{"id":528,"date":"2012-04-07T20:00:53","date_gmt":"2012-04-07T20:00:53","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.ua.es\/todaviaprendo\/?p=528"},"modified":"2012-04-10T17:40:04","modified_gmt":"2012-04-10T17:40:04","slug":"el-hombre-que-plantaba-arboles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.ua.es\/todaviaprendo\/2012\/04\/07\/el-hombre-que-plantaba-arboles\/","title":{"rendered":"El hombre que plantaba \u00e1rboles"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\"><a href=\"https:\/\/blogs.ua.es\/todaviaprendo\/files\/2012\/04\/hombre2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-553\" src=\"https:\/\/blogs.ua.es\/todaviaprendo\/files\/2012\/04\/hombre2.jpg\" alt=\"El hombre que plantaba \u00e1rboles\" width=\"454\" height=\"292\" srcset=\"https:\/\/blogs.ua.es\/todaviaprendo\/files\/2012\/04\/hombre2.jpg 454w, https:\/\/blogs.ua.es\/todaviaprendo\/files\/2012\/04\/hombre2-300x192.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 454px) 100vw, 454px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Para que el car\u00e1cter de un ser humano excepcional muestre sus verdaderas cualidades, es necesario contar con la buena fortuna de poder observar sus acciones a lo largo de los a\u00f1os. Si sus acciones est\u00e1n desprovistas de todo ego\u00edsmo, si la idea que las dirige es una de generosidad sin ejemplo, si sus acciones son aquellas que ciertamente no buscan en absoluto ninguna recompensa m\u00e1s que aquella de dejar sus marcas visibles; sin riesgo de cometer ning\u00fan error, estamos entonces frente a un personaje inolvidable.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Hace aproximadamente cuarenta a\u00f1os, yo hac\u00eda una larga traves\u00eda a pie, en las regiones altas, absolutamente desconocidas para los turistas, en la vieja regi\u00f3n de los Alpes que penetra hasta La Provenza.Esta regi\u00f3n est\u00e1 delimitada al sureste por el curso medio del Durance, entre Sisteron y Marabeau; al norte por el curso superior del Drome, despu\u00e9s de su nacimiento, justo al oeste, por las planicies de Comtant Venaissin y al pie de monte de Mont-Ventoux. Comprende toda la parte norte del Departamento de Bases &#8211; Alpes, el sur del Drome y un pequeno enclave de Vaucluse.En el momento en el que emprend\u00ed este largo viaje, entre los 1200 y 1300 metros de altitud, el paisaje estaba dominado por desiertos, eran tierras tomadas por la monoton\u00eda. Lo \u00fanico que pod\u00eda crecer ah\u00ed eran lavandas silvestres. Yo pasaba por esta regi\u00f3n en su parte m\u00e1s ancha cuando despu\u00e9s de tres d\u00edas de camino me encontr\u00e9 en medio de una desolaci\u00f3n sin igual. Acampaba al lado del esqueleto de un pueblo abandonado. Ya no ten\u00eda agua. La que me quedaba del d\u00eda anterior la hab\u00eda utilizado durante la vigilia y necesitaba encontrar m\u00e1s. No pude encontrarla. Las casas, de lo que alguna vez hab\u00eda sido un poblado, estaban aglomeradas al rededor de unas ruinas apiladas, lo que me hizo pensar que en alg\u00fan tiempo ah\u00ed debi\u00f3 haber habido una fuente o un pozo. El arreglo de las cinco o seis casitas de piedra con techos volados y lavados por el viento, y la peque\u00f1a capilla daban la apariencia de un pueblo habitado. Sin embargo, cualquier resquicio de vida hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Era un hermoso d\u00eda de junio, pleno de sol, pero en estas tierras sin abrigo, y a estas alturas del cielo, el viento soplaba con una brutalidad insoportable. La fuerza con la que el viento golpeaba las carcasas de las casas era tan violenta como el de una bestia salvaje que es interrumpida durante sus alimentos. Era necesario mover mi campamento. A cinco horas de marcha, no hab\u00eda encontrado agua, ni ning\u00fan otro indicio que pudiera darme la esperanza de encontrarla. Por todas partes era la misma aridez, las mismas hierbas le\u00f1osas. Me pareci\u00f3 percibir a lo lejos una peque\u00f1a silueta negra, de pie. De primera instancia pens\u00e9 que se trataba de la sombra de un tronco solitario. Por casualidad, me dirig\u00ed hacia ella. Era un pastor. Una treintena de corderos yac\u00edan sobre la tierra ardiente reposando cerca de \u00e9l. Me dio de beber agua de su botella, y un poco m\u00e1s tarde \u00e9l me condujo hasta su casita en una ondulaci\u00f3n de la meseta. El obten\u00eda su agua -excelente, por cierto- de un pozo natural muy profundo, en el que \u00e9l mismo hab\u00eda instalado un malacate muy rudimentario.