A mediados de 1790 expuso la situación de Ibi en cuanto a la enseñanza de las primeras letras, como requería una orden de ese mismo año. Así, el cura de la parroquia había decidido que el sobrante de los Propios sirviese como ayuda para el pago del salario al nuevo maestro. Se aprobó a don Vicente Gómez y Pina por el Consejo de Castilla. Pero debido al cese del pago, dejó de ser maestro. La escuela había quedado abandonada debido a que se había confiado el cargo a un vecino del pueblo que no era maestro aprobado y sólo servía para retener a unos cuantos alumnos.
En cuanto a las niñas, no había problemas. En 1787 de acuerdo con el alcalde ye l párroco, se acordó la suma de 50 libras para una maestra de niñas. Se aprobaría en un concurso anual y enseñaría las labores propias para las niñas.
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