{"id":113,"date":"2011-12-15T12:32:50","date_gmt":"2011-12-15T12:32:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/principedcarlos\/?p=113"},"modified":"2011-12-20T15:19:10","modified_gmt":"2011-12-20T15:19:10","slug":"la-locura-de-don-carlos-hijo-de-felipe-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/principedcarlos\/2011\/12\/15\/la-locura-de-don-carlos-hijo-de-felipe-ii\/","title":{"rendered":"La locura de  Don Carlos, hijo de Felipe II"},"content":{"rendered":"<p align=\"left\">Hubo en realidad, un desacuerdo absoluto y constante entre el padre y el hijo. Lejos de intentar corregir el mal natural de don Carlos, no s\u00f3lo no hizo nada Felipe II por mejorarlo, sino que contribuy\u00f3 a su desarrollo. Vemos despuntar la verdad en el siguiente p\u00e1rrafo debido a un embajador (1): \u201c<em> Hay muchas personas <\/em>\u2013dice hablando de don Carlos- <em>que no se asustan de los defectos que se le atribuyen, pues ven en ellos las consecuencias del trato que se le da, sin contar con que siempre ha estado enfermizo y delicado.<\/em>\u201d Las locuras del pr\u00edncipe de Espa\u00f1a son, pues, si bien se miran \u00ab<em>tanto producto de su temperamento m\u00f3rbido como del instinto tir\u00e1nico de su padre.<\/em>\u201d(2)<\/p>\n<p align=\"left\">Parece, sin embargo, que dio \u00e9ste pruebas patentes de gran paciencia. Durante mucho tiempo toler\u00f3 las algaradas de su hijo, content\u00e1ndose con deplorarlas; durante mucho tiempo mantuvo en suspenso su resoluci\u00f3n de reducirlo a la impotencia de hacer da\u00f1o. Se dio cuenta de que el pr\u00edncipe, seg\u00fan los\u00a0 t\u00e9rminos del enviado de Francia en Madrid, \u201c<em>ten\u00eda m\u00e1s descompuesto el cerebro que el cuerpo, y de que jam\u00e1s sentar\u00eda el seso, cuando sus actos se lo hicieran experimentar.<\/em>\u201d (3). Se ha dicho que pretendi\u00f3 Felipe atra\u00e9rselo por la dulzura, que esperaba mejorar sus sentimientos por m\u00e9todos de suavidad, pero que el pr\u00edncipe hizo fracasar sus esfuerzos. Cuando asist\u00eda al Consejo \u201c<em>embrollaba todos los asuntos e imped\u00eda toda deliberaci\u00f3n<\/em>\u201d (4). Sus prodigalidades fueron siempre insensatas.<\/p>\n<p align=\"left\">Los actos de violencia de don Carlos eran continuos: despu\u00e9s de amenazar con un pu\u00f1al al duque de Alba, se precipit\u00f3 contra don Juan, espada en mano; estos hechos se\u00f1alaron que ya era tiempo de poner fin a un estado de cosas que no pod\u00eda prolongarse sin graves inconvenientes. Felipe II juzg\u00f3 llegada la hora de encerrar al demente, que se hab\u00eda hecho peligroso.<br \/>\nSin consignar un relato que est\u00e1 profusamente reproducido, indicaremos sin embargo sus puntos principales.<\/p>\n<p align=\"left\">Exactamente entre once y doce de la noche del 18 al 19 de enero de 1568, sali\u00f3, sin guardia, el rey de su gabinete, vestido con su traje ordinario; iba precedido de un hombre portador de una antorcha y seguido de otros cuatro, provistos de clavos y martillos. Con este aparato penetraron aquellos personajes en la habitaci\u00f3n de don Carlos, cuya puerta estaba entreabierta. Antes de ser visto por su hijo, que estaba vuelto de espaldas, Felipe II se apoder\u00f3 de la espada y del pu\u00f1al, suspendidos a la cabecera de la cama en que el infante estaba echado. Dio orden el rey a continuaci\u00f3n de que fueran retirados todos los objetos de hierro y acero que hubiese en la pieza, incluso los morillos de la chimenea; mientras dos de sus hombres clavaban la ventana: el heredero de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola quedaba desde aquel momento constituido en prisionero de Estado.<\/p>\n<p align=\"left\">La impresi\u00f3n general que produjo aquel acontecimiento se encuentra resumida en el siguiente documento diplom\u00e1tico: \u201c<em>Su majestad busca remedio desde hace dos a\u00f1os a esta situaci\u00f3n; pero a pesar de sus esfuerzos, las cosas han ido empeorando. Nunca se pudo afirmar ni reglar este cerebro, habi\u00e9ndose impuesto la necesidad de llegar a los extremos&#8230;<\/em>\u201d \u00bfPod\u00eda el rey ni deb\u00eda, si llegaba a morir, dice en otro lugar, dejar el gobierno a un pr\u00edncipe tan d\u00e9bil de raz\u00f3n? Quien mejor nos descubre el m\u00f3vil que lo inspir\u00f3 es el mismo Felipe II, en una carta que escribe al duque de Alba.