/sup>.<\/p>\n<ol start=\"14\">\n<li><strong> El final del episcopado de D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Tras la marcha del emperador de sus reinos de Espa\u00f1a, la cuesti\u00f3n de la resoluci\u00f3n del Pleito del Obispado qued\u00f3 totalmente parada. Carlos I dej\u00f3 ordenado que hasta su regreso no se tomase ninguna medida ni se hiciese ning\u00fan acto que pudiese afectar al transcurso o al desenlace de la lite. De acuerdo con la voluntad de su padre, el pr\u00edncipe Felipe adopt\u00f3 durante los a\u00f1os de regencia una actitud de respetuosa espera, y no quiso intervenir en el litigio salvo en muy contadas ocasiones, en momentos muy determinados en los que los abusos de poder episcopal cartaginenses pudieron modificar la situaci\u00f3n de las partes en relaci\u00f3n con la causa. Los mandatarios murcianos trataron de compatibilizar la obediencia a la m\u00e1xima real con un ejercicio agresivo del poder pontifical, rayano muchas veces en la ilegitimidad, gracias a la anuencia del provisor D. Francisco Mart\u00ednez. Por contra, las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela, teniendo en cuenta experiencias anteriores, optaron por acatar la citada directriz, a fin de evitar nuevos esc\u00e1ndalos, y en l\u00edneas generales decidieron tolerar las disposiciones del referido vicario general, interponiendo las pertinentes protestas profil\u00e1cticas contra las que consideraban potencialmente lesivas para sus derechos en el Pleito.<\/p>\n<p>Volviendo a la realidad del obispado, durante los meses de mayo, junio y julio de 1543 las circunstancias pol\u00edtico-militares pasaron a un primer plano, desplazando a las religiosas. Las autoridades de la Gobernaci\u00f3n de Orihuela y del Reino de Murcia se concentraron en la adopci\u00f3n de medidas defensivas ante la inminencia de la ofensiva mar\u00edtima de la alianza turco-francesa.<\/p>\n<p>Sin embargo, como \u00e9sta se demor\u00f3 algunos meses, en el \u00ednterin, el provisor Mart\u00ednez, dirigido por el cabildo de Cartagena, tuvo la oportunidad de lanzar un nuevo ataque sobre las siempre apetecibles rentas de las f\u00e1bricas. A principios de agosto, el vicario general public\u00f3 un mandamiento en el que ordenaba a los fabriqueros de las iglesias de Orihuela y su t\u00e9rmino que pagasen un servicio al obispo Sil\u00edceo, bajo diversas amenazas.<\/p>\n<p>Las autoridades oriolanas reaccionaron de inmediato. El d\u00eda 11 del citado octavo mes le escribieron al provisor que las tercias de las f\u00e1bricas eran rentas de realengo, y que sobre ellas no pod\u00eda imponer de modo l\u00edcito ninguna contribuci\u00f3n; y le enviaron a Gaspar Rovira para explicarle de palabra que su negativa se fundamentaba en privilegios reales que no le pod\u00edan ser ya desconocidos, y para presentarle la apelaci\u00f3n que se dispon\u00edan a interponer ante el arzobispo de Valencia, en el caso de que no quisiese derogar el edicto<sup>347<\/sup>. A continuaci\u00f3n, para evitar que se produjesen indeseados precedentes, motivados por el miedo a las censuras que pudiese lanzar el provisor, los jurados despacharon un mandato dirigido a los fabriqueros conmin\u00e1ndoles, so pena de 1.000 florines, a que no entregasen cantidad alguna para el pago del servicio demandado por el vicario y el cabildo cartaginenses<sup>348<\/sup>. Unos d\u00edas m\u00e1s tarde -el 21 de septiembre-, tras comprobar la perseverancia del oficial episcopal, los mun\u00edcipes decidieron proseguir con sus planes. Enviaron al mismo Gaspar Rovira a Valencia con la intenci\u00f3n de presentarle la apelaci\u00f3n al arzobispo y lograr que expidiera una provisi\u00f3n \u00ab<em>\u00e7itatoria e inhibitoria<\/em>\u00bb contra D. Francisco Mart\u00ednez. Ya en la ciudad del Turia, Rovira, acompa\u00f1ado por el s\u00edndico Joan Savall, compareci\u00f3 ante el metropolitano, le puso al corriente de la irregular situaci\u00f3n y consigui\u00f3 el anhelado mandamiento. El documento fue enviado a la poblaci\u00f3n del Bajo Segura el pen\u00faltimo de septiembre. Las autoridades oriolanas se lo presentaron de inmediato al provisor, y \u00e9ste se vio obligado a desistir de su intenciones<sup>349<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras este incidente, las autoridades oriolanas volvieron a centrar su atenci\u00f3n en la adopci\u00f3n de medidas de seguridad ante el m\u00e1s que previsible ataque de la armada turca. Estos preparativos se aceleraron hacia finales de octubre, cuando llegaron a la ciudad noticias de avistamientos de barcos de infieles cerca de la costa.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n se hizo cr\u00edtica cuando la madrugada del d\u00eda de Todos los Santos -1 de noviembre- arribaron informaciones de que los turcos hab\u00edan quemado Villajoyosa y de que hab\u00edan sido descubiertos frente a Alicante. Entonces, los oficiales municipales dieron orden de organizar los efectivos militares, y consiguieron movilizar a un centenar de \u00ab<em>homens de cavall<\/em>\u00bb y a poco m\u00e1s de un millar de \u00ab<em>homens de peu<\/em>\u00bb. Hacia las 8 de la ma\u00f1ana lleg\u00f3 a Orihuela un correo de Guardamar, que les alert\u00f3 de que \u00ab<em>los turchs eren a la gola del riu<\/em>\u00bb, a punto de desembarcar. Con toda presteza, los mun\u00edcipes mandaron a un jinete a avisar al gobernador, que se hallaba cerca de Elche, para que se dirigiese con su tropa a la desembocadura del Segura. Hicieron una nueva llamada de auxilio entre la poblaci\u00f3n de la ciudad, y consiguieron armar a otros 500 hombres de a pie. Y sin perder el tiempo, marcharon hacia Guardamar. Llegaron a la poblaci\u00f3n costera a las 3 de la tarde, y se encontraron que los infieles a\u00fan no hab\u00edan tomado tierra. As\u00ed, tuvieron tiempo para situarse por la topograf\u00eda del lugar del modo m\u00e1s adecuado, y para prepararse de cara al enfrentamiento. La ma\u00f1ana del d\u00eda siguiente -2 de noviembre-, al amanecer, vieron c\u00f3mo las once galeras turcas pon\u00edan proa hacia la costa, y c\u00f3mo desembarcaban unos 500 \u00f3 600 soldados. \u00c9stos, ajenos a la presencia de los cristianos, se dividieron para dar buena cuenta de la aldea. Entonces, las tropas oriolanas hicieron aparici\u00f3n por sorpresa, teniendo lugar una \u00ab<em>scaramu\u00e7a<\/em>\u00bb que concluy\u00f3 con la victoria cristiana y la huida de los turcos. Entre las bajas oriolanas caus\u00f3 gran impacto la de D. Jaime de Rocamora, cuyo nombre qued\u00f3 grabado en la memoria de los habitantes de la ciudad por su comportamiento heroico<sup>350<\/sup>.<\/p>\n<p>Durante los meses finales de 1543 y a lo largo de todo 1544, el incidente con los turcos, junto a la ausencia del emperador, sacaron de un primer plano al Pleito del Obispado. Ni siquiera los frecuentes roces de la poblaci\u00f3n de Orihuela con la de Murcia sirvieron para reavivar los deseos separatistas<sup>351<\/sup>. Adem\u00e1s, tanto el cabildo de Cartagena como el provisor Mart\u00ednez se mantuvieron poco activos en relaci\u00f3n con Orihuela, lo que propici\u00f3 el desarrollo de un per\u00edodo de relativa paz a nivel espiritual en la capital de la Gobernaci\u00f3n <em>ultra Sexonam<\/em>.<\/p>\n<p>La protecci\u00f3n del territorio ante la posibilidad de nuevos ataques de infieles pas\u00f3 a ser la cuesti\u00f3n prioritaria, como muestra el hecho de que el propio duque de Calabria ordenase la urgente fortificaci\u00f3n de Guardamar. El virrey aport\u00f3 una importante subvenci\u00f3n (cerca del 40% del coste total), quedando el resto a cargo de los diferentes <em>Consells<\/em> y se\u00f1ores de la zona<sup>352<\/sup>.<\/p>\n<p>La inversi\u00f3n en defensa acapar\u00f3 gran parte de los recursos municipales de Orihuela. El 21 de marzo de 1544, el duque de Calabria hizo llegar a la ciudad una carta del pr\u00edncipe Felipe, fechada en Valladolid el 18 de agosto del a\u00f1o anterior, en la que solicitaba ayuda (dinero) a la corporaci\u00f3n para afrontar \u00ab<em>los gastos grandes que al Emperador, mi senyor, se le recres\u00e7en a causa de haver de sostener tantos exercitos y gente de guerra, para la defension de sus Reinos y resistir al Turco y al Rey de Fran\u00e7ia que, en danyo de la Christiandad, y senyaladamente de los Reinos y vassallos de Su Magestad, estan confederados y unidos<\/em>\u00bb<sup>353<\/sup>. Los oficiales oriolanos le contestaron a Su Alteza suplic\u00e1ndole que les permitiese excusarse de proporcionar dinero a su real padre: \u00ab<em>quisieramos mucho que esta ciudad estuviera en tal possibilidad que no solamente con el servi\u00e7io que se nos pide, empero con mucho mas, le pudieramos servir, sino que sabra Vuestra Alteza que por estar esta ciudad poblada por mayor parte de labradores y gente pobre y tan sercana a la mar como cualquier otra deste Reyno, por tener seys leguas de marina y quasi todo su termino junto a la mar, despues que Alger enpe\u00e7o a ensoberve\u00e7erse, somos estados siempre tan visitados de moros que cada verano y quasi a la continua les tenemos por vezinos, y son tantos los cativos que cada anyo nos toman que para rescatallos estan muy fatigados nuestros vezinos, en tanto que una vez nos costo \u00e7inco mil ducados el rescate de unos que tomaron, y allende desto, porque nuestros vezinos puedan labrar y conrear sus heredamientos con alguna seguridad havemos de pagar muchas guardas que ponemos a la mar y poner guarni\u00e7ion en Guardamar, por ser nuestra aldea, y en otros lugares de nuestra contribu\u00e7ion, en lo qual hazemos grandes gastos y fatigamos nuestros \u00e7iudadanos, y si asta agora estos danyos havemos sentido, los esperaremos muy mayores y mas hartos este verano y asta tanto que se deshaga la liga del Rey de Fran\u00e7ia con el turco, y esta ciudad no tiene proprios algunos de que se pueda ajudar sino de los pobladores, y somos \u00e7iertos que si les inponiamos alguna otra imposi\u00e7ion o cargo, la major parte de nuestros vezinos o moradores se nos ira a otras partes, y quedando la tierra despoblada ni podremos resistir a los enemigos ni deffender nuestra tierra<\/em>\u00bb<sup>354<\/sup>.<\/p>\n<p>Como podemos apreciar, la continua presencia de berberiscos y la puntual de turcos afect\u00f3 a la econom\u00eda oriolana. No obstante, no creemos que las inversiones municipales en defensa o en rescates de cautivos fuesen tan elevadas como para consumir los recursos de la ciudad. Dicho pretendido agotamiento contrasta curiosamente con el hecho de que desde principios de 1544 los oficiales prestaran un especial inter\u00e9s por sanear el erario p\u00fablico redimiendo censales y sustituy\u00e9ndolos por otras obligaciones a intereses m\u00e1s bajos<sup>355<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, creemos que la amenaza de berberiscos y turcos hizo a la opini\u00f3n p\u00fablica oriolana y a las fuerzas vivas de la ciudad m\u00e1s sensibles a la problem\u00e1tica de los cautiverios. Quiz\u00e1 ese sentimiento fue el que movi\u00f3 a la corporaci\u00f3n municipal a dirigirse al obispo Sil\u00edceo para suplicarle que les diese licencia a los frailes del monasterio de la Merced para pedir limosna por todo el obispado, a fin de que consiguiesen m\u00e1s dinero para proceder a la redenci\u00f3n de un mayor n\u00famero de cautivos<sup>356<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se dirigieron los mandatarios civiles al prelado en otra ocasi\u00f3n, y por otro motivo que nada ten\u00eda que ver con el Pleito del Obispado. A principios de septiembre del citado a\u00f1o 1544, le elevaron una suplicaci\u00f3n para que permitiese celebrar entierros de noche, como era costumbre por toda Espa\u00f1a<sup>357<\/sup>.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s, el 19 de septiembre, Carlos I firmaba la Paz de Cr\u00e9py-en-Laonnais, poniendo fin as\u00ed a la guerra con Francia. La noticia lleg\u00f3 a Orihuela con cierto retraso, pero sirvi\u00f3 para tranquilizar en parte los alterados \u00e1nimos de sus moradores<sup>358<\/sup>.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, en lo concerniente a la cuesti\u00f3n episcopal en 1544, destacaremos que Franc\u00e9s Despuig encontr\u00f3 en Roma gran parte de la documentaci\u00f3n que sobre el Pleito ten\u00eda el fallecido auditor Luis G\u00f3mez, y se ofreci\u00f3 a mandarla a la ciudad del Bajo Segura<sup>359<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la ruptura del pacto entre franceses y turcos, el alejamiento de estos \u00faltimos de las costas levantinas hizo menguar las preocupaciones defensivas. No obstante, 1545 no fue un a\u00f1o tranquilo para el <em>Consell<\/em> oriolano. Por una parte, tuvo que hacer frente a diversos problemas de jurisdicci\u00f3n y competencias con el lugarteniente del gobernador. Y por otra, hubo de tomar diferentes medidas para que las malas cosechas y una amenazante plaga de langosta no dejaran sin abasto de trigo a la ciudad.<\/p>\n<p>Al margen de estas ocupaciones principales, la corporaci\u00f3n municipal tuvo tiempo para ocuparse de otras muchas cuestiones, entre las que hemos de hacer notar una, de talante religioso, que anunciaba el desencadenamiento m\u00e1s o menos inminente de una grave crisis espiritual en la ciudad.<\/p>\n<p>Desde antiguo, los frailes de las diversas \u00f3rdenes asentadas en la capital del Bajo Segura acostumbraban a participar en las procesiones que organizaba el cap\u00edtulo del Salvador. No obstante, con el paso de los a\u00f1os comenzaron a surgir roces entre las comunidades de Santo Domingo, San Agust\u00edn y San Francisco en relaci\u00f3n con el lugar que cada una de ellas hab\u00eda de ocupar en dichos solemnes desfiles. Las diferencias fueron encon\u00e1ndose de tal manera que llegaron a hacer pensar a los can\u00f3nigos de la Catedral que podr\u00edan acabar provocando un rompimiento entre los regulares de la ciudad. Por ello, antes de que la discordia llegase a tal extremo, decidieron poner al corriente del problema al <em>Consell<\/em>, a fin de que tratase de pacificar la situaci\u00f3n, bien mediando entre las \u00f3rdenes en pos de una concordia, bien intentando fijar los criterios de organizaci\u00f3n de las procesiones.<\/p>\n<p>Los oficiales municipales entablaron conversaciones con los regulares pero no fueron capaces de propiciar ning\u00fan acercamiento. Y hacia mediados de 1545 -principios de junio-, optaron por cambiar de t\u00e1ctica. Aprovechando que Joan Mir\u00f3 hab\u00eda de ir a la capital del reino a negociar ciertos asuntos en nombre de la ciudad, le encargaron que se informase \u00ab<em>de la forma e manera que tenen les religions en anar en les professons en la dita \u00e7iutat de Valencia, e quin lloch acostuma tenir cascuna religio anant en companyia del capitol, e si acostuma precehir aquell monestir e monestirs que te edificada e construida mes antiga la casa en dita \u00e7iutat<\/em>\u00bb, y que preparase un memorial<sup>360<\/sup>. Sin embargo, la labor de Mir\u00f3 tampoco les sirvi\u00f3 a los mun\u00edcipes para propiciar el apaciguamiento de los regulares. Y \u00e9stos siguieron enfrentados pese a los repetidos intentos de conciliaci\u00f3n promovidos tanto por el <em>Consell<\/em> como por el cap\u00edtulo del Salvador.<\/p>\n<p>La vida en Orihuela transcurri\u00f3 sin destacadas novedades hasta finales del mes de julio, cuando por carta de Joan Mir\u00f3 los mandatarios de la ciudad se enteraron de la nueva del nacimiento del hijo del pr\u00edncipe Felipe, el infante D. Carlos, y del fallecimiento de su esposa, Mar\u00eda de Portugal, en el posparto<sup>361<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la organizaci\u00f3n de las manifestaciones oficiales de duelo, la atenci\u00f3n de las autoridades civiles de todo el Reino de Valencia volvi\u00f3 a dirigirse hacia la problem\u00e1tica situaci\u00f3n de los moriscos. Y ante la inquietud latente, el propio duque de Calabria decidi\u00f3 intervenir.<\/p>\n<p>Como primera medida, siguiendo mandatos reales, convenientes al \u00ab<em>be, repos e tranquilitat de tot lo present Regne<\/em>\u00bb, a finales de septiembre le orden\u00f3 a D. Joan Llorens de Vilarrasa, \u00ab<em>portant veus de general governador de\u00e7a Sexona<\/em>\u00bb, que iniciase un recorrido por todo el citado reino, e hiciese que en todas las poblaciones fuese prohibida la fuga de los moriscos<sup>362<\/sup>.<\/p>\n<p>Y complement\u00f3 dicha iniciativa algunos d\u00edas despu\u00e9s, el 4 de octubre de ese mismo a\u00f1o 1545, despachando una \u00ab<em>prachmatiqua dels nou convertits<\/em>\u00bb, en nombre del \u00ab<em>Emperador de Romans, sempre august, Rey de Alamanya<\/em>\u00bb y de \u00ab<em>Dona Joana, sa mare<\/em>\u00bb. En ella, siempre bajo la amenaza de severas penas, promulg\u00f3 diversas prohibiciones, entre las que resaltamos las siguientes:<\/p>\n<p>-Prohibi\u00f3 que los moriscos cambiasen de domicilio o se marchasen del lugar en el que viv\u00edan, para hacerse vasallos de otro se\u00f1or, o por cualquier otro motivo, pues dicho traslado frecuentemente no era m\u00e1s que una excusa para poder \u00ab<em>pasar a Barberia e tornar la perversa secta de Mahomet, e donar favor e ajuda ab ses persones e bens als infels inimichs de nostra santa fe catolica e de la \u00c7esarea Catolica Real Magestat, e damnificar, robar, cativar e matar los christians vells<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>-Que los se\u00f1ores que aceptasen en sus heredades a los neoconversos que les solicitasen permiso para vivir en ellas.<\/p>\n<p>-Que los habitantes del Reino acogiesen, aconsejasen, favoreciesen o ayudasen a moros, turcos o renegados que llegasen en fustas berberiscas; a los granadinos, tagarinos, moros o moriscos que arribasen provenientes de los reinos de Castilla, de la Corona de Arag\u00f3n, o de otras partes; o a moriscos procedentes de ultramar que, tras ser cautivos, hubiesen sido liberados.<\/p>\n<p>-Que los moriscos portasen armas que no fuesen espadas o pu\u00f1ales (esto es, arcabuces, escopetas o ballestas) sin ir acompa\u00f1ados por sus se\u00f1ores o por procuradores, alcaides u oficiales que fuesen cristianos viejos o con licencia escrita del virrey o del gobernador correspondiente.<\/p>\n<p>Hemos resumido el contenido de la pragm\u00e1tica por considerar que quiz\u00e1 constituya uno de los m\u00e1s ricos testimonios alusivos al componente desestabilizador de la presencia de los moriscos en el Reino de Valencia. Factor que, como m\u00e1s adelante trataremos, ser\u00eda el que hiciera decidirse a Felipe II a promover la creaci\u00f3n del Obispado de Orihuela<sup>363<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, volviendo a la cuesti\u00f3n antes apuntada de la carest\u00eda de trigo, \u00e9sta debi\u00f3 ser generalizada en todo el Reino de Valencia, ya que el citado virrey promulg\u00f3 otro edicto vedando la salida de grano bajo la imposici\u00f3n de elevadas penas pecuniarias. Sin embargo, la falta de cereales aquel a\u00f1o no fue un hecho particular del referido Reino de Valencia, sino que afect\u00f3 tambi\u00e9n, al parecer, a lugares circunvecinos como, por ejemplo, la ciudad de Murcia. Puede reflejar muy expl\u00edcitamente dicha circunstancia el hecho de que el 7 de noviembre D. Diego Gil, contador mayor del obispo de Cartagena, les envi\u00f3 un escrito a las autoridades civiles de Orihuela en el que les comunic\u00f3 que Sil\u00edceo ten\u00eda previsto ir a Murcia \u00ab<em>para la Navidad, a tener la Pasqua en su yglesia<\/em>\u00bb; les explic\u00f3 que necesitaba el trigo y la cebada que el prelado ten\u00eda en la capital del Bajo Segura para proveer la residencia episcopal; y les suplic\u00f3 que, teniendo en cuenta el \u00ab<em>amor<\/em>\u00bb que le ten\u00edan \u00ab<em>a las cosas del obispo<\/em>\u00bb y que era \u00ab<em>cosa justa<\/em>\u00bb, le diesen licencia para llevar el grano a Murcia<sup>364<\/sup>.<\/p>\n<p>Tres d\u00edas m\u00e1s tarde, el justicia y los jurados oriolanos le escribieron una misiva de respuesta en la que le contestaron un tanto bruscamente que estaban \u00ab<em>espantados<\/em>\u00bb por petici\u00f3n tan ego\u00edsta, porque cre\u00edan que si Sil\u00edceo pensaba ir a Murcia, tambi\u00e9n visitar\u00eda Orihuela, \u00ab<em>pues tan obispo es desta \u00e7iudad de Horiuela como de Carthagena, y tambien tiene casa en esta \u00e7iudad como en Mur\u00e7ia, y es de creer que tambien querra ressidir aqui, y vissitar su yglesia como en essa \u00e7iudad<\/em>\u00bb; y se excusaron de darle el permiso requerido aduciendo que Sil\u00edceo tambi\u00e9n tendr\u00eda \u00ab<em>ne\u00e7esidad del dicho trigo para comer en esta ciudad<\/em>\u00bb, y que consideraban indispensable guardarlo para cuando el prelado llegase a la poblaci\u00f3n del Bajo Segura. Adem\u00e1s, le explicaron que, de cualquier manera, no podr\u00edan darle la licencia porque tanto el duque de Calabria como el <em>Consell<\/em> de Orihuela hab\u00edan prohibido muy estrictamente la extracci\u00f3n de trigo<sup>365<\/sup>.<\/p>\n<p>La respuesta de los oficiales no debi\u00f3 agradar nada al contador mayor ya que el d\u00eda siguiente, 11 de noviembre, hizo comparecer ante ellos a Aparicio Mart\u00ednez, el mayordomo del obispo, quien de palabra les volvi\u00f3 a suplicar la concesi\u00f3n del permiso para sacar el grano de la ciudad y el reino sin incurrir en las multas estipuladas contra quienes incumpliesen las prohibiciones. Y el justicia y los jurados, aconsejados por el abogado Jaume Masquefa, le reiteraron su negativa alegando en esta ocasi\u00f3n, adem\u00e1s, la propia necesidad de Orihuela. El mayordomo solicit\u00f3 entonces un documento que diese fe de la respuesta de los mun\u00edcipes. \u00c9stos le proporcionaron el auto, y el cartaginense no pudo hacer m\u00e1s que retornar a Murcia sin el cereal demandado. Creemos que el roce no pas\u00f3 a mayores porque el cabildo de Cartagena no quiso luchar contra el peso de una pragm\u00e1tica dictada por el propio virrey<sup>366<\/sup>.<\/p>\n<p>Este incidente fue el \u00faltimo que podemos destacar del episcopado de D. Juan Mart\u00ednez ya que el 8 de enero de 1546, en el consistorio secreto celebrado en San Pedro, \u00ab<em>in Palatio Apostolico in aula paramentorum<\/em>\u00bb, el cardenal de Burgos -que actu\u00f3 como referente- le propuso, a presentaci\u00f3n del emperador, para sustituir al fallecido cardenal de San Juan \u00ab<em>ante portam latinam<\/em>\u00bb en el arzobispado de Toledo, y la propuesta fue un\u00e1nimemente aceptada<sup>367<\/sup>. La sede primada de Espa\u00f1a esperaba al maestro Sil\u00edceo.<\/p>\n<ol start=\"15\">\n<li><strong> El episcopado del autoritario D. Esteban de Almeyda<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Tras la promoci\u00f3n de D. Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo a la sede primada de Toledo, la mitra cartaginense qued\u00f3 vacante durante unos meses. El emperador decidi\u00f3 presentar a la Santa Sede como sustituto del maestro a un eclesi\u00e1stico de fuerte car\u00e1cter y nobles ra\u00edces, el portugu\u00e9s D. Esteban Fern\u00e1ndez de Almeyda<sup>368<\/sup>, obispo de Le\u00f3n. Tras los tr\u00e1mites acostumbrados en la Curia romana, el 16 de abril de ese mismo a\u00f1o 1546, el cardenal de Burgos propuso su nombramiento al consistorio secreto de Paulo III, y el pont\u00edfice, aprobando la nominaci\u00f3n real, le absolvi\u00f3 del v\u00ednculo que le manten\u00eda unido a la mitra leonesa, y lo nombr\u00f3 nuevo obispo de Cartagena, con la \u00fanica condici\u00f3n de que respetase las pensiones antiguas que se hallaban cargadas sobre los frutos de su nueva obispal\u00eda, as\u00ed como las que Carlos I decidiese asignar sobre dichas rentas, siempre que la suma de todas ellas no superase en cuant\u00eda el tercio del valor de la mensa episcopal<sup>369<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en Orihuela, la noticia de la promoci\u00f3n del apreciado Sil\u00edceo debi\u00f3 ser acogida por sus mandatarios con alegr\u00eda, por lo que hab\u00eda de suponer para el prelado el ascenso a la sede primada de Espa\u00f1a, pero tambi\u00e9n con tristeza o intranquilidad, ya que D. Juan Mart\u00ednez siempre se hab\u00eda mostrado favorable, si no a las posiciones secesionistas oriolanas, s\u00ed a la soluci\u00f3n concordada del conflicto episcopal, y era toda una inc\u00f3gnita la postura que hab\u00eda de adoptar el nuevo electo ante la lite. Y esa sensaci\u00f3n de desasosiego perdur\u00f3 hasta el segundo semestre de 1546, puesto que la arribada del <em>Portugu\u00e9s<\/em> a la di\u00f3cesis se demor\u00f3 por alg\u00fan tiempo.<\/p>\n<p>De dicho \u00ednterin \u00fanicamente podemos destacar un acontecimiento que consigui\u00f3 levantar un considerable revuelo en la mitad meridional del Reino de Valencia. Tras matar a un hombre y verse abocado a una condena que no podr\u00eda asumir, un vergueta del duque de Calabria llamado Jaumot Pareja, natural de la aldea de Guardamar -del t\u00e9rmino de Orihuela-, decidi\u00f3 renegar de su fe cat\u00f3lica y convertirse \u00ab<em>a la secta mahometica<\/em>\u00bb, con la intenci\u00f3n de embarcarse para Argel o para cualquier otra parte del norte de \u00c1frica. Sin embargo, no consigui\u00f3 llevar a cabo su prop\u00f3sito puesto que a principios de junio (del mismo 1546) fue capturado en las cercan\u00edas de X\u00e0tiva, junto con otros moros que iban a emboscarse por las monta\u00f1as. Enterados de la noticia, los mun\u00edcipes oriolanos se espantaron por la posibilidad de que Pareja hubiese llegado a facilitar a los moriscos informaci\u00f3n privilegiada sobre \u00ab<em>los lochs, passos, entrades e exides desta ciutat e terme de aquella<\/em>\u00bb, de manera que pudiesen atacar el t\u00e9rmino encabezado por la ciudad del Bajo Segura con mayores posibilidades de \u00e9xito. Por ello, quisieron interrogar personalmente al detenido, y argumentando que era natural de aquellas tierras, escribieron sendas cartas al virrey y a las autoridades civiles de X\u00e0tiva solicit\u00e1ndole su env\u00edo a Orihuela, para proceder all\u00ed a su juicio, a fin de proporcionarle un castigo ejemplar que sirviese para evitar casos similares en el futuro<sup>370<\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n debemos destacar que por aquellas fechas se produjo el fallecimiento de D. Pedro Maza. Tras conocer la desgraciada noticia, las autoridades oriolanas no tardaron en enviar un sentido p\u00e9same a la familia del tantos a\u00f1os gobernador de Orihuela. En la misiva, escrita el 18 de septiembre, se lamentaron de haber perdido a \u00ab<em>un pare protector e deffensor de tots nosaltres, y persona molt affectada al be comu de aquesta republica<\/em>\u00bb, y le pidieron a su heredero, D. Juan, que siguiese otorg\u00e1ndoles su favor<sup>371<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s debi\u00f3 producirse la llegada del obispo Almeyda a Murcia, ya que a principios de octubre -el d\u00eda 4-, los mandatarios de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura enviaron a dos destacados caballeros de la ciudad, Antonio Guilabert y Gin\u00e9s de Vilafranca, a besar las manos del prelado. Y con ellos le remitieron una carta de bienvenida en la que le participaron \u00ab<em>quanto esta ciudad, asi en particular, como en general, se es alegrada con la buena venida de vuestra senyoria en este su obispado, plegua a Nuestro Senyor que sea por larguos tienpos<\/em>\u00bb, y se pusieron a su servicio\u00bb<em>en todo lo que nos quiera mandar<\/em>\u00bb<sup>372<\/sup>.