En Aragón y Valencia, tienen una existencia precaria, sin jefe para guiarles y aconsejarles.
En el Reino de Aragón, los moriscos estaban en el Ebro (un valle) y sobre todo en Zaragoza y se dedicaban a la agricultura y la ganadería. Los señores cristianos eran los quienes les protegía contra los ataques de la Inquisición por ejemplo y a cambio trabajaban para ellos y el monarca Felipe II los veía como un problema para la seguridad de la comunidad.