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Este hombre hablaba poco. Esta es una pr\u00e1ctica com\u00fan entre aquellos que viven solos. Sin embargo, se le percib\u00eda como un hombre seguro de s\u00ed mismo, confiado en sus convicciones. Me parec\u00eda ins\u00f3lita su presencia en estos lugares tan desprovistos de todo. No viv\u00eda en una caba\u00f1ita, sino en una verdadera casa de piedra donde saltaba a la vista claramente que \u00e9l mismo hab\u00eda restaurado las ruinas con las que se encontr\u00f3 a su arribo. El techo era s\u00f3lido y estaba bien fijo. El viento que golpeaba las tejas del techo produc\u00eda un ruido similar al del mar cuando golpea en las playas. Sus muebles y pertenencias estaban en orden, su bajilla estaba lavada, el piso estaba pulcramente trapeado, su rifle estaba engrasado; su sopa herv\u00eda en el fuego. Fue entonces cuando me di cuenta de que tambi\u00e9n estaba reci\u00e9n afeitado, que todos sus botones estaban s\u00f3lidamente cosidos y que su ropa estaba cuidadosamente remendada, a tal punto, que los parches eran casi invisibles. El comparti\u00f3 su sopa conmigo y despu\u00e9s de cenar yo le ofrec\u00ed tabaco de mi saquito. \u00c9l me coment\u00f3 que ya no fumaba. Su perro era tan silencioso como \u00e9l, era amigable sin llegar a ser ruin.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">R\u00e1pidamente entend\u00ed que pasar\u00eda la noche ah\u00ed, el poblado m\u00e1s cercano se encontraba todav\u00eda a m\u00e1s de un d\u00eda y medio de marcha. M\u00e1s a\u00fan, ya hab\u00eda tenido la oportunidad de conocer el raro car\u00e1cter de los habitantes de esta regi\u00f3n. Que por cierto, no era en absoluto recomendable. En las laderas de estas monta\u00f1as, entre los matorrales de encinos blancos que est\u00e1n en los extremos de los caminos aptos para veh\u00edculos, hay cuatro o cinco poblados dispersos, lejos los unos de los otros. Estos poblados est\u00e1n habitados por talamontes que hacen carb\u00f3n con la madera. Son lugares donde se vive mal; en las garras de la exasperaci\u00f3n. Las familias viven unas en contra de las otras, en un clima hostil, de rudeza excesiva, ya sea en el verano o en el invierno, viven amagando su ego\u00edsmo a\u00fan m\u00e1s por la irracional desmesura en su deseo de escapar de este ambiente. Los hombres llevaban su carb\u00f3n al pueblo en sus camiones y, despu\u00e9s regresaban. Las m\u00e1s s\u00f3lidas cualidades se rompen bajo este perpetuo vano escoc\u00e9s. Las mujeres cocinaban a fuego lento sus rencores. Hab\u00eda competencia en todo, desde la venta del carb\u00f3n hasta las bancas de la iglesia; las virtudes se combaten entre ellas, los vicios y las virtudes se arrebatan unas a otras haciendo un revoltijo sin reposo. Hay epidemias de suicidios y numerosos casos de locura casi siempre fatales.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">El pastor, que no fumaba, saco un peque\u00f1o saco y vaci\u00f3 su contenido sobre la mesa, formando una pila de bellotas. Se puso a examinarlas una por una, poniendo much\u00edsima atenci\u00f3n, separando las buenas de las malas. Yo fumaba mi pipa y le propuse ayudarle. \u00c9l me respondi\u00f3 que esto era asunto suyo. En efecto, viendo la devoci\u00f3n y cuidado que pon\u00eda a su trabajo, decid\u00ed no insistir m\u00e1s. Esa fue toda nuestra conversaci\u00f3n durante la noche. Cuando hubo terminado de separar todas las bellotas que estaban en buen estado, entonces las cont\u00f3 y las puso en montoncitos de diez. De esta manera iba haciendo una selecci\u00f3n m\u00e1s, eliminando aquellas bellotas que eran muy peque\u00f1as o aquellas que ten\u00edan ligeras grietas. Al terminar, una vez m\u00e1s las examinaba gravemente. Cuando tuvo enfrente de \u00e9l cien bellotas