<\/p>\n<p>El mitrado agradeci\u00f3 la amabilidad de las autoridades oriolanas mand\u00e1ndoles dos d\u00edas despu\u00e9s un mensaje de respuesta en el que les indicaba que hab\u00eda recibido \u00ab<em>muy gran contentamiento<\/em>\u00bb por conocer \u00ab<em>el plazer<\/em>\u00bb que les hab\u00eda causado su llegada, que esperaba hacer \u00ab<em>algun servicio<\/em>\u00bb al obispado, y que \u00ab<em>el tiempo y nego\u00e7ios<\/em>\u00bb, esto es, sus m\u00faltiples ocupaciones, le imped\u00edan ir de momento a Orihuela, pese a que lo deseaba tanto como \u00ab<em>complazerles en todo lo que se offres\u00e7iere<\/em>\u00bb<sup>373<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese a las iniciales muestras de cortes\u00eda, la actitud de Almeyda respecto a Orihuela mut\u00f3 r\u00e1pidamente. A principios del mes de diciembre (de ese mismo a\u00f1o 1546), el prelado mand\u00f3 confeccionar un informe contra algunos can\u00f3nigos de la iglesia del Salvador de Orihuela, seg\u00fan Gea, \u00ab<em>con el fin de averiguar la parte de culpa que pudieran tener en la resistencia que aqu\u00ed se hac\u00eda al cumplimiento de las \u00f3rdenes episcopales<\/em>\u00bb<sup>374<\/sup>. Y poco despu\u00e9s, el <em>Portugu\u00e9s<\/em> conmin\u00f3 a los investigados a que compareciesen ante \u00e9l, en Murcia, y a que no saliesen de dicha ciudad hasta nueva orden.<\/p>\n<p>Viendo que la disposici\u00f3n episcopal perjudicaba claramente sus derechos en el Pleito \u00ab<em>de la Catredal<\/em>\u00bb, y que adem\u00e1s contraven\u00eda la voluntad real de que no hubiese innovaci\u00f3n alguna en \u00e9l hasta su vuelta a Espa\u00f1a, los cl\u00e9rigos oriolanos optaron de inmediato por dar cuenta del mandato de Almeyda al <em>Consell<\/em>. Y la corporaci\u00f3n municipal reaccion\u00f3 enviando al mitrado a un emisario experto: Gin\u00e9s de Vilafranca<sup>375<\/sup>.<\/p>\n<p>El caballero oriolano compareci\u00f3 ante el obispo cartaginense el 12 de diciembre. Y tras comentarle que las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela cre\u00edan inminente su visita episcopal a dicha ciudad, le pidi\u00f3 en su nombre que suspendiese la ejecuci\u00f3n de la orden dictada contra los can\u00f3nigos del Salvador hasta que se hallase en la citada poblaci\u00f3n, especificando que en ella le dar\u00edan un \u00ab<em>lloch competent de presso<\/em>\u00bb, as\u00ed como todas las facilidades que pudiesen para que los referidos cl\u00e9rigos fuesen castigados seg\u00fan \u00ab<em>sos demerits e delictes<\/em>\u00bb. El prelado se neg\u00f3 a aceptar esta primera petici\u00f3n elevada por Vilafranca, pero no pudo desestimar la segunda. Tratando de ganar al menos unos d\u00edas, el h\u00e1bil embajador insisti\u00f3 en solicitar el aplazamiento cautelar del mandato arguyendo que acababan de arribar a Orihuela unas \u00ab<em>\u00e7edulas de Su Magestad<\/em>\u00bb, cuyo contenido cre\u00eda que pod\u00eda concernir a la lite pendiente del Obispado. Y entonces s\u00ed, el cauto mitrado accedi\u00f3 a suspender la ejecuci\u00f3n de su edicto hasta el 17 de diciembre, de modo que en los cinco d\u00edas de \u00ednterin las autoridades oriolanas tuviesen tiempo para leer dichas cartas reales, y para hacer al respecto \u00ab<em>lo que fuese razon<\/em>\u00bb; no sin advertir que, cumplido dicho plazo, no podr\u00edan \u00ab<em>dexar de hazer justi\u00e7ia<\/em>\u00bb<sup>376<\/sup>.<\/p>\n<p>Los mandatarios oriolanos no perdieron el tiempo. El 15 de diciembre le escribieron una dram\u00e1tica s\u00faplica al duque de Calabria. En ella, tras explicarle lo acontecido, le insistieron en que los sucesos pod\u00edan volver a hacer resurgir \u00ab<em>alguns oys, rancors e males voluntats<\/em>\u00bb que en el pasado existieron entre ciudades \u00ab<em>tan propinques<\/em>\u00bb como Murcia y Orihuela; le comentaron que cre\u00edan que estaba en sus manos evitar \u00ab<em>moltes fatigues e despeses a aquesta \u00e7iutat<\/em>\u00bb; y le suplicaron que, como \u00ab<em>protector e deffensor de tot aquest regne, e senyaladament de aquesta \u00e7iutat<\/em>\u00bb, mandase escribir a Almeyda, rog\u00e1ndole que no innovase \u00ab<em>cosa alguna estant absent Sa Magestat<\/em>\u00bb, y que en el caso de que quisiese castigar a los can\u00f3nigos encausados, lo hiciese dentro de la misma cuidad de Orihuela<sup>377<\/sup>.<\/p>\n<p>Aunque no hemos podido constatar documentalmente si el virrey intervino en la cuesti\u00f3n, creemos que s\u00ed medi\u00f3 en favor de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura, pues as\u00ed lo escrib\u00eda Gea en sus <em>P\u00e1ginas de la Historia de Orihuela<\/em>. El cronista explicaba, adem\u00e1s, que Almeyda, descontento con las constantes desobediencias de sus s\u00fabditos oriolanos, acab\u00f3 llevando sus quejas al Consejo de Castilla, y que sus oponentes se le adelantaron en la tarea de recabar influencias en la corte, con lo que la cuesti\u00f3n qued\u00f3 pr\u00e1cticamente paralizada por los tr\u00e1mites burocr\u00e1ticos<sup>378<\/sup>.<\/p>\n<p>Llegados a este momento de la narraci\u00f3n, debemos poner un punto y aparte. La falta del <em>Contestador<\/em> de 1547 en el Archivo Municipal de Orihuela nos impide seguir de cerca los progresos del Pleito del Obispado en dicho a\u00f1o. La \u00fanica informaci\u00f3n de que disponemos procede de tres documentos hallados en el Archivo de la Catedral de Orihuela. Hacen alusi\u00f3n a la visita que D. Esteban de Almeyda realiz\u00f3 a la poblaci\u00f3n del Bajo Segura. Ellos nos han permitido saber que el 1 de marzo de 1547, tanto las autoridades civiles de la ciudad como las eclesi\u00e1sticas nombraron a sus respectivos procuradores, Juan Portogu\u00e9s y Jaime Segarra, y les dieron poderes bastantes para que pudiesen comparecer en su nombre, en la \u00ab<em>Catedral<\/em>\u00bb, ante el prelado. Y tambi\u00e9n que ese mismo d\u00eda hicieron efectivos sus sindicatos, elev\u00e1ndole de palabra y por medio de una escritura una cu\u00e1druple suplicaci\u00f3n que sus representados fundamentaban en el hecho de que la uni\u00f3n de las sedes decretada por Julio II a\u00fan ten\u00eda pleno vigor legal, por no tener validez ninguna de las revocaciones pontificias o reales. Los procuradores le rogaron a Almeyda que, aunque hab\u00eda sido nombrado prelado de Cartagena, se dignase a tomar posesi\u00f3n del obispado de Orihuela; le pidieron, asimismo, que designase a un vicario y oficial general de Orihuela; le demandaron, en tercer lugar, que comenzase a ejercer su labor pontifical como <em>episcopus Oriolensis<\/em>, y no <em>Cartaginensis<\/em>; y, por \u00faltimo, le suplicaron que en el caso de que deseara actuar en Orihuela y su distrito como obispo de Cartagena, aguardara para hacerlo hasta la llegada del emperador a sus reinos de Espa\u00f1a. Y previendo la negativa del <em>Portugu\u00e9s<\/em> a las cuatro peticiones, con todo honor, decencia y reverencia le efectuaron la pertinente protesta profil\u00e1ctica, a fin de que los actos del prelado no pudiesen suponer perjuicio alguno a los derechos oriolanos en el Pleito del Obispado, explicit\u00e1ndole adem\u00e1s que si sus representados no contradec\u00edan sus mandatos era por no desobedecer la voluntad real<sup>379<\/sup>.<\/p>\n<p>No sabemos si D. Esteban de Almeyda se dign\u00f3 siquiera a responder a las s\u00faplicas oriolanas. Lo que s\u00ed parece claro, seg\u00fan los indicios que m\u00e1s adelante detallaremos, es que, tras la visita episcopal, su autoridad en la poblaci\u00f3n del Bajo Segura y su huerta sali\u00f3 francamente reforzada.<\/p>\n<p>Por otra parte, tambi\u00e9n debemos se\u00f1alar que en 1547 Carlos I, tras algunos \u00e9xitos coyunturales -como el de M\u00fchlberg-, se decidi\u00f3 a decretar una nueva convocatoria de Cortes. Desde Bohemia, el 6 de abril emplaz\u00f3 a los representantes de los estamentos de los Reinos de la Corona de Arag\u00f3n a reunirse en Monz\u00f3n el 23 de junio.<\/p>\n<p>Las Cortes fueron presididas por el pr\u00edncipe heredero D. Felipe, y se caracterizaron por una emanaci\u00f3n fuer\u00edstica sin precedentes dentro del reinado de su padre -producci\u00f3n legal que s\u00f3lo ser\u00eda superada por la de las siguientes Cortes de 1552-, as\u00ed como por seguir la direcci\u00f3n del progresivo intervencionismo absolutista del rey en detrimento de los derechos regn\u00edcolas<sup>380<\/sup>.<\/p>\n<p>Las autoridades municipales de Orihuela enviaron a la villa aragonesa al jurado Fran\u00e7\u00e9s Joan Silvestre<sup>381<\/sup>. No creemos que, por su mediaci\u00f3n, le llegaran a plantear a D. Felipe la cuesti\u00f3n de la secesi\u00f3n del obispado oriolano. M\u00e1s bien, nos inclinamos a pensar que teniendo en cuenta la declarada voluntad del emperador, la actitud respetuosa de su primog\u00e9nito, y tambi\u00e9n&#8230; el autoritario talante del obispo cartaginense, prefirieron dejar marchar la oportunidad de aprovechar la fuerza de los brazos parlamentarios, y optaron por la m\u00e1s conservadora alternativa de esperar el retorno de Carlos I, y de seguir interponiendo las protestas oportunas contra la labor del referido prelado. Aunque no tenemos pruebas documentales de ello, pensamos que Silvestre s\u00ed debi\u00f3 requerir el apoyo de los aludidos brazos para suplicarle al pr\u00edncipe regente que escribiese a Almeyda para que no volviese a ordenar a los can\u00f3nigos oriolanos que saliesen de la ciudad del Bajo Segura para comparecer ante \u00e9l o ante cualquiera de sus oficiales<sup>382<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras la clausura de las Cortes -el 9 de diciembre de 1547-, las relaciones entre la clerec\u00eda oriolana y el obispo cartaginense y sus ministros no variaron pr\u00e1cticamente nada. Estos \u00faltimos siguieron aprovech\u00e1ndose de su poder para perpetrar diferentes abusos. Y aqu\u00e9llos les respondieron con sus habituales armas: una medida oposici\u00f3n y las consabidas protestas defensoras de sus derechos en el Pleito del Obispado.<\/p>\n<p>El domingo 5 de febrero del a\u00f1o entrante, 1548, tuvo lugar uno de los se\u00f1alados abusos de poder. Antes de la celebraci\u00f3n de la misa mayor en El Salvador, mientras el cap\u00edtulo sal\u00eda del coro en procesi\u00f3n \u00ab<em>claustral<\/em>\u00bb, el fiscal del obispo de Cartagena entr\u00f3 en la iglesia, detuvo a la sacra comitiva, interrumpi\u00f3 los c\u00e1nticos de los capellanes y, provocando un gran alboroto entre los asistentes a la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, prendi\u00f3 al sochantre Alfonso Villena con la intenci\u00f3n de llev\u00e1rselo preso a Murcia. Y aunque los oficios divinos tuvieron que ser suspendidos, el pavorde Jaime Ferr\u00e1ndez se le enfrent\u00f3 y consigui\u00f3 que desistiese de su prop\u00f3sito. El suceso fue considerado por los oriolanos como un grand\u00edsimo desacato contra la divinidad, cometido con el fin de escandalizar al pueblo de Orihuela<sup>383<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s, fueron los habitantes de la cercana localidad de Callosa de Segura los que pudieron asistir a un nuevo exceso. A finales del mismo mes de febrero, el provisor episcopal hizo publicar dos mandamientos en los que ordenaba a los siseros de la iglesia de San Mart\u00edn -que eran legos- que pagasen una determinada cantidad a los presb\u00edteros beneficiados en esa misma parroquial. Los recaudadores acudieron de inmediato a las autoridades municipales oriolanas para solicitarles que suplicasen al provisor que revocase los citados mandatos, y que se ocupasen de solucionar el caso. Los mun\u00edcipes atendieron raudamente la s\u00faplica de los siseros, y el 29 de febrero escribieron al primer oficial del obispo que derogase los edictos y que ordenase a los prebendados de San Mart\u00edn que compareciesen ante ellos, pues eran los jueces a los que compet\u00eda dirimir la causa<sup>384<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras estos incidentes, las tensiones entre las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Orihuela y Murcia se apaciguaron un poco. 1548 fue un a\u00f1o de buenas cosechas, y esta circunstancia contribuy\u00f3 a suavizar sus relaciones.<\/p>\n<p>A finales del mes de mayo, los principales arrendadores de los diezmos del cabildo de Cartagena -los murcianos Diego L\u00f3pez, Diego Quadros y Diego Herr\u00e1ndez-, se dirigieron a los mun\u00edcipes oriolanos para pedirles un favor. Les explicaron que aunque hab\u00edan podido vender m\u00e1s de 300 cah\u00edces de trigo, les hab\u00eda sido imposible comercializar todo el grano recogido; y les pidieron licencia para llevar a Murcia los 60 \u00f3 70 cah\u00edces de trigo \u00ab<em>vell<\/em>\u00bb que les quedaban, siempre que no quisieran comprarlos ellos mismos al precio que hab\u00edan vendido el resto, o al que ten\u00eda el cereal en esa fecha en Orihuela. Los jurados, que ten\u00edan cubierto el abasto de la ciudad, les respondieron que el duque de Calabria hab\u00eda prohibido la extracci\u00f3n de trigo del Reino de Valencia y que, por ello, no pod\u00edan darles el permiso demandado. Entonces, los arrendadores les rogaron que ordenasen la confecci\u00f3n de \u00ab<em>una summaria informacio de testimonis<\/em>\u00bb para que el virrey pudiese conocer la peculiar situaci\u00f3n en que se hallaban y les concediese la licencia. Los oficiales, aconsejados por el doctor Jaime Masquefa, accedieron a la petici\u00f3n de los arrendadores y mandaron la redacci\u00f3n del informe. Tras testificar en favor de los diezmeros dos mercaderes oriolanos llamados Fran\u00e7\u00e9s Mar\u00ed y Joan Oliver, y el presb\u00edtero Pere Guillem, los jurados cerraron la informaci\u00f3n y la enviaron a Valencia, a fin de que su s\u00edndico se la hiciese llegar al lugarteniente general del Reino. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, el 2 de junio, el duque de Calabria les respondi\u00f3 que dejaran sacar el trigo a los arrendadores sin oponerles obst\u00e1culo alguno, pese a la prohibici\u00f3n vigente. Y cuatro d\u00edas despu\u00e9s, los jurados les comunicaron a los diezmeros la decisi\u00f3n del virrey<sup>385<\/sup>.<\/p>\n<p>Este suceso sirvi\u00f3 de precedente para que los arrendadores de las rentas cartaginenses, que a lo largo del a\u00f1o de bonanza tuvieron serios problemas para poder vender su cereal, volviesen a solicitar a los oficiales oriolanos la licencia necesaria para sacar el grano remanente del Reino de Valencia.<\/p>\n<p>El 26 de septiembre de ese mismo a\u00f1o, el chantre del Salvador D. Jaime de Soler y G\u00f3mez de Molina, como representantes de los diezmeros de la obispal\u00eda de Cartagena en Orihuela y su huerta, pidieron permiso para sacar 150 cah\u00edces de trigo de los 640 que conformaban la renta, para poder cubrir la primera paga del contrato, dejando los 490 restantes en la ciudad por si hubiese necesidad de ellos. Los jurados estudiaron la solicitud, y unos d\u00edas m\u00e1s tarde, el 8 de octubre, les dieron la licencia demandada, a condici\u00f3n de que les entregasen un albar\u00e1n que diese fe de que \u00fanicamente eran extra\u00eddos los aludidos 150 cah\u00edces<sup>386<\/sup>.<\/p>\n<p>Y poco tiempo despu\u00e9s, el 24 de octubre, G\u00f3mez de Molina volvi\u00f3 a comparecer ante los oficiales municipales, como representante de los arrendadores de las rentas del obispo Almeyda en Orihuela y su t\u00e9rmino, y tambi\u00e9n de Joan Oliver, diezmero del cabildo de Cartagena en el citado territorio. Les explic\u00f3 que ni \u00e9l ni sus representados hab\u00edan podido vender el trigo recogido dentro del Reino de Valencia, dada su abundancia. Y argumentando que la ciudad contaba con un privilegio concedido por Carlos I, seg\u00fan el cual, el emperador daba licencia para sacar trigo de ella y llevarlo a cualquier lugar, incluso fuera del Reino de Valencia, tras el d\u00eda de Todos los Santos, el suplicante pidi\u00f3 a los jurados que les diesen facultad para llevar el cereal adonde quisiesen, pasado el 1 de noviembre. Y los oficiales, tras comprobar la veracidad de la fundamentaci\u00f3n del diezmero, le dieron permiso para sacar 300 cah\u00edces de trigo<sup>387<\/sup>.<\/p>\n<p>Por otra parte, tambi\u00e9n hemos de hacer constar que en 1548 la ciudad de Orihuela fue visitada por los inquisidores del obispado de Cartagena. La presencia del Santo Oficio en la poblaci\u00f3n del Bajo Segura no conllev\u00f3 en esta ocasi\u00f3n alteraciones del orden p\u00fablico. Conscientes de que no era sensato causar esc\u00e1ndalos estando ausente el emperador, y a\u00fan m\u00e1s, de que la visita de la Inquisici\u00f3n hab\u00eda de ser beneficiosa para la salud espiritual del pueblo, las autoridades oriolanas no pusieron obst\u00e1culos a la actuaci\u00f3n del doctor Pedro S\u00e1nchez Cabrera, y le permitieron ejercer su labor tras efectuar las pertinentes protestas profil\u00e1cticas.<\/p>\n<p>La iniciativa parti\u00f3 del propio comisario, quien escribi\u00f3 el 19 de septiembre una misiva a las autoridades de la ciudad para anunciarles su visita y pedirles apoyo para la salvaguarda de la fe cat\u00f3lica. Los oficiales oriolanos le contestaron con otra carta, fechada el d\u00eda siguiente, que iban a intentar servirle como mejor pudiesen, y que ya hab\u00edan incluso previsto aposentarlo en el monasterio de la Merced, donde cre\u00edan podr\u00eda realizar su labor de una manera m\u00e1s c\u00f3moda. Viendo la buena disposici\u00f3n de los mandatarios oriolanos, el inquisidor decidi\u00f3 marchar hacia la poblaci\u00f3n del Bajo Segura y se hosped\u00f3 en el citado establecimiento regular. El 28 de septiembre, antes de que comenzase su actuaci\u00f3n, el procurador del justicia y los jurados de Orihuela, el notario Pedro Conesa, compareci\u00f3 ante \u00e9l y, siguiendo el procedimiento acostumbrado, le hizo conocer los antecedentes del Pleito irresoluto del Obispado, y le suplic\u00f3 que se dignase a ejercer su santo oficio como inquisidor del obispado de Orihuela, o que, al menos, aplazase su labor hasta que el emperador diese sentencia a la lite. Y, por \u00faltimo, suponiendo que el inquisidor cartaginense iba a comenzar inmediatamente su labor, protest\u00f3 de todos los actos que pudiese llevar a cabo para que ninguno de ellos pudiese causar da\u00f1o alguno a los derechos oriolanos en el Pleito. El inquisidor del obispado de Cartagena y su partido asisti\u00f3 a la rutinaria presentaci\u00f3n, y a continuaci\u00f3n inici\u00f3 sus pesquisas con toda normalidad<sup>388<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco m\u00e1s podemos destacar de 1548. \u00danicamente, un m\u00ednimo incidente con D. Esteban de Almeyda, que apenas tuvo repercusiones. Por comisi\u00f3n del pr\u00edncipe Felipe, el <em>Portugu\u00e9s<\/em> tuvo que mediar entre las autoridades municipales de Abanilla y Mon\u00f3var para fijar los l\u00edmites que separaban ambas poblaciones. El prelado mand\u00f3 colocar los mojones de tal manera que consigui\u00f3 apaciguar los \u00e1nimos de los referidos mandatarios; pero a costa de perjudicar gravemente los intereses de Orihuela, ya que asign\u00f3 a las citadas poblaciones algunos territorios del t\u00e9rmino de \u00e9sta; unas tierras en las que, para m\u00e1s inri, se hallaba el camino que llevaba a Yecla, una v\u00eda que los oriolanos sol\u00edan recorrer en momentos de necesidad para proveer el abastecimiento de la ciudad, que por su utilidad hab\u00eda sido mejorada, adobada y reconstruida, y que les pertenec\u00eda sin discusi\u00f3n desde hac\u00eda m\u00e1s de \u00ab<em>cient y dozientos anyos<\/em>\u00bb. Por ello, el 14 de octubre, los mun\u00edcipes le escribieron una carta al prelado (\u00ab<em>al padre y senyor de todos<\/em>\u00bb), demand\u00e1ndole un r\u00e1pido remedio para el \u00ab<em>notorio y grande<\/em>\u00bb agravio sufrido. Tras recibir la misiva de los oficiales oriolanos, el obispo se dio cuenta de su error, de modo que dos d\u00edas despu\u00e9s, el 16 de octubre, les respondi\u00f3 secamente que al realizar la partici\u00f3n no pretend\u00eda perjudicar los intereses de la ciudad del Bajo Segura, y se exculp\u00f3 escribiendo que si lo hizo inconscientemente fue porque no hab\u00eda ning\u00fan oriolano presente que le advirtiese de ello. Ante la actitud del mitrado, tan poco colaboradora, los mun\u00edcipes oriolanos decidieron ponerse en contacto con el corregidor de Abanilla a fin de solucionar el problema sin la intervenci\u00f3n del obispo<sup>389<\/sup>.<\/p>\n<p>Dejando moment\u00e1neamente aparte la cuesti\u00f3n del Obispado, hemos de hacer notar que desde finales de 1546 y, sobre todo, a lo largo de 1548, Orihuela sufri\u00f3 diversos episodios indicativos de una gran inestabilidad interna, motivados principalmente por dos factores \u00edntimamente conectados: los problemas derivados del desgobierno, causados por la falta de un gobernador <em>ultra Sexonam<\/em> -Carlos I tard\u00f3 alrededor de dos a\u00f1os en nombrar al sucesor del fallecido D. Pedro Maza-, y la lucha de la oligarqu\u00eda urbana por el poder en la ciudad. Y la situaci\u00f3n debi\u00f3 llegar a ser de tal cariz que las autoridades municipales quisieron agradecer al emperador que nombrase gobernador a D. Guillem de Rocafull, en una compendiosa carta datada el 10 de noviembre de ese mismo a\u00f1o 1548. En ella, le expusieron su convencimiento de que el nuevo electo realizar\u00eda bien su labor ya que, seg\u00fan cre\u00edan, no ten\u00eda otra intenci\u00f3n que \u00ab<em>servir a Su Magestad, y tenernos en pas y concordia, y administrar justicia con egualdad, pospuesto todo interez<\/em>\u00bb. Y le advirtieron, no obstante, al monarca que D. Guillem tendr\u00eda \u00ab<em>arto trabajo, por que algunos particulares desta ciudad, como estan mal vejados, no querian official que administrase justicia<\/em>\u00bb, y estaban trabajando con \u00ab<em>sinistras informaciones<\/em>\u00bb para \u00ab<em>removelle del officio<\/em>\u00bb, al igual que hab\u00edan intentado hacer previamente con micer Andreu Mart\u00ed, el asesor ordinario de la gobernaci\u00f3n y lugarteniente del gobernador, por \u00ab<em>administrar bien justicia<\/em>\u00bb<sup>390<\/sup>.<\/p>\n<p>Cambiando ya de a\u00f1o, el Pleito del Obispado tampoco registr\u00f3 grandes novedades a lo largo de 1549. El emperador segu\u00eda muy ocupado fuera de sus reinos de Espa\u00f1a, y desde luego no ten\u00eda en mente solucionar el dilatado litigio de un modo inmediato. Algo m\u00e1s de actividad tuvo en el escenario murciano-oriolano, donde podemos destacar un par de conflictos que tuvieron relaci\u00f3n con la labor efectuada por dos fiscales -uno secular y otro clerical- que D. Esteban de Almeyda hizo actuar en la ciudad del Bajo Segura.<\/p>\n<p>El primero de ellos tuvo su origen durante la \u00faltima estancia del obispo cartaginense en Orihuela<sup>391<\/sup>. Tras realizar algunas averiguaciones sobre la salud espiritual de \u00absus\u00bb fieles, el <em>Portugu\u00e9s<\/em> decidi\u00f3 prestar una especial atenci\u00f3n al afianzamiento de la moral cristiana, pues, al parecer, debi\u00f3 comprobar que determinados abusos y vicios se estaban haciendo bastante frecuentes entre la poblaci\u00f3n seglar oriolana. Y decidi\u00f3 invocar la ayuda del brazo secular, en general, para \u00ab<em>onrra y servi\u00e7io de Dios, y enmienda de los pecados publicos. y guarda de las fiestas<\/em>\u00bb, y especialmente, para castigar los pecados cometidos por los hombres y las mujeres que manten\u00edan habitualmente tratos il\u00edcitos, los \u00ab<em>aman\u00e7ebados legos<\/em>\u00bb. Dicha iniciativa se tradujo en el nombramiento de un alguacil del gobernador apellidado Torru\u00e7io como fiscal episcopal para asuntos de laicos. Entonces, Almeyda despach\u00f3 un mandamiento en el que castigaba a algunos amancebados con el pago de ciertas multas, y le cometi\u00f3 a Torru\u00e7io su recaudaci\u00f3n, asign\u00e1ndole como paga la tercera parte del dinero de las penas, y destinando el resto de las pecunias para el auxilio de los pobres y exp\u00f3sitos de la ciudad<sup>392<\/sup>.<\/p>\n<p>La designaci\u00f3n de Torru\u00e7io caus\u00f3 a corto y medio plazo un doble problema a los oficiales municipales de Orihuela. Por una parte, motiv\u00f3 la preocupaci\u00f3n de los citados mandatarios porque la jurisdicci\u00f3n sobre los amancebados correspond\u00eda \u00ab<em>por fueros y privilegios<\/em>\u00bb del Reino, indiscutidamente, al justicia en lo criminal, y el hecho de que la petici\u00f3n directa del obispo al gobernador le hubiese llevado a \u00e9ste a cometer a uno de sus alguaciles para castigar a estos \u00ab<em>amigats llechs<\/em>\u00bb podr\u00eda dar pie en un futuro m\u00e1s o menos cercano a una usurpaci\u00f3n de competencias. Por ello, el 5 de febrero de 1549 decidieron escribir al prelado para suplicarle que revocase la comisi\u00f3n de Torru\u00e7io y nombrase a cualquier otra persona eclesi\u00e1stica o seglar<sup>393<\/sup>.