{"id":178,"date":"2010-06-04T16:29:00","date_gmt":"2010-06-04T16:29:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/smithriquezanaciones\/?page_id=178"},"modified":"2010-06-04T16:30:18","modified_gmt":"2010-06-04T16:30:18","slug":"el-capital","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/smithriquezanaciones\/el-capital\/","title":{"rendered":"El capital"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/blogs.ua.es\/smithriquezanaciones\/files\/2010\/06\/monumentoberlin.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-180\" title=\"monumentoberlin\" src=\"https:\/\/blogs.ua.es\/smithriquezanaciones\/files\/2010\/06\/monumentoberlin-300x245.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"245\" srcset=\"https:\/\/blogs.ua.es\/smithriquezanaciones\/files\/2010\/06\/monumentoberlin-300x245.jpg 300w, https:\/\/blogs.ua.es\/smithriquezanaciones\/files\/2010\/06\/monumentoberlin.jpg 340w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Un\u00e1nimemente considerada como la obra esencial de Karl  Marx, <em>El capital<\/em> es un magno tratado en tres vol\u00famenes. El  primero se public\u00f3 en Hamburgo en 1867; el segundo y el tercero fueron  publicados por Engels despu\u00e9s de la muerte del autor, respectivamente en  1885 y en 1894.<\/p>\n<p>Por lo com\u00fan es conocido s\u00f3lo el  primer volumen, que, a pesar de ser el m\u00e1s importante y fundamental, no  da una idea exhaustiva del pensamiento de Marx. En la sociedad  capitalista (as\u00ed comienza el volumen) la mercanc\u00eda no cuenta por su  valoraci\u00f3n social: se ha convertido en un objeto abstracto, un fetiche.  De modo particular, el dinero &#8220;que refleja sobre una mercanc\u00eda sus  relaciones con todas las dem\u00e1s&#8221; se apodera del alma humana y la tiraniza  como un demonio. El dinero es el que compra a los hombres y el trabajo  de \u00e9stos.<\/p>\n<p>La fuerza-trabajo, productora de las  mercanc\u00edas, se cambia y se compra como otra mercanc\u00eda cualquiera y  obedece a las mismas leyes del mercado, olvidando que detr\u00e1s de ellas  hay un hombre, con su familia: el proletario. Este proletario es libre,  pero si no vende su trabajo se muere de hambre. Vende su capacidad de  trabajo, pero \u00e9sta es una cualidad personal, y no se puede vender  aisladamente; por esto una vez hecho el contrato entre capitalista y  trabajador, \u00e9ste, con toda su personalidad y sus necesidades, pasa a  manos del otro.<\/p>\n<p>Para el capitalista, el dinero debe multiplicar dinero.  Tambi\u00e9n el dinero invertido en los salarios se multiplica, o sea, que la  fuerza humana adquirida produce al capitalista una plusval\u00eda, adem\u00e1s  del valor con que la paga. La formaci\u00f3n de la plusval\u00eda y su aumento se  efect\u00faan de las siguientes maneras: 1\u00ba) el capitalista obliga al  operario a darle su trabajo por un tiempo superior al que se necesita  para compensar el salario; 2\u00ba) la mercanc\u00eda-trabajo, en vez de  consumirse como otra cualquiera, produce (al consumirse) un valor  superior al que representa, esto es, que el trabajo produce un excedente  sobre su coste, que es la plusval\u00eda, monopolizada por el capitalista,  el cual tiene poder de imponer al operario las condiciones que quiera;  3\u00ba) cuando no es posible ulteriormente aumentar la jornada de trabajo  por v\u00eda directa, el capitalista procura aumentarla indirectamente,  modificando el proceso t\u00e9cnico; toda mejora de la t\u00e9cnica productiva  equivale a un aumento de la jornada de trabajo; aumenta la producci\u00f3n y  por eso acrece la plusval\u00eda.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima  consideraci\u00f3n pone en claro que, en un momento dado de la evoluci\u00f3n del  proceso productivo, esto es, cuando el capitalista ha llevado a su  l\u00edmite extremo los dos primeros modos de aprovechamiento, el problema  del aumento de la plusval\u00eda se torna esencialmente un problema t\u00e9cnico:  mejorar los medios t\u00e9cnicos de la producci\u00f3n. Los inventos mec\u00e1nicos han  sido, a este respecto, el gran recurso del capitalista.<\/p>\n<p>En manos del capitalista la plusval\u00eda se convierte en nuevo  capital: as\u00ed se obtiene la acumulaci\u00f3n. \u00c9sta, por un proceso cuyas  varias fases analiza Marx en la obra, conduce a la concentraci\u00f3n de los  capitales y a la centralizaci\u00f3n, hasta que el capitalismo cae en un  c\u00edrculo vicioso. He aqu\u00ed c\u00f3mo se sintetiza en el pensamiento de Marx el  c\u00edrculo cerrado del sistema capitalista: en la competencia de la  producci\u00f3n vence el precio m\u00e1s bajo; el precio m\u00e1s bajo es el resultado  de un alto rendimiento de trabajo, y \u00e9ste se resuelve en m\u00e1quinas m\u00e1s  poderosas y en talleres m\u00e1s perfeccionados, y por tanto en un capital  mayor; de aqu\u00ed la necesidad de acumular a ritmo creciente; pero cuanto  m\u00e1s se acumulan las m\u00e1quinas, m\u00e1s disminuye proporcionalmente el n\u00famero  de obreros y m\u00e1s peque\u00f1a se hace la proporci\u00f3n del capital circulante  (mano de obra) respecto al capital fijo (m\u00e1quinas, instalaciones, etc.);  como la plusval\u00eda deriva del capital circulante, cuanto m\u00e1s peque\u00f1a sea  la proporci\u00f3n de este capital, tanto menor se hace la proporci\u00f3n de la  plusval\u00eda (que puede aumentar en valor absoluto, pero disminuye en valor  relativo).