perfectas detuvo su tarea, y entonces nos retiramos a dormir. La compa\u00f1\u00eda de \u00e9ste hombre me daba paz. Al d\u00eda siguiente, le ped\u00ed permiso para quedarme todo el d\u00eda con \u00e9l. \u00c9l lo encontr\u00f3 perfectamente natural, o con mayor exactitud, \u00e9l me daba la impresi\u00f3n de que nada podr\u00eda distraerlo. Este descanso no me era absolutamente necesario, pero yo estaba intrigado, quer\u00eda saber m\u00e1s acerca de este hombre. Antes de salir, sumergi\u00f3 en una cubeta con agua el peque\u00f1o saco donde hab\u00eda puesto las bellotas que hab\u00edan sido seleccionadas y contadas previamente con tanto cuidado.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Me di cuenta de que su cayado ten\u00eda un tri\u00e1ngulo de fierro tan grueso como un dedo pulgar y de alrededor de un metro cincuenta de largo. Yo me fui siguiendo una ruta paralela a la suya. La pastura de sus corderos yac\u00eda en el fondo de un peque\u00f1o valle. \u00c9l dej\u00f3 el peque\u00f1o rebano al cuidado del perro y subi\u00f3 hacia la derecha donde yo me encontraba parado. Me tem\u00eda que hubiera venido a reprocharme por mi indiscreci\u00f3n, pero este no fue el caso de ninguna manera. Era su propio camino, y me invit\u00f3 a acompa\u00f1arlo si no ten\u00eda nada mejor que hacer. Continuamos unos doscientos metros m\u00e1s hacia arriba.<br \/>\nCuando llegamos al lugar que el quer\u00eda, comenz\u00f3 a enterrar su tri\u00e1ngulo de fierro en la tierra. Este hac\u00eda un peque\u00f1o agujero en \u00e9l que el pon\u00eda una de las bellotas, que posteriormente cubrir\u00eda de tierra nuevamente. \u00c9l estaba plantando \u00e1rboles de encino. Entonces le pregunte si la tierra le pertenec\u00eda. \u00c9l me respondi\u00f3 que no. &#8211; \u00bfSabe de qui\u00e9n es? \u00c9l no lo sab\u00eda. Supon\u00eda que se trataba de una tierra comunal, o quiz\u00e1s podr\u00eda ser que se tratara de tierras a cuyos propietarios no les interesara. De esta manera, \u00e9l plant\u00f3 cien bellotas con mucho cuidado.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Despu\u00e9s de los alimentos del medio d\u00eda, \u00e9l comenz\u00f3 una vez m\u00e1s a seleccionar semillas. Creo que puse demasiada insistencia en mis preguntas, porque \u00e9l las respondi\u00f3 una a una. A tres a\u00f1os de haber comenzado, \u00e9l continuaba plantando \u00e1rboles en esta soledad. \u00c9l hab\u00eda plantado ya cien mil. De estos cien mil, veinte mil hab\u00edan germinado. De estos veinte mil, \u00e9l consideraba que todav\u00eda se perder\u00edan la mitad, por causa de los roedores o por cualquier otro designio de la Providencia imposible de predecir. Quedar\u00edan entonces diez mil encinos que podr\u00edan crecer en este lugar donde antes no hab\u00eda sobrevivido nada.<br \/>\nFue en este momento en el que comenc\u00e9 a preguntarme sobre la edad de este hombre. Era evidente que se trataba de un hombre de m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os. Cincuenta y cinco me dijo. Se llamaba Eleazar Bouffier. Sol\u00eda tener una granja en las planicies, donde hab\u00eda vivido la mayor parte de su vida. Hab\u00eda perdido a su \u00fanico hijo y despu\u00e9s a su mujer. Se retiro a la soledad donde acogi\u00f3 el placer de vivir lentamente con su reba\u00f1o de corderos y su perro. El hab\u00eda juzgado que este pa\u00eds se estaba muriendo porque le faltaban \u00e1rboles. A\u00f1adi\u00f3 entonces que no teniendo nada m\u00e1s importante que hacer hab\u00eda tomado la resoluci\u00f3n de poner remedio a este estado de las cosas. Viviendo yo mismo en ese momento una vida solitaria, y a pesar de mi juventud, sab\u00eda como acercarme con delicadeza a aquellas almas solitarias. A\u00fan as\u00ed, comet\u00ed un error. Fue precisamente mi juventud la que me forz\u00f3 a imaginar el porvenir en mis propios t\u00e9rminos, y en cierta medida tambi\u00e9n un anhelo en la b\u00fasqueda por la felicidad. Le coment\u00e9 que dentro de treinta a\u00f1os estos cien mil encinos ser\u00edan majestuosos. Me respondi\u00f3 con tal simpleza, que si Dios le prestaba vida, en treinta a\u00f1os \u00e9l habr\u00eda