<\/p>\n<p>La respuesta de Almeyda no se hizo esperar. Tres d\u00edas despu\u00e9s, les envi\u00f3 una misiva en la que, entre otras cosas, les puntualiz\u00f3 que el alguacil del gobernador no pod\u00eda ser considerado fiscal suyo, porque \u00e9l no ten\u00eda facultad m\u00e1s que para designar fiscales que interviniesen en asuntos que afectasen estrictamente a eclesi\u00e1sticos. Tambi\u00e9n les aclar\u00f3 que \u00e9l \u00fanicamente pretend\u00eda favorecer a la jurisdicci\u00f3n real, que desde su punto de vista su mandato no entorpec\u00eda el ejercicio de la justicia, y que le hubiese encantado no tener que tomar parte en cuestiones de legos para que los pecados p\u00fablicos fuesen castigados, pues lo \u00fanico que deseaba era cortar las ofensas a Dios. Y por \u00faltimo, les escribi\u00f3 que no cre\u00eda que tuviese que \u00ab<em>enmendar<\/em>\u00bb nada; que si exist\u00edan diferencias entre las jurisdicciones del gobernador y del justicia, las hab\u00eda de solventar quien tuviese \u00ab<em>poder para ello<\/em>\u00bb, y que si bastaba con invocar al brazo secular del justicia y no al del gobernador para no causar conflicto alguno, ello ser\u00eda \u00ab<em>facil<\/em>\u00bb de \u00ab<em>remediar<\/em>\u00bb<sup>394<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese a sus severas palabras, el obispo se mostr\u00f3 abierto a solucionar la pol\u00e9mica jurisdiccional. No obstante, como ya hemos apuntado, la designaci\u00f3n de Torru\u00e7io supuso para los oficiales oriolanos un segundo problema. El alguacil del gobernador, \u00ab<em>exampliant sa commissio<\/em>\u00bb, excedi\u00e9ndose en el uso de sus atribuciones, se dedic\u00f3 a declarar amancebados a legos no incluidos en el mandamiento episcopal, a fin de cobrarles las penas establecidas como castigo por el prelado. Dicha l\u00ednea de actuaciones, que iba claramente en perjuicio de la jurisdicci\u00f3n del justicia criminal, molest\u00f3 a los referidos mun\u00edcipes, por lo que el 17 de febrero se decidieron a encargarle a Joan Savall, su s\u00edndico en Valencia, que consultase al jurista Miguel \u00c1ngel Catal\u00e1 si Torru\u00e7io, siendo oficial real, pod\u00eda detentar la citada comisi\u00f3n, \u00ab<em>senyaladament en perjuhi del dit justi\u00e7ia criminal, qui es jutge ordenari de dites coses<\/em>\u00bb. Tras recibir la misiva, Savall le present\u00f3 la cuesti\u00f3n al afamado jurisconsulto, y \u00e9ste le respondi\u00f3 que el alguacil del gobernador estaba procediendo il\u00edcitamente, y que si sus representados le hac\u00edan llegar pruebas documentales de sus actos, no habr\u00eda problemas para solucionar el asunto conforme a la justicia. El \u00faltimo de febrero, Savall les escribi\u00f3 la contestaci\u00f3n de micer Catal\u00e1<sup>395<\/sup>. No conocemos c\u00f3mo termin\u00f3 el conflicto, pero suponemos que el comisionado tuvo finalmente que desistir de su irregular labor.<\/p>\n<p>El segundo incidente digno de menci\u00f3n tuvo que ver, esta vez s\u00ed, con un fiscal directamente nombrado por D. Esteban de Almeyda. Nos ha llegado gracias a una serie de testimonios recogidos en un informe al que ya hemos hecho referencia en las notas, y que fue realizado en 1553 ante el <em>tunc<\/em> gobernador D. Nu\u00f1o del \u00c1guila, a petici\u00f3n del <em>Consell<\/em> de Orihuela, el procurador fiscal y el cap\u00edtulo del Salvador, contra el cabildo de Cartagena y la ciudad de Murcia, como queja por los repetidos abusos cometidos por los oficiales del obispo de Cartagena<sup>396<\/sup>.<\/p>\n<p>Las aludidas relaciones -realizadas todas por testigos presenciales- nos han permitido reconstruir el suceso con bastante detalle. No obstante, no nos han ofrecido datos suficientes para poder datarlo de una manera m\u00e1s precisa.<\/p>\n<p>Compendiando los testimonios, podr\u00edamos comenzar a relatar el incidente escribiendo que surgi\u00f3 como consecuencia de la ejecuci\u00f3n por el fiscal de D. Esteban de Almeyda de un mandamiento despachado por \u00e9ste contra uno de los eclesi\u00e1sticos de mayor renombre de Orihuela, el can\u00f3nigo Luis Torres. Llegado a la ciudad del Bajo Segura, el referido fiscal acudi\u00f3 a D. Guillem de Rocafull para invocar su auxilio pues hab\u00eda de detener al \u00ab<em>prevere de missa<\/em>\u00bb a fin de llevarlo a la vecina Murcia. Tras revisar la provisi\u00f3n, el gobernador mand\u00f3 a sus porteros y alguaciles que ayudasen al oficial episcopal a prender al cl\u00e9rigo. Entonces, el fiscal, acompa\u00f1ado por el brazo secular, se dirigi\u00f3 hacia la calle del \u00ab<em>Riu<\/em>\u00bb, donde se encontraba la casa de Juan Sans, en la que viv\u00eda el can\u00f3nigo, e intent\u00f3 detenerle. No obstante, Torres huy\u00f3 por la calle del \u00ab<em>Publich<\/em>\u00bb, y se tir\u00f3 \u00ab<em>vestit<\/em>\u00bb al r\u00edo; y aunque estuvo cerca de morir ahogado (\u00ab<em>quasi se penssa offegat<\/em>\u00bb), consigui\u00f3 nadar hasta la otra orilla, y ech\u00f3 a correr por la calle del \u00ab<em>Bordell<\/em>\u00bb en direcci\u00f3n al convento de San Agust\u00edn, donde pretend\u00eda hallar refugio. Acuciado por la audacia del can\u00f3nigo, el fiscal reclam\u00f3 la ayuda de sus acompa\u00f1antes, y emprendi\u00f3 con ellos la persecuci\u00f3n, cruzando el r\u00edo por el puente m\u00e1s cercano. Sin embargo, no pudo alcanzar a Torres antes de que \u00e9ste entrase en el establecimiento regular. No obstante, ello no fren\u00f3 los \u00edmpetus del fiscal, sino que, al contrario, sin preocuparse por las consecuencias que su irreverencia pudiese provocar, opt\u00f3 por acceder al interior del convento y seguir buscando al can\u00f3nigo. Registr\u00f3 la casa, hasta que descubri\u00f3 a Torres en el huerto, tratando de escapar escalando \u00ab<em>huna paret<\/em>\u00bb. Entonces, viendo que el intr\u00e9pido cl\u00e9rigo estaba a punto de volver a huir, sorpresivamente, desenvain\u00f3 la espada, y comenz\u00f3 a lanzarle sablazos hasta que consigui\u00f3 herirlo en el tal\u00f3n del pie derecho. Sin embargo, la acometida del oficial episcopal no sirvi\u00f3 para frenar al maltrecho can\u00f3nigo, pues consigui\u00f3 finalmente trepar por el muro y salir del convento. La desigual persecuci\u00f3n prosigui\u00f3 a\u00fan durante algunos minutos m\u00e1s, hasta que el fiscal, los alguaciles y los porteros consiguieron detener al malparado fugitivo cerca de la \u00ab<em>barrera de magastre<\/em>\u00bb de la ciudad, ante una gran multitud creciente de at\u00f3nitos espectadores. Entonces, el fiscal pidi\u00f3 a los representantes del brazo secular que encadenasen al reo, \u00ab<em>molt avituperadament<\/em>\u00bb, de una manera muy ignominiosa, \u00ab<em>com si fora un rufia o malfactor<\/em>\u00bb, \u00ab<em>hun saltejador de camins<\/em>\u00bb o \u00ab<em>hun lladre famos<\/em>\u00bb, y acab\u00f3 llev\u00e1ndose al can\u00f3nigo Luis Torres a Murcia.<\/p>\n<p>El pueblo qued\u00f3 escandalizado por los desmesurados procedimientos del fiscal, y tambi\u00e9n porque, como antes apuntamos, Torres era tenido por \u00ab<em>persona honrrada<\/em>\u00bb, \u00ab<em>de bons parents<\/em>\u00bb, y dedicada a sus tareas clericales.<\/p>\n<p>Sin embargo, no acabaron ah\u00ed los abusos cartaginenses contra Luis Torres. Ya en Murcia, el provisor episcopal pronunci\u00f3 una dura sentencia contra el can\u00f3nigo oriolano. Torres decidi\u00f3 apelar contra dicho fallo ante el metropolitano valentino, y el oficial general cartaginense decidi\u00f3 encarcelarlo en la prisi\u00f3n episcopal para que no pudiese proseguir los tr\u00e1mites del recurso. Enterado de la desgracia del can\u00f3nigo, el doctor oriolano Jaume Terr\u00e9s fue a visitarle y, dejando por un vez de lado su \u00e9tica jur\u00eddica, le recomend\u00f3 que retirase la apelaci\u00f3n. Torres, cansado de sufrir penalidades, hizo caso al letrado, retir\u00f3 el recurso y, acto seguido, los oficiales episcopales lo soltaron; y le dejaron volver a Orihuela despu\u00e9s de que ofreciese garant\u00edas suficientes de que pagar\u00eda la pertinente pena pecuniaria.<\/p>\n<p>Poco m\u00e1s podemos comentar de 1549. \u00danicamente a\u00f1adiremos que a lo largo del a\u00f1o prosiguieron las discusiones con Abanilla por la reubicaci\u00f3n de los mojones fronterizos. Que hubo algunos roces con la poblaci\u00f3n de Murcia, pese a que sus mun\u00edcipes hiciesen alusi\u00f3n en sus cartas a \u00ab<em>la antigua hermandad e amistad que entre esa cibdad y esta a abido e ay, la qual be es be conservar como es justo<\/em>\u00bb. Que el justicia y los jurados tuvieron algunos problemas con la recaudaci\u00f3n de la sisa a los se\u00f1ores de la ciudad. Y, por \u00faltimo, que aparecieron las primeras quejas contra la labor del gobernador, por dos motivos ciertamente curiosos. Primero, porque teniendo que ausentarse de la ciudad, dej\u00f3 como asesor a micer Gaspar Alfonso, un hombre que era considerado incapaz por los \u00ab<em>particulars de aquesta \u00e7iutat<\/em>\u00bb porque era \u00ab<em>impedit en lo hoir<\/em>\u00bb y de \u00ab<em>poca pratica<\/em>\u00bb, entre otras causas. Y segundo, porque hab\u00eda mandado a algunos vecinos de Orihuela que compareciesen ante \u00e9l, en Jijona, para \u00ab<em>fer part<\/em>\u00bb en primera instancia; una pr\u00e1ctica que les parec\u00eda tan sorprendente como ins\u00f3lita, porque jam\u00e1s, ni \u00ab<em>en temps del senyor don Pero Ma\u00e7a com de altres governadors<\/em>\u00bb, los oriolanos hab\u00edan tenido que salir de la ciudad del Bajo Segura para ser juzgados, a menos que fuese \u00ab<em>per via de recors o en fadiga<\/em>\u00bb<sup>397<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras \u00e9stas eran las circunstancias que ocupaban a los oriolanos, a varios miles de kil\u00f3metros de la ciudad del Bajo Segura, en la capital de la Cristiandad, la noticia m\u00e1s comentada era la muerte del papa Paulo III. El pont\u00edfice que hab\u00eda publicado la bula <em>In coena Domini<\/em>, excomulgado a Enrique VIII de Inglaterra, aprobado la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, y convocado el Concilio de Trento, hab\u00eda fallecido el 10 de noviembre -del mismo 1549-. La elecci\u00f3n del nuevo papa se demor\u00f3 hasta el 7 de febrero del a\u00f1o entrante -1550-, y recay\u00f3 en el cardenal Giovanni M. Ciocchi Dal Monte, quien fue consagrado como Julio III quince d\u00edas despu\u00e9s<sup>398<\/sup>.<\/p>\n<p>1550 comenz\u00f3 con un malentendido entre las autoridades municipales oriolanas y el obispo Almeyda. Un equ\u00edvoco que, de no ser por la buena voluntad de las partes y, en especial, de un criado del prelado -un capell\u00e1n llamado Rodr\u00edguez-, podr\u00eda haber desembocado en una nueva ruptura.<\/p>\n<p>El trasfondo del percance lo hallamos en el plan del mitrado de que las rentas de las f\u00e1bricas -que, como sabemos, pertenec\u00edan a la corporaci\u00f3n municipal- sirvieran para pagar los servicios de un cl\u00e9rigo que se encargase de ense\u00f1ar la doctrina cristiana en un lugar diferente al que lo sol\u00eda hacer el otro predicador que acostumbraba a sufragar la ciudad durante la Cuaresma, todos los a\u00f1os. Una idea que, sin duda, hab\u00eda de beneficiar al pueblo oriolano, pero que tocaba uno de los valores de la administraci\u00f3n municipal que mayor n\u00famero de intromisiones episcopales hab\u00eda sufrido a lo largo del tiempo: los controvertidos frutos de las f\u00e1bricas.<\/p>\n<p>Realmente, no sabemos c\u00f3mo les cay\u00f3 a los mun\u00edcipes el proyecto del obispo. No obstante, el siguiente suceso nos puede hacer pensar que quiz\u00e1 no lo aceptaron de muy buena gana. Al parecer, \u00ab<em>\u00e7ierta persona<\/em>\u00bb de la ciudad le coment\u00f3 al <em>Portugu\u00e9s<\/em> -con o sin fundamento&#8230;- que a los mun\u00edcipes no les parec\u00eda bien que \u00ab<em>la dotrina christiana se dixese en dos partes en esta \u00e7iudad, e que las fabricas ayudasen con el dinero<\/em>\u00bb. No obstante, antes de que Almeyda decidiese proceder contra los mandatarios o, al menos, investigar la veracidad del testimonio, el aludido capell\u00e1n Rodr\u00edguez opt\u00f3 por alertar a los oficiales oriolanos. Y el justicia y los jurados, para evitar el rompimiento que con total seguridad se avecinaba, se afanaron por escribir al mitrado una carta aclaratoria -fechada el 7 de enero-, en la que le expusieron que el incidente les hab\u00eda \u00ab<em>pezado mucho<\/em>\u00bb por dos razones: \u00ab<em>la primera, por haver havido persona en esta \u00e7iudad tan malsin que aya informado a vuestra senyoria contra toda verdad de una cosa tan mala y escandalosa<\/em>\u00bb; y la segunda, porque \u00ab<em>vuestra senyoria aya dado credito a la tal persona de cosa que como vuestra senyoria vee es tan contra el servi\u00e7io de Dios, y en danyo desta \u00e7iudad<\/em>\u00bb; y le aseguraron que estaban \u00ab<em>contentos<\/em>\u00bb de que las rentas de las f\u00e1bricas fueran utilizadas para pagar al citado cl\u00e9rigo, y que como \u00ab<em>juezes de cuentas<\/em>\u00bb admitir\u00edan \u00ab<em>las partidas<\/em>\u00bb siempre que las aceptasen los feligreses de las parroquias, pues era a ellos a quienes tocaba la distribuci\u00f3n de los referidos frutos<sup>399<\/sup>.<\/p>\n<p>Aunque no tenemos constancia documental de ello, creemos que las explicaciones de los mun\u00edcipes sirvieron por esta vez para calmar al autoritario obispo, y la tensa situaci\u00f3n no debi\u00f3 pasar a mayores puesto que poco tiempo despu\u00e9s, el 26 de febrero, el prelado escribi\u00f3 a los referidos mandatarios y al gobernador Rocafull desde su residencia de Las Alguazas para comunicarles su intenci\u00f3n de ir a pasar a Orihuela la Cuaresma \u00ab<em>y el mas tiempo que los nego\u00e7ios dieren lugar<\/em>\u00bb, y para pedirles que ayudasen a un criado que enviaba a buscar en la ciudad \u00ab<em>una posada alquilada<\/em>\u00bb en la que residir, pues su palacete estaba en obras de ampliaci\u00f3n. Y los oficiales oriolanos le respondieron que consideraban su inminente visita como una \u00ab<em>gran mer\u00e7ed<\/em>\u00bb, y se ofrecieron a encontrarle una vivienda adecuada a su calidad, pese a \u00ab<em>la brevedad del tiempo<\/em>\u00bb<sup>400<\/sup>.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, consideramos que las relaciones entre Almeyda y los oficiales municipales eran, al menos, pac\u00edficas porque el 21 de marzo, el mitrado solicit\u00f3 a los mandatarios que le diesen un \u00ab<em>carreron<\/em>\u00bb que llevaba al r\u00edo, al postigo llamado \u00ab<em>del obispo<\/em>\u00bb, que pertenec\u00eda a la ciudad, del que ten\u00eda \u00ab<em>ne\u00e7esidad<\/em>\u00bb para ensanchar sus casas, y los oficiales se lo cedieron gratuitamente para complacerle<sup>401<\/sup>.<\/p>\n<p>El contacto con los inquisidores cartaginenses tampoco supuso problemas para las autoridades municipales oriolanas en 1550.<\/p>\n<p>Por una parte, los oficiales se dirigieron a los del Santo Oficio para que levantasen el secuestro de las rentas de tres encausados oriolanos -Fran\u00e7\u00e9s Joan Terrades, su hermana Violante Terrades, y el notario Fran\u00e7\u00e9s Barber\u00e1-, a fin de que pudiesen pagar unas deudas que ten\u00edan con la corporaci\u00f3n municipal. Los inquisidores les respondieron distintamente que si bien no pod\u00edan alzar el embargo de los bienes de los Terrades, porque hab\u00edan pasado a pertenecer al fisco regio, s\u00ed pod\u00edan liberar de los de Barber\u00e1 una cantidad igual al d\u00e9bito del notario con la ciudad, y as\u00ed lo hicieron<sup>402<\/sup>.<\/p>\n<p>Y por otra, los mun\u00edcipes les solicitaron que derogasen un mandato vigente en Orihuela, que ordenaba a los oficiales y familiares de la Inquisici\u00f3n residentes en ella que no pagaran la sisa, pues en virtud de una concordia firmada entre el obispo Almeyda y el cap\u00edtulo del Salvador, todos los eclesi\u00e1sticos -sin excepci\u00f3n-estaban obligados a tributar dicho impuesto<sup>403<\/sup>.<\/p>\n<p>Aunque no hubo discordias a nivel eclesi\u00e1stico, la primera mitad de 1550 no fue nada tranquila en la ciudad del Bajo Segura. Los problemas fronterizos con Abanilla se agravaron<sup>404<\/sup>. Y lo que fue a\u00fan peor, empeoraron las relaciones con Murcia, por disputas concomitantes -tambi\u00e9n- con el amojonamiento, por el crecimiento de los roces entre vecinos de ambas poblaciones y, sobre todo, por las repetidas infracciones murcianas de la concordia que, desde antiguo, reglamentaba la utilizaci\u00f3n y el tr\u00e1fico de los ganados entre ambas ciudades y sus t\u00e9rminos. La tensi\u00f3n lleg\u00f3 a ser tan preocupante que no s\u00f3lo se increment\u00f3 muy considerablemente el volumen de correspondencia cruzada entre sus mandatarios, sino que \u00e9stos llegaron a programar varios encuentros personales para tratar de mantener \u00ab<em>la buena vezindad que siempre se ha guardado entre estas dos ciudades<\/em>\u00bb, as\u00ed como la\u00bb<em>tranquilidad e sosiego<\/em>\u00bb de sus habitantes<sup>405<\/sup>.<\/p>\n<p>A mediados de a\u00f1o, otra cuesti\u00f3n, de car\u00e1cter eclesi\u00e1stico, cobr\u00f3 cierto protagonismo en la vida municipal oriolana. Como ya indicamos al escribir sobre 1545, las comunidades de Santo Domingo, San Agust\u00edn y San Francisco se hallaban enfrentadas porque cada una de ellas quer\u00eda preceder a las dem\u00e1s en las procesiones que organizaba el cap\u00edtulo del Salvador. El <em>Consell<\/em> trat\u00f3 de mediar entre los conventuales con el prop\u00f3sito de hacerlos llegar a una concordia, pero sus intentos fueron vanos. Por ello, a continuaci\u00f3n, les propuso una soluci\u00f3n l\u00f3gica y conforme a la justicia: reglamentar el orden de participaci\u00f3n en las procesiones seg\u00fan los criterios que se segu\u00edan en Valencia. Pero tambi\u00e9n fracas\u00f3. Y las relaciones entre agustinos y dominicos continuaron agri\u00e1ndose hasta que ambos grupos optaron por dejar de salir en los citados desfiles. Dicha actitud molest\u00f3 a los oficiales municipales, quienes a mediados de 1550 volvieron a tratar de hallar una concordia \u00ab<em>amigablement<\/em>\u00bb. Al entrevistarse con los agustinos, \u00e9stos les comentaron que hab\u00edan dejado de participar en las procesiones porque hab\u00edan recibido un \u00ab<em>expres manament<\/em>\u00bb del Provincial de la Orden en las Provincias de Arag\u00f3n, Catalu\u00f1a y Valencia en el que les prohib\u00eda salir en ellas. La respuesta asombr\u00f3 a los mun\u00edcipes de tal manera que no dudaron en dirigirse al Provincial, fr. Joan Baptista Burgos, por medio de una carta fechada el 17 de junio. En ella, le rogaron encarecidamente que revocase el mandato y diese nueva orden a los frailes para que volviesen a participar en las procesiones; y fundamentaron la s\u00faplica en un motivo tan contundente como \u00e9ste: \u00ab<em>perque no seria raho que vivint de les almoynes de aquesta \u00e7iutat falten al que toca a la honra de aquella<\/em>\u00bb<sup>406<\/sup>. De cualquier forma, el nuevo intento de los mun\u00edcipes tampoco sirvi\u00f3 para propiciar un arreglo, y el problema sigui\u00f3 agrav\u00e1ndose de tal forma que nadie en la ciudad dudaba ya, que m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano acabar\u00eda provocando un brusqu\u00edsimo rompimiento entre los referidos monasterios.<\/p>\n<p>Sin embargo, no fue esta emponzo\u00f1ada controversia el problema m\u00e1s grave que la ciudad del Bajo Segura tuvo que afrontar en 1550 en relaci\u00f3n con las comunidades regulares que en ella estaban establecidas. A mediados del mes de octubre, no hemos podido saber por qu\u00e9 motivo, el gobernador Rocafull se enfrent\u00f3 con los frailes del convento de la Merced, mand\u00f3 prender a dos de sus regulares y los encarcel\u00f3 en el castillo<sup>407<\/sup>. Al enterarse del incidente, el obispo Almeyda, siempre tan atento a defender la jurisdicci\u00f3n eclesi\u00e1stica en su di\u00f3cesis, lanz\u00f3 contra toda la ciudad las penas de entredicho y <em>cessatio a divinis<\/em>, impidiendo de esa manera la celebraci\u00f3n de todo tipo de oficios divinos.<\/p>\n<p>Viendo que las censuras afectaban a toda la ciudad, los mun\u00edcipes, en su calidad de \u00ab<em>padres desta republica<\/em>\u00bb, quisieron intervenir entre el gobernador y los mercedarios, pero no consiguieron hacerlos concordar. Por ello, conscientes de que la cuesti\u00f3n no ten\u00eda arreglo a corto plazo, y de que las penas impuestas por el obispo estaban causando \u00ab<em>gran danyo de las consciencias, peligro de las animas y muchos otros inconvenientes<\/em>\u00bb, el d\u00eda 25 del mismo mes de octubre se decidieron a escribir al virrey para suplicarle ayuda, consejo o intervenci\u00f3n<sup>408<\/sup>. Pero poco m\u00e1s pudo hacer por ellos el duque de Calabria pues el d\u00eda siguiente, despu\u00e9s de comer, falleci\u00f3, dejando vacante la lugartenencia general del Reino de Valencia<sup>409<\/sup>.<\/p>\n<p>El deceso del virrey oblig\u00f3 a los oficiales oriolanos a cambiar urgentemente de planes. Decidieron volver a parlamentar con los afectados pero no hallaron la manera de que se quitase la <em>cessatio a divinis<\/em>. De cualquier modo, las pl\u00e1ticas les sirvieron para conocer que D. Guillem de Rocafull hab\u00eda apelado ante el metropolitano valentino contra las censuras y penas impuestas por el obispo, y que \u00fanicamente estaba dispuesto a liberar a los frailes entreg\u00e1ndoselos al Provincial de la Orden de la Merced en el citado Reino de Valencia. Por ello, tras sopesar las pocas alternativas que ten\u00edan, los mun\u00edcipes optaron por solicitar colaboraci\u00f3n al referido Provincial -el maestro Calvo- y al arzobispo de Valencia. Y en consecuencia, el 7 de noviembre redactaron sendos escritos dirigidos a las dos autoridades. Al mercedario le suplicaron que fuese a Orihuela, para recibir a los regulares de manos del gobernador. Y al metropolitano le rogaron que mandase al obispo cartaginense que quitase la <em>cessatio a divinis<\/em> impuesta sobre la ciudad, dejando vigentes las penas fulminadas contra Rocafull hasta que se solucionase el conflicto. Y finalmente, le encargaron a Joan Savall que entregase las misivas y cobrase r\u00e1pida respuesta de sus destinatarios<sup>410<\/sup>.<\/p>\n<p>El s\u00edndico obedeci\u00f3 los mandatos de sus representados y se entrevist\u00f3 con el metropolitano y con el maestro Calvo. Y mientras el primero le contest\u00f3 un tanto secamente que si los frailes no eran puestos en libertad, el entredicho no ser\u00eda alzado; el segundo se interes\u00f3 m\u00e1s por la cuesti\u00f3n, le coment\u00f3 a Savall que estaba dispuesto a personarse en Orihuela, y fue, adem\u00e1s, a hablar con el nuevo virrey, D. Joan Llorens de Vilarrasa, quien de inmediato diput\u00f3 a dos comisarios apellidados Cas y \u00c7ayd\u00eda y les mand\u00f3 que se desplazasen a la ciudad del Bajo Segura para realizar las averiguaciones necesarias y proveer lo que fuera de justicia. Desconocemos el final de la historia, pero suponemos que la intervenci\u00f3n del Provincial y de los dos diputados del virrey fue suficiente para dar por zanjada la discordia<sup>411<\/sup>.<\/p>\n<p>De cualquier manera, el final del enfrentamiento no signific\u00f3 para los oriolanos el inicio de un per\u00edodo de tranquilidad. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, las autoridades civiles de la ciudad recibieron un carta de aviso del nuevo virrey, fechada el 20 de noviembre, en que les advert\u00eda que \u00ab<em>de Alger y altres parts de Africa<\/em>\u00bb hab\u00edan salido \u00ab<em>fustes de rems armades<\/em>\u00bb con el prop\u00f3sito de \u00ab<em>cativar, robar y damnificar<\/em>\u00bb a los cristianos que viv\u00edan en las poblaciones costeras del Reino, y les recomendaba que estuviesen preparados y en guardia para socorrer a \u00ab<em>totes les viles y lochs maritims<\/em>\u00bb cercanos<sup>412<\/sup>. Y siguiendo las recomendaciones de Vilarrasa, dispusieron las medidas necesarias para la defensa.<\/p>\n<p>\u00danicamente nos queda comentar de 1550 que, a mediados del mes de diciembre, los mun\u00edcipes y los capitulares del Salvador trataron vanamente de aprovecharse del inter\u00e9s que el obispo Almeyda hab\u00eda mostrado por el adoctrinamiento cristiano de los fieles de Orihuela y su t\u00e9rmino. Las autoridades enviaron al pavorde D. Jaime Ferr\u00e1ndez a solicitarle \u00ab<em>licencia y consentimiento<\/em>\u00bb para que las dos primeras canonj\u00edas que vacasen en la citada iglesia fuesen conferidas a dos letrados, \u00ab<em>el uno en Canones y el otro en Theologia<\/em>\u00bb, de manera que ambos eclesi\u00e1sticos les quitasen al prelado y a sus sucesores en la mitra \u00ab<em>mucho trebaio y cargo, y a esta ciudad le ensenyara<\/em>[n] <em>el camino de su salvacion<\/em>\u00bb. El intento oriolano fue infructuoso porque, seg\u00fan refiri\u00f3 el <em>Portugu\u00e9s<\/em>, el papa hab\u00eda concedido la provisi\u00f3n de los beneficios del obispado al cardenal Dur\u00e1n, y ten\u00eda por ello \u00ab<em>atadas las manos y la libertad para no poder hazerlo<\/em>\u00bb; no obstante, la idea no disgust\u00f3 al prelado, por lo que recomend\u00f3 a los mandatarios oriolanos que le repitiesen la petici\u00f3n al cardenal y que cuando tuviesen su anuencia, volviesen a consultar con \u00e9l, para que les concediese su permiso, en su propio nombre y en el de los obispos que le sucediesen en la mitra cartaginense<sup>413<\/sup>.<\/p>\n<p>Desconocemos si las autoridades llegaron a contactar con el cardenal Dur\u00e1n, o si finalmente abandonaron la idea puesto que el Archivo Municipal de Orihuela no nos ha permitido consultar el <em>Contestador<\/em> de 1551, por hallarse en un deplorable estado de conservaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dicha circunstancia nos ha impedido conocer cu\u00e1les fueron los acontecimientos m\u00e1s importantes para la Iglesia y la ciudad de Orihuela durante dicho a\u00f1o. De cualquier forma, creemos que en relaci\u00f3n con el Pleito del Obispado no hubo ning\u00fan cambio sustancial. El obispo y sus ministros debieron seguir realizando su labor sin problemas, al tiempo que el cap\u00edtulo del Salvador y los oficiales municipales continuaron defendiendo sus derechos haciendo uso del ya acostumbrado sistema de las protestas profil\u00e1cticas.