
El cargo de maestre de la Orden de Cristo, orden de caballería portuguesa,
había pasado después de 1417 a ser ejercido por miembros de la Casa Real, que pasaron a llamarse administradores y gobernantes por nombramiento papal.
El primer fue el infante Don Enrique, “que la encaminó para lo que parecía ser su misión inicial, la de la conquista de Asia, a través de los viajes marítimos, que su propia orden financió.
Los ideales de expansión cristiana empezaron de nuevo a activarse en el siglo XV cuando su Gran-Maestre, el Infante Don Enrique, invirtió los beneficios de la Orden en la exploración marítima. El emblema de la orden, la Cruz de la Orden de Cristo, adornaba las velas de las carabelas que exploraban los mares desconocidos.
El resultado de eso es que en 1454 y 1456, a través de bulas del Papa Nicolás V y del Papa Calisto III respectivamente, se concede o se da la obligación a la Orden de Cristo de establecer el derecho espiritual sobre todas las tierras descubiertas, como territorios nullius diocesis, siendo su sede diocesana la Iglesia de Santa Maria do Olival, en Tomar.