<\/p>\n<p>En tanto, crece la masa de obreros  desocupados, de manera que las posibilidades de consumo decrecen,  mientras por otra parte aumentan las mercanc\u00edas en el mercado. Entonces  es menester, para que los parados vuelvan a consumir, ocuparlos en  nuevas ramas de la industria, o desarrollar las que ya existen. Pero  para esto son menester nuevos capitales y los nuevos capitales no se  pueden obtener sino con la acumulaci\u00f3n, y la acumulaci\u00f3n no se obtiene  sino con el aumento de la plusval\u00eda. Para aumentar el valor relativo de  la plusval\u00eda ser\u00eda menester disminuir el valor de la mano de obra,  bajando el precio de las mercanc\u00edas consumidas por el trabajador. Para  disminuir el precio de las mercanc\u00edas es necesario aumentar la  productividad, mejorando la t\u00e9cnica. Y para mejorar la t\u00e9cnica, es  menester tambi\u00e9n acumular, aumentando la plusval\u00eda, y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n<p>El c\u00edrculo vicioso queda cerrado. De cuando en cuando el  c\u00edrculo se interrumpe; con los almacenes repletos, y las salidas  cerradas, el mercado ya no acepta nada; quiebras, obreros sin trabajo,  revueltas de los hambrientos: crisis. Tal es el c\u00edrculo vicioso del  sistema capitalista; pero \u00e9ste, como el sistema de que es expresi\u00f3n, ha  tenido tambi\u00e9n su punto de partida. Al origen del capitalismo  corresponde el origen de la acumulaci\u00f3n, pecado original de la econom\u00eda  pol\u00edtica. La primera acumulaci\u00f3n del capital es fruto de una  expropiaci\u00f3n: de propiedad privada conquistada con el trabajo.  Inmediatamente se tiene una nueva forma de expropiaci\u00f3n: la del capital  inferior, que ya se aprovecha de una muchedumbre de operarios. Todo  capitalista ha matado a otros y, la mayor\u00eda de las veces, ser\u00e1 muerto  por uno mayor que \u00e9l.<\/p>\n<p>El proceso alcanza tales  extremos que, en un momento dado, el n\u00famero de los capitalistas es muy  peque\u00f1o y se vuelve amenazadora para ellos la masa de la miseria que, en  el polo opuesto, se organiza, se une y se subleva. Es el propio  desarrollo del mecanismo capitalista el que anima esta masa; en efecto,  el monopolio del capital se torna un impedimento hasta para los m\u00e9todos  de producci\u00f3n surgidos del mismo capitalismo. La concentraci\u00f3n de los  medios de producci\u00f3n y la socializaci\u00f3n del trabajo alcanzan tales  l\u00edmites que resultan incompatibles con la estructura capitalista, dentro  de la cual se han originado y se han determinado. La estructura se  convierte en superestructura, y habr\u00e1 de derrumbarse. El final de la  propiedad capitalista est\u00e1 pr\u00f3ximo. Los expropiadores ser\u00e1n expropiados.<\/p>\n<p>El segundo volumen describe minuciosamente el  funcionamiento del mercado, del cual son esclavos los capitalistas; pero  \u00e9stos, para disminuir los riesgos de los caprichos del mercado, se  ayudan rec\u00edprocamente, fundan las bancas y adoptan medidas de seguridad.  As\u00ed los fen\u00f3menos ca\u00f3ticos acaban por regularizarse, y el capitalista  consigue vivir m\u00e1s seguro en su propio edificio. Pero mientras tanto el  mecanismo se ha complicado, y el capitalista, a pesar de seguir  obteniendo la plusval\u00eda s\u00f3lo de su actividad de industrial, asume nuevas  funciones: se convierte en comerciante, mediador, banquero,  latifundista. Se hace ayudar por una muchedumbre de otras personas:  \u00e9stas ayudan al capital a conseguir su provecho, y por esto reclaman una  parte de \u00e9l. El provecho, en adelante, habr\u00e1 de ser repartido entre  todos los lobos de la horda. El modo c\u00f3mo haya de ser dividido viene  marcado por el propio juego del mecanismo capitalista.<\/p>\n<p>Ya la econom\u00eda cl\u00e1sica hab\u00eda notado que los capitales  empleados en las m\u00e1s diferentes empresas dan, en un mismo pa\u00eds y en un  mismo tiempo, una proporci\u00f3n igual de provecho. En el tercer volumen de <em>El  capital<\/em>, Marx explica que los diferentes provechos se igualan en el  momento de la venta de la mercanc\u00eda, porque el capital no ingresa el  provecho de su producci\u00f3n particular, sino \u00fanicamente su parte en el  bot\u00edn general. Los capitalistas se comportan, en lo que concierne al  provecho, como accionistas de una gran sociedad: no se distinguen unos  de otros sino por el importe relativo de los capitales empleados por  cada uno de ellos.<\/p>\n<p>Fuente: Biogra\u00edasyvidas.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un\u00e1nimemente considerada como la obra esencial de Karl Marx, El capital es un magno tratado en tres vol\u00famenes. El primero se public\u00f3 en Hamburgo en 1867; el segundo y el tercero fueron publicados por Engels despu\u00e9s de la muerte del autor, respectivamente en 1885 y en 1894. 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