<\/p>\n<p>Y pr\u00e1cticamente lo mismo podemos decir de 1552. La p\u00e9rdida del libro <em>Contestador<\/em> ha propiciado que \u00fanicamente tengamos noticias indirectas de la vida municipal oriolana durante dicho per\u00edodo. Quiz\u00e1 lo m\u00e1s destacable de dicho a\u00f1o fue que tuvieron lugar las \u00faltimas Cortes generales de la Corona de Arag\u00f3n del reinado de Carlos I.<\/p>\n<p>El emperador las convoc\u00f3 desde Europonte el 30 de marzo, fijando como d\u00eda de inicio el 30 de junio. Fueron inauguradas en Monz\u00f3n el 5 de julio y concluyeron el 27 de febrero del a\u00f1o siguiente. Al igual que las anteriores de 1547, fueron presididas por el pr\u00edncipe D. Felipe. Y fueron fiel exponente de la descomposici\u00f3n del sistema imperial carolino, y del divorcio entre las expectativas autonomistas de los reinos y la voluntad progresivamente centralizadora del monarca<sup>414<\/sup>.<\/p>\n<p>Las autoridades municipales de la ciudad del Bajo Segura enviaron a la villa aragonesa al experimentado Gin\u00e9s de Vilafranca<sup>415<\/sup>, quien -pensamos- debi\u00f3, sin duda, seguir la l\u00ednea de comportamiento marcada por sus representados desde la marcha del emperador, en relaci\u00f3n con las aspiraciones episcopales segregacionistas; esto es, que no lleg\u00f3 a plantearle a D. Felipe que revisase la situaci\u00f3n del obispado cartaginense. Suponemos que una conjunci\u00f3n de diversos factores hac\u00eda pensar a los mandatarios oriolanos que \u00e9sa era la v\u00eda m\u00e1s v\u00e1lida para lograr en el futuro el \u00e9xito en sus reivindicaciones. A motivos ya citados con anterioridad, como la declarada voluntad del emperador, la actitud respetuosa adoptada desde el primer momento por su primog\u00e9nito, el talante de D. Esteban de Almeyda, o la situaci\u00f3n de relativa estabilidad espiritual que se viv\u00eda en la di\u00f3cesis, hemos de a\u00f1adir una causa, de car\u00e1cter m\u00e1s coyuntural, que tambi\u00e9n debi\u00f3 tener alguna influencia en la conservadora actitud de las referidas autoridades: la aparici\u00f3n en la ciudad de una creciente inestabilidad social y de una falta de cohesi\u00f3n interna, propiciada por frecuentes bander\u00edas y enfrentamientos entre laicos, y tambi\u00e9n entre eclesi\u00e1sticos regulares y seculares, que inevitablemente desviaron la atenci\u00f3n general hacia cuestiones m\u00e1s urgentes<sup>416<\/sup>. Por todo ello, las autoridades oriolanas prefirieron seguir esperando la vuelta del monarca, un regreso que, conociendo su periplo europeo, se consideraba cada vez m\u00e1s inminente.<\/p>\n<p>De cualquier manera, los mandatarios de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura no quisieron dejar marchar la oportunidad de aprovechar la fuerza de los brazos parlamentarios, y por medio del s\u00edndico Vilafranca le hicieron llegar al pr\u00edncipe heredero una s\u00faplica bastante significativa. Le pidieron que mandase escribir al obispo Almeyda para que no volviese a ordenar a los \u00ab<em>capellans<\/em>\u00bb de Orihuela y su distrito que compareciesen ante \u00e9l o ante cualquiera de sus oficiales en Murcia. Y \u00ab<em>Sa Altesa<\/em>\u00bb, considerando las buenas diligencias del procurador, accedi\u00f3 a la demanda, y le entreg\u00f3 una \u00ab<em>lletra<\/em>\u00bb que conten\u00eda la orden requerida<sup>417<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese al logro, los mun\u00edcipes oriolanos se molestaron con Vilafranca porque, tras la clausura de las Cortes del Reino de Valencia -el 22 de octubre de 1552-, el s\u00edndico decidi\u00f3 permanecer en Monz\u00f3n hasta el cierre de las sesiones de Catalu\u00f1a y Arag\u00f3n, y no retorn\u00f3 a la ciudad del Bajo Segura hasta el 15 de enero de 1553. Al rendir cuentas con los mandatarios, \u00e9stos se mostraron dispuestos a pagarle \u00fanicamente el salario que se hab\u00eda ganado represent\u00e1ndoles durante la celebraci\u00f3n de las Cortes \u00abvalencianas\u00bb. Pero el 23 de enero, el habil\u00edsimo y previsor Vilafranca volvi\u00f3 a comparecer ante ellos para mostrarles una provisi\u00f3n que hab\u00eda obtenido del pr\u00edncipe Felipe, en la que Su Alteza ordenaba a las referidas autoridades que le pagasen el sueldo \u00edntegro. Los mun\u00edcipes consideraron injusto el mandato, por lo que decidieron aplazar su cumplimiento hasta que el nuevo virrey, D. Bernardino de C\u00e1rdenas, marqu\u00e9s de Elche y duque de Maqueda, se pronunciase sobre el asunto. Y optaron por enviarle un informe junto al mandamiento de D. Felipe. Con el tiempo, la discordia fue complic\u00e1ndose y ambas partes, mun\u00edcipes y procurador acabaron dirimiendo sus respectivos derechos ante los tribunales de la Real Audiencia de Valencia<sup>418<\/sup>.<\/p>\n<p>El nombramiento del nuevo capit\u00e1n general del Reino de Valencia no fue el \u00fanico cambio gubernativo que la ciudad del Bajo Segura vivi\u00f3 durante 1553. A finales del a\u00f1o anterior, D. Guillem de Rocafull fue promovido al cargo de gobernador de la isla de Menorca, y el pr\u00edncipe Felipe decidi\u00f3 colocar al frente de la Gobernaci\u00f3n <em>ultra Sexonam<\/em> al abulense D. Nu\u00f1o del \u00c1guila, con el claro objetivo de \u00ab<em>evitar les differencias<\/em>\u00bb que hab\u00eda entre los habitantes de Orihuela.<\/p>\n<p>La noticia de que un caballero castellano detentase tal oficio no sent\u00f3 nada bien entre las autoridades oriolanas. Por ello, de antes de que el electo pudiese personarse en la localidad para tomar posesi\u00f3n de su nuevo cargo, los mandatarios comenzaron a consultar la documentaci\u00f3n del Archivo de la ciudad, y hallaron que la disposici\u00f3n del regente iba en contra de los \u00ab<em>furs e previletgis<\/em>\u00bb del reino. De inmediato, le participaron la cuesti\u00f3n al abogado municipal, micer Jaime Masquefa, quien, tras confirmarles la incorrecci\u00f3n, les aconsej\u00f3 que consultasen al heredero a la corona hisp\u00e1nica. Y despu\u00e9s, para asegurase de que iban a obrar de un modo correcto, decidieron recabar m\u00e1s pareceres en Valencia, por lo que el 21 de marzo se dirigieron por escrito a los juristas Pedro de Moncada y Miguel \u00c1ngel Catal\u00e1, explic\u00e1ndoles el motivo de su preocupaci\u00f3n, y a\u00f1adiendo que D. Nu\u00f1o no pod\u00eda \u00ab<em>regir dit offici de governador, senyaladament essent aquesta ciutat tan contraria, la qual en temps de les divisions de aquestos regentes a tengut diverses guerres y discordies ab la ciutat de Murcia y altrs parts del regne de Castella; y encara hui en dia nos duren les males voluntats e pleyts ab la dita ciutat de Murcia sobre lo bisbat e altres differencies<\/em>\u00bb. Y le encomendaron a Joan Savall la tarea de consultar a los juristas y de enviarles sus respuestas con la mayor diligencia<sup>419<\/sup>.<\/p>\n<p>El s\u00edndico actu\u00f3 con presteza pues cuatro d\u00edas despu\u00e9s ya se hab\u00eda entrevistado con los abogados valencianos, y ten\u00eda en sus manos su contestaci\u00f3n. En ella, los juristas les recomendaron a los oficiales oriolanos que cuando el \u00ab<em>stranger<\/em>\u00bb quisiese presentarles su provisi\u00f3n de nombramiento le interpusiesen \u00ab<em>hun disintiment y protest<\/em>\u00bb; y dando muestra de su eficacia y su profesionalidad, les prepararon un modelo de protesta a fin de que pudiesen realizar dicho acto sin el m\u00e1s m\u00ednimo recelo<sup>420<\/sup>.<\/p>\n<p>Poco antes de que esta documentaci\u00f3n llegase a Orihuela, lo hizo un mensaje del duque de Maqueda, en el que alertaba a los mun\u00edcipes de la presencia de unas \u00ab<em>cincuenta y cinco o sessenta fustas<\/em>\u00bb de infieles frente a la costa de la ciudad de Alicante, y les solicitaba que hiciesen los preparativos para la defensa de la zona, y que comunicasen la nueva a sus colegas los lugares circunvecinos<sup>421<\/sup>. Como podemos apreciar, los oriolanos viv\u00edan en continua tensi\u00f3n, ante el peligro de ser saqueados o cautivados por los corsarios berberiscos.<\/p>\n<p>Por su parte, la otra amenaza, el esperado -pero no querido- D. Nu\u00f1o del \u00c1guila, arrib\u00f3 a la ciudad de Valencia bien entrada ya la segunda mitad de abril. Y el d\u00eda 25 del citado mes, tras presentarle al duque de Maqueda su privilegio de nombramiento -dado en Monz\u00f3n el 26 de diciembre del a\u00f1o anterior-, el nuevo gobernador <em>ultra Sexonam<\/em> prest\u00f3 el debido juramento ante el virrey. Y \u00e9ste, en consecuencia, le dio una c\u00e9dula ejecutorial, en la que ordenaba a los \u00ab<em>fieles de Su Magestad<\/em>\u00bb que le diesen libremente la posesi\u00f3n del dicho oficio<sup>422<\/sup>.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, D. Nu\u00f1o del \u00c1guila parti\u00f3 hacia Orihuela para prestar all\u00e1 su segundo juramento y comenzar a ejercer su oficio. Y lleg\u00f3 a su destino el pen\u00faltimo de abril. Se dirigi\u00f3 hacia la \u00ab<em>esglesia cathedral del Senyor Sanct Salvador<\/em>\u00bb. Compareci\u00f3 ante D. C\u00e9sar Guil -lugarteniente del gobernador-, Honorat Togores -lugarteniente de baile general-, el justicia y los jurados, y les present\u00f3 su privilegio de nombramiento.<\/p>\n<p>Intervino entonces el notario Luis Traver y, como s\u00edndico de la ciudad, le interpuso una protesta -que era calcada a la enviada por los abogados Moncada y Catal\u00e1-. En ella, tras poner de manifiesto algunas formalidades, le explicaron que el oficio de gobernador estaba reservado a los naturales del Reino de Valencia. Le especificaron que estaba \u00ab<em>expressament dispost que siper eminents bandositats o escandols convingues posar alguna persona que no fos natural, aquesta, en tal cas, hauria de esser dels regnes de Arago o del principat de Calanunia, quant, dit es, no fos natural del regne de Valencia, e no de altres parts, com se pot veure per lo fur primer: rubrica de officis de governador<\/em>\u00bb. Le escribieron muy directamente: \u00ab<em>no pot la noblea vostra regir lo offici de governador<\/em>\u00bb. Y adujeron que si tanto el emperador como su hijo hubiesen sido bien informados, jam\u00e1s hubiesen expedido tal il\u00edcito privilegio. Y en atenci\u00f3n a todos estos argumentos, le suplicaron a D. Nu\u00f1o que suspendiese la ejecuci\u00f3n del nombramiento hasta que el pr\u00edncipe, informado por la ciudad, confirmase o anulase su nominaci\u00f3n. Y en el caso de que quisiese proseguir con el acto, le anunciaron su intenci\u00f3n de protestar contra todo lo que pretendiese ordenar como gobernador del Reino m\u00e1s all\u00e1 de Jijona.<\/p>\n<p>El electo respondi\u00f3 poniendo de manifiesto su intenci\u00f3n de comenzar a ejercer como gobernador de modo inmediato. Y aceptando la protesta oriolana, se mostr\u00f3 de acuerdo con que las autoridades de la ciudad consultasen al pr\u00edncipe regente<sup>423<\/sup>.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, el 5 de mayo, los mun\u00edcipes ultimaron los preparativos, y enviaron a la corte, a manos de los dos s\u00edndicos que la ciudad hab\u00eda enviado all\u00ed hac\u00eda unos meses -los poco ocupados Ferrando Alfonso y Esteban Maronjo-, la protesta presentada a D. Nu\u00f1o del \u00c1guila y un escrito dirigido al propio D. Felipe, en el que le suplicaban que sustituyese al castellano por un \u00ab<em>natural<\/em>\u00bb del Reino de Valencia o, en el caso de que desease que ocupara el cargo una \u00ab<em>persona forastera<\/em>\u00bb, que \u00e9sta fuese de Arag\u00f3n o Catalu\u00f1a<sup>424<\/sup>.<\/p>\n<p>Por estas fechas, o poco antes -quiz\u00e1-, el pol\u00e9mico fiscal del obispo de Cartagena caus\u00f3 un nuevo incidente en la ciudad del Bajo Segura. Aunque no conocemos muy bien el suceso, al parecer, el aludido oficial se person\u00f3 en Orihuela con la intenci\u00f3n de prender al presb\u00edtero Juan Zancell. Se dirigi\u00f3 a la casa del can\u00f3nigo Jaime Roca, donde sab\u00eda que estaba el cura. Entr\u00f3 en ella con mucho alboroto, escandalizando a todo el vecindario. Zancell vio venir al fiscal, e imitando el ejemplo de Luis Torres, sali\u00f3 huyendo; y tuvo tiempo para resguardarse en el monasterio de la Merced. El oficial episcopal entr\u00f3 en el convento y comenz\u00f3 a proferir tales amenazas y con tal violencia que, seg\u00fan afirmaban los mun\u00edcipes, hubiese maltratado a los frailes de no mediar el comendador. Finalmente, captur\u00f3 al cl\u00e9rigo, y se lo llev\u00f3 a Murcia como si fuera \u00ab<em>algun matador<\/em>\u00bb entre el enfado y el des\u00e1nimo de los oriolanos<sup>425<\/sup>.<\/p>\n<p>Probablemente, \u00e9ste fue el primero de una larga serie de avatares por los que los habitantes de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura tuvieron que pasar dicho a\u00f1o 1553 en su camino hacia la consecuci\u00f3n del obispado propio e independiente de Cartagena.<\/p>\n<p>Mediado el mes de mayo, D. Esteban de Almeyda volvi\u00f3 a tratar de entrometerse en la administraci\u00f3n de las rentas de la f\u00e1brica de San Mart\u00edn de Callosa. El <em>Portugu\u00e9s<\/em> quiso, si no gestionar directamente dichos frutos, s\u00ed vigilar muy de cerca su uso, y por ello mand\u00f3 a los parroquianos de dicha iglesia que si quer\u00edan elegir al fabriquero, programar obras o distribuir el referido tercio diezmo, habr\u00edan de convocar a alg\u00fan eclesi\u00e1stico para que asistiese a tales actos en su nombre.<\/p>\n<p>El mandato del prelado no gust\u00f3 en absoluto a los callosinos, por lo que en seguida pensaron en introducir una apelaci\u00f3n ante el arzobispo de Valencia y decidieron comentarle la situaci\u00f3n a las autoridades municipales oriolanas. \u00c9stas les respondieron con su apoyo, de manera que el 19 de mayo le encargaron a Joan Savall que hiciese las diligencias oportunas para interponer el se\u00f1alado recurso y para conseguir una \u00ab<em>compulsoria e inibitoria<\/em>\u00bb que dejase sin valor tanto la orden del mitrado, como las previsibles censuras que \u00e9ste pudiese lanzar contra Orihuela o contra Callosa de Segura<sup>426<\/sup>.<\/p>\n<p>Savall introdujo la causa ante el metropolitano, consigui\u00f3 sin apenas dificultad \u00ab<em>les lletres compulsories e inhibitories<\/em>\u00bb y cinco d\u00edas despu\u00e9s las envi\u00f3 a los parroquianos de Callosa<sup>427<\/sup>. Sin embargo, de poco les sirvieron a los callosinos, pues el obispo, ni cambi\u00f3 de opini\u00f3n ni derog\u00f3 el decreto.<\/p>\n<p>El conflicto devolvi\u00f3 al primer plano de la actualidad oriolana la cuesti\u00f3n de las rentas de las f\u00e1bricas. No obstante, \u00e9stas, lejos de constituirse en una preocupaci\u00f3n eventual, se convirtieron en el tema protagonista de la actividad municipal durante el siguiente trimestre.<\/p>\n<p>Por aquellas fechas, el obispo de Lugo -comisario general encargado de la percepci\u00f3n del subsidio extraordinario concedido por Julio III al emperador- le comunic\u00f3 al doctor Pedro de Mora, uno de los can\u00f3nigos del cabildo de Cartagena, que lo hab\u00eda diputado para que se ocupase de la recaudaci\u00f3n del referido tributo en la di\u00f3cesis de Cartagena. Mora acept\u00f3 la comisi\u00f3n y de inmediato orden\u00f3 a los fabriqueros, mayordomos y obreros de las f\u00e1bricas de todas las iglesias del obispado, incluidas las de Orihuela y su distrito, que pagasen de sus rentas la cantidad que les hab\u00eda tocado en el reparto de la contribuci\u00f3n.<\/p>\n<p>El mandato del juez apost\u00f3lico Mora gener\u00f3 un gran malestar en las diferentes poblaciones del t\u00e9rmino oriolano pues, como bien sabemos, los frutos de dichas f\u00e1bricas eran laicos y de realengo, y no pod\u00edan ser incluidos en tributaciones eclesi\u00e1sticas. Y la reacci\u00f3n de las autoridades oriolanas fue tan inmediata como lo hab\u00eda sido en todas las ocasiones anteriores en que el cabildo de Cartagena o los diferentes obispos precedentes a Almeyda hab\u00edan tratado de atentar contra la propiedad municipal del tercio diezmo.<\/p>\n<p>No obstante, antes de describir en qu\u00e9 consisti\u00f3 la reacci\u00f3n de las autoridades de la ciudad del Bajo Segura, creemos conveniente apuntar que la inclusi\u00f3n de las rentas de las f\u00e1bricas de las iglesias de Orihuela y su huerta en la composici\u00f3n del subsidio nos puede hacer pensar que el intento episcopal de vigilar o administrar las rentas de la f\u00e1brica de San Mart\u00edn de Callosa, as\u00ed como su voluntad de hacer caso omiso a las disposiciones del arzobispo de Valencia, su superior, no fueron comportamientos caprichosos o puntuales. M\u00e1s bien, nos llevan a conjeturar que pudieron formar parte de un plan conjunto del propio prelado y el cabildo de Cartagena para hacerse con el control de la citada f\u00e1brica y hacer que pagase el tributo, de manera que dicho pago pudiese servir de precedente para reclamar al obispo de Lugo o al pr\u00edncipe Felipe que ordenasen a los fabriqueros de las dem\u00e1s iglesias de la parte de la di\u00f3cesis perteneciente al Reino de Valencia que contribuyesen en la recaudaci\u00f3n del citado impuesto extraordinario, aliviando de esa manera la recargada cuota que hab\u00eda de pagar el resto de f\u00e1bricas del obispado cartaginense.<\/p>\n<p>Volviendo a la actuaci\u00f3n de los mun\u00edcipes, poco despu\u00e9s de conocer las intenciones del juez Mora, el 29 de mayo, le encomendaron al s\u00edndico Traver la tarea de presentar a los fabriqueros de las iglesias del Salvador, Santiago y las Santas Justa y Rufina de Orihuela, San Mart\u00edn de Callosa, San Andr\u00e9s de Almorad\u00ed, San Juan de Catral y San Jaime de Guardamar un mandato en el que les mandaban que no pagasen la parte del subsidio que les hab\u00eda asignado el citado comisario, bajo pena de 1.000 ducados de oro (que ser\u00edan destinados al erario real) y de tener que restituir a sus f\u00e1bricas las cantidades que entregasen<sup>428<\/sup>.<\/p>\n<p>Y complementando dicha medida inicial, decidieron enviar a un par de procuradores a Murcia, con la misi\u00f3n de entrevistarse con el cabildo de Cartagena y con el obispo Almeyda a fin de mostrarles los privilegios reales que hac\u00edan que las rentas disputadas fuesen realengas, y por lo tanto exentas del pago de contribuciones clericales. Y para facilitarles la tarea, les entregaron a dos cartas de contenido similar y car\u00e1cter considerablemente expresivo, en las que les suplicaban que liberasen a las f\u00e1bricas de las iglesias de Orihuela y su t\u00e9rmino del pago del subsidio, y les advert\u00edan claramente que estaban dispuestos a gastar \u00ab<em>toda la hazienda de la ciudad<\/em>\u00bb en pleitos antes de que \u00ab<em>las dichas fabricas hayan de contribuhir en un maravedi<\/em>\u00bb<sup>429<\/sup>.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente -el 29 de mayo-, los mensajeros comparecieron ante el cabildo cartaginense, le entregaron al de\u00e1n Alberto Clavijo la carta de los mun\u00edcipes oriolanos, mostraron los aludidos privilegios reales y solicitaron la exenci\u00f3n de las f\u00e1bricas. La instituci\u00f3n colegiada analiz\u00f3 la cuesti\u00f3n y les entreg\u00f3 una carta para sus representados, en la que explicaban de una manera s\u00f3lidamente fundamentada que no pod\u00edan exonerarlas del pago del subsidio apost\u00f3lico porque no eran \u00ab<em>parte para lo quitar ni moderar<\/em>\u00bb. En ella, los capitulares les informaron de que \u00ab<em>en las congregationes que se han hecho de las yglesias de Hespanya<\/em>\u00bb se hab\u00eda llegado a un acuerdo con el emperador, que consist\u00eda en que \u00ab<em>todas las ter\u00e7ias de los diezmos de los Reynos de Hespanya que estuviesen en la corona real encorporadas<\/em>\u00bb hab\u00edan de participar en el pago de los subsidios extraordinarios. Les comunicaron que incluso la duquesa de Cenete o el propio duque de Maqueda hab\u00edan tenido que contribuir por las tercias que ten\u00edan en Ayora y Elche, respectivamente. Y que \u00fanicamente pod\u00edan eximirse los comendadores de la orden de San Juan, \u00ab<em>por la guerra que siempre siguen contra infieles<\/em>\u00bb. Adem\u00e1s, les comentaron que les hab\u00edan mostrado los privilegios presentados a algunos letrados, y que \u00e9stos les hab\u00edan contestado, <em>ex una<\/em>, que \u00ab<em>por ser este subsidio impuesto por el papa y por causa tan justa, ninguno, aunque sea privilegiado, se puede eximir<\/em>\u00bb; y <em>ex alia<\/em>, que por ser dichos documentos reales \u00ab<em>avrian lugar quando el obispo desta yglesia impusiese subsidios caritativos o de otra suerte, en las rentas de su obispado<\/em>\u00bb. Y, por \u00faltimo, les recalcaron que ni ellos ni el diputado Mora pod\u00edan hacer m\u00e1s que lo que les hab\u00eda mandado el obispo de Lugo, y que si quer\u00edan seguir defendiendo la exenci\u00f3n de las rentas, que le reclamasen al propio comisario general<sup>430<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras comparecer ante el cabildo de Cartagena, los embajadores oriolanos quisieron entrevistarse con el obispo, pero no lo pudieron hacer hasta el d\u00eda siguiente, el \u00faltimo de mayo. El prelado se mostr\u00f3 conforme con los planteamientos de la instituci\u00f3n colegiada. Y les entreg\u00f3 la correspondiente respuesta escrita para sus representados. En ella, declar\u00f3 que no pod\u00eda intervenir por corresponder la jurisdicci\u00f3n al comisario. Les pidi\u00f3 que no gastasen las rentas de las f\u00e1bricas \u00ab<em>por passion<\/em>\u00bb. Y les coment\u00f3 que cre\u00eda que las tercias hab\u00edan de contarse \u00ab<em>por bienes spirituales<\/em>\u00bb<sup>431<\/sup>&#8230;<\/p>\n<p>Las respuestas del mitrado y el cabildo dejaron claro a los mun\u00edcipes que si quer\u00edan mantener la exenci\u00f3n de las rentas de las f\u00e1bricas, tendr\u00edan que seguir realizando gestiones fuera de Murcia, en la corte, ante el pr\u00edncipe Felipe y el obispo de Lugo.<\/p>\n<p>No obstante, antes de emprender la nueva campa\u00f1a de negociaciones, prefirieron atarle temporalmente las manos al can\u00f3nigo Mora, o, al menos, entorpecer al m\u00e1ximo su tarea. Y teniendo en cuenta que no pod\u00edan solicitar auxilio al gobernador, \u00ab<em>per raho del protest que contra aquell<\/em>\u00bb hab\u00edan interpuesto, pensaron en conseguir del duque de Maqueda un mandato, unas \u00ab<em>lletres de manutinen\u00e7ia<\/em>\u00bb que les diesen licencia para hacer caso omiso a los requerimientos del comisario apost\u00f3lico. Y el 10 de junio le encargaron a Joan Savall que tratase de conseguir el citado mandamiento lo m\u00e1s \u00ab<em>prest<\/em>\u00bb posible<sup>432<\/sup>.<\/p>\n<p>El s\u00edndico comenz\u00f3 a efectuar las diligencias oportunas, y logr\u00f3, en primer lugar, que el duque de Maqueda expidiese una nueva provisi\u00f3n contra \u00ab<em>los manaments que feu lo bisbe de Cartagena en lo fet de la fabrica de Callosa<\/em>\u00bb. Tras enviarla a Orihuela el 19 de junio, prosigui\u00f3 con sus gestiones, y cuatro d\u00edas m\u00e1s tarde consigui\u00f3 cumplir con el encargo principal de sus representados. El virrey despach\u00f3 las \u00ab<em>lletres de manutinen\u00e7ia<\/em>\u00bb y Savall se las remiti\u00f3 r\u00e1pidamente. Y unos d\u00edas despu\u00e9s, el 6 de julio, el atento procurador, queriendo adelantarse a los acontecimientos, les envi\u00f3 en un escrito una recomendaci\u00f3n: que en el caso de que fuesen excomulgados por presentarlas, enviasen a un procurador a Murcia a apelar contra dicha censura, y que dirigiesen el recurso al arzobispo de Valencia, pues de \u00e9l podr\u00eda conseguir f\u00e1cilmente el instrumento absolutorio e inhibitorio<sup>433<\/sup>.<\/p>\n<p>Los presagios de Savall se cumplieron pronto, pero no por el motivo que hab\u00eda previsto. Tras recibir la provisi\u00f3n del capit\u00e1n general, los oficiales no pudieron utilizarla porque el can\u00f3nigo Mora no lleg\u00f3 a personarse en Orihuela, y las letras no ten\u00edan ninguna validez en Murcia, pues el duque no ten\u00eda jurisdicci\u00f3n m\u00e1s que dentro del Reino de Valencia. De cualquier forma, los mun\u00edcipes siguieron sus planes y le presentaron al comisario una apelaci\u00f3n en el nombre de los fabriqueros de las iglesias de Orihuela y su distrito y de toda la ciudad del Bajo Segura, con la intenci\u00f3n de interponerla ante el obispo de Lugo. Mora se neg\u00f3 a admitir el recurso aduciendo no estar facultado para ello por su condici\u00f3n de juez subdelegado. Y viendo que los citados oficiales perseveraban en su intenci\u00f3n de consultar al prelado lucense, decret\u00f3 la excomuni\u00f3n de los fabriqueros. Ante la gravedad de la situaci\u00f3n, los mandatarios decidieron buscar el consejo de los juristas valencianos Moncada y Catal\u00e1, de modo que el 13 de julio le pidieron por escrito a Savall que volviese a entrevistarse con ellos, y enviaron a Valencia al jurado Joan Mir\u00f3 para que le ayudase<sup>434<\/sup>.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 lleg\u00f3 a la ciudad del Turia el 17 de julio. Se reuni\u00f3 con Savall, y fueron ambos a hablar con los abogados. Moncada y Catal\u00e1 les ofrecieron unas cuantas recomendaciones:<\/p>\n<p>-Que mostrasen la provisi\u00f3n inhibitoria del duque a todos los que se presentasen en Orihuela y su huerta con la intenci\u00f3n de hacer contribuir a las f\u00e1bricas.<\/p>\n<p>-Que tratasen de conseguir un mandato del Consejo de Arag\u00f3n, en el que se ordenase al obispo de Lugo que desistiese de su intenci\u00f3n de incluir a las referidas f\u00e1bricas en el pago del subsidio.<\/p>\n<p>-Que compareciesen ante el obispo de Lugo para interponerle la apelaci\u00f3n, justific\u00e1ndole los privilegios de la ciudad.<\/p>\n<p>-Y, por \u00faltimo, que tratasen de conseguir en Roma un breve para que la apelaci\u00f3n se viese en la Santa Sede, o fuese cometida a un juez apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>Savall redact\u00f3 los consejos de los juristas y los incluy\u00f3 en una carta que envi\u00f3 a Orihuela el 19 de julio<sup>435<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras leer la carta del procurador, los mun\u00edcipes decidieron seguir de modo inmediato las recomendaciones; \u00fanicamente desecharon, o al menos aplazaron -suponemos que por su elevado coste-, la propuesta de conseguir el breve apost\u00f3lico. Por ello, tantearon el parecer del abogado de la ciudad, micer Jaime Masquefa, y de acuerdo con \u00e9l optaron por preparar una embajada a la corte.