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UN MUNDO FELIZ

“Un mundo feliz”, escrito por Aldous Huxley, es el mejor ejemplo de distopía donde está muy presente la ciencia y la tecnología.

En esta novela se aprecia muy bien la confrontación de dos realidades: los habitantes de Malpaís eran considerados retrógrados, conservadores de los valores humanos esenciales, mientras que el Estado Mundial estaba altamente regulado por la tecnología, la monogamia era inconcebible, la familia estaba prohibida, y todos los individuos – sin apenas sentimientos – pertenecían a todo el mundo, fueron alterados genéticamente en el Centro de Incubación y Condicionamiento de Londres para estar sanos, libres de enfermedades de por vida.

Se configura allí entonces una sociedad de castas, altamente estable, según el grado de inteligencia que poseen las personas (Gammas, Deltas, Epsilones, etc.), pero al final acaba siendo una distopía porque llevar una vida humana en ese mundo es muy difícil. No existía el matrimonio, los vínculos humanos eran muy frágiles y las relaciones se habían tornado precarias y volátiles (se establecían con una finalidad poco trascendente, muy superficial). Era el hombre quien debía adaptarse a una ciencia y la tecnología que acababa por esclavizarle. Los individuos eran gobernados sin ejercer coerción alguna sobre ellos porque por sí solos amaban su propia servidumbre siendo felices, un estado de felicidad que alcanzaban mediante el condicionamiento de los niños (hipnopedia) y con la ayuda de drogas, como la escopolamina y el soma.

En un Un mundo feliz se enumeran, además, una serie de tecnologías que actualmente están ligadas a la vanguardia de las ciencias biológicas. Por ejemplo, en la Sala de Fecundación se hacía lo que ahora se denomina “fertilización in vitro”. También se manipulaba genéticamente la reproducción biológica mediante el método Bokanovsky, lo cual se asemeja a las actuales técnicas de recombinación del DNA. Y en la Sala de Envasado, llegaban en masa los embriones prácticamente idénticos, siendo productos manufacturados y homogeneizados. Este procedimiento tiene puntos en común con una importante técnica asociada a la reproducción humana asistida nacida en Gran Bretaña durante la década de los 80, a saber, la transferencia de embriones (TE). Todas estas tecnologías basadas en la ciencia aplicadas a los seres humanos no están exentas de dilemas éticos. Quienes defienden la ciencia, en general, están a favor de estas nuevas tecnologías reproductivas porque ayudarían a generar beneficios significativos en el futuro en tanto que ofrecerían la posibilidad de tener hijos sin defectos genéticos. Sin embargo, el problema estriba cuando la mejora de la condición humana responde a preferencias políticas basadas en la construcción de sociedades donde estén mejoradas únicamente las cualidades propias de una determinada raza. Se seleccionarían, entonces, artificialmente aquellos seres humanos cuyas características genéticas son más deseables, que se transmitirían por descendencia, mientras que se evitaría la reproducción de las personas que se consideran inferiores. Al final esta acérrima esperanza depositada en la ciencia terminaría por generar un sistema social segregacionista que distaría mucho de ser propio de las sociedades deseables, regidas por principios morales.

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