plantado tantos otros que estos diez mil ser\u00edan tan s\u00f3lo como una gota en el mar. \u00c9l hab\u00eda comenzado tambi\u00e9n a estudiar la propagaci\u00f3n de las hayas. Cerca de su casa hab\u00eda instalado un peque\u00f1o vivero donde crec\u00edan los arbolitos. Los sujetos que hab\u00eda protegido de sus corderos con una peque\u00f1a barda, que funcionaba como barrera, estaban creciendo hermosamente. \u00c9l estaba considerando plantar tambi\u00e9n algunos abedules que ser\u00edan muy convenientes para las partes bajas de los valles, donde aclar\u00f3 que hab\u00eda en estado latente un poco de humedad que se extend\u00eda sobre la superficie del suelo por algunos metros. Al siguiente d\u00eda, nos separamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\"><a href=\"https:\/\/blogs.ua.es\/todaviaprendo\/files\/2012\/04\/images.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-554\" src=\"https:\/\/blogs.ua.es\/todaviaprendo\/files\/2012\/04\/images.jpg\" alt=\"El hombre que plantaba \u00e1rboles\" width=\"259\" height=\"194\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Al a\u00f1o siguiente la guerra del catorce hab\u00eda comenzado. Yo estuve comprometido en ella por cinco a\u00f1os. Un soldado de infanter\u00eda apenas y pod\u00eda pensar en \u00e1rboles. A decir verdad, todo este asunto no me hab\u00eda dejado ninguna impresi\u00f3n. En lo personal la considere como un hobby pueril, como una colecci\u00f3n de timbres y la olvide.<br \/>\nAl terminar la guerra me encontr\u00e9 al frente a una peque\u00f1a desmovilizaci\u00f3n y con un gran deseo de tomar un peque\u00f1o respiro de aire puro. Sin ninguna otra preconcepci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de tomar un nuevo aliento. Fue as\u00ed que retom\u00e9 el camino hacia aquellas tierras des\u00e9rticas. La regi\u00f3n no hab\u00eda cambiado. Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de ese poblado abandonado percib\u00ed a la distancia una especie de neblina gris\u00e1cea que converg\u00eda en las alturas de las colinas como una alfombra. A partir de ese momento no deje de pensar en el pastor que plantaba \u00e1rboles. Diez mil encinos, me dije: ocupan un gran espacio verdaderamente. Hab\u00eda visto morir a mucha gente durante esos cinco a\u00f1os de guerra, pero no me pod\u00eda imaginar de ninguna manera la muerte de Eleazar Bouffier, a pesar de que un hombre de veinte a\u00f1os piense que un hombre de cincuenta es ya tan viejo que no le resta m\u00e1s que morir. \u00c9l no estaba muerto, en efecto, estaba lleno de vitalidad. Hab\u00eda cambiado la materia de su inter\u00e9s. Ahora s\u00f3lo ten\u00eda cuatro corderos, pero ten\u00eda un centenar de colmenas. Se hab\u00eda desecho de los corderos porque amenazaban los reto\u00f1os de los \u00e1rboles. \u00c9l me coment\u00f3 entonces que la guerra no lo hab\u00eda distra\u00eddo en absoluto, como yo mismo me pude dar cuenta, \u00e9l continu\u00f3 con su labor de cultivador de \u00e1rboles imperturbablemente. Las encinas de 1910 ahora ten\u00edan 10 a\u00f1os y eran m\u00e1s altos que yo y que \u00e9l mismo. El espect\u00e1culo era impresionante. Yo me quede literalmente privado de la palabra. Como \u00e9l, no pod\u00eda hablar m\u00e1s. Pasamos todo el d\u00eda en silencio caminando por su bosque. Estaba divido en tres secciones, el largo total era de once kil\u00f3metros, y en su punto m\u00e1s ancho la secci\u00f3n era de tres kil\u00f3metros. Cuando ca\u00ed en la cuenta de que todo esto hab\u00eda florecido de las manos y del alma de este \u00fanico hombre solo, sin ning\u00fan avance t\u00e9cnico en su herramienta, comprend\u00ed que los hombres pueden llegar a ser tan eficaces como Dios en otros dominios adem\u00e1s del de la destrucci\u00f3n.