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas m\u00e1s tarde, el 30 de julio, el <em>Consell<\/em> aprob\u00f3 un\u00e1nimemente el nombramiento de los s\u00edndicos Jaime Mart\u00ed y Baltasar G\u00f3mez, y les cometi\u00f3 la misi\u00f3n de defender los intereses de la ciudad y de las f\u00e1bricas ante el pr\u00edncipe Felipe, el Consejo de Arag\u00f3n y el comisario general del subsidio. Y acto seguido, el justicia y los jurados se encargaron de organizar los preparativos de la embajada. El primero de agosto ordenaron a los fabriqueros que en el plazo de dos d\u00edas derramasen una determinada cantidad de dinero (entre 10 y 20 coronas seg\u00fan la riqueza de la iglesia a la que sirviesen), con el objeto de poder sufragar los gastos de los procuradores. Despu\u00e9s, se dedicaron a preparar la documentaci\u00f3n que \u00e9stos hab\u00edan de llevarse. El 2 de agosto firmaron sendas cartas credenciales para D. Felipe y el obispo de Lugo. Tres d\u00edas despu\u00e9s, una misiva para los doctores Catal\u00e1 y Moncada, en la que les anunciaban que Mart\u00ed y G\u00f3mez pasar\u00edan por la capital del Turia, de camino a la corte, para consultarles algunas de sus \u00f3rdenes. El 6 de agosto, un instrumento de instrucciones. Y el 8, un segundo documento de orientaciones. Y ese mismo d\u00eda, los dos embajadores partieron para Valladolid, v\u00eda Valencia<sup>436<\/sup>.<\/p>\n<p>Llegados a este punto, hemos de hacer un alto en la narraci\u00f3n para conectarla con otro grav\u00edsimo conflicto que acababa de estallar en la ciudad del Bajo Segura, despu\u00e9s de haber venido fragu\u00e1ndose desde 1545.<\/p>\n<p>Como ya indicamos, desde los tiempos posteriores a la Reconquista los frailes de los diferentes monasterios establecidos en Orihuela sol\u00edan participar en las procesiones que organizaba el cap\u00edtulo del Salvador. No obstante, con el paso de los a\u00f1os comenzaron a surgir roces entre las comunidades de Santo Domingo, San Agust\u00edn y San Francisco en relaci\u00f3n con el lugar que cada una de ellas hab\u00eda de ocupar en dichos solemnes desfiles. Y las discordias fueron encon\u00e1ndose de tal manera que las autoridades municipales tuvieron que intervenir para tratar de concordar a los miembros de las tres \u00f3rdenes. En un primer momento intentaron hallar una soluci\u00f3n pac\u00edfica mediando en conversaciones. Sin embargo, viendo que dicha v\u00eda era absolutamente in\u00fatil, los citados mandatarios optaron por averiguar cu\u00e1l era el orden que segu\u00edan los regulares en las procesiones del cap\u00edtulo catedralicio de Valencia. Y como tampoco tuvo \u00e9xito este plan, los mun\u00edcipes decidieron dirigirse a los Provinciales de las respectivas \u00f3rdenes en busca de su intercesi\u00f3n. Los intentos, no obstante, fueron tambi\u00e9n infructuosos.<\/p>\n<p>Por ello, los oficiales decidieron consultar a la Santa Sede y consiguieron un breve en el que el romano pont\u00edfice comet\u00eda a ciertos jueces que fijasen el orden de participaci\u00f3n de las comunidades. Tras realizar diferentes investigaciones, uno de dichos jueces estableci\u00f3 la precedencia de las \u00f3rdenes y mand\u00f3 a los frailes que participasen en las procesiones. Los regulares se negaron a acatar la sentencia, y el juez no tuvo m\u00e1s remedio que imponerles diferentes censuras hasta excomulgarlos. Y entonces los frailes, en menosprecio de la autoridad apost\u00f3lica, hicieron caso omiso del anatema, y siguieron celebrando \u00ab<em>los officis divinals<\/em>\u00bb y predicando en las diferentes iglesias y monasterios. Y en lugar de reflexionar sobre la Palabra de Dios en sus sermones, desde los p\u00falpitos (\u00ab<em>les trones<\/em>\u00bb) se dedicaron a \u00ab<em>malparlar dels capellans y enduir al poble que hajen de menys prear la escomunicatio<\/em>\u00bb<sup>437<\/sup>.<\/p>\n<p>Considerando inaceptable la actitud adoptada por los frailes, el cap\u00edtulo del Salvador y los oficiales municipales se vieron obligados a recurrir al obispo Almeyda. Por ello, el 19 de julio -de ese a\u00f1o 1553- decidieron enviar a Murcia a un emisario de peso, el pavorde de la citada iglesia mayor. Y tres d\u00edas despu\u00e9s, D. Jaime Ferr\u00e1ndez compareci\u00f3 ante el prelado; le coment\u00f3 que los regulares no s\u00f3lo hab\u00edan dejado de participar en las procesiones, provocando que \u00e9stas tuviesen que dejar de celebrarse, sino que estaban proporcionando un p\u00e9simo \u00ab<em>exemplo para el pueblo<\/em>\u00bb y un \u00ab<em>muy grande deservicio de Dios<\/em>\u00bb; y le pidi\u00f3 ayuda \u00ab<em>como padre y pastor que es de esta ciudad<\/em>\u00bb. D. Esteban le respondi\u00f3 ordenando al cap\u00edtulo del Salvador que no dejase de celebrar \u00ab<em>las procesiones acostumbradas, sin religiosos o con ellos<\/em>\u00bb, y mandando a los fieles oriolanos que no fuesen \u00ab<em>a hoyr los officis divinals als dits monestirs, sino a sa parroquia<\/em>\u00bb<sup>438<\/sup>.<\/p>\n<p>La contestaci\u00f3n del obispo no satisfizo por completo al cap\u00edtulo del Salvador, por lo que el 25 de julio, dos representantes del citado organismo, el chantre Jaime de Soler y el can\u00f3nigo Francisco Roca, se presentaron ante el <em>Consell<\/em> de la ciudad. En primer lugar, tras hacer un r\u00e1pido planteamiento de la situaci\u00f3n, se quejaron de dos circunstancias que les parec\u00edan inadmisibles. Por una parte, de que los frailes anatemizados aprovechasen sus sermones para propagar injurias contra los cl\u00e9rigos de la sede oriolana, pues -dec\u00edan- no era \u00ab<em>la trona lloch per a tractarse de semblant negosciacio per la multitut que concorre a hoyr la paraula de Deu<\/em>\u00bb. Y por otra, del mal ejemplo que estaban dando al pueblo al no hacer ning\u00fan caso a la excomuni\u00f3n que les hab\u00eda sido impuesta por su rebeld\u00eda contra los mandatos apost\u00f3licos, \u00ab<em>majorment en aquest temps que los eretjes no treballen sino en induir als pobles que hajen de menys prear les escomunications e manaments de nostra Sancta Mare Sglesia y de nostre sanct pare<\/em>\u00bb. Y a continuaci\u00f3n pasaron a suplicar a la corporaci\u00f3n municipal que interviniese para cortar los abusos y lograr que los frailes actuasen \u00ab<em>segons lley divina e humana<\/em>\u00bb. Y para ello, propusieron un m\u00e9todo f\u00e1cil y seguro: quitarles todas las limosnas que la ciudad les daba, incluso las que serv\u00edan para pagar los \u00ab<em>sermons de Quaresma<\/em>\u00bb, porque no era justo -arg\u00fc\u00edan contundentemente- que \u00ab<em>qui no treballa haja de menjar<\/em>\u00bb<sup>439<\/sup>.<\/p>\n<p>Aunque no lo hemos podido constatar documentalmente, no creemos que el <em>Consell<\/em> llegase a aceptar la suplicaci\u00f3n del cap\u00edtulo. No obstante, lo que s\u00ed parece cierto es que, tras enterarse de la propuesta capitular, los priores de los conventos afectados consiguieron hacer que los cl\u00e9rigos del Salvador fuesen tambi\u00e9n anatemizados. Ello gener\u00f3 una confusi\u00f3n ingente entre la poblaci\u00f3n, no s\u00f3lo porque muchos de los eclesi\u00e1sticos residentes en la ciudad estaban excomulgados, sino tambi\u00e9n porque durante esas fechas los vecinos de Orihuela pod\u00edan ganar el \u00ab<em>sancto jubileo<\/em>\u00bb, y muy pocos -por no decir ninguno- sab\u00edan a ciencia cierta qu\u00e9 eclesi\u00e1sticos estaban te\u00f3ricamente inhabilitados. La situaci\u00f3n lleg\u00f3 a ser tan ca\u00f3tica, por ambos motivos, que el 30 de julio los mun\u00edcipes se vieron forzados de nuevo a intervenir. Con suma urgencia, notificaron a los priores de los conventos y al cap\u00edtulo del Salvador que compareciesen el d\u00eda siguiente ante el provisor del obispado de Cartagena, D. Diego Gonz\u00e1lez, a fin de que \u00e9ste pudiese confeccionar una relaci\u00f3n de excomulgados, haciendo desaparecer de esa manera \u00ab<em>todo el desasosiego y inquietut de cons\u00e7ien\u00e7ias<\/em>\u00bb. Y a continuaci\u00f3n, le escribieron al citado vicario general para ponerle al corriente de la situaci\u00f3n que se estaba viviendo en la ciudad del Bajo Segura y solicitarle auxilio<sup>440<\/sup>.<\/p>\n<p>Sin embargo, pese a la voluntad de las autoridades laicas, la entrada en escena del provisor Gonz\u00e1lez no supuso la suavizaci\u00f3n de las tensiones. Muy al contrario, \u00e9stas siguieron creciendo, y llegaron a su punto culminante cuando dos curas de la parroquial de las Santas Justa y Rufina, Jaime Ferriol y Juan de Jaca, que siempre hab\u00edan destacado por su buena doctrina y costumbres, fueron severamente castigados por desobedecer un mandato suyo.<\/p>\n<p>En dicho mandamiento hemos de buscar el origen del incidente. El provisor accedi\u00f3 a una petici\u00f3n del prior del convento de Santo Domingo, fr. Tom\u00e1s de los Reyes, y le despach\u00f3 un decreto \u00ab<em>en el qual mandava al cabildo desta cuidad y a los curas della que dexasen predicar al dicho prior siempre que quisiese<\/em>\u00bb. Una disposici\u00f3n que no era nada prudente si tenemos en cuenta el mal talante que en aquellos momentos ten\u00edan las relaciones entre los cl\u00e9rigos seculares y regulares de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura; y a\u00fan m\u00e1s, el corrupto uso que estaban dando algunos frailes a sus pr\u00e9dicas, entre ellos, los priores de los monasterios de San Agust\u00edn y Santo Domingo, quienes desde los p\u00falpitos de las iglesias de sus respectivos conventos ya hab\u00edan atacado con injurias al cap\u00edtulo del Salvador.<\/p>\n<p>El dominico volvi\u00f3 raudo a Orihuela y present\u00f3 el mandato a los curas de las tres iglesias de la ciudad. \u00c9stos apelaron de inmediato al metropolitano valentino.<\/p>\n<p>Los incidentes se precipitaron cuando el prior quiso predicar en la parroquial de las Santas Justa y Rufina. Los se\u00f1alados presb\u00edteros Jaca y Ferriol le impidieron hacerlo, y el dominico se fue directo a Murcia, a darle cuenta al provisor de la desobediencia de los curas. El vicario general mand\u00f3 llamar de inmediato a los presb\u00edteros. Pero, estando Jaca \u00ab<em>impedit de \u00e7erta malaltia<\/em>\u00bb, s\u00f3lo pudo comparecer Ferriol ante \u00e9l. A Gonz\u00e1lez poco le import\u00f3 su ausencia pues ya ten\u00eda pensado c\u00f3mo castigar la osad\u00eda de los cl\u00e9rigos. Los priv\u00f3 de oficio y beneficio, y los desterr\u00f3 del obispado. Y Jaca y Ferriol tuvieron que irse a Biar, que estaba fuera de la di\u00f3cesis cartaginense, a esperar la resoluci\u00f3n del recurso<sup>441<\/sup>.<\/p>\n<p>La injusticia cometida con los dos cl\u00e9rigos no pas\u00f3 desapercibida para los mun\u00edcipes oriolanos, quienes el 13 de agosto le escribieron una carta al provisor Gonz\u00e1lez, en la que le aclararon que con su comportamiento los curas \u00fanicamente hab\u00edan querido evitar un esc\u00e1ndalo, y le suplicaron que tuviese \u00ab<em>misericordia e piedad<\/em>\u00bb con ellos, pues hab\u00edan obrado de buena intenci\u00f3n, y eran dos presb\u00edteros ejemplares<sup>442<\/sup>.<\/p>\n<p>Pese a sus loables intenciones, la misiva de los mun\u00edcipes no conllev\u00f3 beneficio alguno para los curas sancionados. Al contrario, fue paralela a un recrudecimiento de la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tras castigar la rebeld\u00eda de los cl\u00e9rigos de Santa Justa, el provisor quiso comprobar si los cl\u00e9rigos del Salvador estaban tambi\u00e9n dispuestos a desobedecerle. Por ello, hizo que les presentasen al pavorde Jaime Ferr\u00e1ndez y a los can\u00f3nigos Juan de Albado y Jacobo Nardo un mandato suyo en el que les ordenaba que permitiesen al prior de Santo Domingo que predicase en la citada iglesia mayor. Toda una provocaci\u00f3n, teniendo en cuenta los antecedentes de fr. Tom\u00e1s de los Reyes. Ferr\u00e1ndez, Albado y Nardo le solicitaron una copia del mandato, y cuando la tuvieron, convocaron al cap\u00edtulo, y \u00e9ste, de modo un\u00e1nime, decidi\u00f3 apelar ante el arzobispo de Valencia.<\/p>\n<p>Entonces, el provisor, pasando por alto los derechos de los capitulares, expidi\u00f3 un edicto en el que ordenaba al pavorde y a los dos can\u00f3nigos, so pena de 8 ducados y excomuni\u00f3n, que compareciesen ante \u00e9l en el plazo de tres d\u00edas para tratar ciertos asuntos tocantes al servicio de Dios&#8230; Y le mand\u00f3 al presb\u00edtero oriolano Luis Sans, que estaba en Murcia ocup\u00e1ndose de ciertos negocios particulares, que les presentase el decreto cuando retornase a la ciudad del Bajo Segura. Los tres cl\u00e9rigos del Salvador acudieron a la cita temiendo lo peor. Y de acuerdo con sus recelos, el provisor les indic\u00f3 tan sencilla como irregularmente que no podr\u00edan salir de Murcia hasta que retirasen la apelaci\u00f3n y cumpliesen sus mandatos. Ferr\u00e1ndez, Albado y Nardo le respondieron al provisor que no ten\u00edan ninguna intenci\u00f3n de retirar el recurso, y aceptaron tener \u00ab<em>la ciutat per presso<\/em>\u00bb<sup>443<\/sup>.<\/p>\n<p>Cuando la disposici\u00f3n del vicario general se hizo p\u00fablica en Orihuela, las autoridades de la ciudad decidieron aunar fuerzas para tratar de solucionar la vejatoria situaci\u00f3n. Y tras algunas deliberaciones, el 28 de agosto acordaron escribir al obispo Almeyda para explicarle que con la interposici\u00f3n del recurso no hab\u00edan querido \u00ab<em>deservir a vuestra senyoria, sino quitar toda manera de escandalo<\/em>\u00bb, y suplicarle que alzase el destierro de Jaca y Ferriol y permitiese volver al pavorde y los can\u00f3nigos, \u00ab<em>pues su larga prision se puede contar por pena y penitencia de su delicto<\/em>\u00bb<sup>444<\/sup>.<\/p>\n<p>Obsta decir que Almeyda no movi\u00f3 un solo dedo en favor de los cl\u00e9rigos oriolanos. Por ello, los mandatarios de la ciudad del Bajo Segura decidieron acudir al metropolitano valentino. Y esta vez s\u00ed tuvieron suerte, pues el arzobispo comprendi\u00f3 que los modos de proceder del <em>Portugu\u00e9s<\/em> y de su oficial hab\u00edan sido incorrectos, y despach\u00f3 un mandato anulando todas las penas impuestas por el provisor.<\/p>\n<p>El pavorde y los can\u00f3nigos pasaron en Murcia unas tres semanas. Durante dicho per\u00edodo, el provisor les pidi\u00f3 en repetidas ocasiones que obedeciesen sus mandatos y retirasen la apelaci\u00f3n, pero los cl\u00e9rigos siguieron neg\u00e1ndose. Entonces, el hastiado oficial episcopal se dedic\u00f3 a presionar y vejar al pavorde, amenaz\u00e1ndole con \u00ab<em>majors presons<\/em>\u00bb, o prohibi\u00e9ndole la entrada en la casa del tesorero de Murcia, que era donde se aposentaba. Los intentos de Gonz\u00e1lez fueron definitivamente in\u00fatiles, pues Ferr\u00e1ndez, Albado y Nardo aguantaron sus molestias hasta que lleg\u00f3 la inhibitoria del arzobispo y despu\u00e9s retornaron a Orihuela.<\/p>\n<p>La provisi\u00f3n del metropolitano no signific\u00f3, empero, el fin de las discordias. Aunque el provisor la acat\u00f3 en un primer momento, tras absolver las penas impuestas sobre los cinco eclesi\u00e1sticos citados, volvi\u00f3 a atentar contra la libertad de los cl\u00e9rigos de la ciudad del Bajo Segura.<\/p>\n<p>En este contexto tuvo cierta fama el episodio de la persecuci\u00f3n del presb\u00edtero Jaume Rius. El vicario general envi\u00f3 a Orihuela al fiscal del obispo con la misi\u00f3n de detener al citado Rius y llevarlo a Murcia. Ya en Orihuela, el nuncio episcopal, que iba acompa\u00f1ado por un criado, encontr\u00f3 a Rius hablando con mos\u00e9n Jaume Gallent -un beneficiado de Santa Justa-, entre dicha iglesia y la plaza de la ciudad. Y desde la puerta de la citada parroquial llam\u00f3 a ambos presb\u00edteros. Rius y Gallent se acercaron para ver qu\u00e9 quer\u00eda el oficial. Y cuando el primero de ellos comprendi\u00f3 que el fiscal quer\u00eda detenerle, solt\u00f3 un \u00ab<em>manten<\/em>\u00bb que con \u00e9l llevaba y comenz\u00f3 a correr, huyendo por una calle que estaba junto a las Cortes de la ciudad, en direcci\u00f3n a la casa de su padre, Nicolau Rius. El nuncio y su criado emprendieron la persecuci\u00f3n tras desenvainar sus espadas. Las altisonantes voces de los oficiales episcopales -no paraban de gritar \u00ab<em>Tente<\/em>\u00bb y \u00ab<em>Tente traydor<\/em>\u00bb- alertaron a la gente, de modo que la persecuci\u00f3n fue observada por muchos ojos estupefactos. En su huida, Rius baj\u00f3 por una calle que estaba frente al campanario de Santa Justa, mir\u00f3 hacia atr\u00e1s para comprobar a qu\u00e9 distancia ven\u00eda el primero de sus perseguidores -que era el criado del fiscal- y se estrell\u00f3 contra la pared de la torre del citado campanario, d\u00e1ndose un golpe tan fuerte que los que lo hab\u00edan presenciado lo creyeron mortal. El criado del nuncio alcanz\u00f3 al aturdido Rius. No obstante, antes de que pudiese inmovilizarlo, un maestro guantero llamado Juan Font crey\u00f3 que lo iba a rematar y se le interpuso. Rius aprovech\u00f3 el instante de confusi\u00f3n para reemprender la huida, y se puso de nuevo a correr, esta vez en direcci\u00f3n hacia la iglesia de Santiago, con la intenci\u00f3n de refugiarse en la casa de su cu\u00f1ado Fran\u00e7\u00e9s Silvestre. Tanto el fiscal como su criado prosiguieron la persecuci\u00f3n, empu\u00f1ando sus espadas y profiriendo exabruptos. El griter\u00edo llam\u00f3 la atenci\u00f3n de muchos vecinos, que de inmediato salieron en defensa del cura oriolano, permiti\u00e9ndole llegar al domicilio de su cu\u00f1ado. Entonces, el fiscal trat\u00f3 de forzar la puerta de la casa para capturarlo, pero los criados y familiares del caballero se lo impidieron. Entre tanto, acudieron al lugar muchas personas armadas con lanzas y espadas, y \u00fanicamente la intervenci\u00f3n del asesor del gobernador, Andreu Mart\u00ed, pudo evitar que la sangre llegase al r\u00edo. Pese a que el incidente acab\u00f3 de un modo pac\u00edfico, los habitantes de Orihuela -y en particular los parientes de Rius- quedaron muy molestos con el modo de proceder de los oficiales episcopales<sup>445<\/sup>.<\/p>\n<p>Como ya hemos apuntado, el incidente de Jaume Rius no fue un suceso aislado. Entre finales de agosto y principios de septiembre, el provisor Gonz\u00e1lez volvi\u00f3 a enviar al nuncio episcopal en diversas ocasiones con la misi\u00f3n de prender a diferentes cl\u00e9rigos de la ciudad, entre los que podemos citar a algunos can\u00f3nigos del Salvador o al propio chantre Jaime de Soler. No obstante, no pudo llevar a cabo sus planes porque los acusados recibieron la protecci\u00f3n del gobernador y de su asesor<sup>446<\/sup>.<\/p>\n<p>La permisividad del obispo Almeyda ante la actitud beligerante del provisor y los dem\u00e1s oficiales episcopales acab\u00f3 por hastiar a las autoridades municipales oriolanas, por lo que decidieron hacer llegar de nuevo sus quejas al arzobispo de Valencia, y solicitar el auxilio del duque de Maqueda.<\/p>\n<p>El 7 de septiembre le enviaron al metropolitano un escrito, en el que le comunicaron que el <em>Portugu\u00e9s<\/em> y sus ayudantes no hab\u00edan dejado de molestar a los cl\u00e9rigos del Salvador desde el momento en que interpusieron la apelaci\u00f3n contra el mandato favorable al prior de Santo Domingo. Le recordaron que la corporaci\u00f3n municipal -y no el obispo, ni su provisor- era la instituci\u00f3n que se hac\u00eda cargo de pagar los salarios de los predicadores y de dar las limosnas a los frailes. Y en atenci\u00f3n a ambos factores, le suplicaron que ordenase al obispo y sus oficiales que dejasen de vejar al referido cap\u00edtulo de la iglesia mayor<sup>447<\/sup>.<\/p>\n<p>Y dos d\u00edas despu\u00e9s le remitieron otra misiva al duque de Maqueda. En ella, le comentaron que el obispo se hab\u00eda puesto claramente de parte \u00ab<em>de los de la ciudad de Murcia<\/em>\u00bb, que a causa del comentado recurso hab\u00eda tratado de \u00ab<em>hazelle toda mala obra<\/em>\u00bb al cap\u00edtulo del Salvador, y que tambi\u00e9n hab\u00eda procedido contra el gobernador por no darle \u00ab<em>auxilio contra los exemtos de su jurisdiction<\/em>\u00bb. Y le suplicaron que escribiese al referido gobernador que siguiese prestando su apoyo al cap\u00edtulo, frente a los abusos cartaginenses<sup>448<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras todo esto ocurr\u00eda en Orihuela, los s\u00edndicos Jaime Mart\u00ed y Baltasar G\u00f3mez se hallaban en Valladolid, defendiendo los intereses de la ciudad.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s arribar a la ciudad castellana, los procuradores consiguieron entrevistarse con el pr\u00edncipe Felipe. Durante la comparecencia, le dieron sus credenciales, le recordaron \u00ab<em>los greujes y opresions causades a la ciutat y esglesias axi per la repartisio del subsidi com per la crida<\/em> [de la seda]\u00bb, y le entregaron copias de los privilegios que demostraban el car\u00e1cter realengo y secular del tercio diezmo. Y siguiendo el procedimiento ordinario, D. Felipe remiti\u00f3 el caso al Consejo de Arag\u00f3n.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, Mart\u00ed y G\u00f3mez presentaron la cuesti\u00f3n de las f\u00e1bricas ante los doctores del citado organismo, y \u00e9stos les dieron la raz\u00f3n. Animados por la favorable acogida del Consejo, fueron a buscar el auxilio legal de micer Jer\u00f3nimo Soriano, quien ten\u00eda la fama de ser \u00ab<em>lo mes principal doctor que ay en cort<\/em>\u00bb. El abogado comprendi\u00f3 tambi\u00e9n la licitud de las reclamaciones oriolanas, por lo que les prepar\u00f3 una escritura para el obispo de Lugo, y les dijo que \u00e9l mismo se encargar\u00eda del caso.<\/p>\n<p>Satisfechos por los apoyos recibidos, G\u00f3mez y Mart\u00ed le pidieron audiencia al comisario general, le presentaron la s\u00faplica redactada por Soriano, y le rogaron de palabra que absolviese a los fabriqueros y liberase a las f\u00e1bricas del pago del subsidio. El prelado les remiti\u00f3 a un escribano suyo apellidado Dion con una cara que, seg\u00fan el testimonio de los procuradores, era \u00ab<em>tan de pocos amigos y tan colerica<\/em>\u00bb que era imposible describirla, porque, como afirmaban, era \u00ab<em>el home mes mal acondicionat y colerich del mon<\/em>\u00bb. Siguiendo las instrucciones del mitrado, se personaron ante su escribano, y le presentaron el referido escrito. Dion les emplaz\u00f3 para otro d\u00eda, sin prestarles mucha atenci\u00f3n. Por ello, los s\u00edndicos decidieron volver a comparecer ante el comisario, quien les remiti\u00f3 en esta ocasi\u00f3n al licenciado Osorio, su relator.<\/p>\n<p>Los procuradores comenzaron a buscar a Osorio por la ciudad, pero no hallaron m\u00e1s que a un criado suyo que les indic\u00f3 que su amo estaba en Palencia. El relator volvi\u00f3 a la ciudad del Pisuerga dos d\u00edas despu\u00e9s. Entonces, G\u00f3mez y Mart\u00ed lo localizaron, y le entregaron toda la documentaci\u00f3n que portaban. Osorio les contest\u00f3 que \u00ab<em>no sabia leer ni entender la lengua valenciana<\/em>\u00bb, por lo que los s\u00edndicos tuvieron que hacer de int\u00e9rpretes, y para darle mayor tranquilidad, se ofrecieron a \u00ab<em>trasladar en castellano<\/em>\u00bb los documentos. Osorio les contest\u00f3 que no era necesario, y les coment\u00f3 que pod\u00edan alegrarse pues ten\u00edan \u00ab<em>buenos hautos y mucha justicia<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, los s\u00edndicos volvieron a hablar con el obispo de Lugo, y le preguntaron si Osorio le hab\u00eda hecho relaci\u00f3n del caso. El mitrado les respondi\u00f3 afirmativamente, y les dijo que el relator le hab\u00eda comentado que, tras analizar los privilegios, hab\u00eda entendido que las rentas de las f\u00e1bricas \u00fanicamente estaban exentas de contribuir en subsidios tocantes al obispo de Cartagena. Los procuradores le replicaron que Osorio no hab\u00eda \u00ab<em>bien mirado los autos ni la scriptura ordenada<\/em>\u00bb por Soriano, y que los citados frutos, por ser bienes realengos y seculares, no pod\u00edan ser incluidos en ning\u00fan tipo de exacci\u00f3n eclesi\u00e1stica. El razonamiento de los s\u00edndicos hizo dudar al prelado, por lo que decidi\u00f3 remitirlos de nuevo al relator. Mart\u00ed y G\u00f3mez se entrevistaron con \u00e9l por segunda vez, le comentaron lo que le hab\u00edan expuesto al comisario y le explicaron todas las pruebas. Tras o\u00edr la argumentaci\u00f3n, Osorio manifest\u00f3 en un primer momento que estaba \u00ab<em>confus<\/em>\u00bb. No obstante, poco despu\u00e9s, afirm\u00f3 comprender las razones oriolanas, y les anunci\u00f3 que volver\u00eda a informar al obispo.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana siguiente, los s\u00edndicos fueron a buscar a Osorio para preguntarle si hab\u00eda tratado la cuesti\u00f3n de las f\u00e1bricas con el comisario general. El relator les contest\u00f3 que s\u00ed, y que el obispo se hab\u00eda resuelto a hacer comparecer ante \u00e9l al \u00ab<em>repartidor y al cabildo de Murcia<\/em>\u00bb. Los procuradores se quedaron \u00ab<em>maravellats<\/em>\u00bb con la noticia, y fueron inmediatamente a preguntarle al prelado por qu\u00e9 hab\u00eda de convocar al cabildo cartaginense cuando no ten\u00eda nada que ver con la situaci\u00f3n. El mitrado les contest\u00f3 que lo que quer\u00eda era saber si las f\u00e1bricas hab\u00edan pagado alguna vez contribuciones de subsidios. Y les a\u00f1adi\u00f3 que si le demostraban que no lo hab\u00edan hecho nunca, mostr\u00e1ndole alguna declaraci\u00f3n del anterior comisario general, el cardenal de Sevilla, dar\u00eda por zanjada la controversia en favor de Orihuela. Viendo receptivo al prelado, los procuradores le pidieron que absolviese a los fabriqueros, pero \u00e9ste les respondi\u00f3 que dicha medida s\u00f3lo servir\u00eda para \u00ab<em>dilatar la paga al emperador<\/em>\u00bb, y que \u00fanicamente estaba dispuesto a exculparlos por un plazo de 50 d\u00edas, con la condici\u00f3n de que los mun\u00edcipes oriolanos diesen la cantidad requerida al can\u00f3nigo Mora, y remitiesen una \u00e1poca, \u00ab<em>un albaranet<\/em>\u00bb de la entrega.