<\/p>\n<p align=\"left\">\u201c<em>Duque y primo m\u00edo<\/em> \u2013escrib\u00eda el rey-: <em>Vos sab\u00e9is muy bien cu\u00e1l es el natural del pr\u00edncipe, mi hijo, y cu\u00e1les sus acciones, para que tenga que detenerme en justificar la medida que acabo de adoptar y explicaros los motivos de mi suprema resoluci\u00f3n. Despu\u00e9s de vuestra partida han tomado tal car\u00e1cter las cosas, han sobrevenido tantos acontecimientos particulares y de importancia, a tal extremo ha llegado el pr\u00edncipe en desmerecimiento, que al fin me he decidido a asegurarme de \u00e9l, encerr\u00e1ndolo en sus habitaciones con guardia especial. El esc\u00e1ndalo ha sido grande, la medida que he tenido que adoptar es severa; pero de lo poco que hab\u00e9is visto y de lo mucho que sab\u00e9is podr\u00e9is deducir si mi resoluci\u00f3n es prudente y bien fundada. En lo que se refiere a m\u00ed solo, con sus desobediencias y faltas de respeto de todas clases, habr\u00eda tenido paciencia, o, al menos, habr\u00eda empleado otros procedimientos; pero teniendo en cuenta mis deberes para con Dios, para con el bien p\u00fablico de la cristiandad y de mis Estados, he visto en toda su evidencia los inconvenientes, los peligros que pod\u00edan seguirse en el porvenir, lo mismo que los que ya nos amenazan.<\/em>\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">Se ve claramente en este documento que el padre cede ante el rey; si bien el padre hab\u00eda podido manifestar una longanimidad prolongada, el rey no ten\u00eda derecho a sacrificar los intereses del Estado a sus sentimientos paternales. Felipe II dec\u00eda al rey de Portugal en una carta: \u201c<em>He preferido el bien de mis pueblos a las dem\u00e1s consideraciones humanas.<\/em>\u201d No fue, pues, un castigo lo que quiso infligir Felipe II a don Carlos; fue un encierro definitivo para evitar los inconvenientes que pod\u00edan resultar de extrav\u00edo mental de su hijo.<\/p>\n<p align=\"left\">Una vez preso el infante y reducido a la impotencia para perjudicar al Estado y a s\u00ed mismo \u00bfqu\u00e9 inter\u00e9s pod\u00eda tener un padre en precipitarle la muerte? Pues de dar cr\u00e9dito a ciertos historiadores, aquella muerte fue la obra de un crimen y no debida a una causa natural; para unos, se le administr\u00f3 el veneno mezclado con el caldo; otros dicen que se recurri\u00f3 a un t\u00f3xico lento, mezcl\u00e1ndoselo durante cuatro meses a su alimentaci\u00f3n; no insistimos, por nuestra parte, sobre la inverosimilitud de esta hip\u00f3tesis.<\/p>\n<p align=\"left\">(&#8230;) Todo esto son leyendas, de las que, al menos, ha quedado que, si no se suprimi\u00f3 al demente por cualquier medio violento, se le dej\u00f3 entregado a s\u00ed mismo; no se hizo nada para impedir que se arrastrase desnudo, en plena fiebre, por su habitaci\u00f3n, convertida antes en un mar, ni para evitar que bebiese agua helada en dosis excesivas, lo mismo de d\u00eda que durante la noche y en ayunas. A pesar de la frialdad de las noches, se despojaba de sus vestidos y permanec\u00eda varias horas con la ventana abierta. Ten\u00eda constantemente en la cama un calentador lleno de nieve. Rehus\u00f3 durante varios d\u00edas todos los alimentos, y despu\u00e9s de largo ayuno, sin transici\u00f3n, devor\u00f3 en una comida un pastel de cuatro perdices. \u00bfC\u00f3mo no se ejerc\u00eda m\u00e1s vigilancia sobre el detenido? \u00bfPor qu\u00e9 no se le impidi\u00f3 dar rienda suelta a su voracidad, reglament\u00e1ndole el n\u00famero de platos que hab\u00edan de serv\u00edrsele? Los panegiristas de Felipe II invocan, como excusa del rey, que \u00e9ste no quiso, oponi\u00e9ndose a los caprichos de su hijo, provocarlo a una funesta resoluci\u00f3n. \u00a1Miserable pretexto! Los informes cotidianos de los carceleros ten\u00edan al rey al corriente de los menores desprop\u00f3sitos del pr\u00edncipe, siendo la verdad que el monarca nunca intervino para evitar el lento suicidio de su hijo.<\/p>\n<p align=\"left\">Si no acogi\u00f3 con alegr\u00eda la noticia del desenlace, disimul\u00f3, al menos, toda emoci\u00f3n. Sin embargo, su alma debi\u00f3 ser presa de remordimiento si pens\u00f3 un solo instante que no pod\u00eda hacer responsable a su hijo de una fatalidad morbosa que hiri\u00f3 primero a Juana de Castilla, su abuela, que hab\u00eda pesado a continuaci\u00f3n sobre el gran emperador de ella nacido (Carlos V), y sobre el mismo Felipe II, cuyo car\u00e1cter taciturno y temperamento lipemaniaco no pod\u00edan dejar de influir en su descendencia.<br \/>\nEl resto del legado en que cupo a dos Carlos la mayor parte lo encontraremos en Felipe III y Felipe IV. Carlos II (el hechizado) vendr\u00e1 despu\u00e9s a sumarse a esta dinast\u00eda de degenerados.<\/p>\n<p><em>(1)El bar\u00f3n de Dietrichstein. (2) Clauzel, \u201cPhilippe II\u201d (3) Despachos manuscritos de Forquelvaux, 5 febrero 1560 (4) Carta de Sigismond Cavalli, febrero 1568<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hubo en realidad, un desacuerdo absoluto y constante entre el padre y el hijo. Lejos de intentar corregir el mal natural de don Carlos, no s\u00f3lo no hizo nada Felipe II por mejorarlo, sino que contribuy\u00f3 a su desarrollo. 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