La literatura sefardí

La literatura sefardí

 

 

 

 

 

La lengua y la cultura judeoespañolas han estado siempre bajo un doble signo: lo judío y lo español.

Esas dos constantes no pueden por menos de estar presentes también en la literatura sefardí en judeoespañol, en la que encontramos géneros de carácter netamente judío, como las que veremos en relación a las traducciones de biblias, y demás literatura rabínica,  junto a otros de origen hispánico, como los de transmisión oral, y uno, de gran personalidad, en el que se conjugan la herencia hispánica y la judía, las coplas; en época reciente surgieron otros, a los que se llama adoptados, que reflejan la entrada de nuevas influencia  en el mundo sefardí, aunque solo nos fijaremos en los textos de relación bíblico o religiosa, y en las coplas por ser el género más particular desarrollado por los literatos sefardíes.

 

 

  • La Biblia

 

El aspecto más judío de la literatura, que toma directamente de las fuetes hebraicas, está constituido por una serie de obras  cuya finalidad es poner al alcance de las gentes piadosas del pueblo unas obras originariamente escritas en hebreo, lengua que por lo general desconocían los sefardíes. La Biblia, los oracionales, los tratados de moral y colecciones de preceptos y, en fin, toda una literatura rabínica de gran importancia para la vida del judío.

 

Ya desde la Edad Media desempeñaron los judíos un importante papel en al traducción de la Biblia en español. Las biblias romanceadas medievales fueron elaboradas la mayor parte de las veces con los judíos.

                                                                                                           

 

Algún tiempo después la inquisición comenzó a ver con recelo estas traducciones de la Biblia a la lengua romance, por entender que podían servir para adoctrinar en la religión de sus padres a los conversos judaizantes. De ahí que las traducciones bíblicas, pronto prohibidas en la península, tomasen el camino del exilio: desde el siglo XVI al XVIII, la publicación de biblias en español estuvo a cargo exclusivamente de los protestantes exiliados y de los judíos expulsos.

 

Las biblias sefardíes recogen la tradición de las medievales, especialmente en lo que respecta a los rasgos lingüísticos: presentan un léxico arcaico y la morfosintaxis calcada del hebreo propias del ladino.

 

La más antigua de ellas es el Pentateuco de Constantinopla, editado en esta ciudad por Eliécer Soncino en 1547. En Ferrara (1553) vio por primera vez la luz otra de las más famosas biblias ladinadas, está en caracteres latinos. De la primero edición se hicieron dos versiones: una orientada a los cristianos,  otra dedicada a los judíos. Esta Biblia vivió la reedición varias veces en Italia y los Países Bajos hasta el siglo XVIII, y de nuevo vio la luz en el XX (1946) en Buenos Aires.

 

Otras de las biblias importantes son: la que se editó en el siglo XVIII,  por Abraham Asa, la primera aljamada que contiene todo el texto bíblico; y otra de las más conocidas biblias jufioespañola, la publicada en Esmirna en 1838, cuyo lenguaje es ya más judeoespañol que ladino.

 

El mismo paso dieron las dos lecturas muy comunes para los judíos piadosos: La Hagadá de Pésah, que narra la salida de los judíos de Egipto;  y los Pirqué abot “dichos de los padres”.

 

Los textos éticos que debían regular el comportamiento de la población también fueron traducidos al judeoespañol, así como todo texto relacionado con la liturgia judía, y con el pueblo que fuera interesante a la cúpula rabínica para hacer llegar el mensaje a sus correligionarios.

 

El resultado es una vastísima obra en la que, con motivo del comentario bíblico, se introducen elementos de filosofía, mística, moral, historia, astronomía, astrología, física, biología, medicina, zoología, pedagogía, folklore, legislación y las materias más variadas.

 

  • Las coplas

 

Sin duda las coplas, complas o conplas, es el género más característico de la literatura sefardí, en el que los rasgos más peculiares de la cultura judeoespañola en el exilio enlazan con la vulnerable tradición de las coplas hispánicas medievales.

 

 

 

 

                                                                           El nacimiento y vocación de Abraham

 1 Cuando el rey Nimrod al campo saldriya
miraba en el cielo a la estrelleriya,
vido luz santa en el juderiya
que habiya de nacer Abraham abinu.
 ld: abinu ‘nuestro padre’, eulogia habitual tras el nombre de los patriarcas (hb.)
2 Luego a las comadres encomendaba
que toda mujer que se encintara,
si pariya hijo, que lo matara,
que habiya de nacer Abraham abinu.
 

 

 3 La mujer de Térah quedó preñada,
de en diya en diya le demandaba:
¿De qué tenés la cara tan demudada?
Ella ya sabía el mal que teniya.
3b: No se explicita en el texto quién era el que preguntaba (demandaba), podría ser el propio marido mencionado en v.3a
4 A los mueve meses parir queriya,
se hue caminando por campos y viñas;
a su marido tal non descubririya,
topó una meará y lo paririya.
4b: hue ‘fue’.-

4d: meará ‘cueva’ (hb. me’ará)

5 Luego en aquella hora él le hablaba:
-Andávos la mi madre de la meará,
porque yo ya tengo a quen me alechará,
porque so criyado del Dio verdadero-.
 

 

 6 A los vente diyas lo hue a visitar,
lo vido de enfrente mancebo saltar,
mirando en el cielo y bien atentar
para conocer al Dio de la verdad.
6c: atentar ‘prestar atención, examinar atentamente’.
7 -Madre, la mi madre, ¿qué buscás aquí?
-Un hijo preciado que dejí aquí
lo vine a buscar si está por aquí;
si es que está vivo me consolo yo.
 

 

 8 Madre, la mi madre, ¿qué hablas hablás?.
un hijo preciado, ¿cómo lo dejás?
¿Por qué a los vente diyas lo venís a visitar?
Yo so el vuestro hijo, criyado del Dio.
 

 

 9 Al anochecer vide a la luna,
contí a las estrellas una por una.
Al amanecer vide que se encubrió de una;
dije: ¡No es éste el Dio vedradero!
9c: de una ‘por entero=.
10 Vide a el sol que se espandió,
pensí en mi corazón que era el Dio.
Vide a la tadre que se encubrió,
dije: ¡No es éste el Dio vedradero!
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