<br \/>\n\u00c9l hab\u00eda perseguido su ideal, prueba fehaciente de ello era que las hayas hab\u00edan alcanzado mis hombros y se hab\u00edan extendido tan lejos como la vista pod\u00eda alcanzar. Los encinos eran ahora robustos y frondosos, hab\u00edan ya pasado la edad en la que estaban a la merced de los roedores y en cuanto a los designios de la Providencia, si deseaba destruir la obra creada, se necesitar\u00eda de un cicl\u00f3n. \u00c9l me mostr\u00f3 sus admirables parcelas de abedules que databan de cinco a\u00f1os atr\u00e1s, es decir de 1915; cuando yo tuve que estar combatiendo en Verd\u00fan. \u00c9l los hab\u00eda plantado en las partes bajas del valle, donde hab\u00eda sospechado, con justa raz\u00f3n, que hab\u00eda humedad justo a flor de tierra. Eran tan tiernos como j\u00f3venes adolescentes, y muy decididos. La creaci\u00f3n estaba en el aire, por doquiera, se ve\u00eda como la sucesi\u00f3n estuviera tomando su propio camino. \u00c9l no se preocupaba, se ocupaba. Persegu\u00eda obstinadamente su objetivo. Era tan simple como eso. Al descender por el poblado, pude ver agua correr en los arroyos que en la memoria de los hombres, hab\u00edan estado siempre secos. Era la m\u00e1s extraordinaria reacci\u00f3n en cadena la que este hombre me hab\u00eda dado la oportunidad de presenciar. Estos arroyos secos que en tiempos muy antiguos hab\u00edan llevado agua, hab\u00edan vuelto a florecer. Algunos de estos tristes poblados, de los que hab\u00eda comentado al comienzo de mi relato, estaban construidos sobre edificios de antiguas ciudades galo-romanas, donde a\u00fan quedaban algunos trazos de estas antiguas culturas. Ah\u00ed, los arque\u00f3logos hab\u00edan encontrado anzuelos de pesca, en lo que en tiempos m\u00e1s recientes hab\u00edan sido cisternas para abastecer de un poco de agua a estos secos lugares. El viento dispersaba tambi\u00e9n algunas semillas. Al mismo tiempo que el agua reapareci\u00f3, reaparecieron los sauces, las enredaderas, los prados, los jardines, las flores y positivas razones para vivir.<br \/>\nRealmente la transformaci\u00f3n hab\u00eda tenido lugar de manera tan paulatina que hab\u00eda penetrado y se hab\u00eda instalado en la costumbre sin provocar ning\u00fan sobresalto o sorpresa. Los cazadores que sub\u00edan a la soledad de las monta\u00f1as para perseguir liebres o jabal\u00edes hab\u00edan constatado tambi\u00e9n la presencia de peque\u00f1os \u00e1rboles. Sin embargo, atribu\u00edan los cambios a los procesos naturales de la tierra. Esta era la raz\u00f3n por la que nadie hab\u00eda tocado su obra, porque nadie en absoluto hab\u00eda llegado a estar en contacto con este hombre. Era ins\u00f3lito. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda imaginar que en estos poblados y administraciones, que existiera alguien con tal obstinaci\u00f3n y poseedor de una generosidad extrema que llegase al punto de ser sublime?<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">A partir de 1920, no dej\u00e9 pasar m\u00e1s de un a\u00f1o sin ir a visitar a Eleazar Bouffier. Jam\u00e1s lo vi decaer, ni dudar. A pesar de que s\u00f3lo Dios sabe los sin sabores que hubo de superar. Para obtener el \u00e9xito en su empresa fue necesario superar muchas adversidades y luchar contra la desesperaci\u00f3n. Baste decir que durante un a\u00f1o hab\u00eda logrado plantar diez mil arces y todos murieron. Al siguiente a\u00f1o de este suceso, decidi\u00f3 abandonar los arces y volver a plantar hayas. Estas lograron crecer sanas y con mayor esplendor que los encinos. Para tener una idea m\u00e1s precisa del car\u00e1cter excepcional de nuestro personaje, no hace falta m\u00e1s que recordar que viv\u00eda en una soledad total, s\u00ed total, a tal punto que hac\u00eda el final de su vida hab\u00eda perdido la costumbre de hablar. O quiz\u00e1s: ?Era que ya no hab\u00eda visto la necesidad de hacerlo?<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">En 1933 recibi\u00f3 la visita de un guardia forestal atolondrado. Este funcionario le advirti\u00f3 de no provocar fuegos a la intemperie, ya que podr\u00eda a poner en riesgo el bosque &#8220;natural&#8221;. Fue la primera vez que un hombre le dijera de forma tan pueril que hab\u00eda visto crecer este bosque por s\u00ed solo, de manera espont\u00e1nea. En este tiempo \u00e9l estaba pensando en plantar hayas en un claro a doce kil\u00f3metros de su casa. Para evitar el ir y venir de ese sitio, &#8211; ya que para aquel entonces \u00e9l contaba ya con setenta y cinco a\u00f1os de edad-, estaba ambicionando construir una peque\u00f1a casita de piedra en el lugar mismo donde se encargar\u00eda de plantar los \u00e1rboles. Esto fue lo que hizo al a\u00f1o siguiente.