<\/p>\n<p>Tras escuchar la oferta del obispo, fueron a buscar el consejo del abogado Soriano, quien les recomend\u00f3 que no aceptasen la propuesta, pues les conven\u00eda m\u00e1s la citaci\u00f3n. Y as\u00ed se lo comentaron al comisario, quien expidi\u00f3 la citatoria y se la entreg\u00f3 a los s\u00edndicos. Y el 14 de septiembre, Mart\u00ed y G\u00f3mez se la enviaron a sus representados, a fin de que se la presentasen a sus destinatarios. Y por medio de un escrito, les comentaron que hiciesen las diligencias precisas, pues cre\u00edan que el caso ten\u00eda muchos visos de poder ser sentenciado a favor de las f\u00e1bricas, pese a que el obispo de Lugo estaba buscando\u00bb<em>algun punt en que aferar-se per a donar-nos sentencia contra<\/em>\u00bb<sup>449<\/sup>.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, los mandatarios oriolanos recibieron el env\u00edo de Valladolid. Notificaron la citatoria del obispo de Lugo al juez Mora y al cabildo de Cartagena, y se aprestaron a reenviarla a Valladolid, para que los procuradores se la presentaran al comisario, y \u00e9ste fijase el plazo para las comparecencias. Y el 2 de octubre, la remitieron junto con una nueva carta para los citados s\u00edndicos. En ella, les comentaron que estaban de acuerdo con la recomendaci\u00f3n de Jer\u00f3nimo Soriano de que no aceptasen la concordia propuesta por el prelado lucense para la absoluci\u00f3n de los fabriqueros. Y tratando de prever posibles males futuros, les pidieron que estuviesen atentos a los manejos de los murcianos en la corte pues, teniendo en cuenta los \u00faltimos acontecimientos, era muy probable que tratasen de conseguir que el pr\u00edncipe Felipe derogara el mandato que expidi\u00f3 en las \u00faltimas Cortes de Monz\u00f3n en favor de Orihuela; aqu\u00e9l en el que prohib\u00eda al obispo de Cartagena juzgar a los cl\u00e9rigos oriolanos fuera de la ciudad del Bajo Segura<sup>450<\/sup>.<\/p>\n<p>Ciertamente, la posibilidad de que el cabildo y el prelado cartaginenses pudiesen conseguir la anulaci\u00f3n de dicha orden debi\u00f3 inquietar a las autoridades oriolanas -tanto eclesi\u00e1sticas como laicas-. Y dicha preocupaci\u00f3n debi\u00f3 ser la que el 12 de octubre movi\u00f3 al cap\u00edtulo del Salvador, al procurador fiscal y a los propios mun\u00edcipes a solicitar conjuntamente al gobernador D. Nu\u00f1o del \u00c1guila que aceptase supervisar la confecci\u00f3n de un informe que les sirviese como prueba para demostrar que en repetidas ocasiones los oficiales del obispo Almeyda hab\u00edan tratado de llevar por la fuerza a Murcia a diferentes cl\u00e9rigos oriolanos, perpetrando todo tipo de abusos y esc\u00e1ndalos. El gobernador accedi\u00f3 a la petici\u00f3n, y dio paso a los interrogatorios<sup>451<\/sup>.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en Valladolid, Jaime Mart\u00ed y Baltasar G\u00f3mez recibieron el env\u00edo de Orihuela el mismo 12 de octubre. La ma\u00f1ana del d\u00eda siguiente fueron a presentarle la citatoria al obispo de Lugo, para que fijase el t\u00e9rmino para la comparecencia de las partes, pues cre\u00edan muy factible que los murcianos no llegasen a acudir a la llamada del comisario general, y entonces habr\u00edan de acusarlos de contumacia. Pero se toparon con una inesperada dificultad: el prelado hab\u00eda retornado a tierras gallegas, dejando a cargo de las cuestiones relacionadas con el subsidio, a \u00ab<em>los inquisidores<\/em>\u00bb -la documentaci\u00f3n no especifica m\u00e1s datos sobre ellos-. Y aunque se entrevistaron con el relator Osorio y con otros ayudantes del comisario (un procurador y un asesor llamado Gregorio Loyes), no lograron que fuese fijado el referido plazo, y quedaron a la espera de que se pusiesen de acuerdo o volviese el obispo de Lugo<sup>452<\/sup>.<\/p>\n<p>En Orihuela, los excesos del provisor y el fiscal del obispado siguieron siendo motivo de nuevas tensiones. A principios de octubre tuvo lugar un suceso que molest\u00f3 mucho a los habitantes de la poblaci\u00f3n del Bajo Segura. El citado fiscal public\u00f3 en la \u00ab<em>Seu<\/em>\u00bb, a instancias de D. Diego Gonz\u00e1lez, un \u00ab<em>cartell diffamatori<\/em>\u00bb contra el chantre Jaime de Soler, en el que se acusaba al anciano eclesi\u00e1stico -ten\u00eda m\u00e1s de 80 a\u00f1os y era tenido por persona muy honrada y respetable- de mantener una relaci\u00f3n amorosa con una mujer casada. La acusaci\u00f3n caus\u00f3 un enorme revuelo en El Salvador. El fiscal, temiendo por su integridad personal, se march\u00f3 r\u00e1pidamente a Murcia, sin proceder contra el chantre. Y tom\u00f3 la decisi\u00f3n acertada pues, tras enterarse de la imputaci\u00f3n, el marido y los parientes de la esposa infamada estuvieron unas cuantas horas busc\u00e1ndolo por la ciudad, con la intenci\u00f3n de acabar con su vida<sup>453<\/sup>.<\/p>\n<p>Tras este suceso, el provisor cambi\u00f3 el objetivo de sus ataques, y comenz\u00f3 a despachar mandamientos y censuras contra el asesor del gobernador, D. Andreu Mart\u00ed. Todo ello movi\u00f3 a las autoridades oriolanas a plantearse la conveniencia de informar de los abusos cartaginenses al propio regente Felipe y al Consejo de Arag\u00f3n. As\u00ed, el 5 de noviembre prepararon una nueva misiva para los s\u00edndicos Mart\u00ed y G\u00f3mez, en la que les dieron aviso de los continuos ataques del provisor contra los cl\u00e9rigos del Salvador y contra el asesor del gobernador, y les pidieron que le presentaran al pr\u00edncipe y a los doctores del citado organismo consultivo el informe que hab\u00edan preparado con la anuencia de D. Nu\u00f1o del \u00c1guila. Y dos d\u00edas despu\u00e9s -el 7-, redactaron las cartas que los procuradores tendr\u00edan que entregar al hijo del emperador y al Consejo. En ambas pusieron especial \u00e9nfasis en se\u00f1alar que la actitud del provisor estaba perturbando el ejercicio de la autoridad real en Orihuela, y que si la situaci\u00f3n no era remediada no pasar\u00eda mucho tiempo para que comenzasen a arreciar los esc\u00e1ndalos<sup>454<\/sup>.<\/p>\n<p>Y tras enviar la documentaci\u00f3n a Valladolid, el d\u00eda octavo del citado und\u00e9cimo mes, los mun\u00edcipes tuvieron a bien volver a dirigirse por escrito a D. Esteban de Almeyda, a fin de explicarle por qu\u00e9 consideraban un enorme agravio que tratase de llevar presos a Murcia a los cl\u00e9rigos de Orihuela. En primer lugar, le aclararon que \u00ab<em>por las antigas enemistades<\/em>\u00bb que desde siempre hab\u00edan enfrentado a las poblaciones de ambas ciudades, los presb\u00edteros oriolanos no deseaban \u00ab<em>estar en poder de personas que son sus enemigos<\/em>\u00bb. En segundo lugar, le comentaron que cuando Carlos I se ausent\u00f3 de sus reinos de Espa\u00f1a, dej\u00f3 claro que no quer\u00eda que hubiese innovaci\u00f3n alguna en el Pleito del Obispado, y el hecho de llevar cl\u00e9rigos oriolanos presos a Murcia hab\u00eda de constituir una novedad provocadora de estruendosas consecuencias. Y en tercer lugar, le recordaron que el pr\u00edncipe Felipe le hab\u00eda escrito desde Monz\u00f3n para pedirle que \u00ab<em>en todo y por todo se guardasse la voluntad de Su Magestad<\/em>\u00bb. Adem\u00e1s, le suplicaron que se acordase de que \u00ab<em>dos vezes ha ofrecido a esta \u00e7iudad, estando en ella, la una en casa de Guillem Prats y la otra en casa de la viuda de don Francisco Rocamora, que si se hallava con Su Alteza trabajaria en que se quitasse el agravio y agravios que pretende esta ciudad y cabildo en el pleyto que se trata de la erection desta yglesia en cathedral<\/em>\u00bb. Despu\u00e9s, le aseguraron que tanto los miembros del cap\u00edtulo del Salvador como el resto de cl\u00e9rigos de la ciudad \u00ab<em>olgaran en extremo de tomar la correction y castigo de vuestra senyoria quando lo merescieren, como de senyor y pastor y padre ques de todos, con tal emienda de su vida que sea Dios servido y la conscien\u00e7ia de vuestra senyoria descargada, y satisfecho al exemplo que se ha de dar a todos<\/em>\u00bb, siempre que la correcci\u00f3n y el castigo tuviesen lugar dentro de Orihuela. Y, para concluir, le suplicaron que \u00ab<em>por el servi\u00e7io de Dios y de Su Magestad, de Su Alteza, y hazer a esta ciudad muy senyalada mer\u00e7ed, y por la benignidad que de vuestra senyoria se espera que ha de usar con estas sus ovejas, por la quietud que desto resultara a estas dos ciudades, la respuesta sea tal como de un pastor tan christiano y zelador del bien de sus ovejas se espera, especialmente que como havemos dicho lo tiene ya offrescido vuestra senyoria a esta ciudad<\/em>\u00bb; esto es, le rogaron que no volviese a llevarse presos a Murcia a los eclesi\u00e1sticos de Orihuela<sup>455<\/sup>.<\/p>\n<p>A partir de este momento, las carencias documentales nos hacer perder un poco el hilo de los acontecimientos. No obstante, creemos que los procuradores Mart\u00ed y G\u00f3mez consiguieron finalmente que el comisario general o sus diputados fijaran el plazo de las comparecencias. Y pensamos que el t\u00e9rmino asignado debi\u00f3 ser de muchos d\u00edas porque los s\u00edndicos retornaron a Orihuela el 25 de noviembre<sup>456<\/sup>. Por contra, el hecho de que arribasen a la ciudad del Bajo Segura en dicha fecha, nos inclina a considerar que no tuvieron tiempo material para poder hacer llegar al pr\u00edncipe Felipe y al Consejo de Arag\u00f3n las protestas de los mun\u00edcipes contra los abusos de los oficiales episcopales.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, el 3 de diciembre, el <em>Consell<\/em> se reuni\u00f3 para designar a los nuevos s\u00edndicos que habr\u00edan de ir a la corte del pr\u00edncipe para proseguir los negocios de la ciudad. Y los elegidos fueron Franc\u00e9s Silvestre y Andreu Manresa<sup>457<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, el nombramiento del primero de ellos debi\u00f3 suscitar alg\u00fan problema ya que la expedici\u00f3n del sindicato se retras\u00f3 una semana, y el referido Silvestre fue sustituido por uno de los anteriores procuradores, Jaime Mart\u00ed<sup>458<\/sup>.<\/p>\n<p>A partir de este momento, volvemos a toparnos con otra laguna documental. La falta del <em>Contestador<\/em> municipal de 1554 nos impide conocer c\u00f3mo fueron las negociaciones de Mart\u00ed y Manresa en la corte, o c\u00f3mo termin\u00f3 la cuesti\u00f3n de los excesos de los oficiales episcopales. De dicho a\u00f1o, \u00fanicamente podemos decir que qued\u00f3 solucionado el problema del gobernador extranjero ya que D. Nu\u00f1o del \u00c1guila pas\u00f3 a ser curiosamente corregidor de Murcia<sup>459<\/sup>.<\/p>\n<p>1555 fue un a\u00f1o clave para la Historia de la Monarqu\u00eda Hisp\u00e1nica. Las consecuencias que se derivaron de la abdicaci\u00f3n del emperador hacen que nuestra narraci\u00f3n deba dirigirse sin m\u00e1s pre\u00e1mbulos hacia los Pa\u00edses Bajos, lugar en el que estaba Carlos I.<\/p>\n<p>De cualquier manera, no queremos cerrar este cap\u00edtulo sin escribir que las negociaciones oriolanas en la corte del pr\u00edncipe, por la cuesti\u00f3n del subsidio, prosiguieron durante este a\u00f1o. Y que pese a los repetidos intentos de los mun\u00edcipes, la controversia no pudo ser solucionada hasta 1560, a\u00f1o en que el ya rey Felipe II promulg\u00f3 sentencia en favor de las f\u00e1bricas en la ciudad castellana de Toledo. Llegaban nuevos tiempos para Orihuela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p>1A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 149v.-151v.<\/p>\n<p>2<em>Ibidem<\/em>, ff. 235v.-236.<\/p>\n<p>3A.M.O. Libro n\u00ba 54, <em>Contestador<\/em> de 1536, ff. 72-72v.<\/p>\n<p>4<em>Ibidem<\/em>, ff. 60-60v.<\/p>\n<p>5Estos datos tan particulares han sido extra\u00eddos de una informaci\u00f3n de testigos que fue realizada a instancias del justicia y los jurados de Orihuela, los d\u00edas 11, 12, 13 y 14 de julio de 1533, ante el lugarteniente del gobernador D. Luis Togores, para esclarecer los sucesos que siguieron a la intervenci\u00f3n del duque de Calabria. A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 362-376.<\/p>\n<p>6Hemos podido confeccionar esta lista gracias a las n\u00f3minas de encausados que aparecen en estos dos documentos. A.M.O. Libro n\u00ba 54, <em>Contestador<\/em> de 1536, ff. 60-60v., 170-172.<\/p>\n<p>7A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 236-238.<\/p>\n<p>8A.M.O. Libro n\u00ba 54, <em>Contestador<\/em> de 1536, ff. 292-304v.<\/p>\n<p>9A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 362-376.<\/p>\n<p>10MADARIAGA, S. de: <em>Carlos V<\/em>. Barcelona, 1995, p. 177.<\/p>\n<p>11A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 154v.-155v.<\/p>\n<p>12<em>Ibidem<\/em>, ff. 163-167v.<\/p>\n<p>13A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 225-226v.<\/p>\n<p>14<em>Ibidem<\/em>, f. 56.<\/p>\n<p>15<em>Ibidem<\/em>, f. 62.<\/p>\n<p>16<em>Ibidem<\/em>, ff. 60-60v.<\/p>\n<p>17<em>Ibidem<\/em>, ff. 60-63.<\/p>\n<p>18MADARIAGA, S. de, <em>op. cit.<\/em>, pp. 178-179.<\/p>\n<p>19Recalcamos que Mart\u00ednez fue por cuenta propia a Bolonia porque llevaba 27 meses sin que las autoridades oriolanas le hubiesen enviado ni un solo real. En semejantes condiciones, el honesto can\u00f3nigo tard\u00f3 en ir y volver a dicha ciudad \u00ab<em>dos mesos y mig<\/em>\u00bb, gastando en el trayecto una cabalgadura y 51 ducados de su propio peculio. A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 225-226v.<\/p>\n<p>20<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>21<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>22<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>23A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 113-116v.<\/p>\n<p>24La carta que envi\u00f3 a Orihuela se halla en <em>ibidem<\/em>, f. 134v.<\/p>\n<p>25<em>Ibidem<\/em>, ff. 135-135v., 137-138v.<\/p>\n<p>26<em>Ibidem<\/em>, ff. 146-147.<\/p>\n<p>27<em>Ibidem<\/em>, ff. 225-226v.<\/p>\n<p>28Dichos documentos se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 139-143v.<\/p>\n<p>29Quiz\u00e1 no fuese muy acertado tratar de disfrazarle al emperador los \u00ab<em>innumerables serveys<\/em>\u00bb prestados por los oriolanos durante la German\u00eda puesto que, precisamente, la participaci\u00f3n de la ciudad en la rebeli\u00f3n fue, junto a los aludidos favores castellanos, uno de los factores que inclinaron a Carlos I a patrocinar ante Clemente VII la causa cartaginense. No obstante, probablemente, presentando dicho argumento las autoridades de la ciudad del Bajo Segura pretend\u00edan reforzar su posici\u00f3n al respecto de la revuelta, esto es, que fue una sedici\u00f3n de alcance reducido y exclusivamente popular, y que, por encima de todo ello, la poblaci\u00f3n se vio grav\u00edsimamente perjudicada por el crudel\u00edsimo saqueo promovido por el marqu\u00e9s de los V\u00e9lez.<\/p>\n<p>30En relaci\u00f3n con cuestiones defensivas, P\u00e9rez ten\u00eda que solicitarle al monarca que volviese a ordenarle al marqu\u00e9s de los V\u00e9lez que devolviese \u00ab<em>la colebrina, sacre y dos falconets<\/em>\u00bb que rob\u00f3 durante el Saco de 1521, as\u00ed como las banderas de la ciudad y de sus caballeros. Tambi\u00e9n hab\u00eda de pedirle que adoptase las medidas convenientes para evitar los temibles efectos de las incursiones de Barbarroja. Por otra parte, en lo concerniente al regimiento, el s\u00edndico ten\u00eda que rogarle que mandase que las causas judiciales no fuesen abocadas en primera instancia a la Real Audiencia de Valencia, y que aprobase la imposici\u00f3n de la sisa bloqueada por el duque de Calabria, para favorecer la redenci\u00f3n de los m\u00faltiples censales que ahogaban la econom\u00eda municipal.<\/p>\n<p>31A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 139-143v.<\/p>\n<p>32<em>Ibidem<\/em>, ff. 183, 203.<\/p>\n<p>33<em>Ibidem<\/em>, f. 202.<\/p>\n<p>34<em>Ibidem<\/em>, ff. 201, 318-319v.<\/p>\n<p>35<em>Ibidem<\/em>, f. 292.<\/p>\n<p>36Hemos hallado una copia de dicha informaci\u00f3n de testigos en el A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 362-376.<\/p>\n<p>37No hemos podido precisar los motivos de su marcha. Es probable que tambi\u00e9n estuviese enfermo.<\/p>\n<p>38A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 292-293v.<\/p>\n<p>39A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 294, 323-325. Y Libro n\u00ba 54, <em>Contestador<\/em> de 1536, ff. 72-72v., 170-172. Hay que rese\u00f1ar que Carlos I les perdon\u00f3 a los encausados las penas aludidas pero no les libr\u00f3 del pago de las costas judiciales del proceso, esto es, \u00ab<em>les averies dels treballants, a raho de quatre sous per lliura, de la quantitat o pena ques demana o es condempnat<\/em>\u00bb (es decir, la quinta parte de la pena), \u00ab<em>e encara les despeses, \u00e7o es, salaris de offi\u00e7ials, dietes e pro\u00e7essos<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>40A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 299-300v.<\/p>\n<p>41A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 54-59v.<\/p>\n<p>42Hemos hallado diferentes traslados de la c\u00e9dula que Carlos I envi\u00f3 a las autoridades civiles de Orihuela. En el A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 240v.-241. Y tambi\u00e9n en el A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 377-377v. Y en el Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 61-62 y 267-267v.<\/p>\n<p>43A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 377-377v. Y Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 58-58v. Probablemente, no incluyeron en el sindicato a Mart\u00edn P\u00e9rez para que pudiese presentar en las Cortes, antes de su clausura, los agravios que a\u00fan no hab\u00edan sido remediados.<\/p>\n<p>44A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 379-379v. Y Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 57-57v.<\/p>\n<p>45A.M.O. Libro n\u00ba 2213, <em>Contestador<\/em> de 1533, ff. 377-380.<\/p>\n<p>46A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 54-59v.<\/p>\n<p>47Hemos hallado diferentes copias de las cartas que Carlos I remiti\u00f3 a las autoridades eclesi\u00e1sticas y municipales de Orihuela. A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 241-241v. A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 61-62 y 267-267v.<\/p>\n<p>48MADARIAGA, S. de., <em>op. cit.<\/em>, p. 179.<\/p>\n<p>49A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 50-50v., 52-52v.<\/p>\n<p>50<em>Ibidem<\/em>, ff. 61-62.<\/p>\n<p>51Puede hallarse m\u00e1s informaci\u00f3n sobre el caso de Segorbe-Albarrac\u00edn en MANSILLA REOYO, D.: \u00abLa reorganizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica espa\u00f1ola del siglo XVI. I. Arag\u00f3n-Catalu\u00f1a&#8230;\u00bb, pp. 169-179.<\/p>\n<p>52A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 63-65v.<\/p>\n<p>53<em>Ibidem<\/em>, ff. 51-51v., 53-56v. Hemos de destacar que micer May, tras oponerse en Roma a las aspiraciones oriolanas siguiendo \u00f3rdenes expresas de Carlos I, al volver a la corte del emperador se convirti\u00f3 en uno de los m\u00e1s firmes aliados de Orihuela y trat\u00f3 de fomentar siempre sus intereses episcopales.<\/p>\n<p>54<em>Ibidem<\/em>, ff. 216-217v.<\/p>\n<p>55A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 103, 272-272v., 277-278. Y Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 54-59v. A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 246-249v.<\/p>\n<p>56A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, f. 103v.<\/p>\n<p>57A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 182-182v., 272-273, 277-278. Y Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 54-59v. A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 246-249v.<\/p>\n<p>58A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 182-182v., 216-217v., 272-272v. Y Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 54-59v.<\/p>\n<p>59A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 181-181v.<\/p>\n<p>60A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 182-182v. A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 239-239v., 246-249v.<\/p>\n<p>61A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 181-182v., 277-277v. A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 239-239v.<\/p>\n<p>62A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 54-59v. A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 230v- 231v., 239-239v., 246-249v.<\/p>\n<p>63CAPPELLI, A., <em>op. cit.<\/em>, p. 275. El nuevo pont\u00edfice fue electo el 13 de octubre de 1534, y coronado el 1 de noviembre de ese mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>64A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, f. 220. Por otra parte, hemos de se\u00f1alar que los jurados de Orihuela, en representaci\u00f3n de la corporaci\u00f3n municipal, como acto de reconocimiento p\u00f3stumo a los servicios de Vicente Mart\u00ed, le entregaron la cantidad de dinero que le deb\u00edan por el \u00faltimo viaje a Toledo a su hijo Luis Vicente Mart\u00ed. <em>Ibidem<\/em>, ff. 216-218v.<\/p>\n<p>65<em>Ibidem<\/em>, ff. 273-278v.<\/p>\n<p>66<em>Ibidem<\/em>, ff. 272-272v.<\/p>\n<p>67A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 241v.-242, 242v-244v. A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 267-267v.<\/p>\n<p>68A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 256v.-258. Ese mismo d\u00eda 28, Luis Mart\u00ednez les reclam\u00f3 al justicia y los jurados de Orihuela el pago de 250 libras que a\u00fan le adeudaban por su embajada europea. Los oficiales le dieron 50 libras, y prometieron pagarle las 200 restantes de las rentas que recaudasen a lo largo del a\u00f1o siguiente -1535-. Por otra parte, a modo de comentario curioso, hemos de indicar que el 27 de noviembre les entregaron a los herederos del ya difunto can\u00f3nigo Jaime G\u00f3mez Daroca 40 sueldos que a\u00fan le deb\u00edan a \u00e9ste por la -nefasta- labor que desempe\u00f1\u00f3 en Roma entre 1525 y 1527. <em>Ibidem<\/em>, f. 263v.<\/p>\n<p>69<em>Ibidem<\/em>, ff. 271-271v.<\/p>\n<p>70Dicha n\u00f3mina documental aparece en <em>ibidem<\/em>, ff. 266-266v.<\/p>\n<p>71En este punto, hemos de recordar que la negativa murciana a la erecci\u00f3n episcopal se fundamentaba en dos aspectos: la p\u00e9rdida jurisdiccional sobre los territorios de la di\u00f3cesis oriolana; y, sobre todo, las dificultades que hallar\u00edan el obispo y el cabildo cartaginenses a la hora de cobrar las rentas que ten\u00edan situadas en dichos territorios pertenecientes al Reino de Valencia.<\/p>\n<p>72A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, ff. 268-268v.<\/p>\n<p>73<em>Ibidem<\/em>, ff. 270-270v.<\/p>\n<p>74MADARIAGA, S. de, <em>op. cit.<\/em>, p. 180.<\/p>\n<p>75A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 240, 246-249v. Y A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 54-59v.<\/p>\n<p>76A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 231v.-238.<\/p>\n<p>77A.M.O. Libro n\u00ba 53, <em>Contestador<\/em> de 1535, ff. 162-163v.<\/p>\n<p>78A.M.O. Libro n\u00ba 52, <em>Contestador<\/em> de 1534, f. 297.<\/p>\n<p>79A.M.O. Libro n\u00ba 53, <em>Contestador<\/em> de 1535, ff. 162-163v.<\/p>\n<p>80<em>Ibidem<\/em>, ff. 195-196v.<\/p>\n<p>81A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 361-362.<\/p>\n<p>82A.M.O. Libro n\u00ba 53, <em>Contestador<\/em> de 1535, ff. 195-196v.<\/p>\n<p>83A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 246-249v.<\/p>\n<p>84A.M.O. Libro n\u00ba 53, <em>Contestador<\/em> de 1535, ff. 195-196v.<\/p>\n<p>85A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 54-59v.<\/p>\n<p>86A.M.O. Libro n\u00ba 53, <em>Contestador<\/em> de 1535, ff. 351-352. Libro n\u00ba 54, <em>Contestador<\/em> de 1536, ff. 32-33. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 54-59v.<\/p>\n<p>87A.M.O. Libro n\u00ba 53, <em>Contestador<\/em> de 1535, f. 350.<\/p>\n<p>88<em>Ibidem<\/em>, ff. 351-352.<\/p>\n<p>89<em>Ibidem<\/em>, ff. 348-348v.<\/p>\n<p>90<em>Ibidem<\/em>, ff. 13-13v.<\/p>\n<p>91<em>Ibidem<\/em>, ff. 19-19v.<\/p>\n<p>92<em>Ibidem<\/em>, f. 20.<\/p>\n<p>93Conocemos que ocup\u00f3 este oficio el obispo de Tagaste gracias a una menci\u00f3n hallada en el A.M.O. Libro n\u00ba 54, <em>Contestador<\/em> de 1536, f. 29.<\/p>\n<p>94<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>95<em>Ibidem<\/em>, ff. 32-33.<\/p>\n<p>96<em>Ibidem<\/em>, ff. 34v., 155-157.<\/p>\n<p>97<em>Ibidem<\/em>, f. 42.<\/p>\n<p>98<em>Ibidem<\/em>, ff. 43-43v.<\/p>\n<p>99<em>Ibidem<\/em>, f. 46.<\/p>\n<p>100<em>Ibidem<\/em>, ff. 119-120v., 189v.-190.<\/p>\n<p>101<em>Ibidem<\/em>, ff. 58-60v., 69v.-70, 164-164v.<\/p>\n<p>102<em>Ibidem<\/em>, ff. 119-120v.<\/p>\n<p>103<em>Ibidem<\/em>, ff. 130-130v.<\/p>\n<p>104<em>Ibidem<\/em>, ff. 155-157, 159-160v., 162-163. La contabilidad de las rentas de las f\u00e1bricas del Salvador, las Santas Justa y Rufina, y Santiago era llevada por los respectivos fabriqueros, los cuales eran elegidos anualmente por los parroquianos de dichas iglesias. Los fabriqueros hab\u00edan de rendir cuentas ante los jurados de la ciudad, y las ten\u00eda que recibir el escribano del <em>Consell<\/em>. El cabildo de Cartagena no ten\u00eda ning\u00fan derecho a administrar dichos frutos, y aun menos a percibirlos, porque eran seglares, de realengo. No es necesario recordar que ten\u00edan su origen en la asignaci\u00f3n del tercio de los diezmos eclesi\u00e1sticos perteneciente a la Corona, realizada por Alfonso X el <em>Sabio<\/em> mediante un privilegio dado el 10 de marzo de 1281, que fue confirmado y ampliado en diferentes ocasiones por los reyes sucesivos.<\/p>\n<p>105<em>Ibidem<\/em>, ff. 189v.-190.<\/p>\n<p>106<em>Ibidem<\/em>, ff. 168-179.<\/p>\n<p>107<em>Ibidem<\/em>, ff. 180-182v.<\/p>\n<p>108<em>Ibidem<\/em>, ff. 186-188, 191.<\/p>\n<p>109<em>Ibidem<\/em>, ff. 194-194v.