Toledo una ciudad para ver

febrero 7, 2019 | Sin categoría

Toledo es una ciudad que se considera fundada por Hércules… ¡ni más ni menos!…aunque, eso forma parte de la leyenda. El caso es que en el año 192 a.c. fue tomada por un romano llamado Marco Fulbio, y reconstruyó Toletum sobre aquellas “ruinas” carpetanas. Podemos, por tanto, sin ningún ánimo de ofender, declarar Toledo como fundada por este ilustre conquistador del imperio que un día llegó a dominar el mundo.

toledo

Pero entrar en la explicación de toda la epopeya, es, casi un tratado histórico de complicada digestión. Solamente por barajar las fechas de una ciudad que fue achacada a la mitología –por lo de Hércules– y dominada por tantos pueblos como celtasgodosvisigodosromanos y bárbaros, siendo éstos últimos, los que de cuando en cuando le hacían “visitas” con desgraciadas consecuencias a los romanos de entonces. Y por no añadir a los alanos islamitas con la intención de no confundir a cualquiera que se desayune ahora con la historia de esta piel de toro llamada España.

A grandes rasgos queda clara la segunda parte de este título “cuna de la historia”, para entrar ya, de lleno, en lo intrínseco de Toledo Monumental.

Su principal trofeo se llama Alcázar: EL ALCÁZAR DE TOLEDO.

Tal, y como muestra la imagen arriba, es el monumento por excelencia de este admirable emporio. Sin desmerecer en absoluto la catedral –ni mucho menos, y otro día se pueden hablar de ella verdaderas maravillas, que lo son- o, también, San Juan de Los Reyes… y todo el resto de la ciudad, que de veras es para verla entera.

El Alcázar, es la figura predominante del promontorio en el que fue construida esta fortaleza llamada Toledo. Sus, aún conservadas murallas nos hablan de ello, y el cinturón que las ciñe, el rio Tajo, termina de definirlo. Instalada pensando en la defensa, y como último reducto su castillo medieval, restos que aún conserva este alcázar en el día de hoy.

Crecido a la par que la ciudad de idénticos orígenes romanos, pasa el tiempo y la vida de los visitantes, impertérrito, no sin haber vivido a su vez algunas reformas. Tantas, que acaban por dejar sus cuatro fachadas en otros tantos estilos de diseño. A pesar que, sus dos últimos encargados de la obra –aunque no a la vez- Juan de Herrera y Alonso de Covarrubias, fuesen de base y maestros renacentistas, transmitieron tanta importancia a sus trabajos consiguiendo que recibieran distinción de moda. Natural y respectivamente, Herreriano y Plateresco.

Residencia Real de Carlos V de Alemania y I de España –antes de que en Flandes se pusiera el Sol- que termina convirtiéndose en prisión en el año del señor (como se decía entonces) de 1643. ¡Ahí, es nada!

Su reconversión siguiente fue, en la sede de la Real Casa de la Caridad. Lo que allí había ocurrido mientras tanto, debió conmover algún sentimiento para tal metamorfosis, y encargarle al arquitecto Ventura Rodríguez las obras de tal circunstancia. Por fin, se transmutaba de nuevo en algo digno…?

Se respira aquí el aroma a fuego de conquista, guerra, luchas, inquisiciones, cristianismos, iglesias y confesionarios, además de falsas oraciones e imperecederas cuitas de hombres y mujeres. Se remonta a tantos siglos, que estar allí es, como un viaje en el tiempo. Sin temor a faltar a la verdad. Y cualquier día podremos hablar de “las campanas de Toledo”. Pero eso es harina de otro costal, sin quedar fuera de la fábula en absoluto.

Las beligerantes intenciones de todos los pueblos pobladores del planeta, a veces entendidas como civilización, solapadas bajo el verdadero propósito de la conquista sin más, queda demostrado en esta ancestral urbe.

Otro dechado de historia sin remilgos. Sin ningún melindre.

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