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">En 1935, un verdadero delegado de la administraci\u00f3n vino a examinar &#8220;el bosque natural&#8221;. Hab\u00eda con \u00e9l un personaje importante del Ministerio de Aguas y Bosques, un diputado y t\u00e9cnicos. Se pronunciaron muchas palabras in\u00fatiles. Se decidieron hacer algunas cosas y, afortunadamente, no se hizo nada; excepto por una medida verdaderamente \u00fatil: se puso al bosque bajo la salvaguarda del Estado, y se prohibi\u00f3 que se viniera a hacer carb\u00f3n. Era evidente que era imposible no ser subyugado ante la belleza de estos j\u00f3venes \u00e1rboles plenos de salud. Este bosque ejerc\u00eda sus poderes seductivos incluso en el mismo diputado. Yo ten\u00eda un amigo entre los directores del departamento forestal que estaban en la delegaci\u00f3n. Le explique lo que para \u00e9l era un misterio. Un d\u00eda de la siguiente semana, fuimos los dos juntos a buscar a Eleazar Bouffier. Lo encontramos en pleno trabajo, a veinte kil\u00f3metros del sitio donde se hab\u00eda realizado la inspecci\u00f3n anterior. Este capit\u00e1n forestal no era mi amigo nada m\u00e1s porque s\u00ed. \u00c9l conoc\u00eda el verdadero valor de la cosas. El sab\u00eda permanecer en silencio. Le ofrec\u00ed algunos huevos que hab\u00eda tra\u00eddo conmigo como regalo; dividimos nuestros alimentos en tres y pasamos algunas horas sin decir ninguna palabra, en la contemplaci\u00f3n del paisaje. La ladera donde est\u00e1bamos estaba cubierta por \u00e1rboles de seis a siete metros de alto. Yo record\u00e9 el aspecto del sitio en 1913: un desierto&#8230; El trabajo apacible y regular, el aire lleno de vitalidad de las alturas, la frugalidad, y sobretodo la serenidad de su alma le hab\u00edan dado a este hombre una salud casi solemne. Era un atleta de Dios. Me preguntaba cu\u00e1ntas hect\u00e1reas m\u00e1s \u00e9l habr\u00eda todav\u00eda de cubrir con \u00e1rboles. Antes de partir, mi amigo hizo una simple sugerencia concerniente a algunas especies de \u00e1rboles para las que el terreno parec\u00eda especialmente adecuado. \u00c9l no insisti\u00f3 m\u00e1s. Por una muy buena raz\u00f3n. Me aclaro despu\u00e9s. Este buen hombre sabe mucho m\u00e1s que yo. A una hora m\u00e1s de camino, &#8211; esta idea se le hab\u00eda fijado en su pensamiento, y entonces agreg\u00f3:&#8221;\u00c9l sabe mucho m\u00e1s que todo el mundo&#8221;. \u00c9l hab\u00eda encontrado un motivo para sentirse orgulloso y feliz.<br \/>\nFue gracias a este capit\u00e1n forestal que no solamente el bosque fue protegido, sino que junto con \u00e9l la felicidad de este hombre. Hizo nombrar a tres guardias forestales para la protecci\u00f3n de los territorios. Los ubico de tal manera que permanecieran indiferentes a cualquier cantidad de vino que los talamontes pudieran ofrecer como soborno.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">La obra no estuvo en riesgo grave, salvo en la guerra de 1939; cuando los autom\u00f3viles comenzaron a entrar por madera, pues nunca hab\u00eda suficiente. Comenzaron a talar algunos de los encinos de las parcelas de 1910. Por suerte, estos bosques est\u00e1n tan lejos de cualquier arroyo o camino que no result\u00f3 costeable seguir extrayendo la madera y la compa\u00f1\u00eda decidi\u00f3 pronto abandonar esta extracci\u00f3n. El pastor no vio nada. \u00c9l estaba a treinta kil\u00f3metros del sitio, y continuaba pac\u00edficamente con su labor, tan imperturbable por la guerra del 39 como lo hab\u00eda estado por la guerra del 14.