<\/p>\n<p>110<em>Ibidem<\/em>, ff. 191. El virrey accedi\u00f3 a conceder tal licencia porque los procuradores oriolanos le aseguraron que sus representados deseaban firmar nuevas obligaciones para poder redimir los costosos censales que estaban ahogando la econom\u00eda municipal, a fin de sustituirlos por otros asentados con intereses m\u00e1s bajos. El mismo <em>Contestador<\/em> de 1536, ff. 292-304v., gracias a un memorial sobre el estado de las cuentas y el regimiento de la ciudad que los ediles tuvieron que preparar por orden del duque de Calabria, nos permite conocer un interesant\u00edsimo dato: \u00ab<em>a causa de aquestos carregaments de censal<\/em>\u00bb, los ediles hab\u00edan de hacer frente anualmente a una \u00ab<em>suma de mes de xixanta cinch milia sous, poch mes o menys<\/em>\u00bb, unas 3.250 libras, y \u00ab<em>les rendes de aquella no basten per a pagar aquestes quantitats<\/em>\u00bb. Por ello era tan necesario sustituir algunas obligaciones por otras \u00ab<em>a menys for<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>111<em>Ibidem<\/em>, ff. 203-204.<\/p>\n<p>112<em>Ibidem<\/em>, f. 202.<\/p>\n<p>113<em>Ibidem<\/em>, ff. 212-213v.<\/p>\n<p>114<em>Ibidem<\/em>, ff. 215-216.<\/p>\n<p>115GARC\u00cdA C\u00c1RCEL, R.: <em>Cortes del reinado de Carlos I&#8230;<\/em>, p. X.<\/p>\n<p>116LYNCH, J.: <em>Espa\u00f1a bajo los Austrias&#8230;<\/em>, pp. 111-112. MADARIAGA, S. de, <em>op. cit.<\/em>, p. 155.<\/p>\n<p>117GARC\u00cdA C\u00c1RCEL, R., <em>op. cit.<\/em>, p. X.<\/p>\n<p>118A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 137-137v, 138-138v.<\/p>\n<p>119Desgraciadamente, entre los fondos de A.M.O. no se halla el <em>Contestador<\/em> correspondiente al a\u00f1o 1537. Por ello, toda la informaci\u00f3n expuesta acerca de la participaci\u00f3n oriolana en las Cortes del citado a\u00f1o procede de referencias indirectas halladas en los siguientes documentos: A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 69-70, 71-71v., 76v., 77, y 102. Y A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 230v- 231v.<\/p>\n<p>120A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 48-49.<\/p>\n<p>121<em>Ibidem<\/em>, f. 63.<\/p>\n<p>122<em>Ibidem<\/em>, ff. 54-82, 107-107v.<\/p>\n<p>123<em>Ibidem<\/em>, p. 81.<\/p>\n<p>124En las instrucciones, <em>ibidem<\/em>, ff. 54-59v., aparecen reflejadas las ofertas, los \u00ab<em>partits<\/em>\u00bb que los cartaginenses realizaron a los oriolanos, y que \u00e9stos se negaron a aceptar confiando en su justicia. En primer lugar, les plantearon la posibilidad de que la Iglesia oriolana mantuviese su obispado, quedando \u00e9ste formado por la propia capital del Bajo Segura, toda su huerta y la villa de Caudete, y que estuviese regido y administrado por un vicario general de Orihuela, y que las apelaciones se pudiesen elevar libremente tanto al vicario general de Cartagena como al arzobispo de Valencia. Los oriolanos desecharon la opci\u00f3n al considerar que no era justo que los recursos contra las decisiones del vicario general de Orihuela se pudiesen efectuar ante un oficial episcopal, el cartaginense, que, en teor\u00eda, ten\u00eda el mismo rango que el oriolano. Despu\u00e9s, les ofrecieron el mantenimiento intacto de la catedral\u00eda del Salvador y una cierta autonom\u00eda jur\u00eddica propiciada por el nombramiento de un vicario general de Orihuela y la posibilidad de apelar contra sus decisiones ante el metropolitano de Valencia, como compensaci\u00f3n por la p\u00e9rdida de la di\u00f3cesis y el cambio de intitulaci\u00f3n del prelado, que hab\u00eda de pasar a denominarse obispo de Cartagena en las iglesias de Murcia y Orihuela. Los oriolanos desestimaron la propuesta para no perder el t\u00edtulo episcopal. Tambi\u00e9n, llegaron a plantearles la posibilidad de que la Iglesia oriolana mantuviese como obispado la propia ciudad de Orihuela, su huerta y Caudete, quedando el resto de los territorios diocesanos del Reino de Valencia para la Iglesia cartaginense, Obviamente, rechazaron la oferta, dado que para ellos era inadmisible que las tierras de la gobernaci\u00f3n quedasen fragmentadas desde el punto de vista de la administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica. Y en esta misma direcci\u00f3n, optaron, asimismo, por desechar una \u00faltima opci\u00f3n cartaginense, consistente en que Orihuela y su huerta pasasen a formar parte de la di\u00f3cesis <em>Oriolensis<\/em>, dejando al resto de territorios de la Gobernaci\u00f3n <em>ultra Sexonam<\/em> completa libertad para elegir su pertenencia a la di\u00f3cesis de Cartagena o a la de Orihuela. Seg\u00fan nuestro parecer, quiz\u00e1 les ayudara a desestimar esta proposici\u00f3n el temor a perder la subordinaci\u00f3n espiritual de las tierras de se\u00f1or\u00edo, en especial, las de la zona de influencia de Elche.<\/p>\n<p>125Los datos que nos han posibilitado la redacci\u00f3n de los tres \u00faltimos p\u00e1rrafos han sido extra\u00eddos de la misma fuente. <em>Ibidem<\/em>, pp. 60-61.<\/p>\n<p>126Como ya indicamos, en A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, f. 102, hallamos una copia de la carta que Carlos I expidi\u00f3 en Monz\u00f3n convocando a los procuradores de las partes, dondequiera que estuviese, en un plazo de tres meses. El despacho llevaba por fecha el 16 de noviembre. Sin embargo, en toda la documentaci\u00f3n posterior se se\u00f1ala como fecha de la comparecencia el 19 de febrero, lo que nos lleva a pensar, por una parte, o que la copia de la c\u00e9dula real ten\u00eda una data err\u00f3nea, o -lo que parece m\u00e1s improbable- que el emperador se\u00f1alara posteriormente tal fecha -el 19 de febrero de 1538- como el d\u00eda de la presentaci\u00f3n de los procuradores oriolanos y cartaginenses.<\/p>\n<p>127La suplicaci\u00f3n se halla en el A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 159-160.<\/p>\n<p>128A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 378-383v. Por otra parte, hemos de referir que las autoridades de Orihuela ten\u00edan tal consideraci\u00f3n a Nicholas Perrenot que lo calificaban de \u00ab<em>padre y senyor<\/em>\u00bb. <em>Ibidem<\/em>, ff. 396-396v.<\/p>\n<p>129A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 387-387v. Hemos de puntualizar que el lenguaje utilizado por Carlos I en la carta es realmente h\u00e1bil. El emperador no se compromet\u00eda a nada con sus s\u00fabditos oriolanos. En el caso de que la cuesti\u00f3n no se solucionara en los cuatro meses aludidos, Carlos les ofreci\u00f3, simplemente -\u00ab<em>hos offres\u00e7emos<\/em>\u00bb-, que mandar\u00eda las cartas a la Sede Apost\u00f3lica. Por otra parte, tambi\u00e9n hemos hallado informaci\u00f3n sobre el resultado de la embajada de Luis Mart\u00ednez y Gin\u00e9s de Vilafranca en A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 358v.-359v.<\/p>\n<p>130A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 81, 184-184v.<\/p>\n<p>131LYNCH, J., <em>op. cit.<\/em>, p. 113. BENNASAR, M.B. y otros: <em>Historia Moderna<\/em>. Madrid, 1980, p. 274. MADARIAGA, S. de, <em>op. cit.<\/em>, p. 155.<\/p>\n<p>132A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 345-348.<\/p>\n<p>133<em>Ibidem<\/em>, ff. 364-366v.<\/p>\n<p>134<em>Ibidem<\/em>, ff. 363, 363v. y 367v.<\/p>\n<p>135A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 155v-157v.<\/p>\n<p>136A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, ff. 390-390v. Hemos de destacar que pese a todas las vicisitudes y desventuras que Luis Mart\u00ednez hab\u00eda tenido que pasar a causa del Pleito del Obispado, el can\u00f3nigo segu\u00eda fiel a su patria. Tras la vuelta de Vilafranca de Barcelona, Mart\u00ednez escribi\u00f3 a las autoridades oriolanas ofreci\u00e9ndoles sus servicios, por si en ocasiones venideras les fuera necesaria alguna ayuda en relaci\u00f3n con la cuesti\u00f3n episcopal.<\/p>\n<p>137<em>Ibidem<\/em>, ff. 391-401v.<\/p>\n<p>138Hemos hallado cuatro instrumentos de instrucciones. <em>Ibidem<\/em>, ff. 283v.-284, 378-383v., 384-384v. y 388-389.<\/p>\n<p>139Hemos reproducido estos fragmentos del sindicato, no por cuestiones de estilo, sino porque las procuras pasar\u00edan a tener una importancia primordial en el transcurso de las negociaciones ante el monarca. <em>Ibidem<\/em>, ff. 387-387v.<\/p>\n<p>140<em>Ibidem<\/em>, ff. 404v.-405.<\/p>\n<p>141A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 358v.-359v.<\/p>\n<p>142Estos datos han sido extra\u00eddos del compromiso que finalmente juraron ante Carlos I los representantes de ambas partes casi un a\u00f1o despu\u00e9s. <em>Ibidem<\/em>, ff. 341v.-346.<\/p>\n<p>143A.M.O. Libro n\u00ba 56, <em>Contestador<\/em> de 1538, f. 405.<\/p>\n<p>144A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 334-334v. Y A.M.O. Libro n\u00ba 60, <em>Contestador<\/em> de 1543, ff. 50-54.<\/p>\n<p>145\u00danicamente nos ha llegado la misiva que el emperador envi\u00f3 al cabildo de Cartagena. A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 337v.-338v.<\/p>\n<p>146A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 338v.-341.<\/p>\n<p>147<em>Ibidem<\/em>, ff. 334-334v.<\/p>\n<p>148A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, ff. 437-442. El marqu\u00e9s de Lombay se refer\u00eda a la labor de Vilafranca con estas palabras: \u00ab<em>ha travajado y entendido en ello con tanta solli\u00e7itud y voluntad que ha echado cargo a essa \u00e7iudad y aun a mi como amigo della<\/em>\u00bb. Por su parte, May dec\u00eda de \u00e9l: \u00ab<em>ha sollicitado siempre este negocio sin dexar punto, con tanta diligencia y buen seso<\/em>\u00bb. Y Urries coincid\u00eda con ellos: \u00ab<em>ha trabajado en estos negocios como si le fuera la vida, y ganado la voluntad y buena gracia de Su Magestad para lo que yo nunca pense que se pudiera alcan\u00e7ar<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>149Gin\u00e9s de Vilafranca lleg\u00f3 realmente a desesperarse por la premeditada pasividad de sus representados. Les solicit\u00f3 en repetidas ocasiones que le dejasen volver a Orihuela, y a principios de junio estuvo a punto de emprender de motu proprio el viaje de retorno. No lo lleg\u00f3 a hacer porque el experto Mart\u00ednez, sabedor de la importancia que ten\u00eda su participaci\u00f3n en el negocio, lo detuvo, aunque tambi\u00e9n \u00e9l deseaba que desde Orihuela enviasen a otros s\u00edndicos que los revocasen y sustituyesen. <em>Ibidem<\/em>, ff. 447-448.<\/p>\n<p>150<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>151<em>Ibidem<\/em>, f. 442. El tono utilizado por Vilafranca al dirigirse a sus representados es muy ilustrativo de la exasperaci\u00f3n del s\u00edndico. En un pasaje de la carta, les dec\u00eda: \u00ab<em>yo volria veure lletres de vostres merces per anarmen a escansar, puix a tant temps so en Toledo y veig ques va allargant<\/em> [&#8230;] <em>Deu sap a culpa de qui<\/em>&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>152El decreto y las cartas al cap\u00edtulo del Salvador y al <em>Consell<\/em> de Orihuela se encuentran en el A.M.O. Libro n\u00ba 60, <em>Contestador<\/em> de 1543, ff. 50-54, 172-176. Y la pr\u00f3rroga se halla en el A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 334-334v.<\/p>\n<p>153A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, f. 93.<\/p>\n<p>154<em>Ibidem<\/em>, ff. 437-441.<\/p>\n<p>155<em>Ibidem<\/em>, ff. 80-82.<\/p>\n<p>156El compromiso firmado por las partes se halla en el A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 341v.-346. Tambi\u00e9n hemos hallado informaci\u00f3n al respecto del juramento en el A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, ff. 100-101.<\/p>\n<p>157A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, ff. 464-465, 471-472.<\/p>\n<p>158Hemos hallado una copia del instrumento de asignaci\u00f3n del t\u00e9rmino de 25 d\u00edas en el A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 335v.-336v. Asimismo, hay referencias a la expiraci\u00f3n del compromiso en el A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, ff. 100-101, 103-103v.<\/p>\n<p>159La fecha de la partida de Carlos I la hallamos en MADARIAGA, S. de, <em>op. cit.<\/em>, p. 155. Sabemos que la cuesti\u00f3n episcopal qued\u00f3 sin resolver, entre otras muchas, por referencias expresas encontradas en el A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, ff. 41v., 464-465 y 471-472.<\/p>\n<p>160A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, f. 443.<\/p>\n<p>161La decisi\u00f3n de los mandatarios oriolanos aparece reflejada en <em>ibidem<\/em>, ff. 88-88v., 93 y 103-103v.<\/p>\n<p>162Hemos incluido esta noticia en la narraci\u00f3n porque Juan Savall defendi\u00f3 los intereses de la Iglesia y la ciudad de Orihuela en la capital del reino hasta la resoluci\u00f3n del Pleito del Obispado. <em>Ibidem<\/em>, ff. 31-32v.<\/p>\n<p>163<em>Ibidem<\/em>, f. 41v.<\/p>\n<p>164<em>Ibidem<\/em>, ff. 65-65v.<\/p>\n<p>165A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, ff. 80-82.<\/p>\n<p>166<em>Ibidem<\/em>, ff. 88-88v., 90-90v.<\/p>\n<p>167Todos los datos relacionados con la relaci\u00f3n del siguiente episodio los hemos extra\u00eddo de <em>ibidem<\/em>, ff. 80-82, 85-86v., 100-101, 464-472. Para no hacer demasiado prolija la colocaci\u00f3n de notas en las pr\u00f3ximas p\u00e1ginas, nos hemos tomado la licencia de omitirlas, pese a la frecuente utilizaci\u00f3n de citas literales de estos documentos.<\/p>\n<p>168La protesta se halla en <em>ibidem<\/em>, ff. 80-81.<\/p>\n<p>169Recordemos que toda la informaci\u00f3n relativa al episodio del obispo de Bel\u00e9n la hemos sacado de <em>ibidem<\/em>, ff. 80-82, 85-86v., 100-101, y 464-472.<\/p>\n<p>170<em>Ibidem<\/em>, ff. 461. \u00danicamente nos ha llegado uno de dichos \u00ab<em>albaranes<\/em>\u00bb. Dec\u00eda as\u00ed: \u00ab<em>Consumatum est et inclinato capite amisit officium. Et cum eo duo alii latrones, unus a dextris, alter vero a sinistris, ut consumarentur scripture prophetarum: et erunt novissima hominis istius peiora prioribus. Si vero si es bestie huius non breviati fuerint. Omnis caro peribit sed propter electos brevi abuntur dies illi<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>171Seg\u00fan la versi\u00f3n oriolana de los hechos, durante el acto de presentaci\u00f3n del \u00ab<em>consell<\/em>\u00bb Soler les confes\u00f3 que no ten\u00eda por qu\u00e9 quejarse de la Iglesia y la ciudad de Orihuela, porque \u00ab<em>li havien parlat tostemps ab molt acatament<\/em>\u00bb. <em>Ibidem<\/em>, ff. 466-467v., 468-469. No hemos podido saber si el obispo de Bel\u00e9n lleg\u00f3 realmente a pronunciar tales palabras, o si fueron un invento oriolano. Quiz\u00e1 el sacrist\u00e1n pretendiese con ellas suavizar sus relaciones con las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de la ciudad a fin de que cumpliesen el pacto que d\u00edas atr\u00e1s hab\u00edan firmado, y aceptasen su superioridad espiritual. Por otra parte, tambi\u00e9n hemos de destacar que Soler no convoc\u00f3 a ninguno de sus colegas capitulares, y que se limit\u00f3 a mostrarles el citado documento a los dirigentes de los monasterios del Socorro y de la Merced. Posiblemente, sus relaciones con el cap\u00edtulo del Salvador hubiesen quedado, si no rotas, s\u00ed muy maltrechas.<\/p>\n<p>172<em>Ibidem<\/em>, ff. 84-86v.<\/p>\n<p>173La documentaci\u00f3n se\u00f1alada se halla en <em>ibidem<\/em>, ff. 88-93. Las citas literales posteriores hacen referencia a estos intrumentos.<\/p>\n<p>174<em>Ibidem<\/em>, ff. 112-113.<\/p>\n<p>175<em>Ibidem<\/em>, ff. 98-99. La alusi\u00f3n a los conflictos con las \u00d3rdenes Militares aparece en ALDEA VAQUERO, Q. y otros: <em>Diccionario de Historia Eclesi\u00e1stica de Espa\u00f1a&#8230;<\/em>, p. 362.<\/p>\n<p>176A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, ff. 100-101, 103-103v.<\/p>\n<p>177Las cartas dirigidas a May se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 462-462v. y 463-463v. Hemos de recordar que el vicecanciller tuvo que favorecer en Roma la causa cartaginense siguiendo estrictas \u00f3rdenes reales. Y que posteriormente se convirti\u00f3 en uno de los mejores aliados de Orihuela, en defensa de sus intereses episcopales.<\/p>\n<p>178La documentaci\u00f3n presentada por Arrieta ante el Consejo de Arag\u00f3n puede ser consultada en <em>ibidem<\/em>, ff. 458v.-461, gracias a que fue remitida a Orihuela por el doctor Jer\u00f3nimo Soriano. En este sentido, hemos de precisar que el \u00fanico instrumento que no pudo enviar el abogado fue la carta de D. Luis de Soler. Ello explica que hayamos especificado su contenido por la relaci\u00f3n hecha sobre \u00e9l en la protesta interpuesta en nombre de la ciudad de Murcia.<\/p>\n<p>179Conocemos la existencia de esta provisi\u00f3n gracias a referencias encontradas en <em>ibidem<\/em>, ff. 112-113, 466-467v. y 468-469.<\/p>\n<p>180<em>Ibidem<\/em>, f. 105.<\/p>\n<p>181<em>Ibidem<\/em>, ff. 453-454.<\/p>\n<p>182Tras entregarle su carta al se\u00f1or de Ayerve, Soriano le confi\u00f3 los escritos dirigidos a D. Jer\u00f3nimo de Urries y al se\u00f1or de Granvelle con la intenci\u00f3n de que los remitiese a Flandes.<\/p>\n<p>183<em>Ibidem<\/em>, ff. 453-454, 466-467v., 468-469.<\/p>\n<p>184<em>Ibidem<\/em>, f. 451.<\/p>\n<p>185<em>Ibidem<\/em>, f. 452.<\/p>\n<p>186La prolija carta del abogado Soriano se halla en <em>ibidem<\/em>, ff. 453-454.<\/p>\n<p>187Las creencias de D. Pedro de Rocafull para el duque de Calabria y los doctores Francisco Ros y Francisco Ubach se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 113-114. Desgraciadamente, no hemos podido encontrar la informaci\u00f3n de testigos recibida bajo la supervisi\u00f3n de D. Pedro Maza.<\/p>\n<p>188<em>Ibidem<\/em>, ff. 112-113. Llama poderosamente la atenci\u00f3n la desafortunada explicaci\u00f3n que Rocafull hab\u00eda de darle al duque de Calabria sobre el hecho de que Soler no hubiese comenzado a ejercer su oficio pontifical. Resulta extra\u00f1o, por no decir incre\u00edble, que apelasen a los escr\u00fapulos del sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>189<em>Ibidem<\/em>, ff. 466-469.<\/p>\n<p>190<em>Ibidem<\/em>, ff. 127-127v.<\/p>\n<p>191<em>Ibidem<\/em>, ff. 127v.-128.<\/p>\n<p>192<em>Ibidem<\/em>, ff. 133-133v., 135-135v.<\/p>\n<p>193<em>Ibidem<\/em>, ff. 135v.-136.<\/p>\n<p>194Todas estas cartas se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 128-131.<\/p>\n<p>195<em>Ibidem<\/em>, f. 132.<\/p>\n<p>196<em>Ibidem<\/em>, ff. 466-467v., 468-469.<\/p>\n<p>197<em>Ibidem<\/em>, ff. 299-299v.<\/p>\n<p>198<em>Ibidem<\/em>, ff. 474, 476-477.<\/p>\n<p>199Hemos hallado las minutas y las copias de las suplicaciones que los procuradores presentaron ante el virrey. Las del cap\u00edtulo del Salvador se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 464-465, 471-472. Y las del justicia y los jurados de Orihuela se encuentran en <em>ibidem<\/em>, ff. 466-467v., 468-469. Teniendo en cuenta sus coincidencias y para evitar repeticiones, en nuestra exposici\u00f3n hemos tratado de comentar de un modo conjunto el contenido de ambas.<\/p>\n<p>200Las referencias al abandono de la causa por parte de los murcianos pueden ser consultadas en <em>ibidem<\/em>, ff. 481-481v., 489-490.<\/p>\n<p>201<em>Ibidem<\/em>, f. 473.<\/p>\n<p>202Las tres cartas se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 482-483v.<\/p>\n<p>203<em>Ibidem<\/em>, f. 484v.<\/p>\n<p>204<em>Ibidem<\/em>, f. 486.<\/p>\n<p>205Las cartas de creencia y ayuda se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 500-502. En <em>ibidem<\/em>, ff. 489-192, hemos hallado copias de estas misivas, firmadas err\u00f3neamente el 10 de abril de 1540. Junto a las dirigidas a los Consejos Real y de Arag\u00f3n, a Francisco de los Cobos, a Miguel May y a Hugo de Urries, hay dos escritos dirigidos al se\u00f1or de Granvelle y al propio Carlos I.<\/p>\n<p>206Podemos consultar el instrumento de instrucciones en <em>ibidem<\/em>, ff. 503-503v.<\/p>\n<p>207GULIK, G. van-EUBEL, C.: <em>Hierarchia Catholica&#8230;<\/em>, t. III, pp. 13, 154.<\/p>\n<p>208La segunda protesta se halla en el A.M.O. Libro n\u00ba 57, <em>Contestador<\/em> de 1540, ff. 256-257.<\/p>\n<p>209Como podemos apreciar, no plantearon la posibilidad de tener prelado propio y completamente desligado de la mitra cartaginense. Deb\u00edan considerar m\u00e1s sencillo y, por lo tanto, m\u00e1s viable que las di\u00f3cesis independientes de Cartagena y Orihuela y sus respectivas catedrales fuesen regidas y administradas <em>sub uno pastore<\/em>, tal como fue establecido en las bulas promulgadas por Julio II el 13 de mayo de 1510.<\/p>\n<p>210Los escritos del cap\u00edtulo del Salvador y de los ediles oriolanos se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 505-505v. y 505v.-506. Y la comisi\u00f3n a D. Pedro de Rocafull, en <em>ibidem<\/em>, ff. 506-506v.<\/p>\n<p>211D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>Serie de los obispos de Cartagena<\/em>&#8230;, pp. 81-86.<\/p>\n<p>212Hallamos diferentes noticias del nombramiento de Sil\u00edceo en el A.S.V. <em>Archivio Concistoriale<\/em>. Acta Vicecancellarii, n\u00ba 5, ff. 121-121v. Acta Miscellanea, n\u00ba 8, ff. 258v.-259; y n\u00ba 18, f. 337. Y en <em>Camara Apostolica<\/em>. Diversa Cameralia (ARM. XXIX), n\u00ba 160, ff. 54-54v.<\/p>\n<p>213A.M.O. Libro n\u00ba 58, <em>Contestador<\/em> de 1541, ff. 172-173v.<\/p>\n<p>214D\u00cdAZ CASSOU, P., <em>op. cit.<\/em>, p. 84, se\u00f1al\u00f3 esta fecha como la de la toma posesi\u00f3n del obispado, utilizando datos de Cascales y Fuentes. No obstante, aseguraba que en lugar del provisor Mart\u00ednez, fue el propio Sil\u00edceo quien se encarg\u00f3 de realizar tal acto. Creemos que se trata de un error, ya que en la documentaci\u00f3n no hallamos referencia alguna que pueda dar fe de la presencia de Sil\u00edceo en dicho evento.<\/p>\n<p>215A.M.O. Libro n\u00ba 58, <em>Contestador<\/em> de 1541, ff. 191-191v.<\/p>\n<p>216A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 347-348v.<\/p>\n<p>217A.M.O. Libro n\u00ba 58, <em>Contestador<\/em> de 1541, ff. 348v.-350v.<\/p>\n<p>218<em>Ibidem<\/em>, ff. 204v.-205.<\/p>\n<p>219<em>Ibidem<\/em>, ff. 191-191v., 378-378v.<\/p>\n<p>220Como comentario, creemos conveniente se\u00f1alar que desde la segunda mitad de la d\u00e9cada de los &#8217;30 las -anta\u00f1o excepcionales- relaciones de las autoridades municipales de Orihuela con el gobernador Maza se hab\u00edan ido deteriorando progresivamente. La causa principal del distanciamiento radicaba en el hecho de que el gobernador se negaba a intervenir en la ciudad para cortar los frecuentes bandos. En este sentido, los ediles pretend\u00edan que D. Pedro residiese en la ciudad, tal como le era obligado, para que pusiese orden en ella e impidiese, con la imposici\u00f3n de severos castigos, los actos violentos derivados de las bander\u00edas. Y el gobernador, por su parte, se negaba a atender las reclamaciones oriolanas.<\/p>\n<p>221A.M.O. Libro n\u00ba 58, <em>Contestador<\/em> de 1541, ff. 203-208v.<\/p>\n<p>222En una carta firmada en Madrid el 13 de julio de 1541, <em>ibidem<\/em>, f. 346, el vicecanciller May afirma que Togores le entreg\u00f3 la carta de las autoridades oriolanas el 9 de junio. Ello nos induce a pensar que debi\u00f3 llegar a Madrid muy poco tiempo antes, y teniendo en cuenta que el viaje a dicha poblaci\u00f3n desde Orihuela pod\u00eda suponer entre 6 y 10 d\u00edas, el lugarteniente del gobernador debi\u00f3 partir de la ciudad del Bajo Segura los \u00faltimos d\u00edas de mayo o los primeros de junio.<\/p>\n<p>223<em>Ibidem<\/em>, f. 201.<\/p>\n<p>224<em>Ibidem<\/em>, ff. 209-209v., 212.<\/p>\n<p>225<em>Ibidem<\/em>, ff. 202, 209-210v. y 212.<\/p>\n<p>226<em>Ibidem<\/em>, p. 344.<\/p>\n<p>227<em>Ibidem<\/em>, f. 345.<\/p>\n<p>228<em>Ibidem<\/em>, f. 346.<\/p>\n<p>229<em>Ibidem<\/em>, f. 344.<\/p>\n<p>230No hemos podido localizar la provisi\u00f3n del licenciado Mart\u00ednez. Hemos extra\u00eddo los datos acerca de su contenido de <em>ibidem<\/em>, ff. 318-320, 331-332.<\/p>\n<p>231<em>Ibidem<\/em>, f. 313.<\/p>\n<p>232<em>Ibidem<\/em>, ff. 318-320.<\/p>\n<p>233<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>234<em>Ibidem<\/em>, f. 320v.<\/p>\n<p>235<em>Ibidem<\/em>, f. 317.<\/p>\n<p>236<em>Ibidem<\/em>, f. 337.<\/p>\n<p>237<em>Ibidem<\/em>, ff. 336-336v.<\/p>\n<p>238<em>Ibidem<\/em>, ff. 331-332v.<\/p>\n<p>239<em>Ibidem<\/em>, f. 339.<\/p>\n<p>240<em>Ibidem<\/em>, ff. 372-373.<\/p>\n<p>241<em>Ibidem<\/em>, f. 374. Las autoridades oriolanas reprodujeron la respuesta dada a Chac\u00f3n en una carta que enviaron al provisor y al cabildo cartaginense el 22 de agosto de ese a\u00f1o 1541.<\/p>\n<p>242<em>Ibidem<\/em>, ff. 378-379v.<\/p>\n<p>243<em>Ibidem<\/em>, ff. 381 y 386. El hecho de que actuasen como mensajeros Gin\u00e9s de Vilafranca y Jaime Mart\u00ed da fe de la importancia que los mandatarios oriolanos le concedieron a la visita del duque de Alba.<\/p>\n<p>244<em>Ibidem<\/em>, ff. 437, 438v. y 439.<\/p>\n<p>245<em>Ibidem<\/em>, f. 457.<\/p>\n<p>246<em>Ibidem<\/em>, f. 472.<\/p>\n<p>247MADARIAGA, S. de, <em>op. cit.<\/em>, p. 156.<\/p>\n<p>248A.M.O. Libro n\u00ba 58, <em>Contestador<\/em> de 1541, ff. 475-475v., 486.<\/p>\n<p>249A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 351-353v.<\/p>\n<p>250A.M.O. Libro n\u00ba 59, <em>Contestador<\/em> de 1542, ff. 27-27v.<\/p>\n<p>251A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 354-356.<\/p>\n<p>252A.M.O. Libro n\u00ba 59, <em>Contestador<\/em> de 1542, ff. 27-27v.<\/p>\n<p>253<em>Ibidem<\/em>, f. 37.<\/p>\n<p>254<em>Ibidem<\/em>, ff. 52-52v.<\/p>\n<p>255<em>Ibidem<\/em>, ff. 54, 202-202v.<\/p>\n<p>256<em>Ibidem<\/em>, f. 66.<\/p>\n<p>257<em>Ibidem<\/em>, ff. 202-202v., 243.<\/p>\n<p>258Todos los documentos aludidos se hallan en el <em>Contestador<\/em> de 1542. La convocatoria real podemos localizarla en <em>ibidem<\/em>, f. 119v. La c\u00e9dula del virrey en el f. 118. El acta del <em>Consell<\/em> en los ff. 133-134v. Y, por \u00faltimo, el sindicato de Gin\u00e9s de Vilafranca en los ff. 184-185v.<\/p>\n<p>259Las cartas aludidas se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 186-190, 192-194v. Particularmente, la citada del se\u00f1or de Granvelle puede ser consultada en los ff. 188v.-189.<\/p>\n<p>260<em>Ibidem<\/em>, ff. 190v.-191v., y 299-299v.<\/p>\n<p>261<em>Ibidem<\/em>, ff. 195-197v.<\/p>\n<p>262Los instrumentos de instrucciones se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 244-250, 251-253, 254-256v., y 257-258v. Por otra parte, Vilafranca tambi\u00e9n hab\u00eda de presentarle al emperador otros agravios que no estaban relacionados con el Pleito del Obispado, y que ten\u00edan que ver principalmente con problemas jurisdiccionales, el abastecimiento municipal del grano y las carnes, los pastos o la defensa de la costa.