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Vi por \u00faltima vez a Eleazar Bouffier en 1945. Ten\u00eda entonces ochenta y siete a\u00f1os. Yo hab\u00eda retomado de nueva cuenta el camino del desierto, s\u00f3lo para encontrarme ahora con lo que a pesar de todo hab\u00eda dejado como legado la guerra en esa regi\u00f3n. Hab\u00eda un carro que hac\u00eda la ruta entre el Valle del Durance y la monta\u00f1a. Yo me apreste a tomar este relativamente r\u00e1pido medio de transporte, pues los cambios eran tan grandes que yo no pude reconocer el lugar de mis \u00faltimas visitas. Me pareci\u00f3 tambi\u00e9n que el trayecto me hac\u00eda pasar por lugares nuevos. Me vi obligado a preguntar el nombre del poblado, para estar bien seguro que esta era la regi\u00f3n que en otros tiempos hab\u00eda visto en ruinas y desolaci\u00f3n. El carro me dej\u00f3 en Vergons. En 1913, en este peque\u00f1o caser\u00edo hab\u00eda diez o doce casas con tres habitantes. Estas gentes eran salvajes, detest\u00e1ndose los unos a los otros, siempre en eterno conflicto y pillaje. F\u00edsica y moralmente, ellos parec\u00edan hombres prehist\u00f3ricos. Eran devorados por el contorno de las paredes de las casas abandonadas. Su condici\u00f3n era de total desesperanza. Parec\u00eda que s\u00f3lo estaban esperando a que la muerte los encontrara. Una condici\u00f3n que claramente no los predispon\u00eda a cultivar ninguna virtud. Todo hab\u00eda cambiado. Incluso el aire mismo. En el lugar de borrascas secas que en otros tiempos hab\u00eda sido, ahora soplaba suavemente una brisa con dulce olor. Un sonido que recuerda el del correr del agua que cae de las alturas. Pasaba lo mismo con el viento que ululaba entre los \u00e1rboles del bosque. En fin, lo m\u00e1s asombroso de todo era que se escuchaba el ruido del agua que circulaba hac\u00eda un verdadero pozo. Vi que hab\u00edan construido una fuente, y que hab\u00eda abundante agua en ella; lo que me estremeci\u00f3 m\u00e1s es que junto a esta fuente hab\u00edan plantado limoneros que ten\u00edan por lo menos cuatro a\u00f1os y que ya hab\u00edan crecido gruesos. Eran un s\u00edmbolo de la indisputable resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">M\u00e1s a\u00fan Vergons mostraba ya signos de trabajo, de aquellos que tienen por condici\u00f3n necesaria la presencia de la esperanza. La esperanza hab\u00eda retornado. Hab\u00edan limpiado las ruinas, hab\u00edan tirado las paredes rotas, y hab\u00edan reconstruido las cinco casas. El poblado contaba ahora con veintiocho habitantes que inclu\u00eda a cuatro parejas j\u00f3venes. Las casas nuevas, reci\u00e9n remozadas estaban rodeadas por jardines, hortalizas y verduras entremezcladas con malezas alineadas, hab\u00eda legumbres y flores, coles y rosales, puerros y albahaca, apios y an\u00e9monas. Era ahora un lugar donde cualquiera estar\u00eda encantado de vivir. A partir de este poblado segu\u00ed mi camino a pie. La guerra de la que a penas est\u00e1bamos saliendo, no nos permit\u00eda m\u00e1s que reincorporarnos pausadamente a la vida. Sin embargo, L\u00e1zaro estaba fuera de su tumba. En los flancos de las montanas vi campos verdes de cebada y de centeno en hierba. Al fondo pod\u00eda ver algunas praderas que reverdec\u00edan. Nos separan ahora ocho a\u00f1os desde que vi a toda esta regi\u00f3n florecer con una suave ligereza que resplandec\u00eda de verdor. Los despojos de las ruinas que hab\u00eda visto en 1913, ahora manten\u00edan granjas pr\u00f3speras, que proporcionaban una vida feliz y confortable. Los viejos manantiales eran alimentados por agua de lluvia y nieve que ahora pod\u00eda ser alojada y retenida por los bosques; el agua volv\u00eda a correr recuperando su ciclo natural. Parte del agua se hab\u00eda acanalado. Bordeando a cada granja hab\u00eda arboledas de pinos y arces, los manantiales de agua estaban bordeados por carpetas de mentas frescas. Los poblados estaban siendo reconstruidos poco a poco. Una poblaci\u00f3n venida de las planicies donde la tierra era muy cara lleg\u00f3 a establecerse, trayendo con ellos juventud, movimiento y esp\u00edritu de aventura. Ahora se encuentran por los caminos hombres y mujeres bien nutridos, j\u00f3venes y muchachas que saben re\u00edr, y que han retomado el gusto por las fiestas de la campi\u00f1a. Si reencontramos a la antigua poblaci\u00f3n, ahora veremos que es irreconocible por su dulzura y plenitud por la vida. Contando a los nuevos llegados, tenemos a m\u00e1s de diez mil personas que le deben su felicidad a Eleazar Bouffier.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Cuando reflexiono que un solo hombre confiado en sus simples recursos f\u00edsicos y morales fue suficiente para hacer surgir de un desierto esta tierra de Cannan, me doy cuenta que a pesar de todo, la condici\u00f3n humana es admirable. Pero, cuando hago un recuento de lo que puede crear, la constancia, la generosidad y la grandeza de un alma resuelta a lograr su objetivo, soy presa de un inmenso respeto por aquel viejo campesino sin cultura que a su manera supo como materializar una obra digna de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\" align=\"center\">Eleazar Bouffier muri\u00f3 apaciblemente en 1947 en el asilo de Banon.<\/p>\n<p>Jean Giono, <strong>El hombre que plantaba \u00e1rboles<\/strong>.<br \/>\nTraducci\u00f3n de franc\u00e9s por Olga S. Ricalde de Koehnen<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><code>[kml_flashembed movie=\"http:\/\/www.youtube.com\/v\/ZSeC67YOFn8\" width=\"425\" height=\"350\" wmode=\"transparent\" \/]<\/code><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La novela de Jean Giono, que fue escrita alrededor de 1953, es poco conocida en Francia. El texto se pudo recuperar gracias a que contrariamente a lo que sucede en Francia, la historia ha sido ampliamente difundida en el mundo entero y ha sido traducida a trece idiomas. Lo que ha contribuido tambi\u00e9n a que se hallan hecho numerosas preguntas alrededor de la personalidad de Eleazar Bouffier y sobre de los bosques de Vergins. Si bien es cierto que el hombre que plant\u00f3 los encinos es un simple producto de la imaginaci\u00f3n del autor; es importante aclarar que efectivamente en \u00e9sta regi\u00f3n se ha realizado un enorme esfuerzo de reforestaci\u00f3n, sobretodo a partir de 1880. Cien mil hect\u00e1reas han sido reforestadas antes de la Primera Guerra Mundial, utilizando predominantemente pino negro de Austria y malezas de Europa. Estos bosques son actualmente bell\u00edsimos y han efectivamente transformado el paisaje y el r\u00e9gimen de las aguas de esta regi\u00f3n.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed el texto de la carta que Giono escribi\u00f3 al director del Departamento de Aguas y Bosques, el se\u00f1or Valderyon, en 1957 haciendo referencia a esta novela.<\/p>\n<p>Querido Se\u00f1or:<br \/>\nSiento mucho decepcionarlo, pero Eleazar Bouffier es un personaje inventado. El objetivo de esta historia es el de hacer amar a los \u00e1rboles, o con mayor precisi\u00f3n: hacer amar plantar \u00e1rboles (lo que despu\u00e9s de todo, es una de mis ideas m\u00e1s preciadas). O, si se considera por el resultado; el objetivo es obtener el mismo resultado de nuestro personaje imaginario. El texto que usted ha le\u00eddo en &#8220;Trees and life&#8221; ha sido traducido al Dan\u00e9s, Fin\u00e9s, Sueco, Noruego, Ingl\u00e9s, Alem\u00e1n, Ruso, Checoslovaco, H\u00fangaro, Espa\u00f1ol, Italiano, Yddish y Polaco. Cedo mis derechos gratuitamente a todas las reproducciones. Un americano me ha buscado recientemente para solicitarme la autorizaci\u00f3n para hacer un tiraje de 100 000 ejemplares del texto que van a ser repartidas gratuitamente en Am\u00e9rica (algo que tengo bien entendido y aceptado). La Universidad de Zagreb ha hecho una traducci\u00f3n al Yugoslavo. Este es uno de los textos que he escrito de los que me siento m\u00e1s orgulloso, porque cumple con la funci\u00f3n para la que fue escrito. Dicho sea de paso, esta historia no me aporta ning\u00fan c\u00e9ntimo.<br \/>\nSi a usted le es posible, me encantar\u00eda que pudi\u00e9ramos reunirnos para hablar precisamente de la utilizaci\u00f3n pr\u00e1ctica de este texto. Yo considero que es ya el tiempo de que hagamos una pol\u00edtica favorable al \u00e1rbol, a pesar de que la palabra pol\u00edtica parezca bastante mal adaptada.<br \/>\nMuy cordialmente,<br \/>\nJean Giono<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para que el car\u00e1cter de un ser humano excepcional muestre sus verdaderas cualidades, es necesario contar con la buena fortuna de poder observar sus acciones a lo largo de los a\u00f1os. 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