<\/p>\n<p>263Las misivas se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 198, 198v. y 199. Al respecto de la tercera, hemos de aclarar que las autoridades oriolanas se enteraron de que Filibert iba a ir a Monz\u00f3n gracias a una informaci\u00f3n de Juan Savall, datada el 19 de mayo anterior. Savall les coment\u00f3, adem\u00e1s, que la inauguraci\u00f3n de las Cortes iba a retrasarse al menos hasta el 5 de junio. <em>Ibidem<\/em>, ff. 238-238v.<\/p>\n<p>264<em>Ibidem<\/em>, f. 233v.<\/p>\n<p>265Hemos extra\u00eddo la presente informaci\u00f3n de dos cartas que los ediles oriolanos le entregaron a Monblanch para el provisor y para los colectores. <em>Ibidem<\/em>, ff. 242v., 243.<\/p>\n<p>266<em>Ibidem<\/em>, f. 272.<\/p>\n<p>267Las cartas para los mitrados y las instrucciones para el s\u00edndico se hallan respectivamente en <em>ibidem<\/em>, ff. 268, 268v., y 269-270v.<\/p>\n<p>268<em>Ibidem<\/em>, f. 271v.<\/p>\n<p>269A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 356-358.<\/p>\n<p>270A.M.O. Libro n\u00ba 59, <em>Contestador<\/em> de 1542, f. 366.<\/p>\n<p>271Vilafranca escrib\u00eda al respecto de las declaraciones de Filibert: \u00ab<em>a altres a dit que bell salari li da Oriola per a que ell aja de tenir tant treball per ella<\/em>\u00bb. Toda esta informaci\u00f3n se halla en una carta enviada desde Monz\u00f3n por Vilafranca el 22 de julio de 1542, que aparece en <em>ibidem<\/em>, ff. 364-365v.<\/p>\n<p>272<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>273<em>Ibidem<\/em>, ff. 366.<\/p>\n<p>274<em>Ibidem<\/em>, ff. 364-365v.<\/p>\n<p>275Conocemos los detalles del encuentro de Vilafranca con Carlos I gracias a las cartas que remiti\u00f3 a las autoridades de Orihuela. Se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 367-367v., 368-368v. y 417-418v.<\/p>\n<p>276<em>Ibidem<\/em>, ff. 367-367v.<\/p>\n<p>277<em>Ibidem<\/em>, ff. 417-418v.<\/p>\n<p>278<em>Ibidem<\/em>, ff. 368-368v. Por otra parte, no nos resistimos a comentar que el propio Francisco de los Cobos era consciente del poder que ten\u00edan las Cortes de los reinos de la Corona de Arag\u00f3n en comparaci\u00f3n con las mansas castellanas.<\/p>\n<p>279Las dos cartas que las autoridades remitieron a Cabanyelles y al emperador se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 342, 343.<\/p>\n<p>280<em>Ibidem<\/em>, ff. 417-418v.<\/p>\n<p>281<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>282La carta que envi\u00f3 Carlos I a la ciudad de Orihuela se halla en <em>ibidem<\/em>, f. 386.<\/p>\n<p>283<em>Ibidem<\/em>, f. 387.<\/p>\n<p>284El acta del <em>Consell<\/em> se encuentra en <em>ibidem<\/em>, ff. 363-372v.<\/p>\n<p>285<em>Ibidem<\/em>, f. 374.<\/p>\n<p>286<em>Ibidem<\/em>, f. 379.<\/p>\n<p>287<em>Ibidem<\/em>, f. 374v.<\/p>\n<p>288<em>Ibidem<\/em>, f. 373.<\/p>\n<p>289<em>Ibidem<\/em>, f. 380.<\/p>\n<p>290<em>Ibidem<\/em>, ff. 377-378.<\/p>\n<p>291<em>Ibidem<\/em>, ff. 375-376.<\/p>\n<p>292<em>Ibidem<\/em>, f. 383.<\/p>\n<p>293El acta del <em>Consell<\/em> se halla en <em>ibidem<\/em>, ff. 384-385. Y la carta enviada a los jurados valencianos en los ff. 393-393v.<\/p>\n<p>294Todos estos datos han sido extra\u00eddos de una carta enviada por Juan Savall, otra de los jurados de Valencia, y la copia del poder remitido a los s\u00edndicos valencianos, que se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 395-395v., 397 y 398-398v.<\/p>\n<p>295La documentaci\u00f3n aludida se encuentra en <em>ibidem<\/em>, ff. 400-401, 402 y 403.<\/p>\n<p>296<em>Ibidem<\/em>, ff. 417-418v.<\/p>\n<p>297<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>298<em>Ibidem<\/em>, ff. 419-420v.<\/p>\n<p>299A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 359v.-360v.<\/p>\n<p>300Conocemos la existencia de esta carta gracias a que es citada en la que el monarca envi\u00f3 a Orihuela el 9 de octubre siguiente. \u00c9sta se halla en el A.M.O. Libro n\u00ba 59, <em>Contestador<\/em> de 1542, ff. 434v.-435.<\/p>\n<p>301<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>302<em>Ibidem<\/em>, f. 271v.<\/p>\n<p>303A.M.O. Libro n\u00ba 59, <em>Contestador<\/em> de 1542, ff. 434-435v.<\/p>\n<p>304<em>Ibidem<\/em>, ff. 435v.-436.<\/p>\n<p>305<em>Ibidem<\/em>, ff. 437-437v. Junto a esta suplicaci\u00f3n, Masquefa ten\u00eda que rogarle, de parte del <em>Consell<\/em>, que permitiese que la canonj\u00eda que hab\u00eda quedado vacante por la muerte de Juan de Vilafranca pasase a un sobrino del difunto cl\u00e9rigo, del mismo nombre que \u00e9ste, que, adem\u00e1s, era hijo de Gin\u00e9s de Vilafranca, un \u00ab<em>mancebo<\/em>\u00bb \u00ab<em>cuerdo<\/em>\u00bb, \u00ab<em>y puesto en el estudio y en el servicio de Dios<\/em>\u00bb. Y ten\u00eda que reforzar la demanda explic\u00e1ndole que el fallecimiento del can\u00f3nigo hab\u00eda dejado desamparadas a \u00ab<em>cinco hermanas donzellas, muy virtuosas, que stavan so su sombra, honradas y con ne\u00e7essidad<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>306<em>Ibidem<\/em>, ff. 437v.-438.<\/p>\n<p>307Quiz\u00e1 la trascendencia de la embajada fuese el motivo de la sustituci\u00f3n de Masquefa.<\/p>\n<p>308La carta dirigida a D. Pedro Maza se halla en A.M.O. Libro n\u00ba 59, <em>Contestador<\/em> de 1542, ff. 441v.442.<\/p>\n<p>309<em>Ibidem<\/em>, ff. 439-441. B\u00e1sicamente, las autoridades oriolanas le ordenaron a Loazes que solicitara a la corporaci\u00f3n municipal, al cap\u00edtulo de la Metropolitana y al obispo Sil\u00edceo que le suplicaran al monarca que hiciese justicia en el litigio episcopal, y que prorrogase la vista de la causa hasta la llegada del se\u00f1or de Granvelle. Asimismo, como tarea secundaria, le encargaron que consiguiera que la canonj\u00eda vacante en la iglesia del Salvador fuese provista en la persona del sobrino de Juan de Vilafranca.<\/p>\n<p>310<em>Ibidem<\/em>, f. 452.<\/p>\n<p>311A.M.O. Libro n\u00ba 60, <em>Contestador<\/em> de 1543, f. 25v.<\/p>\n<p>312A.M.O. Libro n\u00ba 59, <em>Contestador<\/em> de 1542, f. 453.<\/p>\n<p>313A.M.O. Libro n\u00ba 60, <em>Contestador<\/em> de 1543, ff. 28-28v.<\/p>\n<p>314El acta del <em>Consell<\/em> se halla en <em>ibidem<\/em>, ff. 39-40. Y el sindicato en <em>ibidem<\/em>, ff. 50-54.<\/p>\n<p>315<em>Ibidem<\/em>, ff. 55-63v.<\/p>\n<p>316Todas estas cartas de creencia se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 64-67 y 69-73v.<\/p>\n<p>317<em>Ibidem<\/em>, ff. 68-69.<\/p>\n<p>318<em>Ibidem<\/em>, ff. 84-84v.<\/p>\n<p>319Toda la informaci\u00f3n relativa al viaje de los s\u00edndicos a la corte y a su primer encuentro con Carlos I ha sido extra\u00edda de <em>ibidem<\/em>, ff. 112-113.<\/p>\n<p>320<em>Ibidem<\/em>. Sil\u00edceo les dijo literalmente: \u00ab<em>El enperador hos a regonozido porque hiendo en la prose\u00e7ion, como nos visteys, me dixo: \u00abObispo, ya son venidos los procuradores de Origuela\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>321<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>322<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>323<em>Ibidem<\/em>, f. 110.<\/p>\n<p>324En las palabras de los s\u00edndicos podemos apreciar un claro ejemplo de la mentalidad providencialista de la \u00e9poca: \u00ab<em>a\u00e7o son cosses que Nostre Senyor Deu permet per nostres pecats<\/em>\u00bb. <em>Ibidem<\/em>, ff. 112-113.<\/p>\n<p>325No hemos podido localizar este mandamiento, pero s\u00ed referencias en <em>ibidem<\/em>, ff. 141-142, 177-177v., 191, 196-196v.<\/p>\n<p>326A.M.O. Libro n\u00ba 60, <em>Contestador<\/em> de 1543, f. 321.<\/p>\n<p>327<em>Ibidem<\/em>, ff. 168-171v.<\/p>\n<p>328<em>Ibidem<\/em>, ff. 172-176.<\/p>\n<p>329<em>Ibidem<\/em>, ff. 177-177v. y 197.<\/p>\n<p>330Las cartas de creencia y recomendaci\u00f3n se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 178-192v.<\/p>\n<p>331<em>Ibidem<\/em>, ff. 194-194v., 196-196v.<\/p>\n<p>332<em>Ibidem<\/em>, f. 197.<\/p>\n<p>333<em>Ibidem<\/em>, f. 303.<\/p>\n<p>334Deducimos por ello que no llegaron a encontrarse con el correo que enviaron las autoridades oriolanas en su b\u00fasqueda. <em>Ibidem<\/em>, ff. 84-84v.<\/p>\n<p>335<em>Ibidem<\/em>, f. 202. Antes de partir, Vilafranca recibi\u00f3 un adelanto de 36 ducados para los gastos del viaje y la embajada.<\/p>\n<p>336<em>Ibidem<\/em>, ff. 276-277v.<\/p>\n<p>337<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>338<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>339<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>340<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>341<em>Ibidem<\/em>, ff. 276-277v., y f. 286.<\/p>\n<p>342Los datos sobre la actuaci\u00f3n de Joan Savall los hemos extra\u00eddo de <em>ibidem<\/em>, ff. 275 y 282-284. Las cartas de recomendaci\u00f3n, en cambio, pueden ser localizadas en A.M.O. Libro n\u00ba 61, <em>Contestador<\/em> de 1544, ff. 245-246v.<\/p>\n<p>343Seg\u00fan cuenta Joan Savall, Loazes le envi\u00f3 una carta para informarle de la llegada de Vilafranca. A.M.O. Libro n\u00ba 60, <em>Contestador<\/em> de 1543, f. 320.<\/p>\n<p>344<em>Ibidem<\/em>, ff. 312-312v.<\/p>\n<p>345Carlos I no volver\u00eda a Espa\u00f1a hasta despu\u00e9s de su abdicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>346A.M.O. Libro n\u00ba 60, <em>Contestador<\/em> de 1543, ff. 345-346v.<\/p>\n<p>347A.M.O. Libro n\u00ba 60, <em>Contestador<\/em> de 1543, ff. 485-485v.<\/p>\n<p>348<em>Ibidem<\/em>, ff. 514-514v. El 11 de agosto de 1543, los oficiales les presentaron el mandato a los fabriqueros las iglesias del Salvador y Santiago, ambas sitas en la capital del Bajo Segura. Y dos d\u00edas despu\u00e9s, a los de las iglesias de Santa Justa -tambi\u00e9n de Orihuela-, Santiago de Guardamar, San Mart\u00edn de Callosa y San Andr\u00e9s de Almorad\u00ed.<\/p>\n<p>349<em>Ibidem<\/em>, ff. 528-528v., 540.<\/p>\n<p>350Hay abundante informaci\u00f3n sobre los preparativos defensivos y sobre la escaramuza con los turcos. Podemos localizarla en <em>ibidem<\/em>, ff. 555-555v., 560, 577, 583, 584, 587, 588-589v. y 601.<\/p>\n<p>351Los \u00e1nimos deb\u00edan estar realmente apaciguados ya que los oficiales oriolanos no tuvieron reparos en hacer peticiones al corregidor de Murcia apelando a un argumento ciertamente curioso -sobre todo, si tenemos en cuenta el cariz habitual de las relaciones entre ellos-, la buena vecindad: \u00ab<em>pues estas dos \u00e7iudades estan tan vezinas y debaxo de un Rey y senyor aunque de diversos reynos, y ansi convenga, segun se acostumbra a todas cualesquier \u00e7iudades y pueblos vezinos, tentarse los hunos a los otros sin agravio de nadi<\/em>\u00bb. A.M.O., libro n\u00ba 61, <em>Contestador<\/em> de 1544, ff. 85-85v.<\/p>\n<p>352<em>Ibidem<\/em>, f. 98. El lugarteniente general del reino valor\u00f3 los costes de la obra en 650 libras, aport\u00f3 una subvenci\u00f3n de 250, y dispuso que la cantidad restante fuese aportada por los diferentes se\u00f1ores de la zona.<\/p>\n<p>353<em>Ibidem<\/em>, f. 166.<\/p>\n<p>354<em>Ibidem<\/em>, ff. 174-174v. Hemos decidido incluir este fragmento porque quiz\u00e1 pueda tratarse de una de las primeras noticias que tuvo el pr\u00edncipe Felipe sobre la delicada situaci\u00f3n de la Gobernaci\u00f3n oriolana, que ir\u00eda forjando su preocupaci\u00f3n por los nuevos cristianos moriscos y por sus posibles contactos con los corsarios berberiscos.<\/p>\n<p>355De toda esta serie de censales redimidos podemos se\u00f1alar, por ejemplo, uno de 3.000 sueldos que mos\u00e9n Jaime de Soler hab\u00eda cargado para sufragar gastos relacionados con el Pleito del Obispado. <em>Ibidem<\/em>, ff. 215, 316.<\/p>\n<p>356<em>Ibidem<\/em>, f. 250.<\/p>\n<p>357<em>Ibidem<\/em>, ff. 437-437v. Al parecer, en el obispado cartaginense los cl\u00e9rigos \u00fanicamente pod\u00edan celebrar entierros de d\u00eda, mientras que en el resto de di\u00f3cesis espa\u00f1olas tambi\u00e9n estaban permitidos los nocturnos. Los curas que los efectuaban percib\u00edan el doble de dinero.<\/p>\n<p>358Los oriolanos recibieron una copia de la carta que el emperador le remiti\u00f3 al duque de Calabria, anunciando la paz con el rey de Francia. Asimismo, el virrey les envi\u00f3 un traslado del sumario de las capitulaciones firmadas en la ciudad de Saixon el 17 de septiembre de ese mismo a\u00f1o 1544. <em>Ibidem<\/em>, ff. 476, 477-477v, 478-479.<\/p>\n<p>359A.M.O., libro n\u00ba 62, <em>Contestador<\/em> de 1545, f. 25.<\/p>\n<p>360<em>Ibidem<\/em>, ff. 239-240.<\/p>\n<p>361<em>Ibidem<\/em>, ff. 303-303v.<\/p>\n<p>362<em>Ibidem<\/em>, f. 408.<\/p>\n<p>363<em>Ibidem<\/em>, ff. 409-412.<\/p>\n<p>364<em>Ibidem<\/em>, f. 439.<\/p>\n<p>365<em>Ibidem<\/em>, f. 440.<\/p>\n<p>366<em>Ibidem<\/em>, ff. 443-443v. Por otra parte, cabe recordar que el notario Aparicio Mart\u00ednez particip\u00f3 en la pol\u00e9mica presentaci\u00f3n del segundo nombramiento de D. Luis de Soler como vicario general de Orihuela.<\/p>\n<p>367Hemos hallado diferentes referencias a la traslaci\u00f3n Sil\u00edceo en el A.S.V. <em>Archivio Concistoriale<\/em>. Acta Vicecancellarii, n\u00ba 4, f. 249v., y n\u00ba 5, ff. 249v-250; Acta Miscellanea, n\u00ba 8, ff. 483-483v.; y Acta Camerarii n\u00ba 8, f. 3v.<\/p>\n<p>368D\u00cdAZ CASSOU, P. <em>Serie de los obispos de Cartagena&#8230;<\/em>, pp. 87-90. Descendiente de nobil\u00edsima familia -era hijo del Prior de Crato-, D. Esteban Fern\u00e1ndez de Almeyda (1546-1563), fue tambi\u00e9n conocido como <em>El Portugu\u00e9s<\/em> y como <em>El de Trento<\/em> -sobrenombre que le vino porque asisti\u00f3 a la segunda apertura del Concilio General-. Antes hab\u00eda sido colegial mayor de San Ildefonso en Alcal\u00e1 de Henares, obispo de Astorga desde 1539, y de Le\u00f3n desde 1542. Durante su episcopado cartaginense se mostr\u00f3 tan sabio y piadoso como su antecesor, diferenci\u00e1ndose de \u00e9l, sobre todo, por su declarada afecci\u00f3n hacia la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>369Hemos conseguido la informaci\u00f3n sobre el nombramiento apost\u00f3lico de Almeyda en el A.S.V. <em>Archivio Concistoriale<\/em>. Acta Miscellanea, n\u00ba 8, ff. 500-500v., y n\u00ba 18, f. 416. Acta Camerarii n\u00ba 8, ff. 10-10v. Y Acta Vicecancellarii, n\u00ba 5, ff. 259-259v. Por otra parte, hemos de anotar que la Corona, en virtud de su Real Patronato, pod\u00eda disponer de un tercio del valor de las rentas de todas las mitras para conceder pensiones a los beneficiarios que estimase oportuno. Por ello, la aprobaci\u00f3n de dichas pensiones por los obispos electos era condici\u00f3n inexcusable para que pudiesen acceder a sus respectivas sedes episcopales.<\/p>\n<p>370A.M.O., libro n\u00ba 63, <em>Contestador<\/em> de 1546, ff. 187, 187v. y 205.<\/p>\n<p>371<em>Ibidem<\/em>, ff. 325-325v.<\/p>\n<p>372<em>Ibidem<\/em>, f. 345.<\/p>\n<p>373<em>Ibidem<\/em>, f. 351.<\/p>\n<p>374GEA MART\u00cdNEZ, J.R., <em>P\u00e1ginas de la Historia de Orihuela&#8230;<\/em>, p. 41.<\/p>\n<p>375A.M.O., libro n\u00ba 63, <em>Contestador<\/em> de 1546, f. 400.<\/p>\n<p>376<em>Ibidem<\/em>, ff. 410, 412-412v.<\/p>\n<p>377<em>Ibidem<\/em>, ff. 412-412v. GEA MART\u00cdNEZ, J.R., <em>op. cit.<\/em>, ap\u00e9ndice, n\u00ba 37, pp. 126-127, edit\u00f3 este documento, traduci\u00e9ndolo al castellano.<\/p>\n<p>378GEA MART\u00cdNEZ, J.R., <em>op. cit.<\/em>, p. 42.<\/p>\n<p>379A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 376v.-377v., 377v.-378v., y 378v.-382.<\/p>\n<p>380GARC\u00cdA C\u00c1RCEL, R., <em>Cortes del reinado de Carlos I&#8230;<\/em>, p. XI.<\/p>\n<p>381Hay alusiones a la embajada del jurado oriolano en el A.M.O., libro n\u00ba 64, <em>Contestador<\/em> de 1548, ff. 380-380v. y 381-381v.<\/p>\n<p>382Fundamentamos esta hip\u00f3tesis en dos hechos: que tal petici\u00f3n fue elevada a D. Felipe en las Cortes de 1552 (A.M.O., libro n\u00ba 67, <em>Contestador<\/em> de 1553, f. 664v.); y que en 1547 estaban muy recientes -y probablemente, pendientes de resoluci\u00f3n- los sucesos derivados del proceso del obispo contra los can\u00f3nigos del Salvador.<\/p>\n<p>383Hemos extra\u00eddo estos datos de un informe que fue realizado en 1553 ante el gobernador del reino de Valencia m\u00e1s all\u00e1 de Jijona, D. Nu\u00f1o del \u00c1guila, a petici\u00f3n del <em>Consell<\/em> de Orihuela, el procurador fiscal y el cap\u00edtulo del Salvador, contra el cap\u00edtulo de Cartagena y la ciudad de Murcia, como queja por los repetidos abusos cometidos por los oficiales del obispo de Cartagena. A.C.O., <em>Papeles sueltos<\/em>, caja I, documento n\u00ba 1.<\/p>\n<p>384A.M.O., libro n\u00ba 64, <em>Contestador<\/em> de 1548, f. 135.<\/p>\n<p>385<em>Ibidem<\/em>, ff. 288-289v. y 291.<\/p>\n<p>386<em>Ibidem<\/em>, ff. 470 y 470v.<\/p>\n<p>387<em>Ibidem<\/em>, ff. 471-471v.<\/p>\n<p>388Las dos primeras cartas se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 468 y 468v. Las protestas las podemos encontrar en <em>ibidem<\/em>, ff. 480-480v., y en A.C.O. Armario I, libro n\u00ba 2, ff. 382v.-383v.<\/p>\n<p>389A.M.O., libro n\u00ba 64, <em>Contestador<\/em> de 1548, ff. 503-503v., 504 y 506.<\/p>\n<p>390<em>Ibidem<\/em>, ff. 552-552v.<\/p>\n<p>391Aunque no podemos asegurarlo, creemos que D. Esteban de Almeyda volvi\u00f3 a visitar Orihuela a finales de 1548 o principios de 1549, ya que en la carta que remiti\u00f3 el 8 de febrero de 1549 a los oficiales oriolanos (A.M.O., libro n\u00ba 65, <em>Contestador<\/em> de 1549, f. 150), el prelado hac\u00eda alusi\u00f3n claramente a la intervenci\u00f3n de un gobernador, y en 1547 la Gobernaci\u00f3n del Reino de Valencia m\u00e1s all\u00e1 de Jijona estaba a\u00fan vacante.<\/p>\n<p>392<em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p>393<em>Ibidem<\/em>, f. 149v.<\/p>\n<p>394<em>Ibidem<\/em>, f. 150.<\/p>\n<p>395<em>Ibidem<\/em>, ff. 195v.-196 y 224.<\/p>\n<p>396Todos los datos que nos han permitido conocer el incidente del fiscal episcopal y el can\u00f3nigo Torres los hemos extra\u00eddo del referido informe, que se halla en el A.C.O., <em>Papeles sueltos<\/em>, caja I, documento n\u00ba 1.<\/p>\n<p>397El comentario murciano y las quejas contra el gobernador han sido extractadas de dos documentos hallados en el A.M.O., libro n\u00ba 65, <em>Contestador<\/em> de 1549, ff. 239 y 781-781v.<\/p>\n<p>398CAPELLI, A., <em>op. cit.<\/em>, p. 275.<\/p>\n<p>399A.M.O., libro n\u00ba 66, <em>Contestador<\/em> de 1550, f. 60.<\/p>\n<p>400<em>Ibidem<\/em>, ff. 183, 184.<\/p>\n<p>401<em>Ibidem<\/em>, ff. 376-376v.<\/p>\n<p>402<em>Ibidem<\/em>, ff. 111, 113-113v. y 245.<\/p>\n<p>403<em>Ibidem<\/em>, ff. 113-113v.<\/p>\n<p>404Tal como podemos comprobar por la abundancia de documentos relacionados con esta materia. <em>Ibidem<\/em>, ff. 115, 126v.-127, 202, 225, 228, 246, 319, 320, entre otros.<\/p>\n<p>405Los siguientes documentos, entre otros muchos, dan fe del grado de tensi\u00f3n que alcanzaron en 1550 las relaciones murciano-oriolanas. <em>Ibidem<\/em>, ff. 111v., 113-113v., 145, 173, 255, 275, 438, 577-577v., 594, 595, 614, 616 y 668.<\/p>\n<p>406<em>Ibidem<\/em>, ff. 485v.-486.<\/p>\n<p>407Aunque GEA MART\u00cdNEZ, J.R., <em>P\u00e1ginas de la Historia de Orihuela&#8230;<\/em>, pp. 42-43, escrib\u00eda que el gobernador encarcel\u00f3 a los dos mercedarios por defender muy expl\u00edcitamente al obispo, nos permitimos dudar de tal afirmaci\u00f3n, entre otros motivos, porque el justicia y los jurados de Orihuela actuaron como mediadores para que el prelado alzara la censura.<\/p>\n<p>408A.M.O., libro n\u00ba 66, <em>Contestador<\/em> de 1550, ff. 639 y 659.<\/p>\n<p>409Las autoridades de Orihuela conocieron la noticia del \u00f3bito del virrey gracias a sendas cartas del s\u00edndico Joan Savall y el abogado Miguel \u00c1ngel Catal\u00e1, que se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 650-650v. y 651-651v.<\/p>\n<p>410<em>Ibidem<\/em>, ff. 658, 658v. y 659. GEA MART\u00cdNEZ, J.R., <em>op. cit.<\/em>, ap\u00e9ndice, documento n\u00ba 38, p. 128, edit\u00f3 la carta de los oficiales al arzobispo de Valencia despu\u00e9s de traducirla al castellano.<\/p>\n<p>411A.M.O., libro n\u00ba 66, <em>Contestador<\/em> de 1550, f. 660. Por otra parte, no hemos podido constatar si este comisario \u00c7ayd\u00eda era el mismo que aqu\u00e9l al que el duque de Calabria le encarg\u00f3 la ardua tarea de conseguir que el cap\u00edtulo del Salvador prestase el juramento de obediencia al obispo de Cartagena en 1532.<\/p>\n<p>412<em>Ibidem<\/em>, f. 700.<\/p>\n<p>413<em>Ibidem<\/em>, ff. 736 y 737.<\/p>\n<p>414GARC\u00cdA C\u00c1RCEL, R., <em>Cortes del reinado de Carlos I&#8230;<\/em>, p. XI.<\/p>\n<p>415A.M.O., libro n\u00ba 67, <em>Contestador<\/em> de 1553, f. 51.<\/p>\n<p>416La propia documentaci\u00f3n de 1553 hace alusi\u00f3n directa a la inestabilidad social y a la falta de cohesi\u00f3n y unidad en la ciudad. En <em>ibidem<\/em>, f. 678, hallamos una frase que pone de manifiesto cu\u00e1n extendidas estaban las disputas entre la poblaci\u00f3n: \u00ab<em>les pacions de aquesta ciutat, les quals son de tal compas e art que no sols estan araylades en poder de les persones seculars e profanes, pero encara en poder de eclesiastichs e religiosos<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>417<em>Ibidem<\/em>, ff. 664v.<\/p>\n<p>418<em>Ibidem<\/em>, ff. 51-54v. En este caso, al igual que en todos los dem\u00e1s que tuvieron que tratar los oficiales oriolanos durante el a\u00f1o 1553, uno de los jurados, Jaume Roca, se mostr\u00f3 contrario a la decisi\u00f3n adoptada por sus compa\u00f1eros en el cargo.<\/p>\n<p>419<em>Ibidem<\/em>, ff. 182-182v. y 182v-183.<\/p>\n<p>420Tanto la carta, que firmaron conjuntamente, como el modelo de disentimiento se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 231-231v. y 230-230v.<\/p>\n<p>421<em>Ibidem<\/em>, f. 189.<\/p>\n<p>422La provisi\u00f3n nominativa y el ejecutorial del capit\u00e1n general se encuentran en <em>ibidem<\/em>, ff. 234 y 235.<\/p>\n<p>423El instrumento de protesta y la contestaci\u00f3n del gobernador se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 246-247.<\/p>\n<p>424<em>Ibidem<\/em>, ff. 258-259.<\/p>\n<p>425A.C.O., <em>Papeles sueltos<\/em>, caja I, documento n\u00ba 1.<\/p>\n<p>426A.M.O., libro n\u00ba 67, <em>Contestador<\/em> de 1553, ff. 323-323v.<\/p>\n<p>427<em>Ibidem<\/em>, f. 372.<\/p>\n<p>428<em>Ibidem<\/em>, ff. 374-375.<\/p>\n<p>429<em>Ibidem<\/em>, ff. 376 y 377.<\/p>\n<p>430<em>Ibidem<\/em>, f. 378.<\/p>\n<p>431<em>Ibidem<\/em>, f. 379.<\/p>\n<p>432<em>Ibidem<\/em>, ff. 392-392v.<\/p>\n<p>433<em>Ibidem<\/em>, ff. 395, 415-416 y 419-420. Las palabras de Savall evidencian que el duque de Maqueda se mostraba complaciente con las reclamaciones oriolanas: \u00ab<em>Lo illustrissimo senyor duch nos ha offert ab tota raho y justicia de mirar per lo que toca a exa ciutat y tenir-los per molt recomanats<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>434<em>Ibidem<\/em>, ff. 438-438v.<\/p>\n<p>435<em>Ibidem<\/em>, ff. 462-462v.<\/p>\n<p>436Hay una larga serie de documentos que hacer referencia a la preparaci\u00f3n de la embajada de Mart\u00ed y G\u00f3mez. Los hemos hallado en <em>ibidem<\/em>, ff. 471-473v., 475-476, 476v.-477, 477-478v., 478v.-479, 479-479v. y 480-481. En relaci\u00f3n con la pol\u00e9mica de las f\u00e1bricas, los procuradores hab\u00edan de logar el mantenimiento de la exenci\u00f3n del tercio diezmo y el alzamiento de las penas fulminadas contra los fabriqueros. Tambi\u00e9n llevaban otras consignas como suplicarle al virrey que mejorase la artiller\u00eda de Guardamar con un par de \u00ab<em>tiros<\/em>\u00bb, o conseguir la derogaci\u00f3n de la orden de manifiesto de mercader\u00edas, que ten\u00eda relaci\u00f3n con un nuevo impuesto sobre la seda.<\/p>\n<p>437<em>Ibidem<\/em>, ff. 447-448.<\/p>\n<p>438<em>Ibidem<\/em>, ff. 443-443v., 447-448 y 463.<\/p>\n<p>439<em>Ibidem<\/em>, ff. 447-448.<\/p>\n<p>440<em>Ibidem<\/em>, ff. 488-488v.<\/p>\n<p>441A.C.O., <em>Papeles sueltos<\/em>, caja I, documento n\u00ba 1.<\/p>\n<p>442A.M.O., libro n\u00ba 67, <em>Contestador<\/em> de 1553, ff. 534-534v.<\/p>\n<p>443A.C.O., <em>Papeles sueltos<\/em>, caja I, documento n\u00ba 1.<\/p>\n<p>444A.M.O., libro n\u00ba 67, <em>Contestador<\/em> de 1553, ff. 574-574v.<\/p>\n<p>445A.C.O., <em>Papeles sueltos<\/em>, caja I, documento n\u00ba 1.<\/p>\n<p>446A.M.O., libro n\u00ba 67, <em>Contestador<\/em> de 1553, ff. 618-618v.<\/p>\n<p>447<em>Ibidem<\/em>, ff. 616-616v.<\/p>\n<p>448<em>Ibidem<\/em>, ff. 618-618v.<\/p>\n<p>449El relato de las diligencias de los s\u00edndicos en Valladolid lo hemos reconstruido gracias a la informaci\u00f3n proporcionada por la carta de los procuradores a los mun\u00edcipes, la orden del obispo de Lugo y la escritura del doctor Soriano. Los tres documentos se hallan en <em>ibidem<\/em>, ff. 641-643, 646 y 647-647v.<\/p>\n<p>450<em>Ibidem<\/em>, ff. 664-665.<\/p>\n<p>451Como ya hemos indicado varias veces, dicho informe se halla en el A.C.O., <em>Papeles sueltos<\/em>, caja I, documento n\u00ba 1. Hemos de hacer notar que los interrogatorios se retrasaron hasta principios de noviembre, quiz\u00e1 porque tanto el gobernador como su asesor se vieron afectados por los ataques espirituales del provisor del obispado de Cartagena durante la segunda mitad del mes de octubre. Ello molest\u00f3 considerablemente a las autoridades oriolanas, y como veremos m\u00e1s adelante, constituy\u00f3 otro motivo de nuevas quejas ante el duque de Maqueda y el mismo regente Felipe.<\/p>\n<p>452A.M.O., libro n\u00ba 67, <em>Contestador<\/em> de 1553, ff. 729, 729v., 732.<\/p>\n<p>453A.C.O., <em>Papeles sueltos<\/em>, caja I, documento n\u00ba 1.<\/p>\n<p>454Las tres cartas citadas se hallan en el A.M.O., libro n\u00ba 67, <em>Contestador<\/em> de 1553, ff. 726-728.<\/p>\n<p>455A.M.O., libro n\u00ba 67, <em>Contestador<\/em> de 1553, ff. 684-684v.<\/p>\n<p>456Conocemos el dato del retorno de los procuradores gracias a las cuentas que presentaron a los mun\u00edcipes. <em>Ibidem<\/em>, ff. 792-793v.<\/p>\n<p>457<em>Ibidem<\/em>, ff. 779-780v.<\/p>\n<p>458<em>Ibidem<\/em>, ff. 797-799.<\/p>\n<p>459A.M.O., libro n\u00ba 68, <em>Contestador<\/em> de 1555, f. 44.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fulminante respuesta del duque de Calabria a los primeros escarceos oriolanos de rebeli\u00f3n. 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